viernes, 21 de abril de 2017

Elogio de la mentira

El padre jesuíta Francisco De Roux hizo dos actos de fe en su reciente reportaje con Yamid Amat que publicó "El Tiempo" en su edición del pasado 16 de abril, que puede leerse a partir del siguiente enlace: http://www.eltiempo.com/vida/educacion/entrevista-de-yamid-amat-a-francisco-de-roux-sobre-jesus-la-iglesia-y-la-paz-78224

El primero tiene que ver con temas religiosos en cuyos detalles no entraré en esta oportunidad, si bien se han prestado a no pocos comentarios que llegan hasta considerar como heréticas algunas de sus afirmaciones. Pero creo que es un debate que, por lo pronto, es ajeno a mis preocupaciones actuales. 

Me basta con señalar que proclama su fe en la resurrección de Jesucristo, que es, como lo expresé en mi último artículo para este blog, la piedra angular del credo cristiano.

Me interesa más su segunda proclamación, la de su fe en Santos, de quien dice lo siguiente:

"Como cualquier colombiano, tengo críticas al gobierno de Santos, pero siento profunda admiración por un Presidente que se jugó todo para que terminaran el conflicto armado y la victimización causada por la guerra. Y eso lo hizo sin mentiras, con seriedad, sin falsas expectativas, con paciencia y con un equipo muy profesional."

Sus palabras coinciden con las del Papa, quien ha dicho que Santos se la ha jugado toda por la paz. Pero De Roux agrega que lo ha hecho "sin mentiras, con seriedad, sin falsas expectativas y con un equipo muy profesional", todo lo cual a juicio de muchos no deja de ser una sarta de falsedades o, por lo menos, de deplorables manifestaciones de candidez. 

En efecto, si algo ha estado ausente en el proceso que se ha adelantado con las Farc es la verdad.

Lo acaba de afirmar Alberto Velásquez Martínez en su escrito hebdomadario para "El Colombiano", el último de los cuales aparece bajo el título de "Verás que todo es mentira".(Vid.http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/veras-que-todo-es-mentira-XB6355101).

Mentirosos han sido Santos y las Farc a todo lo largo de los diálogos de La Habana y del farragoso mamotreto de 213 páginas que suscribieron a guisa de "Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera", con el que de hecho se sustituye la Constitución Política de 1991 y se asesta un golpe mortal a nuestra institucionalidad.

En una admirable presentación que hizo en estos días la senadora Thania Vega ante la Tertulia Conservadora que se reúne cada semana en el Hotel Sheraton de Medellín, puso de manifiesto ella las mentiras más protuberantes en que ha incurrido Santos, cuya palabra se ha devaluado hasta el punto de que ya ni Maduro le cree. 

La presentación de la distinguida senadora puede verse a partir del siguiente enlace: https://drive.google.com/file/d/0Bw-sbvEPSlKUT0N0RklGWHhjNXM/view

Más mentirosas han sido, desde luego, las Farc, al reiterar a diestra y siniestra que no son narcotraficantes, a la vez que afirman su propósito de integrarse lealmente al escenario político manteniendo su credo marxista-leninista y su objetivo de tomarse el poder dizque en aras de la refundación de Colombia.

"La verdad os hará libres", enseña el Evangelio (Jn. 8:32), lo cual significa, entre otras cosas, que la mentira esclaviza y acarrea la perdición. Es por ello que el mismo Evangelio caracteriza a Satanás como el "Padre de la Mentira"(Jn. 8:44). 

Por consiguiente, cuando el padre De Roux se pone del lado de los mentirosos no sirve la causa de Dios, sino la del que san Ignacio de Loyola denominaba el Enemigo Malo.

Otra gran ausente de lo convenido por Santos con las Farc es la justicia.

No sé cómo hace el padre De Roux para afirmar sin las debidas precauciones que el Acuerdo Final no crea falsas expectativas, cuando median tantas dudas bien fundadas acerca de si con el mismo se alcanzará para el agobiado pueblo colombiano la paz que tanto anhela.

Con la gracia cartagenera que lo caracterizaba, decía Raimundo Emiliani Román que la Constitución de 1991 está plagada de infusorios, entendiendo por tales unos corpúsculos capaces de desarrollar potencialidades dañinas. Si ello resulta cierto en lo que toca con lo que he denominado siempre como el "Código Funesto", mucho más lo es acerca del NAF con el que el tahúr Santos, haciendo gala de sus habilidades para la trampa, pretendió hacerle el quite al rotundo No con que el pueblo rechazó el Acuerdo Final que sometió a su consideración.

Si bien el texto del NAF abunda en declaraciones de buena voluntad y amables intenciones, cuando se hace el trabajo de separar en sus enunciados la paja del grano el panorama se torna amenazante a más no poder. Ya lo han dicho voces autorizadas que observan que el núcleo de lo acordado está concebido para que las Farc se alcen con el poder. Todas las garantías son para los guerrilleros y ni una sola hay para obligarlos a cumplir lo suyo.

No entiendo cómo la jerarquía eclesiástica se ha tragado lo de la imposición de la ideología de género como normatividad más que constitucional, supraconstitucional, a guisa de hacer parte de un acuerdo especial dizque amparado por el Derecho Internacional Público. Tampoco entiendo cómo la Corte Constitucional, que en otras oportunidades se ha mostrado tan celosa en la guarda de la integridad del espíritu de la Constitución, se ha prestado a que se la sustituya con algo tan burdo y ominoso como el NAF.

Pero a medida que la gente vaya experimentando sus nocivas consecuencias, algo parecido a la "organización de la anarquía", que dijo Taine que fue el resultado de la Constitución francesa de 1791, se irán dando también sus reacciones.

Dejemos que el torrente siga su fatídico curso de destrucción; que la JEP mantenga la impunidad de las Farc y persiga con saña a sus contradictores; que el general Naranjo ponga en acción la Gestapo y los Gulags previstos para proteger a los guerrilleros y amilanar a quienes se considere como sospechosos de ser enemigos de la paz; que el efecto de la reforma electoral sea fortalecer el castrochavismo; que la economía se suma en la más profunda de las crisis, etc. Entonces, como dice el Evangelio refiriéndose a algo que es desde luego más serio, vendrán el llanto y el crujir de dientes. La atroz película de lo que ahora vemos que sucede en Venezuela tendrá entre nosotros una continuación aún más espeluznante.

Estas no son falsas expectativas, sino previsiones que cuentan con amplios márgenes de probabilidad. 

Santos está exponiendo al país a lo peor, al negarse a admitir la opinión mayoritaria de los colombianos y pretender imponerles sobre la base de mentiras, engaños, trapisondas y rabulerías un Acuerdo Final perverso y deletéreo.

Sigo pensando que el padre De Roux, al igual que otros eclesiásticos, se ha puesto más del lado de los lobos que del de las ovejas.





sábado, 15 de abril de 2017

"...Al tercer día resucitó de entre los muertos..."

Según se afirma en sendos escritos que publicó "El Colombiano" en esta semana, esto que proclama el Credo de Nicea no pasa de ser un mito, una superstición. Pero es la piedra angular de la fe de la inmensa mayoría de quienes nos consideramos cristianos.

Nuestra fe no se basa en hechos legendarios cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, sino en un acontecimiento histórico que, desde luego, es susceptible de discutirse, pero cuenta con el respaldo de lo que en la jerga del Derecho probatorio se dice que ofrece "serios motivos de credibilidad".

Lo que relatan los Evangelios canónicos es rico en detalles de tiempo, modo y lugar. Ahí no se habla de algo que se fue incubando en la memoria de las primitivas comunidades cristianas, primero como una suposición y después como ingrediente de una tradición consoladora, sino de un hecho que impactó decisivamente a los discípulos de Nuestro Señor Jesucristo, a punto tal que se dieron a la tarea de anunciar por doquiera que iban la buena nueva del advenimiento del Reino de Dios. Y, según las tradiciones más autorizadas, todos ellos, con la excepción de San Juan, corroboraron su testimonio sometiéndose al martirio.

¿De dónde extrajeron su perseverancia hasta lo último, sino del hecho de haber sido testigos presenciales de la resurrección? No fue que hubieran robado el cuerpo del Crucificado, ni se hubieran puesto de acuerdo para urdir una patraña en la que se jugaban la vida misma. Ocurrió que quien estuvo sometido al suplicio más infamante que a la sazón se conocía se les manifestó en forma corporal, no como un fantasma, sino como un ser vivo, aunque dotado de características sobrenaturales.

Como los escépticos ponen en duda la autenticidad de los relatos evangélicos, ahí están para corroborarlos las Epístolas de San Pablo y los Hechos de los Apóstoles, así como la tradición de la Iglesia, tanto la católica como la ortodoxa y la copta, y la Sábana Santa de Turín. No menciono las iglesias protestantes, porque ellas proceden del siglo XVI en adelante y, así aleguen que quieren restaurar el espíritu original de del cristianismo, les falta esa fuerza vital que confiere una tradición vieja de siglos.

Tengo para mí que el testimonio de San Pablo es decisivo. En 1Cor 15,14 lo afirma de modo tajante:"Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe".

San Pablo experimentó la aparición del Resucitado. Lo que le ocurrió no fue una alucinación, como lo escriben por ahí algunos que pretenden demeritar su testimonio, sino una presencia real, similar a la que se ha manifestado en múltiples apariciones marianas. A Bernadette y los pastorcitos de Fátima pretendieron intimidarlos para que negaran haber visto a Nuestra Señora y aceptaran que lo que decían eran imposturas inventadas por unos sacerdotes embaucadores. Se mantuvieron firmes en lo dicho, y ahí están Lourdes y Fátima como evidencias palpables de la acción celestial sobre las realidades mundanales. La misma intimidación sufrieron los videntes de Medjugorje, a quienes se sometió a intensos exámenes psiquiátricos y neurológicos que dieron como resultado que no solo estaban sanos de mente, sino que efectivamente veían y oían algo que no estaba al alcance de quienes los rodeaban.

Hay mucha documentación sobre estos temas. Es de fácil acceso a través de Youtube lo que ha investigado el Dr. Ricardo Castañón Ph. D., quien superó su ateísmo al acercarse al estudio de numerosos fenómenos místicos. Si alguien tiene oportunidad de conseguirlo, le recomiendo el libro de Jean Guitton y Jean-Jacques Antier que lleva por título "Les Pouvoirs Mistérieux de la Foi" (Perrin, Paris, 1993). Dudo que después de leerlo se atreva a decir que todo lo que se afirma en la esfera religiosa es mitología y superstición.

Lo que le aconteció cuando iba camino de Damasco a perseguir a los cristianos cambió radicalmente la vida de San Pablo. Pero no fue de buenas a primeras como se convirtió no solo en el Apóstol de los Gentiles y, según ciertos autores, en quien dio impulso decisivo al cristianismo tal como lo conocemos y lo profesamos. Su tránsito hacia la fe cristiana fue fruto de una lenta y progresiva maduración, animada desde luego por dicha aparición. Pero esta no fue la única, pues él mismo habla de otras apariciones y del Evangelio que le transmitió el propio Nuestro Señor Jesucristo, así como de la experiencia que tuvo cuando fue arrebatado a lo que llamó el tercer cielo.

A los críticos de las narraciones evangélicas hay que preguntarles si también las Epístolas de San Pablo y los Hechos de los Apóstoles, que afirman la fe temprana en el hecho rotundo de la resurrección, relatan acontecimientos simbólicos o figurados que no sucedieron realmente, sino que se inventaron para consolar a los afligidos seguidores del Crucificado o difundir un nuevo credo llamado a competir con la religiosidad popular imperante en una sociedad esclavista.

La Sábana Santa de Turín y la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe constituyen, según afirma Paul Badde, quien las ha estudiado en detalle, los dos testimonios físicos más contundentes de la presencia de lo sobrenatural entre nosotros. Tengo a la mano uno de sus libros, "Maria of Guadalupe, Shaper of History, Shaper of Hearts" (Ignatius Press, San Francisco, 2008); el otro quizá se fue con la biblioteca que tuve que liquidar a raíz de las vicisutudes a que la Providencia me ha sometido para probarme en estos últimos años. 

Habría que añadir los milagros eucarísticos que ha investigado con rigor el Dr. Castañón y los sorprendentes fenómenos de efusiones de sangre, lágrimas, aceites perfumados o mirellas que brotan de imágenes de Nuestro Señor Jesucristo o de la Santísima Virgen María, de algunos de los cuales yo he sido testigo presencial.

Para debilitar la evidencia que ofrece la Sábana Santa de Turín andan diciendo por ahí que su origen es medieval, que la imagen que está impresa en ella la pudo haber pintado un genio de la tecnología como fue Leonardo y otras hipótesis a cual más aventurada. Pero los hechos son tozudos y la pieza exhibe detalles asombrosos que coinciden con la idea de que envolvió el cuerpo de alguien que fue crucificado hace cerca de 2.000 años en Palestina y dejó misteriosamente grabada su figura en ella.

A través de Amazon puede conseguirse el libro de Lee Strobel que titula "El Caso de Cristo: Una investigación exhaustiva" (https://www.amazon.com/caso-Cristo-investigaci%C3%B3n-periodista-evidencia-ebook/dp/B000SF2ZT6).

Resulta que Strobel abordó el tema con el ánimo de demostrar la superchería de las creencias cristianas. Lo hizo como periodista investigador y tuvo que rendirse, como el Dr. Castañón, ante la evidencia: los documentos históricos acreditan razonablemente que Nuestro Señor Jesucristo padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado ...y "al tercer día resucitó de entre los muertos".

lunes, 3 de abril de 2017

Charlas de Barbería

Mi caro amigo William Calderón, que oficia tanto de barbero como de barquero, tuvo la amabilidad de invitarme a charlar con él y mi otro viejo amigo, el profesor Juan Manuel Serna, en su programa "La Barbería", que se transmite por Teleantioquia.

William hace un programa jocoso. De hecho, parece hacerle cosquillas a uno cuando lo sienta en la silla; además, le jala la lengua, como para que no queden pelos en ella. Pero, burla burlando, da lugar en la charla a que se digan cosas serias, y es a ellas a las que quiero referirme en esta reseña.

Para abrir la sesión, me espetó esta pregunta: ¿Qué vamos a hacer con la Corte?

Le respondí mencionando un excelente escrito que publicó José Manuel Acevedo en "El Tiempo" hace unas semanas. La Corte Constitucional ha perdido toda su respetabilidad. El país ya no puede confiar en que ella ejerza la guarda de la integridad de la Constitución, pues le ha dado luz verde al desbarajuste institucional que ha traído consigo el NAF (Nuevo Acuerdo Final con las Farc). Por eso escribí a fines del año pasado que se asemeja a la "Corte de los Milagros" de que tratan Víctor Hugo y don Ramón del Valle Inclán. Sus volteretas interpretativas han dado lugar a que Colombia ya no esté sometida a un régimen constitucional, sino a un gobierno de facto que obedece al capricho arbitrario de Santos y las Farc, pero no a una normatividad superior. No lo digo yo, que soy un deslenguado. Lo dan a entender en términos más medidos juristas tan ponderados como Jaime Castro y José Gregorio Hernández, entre otros.

Mi interlocutor, blandiendo su barbera, se preguntó entonces sobre la calidad de quienes hoy son responsables de la suerte del país. Evocó a personajes ilustres del pasado, que suscitaban respeto y admiración en la ciudadanía. 

Le observé que con Santos y sus secuaces Colombia anda en muy malas manos, ya que hasta el calificativo de sinvergüenzas les queda pequeño. Un Carlos Lleras Restrepo, por ejemplo, era modelo de seriedad, no obstante sus errores. Santos, en cambio, es un personaje frívolo a más no poder. Y de la misma calaña son los que lo rodean.

Ya no recuerdo si fue William o fui yo el que trajo a colación al profesor López de Mesa, a quien tuve oportunidad de visitar varias veces cuando iniciaba mis estudios universitarios a principios de la década de 1960, pues tenía una buena relación con mi padre. Recordé en nuestra charla la tristeza que embargaba al anciano y venerable profesor  en una intervención que tuvo en el paraninfo de la Universidad de Antioquia, en la que deploraba que en Colombia estuviera despareciendo esa noble virtud española, la del señorío. Hoy, presenciando lo indecorosos e inverecundos que son Santos y su cohorte de seguro que moriría de pena moral.

El barbero tornó a burlarse del Príncipe de Anapoima, como le dicen a Santos, y de las ínfulas virreinales de Sergio Jaramillo Caro, que amonestó a nuestro gobernador cuando este, en ejercicio responsable de sus funciones, pretendió enterarse de lo que está sucediendo en las zona de concentración de las Farc, que algunos llaman con buen sentido zonas de tolerancia.

Hube de decirle que si acá tuvimos hace años un Papa en Barbosa, el extravagante Pedro II, que andaba por los pueblos vecinos impartiendo la bendición Urbi et Orbi y terminó encerrado, según comentario del profesor Serna, en el manicomio de Aranjuez, no ha de extrañarnos que tengamos ese Príncipe en la Casa de Nariño y que a su servicio esté haciéndose sentir un descendiente de las estirpes de los Caros y las Ibáñez.

"¿Qué opina del nuevo conquistador que nos ha llegado, el español Santiago?", pregunta William con aire socarrón. Le respondo que ahora nos tratan como si recién estuviésemos saliendo del estado de naturaleza y pretenden embobarnos con espejitos y abalorios, como hicieron los primeros conquistadores con nuestros aborígenes. Entonces, el tal Santiago se aparece impartiéndonos lecciones de Derecho, tratando de convencernos con el cuento de hadas de que el contenido del NAF está pensado para proteger y resarcir a las víctimas del conflicto, y sometiéndonos, como si fuésemos incapaces, a la tutela de los gobiernos de Cuba, Venezuela, Chile y Noruega, que de hecho se han convertido en titulares de la soberanía que antes radicaba en cabeza del pueblo colombiano.

Esa abyecta claudicación configura, ni más ni menos, una traición a la patria. Pero ya no hay quien la investigue ni sancione. 

Me dice William:"Entonces, qué es lo que enseña usted ahora como profesor de Teoría Constitucional". Respondo de una: a mis estudiantes les manifiesto que nuestra materia es ya objeto de un curso de literatura fantástica, y que más les convendría leer a Borges que a Burdeau, Duverger, Lowenstein y los demás célebres y autorizados maestros que en otros tiempos les recomendábamos. Yo en realidad les enseño fantasías, como la de que el pueblo es soberano o que la Constitución es norma de normas. Pero William y el profesor Serna observan que, habida consideración del mamotreto que se pretende imponer como norma supraconstitucional, el tema deriva más bien hacia la literatura de terror, como la de Stevenson con su Dr. Jeckyll y su Mr. Hyde. 

El profesor Serna observa que también este Novísimo Derecho Constitucional podría ubicar dentro del realismo mágico de García Márquez, a lo que respondo afrirmando que ese realismo tiene escenas bonitas, como las mariosas amarillas o las mujeres que levitan, pero también cosas feas, como esos personajes que nacen con cola de marrano. No me cabe duda de que los redactores del mamotreto supraconstitucional pertenecen a esa estirpe.

Afirmo que cuando en el futuro un acucioso historiador se ocupe de lo que ahora sucede entre nosotros quizás no sepa si reír o llorar, pues vivimos una tragicomedia. Es trágico que la verdad y la justicia hubiesen sido arrojadas en La Habana para que los perros las despedazaran, pero es cómico que el no del plebiscito se hubiese convertido por arte de Bibibirloque en un sí, de suerte que lo que el pueblo soberano negó rotundamente se hubiese dizque refrendado por un congreso de tramposos.

Comentan mis contertulios el contraste que ofrece la entereza del gobernador Luis Pérez Gutiérrez frente a la blandura del gobierno central, que en todo se hinca ante la arrogancia de las Farc. Les digo que, en efecto, en Antioquia hoy tenemos un gobernador de la talla de los grandes que antaño nos gobernaron, como un Camilo C. Restrepo o un Pedro Justo Berrio. Pero se me ocurre aclarar que en realidad Berrío no fue gobernador, sino presidente del Estado Soberano de Antioquia.

Cerramos la sesión diciendo que sería bueno volver a hablar del Estado Soberano de Antioquia. Cuando me vuelva a crecer el pelo y William tenga bien afiladas su barbera y sus tijeras, tertuliaremos sobre el asunto.


martes, 28 de marzo de 2017

¡Paso de Vencedores!

La consigna para el pueblo colombiano el próximo 1o. de abril ha de ser la misma que les impartió Córdova a sus soldados para dar comienzo a la batalla de Ayacucho, que selló la independencia del Perú y, de ese modo, la de los pueblos sudamericanos que antes estaban sujetos al dominio español:"¡Paso de vencedores!"

La presencia multitudinaria del pueblo en las calles de veinte ciudades en donde se ha programado marchar para hacer que Santos entregue el cargo que dolosamente ocupa y se revierta el ignominioso proceso de sumisión de Colombia a las Farc, será un evento de veras histórico.

Santos burló descaradamente la rotunda manifestación de la ciudadanía el dos de octubre del año pasado. Esa manifestación deberá repetirse con creces en las calles el sábado que viene. Veremos, entonces, si ese gobernante espurio se atreverá después a desafiar al pueblo que reiteradamente le ha hecho sentir que no lo quiere a él ni quiere a los malhechores de las Farc.

Lo que está en juego en el inmediato futuro no es solo la salvaguarda de la libertad de los colombianos, sino ante todo el rescate de la dignidad de nuestra patria, que ha sido mancillada sin consideración alguna por Santos y sus secuaces.

Ayer, en ameno y estimulante coloquio con un distinguido grupo de estudiantes de Ciencia Política de la UPB, tuve oportunidad de dialogar con ellos acerca de la posición que actualmente ocupa Colombia en el concierto de las naciones, tanto en el ámbito regional como en el global.

Les recordé que el profesor Luis López de Mesa, cuando era ministro de Relaciones Exteriores del presidente Eduardo Santos, pudo ufanarse con sobra de razones de que Colombia era por ese entonces una potencia moral.

En efecto, superada la terrible experiencia de la guerra de los mil días, llevaba varias décadas de convivencia pacífica bajo una institucionalidad liberal y democrática que parecía estar cada vez más afianzada. 

Éramos a la sazón, como esas familias que valoran el decoro, un pueblo ciertamente pobre, pero honrado, cuya civilidad republicana brillaba en medio de un panorama ensombrecido por regímenes dictatoriales y corrompidos. Gozaba por aquella época de lo que hoy los polítólogos llaman el "softpower", un poder que no reside en la riqueza, ni en las armas, ni el ímpetu dominador y expansivo, sino en la respetabilidad, en la autoridad moral. 

Colombia había ganado especial reconocimiento porque respetaba con celo sus compromisos internacionales. Era una nación digna y por ello jugó un importante papel en la creación y puesta en marcha de la ONU.

¿Qué es hoy de nuestra patria?

Somos un país problema, al borde de caer en la deplorable categoría de Estado fallido. 

De hecho, la claudicación de Santos ante las Farc entraña la violación de severos compromisos internacionales, pero sobretodo la pérdida de nuestra condición de Estado soberano. Dizque en aras de la paz hemos aceptado la humillación, y nos quedaremos con esta y sin aquella, vale decir, "con el pecado y sin el género".

Leo por ahí que alguien que se dice experto en justicia transicional afirma sin ruborizarse que lo convenido acerca de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) dizque cumple con los estándares internacionales. Y me atrevo a preguntarle si ha leído con atención el Tratado de Roma sobre la Corte Penal Internacional (CPI) o la Convención de Viena sobre lucha contra el narcotráfico.

Debido a la complacencia de Santos con las Farc, hoy somos el primer productor de coca en el mundo. ¡Y nos atrevemos a otorgarles amnistía a los capos de esa organización guerrillera, que es a la vez narcoterrorista, por cuanto consideramos que el narcotráfico es delito conexo con los delitos políticos, contra lo que expresamente dispone el artículo 10 de la mencionada Convención de Viena!

No solo constituímos un país peligroso para la salud mundial. Al convertirnos en un Narcoestado, lo seremos además para la seguridad del mundo civilizado. En vez de la potencia moral que pregonaba el profesor López de Mesa, vamos camino de ser un país paria, refugio de los peores delincuentes internacionales.

He dicho en varias oportunidades y aquí lo reitero: lo acordado con las Farc acerca de la Comisión de Implementación, Seguimiento y Verificación, en la que la última palabra la tendrán los gobiernos de Cuba, Venezuela, Noruega y Chile, así como sobre la comisión encargada de elegir magistrados de la JEP y el nombramiento de Secretario de la misma, configura a las claras el delito de traición a la patria, por cuanto entraña gravísimo menoscabo de nuestra condición de Estado soberano.

Santos nos ha sometido a la tutela de nuestros peores enemigos. Colombia queda sujeta al yugo de los regímenes totalitarios y liberticidas de Cuba y Venezuela. Ha entregado su poder soberano en lo constituyente, lo legislativo y lo jurisdiccional. Hace parte ya del siniestro Plan Maestro que denunció Omar Bula Escobar en un valeroso, documentado y esclarecedor libro que no pudo llegar al gran público porque los libreros temieron difundirlo.

¡Colombianos, es hora de reiterar lo que en su hora expresó don Marco Fidel Suárez acerca de que la nuestra es tierra estéril para las dictaduras.

¡Fuera, Santos!




miércoles, 8 de marzo de 2017

Dies irae

Decían los clásicos griegos que los dioses ciegan a quienes quieren perder.

Esta ominosa sentencia cobra deplorable validez en la Colombia de hoy.

Es difícil entender la vertiginosa carrera que hemos emprendido hacia nuestra autodestrucción sin aceptar que obra entre nuestros dirigentes una ceguera colectiva que les impide darse cuenta de hacia dónde nos lleva su improvidencia.

Tal como lo advertí cuando se anunciaron los diálogos con las Farc, estas solo firmarían algo que las pusiera en el umbral del poder. Y así está ocurriendo con la mal llamada implementación del NAF (Nuevo Acuerdo Final) que resultó de las negociaciones de la Habana.

Al Gobierno, al Congreso y al parecer a la Corte Constitucional, con la anuencia expresa o tácita de los partidos de la Unidad Nacional y la izquierda, de los altos mandos militares, de la jerarquía eclesiástica, de la Gran Prensa y de casi todos los dirigentes gremiales, da la impresión de que un viento de locura los impele a acumular desatinos dizque en procura de una paz que no es otra cosa que un espejismo que vela la fuente de nuevos y quizás más feroces conflictos que los que se pretende superar con el NAF.

No se advierte en el horizonte, en efecto, el panorama de una paz estable y duradera, sino el de muchas tormentas devastadoras, pues por cualquier lado que se lo mire el NAF es un instrumento perverso, astutamente urdido para facilitar la instauración de un régimen no solo totalitario y liberticida, que de suyo es criminal, sino, además,  narcoterrorista.

Coincido en todos sus términos con lo que acaba de publicar Luis Alfonso García Carmona en Debate acerca de la indolencia que se observa en torno de este desastroso estado de cosas, que más que de silencio en la noche podríamos tal vez calificar como de calma chicha (Vid. http://periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-regionales/item/14432-silencio-en-la-noche).

Cosa de locos es exaltar a los capos de una de las organizaciones narcotraficantes más ricas y peligrosas del mundo, ofreciéndoles no solo impunidad y elegibilidad, sino una serie de gabelas que harán del suyo un partido hegemónico por los recursos que directamente recibirá del Estado, así como los que controlará para la ejecución de los planes previstos en el NAF, amén de los privilegios jurídico-políticos que entrañan, entre otras disposiciones, su presencia en la CIVI, la JEP y la Gestapo que se creará para perseguir a sus contradictores políticos.

Insisto en que el modus operandi de la CIVI y la JEP  implica severas demoliciones del principio de soberanía popular que sirve de fundamento de nuestra institucionalidad. Ese modus operandi encaja, ni más ni menos, dentro del tipo legal del delito de traición a la patria que contempla el artículo 455 del Código Penal.

De hecho, los atributos soberanos del poder constituyente, el legislativo y el judicial quedan bajo del control de las Farc y las potencias extranjeras cuyos intereses sirven. Y, para mayor ultraje, se pretende que una vez elevado el NAF a la jerarquía de canon supraconstitucional, su vigencia se garantice por lo menos a lo largo de los tres períodos presidenciales subsiguientes al actual, de modo que sus disposiciones gocen de un estatuto de irreformabilidad.

Esta es una locura inaudita. Como quienes nos gobiernan ignoran la historia o pretenden desafiarla, olvidan la experiencia de la Constitución de Cúcuta, cuyos creadores prohibieron reformarla en los primeros 10 años de su vigencia, con el triste resultado de condenar al fracaso el ambicioso proyecto del Libertador. Esa disposición de nuestros constituyentes de 1821 trajo consigo enfrentamientos inconciliables que derivaron en la dictadura de Bolívar, la guerra civil y la disolución de Colombia. Ya estamos prácticamente bajo una dictadura. Y no sería imposible que los descarados abusos de Santos y sus secuaces trajeran consigo levantamientos en distintos lugares y hasta impulsos secesionistas.

La JEP y la Gestapo que probablemente tendrá el cometido de organizar el general Naranjo siguiendo el modelo del G-2 cubano, heredero de la Stasi de la República Democrática Alemana, son por así decirlo la guinda del postre con que Santos aspira a festejar a las Farc para celebrar su incorporación al escenario politico nacional. Serán tanto la una como la otra los instrumentos que les servirán a los capos de esa organización narcoterrorista para saciar su ira contra quienes de distintas maneras los hemos combatido e intimidar a cuantos pretendan interponerse en su propósito de asalto del poder.

Como en el canto fúnebre de la vieja liturgía católica, con estos dispositivos vendrá el día de la ira. Entonces, veremos el llanto y el crujir de dientes de los incautos que han creído en las promesas de paz de Santos y las Farc.(vid. https://es.wikipedia.org/wiki/Dies_irae).

viernes, 24 de febrero de 2017

Colombia en el cepo

Se cuenta que el título que en un principio le asignó Enrique Santos Discépolo a su famoso tango"Yira, yira" fue "En el cepo".

La palabra cepo tiene varios significados según el DRAE. Uno de ellos es el de trampa para cazar animales. Otro es el de un instrumento de castigo que la Biblioteca en Línea describe así:

"Instrumento de castigo antiguo formado por dos trozos gruesos de madera con unos agujeros que fijaban cabeza y pies del reo. (2Cr 16:10; Jer 20:2, 3.) Se solía exponer al preso a la vista y las burlas del público. Los cepos romanos tenían varios agujeros, lo que permitía separar al máximo las piernas de la víctima, con lo que se aumentaba la tortura. Los cepos para fijar los pies se llamaban en hebreo sadh (Job 13:27; 33:11), mientras que en griego, por ser de madera, se les designaba con el término xý·lon (madera). Cuando Pablo y Silas estuvieron en prisión en Filipos, se les puso en cepos que les sujetaban los pies. (Hch 16:24.)
"En las Escrituras Hebreas también aparece otra palabra que se traduce “cepo”: mah·pé·kjeth. Como este término conlleva la idea de torcer, parece ser que la víctima estaba obligada a permanecer doblada o torcida. Tal vez en este instrumento de castigo se hayan fijado los pies, las manos y el cuello, o quizás se utilizasen junto con el cepo otros medios para apresar el cuello y los brazos. Es posible que el cepo y la picota se empleasen conjuntamente para sujetar las piernas, el cuello y los brazos. (Jer 29:26.) En la Ley que Dios dio a Israel no se prescribió el uso de ninguno de estos instrumentos, ni tampoco la utilización de prisiones."
Cualquiera de estos significados es aplicable ala situación en que hemos quedado los colombianos a raíz del NAF (Nuevo Acuerdo Final con las Farc).
Por donde se lo mire, este Acuerdo es ora una trampa mortal, ya un crudelísimo instrumento de tortura.
En otro escrito de hace varias semanas me atreví a compararlo con el "Collar bomba" que unos facinerosos le pusieron a una anciana para obligarla a entregarles una abultada suma de dinero.(Vid. http://www.semana.com/nacion/articulo/el-collar-del-terror/42339-3).
El NAF es, en efecto, un auténtico collar-bomba que amenaza la existencia del Estado colombiano, al que Santos y sus secuaces han puesto de rodillas ante las Farc.
A medida que se lo implementa a través de actos legislativos, leyes, decretos con fuerza de ley, reglamentos y decisiones político-administrativas, se ponen de manifiesto sus deletéreos efectos en todos los ámbitos de la vida nacional.
No se trata tan solo de la destrucción de la economía, sino la de todo el andamiaje institucional de nuestra sociedad.

De hecho, Santos, sus negociadores en La Habana, los congresistas que lo apoyan e incluso los magistrados de la Corte Constitucional que le prestan su apoyo al NAF, podrían estar incurriendo en el delito de traición a la patria, por cuanto a través de ese documento parece que han realizado actos tendientes a someter a Colombia en todo o en parte al dominio extranjero y a afectar su naturaleza de Estado soberano, tal como lo señala el artículo 455 del Código Penal, que tipifica el menoscabo de la integridad nacional dentro de las figuras constitutivas de dicho delito.

¿Cómo interpretar hechos tales como la adjudicación de potestades soberanas a los gobiernos de Cuba, Venezuela, Chile y Noruega, a los cuales se les asigna la última palabra para decidir sobre los empates que se produzcan en el seno de la CSIVI?

¿Y qué decir del Comité de Escogencia de los Magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz, el Director de la Unidad de Investigación y Acusación y el Secretario Ejecutivo de la JEP?

Aunque inicialmente se había convenido que dicho Comité estaría integrado por personas designadas por la ONU, la Unión Europea, la Asociación de Justicia Transicional, las Universidades Públicas de Colombia y la Sala Penal de la CSJ, en el parágrafo del artículo 6 transitorio del Proyecto de Acto Legislativo que cursa en el Congreso se dice algo diferente, a saber:

"Parágrafo: Los magistrados de la JEP, el director de la Unidad de Investigación y Acusación, los juristas expertos extranjeros que actuarán en calidad de amicus curiae, el Secretario Ejecutivo de la JEP, el Presidente o Presidenta inicial de la JEP, los comisionados de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, y el director de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto armado serán seleccionados por un Comité de Escogencia que gozará de autonomía e independencia y que será conformado por reglamento expedido por el Gobierno Nacional, teniendo en cuenta los principios de publicidad, transparencia, participación ciudadana, equidad de género y criterios de mérito para su selección. El Secretario Ejecutivo de la JEP será designado por el Responsable del Mecanismo de Monitoreo y Verificación de la Organización de Naciones Unidas y confirmado por el Comité de Escogencia. Los miembros del Comité de Escogencia no asumirán ninguna responsabilidad personal por la selección de los magistrados, comisionados y demás funcionarios que deben escoger en virtud de este artículo transitorio. En relación con los funcionarios de la JEP, el Secretario Ejecutivo nominará a las personas seleccionadas por el Comité, quienes se posesionarán ante el Presidente de la República." (Vid. http://www.fenalco.com.co/sites/default/files/PAL-2016-N002C-_TD1_28AGENTES_ESTADO29_20170118.doc.pdf).

Este acto legislativo está todavía en trámite y, por consiguiente, aun no se ha expedido el reglamento gubernamental sobre el Comité de Escogencia. Pero ya se ha anunciado que del mismo harán parte un abogado peruano, un español y un argentino de los que se dice, en su orden, que han sido defensores de Sendero Luminoso, la ETA y los Montoneros, fuera de una farmaceuta que ha sido seleccionada por las universidades públicas y otro más que elegirá la Sala Penal de la CSJ y será el único vínculo del Comité con la soberanía del pueblo colombiano.

Pues bien, si algo caracteriza el poder soberano del Estado es la administración de justicia, cuyas sentencias se dictan "en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley", según lo dispone el artículo 280 del Código General del Proceso. Pero ello supone que quienes ejerzan funciones judiciales deriven esa potestad de la representación popular y, en últimas, de la soberanía del pueblo, tal como lo proclama el artículo 3 de la Constitución Política. Y ese Comité de Escogencia nada tiene que ver con la representación popular, pues, de hecho, la mayoría de sus integrantes proviene de instancias ajenas a la soberanía popular.

En el caso del Secretario Ejecutivo de la JEP es aún más nítida la exclusión del poder soberano del pueblo, dado que se prevé que lo designe el Responsable del Mecanismo de Monitoreo y Verificación de la Organización de Naciones Unidas.

En síntesis, el NAF y su implementación contienen disposiciones que claramente atentan contra el principio de la soberanía popular que consagra como piedra angular de nuestro régimen político  que consagra el referido artículo 3 de la Constitución.

Queda claro entonces que la soberanía del Estado se supedita en asuntos de vital importancia para la suerte del país a gobiernos extranjeros y organizaciones internacionales, consagrando de ese modo unas instancias de supranacionalidad que exceden los términos que señalan los artículos 226 y 227 de la Constitución Política para establecer limitaciones a la soberanía nacional en función de las relaciones internacionales.

La claudicación ante las Farc se pone más aún de manifiesto cuando se observa la composición claramente sesgada hacia los intereses de esa organización narco-terrorista de la comisión que tiene el encargo de proponer una profunda reforma electoral que, a todas luces, parece que se inspirará en el oprobioso régimen que ha destruido la democracia en Venezuela, o el conjunto de medidas previstas para proteger a los integrantes de las Farc y perseguir a sus enemigos, que sin exageración alguna pueden considerarse como una reencarnación de la Gestapo.

Es por ello que hay que convocar al pueblo para que el próximo primero de abril reivindique la soberanía que a través del NAF le están conculcando descaradamente. Ahora sí que es oportuna la proclama de nuestro Himno Nacional:

"Independencia, grita el pueblo ..."


miércoles, 15 de febrero de 2017

Esperando a los bárbaros

Si a Santos no se le ocurre lograr la prórroga de su periodo presidencial y el de los congresistas, que es algo que con sólidas razones se teme que pueda ocurrir, el debate electoral venidero será, a no dudarlo, uno de los más ásperos y decisivos en toda la historia colombiana.

El tema de fondo que le tocará decidir a la ciudadanía, que nadie podrá eludir así aparezcan otros también de gran importancia, versa sobre el gobierno de transición que exigen las Farc o la modificación del Nuevo Acuerdo Final que está en proceso de implementación.

De hecho, el debate se centrará entonces en el proceso de paz adelantado por Santos. Si se quiere, implicará la repetición del plebiscito de octubre pasado: Sí o No al NAF.

Así las cosas, quienes aspiren a la Presidencia tendrán que tomar partido en favor de una u otra alternativa. Lo mismo sucederá con los candidatos al Congreso.

Pero si bien el debate seguramente habrá de centrarse en la aprobación o el rechazo del NAF, las circunstancias no serán las mismas que rodearon la celebración del plebiscito, puesto que al momento de celebrarlo el contexto será muy diferente, habida consideración de los hechos cumplidos resultantes de la implementación del NAF que está en curso.

Es del todo previsible que ese debate agudizará las tensiones entre los partidarios del NAF y sus críticos. Esas tensiones podrían derivar en actos de violencia e incluso en un estado de guerra civil o algo cercano a ella. Hay, en efecto, un clima enrarecido que nada bueno hace presagiar.

Es necesario reiterarlo: el país no quiere a Santos, no quiere a las Farc, no está de acuerdo con lo que se convino con esa organización marxista-leninista y narcoterrorista, y experimenta fuerte indignación por el robo del plebiscito que perpetró Santos, más otras depredaciones en que ha incurrido.

No estamos, pues, ante una sociedad esperanzada con las promesas de paz, sino escéptica y hasta asustada.

No es para menos. Ha dicho un alto oficial en retiro que conoce de cerca  lo que se negoció en La Habana que, por obra de la clase política, Colombia va por el mismo camino de Venezuela. Le faltó decir que también por obra de la Gran Prensa, la jerarquía eclesiástica y los dirigentes empresariales. Y el país vecino no ofrece un ejemplo digno de seguirse. Todo lo contrario, lo que allá ha sucedido es temible a más no poder, y muchos colombianos se oponen a transitar por la escabrosa vía que conduce hacia el Socialismo del Siglo XXI.

Nuestra sociedad exhibe muchísimos signos de descomposición. Y uno de ellos es, por una parte, el profundo descrédito de sus instituciones y sus dirigentes. Por otra, el deterioro del tejido social, que se manifiesta en descarados actos de corrupción, en una criminalidad rampante, en la debilidad estructural del Estado, en unos amagos de anarquía que se observan por todas partes.

Hace poco se dio a conocer una inquietante encuesta sobre favorabilidad de posibles candidatos presidenciales. Y uno se pregunta poniendo la mano sobre el corazón:¿cuál de ellos exhibe el talante que lo acredite para responder por el buen gobierno de una sociedad que se encuentra al borde del colapso?