martes, 22 de septiembre de 2020

Las desilusiones del progreso

Se ha dicho que el liberalismo es una doctrina proteica, difícil de definir, por cuanto su significado se presta a diferentes acepciones.

En efecto, mientras que en Europa la idea liberal tiene que ver con las garantías individuales y las restricciones a la acción del Estado, en Norteamérica tiene un doble sentido que David Carlin describe de la siguiente manera en un artículo reciente publicado en Crisis Magazine (vid. https://www.thecatholicthing.org/2020/09/19/liberalism-without-end/?fbclid=IwAR0o-vVm80Ul0MqwarGQo7pLI4yWTZdpnFq5EdDOgll9AcxGHUWS96AlDTo): 

a) el alejamiento de las ideas y prácticas tradicionales; b) el reemplazo de las mismas por "nuevas y no probadas" ideas y prácticas.

Este planeamiento coincide con lo que hace años sostenía Alfonso López Michelsen, para quien el conservatismo se caracterizaba por preferir lo ya probado y experimentado, mientras que el liberalismo se inclinaba por su gusto por las novedades e incluso, como el mismo lo decía, por el "chamboneo".

Recuerdo que en su libro sobre el conservatismo, Lord Cecil afirmaba que el espíritu conservador destaca en la acción política  la virtud de la prudencia, que, entre otras cosas, era la que Aristóteles recomendaba para el mejor tratamiento de los asuntos humanos, dada la aleatoriedad de los mismos  (vid. https://www.academia.edu/39713956/El_liberalismo_conservador_Orden_y_libertad20190628_22782_1ucc4em?auto=download). 

El "chamboneo" que López Michelsen identificaba con la actitud liberal corresponde al "espíritu de aventura", que Guglielmo Ferrero señalaba como uno de los males más perniciosos de los tiempos modernos (vid. https://www.scribd.com/doc/130912777/FERRERO-Guglielmo-El-Poder-Los-Genios-Invisibles-de-La-Ciudad).

El escudo del Brasil proclama la divisa de Augusto Comte, "Orden y Progreso", que en el fondo coincide con la del nuestro: "Libertad y Orden".

La idea básica consiste en que las sociedades, especialmente las modernas, son sistemas dinámicos abiertos al cambio, tal como lo acredita la historia, pero sus transformaciones es preferible que se produzcan dentro de estructuras institucionales. El inmovilismo, sobre todo si favorece lo retrógrado, ocasiona reacciones violentas, pero igual sucede con los cambios apresurados y mal concebidos.

Giscard d'Estaing cuenta en sus memorias que cuando el Sha de Irán le habló de un ambicioso plan de modernización de su país para convertirlo en una gran potencia mundial, se atrevió a recomendarle que fuera prudente para no desestabilizar una sociedad todavía con fuerte espíritu pastoril. El Sha no le hizo caso y provocó la reacción religiosa que dio al traste con su reinado y sus proyectos de transformación radical de la sociedad iraní.

La idea del progreso está fuertemente enraizada en la sociedad moderna. Es una de las ideas clave de la modernidad (vid. https://bibliotecademauriciorojas.files.wordpress.com/2012/03/idea-de-progreso-nuevo-2012-3.pdf). De hecho, se la considera como núcleo de una religión, aunque ello implique expandir el concepto de lo religioso más allá de lo que le corresponde. Es, de todas maneras, una idea que suscita fuerte impacto emocional y estimula acciones diversas. En general, se considera que el progreso es valioso en sí mismo y, contrariando un dicho de la sabiduría popular, parece mejor lo bueno por conocer que lo malo conocido. El  progresista rechaza el pasado y deposita su fe solamente  en el futuro.   (Vid. https://ia800606.us.archive.org/11/items/HistoriaDeLaIdeaDeProgresoRobertNisbet/Historia%20de%20la%20idea%20de%20progreso%20-%20Robert%20Nisbet.pdf)

Pero, conviene preguntar en qué consiste el progreso y si toda novedad es apetecible de suyo.

"El Ascenso del Hombre" es un escrito muy interesante de Jacob Bronowski, que recoge los libretos de una serie de la BBC sobre cómo nuestra especie, poco a poco, a lo largo de miles de años, ha avanzado en el conocimiento científico y el control técnico tanto de sí misma como, sobre todo, del mundo que la rodea (vid. http://www.librosmaravillosos.com/elascensodelhombre/index.html).

Por supuesto que todo lo que ahí se menciona puede valorarse como progreso, es  decir, como logros que mejoran nuestras condiciones de vida, los cuáles, bueno es decirlo, se han realizado, como lo dijo Newton, "sobre hombros de gigantes", aprovechando las lecciones del pasado. Pero hay otros aspectos, fuera de los científicos y tecnológicos, sobre los cuáles las evaluaciones son menos contundentes.

El libro no se refiere en detalle, porque no es su cometido, a los tópicos institucionales y espirituales de la evolución de la humanidad. ¿Son las sociedades actuales mejores que las antiguas? ¿ Es el hombre de hoy mejor que el de tiempos pasados?

Desde ciertos puntos de vista, es claro hoy se vive mejor que antes. No se puede negar lo que representan los avances  de las comodidades, la higiene, la medicina, la alimentación, la vivienda, la movilidad o las condiciones de trabajo en la calidad de vida de la gente. Pero queda por verse lo relacionado con la armonía tanto de cada uno consigo mismo como con los semejantes. Se habla de que la modernidad trae consigo ámbitos más generosos de libertad e igualdad, pero esto es muy relativo. De hecho, la vida laboral inexorablemente implica severas restricciones en lo que a aquéllas concierne, de modo que la libertad y la igualdad que son tan apreciadas sólo parecen ser tangibles en esferas muy limitadas, como las del ocio y, en especial, la de la sexualidad.

¿Cómo es hoy nuestra relación con el Otro? Una obra relativamente reciente de Zigmund Bauman y Leonidas Donskis, " Ceguera Moral: La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida", denuncia las carencias éticas del mundo contemporáneo. Su conclusión es bastante pesimista (vid. https://www.researchgate.net/publication/326347838_Zygmunt_Bauman_y_Leonidas_Donskis_Ceguera_moral_La_perdida_de_sensibilidad_en_la_modernidad_liquida_ed_Paidos_Barcelona_2_impresion_2016_ISBN_978-84-_493-3103-9/link/5b474d4945851519b4b1909a/download).

Hace más de medio siglo publicó Raymond Aron un libro cuya actualidad se mantiene de modo incuestionable: "Progreso y Desilusión: La Dialéctica de la Sociedad Moderna". Ahí muestra las contradicciones que se imponen  entre la realidad social y los ideales que animan a sus protagonistas (vid.https://ia800803.us.archive.org/26/items/ProgresoYDesilusin.LaDiallcticaDeLaSociedadModernaRaymondAronV3/Progreso%20y%20desilusi%C3%B3n.%20La%20dial%C3%A9ctica%20de%20la%20sociedad%20moderna%20-%20Raymond%20Aron%20%28V3%29.pdf).

Hay que observar, pues, que no todo lo que se presenta como novedoso es conveniente. Muchos de los progresos de la modernidad en realidad entrañan retrocesos morales. Y del mismo modo que la ciencia ha avanzado superando estadios pretéritos, pero sobre la base de los mismos, en la sociedad es preferible la evolución sosegada a la revolución turbulenta. 

La civilización tarda siglos en edificarse, pero puede destruírsela en pocas décadas. En el caso colombiano, hay una delgada corteza de civilización, como lo expuso Marco Palacios en un escrito que conviene no olvidar. Ciertas innovaciones podrían hacerla abortar. De hecho, la civilización ha desaparecido en vastas porciones de nuestro territorio.





1 comentario:

  1. Todo cambio o progreso que no se base en la tradición, en la historia, es ilusorio. Los que nos dieron la independencia renegaron del legado español, y entonces vino el caos institucional, casi permanente. Y los progresistas de hoy reniegan del resto de nuestras tradiciones, hasta de las familiares. ¿Qué podemos esperar si ellos conducen nuestro futuro? Me gusta decir una frase que no es mía, pero que la he adoptado de todo corazón: “cuanto más firmemente apoyemos nuestra zancada en la tradición, más grande y seguro es nuestro paso hacia adelante”.

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