domingo, 22 de noviembre de 2020

Las Saturnales de Pinturita

Sólo en la mente de un sujeto de la deplorable contextura moral del alcalde petro-comunista de Medellín cabe la repugnante idea de asociar los festejos navideños con un carnaval presidido por una figura demoníaca, la de Moloch, dios cananeo al que se adoraba arrojando recién nacidos al fuego y que hoy por hoy representa el culto abortista (vid. https://www.accionfamilia.org/temas-polemicos/aborto/estamos-ante-la-resurreccion-de-moloch-en-pleno-siglo-xxi/).

Nada más contrario al espíritu de la Navidad que vincularla con un demonio y una exhibición de símbolos míticos, así estos gocen de cierto arraigo en el imaginario popular.

Esta torpe iniciativa del burgomaestre mencionado invita a reflexionar sobre qué es lo que los creyentes y muchos que no lo son conmemoramos en Navidad y de qué modo ello se contrapone a las entidades infernales que aquél pretende entronizar en nuestro medio.

El 25 de diciembre de cada año se celebra la fiesta del nacimiento de Jesucristo. La fecha tiene que ver probablemente con la decisión de la Iglesia, una vez instaurado el cristianismo en Roma, de contrarrestar la vieja costumbre de las saturnales que, en homenaje al dios Saturno, se llevaban a cabo antes de esa fecha y daban lugar al desenfreno colectivo. El origen de la Navidad tiene que ver entonces con la superación de un abominable ritual pagano. Su propósito era eminentemente espiritual. Había que poner freno al desorden orgiástico encomiando valores trascendentes que invitaran al pueblo a elevar su mirada hacia el mundo celestial.

Nada más apropiado para ese cometido que exaltar el nacimiento del Hijo de Dios, que vino a rescatarnos de la esclavitud del pecado y enseñarnos amorosamente cuál es el camino de la bienaventuranza eterna, contrario por supuesto al de la condenación a que pretenden llevarnos los demonios.

La piedad popular ha exaltado la imagen tierna y candorosa del Niño Dios con representaciones de bondad, alegría, solidaridad y otras virtudes que apuntan hacia lo mejor del ser humano. Al fin y al cabo, como lo dice el Evangelio, si no somos como niños, no  podremos aspirar al Reino de los Cielos.

La Navidad es en principio una fiesta de la infancia. Pero lo es también de la familia. La imagen de la Sagrada Familia, unida en el pesebre de Belén, se proyecta en las celebraciones decembrinas, convocando a padres e hijos para que manifiesten los sentimientos que los ligan y dándoles la fuerza para convivir armónicamente.

Nada más contrario al ánimo de división y destrucción, o como hoy se dice, de "deconstrucción", que mueve a las potencias demoníacas a las que parece servir el tristemente célebre Pinturita.

Charles Dickens no era un escritor que se destacara por su espiritualidad. Estaba lejos de ser un místico, si bien su amable consideración de la interioridad humana y las vicisitudes de la existencia estimula nuestra simpatía por la especie a que pertenecemos. Su "Cuento de Navidad" es obra maestra que año por año  por esta época se recuerda como un expresivo manifiesto del profundo impacto que en nuestro espíritu suscita el recuerdo del advenimiento de nuestro Redentor. Trata de la historia de la conversión del avaro y amargado Scrooge en el día de Navidad.

Quien desee leerlo puede descargar su contenido en el siguiente enlace: http://www.ataun.eus/BIBLIOTECAGRATUITA/Cl%C3%A1sicos%20en%20Espa%C3%B1ol/Charles%20Dickens/Cuento%20de%20navidad.pdf

Los pensadores clásicos observan que los gobernantes son algo así como padres de familia de sus comunidades, a las que deben guiar por buenos caminos y nutrirlas con ejemplos edificantes. Yo me pregunto si promover un carnaval demoníaco en momentos en que la tradición invita a la unión familiar y la armonía colectiva bajo la divisa de "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad", es algo acorde con las responsabilidades espirituales de quien, como decía Santo Tomás de Aquino, tiene a su cargo el cuidado de la comunidad.

No me explico cómo "El Colombiano", que era un periódico conservador, exhibe ahora cierta complacencia  con las saturnales de Pinturita, queriendo mostrar que es algo meramente lúdico e ignorando los efectos deletéreos que podrían producir en la cultura popular. Muchos dirán probablemente que ahora esta no es época de ponernos en paz con Dios, sino de dar rienda suelta a nuestros apetitos, incluso los más bajos. ¿No es eso a lo que nos induce la figura demoníaca que Pinturita pretende situar en el centro de su celebración?

Más inquietante me parece que un individuo de esas condiciones morales dizque tenga un abultado respaldo popular. Si la democracia no exalta a los mejores, está condenada a muerte.



miércoles, 18 de noviembre de 2020

Vade Retro, Satanás

"Pinturita", el grotesco e irreverente alcalde de Medellín, no contento con promover aquí la revolución sexual e incorporar a su equipo a un "ingeniero de lo invisible", resolvió dedicar, a expensas del erario municipal, la decoración navideña que desde hace tiempos engalana a la ciudad a la figura del Demonio, en lugar de la de la Sagrada Familia, que es el centro del festejo con que los cristianos de diversas confesiones conmemoramos el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Afortunadamente, la indignación ciudadana hizo que al parecer desistiera de esa perversa idea que ya había puesto por obra (vid.https://www.youtube.com/watch?v=fPE0-q1cXNc).

Este es un episodio más de la banalización del mal, de que habló Hannah Arendt dentro de otro contexto. En esta oportunidad, se pretende exhibir al Maligno como una figura simpática que contrasta con el candor del Niño Jesús. 

Hace poco escribí sobre un caso de posesión diabólica relatado desde la perspectiva de la propia víctima. Me referiré ahora a una contundente experiencia psiquiátrica, la del Dr. Richard Gallagher, que en su libro "Demonic Foes" trata sobre sus 25 años de investigación sobre los ataques demoníacos (vid. https://www.amazon.com/-/es/Richard-Gallagher-M-D/dp/0062876473).

El Dr. Gallagher no es un aparecido. Se graduó Summa Cum Laude en Princeton y ha ejercido su profesión en Nueva York con gran crédito. Es profesor en la Universidad de Columbia. Como los exorcistas son prudentes para tratar posibles casos de posesión u obsesiones demoníacas, suelen pedir la colaboración de psiquiatras para establecer si están en presencia de anomalías mentales o de fenómenos que sólo son explicables por la acción de fuerzas espirituales malignas. Sabedor de su fe católica, el padre Jacques. un destacado exorcista norteamericano, pidió que le colaborara con personas que mostraban indicios de presencias demoníacas en sus padecimientos. Fue de ese modo como llegó a participar en por lo menos cien exorcismos. En CNN lo presentan como el hombre a quien los exorcistas llaman para atender  casos extremos (https://cnnespanol.cnn.com/2017/08/05/exorcismos-expertos-richard-gallagher-psiquiatra-salud-mental-emily-rose/).

En el capítulo tercero de su libro se ocupa de un caso paradigmático, el de una mujer a la que llama Julia, la "Reina Satánica". Nacida en una familia católica, en su adolescencia sufrió el asedio de un cura que la inició en la sexualidad. A partir de ahí, cayó en las redes de Daniel, un satanista que colmaba sus apetitos y la vinculó a un grupo de adoradores de Satanás, al que ella se entregó a cambio de los poderes mentales que le otorgó. Julia quería salir de la posesión, pero no de la pertenencia al grupo, ni de su relación con Daniel, ni de los rituales de adoración al Demonio. Los exorcismos fracasaron y ella murió tempranamente de cáncer, probablemente subyugada por esa entidad infernal. Pero a raíz de aquéllos, el Dr. Gallagher pudo observar directamente las manifestaciones más protuberantes de la posesión y la índoles de los poderes extraordinarios de que se jactaba Julia. Ese capítulo es, para decir lo menos, espeluznante.

Julia se presentaba como una gran bruja. Al dicho de que "las hay, las hay, pero no hay qué creer en ellas", responde certeramente el padre Juan Gonzalo Callejas en su libro "Contra la brujería", que puede descargarse gratuitamente a través del siguiente enlace:  https://kupdf.net/queue/contra-la-brujeria_58c880d7dc0d60df6e339029_pdf?queue_id=-1&x=1605725115&z=MTgxLjU4LjM4LjEw

El testimonio personal del padre Callejas es impresionante, pues da cuenta de cómo pasó de integrar en su adolescencia un grupo satanista en Medellín a hacerse sacerdote con la misión de combatir la brujería que está demasiado extendida en distintos estratos de nuestra sociedad y, en general, del mundo contemporáneo (vid. https://www.youtube.com/watch?v=HdcK14-ZBqo).

Como lo pone de presente un grupo de seguidores de San Pío de Pietrelcina en Medellín, lo que ha hecho "Pinturita" no es más que llevar a su término el cometido de descristianización de las festividades navideñas que desde hace varios años se ha llevado a cabo en Medellín bajo el auspicio de las autoridades municipales y EPM (vid. https://www.youtube.com/watch?v=z3d9xdg1qwA). Se ha comenzado ignorando a la Sagrada Familia y el pesebre de Belén, para terminar entronizando a Satanás.

No nos digamos mentiras: la crisis de la sociedad colombiana es ante todo espiritual. Somos un país necesitado de un gran exorcismo colectivo.


miércoles, 11 de noviembre de 2020

Incertidumbre

Al momento de escribir estas notas aún no se ha decidido la suerte de la elección presidencial en los Estados Unidos. Trump no ha reconocido el triunfo de Biden y está alegando en los estrados judiciales que el triunfo de éste, proclamado por la prensa y reconocido por varios gobiernos extranjeros, se ha basado en un fraude descomunal. Los críticos de Trump lo acusan de ser un mal perdedor que pone en riesgo la institucionalidad democrática de su país. Pero, ¿qué tal si tuviera razón en sus reclamos? Amanecerá y veremos.

Por lo pronto, conviene hacer algunas acotaciones al respecto.

Hace varias semanas mencioné acá el libro "Cómo mueren las democracias", de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, que puede descargarse a través del siguiente enlace: https://docer.com.ar/doc/xnnc80.

Los autores son enemigos acérrimos de Trump y precisamente lo acusan de erosionar el régimen constitucional de los Estados Unidos. Hacen, además, observaciones que ahora resultan muy pertinentes sobre su sistema electoral y la aguda polarización que enfrenta a demócratas y republicanos.

A mis alumnos de Teoría Constitucional solía decirles que el primer capítulo de un ordenamiento básico del Estado toca con las reglas fundamentales para la adjudicación del poder público, que de acuerdo con la idea democrática que hoy rige en casi todo el mundo, así sea de labios para afuera, se condensan en el régimen electoral.

Pues bien, dicho régimen en los Estados Unidos adolece de defectos notables, puesto que cada estado dicta sus propias reglas y no hay dispositivos adecuados para identificar a los votantes, lo cual se agrava con el voto anticipado y por correspondencia, que al parecer está en el centro de los reclamos de Trump. Se habla en efecto, de muchos muertos y extranjeros que han votado, así como de personas que lo han hecho varias veces. 

La situación actual cuenta con antecedentes que conviene recordar. Hace 20 años, cuando se enfrentaron Bush y Gore, la cuestión se definió, como sucederá ahora, por la administración de justicia. Y todo parece indicar que la apretada victoria  de Kennedy sobre Nixon en 1960 se debió a maniobras fraudulentas del alcalde de Chicago, que estaba aliado con la mafia. Pero Nixon no reclamó y esperó que le llegara más adelante su oportunidad, como en efecto sucedió.

La fractura moral que padece la sociedad norteamericana agrava un conflicto que va más allá de la confrontación de las personalidades de Trump y Biden.

Aunque el régimen constitucional es por definición neutro frente a las diferentes confesiones religiosas, desde su fundación y hasta no hace muchos años la norteamericana fue una sociedad que podía considerarse cristiana. En el siglo XIX la influencia protestante era muy significativa: el pueblo se nutría de la Biblia, así la interpretase de distintas maneras. Con la gran inmigración europea de la segunda de dicho siglo y principios del XX, el catolicismo y el judaísmo ganaron significativa importancia en su cultura. E. Michael Jones afirma que, por ejemplo, la autocensura cinematográfica que se mantuvo vigente hasta la década de 1960 estuve fuertemente influenciada por los medios católicos. Pero a lo largo del último medio siglo el ambiente espiritual ha sufrido cambios profundos, hasta el punto de que el presidente Obama llegó a sostener que los Estados Unidos habían dejado de ser un país cristiano.

Precisamente, Obama se distinguió por promover la revolución cultural tendiente a la homosexualización de la sociedad, la banalización del aborto, la persecución solapada contra las religiones, etc. Esto último viene, en verdad, de tiempo atrás y está registrado en el libro de Janet Folger, "The Criminalization of Christianity", que aquí he comentado en otras oportunidades. Los interesados pueden descargarlo a través del siguiente enlace:  https://epdf.pub/queue/the-criminalization-of-christianity.html.

Si la dupla Biden-Harris lega a la Casa Blanca, se reactivará el horroroso holocausto de vidas inocentes e indefensas que ha hecho que el sitio más peligroso para el no nacido sea el vientre materno. Un impresionante testimonio vívido de este flagelo que so capa de libertad de elegir de la mujer ("Pro-Choice") ha costado desde 1973 más de 60.000.000 de vidas puede verse en "El Grito Silencioso": https://www.youtube.com/watch?v=fbk8x8gHxYU

La resistencia de Trump, todo lo antipática que a muchos pueda parecerles, es un esfuerzo denodado para impedir que vuelva gobernar a los Estados Unidos esa feroz tendencia asesina que se ceba en los no nacidos.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Muestras del Diablo

Pienso a menudo en lo que dijo Dostoiewsky acerca de su personaje Dimitri Karamazov: que él pone de manifiesto la lucha entre Dios y el diablo que se libra en el interior de cada ser humano.

Yo mismo la he vivido y por eso digo que creo firmemente en Dios, que me ha mimado con su gracia, pero también en el diablo, porque lo he sentido dentro de mí no pocas veces. En esta hora final de mi existir, cuando hago examen de conciencia, no puedo dejar de pensar que en mis múltiples desvaríos estuvo presente la perversa acción del maligno.

Hace poco, leyendo un interesante artículo de Pedro Aja Castaño, encontré una cita del libro de Mgr. Andrea Gemma, "Confidenze di un exorcista", que llamó mi atención (vid. http://www.periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/27767-la-entrevista-del-padre-francisco-de-roux-filosof%C3%ADa-vs-iniquidad).

Buscando en Google información sobre el libro y su autor, dí con  de la obra de Francesco Vaiasuso y Paolo Rodari, "Mi Posesión: cómo fui liberado de 27 legiones de demonios", y la descargué en Kindle.

Es un texto fascinante, aunque aterrador, que prácticamente devoré. Rodari es periodista y colaboró con Vaiasuso para la redacción del escrito, que documenta el fenómeno de la posesión demoníaca desde la perspectiva misma del poseso, a diferencia de  muchos libros de exorcistas, que relatan sus acciones, pero desde fuera (vid. https://www.amazon.com/-/es/Francesco-Vaiasuso-ebook/dp/B07D249ZS5).

Se atribuye a Baudelaire lo de que la última mentira del diablo es convencer a la gente de que no existe. Y, en efecto, muchos no creen que lo haya. Pero los testimonios de los exorcistas indican todo lo contrario: existe y obra profusamente no sólo en los individuos, sino en las sociedades, por medio de la tentación, la obsesión, la vejación, la infestación y, por último, la posesión.

Malachi Martin escribió varios libros muy ilustrativos sobre su actividad como exorcista y la presencia conspicua del satanismo en los Estados Unidos. En uno de ellos relata la ceremonia diabólica que se realizó simultáneamente en Roma y los Estados Unidos a poco de la entronización de S.S. Pablo VI  para hacerle una consagración a Satanás. Es probable que este hecho hubiera dado lugar a lo que el Papa dijo un tiempo después acerca de que el humo del infierno había penetrado en la Iglesia. Martin, al momento de escribir a fines del siglo pasado, calculaba en unos 8.000 los templos satanistas en los Estados Unidos (vid. https://kupdf.net/queue/el-rehen-del-diablo-libro-completo-pdf_59f2d108e2b6f51c581db0bc_pdf?queue_id=-1&x=1603926438&z=MTgxLjU4LjM4LjEw).

Fue precisamente en una misa negra a la que lo llevó con engaño una amiga de su madre, cuando apenas tenía cuatro años, donde a Francesco le dieron a beber un repugnante bebedizo que abrió las puertas para la posesión por parte de 27 legiones de demonios, encabezadas por su príncipe, el mismísimo Satanás. Muchos sufrimientos físicos y mentales hubo de padecer desde ese momento hasta que, luego de un sinfín de exorcismos, años más tarde hubiera logrado liberarse de esas fatídicas presencias.

Hace algún tiempo asistí acá en Medellín o, más precisamente, en Envigado, a una conferencia que dictó el Dr. Ricardo Castañón en la iglesia de la Niña María. Dio comienzo a su exposición manifestando su inquietud por la presencia del satanismo entre nosotros. Según él, el Vaticano satanista se encontraba a la sazón en Pereira, donde hubo por esos días unos alarmantes sacrilegios.

Se habla de la afición de ciertos de nuestros dirigentes políticos a la brujería y otras artes diabólicas. Nada raro es, dado que la sociedad colombiana ofrece serios indicios de influencia demoníaca en sus altas esferas. El solo hecho de que seamos hoy por hoy los mayores productores de cocaína en el mundo ya da pie para pensar en una influencia decisiva de Satanás. En uno de los exorcismos que sufrió Francesco, aquél se jactó de dominar el 49% de la humanidad. Reconoció que no había podido alcanzar el 51% por obra de su odiado Jesucristo.

En los mensajes de Medjugorge, la Santísima Virgen suele llamar la atención sobre la presencia del demonio en el mundo actual. Sólo en la medida que fortalezcamos nuestra espiritualidad podremos contrarrestarla. Francesco, en el fondo, fue su propio exorcista, pues no se dejó vencer por las potencias infernales y luchó con denuedo contra ellas armado por su vigorosa fe en Nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen. Su testimonio es edificante.


domingo, 25 de octubre de 2020

Hacia la Civilización del Amor

Quiero referirme en este escrito  a la más reciente y quizás última encíclica del papa Francisco, que lleva por título Fratelli Tutti (http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html).

La he leído cuidadosamente, con la atención y el respeto que merece. Debo decir que es un escrito señero, verdaderamente admirable, que permanecerá seguramente como testimonio de las convicciones más profundas del Santo Padre.

A medida que fui avanzando en su lectura encontré su consonancia con lo que modestamente les enseñé a lo largo de años a mis discípulos de Teoría Constitucional acerca del bien común, la dignidad de la persona humana, el verdadero sentido de los derechos fundamentales, la dimensión trascendente del ser humano, su realización plena a partir del amor, la nobilísima función de la política cuando es rectamente entendida, el valor de la sociabilidad humana y de las distintas esferas comunitarias, desde las locales hasta las cosmopolitas, etc.

Debo manifestar mi extrañeza respecto de comentarios frívolos, superficiales y bastante sesgados que encuentro en distintos medios que no ocultan su antipatía para con el Papa, ni su intención de darle a la encíclica alcances que obviamente no tiene.

No han faltado los que la consideran herética, más cercana a la francmasonería que a la tradición católica, inclinada al pensamiento de la izquierda globalista, poco comprometida con el pensamiento cristiano, etc.

Nada de eso tiene fundamento.

Su punto de partida no podría haber sido más cercano al espíritu del Evangelio. Inspirada nada menos que en San Francisco de Asís, medita cuidadosamente sobre uno de los más preciosos pasajes del Evangelio, la parábola del Buen Samaritano, para confrontar sus enseñanzas con la realidad del tiempo presente.

Permítaseme una disgresión al respecto. Cuando estuve en Chile tuve oportunidad de conocer una obra ejemplar que tenía su sede en Temuco, la fundación El Buen Samaritano, que aspiraba a llegar a Colombia, como en efecto lo logró abriendo una sede en Barranquilla. ¡Cuántas acciones humanitarias se habrán realizado a lo largo de casi dos milenios inspirándose en este hermoso pasaje evangélico! 

La parábola da cuenta del amor incondicional hacia el que sufre, amor que se pone en acción sin esperar recompensa, superando las barreras de las divisiones muchas veces artificiales impuestas por las culturas. Y sobre esta base, la encíclica pasa revista a los sufrimientos que padecen millones de seres humanos en el mundo actual, con miras a que pensemos en un nuevo orden que los haga visibles y genere acciones tendientes a aliviarlos.

Qué duda cabe acerca de la injusticia radical del ordenamiento internacional en estos tiempos que corren. Para formarse una idea de los desequilibrios imperantes, basta considerar el tenebroso Informe Kissinger que ya en 1974 consideró que la posesión de recursos naturales que interesan a las sociedades más desarrolladas en manos de las que se consideraban subdesarrolladas debía contrarrestarse de modo que aquéllas pudiesen mantener el control de los mismos. Ahí también cobró vuelo la agenda antinatalista para impedir el crecimiento de la población del Tercer Mundo.(Vid. https://docs.planoexistencial.com/pdf/informe-kissinger-completo.pdf).

El Papa censura con justas razones el individualismo materialista de las sociedades liberales. Llama la atención acerca de cómo la tecnocracia se ha apoderado de la economía y ésta, a su vez, de la política, para rescatar la autonomía de esta actividad social que tiene por cometido la realización del bien común. Pero no cierra los ojos ante los errores de los regímenes populistas que engañan a los pueblos seduciéndolos con falsas promesas y perdiendo de vista que una sana política se proyecta siempre hacia las generaciones futuras.

Si el documento pontificio se ocupa de política, lo que tiene en la mira es la alta política, no la mezquina de los actores que hoy por hoy medran en ella. El nuevo orden que reclama no es el de los promotores del NOM, que aspiran a imponer una verdadera dictadura globalista inspirada en los procedimientos autoritarios de la burocracia de Bruselas, sino una estructura verdaderamente democrática y representativa de los diferentes pueblos del mundo. La ONU no responde a ese modelo, pese a las buenas intenciones que inspiraron su fundación. Bueno es traer a colación el libro del padre Schooyans que pone de manifiesto  su lado oscuro. (Vid. https://foroparalapazenelmediterraneo.es/wp-content/uploads/2019/01/Schooyans-Michel-La-cara-oculta-de-la-ONU-R.pdf).

El orden que promueve el Papa aspira a ser respetuoso de las identidades étnicas, locales, regionales y nacionales, bajo la idea de que hay problemas comunes que exigen que haya autoridades superiores con suficiente poder para resolverlos a través del diálogo. Este es un tema que ocupa un considerable espacio en la encíclica, pues el reconocimiento de la legitimidad de diferentes interlocutores es condición necesaria para la paz tanto global como en las comunidades nacionales.

Las consideraciones finales sobre los acuerdos de paz deberían inquietar a los gobiernos y a los grupos que han intervenido en ellos. Quién las lea cuidadosamente encontrará probablemente que, por lo menos en lo que a nuestro país concierne, los cometidos de verdad, justicia, reparación y no repetición que se acordaron no se han cumplido satisfactoriamente. No sería osado, entonces, pedirle a la Iglesia que intercediera con el fin de ajustar el NAF a los pedidos de las comunidades y, sobre todo, de las víctimas, para que se den verdaderamente las condiciones de una paz estable en la sociedad colombiana.

La encíclica destaca el documento suscrito conjuntamente por el Papa y el Imán Ahmad Al-Tayyeb en Abu Dhabi sobre la Fraternidad Humana para la Paz.(Vid. http://www.vatican.va/content/francesco/es/travels/2019/outside/documents/papa-francesco_20190204_documento-fratellanza-umana.html). 

Hay quienes consideran inapropiado que el Papa reconozca por lo menos tácitamente la legitimidad de confesiones religiosas no católicas. Esto es algo que ofrece no poca tela para cortar, pero hay un hecho incontrovertible: la paz religiosa es un valor que merece afirmarse mediante acciones ejemplares. Creo que la civilización ha afirmado el derecho de cada persona a entenderse con Dios de acuerdo con los dictados de su conciencia. Esta es la base de la tolerancia que postula la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II.

El documento culmina con dos oraciones, después de evocar al beato Charles de Foucauld: una Oración al Creador y una Oración Cristiana Ecuménica.

Si bien el Papa ha suscitado no pocas discusiones a raíz de pronunciamientos y actuaciones sobre temas teológicos, morales y políticos, no encuentro que esta encíclica dé lugar a las mismas. Es, desde luego, polémica, pero, como lo dice un pasaje del Evangelio que se leyó hace poco en la misa, el mensaje cristiano está llamado a confrontar al mundo. No  puede ir en la línea de lo que hoy se considera políticamente correcto.




domingo, 11 de octubre de 2020

Democracia Liberal vs. Crimen Organizado Transnacional

En un escrito anterior observé que los próximos debates electorales entre nosotros enfrentarán a los partidarios de la democracia liberal contra los promotores de una democracia iliberal. Pero la lectura de "Castrochavismo, Crimen Organizado en las Américas", del abogado y político boliviano Carlos Sánchez Berzaín, suscita una hipótesis más alarmante, la de que lo que está en juego es la persistencia de la democracia liberal, con todos sus defectos, frente a una forma de gobierno inédita presidida por bandas delincuenciales descaradas y atroces. 

Sus libros pueden descargarse al Kindle en el siguiente enlace: https://www.amazon.com/Carlos-S%25C3%25A1nchez-Berza%25C3%25ADn/e/B00IV9SDA6%3Fref=dbs_a_mng_rwt_scns_share

Los hilos de esos regímenes criminales se mueven desde Cuba a través de Venezuela. Hoy campean además en Nicaragua. Brasil y Ecuador lograron salir de esa pandilla gracias a Jair Bolsonaro y a Lenin Moreno. No sabemos todavía si Argentina se reincorporó a la misma con el actual gobierno peronista, pues el presidente Fernández, en un giro inesperado, acaba de votar contra Venezuela en la ONU. Bolivia está en la cuerda floja, pues el movimiento de Evo Morales parece tener buenas opciones de regresar al poder en las elecciones venideras. Pero la presa más apetecida de esos delincuentes internacionales es Colombia.

El nuestro no es todavía un narcoestado, pero corre el riesgo de serlo. De hecho, la nuestra es una narcoeconomía. Según una concienzuda investigación, Andrés Felipe Arias ha demostrado que la cocaína se ha convertido en el ingrediente más poderoso de la economía colombiana. A tan dolorosa conclusión llega en su libro "Cocaína y el Iceberg de Samuelson: Los Dilemas y una Propuesta", que puede descargarse a través del siguiente enlace: https://repository.usergioarboleda.edu.co/bitstream/handle/11232/1338/COCAINA%20Y%20EL%20ICEBERG%20DE%20SAMUELSON.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Si la cocaína es el estabilizador macroeconómico de nuestra sociedad, sólo un milagro podría impedir que su perversa influencia en vastos sectores del territorio nacional y en la generación de recursos monetarios que se irrigan en todos los escenarios de nuestra economía, resulte determinante en los procesos electorales venideros.

La claudicación ante las Farc de Santos, la jerarquía eclesiástica, la clase política, las altas cortes, los medios de comunicación social y, en cierta medida, de nuestros dirigentes empresariales, así como la pusilanimidad del gobierno de Duque para erradicar decididamente los cultivos de coca, han dado lugar a que seamos hoy en día el mayor productor de cocaína en el mundo y, por consiguiente, sus grandes abastecedores en los mercados internacionales. 

Hemos dejado de ser país cafetero, bananero, floricultor, petrolero, minero o carbonero, para convertirnos en uno cocalero, lo cual significa que dependemos de una economía subterránea, informal y, sobre todo, mafiosa,

Es verdad que las mafias permearon a lo largo de años tanto a los partidos tradicionales como a los que surgieron después de la apertura que produjo la Constitución de 1991. Y esa apestosa influencia ha tocado, desde luego, a los que se dicen de izquierda, comenzando por el nuevo partido de las Farc.

¿Quiénes son los más aguerridos enemigos de la erradicación por Glifosfato, sino los líderes izquierdistas de todo pelambre, aupados por las altas cortes?

Acá hay dizque un Partido Verde que hace parte del Foro de San Pablo y ocupa altas posiciones estatales. Promovió con hipocresía un referendo contra la corrupción, se declara ambientalista y, sin embargo, nada dice cuando los guerrilleros el ELN dinamitan oleoductos y muchísimo menos respecto de las 200.000 hectáreas sembradas de coca.

Sánchez Berzaín considera que el narcotráfico y la corrupción constituyen instrumentos de dominio de esa red internacional de gobiernos delincuentes. Acabada la financiación que les proveía el petróleo venezolano, sus recursos provendrán cada vez más de esas fuentes viciadas.

Esos gobiernos no se paran en pelillos cuando de conservar e incrementar su poder se trata. La destrucción de la institucionalidad, la ruina de la economía, la descomposición de la sociedad, nada de ello los arredra, desde que permanezcan cómodamente instalados enriqueciéndose a costa del sufrimiento de los pueblos.

Sus promotores se consideran a sí mismos progresistas,  pero de hecho la revolución que predican no es más que una deplorable involución, un doloroso retroceso en el arduo camino de la civilización política. Lo suyo no es la promesa de un futuro mejor, sino el retorno de lo peor de los tiempos pasados.

Hoy, quizás más que nunca antes, hay que advertirles a los votantes colombianos: ¡Guardaos de los falsos profetas".




jueves, 1 de octubre de 2020

Excepción de inconstitucionalidad para la vía de hecho

Nuestro apreciado profesor Miguel Moreno Jaramillo nos enseñó en primer año de Derecho que hay dos grandes dispositivos para garantizar la supremacía de la Constitución: la acción y la excepción de inconstitucionalidad. La primera da lugar a un proceso que se tramita ante la Corte Constitucional o en  el Consejo de Estado, dependiendo de la naturaleza jurídica del acto que se demande. La segunda ocurre para impedir que se lleve a efecto alguna disposición que contraríe la normatividad constitucional.

El inciso primero del artículo 4 de la Constitución dice que ésta es norma de normas. Agrega que: "En todo caso de incompatibilidad entre la Constitución y la ley u otra norma jurídica, se aplicarán las disposiciones constitucionales"

Se sigue de ahí que, cuando se pretenda imponer alguna disposición contraria a la Constitución, es posible enervarla aduciendo la prevalencia de esta última.

Pienso que el reciente fallo de tutela de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia acerca de la protesta popular viola flagrantemente la Constitución, tanto por consideraciones formales como materiales o de fondo. En rigor, no configura una sentencia, sino una aberrante y grosera vía de hecho. Exhibe la apariencia de la primera, pero su realidad monda y lironda corresponde a la segunda.

Hay abundante acervo jurisprudencial sobre las vías de hecho que se disfrazan con el ropaje de sentencias judiciales. Precisamente, este fenómeno ha dado lugar a la posibilidad de ejercer la acción de tutela contra sentencias, sobre la base de que no se trata de actos ajustados a derecho, sino arbitrarios que deben ser corregidos.

La arbitrariedad del fallo en comento brota por todos sus poros.

Muchos autorizados juristas se han pronunciado al respecto.

Desde el punto de vista formal, ese proveído incurre en el vicio del antiprocesalismo. Ignora de modo rampante los presupuestos de la acción de tutela tal como los establece el artículo 86 de la Constitución, que a las claras la reserva para la protección de derechos en concreto y no en abstracto, que resulten vulnerados o amenazados por la acción o la omisión de cualquier autoridad pública. El punto de partida sería, entonces, que a los tutelantes se les hubiera perturbado por las autoridades de policía el cúmulo de derechos que alegan que se les violaron. Y, salvo que hubiesen actuado como encapuchados en las protestas, al parecer no se les vio por parte alguna vociferando en las mismas.

La Sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá negó precisamente la acción impetrada por la falta de sustento probatorio de las vulneraciones o amenazas que se denunciaron. Y si se falla sin pruebas, por meras suposiciones, la violación del debido proceso que consagra como garantía fundamental el artículo 29 de la Constitución vicia irremediablemente la decisión que se adopte.

Además, si  no se vinculó al proceso a todas las personas que debían comparecer para la defensa de sus derechos, por lo menos les serían inoponibles las disposiciones del fallo

Pero lo más grave es el contenido del mismo.

Dice el inciso segundo del artículo 86 de la Constitución en su parte inicial:

"La protección consistirá en una orden para que aquel respecto de quien se solicita la tutela, actúe o se abstenga de hacerlo".

Es evidente que las órdenes que contiene la parte resolutiva del fallo desbordan el sentido de protección en concreto para los derechos que los tutelantes dijeron que se les estaban violando.

Peor todavía, exigirle al ministro de Defensa que pida perdón por supuestos desafueros de la policía e imponerle al gobierno que expida normas para impedirlos, previa concertación con una mesa de diálogo, así como disponer sobre la dotación de las fuerzas de policía y el uso que deben darle, constituye una descarada violación del principio de separación de poderes e incluso una abierta usurpación de poderes legislativos y ejecutivos. 

A la Sala en cuestión se le olvidó que su cometido es administrar justicia en los términos estrictos del artículo 86 de la Constitución  y no el de manejar el orden público y muchísimo menos el de crear normas, procedimientos y organismos ad hoc o ampliar la competencia de otros, como la Defensoría del Pueblo o la Procuraduría General de la Nación.

A la Sala Civil de la Corte hay que advertirle que el primer deber de las autoridades afectadas por su decisión es prestar acatamiento a la normatividad constitucional. Por consiguiente, mal pueden estar obligadas a violarla cumpliendo un fallo de tutela que a las claras la trasgrede. Una vía de hecho no puede ser fuente de derecho. No cumplir con lo que arbitrariamente ella dispone no puede configurar desacato. Éste se daría, más bien, si se diera curso a un proveído que vulnera de modo flagrante el ordenamiento constitucional.