sábado, 13 de agosto de 2022

¿Hacia la Corea del Sur de Suramérica?

Nadie discute que las políticas públicas deben esmerarse en superar la pobreza y promover la igualdad, sobre todo en circunstancias en que una y otra sean extremas. Pero una cosa es la motivación de las políticas, que es de suyo razonable, y otras muy diferentes su formulación, su aplicación y sus resultados.

No es cierto que nuestros últimos gobiernos hayan ignorado esos cometidos. Bajo la administración de Álvaro Uribe Vélez se lograron indiscutibles avances en el mejoramiento de las condiciones de vida de las capas más pobres de nuestra población y lo mismo puede decirse de la gestión de Santos, pese a las discrepancias que por otros aspectos ha suscitado. Pero a Duque le tocaron en mala suerte la pandemia y el "putsch" del candidato a quien derrotó en 2018, que dieron lugar a un sensible retroceso respecto de los logros obtenidos en años anteriores. 

En la reciente campaña electoral todos los candidatos coincidieron en la necesidad de combatir el hambre que aflige a un elevado número de nuestros compatriotas. Es claro que el voto abrumadoramente mayoritario de la ciudadanía estuvo motivado por estas consideraciones.

Lo que ahora se discute tiene qué ver con los modos de reducir tanto la pobreza como las desigualdades. La idea del gobierno que acaba de instalarse parece simple: hay que pedirles a los más pudientes que financien por la vía del impuesto las iniciativas asistencialistas en pro de los más necesitados. Y esas iniciativas comprenden una amplia gama de acciones como la renta básica, la jubilación de ancianos y mujeres cabeza de familia que no reúnen los requisitos para pensionarse, el salario para quienes no logren emplearse en el sector privado, quizás el subsidio del 50 % de la canasta básica y muchas otras más.

Tal como lo observó el entonces candidato Fajardo en un debate al que desafortunadamente no se dio pie para profundizarlo, las promesas del triunfador tendrían un costo superlativo, equivalente a varias reformas tributarias. Pero en ello se insiste ahora, no para hacerlo de una vez, sino paulatinamente en los años venideros.

El Estado de Bienestar, que según sus promotores aspira a proteger a cada persona desde la cuna hasta la tumba, abre muchas posibilidades de acción, unas muy razonables y otras no tanto. Todas ellas implican costos que debe sufragar el sector productivo. Su articulación exige buscar un difícil equilibrio entre lo deseable y lo posible. Si se desconoce la necesidad de ese equilibrio, todo termina como en el cuento de la gallina de los huevos de oro.

Si se aniquila el sector privado, lo que resta es la estatización, como sucede en Cuba, y la consiguiente pauperización de la población. Es, por lo demás, algo que anhelan no pocos extremistas que creen que de ese modo las comunidades resultarían más controlables. Ya lo ha dicho Francia Márquez: sólo hay que producir lo que sea estrictamente necesario. Y ciertos moralistas cristianos, dentro de los que quizás haya que considerar al Papa, agregan que de ese modo se eliminaría el consumismo que es un grave pecado del mundo capitalista. 

Parece muy simple extraer del sector productivo ingentes recursos para resolver necesidades insatisfechas de los sectores más desprotegidos de la comunidad, pero ese traslado de fondos pasa por un puente ineludible: el Estado, que al decir de Nietszche "es el más frío de los monstruos fríos". Las correas de transmisión que el mismo opera conllevan los costos internos de la burocracia y, tras ellos, los de la corrupción. No todo lo que se les quita a los ricos les llega a los pobres. Los políticos venales se quedan con una muy suculenta tajada consistente en puestos y contratos, cuando no en latrocinio mondo y lirondo.

Se ha dicho que toda revolución se traduce en un cambio de ricos. A los ricos cubanos y venezolanos los han reemplazado unas castas voraces que oprimen a los pobres con más codicia que la que empleaban los denostados capitalistas. De esas castas se ocupó Milovan Djilas en un libro famoso, "La Nueva Clase", que lo arrojó a la prisión en su nativa Yugoeslavia. En la URSS se las denominaba la "nomenklatura". Vid. La nueva clase. Un análisis del régimen comunista by Milovan Đilas (3 star ratings) (goodreads.com)

Quizá con el nuevo régimen aparezcan entre nosotros esos nuevos ricos llamados a aprovecharse de las arcas públicas. Al parecer, en nuestra ciudad ya están haciendo de las suyas.

Como los promotores de este nuevo régimen no se atreven a proponer modelos como los fallidos de Cuba, Venezuela y Argentina, dicen que lo que los inspira es el de Corea del Sur, país al que poco conocen. Recuerdo que mi colega en Chile, el embajador de ese admirado país, me contaba que a mediados del siglo pasado allá reinaba una pobreza extrema. "Nuestros padres, me dijo, entendieron que el único modo de superarla era mediante la educación e hicieron un denodado esfuerzo para educarnos". Eso es posible en comunidades disciplinadas como las orientales, pero no en las nuestras, sometidas a la férula de los sinvergüenzas de Fecode. Algo más: me decía que mientras el exitoso modelo económico de Taiwan está basado en las pymes, el de Corea del Sur reposa sobre grandes empresas, como Samsung. Allá reina un capitalismo que irriga prosperidad para toda la población.


viernes, 5 de agosto de 2022

Cuatro amenazas

Nuestro régimen político sufre muchos asedios. Hay cuatro que están a la vista: el comunismo, la anarquía, la corrupción y la narcocracia.

El primero de ellos está en la agenda del gobierno venidero. Que se trate de implantarlo a las volandas o en cómodas cuotas, dependerá de las circunstancias. Pero no hay que llamarse a engaño: en el corto o en el mediano plazo veremos cómo se ponen en marcha los dispositivos indicados para que Colombia, que como he dicho gastó algo así como un siglo para defenderse de ese sistema totalitario y liberticida, haya terminado en una lamentable claudicación ante sus promotores. No pasará mucho tiempo sin que nos veamos invadidos por los cubanos y terminemos, como Venezuela, colonizados por ellos.

Un efecto posible del proceso de instauración del comunismo es la anarquía, que ya se advierte en las invasiones de tierras que están ocurriendo en distintas regiones y ante las cuáles ya se ha anunciado que las nuevas autoridades no aplicarán las leyes en defensa de los legítimos desechos de los propietarios, pues se dice que son problemas que deben resolverse por la vía del diálogo. No otra cosa cabe esperar de un gobierno conchabado con la minga indígena y promotor de la democracia tumultuaria capitaneada por la Primera Línea. La ausencia de autoridad que defienda los derechos y proteja a quienes los pretenden desconocer acarreará muy probablemente respuestas violentas de quienes se sientan afectados, dando lugar de ese modo a manifestaciones anárquicas, cuyas consecuencias son imprevisibles. Hay quienes advierten sobre los peligros de guerra civil que los desórdenes podrían acarrear.

Los resultados electorales más recientes dejan ver que la ciudadanía está hastiada por la corrupción imperante en todos los niveles de la organización estatal. Pero es dudoso que el conjunto de los elegidos esté dispuesto a dar pasos firmes para resolver ese problema que para todos los efectos es semejante a un cáncer terminal. Como decía Gaitán, ahí tenemos en la coalición  gobernante a "los mismos con las mismas". La aprobación de los proyectos legislativos tendrá el costo que ya se conoce: adjudicación de puestos y de contratos llamados a retribuir el voto de los congresistas. Quizás cuando salgan las leyes respectivas el nuevo gobierno tratará de quitárselos de encima, dando así lugar a conflictos institucionales de resultados inciertos.

El nuevo gobierno da por perdida la batalla que a lo largo de medio siglo se ha venido librando contra la droga. Ya no habrá erradicación de cultivos de coca, de marihuana, ni de amapola. Violando la Convención de Viena contra el narcotráfico, quiere promover no sólo su despenalización, sino la aceptación social de la producción, el comercio y el consumo de sustancias psicoactivas. Se da por hecho que somos el mayor cultivador de coca en el mundo y el mayor productor de la cocaína que inunda los mercados de los países desarrollados. Nos declaramos incapaces de contrarrestar ese hecho, del cual se siguen inexorablemente unas muy indeseables consecuencias políticas. Bien conocida es la nefasta influencia del narcotráfico en la política colombiana. La Paz Total que ahora se anuncia simplemente la protocolizará. Sus enormes recursos financieros y el control territorial que ejerce sobre vastos sectores de la geografía  patria harán que salgan a la luz nuevas élites dominantes, las que integran la narcocracia. Es probable que sigamos modelo imperante en Venezuela.

Todo este cuadro apunta hacia una eventualidad sobre la que advierte el importante libro de Moisés Naím que comenté hace poco en este blog, "La Revancha de los Poderosos": la autocracia. Es asunto que amerita considerarse en otra oportunidad.


lunes, 1 de agosto de 2022

Guerra y Paz

 Escribe el coronel John Marulanda:

"ADENDO: el nuevo comisionado de Paz, DANILO RUEDA, es director de la ONG Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, que en su página web declara: “La existencia de diversas organizaciones armadas guerrilleras son la expresión del ejercicio del Derecho a la Guerra, a la rebelión armada reconocida en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y en los Derechos de los Pueblos, en tratados de humanistas y de iglesias en el mundo”. Rueda fue protagonista, junto al hermano del primer mandatario electo, de una visita de 6 horas a los presos de La Picota, cuando se les ofreció el “perdón social” del que habló el presidente elegido. “Me ofrecieron asilo en Suiza o en Francia (…) De hecho, la persona encargada de tramitar todo y de estar pendiente de hacer todo en Medellín era un señor Danilo Rueda…”, aseguró “El Tuso Sierra” en agosto de 2020. Así van las cosas por Colombia, gemelo de Venezuela." (Vid. Vigía – Del ministro de defensa y otras yerbas – La Linterna Azul).

No sabe uno de dónde saca esa Comisión Intereclesial que hay un derecho a la guerra y a la rebelión armada universalmente reconocido.

La Carta de las Naciones Unidas va en una dirección radicalmente opuesta. Vid. Carta de las Naciones Unidas (1945) (defensa.gob.es)

Su propósito es liberar a la humanidad del flagelo de la guerra, promoviendo la convivencia pacífica y que sólo se recurra a la fuerza armada en servicio del interés común. 

No hay en dicho texto reconocimiento alguno a un derecho a la guerra ni a la rebelión armada, fenómenos que no se consideran deseables, aunque sean desafortunadamente inevitables dentro de ciertas circunstancias y estén sometidos a diversas limitaciones con miras a evitar su propagación y sus efectos letales para las comunidades. Lo dice la Carta: la guerra no configura un derecho, sino un flagelo, y es deber de las naciones civilizadas resolver sus diferencias acudiendo ante todo a medios pacíficos.

La Constitución de 1991, que se expidió de hecho como un tratado de paz con el funesto M-19, es más enfática aún. Dispone en su artículo 22: "La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento". Uno de sus cometidos fundamentales, según el Preámbulo, es asegurar la paz para todos los integrantes del pueblo colombiano.  Y en concordancia con ello, el artículo 2 consagra como fin esencial del Estado la garantía de la convivencia pacífica.

A lo largo de la historia del pensamiento político media el acuerdo acerca de que esa convivencia pacífica exige que haya autoridad legítima encargada de promoverla y mantenerla. Hay toda una tradición acerca de los deberes y los consiguientes poderes de quienes, según la célebre definición de Sto. Tomás de Aquino, tienen a su cargo la gestión de los asuntos de la comunidad en aras de la convivencia pacífica de sus integrantes. A ellos se les imponen límites que ha ido decantando la civilización política, pero de ninguna manera se ha llegado a justificar que se los equipare con quienes hayan hecho de la violencia el leitmotiv de sus actuaciones.

Todo parece indicar que el Comisionado de Paz del gobierno venidero, al legitimar el derecho a la guerra y a la rebelión de los alzados en armas, va en contravía del ordenamiento tanto nacional como internacional y las bases mismas de la civilización política. 

Desafortunadamente, a ello conducen unas tendencias que más o menos solapadamente han venido haciendo carrera a lo largo de años en nuestra sociedad, en virtud de las cuáles, como dijo alguien de ingrata recordación, hay que ser condescendientes con quienes matan dizque para que otros vivan mejor.

Nuestro régimen político es susceptible, por supuesto, de muchos reparos. Pero afirmar que la Constitución de 1886, con las plausibles modificaciones que sufrió a lo largo del siglo pasado, imponía un régimen tiránico contra el cual se justificaba levantarse en armas, no deja de ser un exabrupto, máxime si quienes acudieron al expediente de la rebelión cometieron las peores atrocidades habidas y por haber. Si en la confrontación con los subversivos nuestra fuerzas armadas incurrieron en desafueros, los subversivos hicieron y continúan haciendo cosas mil veces peores que desafían las bases mismas de la civilización y merecen la severa repulsa de quienes creen en ellas.

¿Está el flamante Comisionado en el plan de pasar por alto el atroz cúmulo de barbaridades que ha cometido el ELN durante su tenebroso decurso? ¿La Paz Total que aspira a promover se apoyará en el olvido y la consiguiente impunidad de lo que los facciosos de todo pelambre han realizado para infortunio del pueblo colombiano?

¿Tiene, en fin, la razón el expresidente Pastrana cuando alerta sobre el advenimiento de una narcocracia llamada a imponerse sobre nuestra legitimidad democrática?



martes, 26 de julio de 2022

Manual de Supervivencia

El ingeniero industrial y asesor económico Julio César Iglesias publicó hace poco un libro que, como dice la jerga periodística, resulta ser hoy de palpitante actualidad: "¿Y si gana Petro?".

Los cambios que anuncia el gobierno entrante repercutirán para bien o para mal sobre todos nosotros. Quizás algunos resulten beneficiados, pero muchos serán los afectados negativamente si se cumplen los pronósticos que formula Iglesias en su publicación. A ellos se refiere su primera parte. La segunda es, por así decirlo, un manual de supervivencia para asimilar y adaptarse a lo que se ve venir.

He dicho en un escrito anterior que entraremos en una era de incertidumbre. Muchas personas están atemorizadas pensando que van a experimentar la disminución y hasta la pérdida de sus patrimonios y sus ingresos, sufriendo así grave retroceso en su nivel de vida. Es asunto que inquieta sobre todo a la clase media, pues los más acomodados, como sucedió en Venezuela, hallan fácil refugio para sus personas y sus riquezas en el exterior. Más delicado es el temor por las persecuciones, las revanchas y el atropello de libertades y derechos.

Estos sacrificios para las clases más pudientes dicen justificarse en función del mejoramiento de la calidad de vida de las menos favorecidas por la fortuna y en aras de una sociedad igualitaria. Pero el desbarajuste de la economía, con sus secuelas de inflación, desempleo, desabastecimiento, cierre de empresas, fuga de capitales, caída de la inversión, etc. golpea con mayor severidad a la población de escasos recursos. Como lo advirtió Fico en la campaña electoral, puede significar comida para algunos hoy, pero hambre para todos mañana.

No debe descartarse, por supuesto, la acción de elementos moderados que morigeren las políticas reformistas, adecuándolas en lo posible a las realidades del país. Pero desde ya se advierte la presencia de activistas radicales que podrían forzar las cosas hasta extremos indeseables y altamente peligrosos. Ya Vivian Morales ha advertido sobre la democracia tumultuaria que se prefigura en los actos inaugurales del nuevo gobierno (vid. La posesión de Petro - Columna de Viviane Morales - Columnistas - Opinión - ELTIEMPO.COM).

¡Todo en Colombia está hoy en veremos!

Lo menos creíble es una transición sosegada hacia el nuevo orden que pretende imponerse. La exacerbación de los conflictos es quizás lo que parece sobrevenir. Y lo que de ahí resulte no es fácilmente predecible: ¿anarquía, guerra civil, dictadura de izquierda o de derecha?

Hasta hace algún tiempo se decía que si uno afrontaba alguna situación en extremo dificultosa se encontraba "en la olla". La expresión correcta para describir a la Colombia de hoy es que está en la UCI.



miércoles, 20 de julio de 2022

Populismo y Comunismo

He dicho que el populismo es difícil de definir, pues no se trata propiamente de una ideología política, sino de una tendencia que puede exhibir muchos matices y se ha manifestado a todo lo largo y ancho de la historia de la humanidad. civilizada. Baste con recordar el "Pan y Circo" de los romanos, con lo que se trataba de mantener al pueblo contento. Dar satisfacción a los apetitos de las masas es una vieja receta para conquistar y preservar el poder con el propósito de gozar de sus gajes. El populismo azuza a los menesterosos contra los pudientes, pero de él se lucran quienes aspiran a desplazar a estos últimos. No en vano se ha dicho que estas revoluciones culminan con un cambio de ricos. Las estructuras se mantienen, pero los actores que se benefician de ellas cambian. "Todo cambia para que todo siga igual", como dicen que reza la conclusión de esa obra maestra que es "El Gatopardo", de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Vid. El gatopardo para analistas internacionales - Real Instituto ElcanoGuiseppe De Lampedusa - El Gatopardo (derechopenalenlared.com)

El comunismo es algo muy diferente. Se basa en una ideología que muestra todos los rasgos de lo que Karl Schmitt llamaba una religión secular. Su estructura conceptual, sus desarrollos, la diversidad de sus orientaciones, su capacidad de penetrar no sólo la esfera racional, sino las emociones, las ilusiones y en suma las pasiones de la gente para motivar sus acciones, lo hacen muy parecido a la religión, contra la que sin embargo se ha alzado desde sus comienzos, si bien utilizándola cuando la ha considerado conveniente para sus propósitos.

En síntesis, el comunismo entraña toda una concepción del mundo que tiende a llevarse a la práctica en procura de una transformación radical de la sociedad y del hombre mismo. Un leit-motiv  que lo anima es precisamente el mito del "Nuevo Hombre". Como en las grandes religiones, exhibe textos sagrados, ortodoxias, cismas, herejías e incluso apostasías que suscitan fuertes confrontaciones entre sus adeptos. Pero se nutre de la idea de unas verdades absolutas que se hace menester imponerlas por la fuerza. El mesianismo termina dominándolo, a pesar de su rechazo del individualismo y su favor por lo colectivo. También registra, por un lado, su santoral y, por el otro, su galería de réprobos.

Raymond Aron, estudioso y crítico sagaz del marxismo, decía que Marx es "simple para los simples y sutil para los sutiles", amén de "inagotable y equívoco". Su credo llega con facilidad a las mentes ilusas, pero al mismo tiempo se presta a las sinuosas elucubraciones de las que tratan de penetrar la complejidad de lo real. Todas ellas encuentran en su pensamiento respuestas para orientar sus acciones, hasta que tropiezan con la dura realidad.

En un libro ya célebre, Furet, que fue comunista en su juventud, al contemplar su fracaso en Europa oriental, trató de ajustar cuentas con él hablando de "El Pasado de una Ilusión". Vid. Download PDF - Furet, Francois - El Pasado De Una Ilusion, Fce, 1995. [546gq66p8xn8] (idoc.pub). En el  plano doméstico, Libardo Botero y Alfonso Monsalve han protocolizado sus respectivos ajustes en dos libros cuya lectura recomiendo de nuevo vivamente, ambos publicados por Alvear Editor: "Réquiem por una Ilusión" y "El Secuestro de Borge".

Esa ilusión ha revivido en los tiempos que corren a través de diversas reinterpretaciones, unas de las cuáles se resumen en el Socialismo del Siglo XXI que patrocinaron Fidel Castro y Lula para tratar de que sobreviviera a la catástrofe de la última década del siglo XX. A fe que no les ha ido mal, pues la idea comunista ha revivido en Nuestra América como una mancha roja similar a la gangrena que sube pierna arriba hasta contaminar todo el organismo. Ya está campante en nuestro país amenazando con transformarlo radicalmente en los tiempos venideros. Sus portavoces hablan de que un solo período presidencial es insuficiente para lograr sus propósitos y nos hablan de por lo menos doce años para llevarlos a cabo.

Colombia lleva, mal contados, cerca de cien años defendiéndose del comunismo, según se lee en el libro de Eduardo Mackenzie "Las Farc o el Fracaso de un Terrorismo". Vid. 12Eduardo_Mackenzie-Las_Farc_El_fracaso_de_un_terrorismo.pdf (historiadecolombiaplural.com). Ya claudicó. Lo que sigue está por verse.


miércoles, 13 de julio de 2022

La Revancha de los Poderosos

El libro que con este título ha publicado hace poco Moisés Naím es de obligada lectura para quien aspire a entender la vida política en los tiempos que corren.

La suya es una visión crítica sobre la democracia contemporánea, que a su juicio se ve alterada por lo que él denomina las tres pes: Polarización, Populismo y Posverdad.

Es bien sabido que la política ofrece dos facetas, como lo explicaba el profesor Duverger al ilustrarla con la figura del dios Jano: una arquitectónica, orientada hacia la edificación de la armonía social, y otra agonal, como la denominaba el profesor argentino Mario Justo López, centrada en la lucha, la controversia, los desacuerdos.

Uno de los grandes logros de la democracia moderna radica en la conciliación de esas dos tendencias, al hacer que los desacuerdos se muevan dentro de lo que Álvaro Gómez Hurtado denominaba el acuerdo sobre lo fundamental, que se registra básicamente en la Constitución. Ese acuerdo hace posible el juego pacífico de la dialéctica gobierno-oposición y permite que ésta pueda aspirar institucionalmente a ocupar el lugar del primero, dando así pie para la alternación en el ejercicio del poder. 

En su examen de la democracia, Karl Popper señalaba que su ventaja más significativa radica en la posibilidad de reemplazar sin traumatismos a los gobiernos deficientes. 

Que haya contradicción sobre los asuntos políticos es, entonces, algo no sólo natural, sino necesario. Pero debe moverse dentro de unos límites racionales. Más allá de éstos, la polarización entraña graves riesgos para el sistema político. La historia muestra que no pocos escenarios de guerra civil y de dictadura son inevitables en medio de una polarización exacerbada que hace imposible la dialéctica fluida de las fuerzas de gobierno y oposición.

Naím y otros agudos observadores han llamado la atención acerca del radicalismo de la controversia política que se pone de manifiesto en la actualidad en muchos países, incluido el nuestro.

Uno de los ingredientes de esa peligrosa polarización es el populismo que enfrenta a la masa de pobres contra la minoría de adinerados. Es un conflicto que se ha dado a todo lo largo de la historia. Ya Platón lo señalaba con inquietud, mostrando cómo lo aprovechaban los demagogos para sustentar su poder en perjuicio de la armonía colectiva.

No es fácil definir el populismo. He pensado que puede identificárselo cuando los gobernantes pierden de vista el bien común y se aplican a ofrecerle al pueblo, más que lo que realmente necesita, lo que sus apetitos le exigen. Quien quiera formarse una idea de lo que significa el populismo puede considerar lo que el tándem Perón-Evita hizo para arruinar a la Argentina. Son de esa escuela los gobernantes que ofrecen ríos de leche y miel, como dice la Biblia.

Colombia, en términos generales, lo ha evitado. Marco Palacios hace algún tiempo escribió sobre la necesidad de que nuestro país adoptara ciertas dosis de populismo. Ahora, con el nuevo gobierno, parece que entrará de lleno en esa corriente despilfarradora.

El tercer rasgo negativo que destaca Naím en la política actual es lo que denomina la posverdad. Política y verdad rara vez van de la mano, como lo muestra Max Weber en "El Político y el Científico". También Platón observaba a este respecto que ciertas mentiras útiles eran inevitables. No hay que ignorar que el mito es un ingrediente de toda política que debilita desde luego su racionalidad. Pero a Naím lo preocupa ante todo la ubicuidad de la Gran Mentira en los regímenes contemporáneos. 

El Evangelio en su profunda sabiduría nos enseña que "La verdad os hará libres" (Jn 8:38). Por consiguiente, la mentira nos esclaviza y, si se trata de la Gran Mentira, peor esclavitud traerá consigo. Su vehículo más idóneo son las ideologías que están desmoronando el edificio conceptual logrado por la civilización a través de muchos siglos de convivencia humana. 

La acción deletérea de esas "tres pes" no sólo distorsiona la institucionalidad democrática, especialmente en lo que concierne a la regla de la separación de poderes y la alternación en el ejercicio de los mismos, sino que da lugar a la captura de los gobiernos por organizaciones criminales, tal como puede observarse hoy en Venezuela o en Nicaragua.

San Agustín se preguntaba sobre lo que debe diferenciar a un gobierno de una banda criminal y encontraba la diferencia en la justicia. Donde ésta desaparece convirtiéndose en una mera y frustrante ficción, ya no se puede hablar de gobierno, sino de imperio de la delincuencia. ¿Qué tan lejos nos encontramos de ese extremo, cuando estamos inundados de coca, la corrupción es rampante y ya no podemos creer en la imparcialidad de la justicia?

Coda: Agradezco de nuevo los ambles comentarios que sobre mi persona y mis escritos hace el padre Mario García Isaza. Me encantaría atender su sugerencia de no callar frente a lo que se ve venir para nosotros en los tiempos que se acercan, pero ya he dicho todo lo que se me ha ocurrido y seres muy cercanos a mi corazón se alarman por ello. Como reza el adagio, la caridad entra por casa.




viernes, 8 de julio de 2022

Todo está consumado

No corregiré ni adicionaré un solo ápice sobre lo que he expresado acerca del presidente electo. Quod scripsi, scripsi (Jn. 20:22). Nada más hay qué decir en torno de lo que podría sobrevenir en Colombia a raíz del reciente resultado electoral.

Mis seres queridos se preocupan por la franqueza de mis comentarios y aunque a mi edad en la que como dice un tangazo estoy "casi llegando al campo sagrado" ya pocos temores albergo, prefiero no ocasionarles preocupaciones adicionales a las que el actual estado de cosas de suyo les acarrea.

Kenneth Galbraith publicó hace tiempos un libro muy interesante que en alguna ocasión les di a leer a mis discípulos: "La Era de la Incertidumbre"(vid. https://libronube.com/donate/9/) El título me sirve para ilustrar la situación que actualmente experimentamos los colombianos, que genera incertidumbre desde muchos puntos de vista.

Se anuncia la promoción de  cambios profundos en nuestra sociedad, si bien ignoramos cuáles puedan ser su contenido y su intensidad. Si vamos por el camino de la evolución o el de la revolución, no lo sabemos. Todo dependerá de las circunstancias.

Hace algún tiempo publiqué un escrito titulado "Velad y Orad". Los creyentes en el Evangelio encontramos que ello cobra especial sentido cuando atravesamos por circunstancias difíciles. La oración nos consuela, nos fortalece y nos trae la luz de la esperanza. Quiera Dios que seamos capaces de afrontar las dificultades que sin duda alguna sobrevendrán y que de las pruebas a que nos veamos sometidos resulte algo mejor para todos.

De poco valdrá, en todo caso, excitar a la jauría que probablemente comenzará dentro de poco a aullar para silenciar a las voces disidentes. Es algo inherente a regímenes como el que se instalará el 7 de agosto próximo. Muchos políticos ya se están protegiendo al ofrecerle con hipocresía manifiesta su apoyo, en espera de las prebendas y , sobre todo, para protegerse de las persecuciones. Aquéllas quizás se queden en el aire, pero las segundas no tardarán en producirse.

Como sucede con ciertas enfermedades, lo preferible es guardar cama y dejar que evolucionen. Mutatis mutandis, eso haré. No es ya el caso de dar coces contra el aguijón. Resulta más aconsejable evitarlo.