sábado, 22 de julio de 2023

Un árbol torcido

 Lo que se vive en la adolescencia y la juventud es, para bien o para mal, decisivo en la edad adulta.

El santoral católico abunda en casos de quienes trasegaron por la maldad en edades tempranas, pero por obra de la gracia enderezaron sus vidas y alcanzaron la santidad. Por su parte, Lee Strobel, quien es hoy pastor protestante y conspicuo apologista de Cristo, trata en "El Caso de la Gracia" sobre personas que iluminadas por la fe superaron estados no sólo de incredulidad, sino de desvíos ruinosos (vid. El caso de la gracia PDF Libro Lee Strobel - Biblio Logos).

Los errores juveniles pueden entonces ofrecer valiosísimas lecciones para corregir caminos equivocados y abrazar sendas edificantes. De ello doy fe.

Sin embargo, hay quienes aparentemente se alejan del delito, pero perseveran en su talante trasgresor. Sus defectos de carácter se mantienen activos, aunque transiten por sendas que lo bordean, mas sin incurrir abiertamente en los desafueros de tiempos atrás. Son astutos y obran con disimulo para eludir las pruebas de sus fechorías. Siguen siendo malhechores, pero con ciertos visos de respetabilidad.

Es de todos sabido que quien hoy nos desgobierna fue en sus mocedades un delincuente juvenil. Aduciendo que le tocaba rebelarse contra un orden injusto, fue autor y cómplice de múltiples desafueros. La cárcel no lo rehabilitó, pues salió de ella para organizar grupos de guerrilleros del M-19 en Santander y Tolima. Vaya uno a saber las hazañas que lo convirtieron, a pesar de su juventud, en uno de los dirigentes más connotados de esa tenebrosa secta. Circulan muchas anécdotas acerca de su crueldad con los secuestrados. Tengo el testimonio de alguien al que le tocó pagarle rescate por un secuestrado cuya vida quedó destruida por los sufrimientos que le infligieron mientras estuvo en cautiverio. 

Dados sus antecedentes, es explicable el desdén rayano en odio que profesa para con la fuerza pública de la que hoy es comandante en jefe. La tiene desmoralizada y todo indica que aspira a sustituirla por colectivos como los que apuntalan el régimen dictatorial de Venezuela. 

Y es explicable también, por las mismas razones, su condescendencia con los delincuentes de toda laya. Cuando ganó las elecciones abogó por la Primera Línea, que hoy se sabe que estaba infiltrada por grupos subversivos que acolitaban su propósito de derrocar el gobierno de Duque. A todas luces se advierte que la Paz Total que promueve entraña, ni más ni menos, la claudicación de la institucionalidad frente a la delincuencia de todo género. Vaya uno a saber de dónde extrae sus curiosas, por decir lo menos, concepciones criminológicas, como la de pagarles a jóvenes para que no delincan o proteger a los cultivadores de coca, como si no fuera a partir de ellos que el narcotráfico se esté adueñando a pasos agigantados del país. 

Todo indica que ya casi somos un Narcoestado, como bien lo muestra el extraño comportamiento del dólar. Su precio no ha bajado por obra de una sana política económica de este gobierno, ni por el flujo de inversión extranjera, ni por un inusitado aumento de las exportaciones lícitas, sino porque no se controla la exportación de coca ni de minería ilegal.

Muchos piensan que estamos bajo el poder de un psicópata. ¿Y si además de ello fuese también un facineroso?

sábado, 15 de julio de 2023

Se me ha escapado del alma la cercanía de Dios...

 Así reza un verso de ese tangazo de Torre Ríos y Schiamarella que titula "Sin embargo no estoy triste". (Vid. Sin embargo no estoy triste. Tango (1945) (todotango.com)(352) FRANCISCO CANARO - ALBERTO ARENAS - SIN EMBARGO NO ESTOY TRISTE - TANGO - YouTube).

Es lo que ha sucedido entre nosotros, al tenor de la entrevista que le hizo Yamid Amat hace poco a Mgr. José Luis Rueda a raíz de su nombramiento como nuevo cardenal (Vid. Monseñor José Luis Rueda, nuevo cardenal de Colombia: “Volvamos a la ley de Dios espiritual” - Canal 1).

Es un hecho deplorable. El nuestro, que antaño se preciaba de ser un país católico, se ha descristianizado a punto tal que hoy por hoy se le ha escapado del alma la cercanía de Dios. 

El repaso del Decálogo que efectuó Mgr. Rueda en dicha entrevista muestra hasta qué extremo ignoramos y hasta rechazamos la presencia de Dios en nuestras vidas. 

Ese ateísmo se manifiesta de distintas maneras. Está el ateísmo práctico, que no ignora a Dios, pero lo considera intrascendente, como una entelequia remota que poco o nada tiene que ver con nuestras vidas. Es lo que resta del deísmo de los siglos XVII y XVIII, tal como lo profesaban Voltaire y sus seguidores. Pero hay otros ateísmos más radicales, que no sólo lo niegan, dándole la espalda, sino que lo combaten. Lo han erradicado del ordenamiento jurídico y, no contentos con ello, aspiran a expulsarlo del ideario colectivo. Pretenden eliminarlo del ámbito cultural.

Recuerdo un escrito de uno de nuestros más preclaros pensadores, René Uribe Ferrer, en el que observaba que el ateísmo más extremo y quizá más consistente es el de Sartre, quien consideraba que la idea de Dios entraña un imposible metafísico (un En sí que a la vez es un Para sí), a la vez que una incompatibilidad insalvable con la libertad humana. Al tenor de estas consideraciones, se ha impuesto un humanismo que proclama la divisa Homo Homini Deus ("El hombre es un dios para el hombre").

Es una divinización del ser humano del todo contraria a la que predica la mística cristiana, tal como puede verse en la admirable obra de Claude Tresmontant. Vid Citas de Autores Cristianos (citasautorescristianos.blogspot.com).

Como bien lo dijo Chesterton,  «Cuando los hombres ya no creen en Dios, no es que no crean en nada, es que se lo creen todo».

Ya lo han dicho otros: el hombre se define por aquello en que cree. Y si Dios desaparece de su horizonte espiritual, otras cosas de suyo contingentes entran a sustituirlo y tratar de darle sentido a su existencia.

El primer mandamiento del Decálogo es profundo: "Amar a Dios sobre todas las cosas". Si prescindimos de Él, otros objetos intentarán reemplazarlo, aunque sin éxito, como bien lo vio San Agustín. Nuestra codicia nos domina y se desparrama sobre toda clase de objetos que no alcanzan a saciarla: gloria terrenal, sexo, dinero, poder, placeres, etc. Según lo recuerda Mgr. Rueda citando la Biblia, ella está en la raíz de todos los males. Vid. 14 versículos bíblicos sobre la codicia | Coalición por el Evangelio (coalicionporelevangelio.org)

En una tertulia reciente con varios amigos muy apreciados llegamos a la conclusión, después de examinar a vuelo de pájaro el ambiente espiritual de nuestra patria, de que nos rodea un clima moral enrarecido. Ya lo recordé hace poco en un escrito titulado "La Caldera del Diablo": el hedor en las más altas esferas del poder es insoportable. A quien manda en la Casa de Nariño lo acusan de alcohólico y cocainómano; su consorte dice que los masajes le sientan mejor si los acompaña la marihuana. Y nadie sale a desmentirlos.

Estuvimos a punto de elevar a la categoría de derecho fundamental el supuesto consumo recreativo de la yerba maldita. Y la Revolución Sexual, destructora de la familia y las buenas costumbres que cimentan el orden social, marcha a pasos agigantados. Basta con observar que un medio que antes era conservador, como El Colombiano, se ha convertido últimamente en adalid de la causa abortista y promotor de las consignas LGTBIQ+.

Si bien la caridad cristiana nos aconseja comprensión y prudencia al tratar sobre las orientaciones sexuales que se alejan de las pautas fijadas por la propia naturaleza, no podemos dejar de señalar que están obrando unas tendencias verdaderamente disolventes, impulsadas por el orgullo que caracteriza al Príncipe de las Tinieblas. ¡Cómo gozará viendo las calles repletas de quienes se jactan  a voz en cuello de su sodomía!

"Camino de Guanajuato" es un preciosa canción ranchera que se duele de que por allá no vale nada la vida (Vid. Camino de Guanajuato LETRA - José Alfredo Jiménez - Musica.com). Ello sí que resulta bien cierto en nuestra adolorida patria colombiana, que está plagada de bandas criminales a las que ahora por resolución presidencial hay que tratar muy delicadamente como respetables organizaciones armadas que ejercen la rebeldía, que es también rasgo distintivo del Ángel Caído.

Insisto en que, tal como lo escribí hace algún tiempo, estamos bajo el sol de Satán.



lunes, 3 de julio de 2023

Vamos por muy mal camino

Se equivocan de medio a medio los que creen que el que nos desgobierna es un liberal de izquierda que anhela reanudar la Revolución en Marcha de López Pumarejo en el siglo pasado. 

Sus declaraciones de los últimos días en Berlín y París muestran a las claras que no es un socialdemócrata, sino un comunista empedernido que adoba los dogmas del marxismo-leninismo con ingredientes de un ecologismo radical y de la funesta revolución sexual que amenaza con demoler lo que resta de la civilización cristiana.

Su prédica contra el neoliberalismo y el mercado lo muestra como enemigo frontal de la libertad económica, que es la llave maestra de las naciones exitosas que ha traído consigo el mejoramiento de las condiciones de la vida material de millones de personas. Su discurso apocalíptico anuncia que esa libertad traerá consigo la muerte de la especie humana. Para evitarla, su receta es simple: un sistema totalitario y liberticida como el cubano, en el que se destacan altas tasas de aborto y de suicidio que muestran la desesperanza que allá reina (Vid. Las alarmantes cifras de los abortos en Cuba – CubaNetCuba está entre los países de la región con más suicidios: ¿Qué datos conocemos? – CubaNet). 

Esa desesperanza ya se nota entre nosotros, dado que una encuesta reciente señala que cerca de la mitad de nuestros compatriotas quisiera abandonar el país. 

Lo que nos ofrece este falso mesías de pacotilla es un proyecto que en otras latitudes ha mostrado que conduce inexorablemente al fracaso.

Los otros dos ingredientes de la receta no auguran lo mejor.

Aunque no cabe duda de que, como reza una encíclica papal, debemos cuidar de nuestra casa común, no olvidemos que ésta lo es para el servicio de la humanidad y no al contrario. La Carta de la Tierra que quiere promover la ONU parte de otra premisa. El ser humano no es señor y dueño de la Creación, sino su depredador y la consigna para que la Tierra se conserve no es otra que, más que limitar, reducir la cantidad de seres humanos que la habitan. Contracepción, aborto, eutanasia e incluso guerras son fórmulas adecuadas para ello. La vida humana pierde así su carácter sagrado y se torna en algo adventicio y hasta incómodo. Se le da la razón a Sartre: la vida humana es una pasión inútil. Vid. Carta_mundial_de_la_tierra.pdf

Así las cosas, el ecologismo radical involucra corolarios estremecedores. Siguiendo su lógica totalitaria, se llegará a que las autoridades decidan quién puede nacer y quién debe morir para mantener el equilibrio deseable. En China los comunistas decidieron lo primero, al limitar el número de hijos tolerable para cada familia, lo que ha conducido al envejecimiento de la población. Lo que sigue, y así lo han predicado no pocos economistas ateos, es la muerte prematura de nosotros los viejos que ya no aportamos beneficios cuantificables. Hay muchas maneras de llevar a cabo ese propósito y no entraré en detalles para no asustar a mis lectores. Es la lógica atroz de un personaje de ingrata recordación entre nosotros: que unos mueran, así sea con violencia, dizque para que otros vivan mejor.

La Revolución Sexual se inscribe dentro de esta tendencia antihumana. Desligado el sexo de su aspecto espiritual que es el amor y de su función biológica que es la reproducción, de él queda tan sólo la pulsión que suscita el deseo. Los promotores de aquélla declaran que se trata de liberar al individuo humano de los condicionamientos naturales y sociales que lo inhiben. Tal es el sentido de la emancipación que predican. Pero es una liberación ilusoria. Como lo hizo ver un personaje de Sófocles, si la memoria no me falla, la sexualidad es "un amo cruel y avasallador".  Dejarla a su propio impulso, sin control ni sentido alguno de responsabilidad, es condenar al ser humano a una deplorable esclavitud.

Dizque para mostrar solidaridad con el mes del orgullo sodomítico, los habitantes de la Casa de Nariño colgaron de sus balcones sendas banderas de los movimientos LGTBQ+ y Trans, lo que da muestras claras de sus perversas consignas anticristianas. No les sirvió la bendición que les impartió el Papa cuando fueron a visitarlo en medio de la campaña electoral. Las políticas de salud y educación de un mentiroso gobierno que no es del cambio hacia algo mejor, sino de un grave retroceso moral, seguirán entonces su curso demoledor de nuestras endebles fundaciones espirituales. 

Invito a mis lectores a que sigan el sitio Voice of the Family para que se den cuenta de que está en acción un movimiento auspiciado por la ONU a instancias de los globalistas radicales para destruir la familia tradicional en aras de una fementida liberación sexual (Vid. Home - Voice of the Family). 

Esta conferencia del profesor Roberto de Mattei es elocuente al respecto: Family and the Revolution - Voice of the Family %.

Uno de sus objetivos es la inocencia de los niños. Se pretende despertar precozmente sus apetitos sexuales y desordenarlos hasta el punto de perturbar su identidad sexual, forzándolos a cambiar su sexo biológico dizque por el género que consideren más a gusto. "Vamos tras sus niños", fue el coro que entonaron los "drag queens" en su reciente desfile en Nueva York . Vid. Drag queens parade around New York City chanting, ‘We’re coming for your children’ - LifeSite (lifesitenews.com)

Tiemblo por mis adorados nietecitos. Todos los días le ruego a Dios que los proteja de tanta maldad que pulula en el mundo actual y se aloja en la Casa de Nariño para la perdición de nuestra patria. 


miércoles, 21 de junio de 2023

Senderos que se bifurcan

  Al comienzo de su mandato el que hoy nos desgobierna tenía dos alternativas. Podía optar por la vía de la socialdemocracia o por la comunista. Ha elegido la segunda.

A través de la primera, habría buscado acuerdos razonables con los dirigentes de los partidos representados en el congreso para promover reformas acordes con las necesidades populares. A no dudarlo, los temas de tributación, salud, pensiones, laborales o de promoción de la paz, entre otros, son importantes y ameritan medidas legislativas que los pongan a tono con las aspiraciones de las comunidades. Cada uno de ellos exhibe diversas aristas que dan cuenta de sus respectivas complejidades. Las mejores soluciones estaban al alcance de consensos orientados a mejorar lo existente y no a destruirlo en aras de lo ilusorio.

Pero el primer mandatario es un comunista recalcitrante, tal como lo puso de manifiesto hace poco en Alemania al deplorar la caída del muro de Berlín. 

Su visión del futuro de Colombia no lo ubica dentro de los países exitosos que han desarrollado provechosamente sus economías y mejorado el nivel de vida de sus poblaciones a partir de una libertad económica juiciosamente encauzada por los gobiernos. La distopía que lo orienta le hace creer que esos países exitosos van por mal camino. Piensa que ponen en grave riesgo la existencia de la humanidad.

Sus ínfulas de redentor le indican que el camino a seguir es el decrecimiento, que entraña desindustrialización y reducción del nivel de vida de las comunidades a la mera subsistencia, como sucede desde hace décadas en Cuba. Ahí está el modelo que quiere aplicar entre nosotros. Pero es un modelo fallido en todos los órdenes. Sólo los subversivos anhelan irse para allá en búsqueda de protección. La gente del común huye de Cuba y no hacia esa isla prisión, que no produce lo que necesitan sus habitantes para sobrevivir y se sostiene como un Estado mendicante.

El pueblo colombiano no quiere que lo lleven por ese camino. Muestra fehaciente de ello son las encuestas que señalan que más del 60% de la opinión desaprueba el rumbo que ha tomado el actual gobierno y sólo el 30% lo apoya. La validez de estas encuestas se corrobora con la multitudinaria presencia popular en las marchas de protesta de ayer, que contrasta con las famélicas reuniones de respaldo convocadas por el gobierno.

Todo indica que quien lo encabeza es, como alguien lo ha dicho, "arrogante, ignorante e incompetente", amén de imprudente. Hay quienes piensan que adolece de severos e inquietantes trastornos de personalidad que podrían calificarlo como un psicópata que, en lugar de aproximarse con realismo a las circunstancias que le corresponde manejar, las enfrenta con ánimo delirante.

Recemos para que así no ocurra y se dé rápida cuenta de que va por un mal camino y que en sus manos está corregirlo para bien de la patria. 

En lugar de integrarnos para la búsqueda de lo mejor para todos, su ánimo pugnaz divide, enfrenta y promueve el espíritu de facción. Esto es contraproducente en un país que sigue siendo víctima de violencias de todo género.

Estamos padeciendo nada menos que una pesadilla.

sábado, 10 de junio de 2023

Un Collar de Perlas Finas

Astor Piazzolla no es santo de mi devoción, pero es muy apreciado por los amantes de la música clásica. Recuerdo que Gidon Kremer, famoso violinista letón, lo comparó en un reportaje con Schubert, afirmando que, como éste, era un maestro de las formas pequeñas. 

¡Formidable homenaje! Schubert me encanta. Como él, también Chopin y John Field, creador del nocturno para piano, descollaron en las piezas breves, por no hablar de las bellísimas Canciones sin Palabras de Mendelssohn, así como de las composiciones ligeras de Elgar o de Delius, y otras de más hondo calado de Debussy o de Ravel.

Todo esto lo traigo a cuento, porque he tenido entre mis manos y lo he disfrutado a mis anchas un rutilante joyel: "El Libro de la Vida", de Juan José Hoyos, reeditado hace poco por Sílaba Editores en Medellín.

Sobra decir que la edición de la que mi maestro Miguel Moreno Jaramillo habría calificado como una obrecilla, en razón de sus dimensiones, es primorosa, exquisita. Pero más lo es su contenido, 24 ensayos breves, cada uno de los cuáles se lee en minutos, pero deja una muy grata impresión en la mente.

Bien dijo Gracián que "Lo bueno, si breve, dos veces bueno".

El libro de Juan José cumple a cabalidad con esa consigna. Además, su temática es muy variada. Evoca sus viajes por ese ingente mundo de los libros al que desde niño se acercó a partir de un viejo y descuadernado Diccionario Larousse que quedó como herencia de su abuelo paterno, y del carné que le otorgó la por ese entonces recién abierta Biblioteca Pública Piloto de Medellín.

Lector voraz e infatigable, abierto a las mejores influencias literarias, nos ofrece sus visiones acerca de diversos textos y autores que han llamado su atención, para cerrar con "El Libro de la Vida", una breve crónica sobre Santa Teresa de Ávila, que según sus palabras "fue santa y fue poeta. Y después de su muerte, su alma blanca todavía vela sobre la tierra oscura como un centinela en lo alto de la noche". 

Escrito haciendo gala del mejor castellano y una muy delicada sensibilidad, es un libro inspirador que cumple la bella consigna del prefacio de la misa católica: "Sursum corda", esto es, "Elevad los corazones". Nada repelente hay en él; por el contrario, como reza un texto del Evangelio de San Juan que solía citar Borges, por sus páginas se siente que recorre el soplo del Espíritu.

Dentro del tintero quedan nuestras conversaciones sobre Pascal, de quien tanto él como yo somos devotos. Por lo pronto, me apresto a disfrutar de un invaluable regalo que acaba de hacerme con gentil dedicatoria: "La música en el castillo del cielo-Un retrato de Johann Sebastian Bach", de John Elliot Gardiner (Acantilado, Barcelona, 2015). 

He dicho a menudo que para mí la buena música es un anticipo del Cielo, y el compositor que más eleva mi espíritu es precisamente Bach. En la soledad que impone mi viudez, escucho música todos los días, y la que más frecuento es la de Bach, no sin desconocer el mérito insigne de la "Bendición de Dios en la soledad", de Franz Liszt.

jueves, 8 de junio de 2023

La Caldera del Diablo

Tal es lo que al parecer bulle en la Casa de Nariño bajo el control de quien exhibe todas los rasgos de un endemoniado. 

Vapores mefíticos, voces horrísonas, luces malas que causan pavor, etc. se hacen sentir desde lo que otrora se consideraba como un santuario de la democracia colombiana, ya que fue habitado por el precursor de la independencia, Don Antonio Nariño.

Salvo contadas excepciones, cualquiera fuese el nivel moral o intelectual de nuestros presidentes, ellos se esmeraban en guardar apariencias de respetabilidad, dado que según su buen juicio el poder de que se los dotó debía revestirse del manto de la autoridad que lo hiciese digno de merecer el acatamiento popular.

Una encuesta reciente registra que el 41% de la opinión considera que estamos bajo el mando de una mala persona; el 34% piensa que quien nos desgobierna es regular persona; y sólo el 23% tiene buena opinión de ella.

El discurso presidencial ayer ante la irrisoria manifestación convocada para intimidar al congreso es muestra fehaciente del déficit tanto moral como intelectual del orador. Es una pieza que exhibe tanta bajeza que no ha faltado quien la califique como propia de alguien que pertenece al lumpen, es decir, al estrato más desadaptado de la sociedad.

¿Cómo se le ocurre decirle a su auditorio que es un presidente que no se orina en los pantalones, haciendo así una muy pérfida remembranza de un desafortunado accidente que sufrió por causa de enfermedad uno de sus antecesores? ¿No es él mismo a quien con razón o sin ella se ha acusado de descargar sus evacuaciones sobre las víctimas de los secuestros del M-19 cuando ejercía como siniestro y crudelísimo carcelero en sus ergástulas?

Sin Dios ni Ley, así cabe catalogarlo. 

Dice San Pablo en 1Corintios 11: 29 que "el que come y bebe de manera indigna, y sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe su propio castigo". 

De poco le sirvió esta severa admonición para que se abstuviera de acercarse a recibir la sagrada forma en la misa que conmemoraba el más reciente aniversario del holocausto del Palacio de Justicia, perpetrado precisamente por sus conmilitones del funesto M-19. La presencia del cuerpo de Cristo en sus entrañas no le ha impedido promover el odio de clase ni difundir a troche y moche mentira tras mentira para azuzar a la población contra empresarios, periodistas, políticos opositores y todo aquél que descrea de sus proyectos delirantes.

Lo que se ha suscitado acerca de las revelaciones de Benedetti y los incidentes del caso Sarabia no es de poca monta. Un gobierno serio lo habría enfrentado haciendo gala de responsabilidad y no mediante algo peor que trinos, graznidos, y cortinas de humo que más bien han contribuido a enrarecer el ambiente.

Las revelaciones sobre la financiación irregular de la campaña que en mala hora lo llevó a la presidencia proceden nada menos que de su jefe de debate y ahora exembajador en Venezuela. No son exabruptos de un drogadicto confeso, según lo dijo el canciller Leyva, sino manifestaciones de quien aspiraba a ocupar el segundo lugar en la cadena de mando de nuestro poder ejecutivo. Estas revelaciones se acumulan a las valerosas denuncias que ha hecho el abogado José Manuel Abuchaibe acerca de cómo la campaña del hoy presidente excedió en $ 38.000.000 el tope autorizado por la normatividad electoral. Vid. José Manuel Abuchaibe: el abogado que quiere tumbar a Petro (semana.com)

Las actuaciones a todas luces irregulares en torno de las empleadas domésticas de Laura Sarabia constituyen inquietantes indicios de cómo desde el gobierno, con o sin anuencia de su más alto titular, se puede perseguir a la ciudadanía.

Y es de suma gravedad lo que ha insinuado Benedetti, de quien se ha dicho que era compañero de juergas de quien hoy nos desgobierna, acerca de sus malos hábitos, que de comprobarse configurarían causal suficiente para declararlo indigno de ejercer la presidencia e incluso para que el senado, según el artículo 194 de la Constitución, declare su falta absoluta por incapacidad física permanente ocasionada por esa enfermedad incurable, progresiva y mortal que es el alcoholismo.


viernes, 26 de mayo de 2023

Tres cruces

Parafraseando un bolero moruno muy popular hace años, bien podemos decir que en nuestra democracia están grabadas no dos, sino tres cruces: la corrupción política, la pobreza, la violencia.

La primera está asociada con el clientelismo que campea en partidos y movimientos políticos. Aunque la Constitución de 1991 se inspiró en la lucha contra ese flagelo, el mismo la sobrevivió y hoy sigue tan campante. Nuestros gobernantes se hacen elegir trinando contra él, pero consiguen sus votos y consolidan su poder gracias al apoyo de las famosas clientelas. De hecho, en ellas se basan para incrementar sus patrimonios. Lo que en su momento se consideró como positivos avances democráticos, la elección popular de gobernadores y alcaldes, en general no ha traído consigo el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades, sino la configuración de cotos de corrupción llamados a enriquecer a sus promotores y sus validos. La fuerza electoral de aquéllos termina fundándose en su capacidad para comprar apoyos mediante el empleo público, la contratación y los fementidos programas sociales. Para la muestra, estos dos botones: Si Quintero lo pide, estamos ahí (elcolombiano.com)Se destapa contratista de la Alcaldía de Medellín que no aceptó presión para apoyar a Corredor ni a Agudelo (elcolombiano.com).

No hay qué hacerle. La corrupción está enraizada en nuestra precaria cultura política que se centra en el voto de una ciudadanía proclive a dejarse seducir por cantos de sirena que en rigor son graznidos de cuervos, cuando no por el resonar de las monedas. 

En la pasada campaña electoral los candidatos hicieron hincapíé en las cifras de pobreza de nuestra población, que llegan al extremo de multitud de familias que pasan hambre. El problema es angustiosamente real y es menester que se actúe con denuedo para resolverlo. Pero las soluciones no están a la vista, porque en lugar de considerarlas con realismo se las ofrece a menudo en términos delirantes. Esas soluciones parten de la base de conciliar la generación de riqueza con una adecuada distribución de sus frutos. Pero a los políticos demagogos no se les ocurren ideas eficaces para lo primero, sino alocadas para lo segundo, tal como lo estamos padeciendo en estos momentos.

Urge un gran acuerdo nacional para identificar soluciones razonables en torno de estas dos grandes necesidades.

Por supuesto que la pobreza alimenta la corrupción. Pero hay algo muchísimo más grave: es fuente de violencia.

Como ha dicho el que hoy nos desgobierna, de joven se unió a la guerrilla para luchar contra lo que él y sus conmilitones consideraban un régimen opresor que condenaba a la pobreza extrema a la mayoría de la población. Ese mal argumento sigue convenciendo a los grupos armados ilegales que aducen motivaciones políticas para justificar sus depredaciones. Además, la pobreza viene asociada con el desempleo y el empleo informal que inclinan a muchos a la delicuencia.

El caso de los cultivos de coca, que es la primera etapa en el procesamiento y el tráfico de cocaína, es bien diciente. El desgobierno se niega a actuar para erradicarlos invocando la pobreza de los campesinos que se dedican a esos cultivos. Olvida que los altos niveles de violencia que padecemos están asociados inequívocamente con el negocio de la droga. Somos, hoy por hoy, un narcopaís y, en consecuencia, un narcoestado. Bien se ha dicho que la droga es la madre de todas nuestras guerras.

Colombia, desafortunadamente, ha experimentado una ya muy larga tradición de violencia de distintos géneros. La Constitución actual fracasó en su propósito de sentar las bases de una paz duradera, a pesar de haberla proclamado en su artículo 22 como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.

Hay también por desgracia unos condicionamientos culturales que favorecen la violencia.

Ahora se habla de un "paz total" que ofrece todos los visos de un embeleco llamado a alentar a los distintos agentes violentos para hacer exigencias inusitadas que pondrían en grave riesgo la débil estructura de la autoridad. Es tema que amerita reflexiones más detalladas: sin autoridad sólidamente establecida y respetada no es posible que se afiance un orden pacífico.