lunes, 25 de septiembre de 2017

Viaje al fondo de la noche

Tomo prestado el título de la famosa novela de Louis-Ferdinand Céline para referirme al rumbo que llevan los procesos que vivimos en la Colombia de hoy.

Si a principios de la década actual, cuando ascendió a la presidencia Juan Manuel Santos, el porvenir del país parecía despejado y era promisorio, en estos momentos el panorama está lleno de espesos nubarrones que nada bueno auguran para el futuro cercano. La herencia que deja Santos está muy lejos de ser halagüeña, a punto tal que ninguno de quienes aspiran a sucederlo quiere dejarse encasillar como continuador de su legado.

Lo que él pensaba que sería su carta de presentación ante la historia, el Nuevo Acuerdo Final con las Farc dizque para la construcción de una paz estable y duradera, a poco andar está mostrando sus fisuras e inconsistencias. En rigor, amenaza ruina y ya se sabe que sus múltiples defectos no traerán consigo la anhelada paz, sino la recurrencia de los agudos conflictos que nos han azotado a lo largo de años. 

Es un acuerdo mal concebido que les promete a los criminales de las Farc gabelas inusitadas. De hecho, entraña la claudicación del Estado colombiano ante un grupo narcoterrorista que pretende, como lo he observado en otras oportunidades, imponer un régimen totalitario y liberticida inspirado en el marxismo-leninismo. 

La verdad, que según el discurso papal es requisito imprescindible para la justicia y la paz, es la gran ausente de ese pérfido convenio que las Farc ya están incumpliendo, como acaba de señalarlo el embajador norteamericano, y a todas luces se advierte que no tienen la intención de honrar.

El Santo Padre vino a hablarnos de la necesidad de la reconciliación, pero los gestos de los capos de las Farc lo que exhiben es su ánimo retaliatorio. Para muestra, lo que dijo alias Andrés París en el Externado acerca de que con la JEP se busca llevar a la cárcel al expresidente Uribe y su familia. Y qué decir acerca del homenaje al tristemente célebre "Mono Jojoy", al que el mismo París ensalza como el "Che Guevara de la revolución colombiana", en lo que, a decir verdad, no le falta razón, porque el tal Che era nada más y nada menos que un monstruo sanguinario.

Para lograr la firma de las Farc en el NAF, Santos entregó la institucionalidad colombiana. Es cierto que nuestro edificio institucional dejaba muchísimo que desear, pero al menos conservaba su fachada. Hoy exhibe una Constitución desarticulada sobre la que se pretende pegar el parche del NAF, lo que ha dado lugar a que prestigiosos juristas se pregunten cuál es en últimas nuestro ordenamiento fundamental, si es que algo queda que merezca esa denominación. Como reza una deliciosa milonga de José Canet, "lo que ayer fue de entero paño, hoy es fleco de trapitos que se caen a pedacitos sobre el recuerdo de antaño"("Trapitos"). Lo que nos resta de Constitución no es otra cosa, en efecto, que unos andrajos.

Es más, para facilitar la suscripción del NAF y su incorporación al ordenamiento jurídico con miras a implementarlo, Santos no vaciló en corromper a los congresistas, presionar a los medios y los gremios, manipular a la Corte Constitucional, debilitar a las Fuerzas Armadas, seducir a la Iglesia, desconocer los resultados del plebiscito y engañar descaradamente a Raimundo y todo el mundo. 

Si la institucionalidad en últimas reposa sobre fundamentos morales, lo que nos deja Santos es un ídolo con pies de barro, un ignominioso montaje ensamblado sobre mentiras y contubernios.

Lo he dicho y lo repito: estamos bajo un régimen de facto que no alcanza a ocultar sus vergüenzas cubriéndose con simulacros de juridicidad.

Para colmo de males, una economía que el gobierno de Uribe dejó bien encarrilada, hoy anda a la bartola, no solo en razón de la coyuntura externa, sino sobre todo por el desaforado endeudamiento y el no menos desaforado crecimiento del gasto público a que la ha sometido el ignaro Santos. Si como ministro de Hacienda de Pastrana raspó la olla, ahora como primer mandatario la hizo pedazos. Estamos en crisis y, sometidos a la coyunda del NAF, carecemos de medios idóneos para superarla.

Todo esto sucede en medio de una sociedad penetrada en todas sus esferas por el crimen. Tal como lo escribí a propósito de la visita del Papa, la nuestra es una sociedad devastada moralmente. Lo está, ante todo, en sus estratos dirigentes, como lo acredita el nauseabundo espectáculo de corrupción en la Corte Suprema de Justicia que acaba de destaparse, pero también en las restantes capas sociales, tal como se advierte en la crisis de la familia y el desmadre de la delincuencia, que es su producto natural. Si bien nos solazamos con las multitudinarias concentraciones que acompañaron al Papa en sus actos públicos, pensando que daban muestras del fervor religioso de nuestro pueblo, no podemos ignorar que se trata de una religiosidad muchas veces superficial, emotiva y poco consistente. Como dice el Evangelio de San Mateo, citando un texto de Isaías, "Este pueblo me honra con sus palabras, pero su corazón está lejos de mí"(Mt. 15-8).

Hemos vuelto, como en la desafortunada época de Samper, a quedar en la mira de los Estados Unidos y la comunidad internacional como país líder en los cultivos de coca y el tráfico de cocaína. No olvidemos que el NAF implica que nos convirtamos en país que no honra sus compromisos internacionales, pues la calificación del narcotráfico en que han incurrido las Farc como delito conexo con los delitos políticos viola flagrantemente la Convención de Viena. Y lo estipulado con ellas dizque para la erradicación de cultivos ilícitos y su sustitución por otros lícitos es a las claras un engañabobos que nos convierte en el hazmerreír del mundo civilizado. Vamos camino de la descertificación por parte de los Estados Unidos, con todo lo negativo que ello traerá consigo.

Ahora que el segundo período presidencial de Santos toca a su fin, ha aparecido una plétora de candidatos a sucederlo. En ella, como en todo lo humano, hay personajes excelentes, buenos, regulares, malos y pésimos. Lo primero que se le ocurre pensar a uno al ver esa cantidad de aspirantes es lo que suelen decir en los pueblos:"Mucho pobre junto pierde la limosna". Y así se ve en las encuestas, en la que ninguno cobra ventaja apreciable sobre los demás. Para peor, algunos de los que puntean son, simple y llanamente, aterradores.

Supongamos, sin embargo, que como en otros ámbitos, aquí la calidad terminará imponiéndose. Pensemos que este proceso de selección conduzca a que se consoliden los mejores. Y el que resulte elegido tendrá ante sí este dilema de Escila y Caribdis: si persevera en implementar el NAF, hará trizas a Colombia; pero si decidiere que no será posible cumplirlo, haciéndose menester introducirle correcciones sustanciales, ¿cómo lo logrará?

Santos dejará una armazón de hechos creados que será muy difícil de desarticular. En rigor, un nudo gordiano. Y, ¿cómo se desata un nudo de ese jaez?







miércoles, 13 de septiembre de 2017

Ecos del viaje papal

El papa Francisco goza de dos carismas que lo hacen atractivo para nuestras multitudes: el de su oficio como cabeza visible de la Iglesia Católica y el de su propia personalidad.

El primero lo vincula con lo sacro. Para los creyentes, el Papa representa a Nuestro Señor Jesucristo, guía la nave de Pedro, es hombre asistido por el Espíritu Santo y guía de los feligreses. Es un carisma que acompaña de suyo a todos los que ocupan tan elevado sitial e impacta incluso a muchos que no reconocen su sagrado ministerio.

El segundo corresponde a los atributos de su personalidad, que él sabe realzar inteligentemente. Es sencillo, bondadoso, campechano. Atrae espontáneamente a tirios y troyanos. Las mujeres lo encuentran lindo; al hombre de la calle le parece sabio. Él mismo se describe como un "cura de pueblo", quizás al estilo de "Don Camilo".

Las multitudes que convocó en su visita a nuestro país son muestra de su enorme popularidad entre nosotros. Ilustran, además, sobre el vigor de la fe católica en el pueblo colombiano y de la capacidad de movilización que tienen nuestros obispos y párrocos. Es un dato de nuestra realidad cultural que no debe de pasar por alto la casta de incrédulos que se enseñoreado en todos los ámbitos del poder y se empecina en imponer un laicismo que choca con lo más profundo de nuestra identidad espiritual. Colombia es un país católico, pésele a quien le pesare, lo cual no implica que sea intolerante ni clerical.

Pasado el entusiasmo de tan gentil visita, es hora de hacer el balance de sus frutos.

El fervor popular muestra que la gente del común anhela, desde luego, la paz y repudia la violencia. No quiere que las Farc vuelvan a la selva, ni mucho menos a sus crueles andadas.

Desde este punto de vista, nada más oportuno que los llamados del Papa a la reconciliación, a la misericordia, al perdón, a reconocer en todos los que hasta ayer nos confrontamos nuestra común humanidad y emprender el camino de la construcción de una sociedad equitativa en la que todos tengamos cabida.

Esos llamados, que pueden consultarse a través del siguiente enlace https://www.aciprensa.com/ebooks/FranciscoenColombia.pdf, son de distintas clases y se prestan a variadas interpretaciones.

Unos de ellos corresponden a su vocación de "cura de pueblo" y comprenden admoniciones que a todos convienen para vivir mejor y coexistir armónicamente con los demás. Otros tocan más directamente con la coyuntura en que nos encontramos inmersos y parecen ser tan generales que a unos les parecerán obvios, mientras que otros considerarán que pueden interpretarlos en distintos sentidos y hasta utilizarlos como arietes para descalificar a quienes no sean de su agrado. Pero hay, en fin, pronunciamientos claros y muy específicos, tales como los que se refieren a la verdad y la justicia como condiciones sine qua non de la paz o a la severa condena del narcotráfico, las conductas que generan deterioro ambiental, la corrupción política, las especulaciones financieras o el recurso a la violencia como medio de acción social y de solución de controversias de toda índole.

De lo dicho por el Papa se desprende que hay que alentar un clima de concordia, contra el que atentan las descalificaciones que de un lado o del otro empezaron a producirse a poco de él haberse manifestado.

El Papa no puede ignorar que toda política transcurre en medio de desacuerdos, de confrontación de puntos de vista, de intereses muchas veces contrapuestos. En este ámbito la paz no consiste ni puede consistir en que todos se sumen a las mismas líneas de pensamiento y de acción. Eso no es posible ni siquiera en el escenario espiritual que él dirige. De lo que se trata es de sujetar las controversias a reglas de juego equitativas y confiables para todos.

Creo que este es el sentido de lo que dijo en su discurso en la Plaza de Armas, al manifestar que el orden no puede fundarse en la fuerza, sino en leyes justas aceptadas por todos.

El Papa vino a alentar los esfuerzos que se están haciendo desde distintos sectores para lograr estos que Álvaro Gómez Hurtado habría llamado "acuerdos sobre lo fundamental". Pero fue cauteloso para no dar la impresión de que venía, como lo anunciaron sin mucho tino algunas personas interesadas en extraer de su viaje unos dividendos políticos, a blindar el NAF y promover su implementación tal como está concebido.

Es posible que Fernando Londoño Hoyos hubiera exagerado al afirmar que hay que hacer trizas ese acuerdo. Pero una apreciación serena de los hechos indica que desde muchos puntos de vista es un acuerdo tan defectuoso que no parece excesivo pensar que podría hacer trizas al país. Conviene, en consecuencia, abrir el debate que Santos no dio lugar a que se hiciera previamente a su suscripción para lograr los consensos que se requerían para asegurar su viabilidad.

Si las Farc están animadas por un auténtico deseo de incorporarse a un juego político razonable, lo lógico es que acepten que al NAF hay que introducirle correctivos que limen sus aristas más urticantes. Por ejemplo, la JEP debe convertirse en un instrumento de justicia y no de venganza contra la que ha advertido el Papa. Y su autodefinición como partido marxista-leninista contradice a las claras cualquier propósito de paz, pues esa doctrina predica precisamente la promoción de la lucha de clases y el uso de la violencia tanto para la conquista del poder como para su ejercicio. Et sic de coeteris.

Es verdad, como lo dice el Sumo Pontifice, que en la inequidad está la raíz de los males sociales y que, por consiguiente, el camino de la paz no puede ser otro que el de la justicia y, más específicamente, el de la justicia social. Hay que esmerarse, en efecto, en la construcción de una sociedad más igualitaria que ofrezca al mayor número la mejoría de sus condiciones de vida. Ya lo había dicho el hoy beato Pablo VI:"El desarrollo es el nuevo nombre de la paz". Pero es altamente dudoso que los caminos abiertos y recorridos por el castro-chavismo sean los más indicados para lograr esos objetivos. Como lo dijo Giscard d'Estaing en un célebre debate con los socialistas que lideraba Mitterrand:"Ustedes no tienen el monopolio de la justicia". De hecho, los países que han apostado por la confianza inversionista han sido los más exitosos en el mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones, en tanto que los que han optado por la vía de un socialismo fuertemente ideologizado no solo han aherrojado sus libertades, sino frustrado su bienestar.

La dirigencia política colombiana debería concentrarse en el examen de las soluciones llamadas a mejorar las condiciones de vida del pueblo, en lugar de estar engañándolo con falsas promesas demagógicas y explotándolo inmisericordemente con abusos disfrazados de "cupos indicativos" y "mermelada". Ese examen debe acometerse al tenor de reglas de discusión racional y no de la gritería, las falacias o los insultos.

Hagámosle caso al Papa serenando los ánimos y abordando con objetividad nuestra problemática social.


domingo, 3 de septiembre de 2017

"Hombre, hombre, no se puede vivir enteramente sin piedad"

Arthur Koestler utiliza como epígrafe de su extraordinaria novela "El Cero y el Infinito" esta frase que, según la edición en castellano que se publicó en Argentina, pone Dostoiewsky en boca de Iván Karamazov, pero en algotra parte he leído que pertenece más bien a "Crimen y Castigo".

Sea de ello lo que fuere, la cita es oportuna a raíz de la visita que el papa Francisco hará a nuestro país en esta semana, pues se la anuncia como de índole pastoral y  "dirigida exclusivamente a promover la paz y el bienestar de este país", tal cual reza una información de "El Espectador" de hoy.

Francisco viene, según ello, a hablar de la reconciliación y la misericordia. Dice Gianni La Bella en el mismo periódico:"Es que para el papa la misericordia no es sólo una virtud privada del cristiano, sino el camino político, histórico y cultural para construir una Colombia en paz".

Si estos son los propósitos de tan augusta misión, bienvenidos sean.

He dicho en otras oportunidades que Colombia padece una grave crisis espiritual. Nada más atinado, en consecuencia, que brindarle mensajes de sabiduría que eleven los corazones y orienten la solución de sus dificultades.

Estas, en buena medida, tienen que ver con la absurda violencia que hunde sus raíces en la confrontación de los partidos históricos a mediados del siglo XX, superada mal que bien por el Frente Nacional, pero continuada acto seguido por los movimientos revolucionarios, cuya barbarie dio lugar en las últimas décadas de ese malhadado siglo al surgimiento del paramilitarismo o como quiera llamárselo.  

Les he explicado a mis discípulos que nuestra historia reciente está signada por una fatídica trinidad que integran la violencia revolucionaria, la corrupción política y el narcotráfico, tres entidades infernales que se han coaligado para hacer del nuestro un país paria. Otros procesos han dado lugar, además, a que sin riesgo de exageración se nos pueda comparar con Sodoma y Gomorra. Como dijo al final de su vida Álvaro Gómez Hurtado, cuyos asesinos gozan hoy de la más descarada impunidad, a nosotros no nos une un tejido de solidaridades, sino una red de complicidades.

El Papa no puede ignorar que viene a un país devastado moralmente y ha sufrido toda suerte de inclemencias. Por supuesto que en su población hay heridas morales muy difíciles de sanar, odios que tardarán años en superarse, conflictos inextricables cuya comprensión requiere de fuertes dosis de paciencia y lucidez. Es una sociedad demasiado compleja y casi ingobernable. El Estado en no pocos lugares de nuestra accidentada geografía es apenas una ficción.

Dentro de ese cúmulo de inclemencias hay que mencionar, ante todo, la brutalidad de la confrontación armada. Admitamos que de ello son responsables los promotores de la violencia revolucionaria, como también los grupos extraoficiales que la han combatido y no pocos agentes del Estado. Pero en torno de los primeros media una calificación especial, por cuanto sus crímenes atroces no son obra de las circunstancias, sino de sus convicciones ideológicas.

En efecto, el marxismo-leninismo que profesan y del que no dan muestra alguna de arrepentimiento les ha suministrado motivos abrumadores para "matar con el fin de que otros vivan mejor", como lo dijo en mala hora algún personaje de infausta recordación que ejercía como "compañero de ruta" de los subversivos. 

Por eso he traído a colación a Koestler, cuya novela versa sobre los crímenes que promovió Stalin contra sus propios correligionarios en los tristemente célebres "Procesos de Moscú" en los años treinta del siglo pasado.

El marxismo-leninismo es una ideología que legitima la violencia como medio idóneo de acción política. Mejor dicho, la considera como la "partera de la historia", el motor principal del devenir de las sociedades, la ultima ratio de los procesos colectivos. Y, al tenor de ello, proclama que la misericordia es un prejuicio burgués. 

El Che Guevara, cuya efigie presidió la celebración eucarística del Papa en La Habana hace unos meses, y que es visto por la izquierda, siguiendo un torpe concepto de Sartre, como "el ser humano más completo de nuestra era", resumió así su idea homicida de justicia en el famoso "Mensaje a la Tricontinental": "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".(http://www.lanacion.com.ar/726599-el-che-guevara-una-violenta-selectiva-y-fria-maquina-de-matar).

¿Cómo recibirán las Farc los mensajes del papa Francisco acerca de la reconciliación y la misericordia, si no han renunciado a su ideología marxista-leninista, ni a la combinación de las formas de lucha que la misma profesa, ni al odio llamado a convertir al ser humano en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar?

El Papa trae consigo un mensaje fundado en las enseñanzas evangélicas. Pero a los comunistas de las Farc probablemente les entrará por un oído y les saldrá por el otro, pues el enemigo número uno de su ideología marxista-leninista es precisamente la religión, que para aquella es la fuente principal de la alienación humana. Por eso, cuando llegan al poder la persiguen sin contemplaciones.

Resuenen todavía en mis oídos las elocuentes palabras de S.S, Pablo VI cuando en 1968 habló en Bogotá: "La violencia no es cristiana, ni es evangélica".

Tomo de su discurso de apertura de la segunda conferencia del Celam el siguiente párrafo que cobra hoy nítida actualidad:

"Cristianismo y violencia
Si nosotros debemos favorecer todo esfuerzo honesto para promover la renovación y la elevación de los pobres y de cuantos viven en condiciones de inferioridad humana y social, si nosotros no podemos ser solidarios con sistemas y estructuras que encubren y favorecen graves y opresoras desigualdades entre las clases y los ciudadanos de un mismo país, sin poner en acto un plan efectivo para remediar las condiciones insoportables de inferioridad que frecuentemente sufre la población menos pudiente, nosotros mismos repetimos una vez más a este propósito: ni el odio, ni la violencia son la fuerza de nuestra caridad. Entre los diversos caminos hacia una justa regeneración social, nosotros no podemos escoger ni el marxismo ateo, ni el de la rebelión sistemática, ni tanto menos el del esparcimiento de sangre y el de la anarquía. Distingamos nuestras responsabilidades de las de aquellos que por el contrario, hacen de la violencia un ideal noble, un heroísmo glorioso, una teología complaciente. Para reparar errores del pasado y para curar enfermedades actuales no hemos de cometer nuevos fallos, porque estarían contra el Evangelio, contra el espíritu de la Iglesia, contra los mismos intereses del pueblo, contra el signo feliz de la hora presente que es el de la justicia en camino hacia la hermandad y la paz."

Quiera Dios que las palabras que tiene preparadas el papa Francisco para esta visita apostólica caigan, como la buena semilla del sembrador, en terreno abonado.

Conviene recordar que la misericordia divina no conoce más límite que el endurecimiento del
pecador (Isaias 9, 16; Jeremias 16, 5. 13).

¿Cuán dura será la cerviz de aquellos a quienes irán dirigidas las palabras del papa Francisco en su visita a Colombia?



miércoles, 30 de agosto de 2017

¿Viene el Papa a blindar la imposición de la ideología de género en Colombia?

La ideología de género campea a lo largo y ancho del NAF. Aunque los grupos cristianos que apoyaron el No en el plebiscito pidieron que se la excluyera del primer acuerdo, tanto el gobierno como las Farc se negaron rotundamente a considerar esa solicitud.

De La Calle, con su tono engolado, salió a decir, citando a Simone de Beauvoir sin mencionarla, que "No se nace mujer, sino que se llega a serlo".(http://www.semana.com/nacion/articulo/humberto-de-la-calle-aclara-enfoque-de-genero-de-los-acuerdos-de-paz/499350; https://culturacolectiva.com/historia/no-se-nace-mujer-llega-una-a-serlo-simone-de-beauvoir/). Y las Farc, por su parte, alegaron que dentro de los acuerdos de paz había que decidir sobre la condición femenina y especialmente acerca de la violencia contra la mujer, asunto en el que, dicho sea de paso, esa organización criminal ha dado bastante que hablar.

Aunque los defensores del NAF niegan que la multitud de referencias que en el mismo se hacen a los derechos de la mujer y de los integrantes del colectivo LGTBI no entrañan de suyo la adopción de la ideología de género, todo lo que en ese funesto documento se estipula está concebido para que sirva de criterio de interpretación de la normatividad que se dicte para darle cumplimiento y obliga a todas las autoridades colombianas.

En realidad, esas referencias ponen de manifiesto compromisos ideológicos con el marxismo cultural, que es la matriz más significativa de la ideología de género. En el documento programático de las Farc se alude expresamente al tema de la lucha para emancipar al ser humano de todos los lazos culturales y naturales que condicionan y limitan sus aspiraciones libertarias. Y ese es en rigor el trasfondo de dicha ideología.

El marxismo cultural dice enriquecer su acervo ideológico con aportes que proceden de distintas vertientes, tales como el pansexualismo freudiano, la revolución sexual de Wilhelm Reich, las tesis de Simone de Beauvoir sobre el segundo sexo o las supuestas investigaciones sobre la conducta social de hombre y mujeres que presentó Kinsey en sus famosos informes, cuyos fraudes denunció  Judith Riesman en el libro que puede descargarse a partir del siguiente enlace: http://www.drjudithreisman.com/archives/Kinsey_Sex_and_Fraud.pdf

El punto de partida esta "mélange" es el dogma de la filosofía historicista alemana, preñada de neokantismo y neohegelianismo, según el cual "el hombre no es naturaleza, sino historia". Este enunciado le sirve de base a Sartre para afirmar que "en el hombre, la existencia precede a la esencia" y, por consiguiente, él se hace a sí mismo con independencia de todo condicionamiento. Su realidad es plástica, flexible, maleable hasta el extremo.

El papa Benedicto XVI, que sí goza de una muy sólida formación teológica y filosófica, ha señalado desde que escribía como Joseph Ratzinger que esta concepción de la libertad conlleva la negación del ser mismo del hombre:"... Todo esto, en el fondo, disimula una insurrección del hombre contra los límites que lleva consigo su ser biológico. Se opone, en último extremo, a ser criatura. El hombre tiene que ser su propio creador, versión moderna de aquel ‘seréis como dioses’; tiene que ser como Dios”(Vid. http://dspace.ceu.es/bitstream/10637/8168/1/Ideologia_VicenteMorro_2015.pdf)

La distinción entre "sexo", como categoría biológica, y "género", como categoría cultural adolece, tal como suele formulársela, sobre todo en boca de un diletante frívolo como De La Calle, de no pocas inconsistencias. Pero estas no amilanan a los ideólogos, que no van tras la verdad, sino de otros cometidos a menudo emocionales, pasionales o meramente utilitarios. De lo que se trata aquí es de destruír el orden tradicional de la civilización y erradicar la moralidad judeo-cristiana que privilegia la familia y la sexualidad responsable.

La ideología de género va muchísimo más allá de la protección razonable de la mujer frente a las inequidades que le impone la tradición o la comprensión amigable de las variadas peculiaridades de la conducta sexual. Su cometido final es muy otro, como puede advertirse no solo a partir de muchos de los enunciados con que se la formula, sino de las aplicaciones que la ponen en práctica.

No obstante la tesis de que el hombre es ante todo cultura y por consiguiente libertad frente a los condicionamientos de la naturaleza, también rechaza la cultura en cuanto tradición. Lo que le interesa es la cultura como agente de creación ex novo, es decir, como despliegue de todas las potencialidades de la imaginación, que no son susceptibles de confrontarse con lo que ha sido ni con lo que es, sino con lo que se desea. El deseo se convierte así en la clave de la comprensión del ser humano.

Ahora bien, en razón del pansexualismo,  esta ideología  pone su acento en el deseo sexual como principal motor de la conducta humana y máxima fuente de goce. El deseo y el goce que del mismo se deriva no deben sujetarse a cánones ni modelos preestablecidos  con base en la consideración de la naturaleza ni de la sociedad. Son autónomos y versátiles, de suerte todo lo que los restrinja atenta contra la libertad humana. Las únicas limitaciones que se consideran tolerables son las llamadas a evitar que se cause daño a otros, pero ese concepto de daño se mira cada vez con mayor flexibilidad.

A partir de ahí, pululan los ataques contra la familia tradicional, ya porque se la considere "alienante", bien porque se la debe redefinir en función de la maleabilidad del ser humano, sin que interesen las consecuencias que esa redefinición o relectura acarrean para la civilización.

A quienes promueven ese nuevo orden o, más precisamente hablando, desorden, no sobra recomendarles la lectura del texto ya clásico de Carl J. Zimmerman, "Family and Civilization", que muestra que la fortaleza de nuestra civilización emana de las concepciones de la familia heterosexual y la sexualidad responsable que impuso el cristianismo.(Vid. ISI Books, Wilmigton, Delaware, USA, 2008).

En nombre de la emancipación se ha difundido una idea de los derechos sexuales que termina destruyendo la libertad en nombre de ella misma, según lo demuestra Gabriele Kuby en "The Global Sexual Revolution" (Angelico Press, Kettering, OH, USA, 2015).

Todo comienza ubicando la sexualidad dentro de la categoría de la intimidad, para luego afirmar que esta es un espacio de entera libertad al que la normatividad jurídica solo puede referirse con miras a su protección, mas no a su regulación. Se sigue que lo que dos o más adultos hagan en su intimidad a nadie le importa, desde que no haya daño entre ellos.

De ahí se sigue un sinnúmero de corolarios que ameritan tratarse en capítulo aparte. Menciono algunos: la libertad sexual justifica la despenalización del incesto, como se propuso en nuestra Corte Constitucional en salvamento de voto de ingrata memoria; la Corte Suprema de los Estados Unidos aprobó el aborto en 1973 con base en la protección del derecho a la intimidad de la mujer; no solo a los adolescentes, sino también a los niños, hay que garantizarles sus derechos sexuales, lo cual está conduciendo a que se proponga la legalización de la pedofilia.

La ideología de género promueve una verdadera revolución cultural. Los que la sostienen afirman que hay que adelantarla desde la escuela, aún en las primeras etapas. De ahí los programas de educación sexual tendientes a imponerles a los niños desde la más tierna infancia la idea de que la homosexualidad es tan legítima como la heterosexualidad, así como a enseñarles que son dueños de su sexualidad y la pueden compartir con los adultos. A los maestros se les exige que sus lecciones sean explícitas.

Pero como todo esto choca con los criterios de los padres y especialmente con las ideas religiosas, a los padres y pastores que se opongan a estas modalidades aberrantes de educación sexual y se atrevan a calificar como desordenada la conducta homosexual, se los castiga con distintas penalidades, aplicables además a los maestros que se niegan a este tipo de enseñanza.

No entraré en detalles que alargarían el texto de este artículo. Remito al impactante libro que sobre el tema escribió hace algunos años Janeth Folger y que ahora está más vigente  que cuando lo publicaron: "The Criminalization of Christianity"(Vid. https://www.amazon.com/Criminalization-Christianity-Before-Becomes-Illegal/dp/1590524683)

Todas estas implicaciones están in nuce en la farragosa y acaramelada palabrería del NAF. Le pregunto al cardenal Salazar si el Papa vendrá a Colombia a blindar lo ahí acordado para destruir la moralidad y la religiosidad del pueblo colombiano.



viernes, 25 de agosto de 2017

¿Quo Vadis, Francisco?

Si el Papa viene a Colombia, según dicen por ahí, a darle un espaldarazo al acuerdo que celebró Santos con las Farc, es porque no lo ha leído; si lo leyó, no lo entendió; y si lo entendió, participa del propósito de entregarnos a manos de una brutal banda que no solo es marxista-leninista, con todo lo que ello entraña, sino narco-terrorista.

Cosa distinta sería que viniera trayendo consigo el mensaje de Fátima, que pide conversión, arrepentimiento, expiación y oración.

Hace poco escribí que de hecho viene a Sodoma y Gomorra, dado que la nuestra es una sociedad cuyos valores cristianos van en vía de práctica desaparición y ha conocido en la últimas décadas unas  calamidades morales de tal índole que han resquebrajado del todo lo que Marco Palacios llamó en un escrito que conviene evocar de nuevo aquí: "La delgada corteza de nuestra civilización".

La nuestra, como sucede en otras latitudes, es ante todo una profunda crisis moral, y el supuesto "Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera" no es otra cosa que una deplorable manifestación de dicha crisis.

La paz constituye, desde luego, un valor de la más elevada jerarquía. No en vano está en el centro mismo del Evangelio:"Mi paz les dejo, mi paz les doy"(Jn. 14:27), dice el Señor. Pero, acto seguido, especifica: "La paz que yo les doy no es como la que da el mundo".

Preguntémonos, entonces, si la paz de que habla el documento Santos-Farc viene de lo alto o, por el contrario, es la engañosa que ofrece el mundo.

La paz que ofrece el Reino de Dios procede de la armonía de cada persona consigo misma, con el prójimo, con el medio social y el medio físico que la rodea, y con el propio Dios. Esa armonía es el tema central de la ética, que identifica las reglas adecuadas para la realización espiritual del ser humano, es decir, las que lo llevan a trascender de su estado meramente natural hacia instancias superiores que lo acercan a Dios. Claude Tresmontant lo ha dicho con todo el rigor que corresponde: el mensaje de Jesús de Nazareth invita a la divinización del hombre, a ser perfectos como el Padre Celestial lo es (Mt. 5:48).

La paz, así concebida, es obra del espíritu, que actúa según la verdad y la justicia.

Cosa muy distinta es la paz que da el mundo, en la que se pone de manifiesto el "Padre de la Mentira"(Jn. 8:42-44). Es una paz aparente, mal fundada, hija de la seducción, del engaño, de la componenda, de la traición, del entuerto.

¡Qué duda cabe de que lo acordado por Santos y las Farc adolece de todos estos vicios!

Es un documento torticero, contrario no solo a derecho, sino a la verdad y la justicia. La mentira campea a todo lo largo y ancho de sus 310 páginas. Basta con leerlo y examinar el modus operandi de su elaboración y su imposición. (Vid. http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-conversaciones/Documentos%20compartidos/24-11-2016NuevoAcuerdoFinal.pdf)

En unas desafortunadas declaraciones previas al plebiscito del 2 de octubre, en el que el pueblo colombiano rechazó ese artero documento, el Papa se atrevió a decir que "Santos se la juega toda por la paz" (Vid. https://secretummeummihi.blogspot.com.co/2017/08/alguien-que-le-cuente-los-de-corriere.html?utm_content=buffer3ee40&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer). Ojalá la prudencia lo invite a reflexionar ahora sobre este tópico y le aconseje que no se la juegue toda por ese Nuevo Acuerdo Final (NAF), que es resultado de la cobarde o cómplice claudicación de Santos en aras de la obtención de su ansiado Premio Nobel de Paz, y de una audaz maniobra de las Farc, el "Gambito de Dama" a que me referí en mi último escrito para este blog.

"De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno", es un dicho de sobra repetido que el Papa parece desafiar a cada rato.

Sus recientes declaraciones sobre la invasión islámica a Europa han desconcertado a tirios y troyanos en el viejo continente, tal como puede leerse, por ejemplo, en este artículo publicado por Boulevard Voltaire, un medio que suele simpatizar con las posturas católicas: http://www.bvoltaire.fr/pape-francois-serait-judas-vatican/?mc_cid=e4574fe248&mc_eid=ebb220c34a

Ahí se le acusa de poner en peligro la seguridad de todos los europeos, que sufren hoy la amenaza del terrorismo musulmán.

¿Ignora, en lo que a nosotros atañe, que el NAF nos pone ad portas de la instauración de un régimen totalitario y liberticida de inspiración marxista-leninista, controlado por una mafia narcotraficante, que según pregonan sus propiciadores traerá consigo la imposición de la ideología de género y, en consecuencia, la persecución soterrada a quienes creemos en el Evangelio?

Es verdad que el Evangelio nos invita a perdonar y olvidar las ofensas, así como a ser misericordiosos y pacientes. Pero la Sagrada Escritura nos habla de mantenernos alertas frente a las asechanzas del Demonio (V.gr. Efesios 6:13-18). Y San Pedro nos advierte: "Sean sobrios y estén vigilantes, porque su enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quien devorar" (Pedro 1:58)

Las Farc son maestras en el arte del engaño. Bueno sería que el actual ocupante de la Sede de San Pedro viniera a prevenirnos contra sus aviesos propósitos.


domingo, 13 de agosto de 2017

El Gambito de Dama

Mi padre era bastante aficionado al ajedrez y tenía en su biblioteca una interesante colección de libros sobre el tema. Uno de ellos llamaba mi atención, cuando yo era niño, por su título, que me resultaba algo extraño:"El Gambito de Dama".

Tiempo después supe de qué se trataba. Es una maniobra audaz por medio de la cual uno de los jugadores sacrifica su dama haciendo caer a su contrincante en una trampa fatal. Se pierde la pieza más importante del juego para luego desatar una avasalladora guerra de posiciones que garantiza el triunfo el arriesgado contendor.

Es lo que hicieron los jugadores de las Farc al firmar el mal llamado Acuerdo Final para una paz estable y duradera con el tahúr Santos. Entregaron unos frentes y varios miles de armas, sin garantía de que ahí estuvieran todos sus recursos humanos ni todo su arsenal, a cambio de un sinnúmero de prebendas que les darán una contundente posición de privilegio en el escenario político colombiano.

No entraré en el detalle de las mismas, que es algo que he mencionado en escritos anteriores y de lo que se han ocupado otros conspicuos comentaristas de nuestra actualidad. Diré solamente que el solo listado de las mismas es espantoso a más no poder. A mis discípulos, al recomendarles la lectura de ese Acuerdo Final, les he advertido que hace parte de la literatura de terror.

A raíz de un interesante escrito de Luis Fernando Gutiérrez Tobón sobre "La Máxima Urgencia Nacional", Eugenio Fabián Moreno, un distinguido jurista nariñense que hubo de acogerse a la hospitalidad de los Estados Unidos a raíz del deterioro de la seguridad en su departamento, hizo unos comentarios que conviene traer a colación aquí.

Le cedo el uso de la palabra:

"Para Luis Fernando Gutiérrez Tobón:

"Al leer su escrito titulado “Máxima Urgencia Nacional”, me doy cuenta que usted describe la desesperanza, la amargura y la confusión de la mayoría de los colombianos, producto de las acciones del gobierno del Presidente Santos y su proceso de paz con las Farc. Ante esa situación usted pregunta: ‘¿Qué hacemos para crear un paisaje despejado, que mejore nuestra forma de vida?’

"La respuesta a su pregunta es sencilla, pero infortunadamente, como alguien dijo, “las cosas sencillas son las más difíciles de entender”. Yo he venido proponiendo la respuesta a esa pregunta, como solución al problema planteado, desde hace mucho tiempo, al uribismo, al partido CD y al público en general. Pero tal parece que nadie toma en serio lo que propongo o, más posiblemente, nadie lee lo que escribo.

"La síntesis del problema es que el gobierno del Presidente Santos y su proceso de paz no respetaron ninguna regla de juego; es decir, no obedecieron a la Constitución. Por lo tanto, ya no hay reglas de juego válidas. De aquí en adelante se impondrá la voluntad de quienes crearon el llamado Acuerdo de Paz, a su total y absoluto arbitrio.

"En consecuencia, el problema inmediato y a futuro no es quién gobierne al país de una u otra manera; pues, todo da igual. En las actuales circunstancias no interesa quién propone un mejor sistema educativo, o más o menos inversión privada, o mejor infraestrucura, o mejor salud, etc. Todo esto son asuntos de gobierno, es decir, jugadas en la política.

"Pero como el problema no es de Jugadas sino de Reglas de Juego, cualquier candidato presidencial, lo mismo que cualquier candidato al Congreso, de las próximas elecciones, debe plantear propuestas de Reglas de Juego, no de Jugadas. De esta manera, por la vía de las elecciones evitaríamos una futura guerra civil o una situación similar a la que actualmente padece Venezuela.

"Naturalmente que mi planteamiento implica que el próximo gobierno sea tan solo temporal, como un medio para producir las condiciones necesarias para que el constituyente primario establezca las reglas de juego del acceso y ejercicio del poder, dándose su propia Constitución.

"Si los electores, por mayoría, eligen como próximo Presidente a quien les hubiese prometido que él o ella cesará en sus funciones cuando la misión de institucionalizar el país se haya realizado (cuando la nación tenga su Constitución), naturalmente que esa persona tiene que dejar su cargo. Solo entonces, ya con reglas de juego aprobadas por el constituyente primario, podrán presentarse candidatos planteando jugadas, es decir, programas de gobierno.

"Ahora, cualquier propuesta de programa de gobierno no significa otra cosa que adhesión al Acuerdo de Paz firmado entre Santos y las Farc. Por eso, si entre los candidatos a las próximas elecciones presidenciales no se presenta alguien que se abstenga de plantear Jugadas y, en su lugar, plantee la manera democrática de establecer las Reglas de Juego, yo no apoyaré a candidato alguno. Es más, renunciaré a la afiliación al único partido político que se creó después de las elecciones de 2014; pues lo consideraré traidor a la causa."

Comoquiera que alguno de sus lectores observó una aparente afinidad entre esta propuesta y la de las Farc sobre una asamblea constituyente, Moreno respondió:

"Lo que yo planteo es completamente diferente a lo que plantearon y lo que puedan plantear las Farc en el futuro.

"Las Farc ya no están interesadas en constituyente alguna, porque con la actual constitución, que es un rey de burlas para ellas y para el gobierno actual, les basta y les sobre para hacer lo que se les antoje. Si ya la constitución no es respetada por quienes ya están en el poder (las Farc), ¿no es necesario que la nación se dé una constitución para que los gobernantes dependan de ella y no de grupo alguno que haya llegado al poder por un consenso al que la nación se opuso cuando votó NO el 2 de octubre?

"Mas aún: No debemos expedir una constitución de la manera como lo hemos hecho en Colombia, y en todos los países latinoamericanos; es decir, a través de partidos y movimientos políticos que no representan a los electores. Esa clase de constituciones son realmente Cartas Otorgadas, no constituciones; pues los partidos y grupos políticos que intervienen en esa expedición otorgan su constitución, es decir, las reglas que ellos han convenido para ejercer el poder, a la sociedad civil.

"Una verdadera Constitución se expide por los representantes de los electores. Esta representación se consigue cuando la sociedad civil se divide en distritos electorales, cada uno de los cuales elige tan solo un representante. Si el distrito electoral elige más de un representante, la representación queda destruida automáticamente. Y cuando son expedidas sin representación, en realidad las constituciones son tan solo cartas que los partidos políticos, de acuerdo a su propia conveniencia, otorgan a la sociedad civil.

"Cuando la que hay es una carta otorgada en lugar de Constitución, las reglas que la misma contiene son cumplidas por quienes ejercen el poder tan solo hasta que les conviene a quienes la otorgaron; pero cuando ya no les conviene, simplemente las dejan de cumplir y los otorgantes hacen lo que les da la gana, o simplemente abren otro proceso para otorgar otra carta.

"Cuando yo hablo de que la Nación se dé su propia constitución, estoy hablando de una constitución verdadera, no de una carta otorgada. Y estoy seguro de que si las Farc propusieran una constituyente, tan solo se trataría de un medio para que ellas otorguen una carta a la sociedad colombiana y, lógicamente, las beneficiarias de tal proceso tan solo serían las Farc y los grupos políticos que participaran en tal proceso; que, como están las cosas, serían la mayoría de partidos políticos, o todos, los que participaron en el proceso de paz.

"Para mejor entendimiento de lo que planteo, sugiero la lectura de libro de Antonio García Trevijano “Frente a la Gran Mentira”, que está en archivo PDF adjunto.

"https://www.diariorc.com/wp-content/uploads/2015/10/frente-a-la-gran-mentira.pdf".

Hay mucha tela para cortar en estas líneas.

Coincido con Moreno y otros articulistas, como mi dilecto amigo José Alvear Sanín, en que el Centro Democrático está dando palos de ciego en esta etapa preelectoral, pues no estamos en presencia de un debate democrático regular, sino frente a un gobierno conchabado con las Farc para perpetrar un fraude descomunal, como el que acaba de llevar a cabo el chavismo en Venezuela. 

El primer tema de fondo es entonces la reforma del régimen electoral para que sea verdaderamente confiable. Lo segundo es qué hacer con el Acuerdo Final. 

Aprecio y admiro muchísimo a Fernando Londoño Hoyos y, en el fondo, comparto su idea de que hay que hacer trizas ese funesto Acuerdo Final. Pero, ¿cómo? 

Quiérase o no, todo apunta hacia la idea de una asamblea constituyente elegida por circuscripciones uninominales, como lo propone Moreno, o del modo más transparente que permita la auténtica manifestación de la voluntad popular.

Santos pretendió burlarla al no someter el NAF a la refrendación popular. Pero lo que ha hecho para imponer sus términos ha suscitado un espíritu de discordia tal que ni siquiera la anunciada presencia del Romano Pontífice podrá superarlo. El pueblo no cree en Santos ni en las Farc, y el papa Francisco se expondrá a que el pueblo católico también deje de confiar en él, a menos que el discernimiento de que tanto habla le dicte palabras oportunas y sensatas. Mejor dicho, ahí si que pondrá a prueba su cercanía con el Espíritu Santo.

Como ya hay unos hechos cumplidos, es al pueblo a quien hay que darle la palabra para que ordene lo que corresponda en ejercicio de la soberanía que Santos mancilló.



domingo, 30 de julio de 2017

Testigo de su tiempo

Cumple en esta semana Mariano Ospina Hernández 90 años gozando de envidiable lucidez mental y formidable estado físico.

Hijo del presidente Mariano Ospina Pérez, sobrino nieto del también presidente Pedro Nel Ospina Vásquez y bisnieto del presidente y cofundador del Partido Conservador, Mariano Ospina Rodríguez, por tradición familiar y sólida convicción personal sigue activo en el escenario público, liderando ahora dos iniciativas dignas del mayor encomio, el "Foro Atenas" y "La Linterna Azul", con el propósito de alertar al país sobre los peligros que se ciernen sobre nuestra institucionalidad democrática por obra de las claudicaciones en que ha incurrido el actual gobierno frente al proyecto totalitario y liberticida que promueve la organización narcoterrorista Farc-EP bajo los auspicios del Foro de San Pablo. 

Ya su padre, en gesto que registran con admiración los anales de nuestra historia, impidió que el 9 de abril de 1948 las hordas comunistas tomaran el poder y avasallaran a Colombia. Lo de que "Para la democracia colombiana vale más un presidente muerto que un presidente fugitivo" es uno de esos enunciados elocuentes que han contribuido rotundamente a la formación de nuestro espíritu nacional. Bien distinto de aquellos torpes y necios de "Si algo hubo, sucedió a mis espaldas" o el más reciente de "Apenas acabo de enterarme", que caen como baldones sobre algunos de sus sucesores en el Solio de Bolívar.

En su escrito sobre "La Vida Ejemplar de Mariano Ospina Pérez", afirma José Alvear Sanín, refiriéndose a Don Mariano Ospina Rodríguez, que este "representa la corriente práctica y pragmática que ha hecho posible el desarrollo nacional, entorpecido siempre por una tendencia, incomparablemente más fuerte, hacia la holganza, la versificación, la rabulería y el cálido refugio de la burocracia. En fin, la oposición entre la política del esfuerzo y del trabajo y la política de la recomendación y la intriga".

Esa corriente práctica y pragmática obra en Mariano Ospina Hernández. 

Otros harán el recuento de sus múltiples iniciativas en pro del desarrollo de nuestra patria, como la de la comunicación interfluvial en nuestro continente sudamericano o su aporte a la planeación como miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

El homenaje que quiero hacerle toca con lo que hoy está promoviendo en bien de Colombia.

El espíritu disolvente que se está apoderando de nuestra conciencia colectiva tiende a desconocer lo mucho que hemos progresado a lo largo de los 90 años de vida que ahora celebra Ospina Hernández. 

Como la nuestra es una conciencia histórica distorsionada, tendemos a ignorar cómo éramos a fines de la década de 1920 y cómo somos ahora aun en medio de las vicisitudes que continúan aquejándonos. 

Pese a todo lo negativo que se menciona en la cita de Alvear y que desafortunadamente lastra nuestro desarrollo socio-económico, la empresa privada, a veces estimulada eficientemente por el Estado y otras agobiada por el mismo, ha sido una próspera fuente de riqueza que ha redundado en el mejoramiento de la calidad de vida de millones de nuestros compatriotas. Falta, desde luego, mucho por hacer, pero la laboriosidad y la iniciativa de los empresarios privados en todos los niveles, desde el de los grandes negocios hasta los de las llamadas pymes y famiempresas, han edificado una estructura productiva que ofrece la posibilidad, como lo señala un riguroso escrito de Ospina Hernández cuya lectura recomiendo vivamente, de pasar "De la Pobreza a la Verdadera Riqueza" (Vid. http://docs.wixstatic.com/ugd/ce139f_42286ea9040e46768e40643d98b45cc9.pdf).

No se trata aquí de la defensa de intereses egoístas, ni de alentar un capitalismo salvaje, ni del estímulo irracional del consumismo, sino de aprovechar el enorme potencial de una iniciativa privada consciente de sus responsabilidades comunitarias y animada por elevados valores morales, para lograr que el desarrollo económico sea, como lo dijo S.S. Pablo VI, "el nuevo nombre de la paz"(Vid.
http://dottrinasocialedellachiesa.net/50mm-congress/files_civ_spa/13B.98.spa.pdf).

Pues bien, lo que obra en el Acuerdo Final suscrito por el gobierno de Juan Manuel Santos con las Farc no puede ofrecernos una paz estable y duradera, dado que en vez de sentar las bases para pasar de la pobreza a la verdadera riqueza, lo que ofrece es la destrucción de esta última. Si lo que pretenden las Farc, como reiteradamente lo han dicho, es que sigamos el ejemplo de Venezuela, ahí está la muestra más elocuente de cómo se convierte un país rico, así sea con riqueza mal distribuida, en un país miserable. 

La camisa de fuerza que trata de imponérsenos so pretexto de un acuerdo de paz no solo frenará el desarrollo colombiano, sino que implicará una trágica involución hacia etapas que ya habíamos superado. 

"La Linterna Azul" y el "Foro Atenas" aspiran a suscitar en nuestra opinión pública el interés por estos temas que son cruciales para nuestro devenir. Hay que felicitar a Mariano Ospina Hernández por mantener viva la llama que alimentaron sus antepasados en beneficio del progreso patrio.