jueves, 25 de junio de 2020

Carlos Gardel: 1935-2020

Se cumplen 85 años del fallecimiento de Carlos Gardel en un absurdo accidente de aviación ocurrido acá en Medellín.

Esa tragedia produjo enorme impacto en nuestra ciudad. Los que crecimos en ella escuchamos desde pequeños las distintas versiones que circulaban al respecto. Creo que fue en la galería del teatro Buenos Aires, en un matinal al que me llevó mi hermano mayor con un primo nuestro cuando tenía 6 o 7 años, que los oí hablar del asunto. Más tarde me enteré de que mi madre, que vivía a la sazón en Cali, tenía boleta para asistir a la presentación de Gardel en el teatro Jorge Isaacs y que la primera película que vio con mi padre, tal vez en 1931 cuando se conocieron, fue precisamente "Las Luces de Buenos Aires". 

Una parienta nos regaló una buena cantidad de discos viejos de 78 rpm cuando inauguramos nuestra casa de campo en 1949. Entre ellos había un disco Columbia que traía por una cara "Tomo y Obligo" y por la otra "Canto por no llorar", dizque cantados por Carlos Gardel con Don Alberto y su conjunto. Tramposos: no era Gardel, sino Spaventa, que solo cantaba parte de de las letras. Por consiguiente, lo primero que escuché como si fuera Gardel no era él. Más tarde, en la década de 1950, cada 24 de junio don Antonio Henao Gaviria, testigo presencial del accidente, hacía un programa radial para rendirle homenaje a Gardel y escuchándolo me topé con "Mi Buenos Aires Querido". Ahí quedé prendado de la voz del Zorzal Criollo, como después me fascinó Charlo, cuando en sus presentaciones en la Emisora Nueva Granada de Bogotá hacía su entrada cantando "Ave de Paso".

Estoy hablando del año 1956. En la radio de Medellín por esas calendas y hasta varios años después uno podía escuchar tangos a lo largo de las 24 horas de cada día. En varias ocasiones en que la enfermedad me redujo al lecho esos tangos me entretenían. Recuerdo que sonaban con insistencia "Mariposa Nocturna", por Carlos Roldán con Francisco Canaro; "Andate con la otra", por Amanda Vidal con Enrique Mora; "Noches de Hungría", un foxtrot que cantaba Armando Moreno con Enrique Rodríguez; "Zaraza", por Jorge Ortiz con Rodolfo Biagi, y otros más. Un amigo de mi hermano le prestó un LP Decca de 10 pulgadas con ocho canciones de Gardel, entre las que se contaban "Caminito" y "La Cumparsita", que me llegaron al alma. Estaba entrando en la adolescencia y ya sentía del amor las tristes o dulces penas, que nunca más me abandonaron y siguen siendo, como dice Ignacio Corsini en "Dulce amargura", mis compañeras. Compré el primer LP  de Gardel que editó Codiscos, en el que figuraban, entre otros, "Mis flores negras", que me gustaba mucho en la versión de Espinosa y Bedoya, el inevitable "Adiós muchachos",  "Arrabal amargo" y "Lejana tierra mía". El dolor que trasuntaba el final de  la primera estrofa de "Arrabal amargo" ("...y ahora vencido arrastro mi alma clavado a tus calles igual que a una cruz") me laceraba. Años después aprendí a valorar la importancia de "Lejana tierra mía", que creo que es una de las canciones más bellas que hay en el mundo y de la que hizo una inigualable versión Mariano Mores con la voz gardeliana de Carlos Acuña. Yo no solo escuchaba tangos en ese momento con exclusividad, pues había abandonado mi afición por lo que ahora se llama la música andina colombiana, sino que los cantaba. Mi repertorio comenzó precisamente con ese "Caminito" que escuché primero en la voz de Gardel y después terminó de conquistarme con la exquisita grabación que hizo Libertad Lamarque en México, y con "El Adiós", que conocí y me sedujo en la versión de Ignacio Corsini.

Me hice coleccionista de discos de tango, principalmente los de Gardel. Compraba todo lo que veía de él y conseguí lo que en su momento eran posiblemente unas joyas."La Guitarra", en Guayaquil, era uno de mis proveedores. Ahí encontraba discos Odeón de 78 rpm editados en Chile y hasta un EP argentino que traía las dos últimas grabaciones que hizo el dúo Gardel-Razzano en 1929 ("Claveles mendocinos" y "Serrana impía") más "Suena guitarra querida", que prácticamente me sacaba lágrimas con aquello de que "...el alma se me desgarra y el corazón se me parte". 

Hubo en los años sesenta varios concursos de coleccionistas de Gardel. El primero lo ganó Jaime González Posada, que me cobró gran aprecio porque había trabajado con mi padre en Max Factor. Me facilitó mucho material y aprendí mucho de él. Nos hicimos muy amigos. Creo que el segundo lo ganó don Luis Arango, que tuvo un triste final. Era jubilado de Coltejer y contaba que al jubilarse se fue en bus para Buenos Aires y allá se recorrió a pie las 70 cuadras de la calle Corrientes. Entró de contrabando a Maracaibo para hacerse a discos de Gardel que publicaban en Venezuela. Yo mismo, en una entrada fugaz a San Cristóbal hace años, adquirí varios, uno de ellos con una rareza de la que da cuenta mi entrañable amigo, el embajador Juan Moreno Gómez: la zamba "Por el camino", que Gardel grabó, pero no dejó circular porque le parecía superior la versión de Ignacio Corsini.

En mis vacaciones en Rionegro sintonizaba por onda corta todos los días a las 11 de la mañana un programa de Radio Barquisimeto que se llamaba "Evocando a Gardel". Ahí conocí muchos temas que a pesar de los muchos que publicaban Codiscos y Sonolux no circulaban entre nosotros.

Ya en los años 70, gracias a mis amigos Jaime González Posada y Luciano Londoño López, coroné con la colección completa que publicó en cajas Odeón en Argentina. Puedo decir, entonces, que conozco de pe a pa la discografía gardeliana. Ahora la tengo y la disfruto en medio digital.

Pudo ser por ahí en 1960 que en el teatro Caracas pude ver por primera vez una película suya: "Melodía de arrabal", Pocos años después exhibieron en copias mejoradas las películas que hizo en Nueva York. Por supuesto que las vi todas.

Mi gran amigo de más medio siglo, el recientemente fallecido Leonardo Nieto, promovió el Primer Festival del Tango en 1968. Gozaba mucho conmigo por la emoción con que lo viví. No era para menos: ¡Ver en vivo a Troilo con Rivero! Troilo comenzó suavemente con Danzarín, causando algún desconcierto en el público. Pero cuando entró de lleno en la segunda parte, la ovación del pueblo  que había ido a la Macarena fue atronadora. No sé adónde fue a parar la grabación que tenía de esos momentos felices, que me la facilitó, con su generosidad habitual,  mi querido Leo, a quien hoy casi, como dice un tangazo de Gardel, "lloro al nombrar".

Pues bien, Leonardo trajo de Buenos Aires la idea de crear acá una Asociación Gardeliana y tuve el honor de redactar sus estatutos.  Como yo trabajaba en la Andi, mi jefe, Luis Prieto Ocampo, que como buen manizaleño era buen tanguero, se hizo anotar como uno de los primeros socios, lo mismo que mi gran amigo y compañero Rodrigo Isaza Toro, que sigue siendo socio activo.

Bueno, como dice por ahí esa señora milonga que se llama "El desafío" (búsquenla en las versiones de Troilo con Fiorentino y Marino , o de Caló con Iriarte), "para qué seguir narrando lo que fue aquella carrera..."

Recomiendo a los interesados que sigan el programa que está transmitiendo cada domingo la Radio Nacional de Argentina, en el que Héctor Larrea y Norberto Chab comentan diversos aspectos  del arte gardeliano, con base en grabaciones que ellos seleccionan. Es una delicia. Acá va el enlace del último: http://www.radionacional.com.ar/category/gardel-por-larrea/

Como buen conocedor que creo ser de la dimensión artística de Gardel, observo de entrada que no es posible juzgarlo al tenor de los avances de la técnica del sonido grabado. Gardel no es para los audiófilos, pues sus grabaciones adolecen de las limitaciones propias de las épocas en que se las hizo.

De entrada, hay que diferenciar el Gardel de las grabaciones acústicas (1913-1926) del de las eléctricas (1926-1935). Luego, hay que mirar el estado de las que se han utilizado para los formatos de LP y de CD, proporcionadas en general por coleccionistas. He notado que las grabaciones acústicas se escuchan mejor en el medio digital que en tocadiscos o reproductores de casete, que dejan mucho qué desear. Las mejores grabaciones son las que hizo en España en 1927, en París en 1928, en Buenos Aires entre 1929 y 1933 y las de Nueva York entre 1934 y 1935.

A Gardel lo llamaban el "Rey del Tango", pues el mayor número de sus creaciones corresponden a este género musical. Pero lo que dejó como cantor del folclore argentino y el uruguayo, es maravilloso, como lo fueron también sus incursiones en lo que bien podemos llamar música internacional. Es interesante observar que en sus películas se desempeñaba con soltura en los tres géneros.

En realidad, Gardel es el creador del tango cantado. Su influencia es nítida en otros grandes cantores, como Hugo del Carril, Óscar Alonso, Alberto Marino, Héctor Mauré, Jorge Vidal y otros más. Hay otras escuelas, influenciadas en buena medida por Ignacio Corsini y Agustín Magaldi, o la personalísima de Alberto Castillo, pero la gardeliana es la que predomina.

El público conoce en principio al Gardel evolucionado que ve en las películas, sobre todo en las norteamericanas. Es, en general, un Gardel romántico. Pero hay también el Gardel sentimental, el dramático, el humorístico, el criollo y el arrabalero. Lo hay para todos los gustos. 

A los aficionados nos acribillan con la pregunta del millón: ¿Cuál es el que a Ud. más le gusta?  Alguno aprendió a evadirla fácilmente: el último que escuché. Tengo por ahí una selección que hice años ha de creo que 104 temas imprescindibles, pero hace unos días que volví a escucharla encontré que me había quedado corto. Dejando de lado el Gardel que todos conocen, recomiendo a las volandas unos temas que siempre escucho con atentas emoción o delectación: Ramona, De flor en flor, Llevame carretero, A contramano, Farolito de papel, Clavel del aire, Uno y uno, La Pastelera, Chacarera del norte, Lechuza, Pordioseros, Adiós que te vaya bien, Sanjuanina de mi amor, La Mariposa en cualquiera de las dos versiones, Jujeña, Desdén, Noches del Colón, Cachadora, El Cardo Azul, La pena del payador, Murmullos, Amigazo, Echando mala, Muchachos silencio, Paseo de Julio, Hopa hopa hopa, Misterio, La violetera, Insomnio, Qué vachaché, Por qué soy reo, Y si la ves dale un beso, Cabecita negra, Culpas ajenas, Pobre gallo bataraz, etc. Si me apuran, me quedo con Siga el corso. A mis nietecitos les canto Mañanita de sol: "Caballito campero, oigo tu galopar, más veloz que el pampero el gaucho que quiero está por llegar. Rayito'e sol, cielito azul, florida aurora, ave canora, eso sos vos. Noche sin luz, árbol sin flor, pájaro herido lejos del nido eso soy yo..."

Borges escribió en alguna parte que las letras de tango ofrecen a su manera una comedia humana, vale decir, una exploración de lo que somos, sentimos, queremos, hacemos, soñamos y, en síntesis, vivimos. El repertorio gardeliano nos presenta todo eso por medio de una voz privilegiada. Soy de los que piensan que Gardel cada día canta más.  Siempre le escucho algún nuevo matiz. A lo largo de más de sesenta años de frecuentarlo casi que cotidianamente, no me fatiga.

Bing Crosby habló del hombre que escucha a Gardel. Soy uno de esos. Me consuela lo que contaba Iván Amaya, nuestro compañero de trabajo en la Andi, acerca de que unos críticos musicales de mucho peso en Londres llegaron a la conclusión de que las tres grandes voces del siglo fueron las de Caruso, Björling y, asómbrense, Gardel, del que el extinguido sello Nimbus en su colección Prima Voce publicó dos discos compactos con selecciones de su biógrafo británico Simon Collier.


sábado, 20 de junio de 2020

Entre el hambre y la peste

Hace años, el entonces presidente Mitterrand se refirió a la confrontación de sus dos rivales de la derecha como una elección entre el hambre y la peste.

Estos dos flagelos azotaban a menudo a las sociedades tradicionales.

Las malas cosechas, la rudeza de las estaciones o las plagas eran causa de hambrunas, que en el siglo XX se vieron conjuradas por el progreso técnico y las políticas sociales. La centuria pasada las padeció en la Unión Soviética, la China de Mao, la Cuba finisecular y el África dominada por los comunistas, por lo que el Premio Nobel de Economía Amartya Sen consideró como déficits democráticos, pues a su juicio una democracia sana que le permite al pueblo expresarse y, llegado el caso, protestar, constituye el mejor antídoto contra la hambruna. Y los regímenes de esos países, aún llamándose democracias, no lo eran

Así puede leerse en su libro "Desarrollo  y Libertad":  https:///publication/320435545_Desarrollo_y_Libertad/link/5b5dd697a6fdccf0b2ff84bc/download

La peste azotaba con frecuencia a los pueblos hasta que los progresos de la higiene y las mejorías en la alimentación la fueron controlando. Entre nosotros, por ejemplo, el tifo, la viruela, la difteria y otras enfermedades hacían estragos periódicamente.

Ahora enfrentamos una situación que prácticamente no tiene precedentes, con la pandemia generada por el Coronavirus. La peste afecta por igual a sociedades pobres y ricas. Diríase, por las cifras, más a éstas que a aquéllas. Y como consecuencia suya, se ha producido una brutal caída en las economías que conlleva cierre de empresas, desempleo y muy probablemente hambre en muchísima gente. De ahí se seguirán explosiones sociales incontenibles que cambiarán radicalmente el espectro político. Como suele decirlo Fernando Londoño Hoyos, del Coronavirus y sus derivaciones en todos los ámbitos sólo sabemos que nada sabemos. Todo en ello es incierto y, desafortunadamente, ominoso. Y su enorme complejidad hace que no tengamos elementos de juicio suficientes para afrontarlo. Encerrar a la gente quizás la  preserve por algún tiempo de la peste, pero condenándola irrefragáblemente al hambre.

Ahí se pone de manifiesto que toda decisión política se encuadra dentro de circunstancias de suerte y azar.

Este inusitado agente de la naturaleza nos deja de entrada severas lecciones. 

La primera de ellas nos indica que debemos bajarnos de la nube que nos invitaba a pensar que la ciencia y la técnica nos garantizarían el control del mundo que nos rodea. Ya sabemos que sus posibilidades son limitadas, pero, de resultar ciertas algunas versiones sobre el origen del Coronavirus, también que de ellas pueden derivarse efectos letales para nuestra supervivencia.

Max Scheler nos legó una obra de rico contenido:"El Puesto del Hombre en el Cosmos". Dentro de la tradición judeo-cristiana, ese puesto es de preeminencia. Lo dice el Génesis: Dios coronó su creación con el hombre, al que hizo señor de la misma. Pero ciertas tendencias del pensamiento actual ofrecen otras conclusiones. El ser humano no solo es una criatura extraña en el conjunto de la naturaleza, diríase que un error en su evolución, sino, además, perjudicial. Los ecologistas lo consideran como el gran depredador. Una muestra de la concepción negativa sobre la especie humana se da con nitidez en la "Carta de la Tierra" que la ONU pretende imponer.(Vid. http://fundacionvalores.es/wp-content/uploads/ACF686FolletoInformativoCT.pdf).

Alain Renaut en "La Era del Individuo" ha hecho una contribución interesante a la historia de la subjetividad (vid. http://fundacionvalores.es/wp-content/uploads/ACF686FolletoInformativoCT.pdf). El pensamiento moral, jurídico y político en los últimos tiempos, siguiendo la línea trazada por los nominalistas medievales y luego por Descartes, Leibnitz, Kant y otros eminentes filósofos, es de raigambre decididamente individualista. La Ilustración nos legó la idea del individuo soberano. El "Cogito, ergo sum" cartesiano es el punto de partida de toda construcción intelectual en dichas áreas. La sociedad, según se proclama, se forma por la decisión libre e interesada de los individuos de buscar a través de ella  su mutua protección; las normatividades solo se justifican por la adhesión que voluntariamente les presten sus destinatarios; la libertad natural hace de cada individuo soberano de sus pensamientos, sus inclinaciones, su conducta, y solo cabe limitarla por su consentimiento, etc. Siguiendo un dogma clásico, la preeminencia metafísica del individuo se funda en su racionalidad. La razón lo hace dueño de sí y de su entorno.

Renaut observa que este dogma se ve afectado, en primer lugar, por el descubrimiento del subconsciente, y, en segundo lugar, por el hecho de la contingencia. 

El primero destruye la idea de que somos ante todo racionales. Los "maestros de la sospecha" (Marx, Nietszche, Freud), de que habla Paul Ricoeur, nos exhiben como juguetes de nuestros intereses, nuestros instintos, nuestras pasiones. 

El segundo nos derriba de nuestro trono, diluye nuestra soberbia. Es tema que trató de modo conspicuo el existencialismo. Pero uno y otro están presentes en el pensamiento judeo-cristiano. Basta con leer los libros sapienciales del Antiguo Testamento y las enseñanzas del Nuevo para que cobremos consciencia de nuestras debilidades, nuestra fragilidad, nuestra fugacidad. 

Kempis, en su "Imitación de Cristo", lo resume así:  "Los hombres somos como briznas de hierba en las manos de Dios".(Vid. http://www.tufecatolica.com/uploads/4/1/5/7/4157565/imitacin_de_cristo_-_t_de_kempis.pdf).

La idea de la autonomía moral, que a partir del individuo se ha extendido a las sociedades, considerándola como epítome de la emancipación que trae consigo el progreso, y es clave en el pensamiento de Castoriadis, conduce a pensar que por encima de aquél y de éstas no obra ley alguna que ordene sus determinaciones (vid. https://www.academia.edu/31106443/203547920-La-Institucion-Imaginaria-de-La-Sociedad.pdf). De ese modo, se erradican ideas venerables como la de Ley Divina y Ley Natural en las que confluyen el pensamiento judeo-cristiano y el de los estoicos. En los últimos siglos ha hecho carrera la tesis de que el ser humano se ordena a sí mismo,  sin necesidad de Dios y ni siquiera de la Naturaleza. Desafía a Uno y Otra.

La pandemia nos recuerda que hacemos parte del orden natural, así nuestra espiritualidad se proyecte hacia otro nivel superior. Nuestros cuerpos están sometidos a leyes naturales inexorables y a las acciones o reacciones del mundo sensible en el que estamos inmersos. Un virus, una bacteria, un organismo microscópico de cualquier índole, los convierte en cadáveres, carne dada a los gusanos.

Hay gente que se queja contra Dios por las enfermedades, los accidentes naturales, todo aquello que nos debilita y hace perder la vida; pero Él nos hizo así, individuos insertos en el orden natural. De ese modo entiende uno lo que le dijo la Sma. Virgen a Sta. Bernadette en Lourdes, palabra más palabra menos:"No te ofrezco la felicidad en esta vida mortal, pero sí en la otra". El orden sobrenatural obedece a otras legalidades, pero como el hombre actual lo niega, también las ignora a ellas.

Lo que sucede hoy nos hace pensar en ese tema crucial de la metafísica que distingue lo concerniente al ser eterno y al ser finito (Edith Stein), sobre el cual edifica Claude Tresmontant su admirable argumentación sobre la existencia de Dios: la materia no es el ser necesario, dado que es finita. Sólo Dios es necesario, pensamiento que enlaza con la célebre oración de Sta. Teresa de Ávila:"Sólo Dios basta". "Cómo se plantea hoy el problema de la existencia de Dios" es texto obligado para abordar esa cuestión fundamental 

La realidad de la pandemia, mirémosla como prueba, castigo o acontecimiento puramente natural, nos recuerda nuestra contingencia, nuestra fragilidad. Lo que nos hace fuertes es el espíritu que anida en cada uno de nosotros y vamos configurando con nuestras acciones. Si son buenas, haremos de él un ángel. Pero si son malas, construiremos un demonio. Como por obra del perverso relativismo moral hemos perdido la noción de la diferencia entre el bien y el mal, es hora de rescatarla. El bien es plenitud del ser; el mal, su frustración.








domingo, 14 de junio de 2020

Lecturas recomendadas

Les debo una explicación a los amables lectores de este blog. En los últimos meses he sufrido quebrantos de salud que no me permitían concentrarme para escribir algo que tuviese sentido. Pero en la semana pasada el Dr. Carlos Prada Winkler me practicó una cirugía de fémur y cadera cuyos resultados cada día voy encontrando más promisorios. Esta mañana le comentaba a un amigo que antes experimentaba dolores sin esperanzas de alivio; hoy sigo experimentando otros, pero confiado en que día a día mi salud irá mejorando hasta recuperar una calidad de vida satisfactoria para mi ya avanzada edad. Laus Deo. Aprovecho para darles gracias muy sinceras a todos cuantos se han interesado por mis dolencias. Sólo puedo decirles: Dios se los pague.

Retomo no ya la pluma, sino el teclado de mi computador, para recordar que a mis discípulos solía recomendarles encarecidamente dos lecturas: la de los Santos Evangelios y la de los Pensamientos de Pascal.

Ahora, yo mismo estoy siguiendo muy juiciosamente mi propio consejo.

En las clases de los lunes solía preguntarles por el Evangelio de la víspera. Muy pocos daban razón de él. Entonces, les decía: léanlos, aunque no sea por fe, sino por el inconmensurable valor literario que exhiben. Piensen, tan solo, que esos cuatro libros han fundado dos civilizaciones: la nuestra y la Bizantina. A Alfonso López Michelsen le preguntaron alguna vez por sus lecturas filosóficas y respondió, palabra más palabra menos:"Me limito a los Evangelios; ahí está todo". Bien decía Bergson, creo que en sus diálogos con el padre Pouget, que Cristo era más que un hombre, pues según él  solo  Dios o un hombre en que Él encarnara habría podido pronunciar el Sermón de la Montaña.

A menudo les citaba a Pascal. También les decía: léanlo, es mucho lo que les va a enseñar.

Lo traigo a colación porque tiene muy clara su concepción sobre la naturaleza caída del ser humano. No es ángel, ni bestia, pero sus inclinaciones lo llevan a añorar la altura luminosa de aquél y a hundirse en la oscuridad de la segunda. Y si en algún aspecto de la actividad humana  se da esa proclividad hacia la degradación es en la política.

No resisto a la tentación de transcribir este párrafo:

"Él (Dios) solo es el verdadero bien del hombre; y desde que lo ha perdido, es cosa extraña que no haya nada en la naturaleza que no haya sido puesto en su lugar: astros, cielo, tierra, elementos, plantas, coles, puerros, animales, insectos, becerros, serpientes, liebre, peste, guerra, hambre, vicios, adulterio, incesto. Y desde que ha perdido su verdadero bien, todo igualmente puede parecerle tal, hasta su propia destrucción, aunque tan contraria a Dios, a la razón y a la naturaleza juntamente" (Pascal, "Pensamientos", SARPE, Madrid, 1984, p. 129).

Es lo mismo que siglos después dijo Chesterton, otro al que hay que leer y releer constantemente: "El que ha dejado de creer en Dios está dispuesto a creer en cualquier cosa".

En otro lugar, que aquí me interesa poner de manifiesto, nos habla de los empeños de Platón y de Aristóteles de encontrar la racionalidad en la política:"Si han escrito de política, era como si trataran de arreglar un hospital de locos; y si han aparentado hablar de ello como de una gran cosa, es que sabían que los locos a quienes se dirigían pensaban ser reyes y emperadores. Tenían en cuenta sus principios para moderar su locura, lo menos mal que se podía hacer".(Id., p. 104). Más adelante agrega:"La potestad de los reyes está fundada sobre la razón y sobre la locura del pueblo, más bien sobre la locura" (Id.).

Los discursos de los políticos y de sus inspiradores o amanuenses, los juristas, invocan a menudo la razón y la ciencia, tal como acabo de leerlo en el mamotreto en que un zascandil al servicio del pintoresco Alcalde de Medellín pretende que la religión nada tiene qué ver con el derecho y que la promoción de  aspiraciones destructivas a cuyo servicio se quiere poner el presupuesto público, según acaba de denunciarlo lúcida y valerosamente mi gran amigo José Alvear Sanín en su artículo "Financiación pública de la agenda LGTBI", se funda exclusivamente en la razón, en supuestas razones consagradas en la Constitución y, en últimas, en la ciencia

¿Qué dice Pascal sobre la racionalidad de las Constituciones y en general de las construcciones jurídicas? Nada menos que es tan débil que el contenido del derecho cambia con solo cruzar un río o atravesar una montaña. No es una geometría o algo equivalente, como lo pensaba Hugo Grocio.

¿Qué nos enseña ese gran sabio sobre el edificio conceptual de las ciencias, él, que fue uno de los promotores de la ciencia moderna?

Pascal, lo mismo que otra alma luminosa, Goethe, desconfía de esas construcciones. A mis discípulos me gustaba recordarles estas sapientísimas palabras que, burlonamente, ponía en boca de Mefistófeles: "Gris, amigo, es toda teoría; verde, el árbol dorado de la vida". Pascal y Goethe, igual que Ortega, invitaban a ir a las cosas mismas, a explorar la realidad tal como ella se manifiesta. Descreían de las armazones conceptuales con que, reitero, principalmente los políticos, los juristas y los académicos, sobre quienes el primero se expresa del modo más despectivo, pretenden dizque dar razón sobre todo de los fenómenos sociales y, en general, de lo que recordando a Teilhard de Chardin, podemos llamar el "fenómeno humano", que es complejo a más no poder.

Las ideas de libertad, igualdad y dignidad que reinan hoy en el universo político-jurídico son deudoras, pese al zancandil de marras, de una concepción del hombre netamente religiosa, la que heredamos de la tradición judeo-cristiana y está claramente expuesta en el Evangelio de San Juan y las Epístolas de San Pablo. Todos esos valores eminentes anclan en la idea pascaliana de nuestra vocación angélica. Y no es posible entenderlos sin admitir que somos esencialmente seres sociales (animales políticos, decía Aristóteles) y, por ende, sin considerarlos dentro del contexto del bien común.

¿Es favorable al bien común la revolución sexual que con fundamento en los delirios de unos pervertidos se está imponiendo a troche y moche en la sociedad contemporánea, con ayuda de quienes sustentan concepciones de la moral y el derecho que desatienden la realidad de la naturaleza humana, tal como lo ha denunciado E. Michael Jones en un libro que he mencionado varias veces y no me canso de recomendar en este blog: "Libido Dominandi: Sexual Liberation & Political Control" (vid. https://www.pdf-archive.com/2017/05/22/e-michael-jones-libido-dominandi/)?

La agenda LGTBI es  política, a no dudarlo, y en ello tiene toda la razón mi amigo Alvear. So capa de altos valores humanísticos, coadyuva el propósito de desvincular sexualidad y reproducción, estimulando la primera para controlar a los seres humanos manipulando sus apetitos, al tiempo que se restringe la segunda, en aras del control del crecimiento de la población humana. Pero sus propósitos van mucho más allá: se quiere con ella erradicar la cultura judeo-cristiana y la destrucción de la familia, que es su principal aporte a la civilización humana. Baste con citar lo que acaba de manifestar la gente de Soros: la pandemia en curso ofrece la oportunidad de eliminar la familia.(Vid. https://www.opendemocracy.net/en/oureconomy/coronavirus-crisis-shows-its-time-abolish-family/?mkt_tok=eyJpIjoiWkRnNE16aGhORFJrWXpGbCIsInQiOiJ2V3BTZ1d2RXlTMGFxMTVNeGxIdHdoVDlkeDVTQ2FNK2pteWNXQkVrajh3QUJzbHA5VUZCOXQwM25iWFVQUlJ6RFFNMFZyT2hoNkV0QVptQzFEV3R1WWJPZFd0Wm80UGFxT2ZFWUhwd3VSY2ZKdU5LYlVHWjBORkpmWitHZmpYTSJ9).

¿Está de acuerdo el pueblo colombiano con ese propósito?









viernes, 10 de abril de 2020

Via Crucis, Via Lucis

La ubicua presencia del mal en todo tiempo y lugar, trátese del que procede de causas naturales o del imputable al interior del hombre, lleva a no pocos a dudar de la existencia de Dios o al menos ya de su bondad, ora de su omnipotencia. Pero de ese modo nos declaramos derrotados ante el mal y proclamamos su imperio. Es el triunfo del que el Evangelio llama el Príncipe de este Mundo.

Es indiscutible que el mal desafía nuestro entendimiento y somete a dura prueba todas nuestras convicciones. Estas, como lo observa Jean Guitton en un interesante libro, "El Absurdo y el Misterio"(http://libroesoterico.com/biblioteca/enigmas_conspiraciones/Guitton%20Jean%20-%20Lo%20Absurdo%20Y%20El%20Misterio.PDF), se mueven entre esos dos extremos. Para unos, que siguen la lógica mundana, son creencias absurdas, irracionales. Ya San Pablo alertaba sobre este extremo: lo que es locura para el mundo, es sabiduría ante Dios. Otros nos orientamos por medio de ellas para transitar por los vericuetos del misterio del mundo, una de cuyas facetas es precisamente la del mal.

No hay respuestas sencillas acerca de su naturaleza, su origen y su presencia en la vida humana, sobre todo cuando deja de ser una hipótesis y se convierte en realidad pura y dura: ¿Por qué a mí me suceden estas cosas y no a otros?

Leí hace poco el testimonio de un profesor de Harvard que se hizo católico después de trasegar por distintas experiencias espirituales, a partir del  judaísmo en que transcurrió su infancia. La cuestión que más lo agobiaba era precisamente la del mal que hace dudar de Dios. Resolvió sus incertidumbres con un sencillo razonamiento: ¿Acaso soy juez de Dios?

La fe, esa iluminación que muestra otros caminos y llama a seguirlos aun a costa de nuestra aparente racionalidad, obró en su caso, al igual que en muchos otros. Nuestro entendimiento no alcanza a captar el sentido de la Providencia Divina. 

Marshall McLuhan, el célebre teórico de las comunicaciones, a quien se debe la expresión "aldea global" para referirse a nuestro mundo actualmente interconectado, dijo después de su conversión al catolicismo que "a la Iglesia se entra de rodillas". Para adaptarse a ella hay que sacrificar nuestro orgullo intelectual, nuestras dudas persistentes, nuestra tendencia a explicarlo todo.

¿Qué mayor misterio que el de nuestra redención que hoy celebramos? Y, ¿cómo podemos negarla? Los que hemos bordeado abismos tenebrosos sabemos que solo por el misterio de la gracia de Dios no nos hundimos en ellos, destruyendo nuestras vidas y las de nuestros seres queridos.

Otros han tenido que sufrir tremendas pruebas para corregir el rumbo de sus vidas y vislumbrar que tras la oscuridad que las ha circundado podían surgir luces de esperanza con anuncios promisorios de la presencia liberadora del bien. 

El mal existe y hace de las suyas. ¿Cómo negarlo? Pero el bien obra en nuestras vidas de muchas maneras, a menudo las más inesperadas, tanto que nos atrevemos a considerarlas milagrosas. 

La ceremonia que hoy presidió el Santo Padre nos ofreció múltiples muestras del mal, a través de testimonios a cual más descarnado. Pero a esa Via Crucis se le presentó como contraste la Via Lucis del arrepentimiento, del perdón, de la posibilidad de levantarse después de las más aparatosas caídas, de la conversión que hace de un demonio un ángel.

No nos dejemos vencer por las insidias del Maligno. En un mundo de tinieblas, brillan luces de bondad que alientan nuestro combate espiritual, el que libramos a diario para ser mejores y no sucumbir ante las tentaciones que nos asedian. A este Viernes de Dolor le seguirá un triunfal Domingo de Resurrección.

A propósito de ello, acabo de releer con gran provecho la novela de Tolstoi que titula precisamente "Resurrección". Me impactó profundamente hace más de medio siglo, cuando la conocí a través de una preciosa película rusa. Hoy la he entendido a cabalidad. Todos estamos llamados a resucitar a partir de la experiencia de Cristo resucitado.

jueves, 5 de marzo de 2020

El valor de la vida humana

Circula por las redes sociales un trino de la nueva directora del ICBF, Lina María Arbeláez, en el que que critica a alguien por afirmar que "el feto es un ser humano con ideales", que "el aborto es violencia" y que "el aborto es un negocio" (vid. https://www.google.com/search?sa=X&sxsrf=ALeKk00ZhtppVsEUQpwO8zqFcWNrpp7pXg:1583445753729&q=Twitter+de+Luc%C3%ADa+Arbel%C3%A1ez+sobre+el+feto&tbm=isch&source=univ&ved=2ahUKEwiv9a-Nq4ToAhVSiOAKHbamCV8QsAR6BAgKEAE&biw=1038&bih=468#imgrc=tQDuGGrR74zfRM).

Ello indica que la funcionaria encargada del bienestar familiar es una abortista que niega que el producto de la concepción sea un ser humano digno de protección.

Ignora, como muchas otras acérrimas feministas, el dictamen de la ciencia, que ha llegado a la conclusión de que desde el momento de la fusión del óvulo femenino con el espermatozoide masculino se genera un nuevo ser que evidentemente es humano, pues dispone de su propio ADN y desde el momento de su implantación en en el útero materno actúa de diversas maneras sobre el cuerpo de la madre, poniéndolo por así decirlo a su disposición. En su conferencia Genes y Vida Humana que puede leerse a través del siguiente enlace, explica con totales claridad y sencillez cómo se produce la fusión del espermatozoide con el óvulo y que se deriva de ahí (vid. https://laverdadysololaverdad.wordpress.com/2013/07/08/genes-y-vida-humana-dr-jerome-lejeune/).

En esa célula primigenia está toda la información que el padre y la madre transmiten y que da lugar al desarrollo del individuo humano. Es otro ser con sus características propias, entre ellas su propio tipo de sangre, que va creciendo y formándose a lo largo del embarazo. Lo que la madre lleva adentro no es un aglomerado de células, algo así como una tumoración, sino un hijo que poco a poco va manifestando las características que dicta el ADN que posee desde el inicio.

Es verdad que todavía no se lo puede catalogar como un sujeto dotado de autonomía racional, ni goza del poder de moverse libremente. Pero tampoco los recién nacidos ni los infantes tienen esos atributos. Solo con el tiempo van adquiriendo el atributo que los filósofos consideran propios de la persona moral, así como la posibilidad de procurarse su propio alimento y buscar sus propios fines.

La sabiduría de Aristóteles postuló que cada ente debe de ser considerado en acto y en potencia. El embrión y luego el feto son seres humanos en acto con la potencialidad de llegar a ser individuos a carta cabal.

Si son seres humanos, mal puede tratárselos como si fuesen cosas susceptibles de comerciarse o destruirse. Kant, que es el maestro que los defensores de los derechos humanos suelen invocar en sustento de sus opiniones, decía que las cosas tienen precio, mientras que el individuo humano ostenta dignidad. No se lo puede tratar como una cosa. Y esa dignidad es en últimas algo sagrado. Gústeles o no a sus seguidores racionalistas, ahí está presente el núcleo fundamental del mensaje cristiano sobre el valor de la vida humana.

El ateísmo que predomina hoy en los círculos dominantes de nuestro país niega que el ser en gestación esté dotado de alma. Incluso la niega en el recién nacido y, desde luego, en el individuo ya formado, hecho y derecho. Muchos adhieren al crudo dictado del filósofo Searle: "Somos apenas bestias biológicas". Dictado que repite lo que enseñaba Ralph Linton en "El Estudio del Hombre", a cuyo tenor "El hombre no es un ángel caído, sino un mono erguido".

Si eso somos y nada más, ¿en qué reside el valor del ser en gestación, del recién nacido, del infante, del adolescente, del joven, del adulto, del anciano?

Los kantianos dicen que ese valor deriva de la posibilidad de proseguir racionalmente los propios fines. Pero esto abre mil discusiones acerca de cuán racionales y libres somos los seres humanos, aún los que creemos haber alcanzado la madurez.

Un famoso profesor de Ética, Peter Singer, predica que como los niños no gozan todavía del cabal uso de razón, con los mismos argumentos justificativos del aborto bien podrían ser sacrificados.

El asunto no versa entonces sobre si el embrión y el feto son seres humanos, pues evidentemente lo son de acuerdo con los descubrimientos del profesor Lejeune, sino sobre su valor. 

Es bien sabido que muchas tendencias ideológicas e incluso muchas actitudes prácticas consideran que no todos los seres humanos gozan del mismo valor, es decir, de igual dignidad. El Raskolnikov de "Crimen y Castigo" justifica el asesinato de la usurera porque a su juicio es una cucaracha. La tiranía que reina en Cuba oprime a los disidentes porque los considera unos gusanos. La esclavitud de indios y negros se justificó durante siglos porque se negaba que tuvieran alma o de algún modo se los consideraba inferiores, concepto que tenía nada menos que Voltaire, quien se enriqueció invirtiendo en compañías negreras. Los bolcheviques persiguieron con saña implacable a nobles, burgueses, pequeño burgueses, porque la humanidad respetable para ellos era solamente la del proletario. Hitler provocó el holocausto judío sobre la base de reducir a los hijos de Israel a la condición de raza inferior, en lo que coincidía, bueno es recordarlo, con Voltaire. Las Farc y el ELN han dado las peores muestras de bestialidad porque para ellos quienes no coincidieran con sus proyectos totalitarios y liberticidas eran algo así como "res derelictae", cosas abandonadas y sin valor.

El respeto por la dignidad de todo ser humano, desde el momento de la concepción, es principio fundamental del ordenamiento jurídico panamericano, tal como lo destaca el artículo 4-1 del Pacto de San José:

"Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente." (https://www.hchr.org.co/documentoseinformes/documentos/html/pactos/conv_americana_derechos_humanos.html)).

Este principio es para no pocos un mera convención, algo aceptado para ciertos efectos prácticos e incluso para halagar la buena conciencia, pero que es susceptible de diversas excepciones o modulaciones que a fuerza de ampliarse terminan derogándolo. Negar la humanidad del ser en gestación y por ende su dignidad despeja la vía para otras negaciones, como viene sucediendo con quienes sufren enfermedades terminales o discapacidades inhabilitantes.

No, el valor de la vida humana no reposa sobre  una convención. Es, ni más ni menos, un presupuesto de la civilización y, más todavía, un dato antropológico fundamental postulado por las tradiciones espirituales más elevadas y en especial por el cristianismo.

En "El Cero y el Infinito", Arthur Koestler plantea una sugestiva ecuación. Para los demás, la vida del individuo aislado puede valer cero, en la medida que se interponga en sus propósitos de toda índole; mas, para ese individuo, ese valor es infinito, lo es todo, pues sin ella carece de derechos e incluso de la existencia misma. Es una obra maestra que pone al descubierto la sinrazón de todo sistema político que niega el valor supremo del individuo humano. (Vid. https://omegalfa.es/titulos.php?letra=e).

En el capítulo 8 de mis "Lecciones de Teoría Constitucional", relativo al humanismo constitucional, pongo como epígrafe una perentoria frase de Karl Jaspers: "Los derechos humanos son el presupuesto de una política humana, no bestial".

Pues bien, lo que hizo Profamilia con el no nacido Juan Sebastián Medina es ni más ni menos una bestialidad que, al parecer, cuenta con el apoyo de la nueva directora del ICBF y del abortista fiscal Barbosa, así como de los perversos magistrados de la Corte Constitucional.

Vuelvo sobre el ateísmo expreso o tácito que prevalece entre nuestros dirigentes. Es claro que para ellos no rige la Ley de Dios, que a lo largo de siglos sirvió de fundamento de los ordenamientos jurídicos civilizados. Ignorándola, la ultima ratio del Derecho será el arbitrio de los famosos órganos de cierre, es decir, los nueve dictadores que integran la Corte Constitucional, que piensan como Iván Karamazov: "Si Dios no existe, todo es posible". Lo que les venga en gana es Derecho, y punto.

jueves, 27 de febrero de 2020

La erosión de la autoridad

Uno de los aspectos más inquietantes de la actualidad política colombiana es el desquiciamiento del Estado de Derecho, que deriva en el de la autoridad.

Se supone que el Estado de Derecho debe regir en todo el territorio, sobre todas las personas que lo habitan y, especialmente, debe suministrar la normatividad de la organización y el funcionamiento de los poderes públicos, de suerte que quienes los detenten y ejerzan actúen dentro de las competencias y conforme a los procedimientos que las normas superiores determinen.

Desafortunadamente, lo que se observa es que a menudo hay autoridades que no ejercen íntegramente los poderes que les corresponden, mientras que otras los exceden e incurren en abusos que de hecho afectan la coordinación y la buena marcha del aparato estatal.

Hay dos casos que ameritan especial consideración, relacionados con el manejo del orden público y las relaciones internacionales.

La Constitución Política es clara en cuanto a los poderes que le conciernen al presidente acerca de la conservación del orden público en todo el territorio nacional y su restauración cuando fuere turbado. Si bien los gobernadores y alcaldes son jefes de las respectiva administraciones departamentales y municipales, en lo tocante con el orden público son agentes del presidente y deben obrar siguiendo sus instrucciones y órdenes.

Pues bien, es una verdad de a puño que el orden público se halla en estado de turbación prácticamente en todo el país. Hay vastas porciones del territorio en las que el poder efectivo lo ejercen bandas criminales de distinto jaez, las cuales perpetran masacres, asesinatos de líderes sociales, desplazamiento de poblaciones, opresión de comunidades, etc., todo ello en función del narcotráfico, la minería ilegal y otras actividades contrarias al orden jurídico. Y la gente se pregunta: ¿en dónde están las autoridades encargadas de corregir estas situaciones anómalas?

El desorden del sector rural se advierte también en el urbano. Es endémico el que suscitan las bandas, pandillas o combos que se han apoderado de barrios enteros en distintas ciudades, ante la impotencia y quizás la complicidad de los responsables del orden público.

Todo eso es de enorme gravedad, pero lo que más alarma y molestia ha suscitado en la capital y otras ciudades es la seguidilla de marchas promovidas por cierto sector político, en asocio con Fecode y otras organizaciones sindicales del sector público y grupos estudiantiles, que so capa de los derechos de reunión, manifestación y protesta hacen periódicamente invivibles los núcleos urbanos.

Por ejemplo, yo tenía que asistir a las 8 p.m. a una cita médica en la EPS a que estoy afiliado. No pude llegar, porque la policía me impidió el paso y ordenó que me desviara, porque en el sector los vándalos estaban haciendo de las suyas. Mi derecho a acceder oportuna y eficazmente a los servicios de salud tuvo que ceder ante el que por la fuerza de las piedras, los explosivos y en general la violencia física estaban esgrimiendo los promotores de un movimiento a todas luces subversivo que quieren obligar al presidente a negociar más de un centenar de  pedidos, como si ese fuera un ejercicio regular del derecho de petición.

Es lo que en otros escritos he denominado la democracia tumultuaria, que sustituye el diálogo civilizado por la violencia irracional y desmedida.

Pues bien, el gobierno nacional, en lugar de tomar decididamente cartas en el asunto, resolvió delegar en los alcaldes el manejo de estas situaciones. Y el de Medellín, muy orondo, se hizo el de la vista gorda con una de esas marchas, aduciendo que no era contra él, sino contra el presidente Duque. Esa marcha que él alimentó con puestos de abastecimiento de líquidos y animó con un espectáculo musical, derivó en agresiones contra establecimientos bancarios y hoteleros. Su compromiso con el orden público no es pues muy claro. Por supuesto que ante otros desmanes tuvo que cambiar de opinión, para controlar los explosivos en los campus universitarios.

¿Está dispuesta la alcalde de Bogotá a cumplir las instrucciones y órdenes del presidente respecto del orden público en la capital, cuando, según dice la prensa, se muestra hostil o por lo menos reticente sobre la acción del ESMAD y crea un equipo de control del mismo? ¿Está dispuesto el gobernador de Nariño a obedecerle al presidente, cuando anuncia agresivamente que se opondrá al uso del glifosfato para la erradicación de cultivos de coca?

En lo tocante a las relaciones internacionales, la Constitución es igualmente nítida cuando le asigna al presidente la función de dirigir las relaciones internacionales.

No obstante ello, se habla de que el gobernador del Magdalena y el alcalde de Santa Marta, así como probablemente los alcaldes de Bogotá y Medellín,  pretenden celebrar con un gobierno enemigo, el cubano, convenios de cooperación en materias de salud, educación,  deportes, etc. , que en parte alguna gozarían de respaldo constitucional y legal. Bien se sabe que la cooperación de los cubanos tiene un signo peligrosamente político y hasta subversivo. Pero, ¿dónde está el gobierno central dispuesto a poner en cintura a esos díscolos funcionarios que invaden con desparpajo sus competencias constitucionales, cuando no ha sido capaz de romper relaciones con régimen que abiertamente protege a los criminales del ELN?

El presidente se declara provida, pero dice respetar la atroz y antijurídica doctrina de la Corte Constitucional sobre el aborto. ¿Es digna de respeto una corporación que descaradamente ha dejado de ser guardiana de la integridad y la supremacía de la Constitución, para asumir de hecho poderes dictatoriales que hacen de ella un cuerpo supralegistativo y hasta supraconstituyente?

Las encuestas que acaban de publicarse reiteran la baja calificación del presidente en la opinión pública. No podía ser de otra manera, pues la gente está hastiada del desgobierno y los abusos que en nombre del derecho se están cometiendo.

lunes, 24 de febrero de 2020

Gobierno sin Partido, Partido sin Gobierno

Iván Duque fue elegido senador por el Centro Democrático. Fue postulado a la presidencia por dicho partido y la obtuvo en virtud de una coalición de fuerzas políticas lideradas por el mismo. Sin embargo, desde su posesión el 7 de agosto de 2018 hasta ahora ha guardado claras e inquietantes distancias con el  partido del que, dada su posición, es jefe natural. Es indiscutible que no ha ejercido un gobierno de partido y que la influencia de este en el poder ejecutivo nacional es bastante limitada.

Como el Centro Democrático no controla el Congreso, es lógico que el presidente Duque trate de asegurar su precaria gobernabilidad acudiendo a la colaboración de otras fuerzas políticas. Pero no es eso lo que en rigor ha hecho, pues buena parte de sus colaboradores dicen ser técnicos independientes, ora sin partido, bien de un supuesto partido de Duque que parece no identificarse con el Centro Democrático.

Esas disparidades entre la composición del equipo gubernamental y el CD explican en buena medida el deplorable resultado que este obtuvo en las pasadas elecciones. Basta con mirar lo que sucedió en Antioquia, a cuyos votos, catapultados por el CD, le debe Duque la presidencia. ¿Por qué, entonces, se perdieron la gobernación del departamento y la alcaldía de Medellín? Los votos que en sana lógica deberían haber favorecido al partido de gobierno, se deslizaron hacia una coalición liderada por los liberales, en el caso de la gobernación, o un supuesto candidato independiente, en el de la alcaldía. Y digo supuesto, porque en realidad es ficha del senador liberal Iván Darío Agudelo Zapata y quizás de sectores allegados al senador Gustavo Petro.

Es lo cierto que el CD resultó severamente averiado en el proceso electoral, lo cual parece estar dando lugar a fracturas internas de las que da cuenta la información que hace poco vi en un noticiero de televisión. Se habla de cuatro tendencias, dos de ellas poco favorables al presidente Duque, una alineada con él y otra de posibles tránsfugas que están a la espera de una normatividad que les permita liar sus bártulos hacia otras toldas.

De ser así las cosas, el debilitamiento del CD, que coincide con el de la imagen del hoy senador Álvaro Uribe Vélez, suscita serios interrogantes acerca del porvenir de nuestra política.

Sin negar los aspectos positivos de la actual gestión gubernamental en diversos frentes, por obra de las circunstancias, ya cerca de la mitad del período todo da a entender que no está dejando huella en la opinión pública, lo cual quiere decir que no la orienta y de hecho la está dejando al garete, a merced de unos medios que Santos dejó bastante pervertidos con su mermelada o están alineados con las consignas del mamertismo.

Hay ciertas tendencias en el manejo de la opinión que resultan bien inquietantes. Unas de ellas tocan con la revolución cultural que está en marcha y pretende imponer el aborto sin cortapisas, así como llevar al extremo la agenda lgtbi en la educación, la ordenación de la familia y en general la vida social. Si nos descuidamos, en el próximo periodo presidencial nos tocará presenciar las aberraciones que hoy se están imponiendo, por ejemplo, en España. Otras tendencias pretenden reproducir con el ELN el pésimo acuerdo que se hizo con las Farc y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. ¿Y qué decir de asuntos litigiosos como el empleo del glifosfato para erradicar cultivos ilícitos o la puesta en práctica del fracking para aumentar la extracción de petróleo? Están, además, los que aspiran a vincularnos con los regímenes que siguen las orientaciones del fatídico Foro de San Pablo y alejarnos de la influencia norteamericana.

El CD ha sido un dique de contención de todas esas discutibles tendencias. Su debilitamiento las fortalece. Y el actual gobierno, salvo en el tema de las relaciones con el régimen de Maduro, no parece tener suficiente voluntad para encararlas. En algunos casos, da la impresión de estar dando largas. En otros, como el del aborto, se lava las manos, según lo denuncia mi apreciado amigo José Alvear Sanín en su más reciente escrito (vid. http://www.periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/25368-lavada-de-manos?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Portada-PeridicoDebate-PeridicoDebate+%28Portada+-+Peri%C3%B3dico+Debate%29).

Hay quienes piensan que ya estamos bajo el gobierno de transición que quieren las Farc y que en el próximo debate presidencial los dos candidatos que pasarán a segunda vuelta estarán alineados con las tendencias de izquierda. Eso podría suceder si los partidarios de la democracia liberal no nos vamos poniendo de acuerdo desde ya para integrar una sólida coalición que enderece el rumbo que se ha detenido y hasta desviado bajo el actual gobierno.