lunes, 13 de abril de 2026

El crimen acecha

El funesto M-19 se caracterizó por extorsionar, secuestrar, torturar, asesinar, asaltar, masacrar, falsificar y, en general, pasearse por casi todo el articulado del Código Penal. El actual okupa de la Casa de Nariño hizo parte de esa agrupación que justamente ha sido señalada como terrorista por sus estremecedoras acciones antisociales. Por su complicidad, ha sido denunciado hasta ahora de modo infructuoso ante la justicia internacional (vid. https://www.eltiempo.com/unidad-investigativa/gustavo-petro-francois-cavard-el-hombre-que-lo-denuncio-en-espana-676477) y al parecer se benefició de amnistía e indulto concedidos por nuestro Congreso, aunque hubo de estar condenado y preso por varios delitos. Estaba entre rejas cuando el M-19 asaltó el Palacio de Justicia y se rumora que promovió un motín para escapar de la cárcel con el propósito de sumarse a los asaltantes. Esa sentencia condenatoria lo inhabilitaba para ser elegido congresista y presidente, según los artículos 179-1 y 197 de la Constitución Política, pero cuando el Consejo de Estado intentó pronunciarse sobre el asunto no apareció copia auténtica de la misma, dado que por arte de bibibirloque el original había desaparecido del expediente. El que lo sustrajo incurrió, desde luego, en una modalidad de falsedad documental que nadie se tomó el trabajo de investigar.

Circulan muchos comentarios sobre las fechorías en que dicho personaje participó directamente como integrante de esa organización terrorista. Hay testigos presenciales que lo acreditan como cobrador de extorsiones. Se dice que actuaba además como carcelero de secuestrados a los que sometía a tratos degradantes en las cavidades de las tristemente célebres "cárceles del pueblo" y un pastor cartagenero se ha atrevido a vincularlo con el horripilante homicidio del líder sindical José Raquel Mercado (vid. "Usted torturó y asesinó...", el pastor Arrázola se va contra Petro).

En todo caso, su pasado no es edificante. Se duda, incluso, de que haya sido favorecido por el indulto (vid. Detector: Petro no fue indultado por su paso por el M-19, según MinJusticia - La Silla Vacía).

A pesar de todo lo que grazna en su defensa, bajo su desgobierno el país ha contemplado atónito su condescendencia con la criminalidad, la cual se ha desbordado en estos últimos tres años hasta el punto de que, según denuncias de Fernando Londoño y José Alvear Sanín en "La Hora de la Verdad", cunde el temor de que las bandas de delincuentes que controlan vastos sectores del territorio patrio estén en capacidad de forzar a las comunidades que los ocupan para que depositen sus votos por el candidato comunista. Se estima que de ese modo podría obtener unos dos millones de votos que serían decisivos para llevarlo a la presidencia.

Lo que el que nos desgobierna considera que sería la continuidad de la revolución que él se jacta de haber iniciado acarrearía consecuencias institucionales de tremenda gravedad. De entrada, daría lugar a la sustitución de una democracia liberal así sea imperfecta por un totalitarismo liberticida como el que impusieron los Castro en Cuba, Chávez en Venezuela u Ortega-Murillo en Nicaragua. Si resultare cierto que "Colombia es tierra estéril para las dictaduras", como lo dijo don Marco Fidel Suárez hace cosa de un siglo, el intento de implantar entre nosotros el comunismo estalinista en que el senador Cepeda se adoctrinó en Bulgaria traería reacciones tan graves como la guerra civil y el separatismo de regiones enteras, como Antioquia.

Nadie duda de que la situación en que estamos es compleja a más no poder. Son muy delicados y difíciles de abordar los problemas que el desgobierno actual ha traído consigo. Abelardo y Paloma, que parecen ser los más indicados para enfrentar al candidato comunista, si llegaren a triunfar quedarían en la misma posición de Churchill ante la Inglaterra desorientada en 1940: sólo podrían ofrecer "sangre, sudor y lágrimas" que convocaran la unidad de las fuerzas vivas para enderezar el rumbo hacia el bien común correctamente entendido. Sólo a partir de un gran acuerdo nacional podríamos aspirar a hacer de Colombia el país milagro de que habla Abelardo. Ese acuerdo tendría que considerar unas políticas sociales viables dentro de las limitadas posibilidades crematísticas en que nos dejará el derroche de este desgobierno.

Quizás nunca antes en la atareada historia de este país nos habíamos encontrado en una situación tan delicada como la presente. Todos somos responsables de la suerte colectiva y debemos votar en conciencia para que nos llegue un buen gobierno y cese de veras, como reza nuestro himno, esta "horrible noche".

lunes, 6 de abril de 2026

Nuestra Última Partida

El título de este tangazo me sirve para referirme a lo que nos espera en las elecciones presidenciales próximas a celebrarse en nuestro país. Nuestra suerte futura se juega en ellas. Si el hirsuto senador Cepeda llegare a ganarlas no resulta aventurado pensar que serían nuestros últimos comicios libres por muchos años.

La razón es muy sencilla: es un candidato radicalmente comunista. No es de izquierda moderada, como los social-demócratas. Y su rótulo de progresista está en veremos, pues profesa una ideología anacrónica y obsoleta cuyos nefastos resultados hoy resultan indiscutibles, tal como lo vemos en Cuba y Venezuela.

No puede negar que ha sido compañero de ruta de las Farc. Y del mismo modo que el que hoy nos desgobierna lo hace con sus compinches del fatídico M-19, no sería extraño que de llegar a la presidencia cogobernara con los carniceros de las Farc, bien fuere con los que dijeron haberse desmovilizado a raíz del acuerdo con Santos o los que lo harían como resultado de la ominosa Paz Total que ha prometido consolidar y que no es otra cosa que la rendición del Estado ante Mordisco, Calarcá o los asesinos del ELN y también los delincuentes del Cartel del Golfo y los del "tarimazo" del valle de Aburrá.

Todo ello dizque en aras de la paz.

La historia enseña que los comunistas cuando llegan al poder lo incrementan a través de la más severa de las represiones. Los derechos humanos que dicen defender son los suyos, no los de sus víctimas. Instauran un Estado policíaco y ponen la justicia al servicio de la persecución contra sus oponentes. No sólo llenan las cárceles de presos políticos, como en el tristemente célebre Helicoide venezolano, sino que llevan la tortura hasta extremos increíbles de crueldad, como se ha visto en Cuba y en Venezuela. Por supuesto que no los arredra la posibilidad de ultimar a sus opositores, tal como sucedió con Miguel Uribe Turbay, que ya se sabe que fue asesinado por secuaces de Iván Márquez, cuyos nexos en un pasado reciente con el candidato comunista son de público conocimiento.

Dicho candidato se propone la convocatoria de una constituyente, no para mejorar la Constitución de 1991, sino para liquidarla y poner nuestro ordenamiento a tono con su ideología comunista, tal como lo hizo Chávez en Venezuela. Y ofrece una redistribución de la riqueza para nivelar por lo bajo las condiciones vitales de los colombianos, destruyendo el sistema de clases y persiguiendo de modo inclemente a los emprendedores que al generar riqueza crean empleo que mejora el nivel de vida de los trabajadores. 

La destrucción de la economía incrementaría la miseria y el éxodo masivo de nuestros compatriotas hacia el exterior, que bajo las actuales circunstancias ya se calcula en millón y medio de personas.

Insisto en que el debate actual no es entre dos opciones democráticas, sino entre la democracia liberal y  el totalitarismo liberticida de los comunistas. Los que piensen depositar su voto por el senador Cepeda deben de considerar a qué se exponen si llegare al gobierno. Mírense en el espejo de cubanos, nicaragüenses y venezolanos para que no se llamen después a engaño.




miércoles, 1 de abril de 2026

Tiempo de reflexión

Estamos en Semana Santa. Son días en que conviene reflexionar sobre temas trascendentales. Por supuesto, toca meditar acerca de los eventos de la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo, pero, ante todo, sobre el estado de nuestra alma en relación con la eternidad que le espera cuando soplen los que el poeta llamaba los vientos ineluctables. Es hora de arrepentirnos de nuestros errores y tomar la decisión de corregirlos.

Pero es también tiempo de oración, sobre todo en las circunstancias presentes en las que Colombia corre el tremendo riesgo de caer bajo las fauces del comunismo. Ya estamos bajo un gobierno de esa corriente que le está hincando sus garras y pretende que lo suceda uno peor. En pocas palabras, diré que estamos por pasar de la coyunda del M-19 a la de las Farc, de las que es compañero de ruta el oscuro senador Cepeda.

Aunque éste dice no pertenecer al partido Comunista, su ideología es del mismo cuño. Recibió su formación profesional en Bulgaria cuando este país hacía parte del bloque soviético. Y su ADN tanto por parte de padre como de madre, según su propia confesión, es comunista hasta el tuétano.

Aunque se presenta como defensor de los derechos humanos, no los asume por convicciones liberales, sino para valerse de la protección que les brinda el régimen constitucional en beneficio de quienes aspiran a derrocarlo en pro de la instauración de un régimen totalitario y liberticida, como el cubano que tanto admira.

Si la mayoría de la población colombiana sigue siendo católica o al menos cristiana en sus distintas manifestaciones, debe de tomar conciencia de que bajo un gobierno comunista desaparecería la libertad religiosa y serían objeto de persecución sus convicciones más caras. El ateísmo pasaría a ser el dogma a imponerse por las autoridades.

Un paso hacia la erradicación de las creencias cristianas se daría a través de la promoción de las llamadas religiosidades ancestrales, muchas veces teñidas de hechicería y hasta de satanismo. Circula por las redes una preocupante denuncia de un pastor cristiano que habla de ceremonias de brujería que se han realizado en el Cauca para afectar a los rivales del senador comunista y atraer fuerzas preternaturales en favor de este último. Ello no es de extrañar, pues tal como lo he escrito en otras oportunidades, el ocultismo ha jugado un rol muy significativo en la Cuba de los Castro, la Nicaragua de los Ortega y la Venezuela de Chávez y de Maduro. Conviene recordar que el que nos desgobierna y su compañera de fórmula celebraron antes del siete de agosto de 2022 una ceremonia dizque de posesión espiritual de los cargos para los que en mala hora fueron elegidos, en la que se realizaron rituales de hechicería.

A muchos escépticos podrá parecerles extraño que a estas alturas de la evolución de las sociedades se invoque la protección de Dios para defenderlas de las influencias demoníacas. Pero los creyentes estamos seguros de que los demonios existen y obran incansablemente en pro de la perdición de las almas. Basta con dar una hojeada a la prensa cotidiana para darse cuenta del cúmulo de hechos que por doquiera acreditan la perversidad de las fuerzas oscuras que actúan para que el mal se expanda en la vida humana.

Este tiempo de reflexión debe acompañarse de la oración. Hay antecedentes muy significativos de países que se han librado de la amenaza comunista gracias a la oración comunitaria: Austria, Finlandia, Portugal, Polonia. Hagamos nosotros lo propio.