miércoles, 30 de noviembre de 2022

Mesianismo apocalíptico

Conviene recordar a Bismarck: "La política es el arte de lo posible".

De ahí se sigue que su punto de partida es una comprensión adecuada de la realidad social sobre la que se pretende actuar, lo que implica observar con realismo tanto sus aspectos positivos o fortalezas, como los negativos o deficiencias. Con base en ello, una sana política procura realizar lo que el distinguido profesor argentino Mario Justo López destaca como una faceta arquitectónica que se aplica a edificar un orden social equilibrado que haga posible la realización de un bien común que redunde en lo que Aristóteles concebía como una vida buena para los integrantes de la comunidad. El desiderátum de ese orden es la justicia, que de acuerdo con San Agustín  es lo que distingue un gobierno de unos maleantes (vid. https://www.academia.edu/40100551/Manual_de_Derecho_Politico_Mario_Justo_Lopez).

Estos dos aspectos, los hechos sociales y sus posibilidades de mejoramiento con miras a acercarse a la realización de la justicia, no siempre se consideran con el rigor que se requiere, vale decir, con los pies bien puestos sobre la tierra y la vista centrada en horizontes razonables. Muy a menudo se peca por desconocimiento de los datos de dicha realidad, ora por cortedad de miras o  por ubicarlas muy lejos de sus posibilidades. Peor aún, en la política menudean las que Freud llamaba ideas delirantes, esta vez preñadas de componentes utópicos, que pierden casi del todo el contacto con la realidad.

Hace años dicté en la Facultad de Derecho de la UPB un curso de Introducción a la Política que comprendía un capítulo que se me quedó sin escribir y apenas lo dejé en unos  pergeños, atinente a la patología política. Uno de sus temas concierne precisamente con esas ideas delirantes, así como con quienes las formulan, las adoptan, las apoyan y tratan de ponerlas en práctica.  Sus mentores y ejecutores pueden considerarse como líderes o dirigentes tóxicos, respecto de los cuáles se han hecho cuidadosos e interesantes estudios de psicología política que hace algún tiempo mencioné en este blog. Vid. Pianoforte: ¿Locos al volante? (javalmejia.blogspot.com).

Acabo de leer la última versión de la excelente biografía de Hitler escrita por Ian Kershaw, gran especialista en el tema (vid. https://www.amazon.com/-/es/Ian-Kershaw/dp/8499428045). Me ha suscitado no pocas inquietudes porque no dejo de ver peligrosas analogías con el talante de quienes hoy por hoy nos gobiernan.

En ellos encuentro. por una parte, rasgos mesiánicos; por otra, ciertas visiones apocalípticas asociadas a aquéllos.

Ha dicho, por ejemplo, la titular de la cartera de Minas y Energía que este gobierno aspira a salvar a la humanidad. Es un tema recurrente: en la campaña que lo condujo al triunfo el hoy presidente insistió reiteradamente en que hay que ponerle coto a la actividad extractiva, sobre todo de petróleo, gas y carbón, porque  ella es causante del cambio climático que acarreará a la postre la destrucción de la vida sobre el planeta que habitamos. Hace unos días extendió ese concepto apocalíptico a la ganadería, acusándola de destruir los suelos que podrían producir los alimentos que se requieren para saciar el hambre de la población mundial.

Esa visión apocalíptica no la funda en textos sagrados, sino dizque en asertos científicos. Pero éstos no dejan de estar expuestos a la crítica. No parece sensato centrar la política del país en unas hipótesis todavía no validadas por la experiencia. Muchísimo menos lo es cargar sobre nuestros hombros la gravosísima empresa de salvar a la humanidad de su eventual extinción.

Hacia ello apunta la consigna de hacer de Colombia una potencia mundial de la vida, lo que no deja de prestarse a burlas cuando se piensa en la elevada tasa de homicidios que registra nuestro país o en el desdén por la vida que implican la promoción del aborto y la eutanasia, así como los proyectos de legalización de las drogas.

Traigo de nuevo a cuento los resultados de la investigación que llevó a cabo el periodista argentino Nicolás Morás acerca de los nexos de nuestro actual mandatario con la elite globalista que pretende instaurar un Nuevo Orden Mundial (NOM). Acerca de ello escribí un artículo hace algunas semanas. Vid. Pianoforte: Tras bambalinas (javalmejia.blogspot.com)

Estas políticas no proceden de inquietudes y demandas que se experimentan en el seno de nuestras comunidades, sino de dictados de agentes externos que pretenden imponerse sobre nuestra soberanía. Fiel a los mismos, nuestros gobernantes se proponen hacer de Colombia un laboratorio  para poner a prueba sus delirios.



jueves, 24 de noviembre de 2022

Palabras de Agradecimiento para con el Concejo de Medellín

 Agradezco de todo corazón el homenaje que ha decidido ofrecerme el Honorable Concejo de Medellín al otorgarme la distinción Juan del Corral en el grado oro. 

Debo confesar que mi primera reacción al enterarme de ello fue de sorpresa, pues no creo merecer tan honroso reconocimiento. Vino a mi memoria lo que les dijo el entonces cardenal Albino Luciani a sus colegas del colegio cardenalicio cuando lo eligieron papa y adoptó el nombre de Juan Pablo I: “Que Dios los perdone por lo que acaban de hacer”. 

Ya próximo a cumplir ochenta años y viendo de cerca lo que con donosura llamaba Julián Marías el horizonte de las ultimidades, mi mente se ocupa ante todo de mi tránsito a la vida eterna, para lo cual hago a menudo un intenso examen de conciencia con la subsiguiente contrición de corazón, con miras a prepararme para mi comparecencia ante el Creador, de quien espero, más que la severidad de su justicia, la comprensión de su infinita misericordia.  

Mi juicio sobre mí mismo no es tan amable como el de quienes tan generosamente han querido hacer este desmesurado reconocimiento a una vida que a la postre poco exhibe de sobresaliente, pues hay en ella luces y sombras, ascensos y caídas, aciertos y fracasos, como ocurre con el común de los mortales.

 Bien veo que la imagen que proyecto ante mis conciudadanos bastante difiere de la que albergo en mi interior y creo que es la real con que he de presentarme ante el Supremo Juez. Pero no puedo mostrarme reticente respecto de la espontánea manifestación de simpatía que conlleva.

 ¿Por qué rehusar estos gestos amigables que ofrecen el consuelo y la alegría de ser bien queridos? 

Hay una preciosa película de Anthony Hopkins que lleva por título, si mal no recuerdo, “Lo que queda del día”. Su tema de fondo es una sincera reflexión sobre lo que a la postre resume una vida y le confiere valor. Pues bien, como lo dijo San Agustín, seremos juzgados en el amor. Si lo hemos suscitado en nuestros semejantes, la misión que se nos encomendó estará cumplida.

 La simpatía que entraña esta condecoración es obra de ese amor que no sólo justifica un periplo vital, sino que pone de manifiesto la realidad misma del espíritu y nos acerca a Dios. 

Recuerdo un pasaje de “Los Hermanos Karamazov” que leí en mi ya lejana juventud y me impresionó profundamente. Es aquel pasaje en que el staretz Xocima resuelve las dudas que le planteó una dama que estaba muy confundida acerca de su fe. Cito de memoria lo que el santo le dijo: “Ame, ame profundamente, ame hasta el exceso; no le que quedará duda entonces de la existencia de Dios”. 

Lo que soy y ahora se exalta en esta austera ceremonia es obra de la gracia de Dios, que ha actuado en mi vida a través de seres queridos: mis padres; mi finada esposa, que creyó en mí y me enderezó con su amor, sus oraciones, su bondad, su generosidad, su fidelidad y su abnegación; mis hijos y mis adorados nietecitos cuya inocencia angelical ha renovado en mí el gusto por la vida; en fin, tantas personas amigas, algunas de las cuales muy cercanas a mis afectos me acompañan aquí, que han hecho placentera mi existencia en medio de las vicisitudes que me han agobiado. 

 A ustedes, honorables concejales, y a todos los que me han prestado auxilio en este proceloso tránsito por la vida, mil y mil gracias por el homenaje que hoy recibo con humildad, pero profundo reconocimiento. 

Que Dios los bendiga a todos

jueves, 17 de noviembre de 2022

Creer o no creer, tal es la cuestión

La pandemia motivó a Alonso Palacios Botero, distinguido integrante de la Academia Antioqueña de Historia, a resumir y comentar el libro de Peter Watson "La edad de la nada: El mundo después de la muerte de Dios". 

Alvear Editor publicó tan arduo como meritorio trabajo bajo el título de "Dubitaciones: Ciencia, Religión y Cultura. Historia de las creencias que moldean las culturas y los valores del Siglo XXI".

Todo ello gira en torno de la famosa declaración de Nietszche acerca de la muerte de Dios, que registra la difusión del ateísmo en la cultura occidental.

Es bien sabido que el pensamiento medieval giraba en torno de la idea de Dios y específicamente la acuñada por la tradición judeocristiana. Pero la idea fue sufriendo distintas vicisitudes a lo largo del pensamiento moderno hasta que la increencia, bien sea bajo la forma explícita del ateísmo o la disimulada del agnosticismo, se convirtió en un lugar común en los medios académicos, en la intelectualidad, entre los científicos y, a partir de ahí, en el pueblo llano.

El caballito de batalla de los enemigos de Dios reside en los avances de las ciencias naturales, que elaboran sus hipótesis explicativas prescindiendo de la idea de un creador y conservador del universo. Se cuenta que Napoleón, después de escuchar las explicaciones del famoso astrónomo Laplace sobre el cosmos, le preguntó sobre el papel de Dios en su sistema, a lo que el interrogado respondió que la de Dios era una hipótesis innecesaria.

Así las cosas, la concepción del mundo, al prescindir de la idea de un Dios trascendente, ha devenido en la inmanencia. Al tenor de ello, se ha impuesto en muchos ámbitos la creencia según la cual la única realidad es la de un cosmos que se autorregula y obedece a su propio dinamismo.

La idea exhibe distintas derivaciones. Una de ellas, quizás la más significativa, es el materialismo, del que se desprende el cientificismo que predica que sólo son admisibles las afirmaciones que puedan sustentarse mediante los procedimientos validados por las ciencias positivas. Todas las demás serían conjeturas gratuitas desprovistas de sentido. 

Ese materialismo se inclinaba en un principio por un estricto determinismo causal. La tarea científica se aplicaría precisamente a establecer las relaciones de causa y efecto en los fenómenos naturales, privilegiando la causa material y la causa eficiente de que hablaba Aristóteles y prescindiendo de las que el Estagirita consideraba como causas formales y finales. 

La Física, la Quimica y la Astronomía quizás se acoplaban a ese estrecho modo de ver las cosas. No así la Biología, la Psicología y en general las ciencias humanas, para las que la idea de un universo ciego, ajeno a todo propósito, movido exclusivamente por fuerzas observables, cuantificables y controlables por medio de la tecnología resultaba insuficiente. Considerar que el hombre con todas sus manifestaciones es resultado aleatorio de la acción de esas fuerzas implica privarlo de lo que resulta  primordial para su existencia, esto es, el sentido que le confiere racionalidad y le permite superar el absurdo. Es tema de fondo de las reflexiones de Viktor Frankl. Vid. Libros de Viktor Frankl | descarga gratis en pdf, epub, mobi. (libronube.com).

A partir de la escisión cartesiana que separa tajantemente la cosa pensante y la extensa, se ha dado una evolución conceptual que considera que el hombre no es naturaleza, sino cultura o, como dijo Ortega, historia. En lugar de verlo como un cuerpo natural animado o habitado por un alma espiritual, se lo piensa en términos de un dualismo de naturaleza y cultura, siendo ésta su nota definitoria. 

Esta idea es central en el pensamiento de Kant, quien para superar el determinismo universal que fluye de la física newtoniana y salvar la idea de libertad, plantea que una cosa son los condicionamientos naturales del cuerpo y otra muy distinta el ámbito de la conciencia, regida ésta por un ordenamiento moral fundado en la razón y aceptado de modo autónomo por cada individuo. Los devotos del filósofo de Könisberg se solazan exaltando la idea de libertad que predica, sujeta tan sólo a la racionalidad de una ley moral que prescribe para la valoración del comportamiento humano un absoluto desinterés.

La consideración de este dualismo va evolucionando hasta llegar al planteamiento sartreano del Ser y la Nada. Todo el mundo natural está determinado por leyes que constituyen su esencia. El hombre, en cambio, la construye con sus actos. En él, la existencia precede a la esencia. Y esa existencia vacía es precisamente la nada, pura forma sin contenido. Éste se configura mediante una libertad que no admite un ordenamiento superior que de cualquier modo lo constriña ni le fije finalidad alguna. 

A partir de éstas y otras premisas, el pensamiento dominante hoy en día no sólo niega que el fenómeno humano, tanto en su individualidad como en su vida de relación social, esté limitado por un orden natural y muchísimo menos divino. 

De la idea de la autonomía de cada individuo se ha pasado a la de las sociedades, respecto de las cuáles se niega que haya paradigmas superiores que ordenen su estructura y su funcionamiento. Es la voluntad de los detentadores del poder lo que las rige. Y esa voluntad ya no se considera inspirada por una razón esclarecida, como lo creían los clásicos, sino por  ideologías a las que se presta una adhesión ciega.

Así se ve en el caso de la ideología de género, que niega los aspectos naturales de la sexualidad, comenzando por la diferenciación que para efectos reproductivos establece la biología entre varones y hembras, para centrarse tan sólo en el placer que las pulsiones apetecen. El deseo se ha convertido en el amo y señor de la humanidad. Todos los derechos giran en torno suyo.

Heidegger, que en su juventud abjuró de lo que llamaba el sistema del catolicismo, viendo en su madurez los efectos desastrosos del nihilismo contemporáneo, que descree de todo valor supremo llamado a orientar la vida de individuos y comunidades, exclamó no sin trasuntar cierta angustia: "Sólo un Dios puede salvarnos". Pero no se atrevió a dar el salto de la concepción inmanente del cosmos a la trascendencia divina. 

Admitir la realidad de Dios implica, como lo hace Claude Tresmontant en "Cómo se plantea hoy la existencia de Dios", la admisión de un dualismo que diferencia el ser necesario y el contingente. Tresmontant demuestra con base en las leyes de la termodinámica que el mundo material no es el ser necesario, pues tuvo origen en el Big Bang y desaparecerá tarde o temprano en razón de la entropía. El ser necesario es, en consecuencia, de carácter espiritual y se impone sobre el contingente.

Ciertas tendencias del pensamiento científico contemporáneo le dan cabida al mundo espiritual. "The End of  Materialism",  de Charles D. Tart, ofrece argumentos muy sugestivos para demostrar que la mente no es, como creen los materialistas,  un fenómeno cerebral, pues de distintas maneras sale del cuerpo. Ya hay muchas evidencias científicas que apuntan hacia su supervivencia más allá de la muerte biológica (vid. (99+) God Is With Us; What Near-Death and Other Spiritually Transformative Experiences Teach Us About God and Afterlife - by Dr. Ken R. Vincent | Ken Vincent and John Morgan - Academia.edu).

En "There is a God and why it matters", el Dr. Regis Nicoll se aplica a mostrar las debilidades e inconsistencia de los promotores actuales del ateísmo de quienes se ocupa el libro de Palacios, para sustentar la tesis de que Dios es la hipótesis más plausible para explicar el origen y la naturaleza del universo, así como los aparentemente insolubles problemas del mal, el sufrimiento y la injusticia. Vid.Amazon.com: Why There Is a God: And Why It Matters eBook : NICOLL, REGIS: Tienda Kindle

En síntesis, si optamos por el reconocimiento de la trascendencia del ser necesario se nos abren vías explicativas adecuadamente racionales para entender la realidad, mientras que si nos ceñimos a la inmanencia del mundo tendremos que resignarnos al imperio del absurdo. Es asunto que ha tratado con maestría Jean Guitton en "Lo Absurdo y el Misterio".






viernes, 11 de noviembre de 2022

El Soviet Caribeño

Nacido en 1963 en Cuba, César Reynel Aguilera se graduó en Medicina y es Máster en Bioquímica Clínica. Surgido de una familia comunista, su decepción con el régimen imperante en su país lo incitó a buscar el exilio en Canadá, donde reside desde 1995. A partir de 2001 se ha dedicado de lleno a la escritura. Dado el ambiente familiar que lo rodeó, desde su infancia tuvo acceso privilegiado a muchas informaciones sobre personajes y sucesos de la política isleña que inspiraron el libro que escribió hace algunos años con el título de "El Soviet Caribeño: La otra historia de la Revolución Cubana" (Vid. Amazon.com: César Reynel Aguilera: libros, biografías, blogs, audiolibros, Kindle).

En realidad, el libro narra con lujo de detalles la trayectoria del comunismo cubano desde la fundación del partido en 1925 hasta la aventura de Fidel Castro en Angola a mediados de la década de 1970.

Su propósito es destruir varios mitos que se han tejido acerca de la Revolución Cubana, mostrando realidades que los mismos ocultan o distorsionan.

Su punto de partida es la constatación de la estructura dual del comunismo en Cuba, que exhibe por un lado una organización partidista que sufrió a lo largo de los años múltiples vicisitudes en medio de una conspicua presencia en la política nacional, y por otro lado una organización oculta que pacientemente fue infiltrando y socavando los distintos escenarios gubernamentales hasta producir la implosión que dio lugar a la caída de Batista en la nochevieja de 1958.

Esas dos estructuras no siempre anduvieron de la mano. De hecho, en la década de 1950, mientras el partido sufría un severo descrédito ante la opinión, la estructura secreta se robustecía y creaba las condiciones favorables al triunfo del movimiento liderado por Fidel Castro.

Aguilera muestra que sus hilos se movieron desde el principio por el comunismo soviético, a través de agentes suyos, el principal de los cuáles fue un judío polaco que adoptó el nombre de Fabio Grobart (Vid. Fabio Grobart - Wikipedia, la enciclopedia libre). Su tendencia era rigurosamente estalinista.

El libro en mención contradice abiertamente las tesis expuestas por Servando González en "La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial" (Vid. (99+) La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial | Andy Chavez - Academia.edu). Según González, Castro en realidad era un fascista formado por los jesuítas del colegio en que estudió el bachillerato y nada tuvo que ver con los comunistas hasta que las circunstancias lo hicieron acercarse a ellos una vez dueño del poder. González sostiene que su movimiento del 26 de julio no era bien visto por el partido comunista y no contaba, en consecuencia, con su apoyo. Aguilera afirma todo lo contrario. Si bien Castro no actuaba dentro de las filas partidistas, era en realidad un peón de la estructura oculta que dependía directamente de Moscú, y así quedó demostrado desde los comienzos de su gobierno.

Castro se presentaba como un demoliberal que prometía elecciones libres, negaba tajantemente que fuera comunista y hasta se atrevió en alguna ocasión a comulgar públicamente, tal como acaba de hacerlo el actual presidente de Colombia. La suya fue una campaña de desinformación que ocultó su identidad y sus propósitos conduciendo al error a las autoridades norteamericanas y la opinión pública de ese país. Aguilera observa que la estructura oculta tenía agentes infiltrados en el alto gobierno de los Estados Unidos. Hasta el muy influyente Herbert Matthews se prestó para edulcorar la imagen de Castro y sus "barbudos". Vid. Herbert L. Matthews y una noticia más que falsa | Aguilera (wordpress.com)

A despecho de las tesis leninistas según las cuáles la revolución debe aplicarse al desarrollo de las fuerzas productivas de modo que satisfagan las necesidades crecientes de las poblaciones, el régimen castrista adoptó desde un principio la política de la pauperización, en cuya virtud se ha considerado que  es más fácil someter a las masas permitiéndoles tan sólo el acceso a los bienes más rudimentarios en materia, de alimentación, vestuario, salud, alojamiento y ocio. Si se les concede más, se vuelven exigentes y difíciles de controlar. Es lo que al parecer piensa el hoy presidente colombiano.

Muchos otros comentarios podría hacer en torno de este libro que arroja luz sobre eventos decisivos de la historia más o menos reciente. Pero me interesa destacar ahora  lo que ilustra sobre nuestra actualidad política.

En otra ocasión he mencionado la denuncia que hizo el coronel Mejía Gutiérrez en su libro "Me Niego a Arrodillarme", según la cual en nuestro país, por encima del Partido Comunista, las Farc, el ELN y en general la subversión, obra una superestructura secreta, el Partido Comunista Clandestino, a la que pertenecen políticos, magistrados, universitarios,  periodistas, sindicalistas, intelectuales, eclesiásticos, empresarios, dirigentes cívicos e incluso militares, etc.

A esa superestructura se debe la demolición de la imagen del expresidente Uribe Vélez, que era el dique capaz de contener las aspiraciones del comunismo para llegar al mando supremo. Una obstinada y venenosa tarea propagandística ha llegado a convencer a amplios sectores de la opinión de que la seguridad democrática se resume en las falsos positivos y que de éstos es responsable directo el expresidente, tal como lo dijo hace poco en un alarde calumnioso la compañera de quien ahora manda en Medellín.

Hay serios indicios de la infiltración de esa maligna superestructura en el ámbito judicial, pues no de otro modo se explica la animosidad que exhibe contra el expresidente Uribe y el Centro Democrático.

No es improbable que la Registraduría Nacional del Estado Civil esté bajo su control. La sospecha de que en los recientes procesos electorales hubo fraude de vastas proporciones parece contar con bases firmes, aunque el asunto no ha llegado a los estrados judiciales. En éstos hay ahora una prueba de fuego a raíz de las denuncias que ha formulado el abogado Abuchaibe sobre las credenciales del Pacto Histórico.

Las tesis sobre decrecimiento y pauperización que se ventilan en las altas esferas gubernamentales invitan a pensar que en el horizonte se vislumbra el totalitarismo a la cubana. No tardaremos en ver en Colombia las legiones de médicos isleños llamados a cumplir tareas de espionaje, adoctrinamiento y agitación que han cumplido en otras latitudes.

No estamos lejos de hablar del Soviet Colombiano.

martes, 8 de noviembre de 2022

¿Progresistas o Comunistas?

 En declaraciones para El País de España, el actual presidente colombiano dijo que la mitad de su gabinete está integrada por liberales, mientras que la otra mitad es de progresistas.

¿Qué entiende él por progresistas?

Probablemente, se trata de un eufemismo para referirse a los comunistas.

El presidente evita identificarse con ellos, pero su talante lo ubica dentro de ese bando.

De acuerdo con su concepción de la historia, los comunistas han alegado que ellos poseen las claves de su evolución hacia una sociedad ideal en la que se superen todas las contradicciones que afectan a las sociedades tradicionales. Se trataría de la sociedad llamada a instaurar la justicia plena. Es la utopía que promete el tránsito de unas sociedades imperfectas hacia una sociedad perfecta.

Hace algún tiempo escribí sobre estos tópicos y no sobra volver al respecto . Vid. Pianoforte: Las desilusiones del progreso (javalmejia.blogspot.com)

Las ideologías progresistas tienen en común, por lo general, el rechazo del pasado, las tradiciones, lo establecido, así como la fascinación por las novedades, lo no experimentado, lo ilusorio.

El cambio social que promueven parte de la base de la necesidad de crear un "hombre nuevo", tal como se intentó en la Unión Soviética y otros países comunistas, por las buenas o por las malas. Lo primero, mediante la educación, el adoctrinamiento, la propaganda, los estímulos. Lo segundo, a través de la represión policíaca y penal, las múltiples y severas restricciones a las libertades personales, los tratamientos psiquiátricos, etc. En suma, esa transformación supone un régimen totalitario.

El fracaso de estas ideas constituye la mayor desilusión del siglo XX. Así lo describe Furet en "El Pasado de una Ilusión". Vid. Furet. El Pasado de Una Ilusión | PDF | Fascismo | Vladimir Lenin (scribd.com). Sus efectos desastrosos los estamos viendo en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Perú y Chile. Según algo que leí hace pocos días, los dos primeros figuran entre los países más miserables del mundo, cuando antes de iniciar sus procesos revolucionarios estaban entre los que mejores indicadores sociales exhibían en América Latina.

El progresismo del actual gobierno hace pensar en estancamiento e incluso en retroceso, a juzgar por los daños que está haciendo. Así lo considera Rafael Nieto Loaiza en su más reciente escrito para la prensa nacional: Tanto daño en tan poco tiempo | Columna de Rafael Nieto Loaiza (elheraldo.co). No sería osado considerar que el rumbo que traza es el del cangrejo: hacia atrás.

El presidente, fiel a los dogmas marxista-leninistas, culpa de todos los males sociales al capital. Si uno pregunta qué entiende por ello, la respuesta brota al instante: la propiedad privada, la libre empresa, el mercado, es decir, las instituciones que han garantizado la prosperidad económica en los tiempos que corren. No osa pronunciarse sobre lo que considera que debe hacerse para suprimir ese capital que causa todos los males de las sociedades presentes, pero las respuestas también saltan a la vista: la propiedad colectiva, la estatización de los medios de producción, el dirigismo intenso, la planeación autoritaria, la destrucción de la estructura de clases en pro de un igualitarismo extremo, etc. Vale decir: Corea del Norte y la Cambodia de Pol-Pot en el horizonte.