jueves, 13 de agosto de 2026

En saliendo el alacrán de casa...

 Hay un comprensible revuelo por la autorización que ayer otorgó el Senado al oprobioso expresidente que acaba de quedar en la calle para ausentarse del país a lo largo del año venidero, con la condición de que informe previamente las fechas y los lugares de sus desplazamientos.

Como muchos quisieran verlo no sólo entre rejas, sino sometido a los más crueles suplicios, alzan a tutiplén sus voces contra lo que consideran una aberrante traición del CD al votar a pie juntillas con el PH y otros partidos en favor de dicha iniciativa.

Se invoca para ello la justicia, que en su faceta humana apenas está dando los primeros pasos para investigar los múltiples desafueros que se le endilgan; pero no sobra recordar que, a diferencia de la Divina, la justicia de los hombres suele estar permeada por tendencias non sanctas en las que prevalecen el odio y la venganza.

Un amigo que es muy piadoso me contó que en medio de la confesión le dijo al sacerdote que le deseaba la muerte al sujeto de marras. El levita le recomendó que pidiera para él una buena muerte.

Este es un aspecto muy importante de la cuestión. El expresidente Uribe, que ha sido víctima propiciatoria de la venganza de los comunistas, ha pedido que no se manifieste odio contra su colega que vaga hoy hacia la desgracia. El consejo es sano y oportuno a más no poder. En medio de una tragedia como la que acaba de propinarnos la naturaleza la concordia ciudadana se hace indispensable para superar los daños de toda índole que nos dejan sus secuelas.

Vuelvo sobre la recomendación que hice en días pasados acerca del importante libro póstumo de Abelardo Forero Benavides, "Colombia, un drama", para insistir en los deletéreos efectos del odio en la vida comunitaria. A mediados del siglo pasado el país estaba dividido por el odio entre liberales y conservadores, con sus devastadores efectos que derivaron en la Violencia, así con mayúsculas. Hoy se divide entre abelardistas y petristas, unos dicen que casi por mitades y otros quizás mejor informados afirman que la proporción va más o menos en un 60% para los primeros y un 40% para los segundos. Sea de ello lo que fuere, esos porcentajes no son sanos y nada bueno auguran para los tiempos venideros.

Digo esto para señalar que el paso que dio el Senado se encamina a mitigar la confrontación. Si se hubiera negado el permiso de salida, los petristas se habrían enardecido más todavía alegando inicua persecución contra su líder. No sobra recordar un dicho apócrifo que se agrega a la escena del prendimiento en Getsemaní: "Mira cómo estamos, Pedro, y tú cortando orejas". Lo del Senado constituye un gesto de apaciguamiento y no una claudicación. Tarde o temprano la justicia hará su obra, así sea por designio providencial.

Media, por otra parte, una razón pragmática para autorizar la salida hacia el exterior de tan siniestro personaje. Acá estaría cerca de sus secuaces conspirando a todas horas. Fuera del país ello no le resultaría tan fácil. Además, allá estaría a merced del Mossad y otros funestos enemigos que le ha granjeado su intemperancia verbal. Como reza el dicho popular, es preferible que ese alacrán quede por fuera de casa.

Conviene insistir en el desarme de los espíritus. La política es escenario por antonomasia de contradicciones y de lo que trata la civilización es de encauzarlas en procura de lo mejor para la comunidad, aceptando la parte de razón que pueda asistir a cada tendencia.


sábado, 8 de agosto de 2026

In God We Trust

Desde hace algún tiempo he venido pidiéndoles a Dios y a la Santísima Virgen que nos protejan del comunismo y de las perversas intenciones de Petro y de Cepeda. Acompaño mi ruego para que iluminen, bendigan y protejan a Abelardo y José Manuel en su propósito de enderezar el rumbo de nuestra patria.

Esas mismas intenciones se pusieron de manifiesto ayer en la ceremonia de posesión presidencial, en la que hubo una oración interconfesional para pedir por el buen suceso de la nueva administración.

A ciertos laicistas recalcitrantes les ha disgustado este aspecto de la jornada de ayer, pues su talante no sólo irreligioso sino antirreligioso les hace creer que el Estado laico no sólo debe ser indiferente, sino enemigo de la religión.

Eso no es cierto. Por eso he acudido para titular este escrito a la divisa que preside el dólar estadounidense: "In God We Trust". En castellano traduce "En Dios Creemos".

Uno de los grandes aportes del constitucionalismo de los Estados Unidos es la idea del Estado libre y la Iglesia libre, fundada en que en las 13 colonias no había una confesión religiosa dominante, sino una variedad que impedía el predominio de unas sobre otras. Aunque entre los Padres Fundadores había masones que profesaban el Deísmo que después evolucionó hacia un ateísmo puro y simple, el hecho social de la profunda religiosidad de los habitantes del territorio no hizo aconsejable que hicieran carrera manifestaciones contrarias a la religión, lo que favoreció la convivencia pacífica de diferentes credos religiosos e incluso el crecimiento de la religión católica en su país. Allá ha prevalecido el principio de la libertad de religión, que no se opone a la manifestación pública de los eventos religiosos. 

La Revolución Francesa impuso otra versión del laicismo que condujo a perseguir a los católicos del modo más inclemente e incluso aterrador, de lo que da cuenta el espantoso episodio de la Vendée. Ese laicismo, inspirado no en la libertad de religión sino en libertad de la religión, a la que la ley de los tres estadios consideraba como fenómeno propio de la infancia y la adolescencia de la Humanidad e incompatible con la Edad de la Razón, inspiró las atroces persecuciones que tiempo después se desataron contra la Iglesia Católica en América Latina y con especial crudeza en México en los años 20 del siglo pasado y en España en los 30. Nuestro país no fue inmune a esa plaga que impregnó la política de los radicales en la segunda mitad del siglo XIX y suscitó la reacción clerical que quedó consagrada en la Constitución de 1886.

La Asamblea Constituyente de 1991 abandonó el reconocimiento de Dios como fuente suprema de toda autoridad e invocó la supuesta voluntad popular como fundamento de sus disposiciones, pero reconoció que las dictaba bajo la protección de Dios. Este planteamiento suscita importantes consecuencias jurídicas y políticas. La separación del Estado y de la Iglesia que se consagró como base de la libertad religiosa no implica la enemistad ni la indiferencia entre ambas potestades. La Constitución misma declara en su artículo 70 que la cultura en sus diversas manifestaciones es fundamento de la nacionalidad. Y agrega en el artículo 72 que el patrimonio cultural de la Nación está bajo la protección del Estado. ¡Qué duda cabe de que la tradición católica conlleva manifestaciones entrañables de nuestra identidad cultural!

El laicismo extremo que pretende erradicar de la escena colectiva toda connotación de índole religiosa ignora que tanto la idea de bien común para sustentar la legitimidad del poder del Estado, como la de dignidad de la persona humana como base de los derechos fundamentales, se nutren de lo más excelso de la tradición del pensamiento católico. Si a las ideologías se les presta algún mérito, como negarlo a lo que sustenta toda una civilización.

Volver a ubicar a Dios en el sitial que le corresponde, como lo propone Abelardo, no significa consagrar un régimen teocrático ni discriminar a los no creyentes, sino admitir que más allá del derecho positivo rige una Ley superior que se resume en el Decálogo. Ignorar los Diez Mandamientos es una de las causas de la tremenda crisis en que estamos sumidos.

En mis cursos de Teoría Constitucional y Filosofía del Derecho les hacía ver a mis discípulos que la mirada hacia Dios de parte de los gobernantes implica el reconocimiento de que sobre el poder que ostentan rigen unos valores superiores que en últimas lo legitiman y que, de todos modos, ello es preferible a que rindan culto a esa deidad vaga, vana y ondulante que, adoptando los célebres términos de Montaigne, caracteriza al Demos.

Uno de los dramas de la modernidad es la negación de la dimensión espiritual y por ende religiosa del ser humano. Al rescate de la primera se aplica un libro de Jerry Kroth cuya lectura estoy terminando y que recomiendo vivamente: "Psyche' exile: an empirical odyssey in search of the soul". Tengo en mente otro, del Dr. Manuel Sans Segarra: "La Supraconciencia existe: vida después de la vida". Ambos desafían a través de evidencias incontrastables el dogma que prevalece hoy en ambientes académicos acerca de que la conciencia es un epifenómeno ilusorio de la actividad físico-química del cerebro.

Se critica a Abelardo porque invoca a Dios y se sesgan los episodios de hechicería que ha protagonizado Petro, no sólo con la supuesta posesión espiritual que protagonizó con Francia Márquez antes del 7 de agosto de 2022, sino en la propia Casa de Nariño, de lo que hay un testimonio irrefutable. En ciertos medios se especula además sobre su pertenencia a cierta confesión de origen africano. Es muy probable que dicha sede esté infestada por presencias infernales, por lo que resulta prudente que Abelardo se niegue a ocuparla.

No podemos desconocer que nuestro país ha sido escenario de un fragoroso combate espiritual que nos enfrenta a potencias demoniacas. La droga, la violencia, la corrupción y otras funestas adversidades nos obligan a mirar de nuevo hacia Dios y rogarle que nos tenga de su mano.

martes, 4 de agosto de 2026

Fronterizos del delito

Insisto en que quien nos desgobierna y el que contra toda evidencia insiste en haber sido despojado del triunfo en el más reciente debate presidencial bordean descaradamente el Código Penal.

Al fin y al cabo, son dos comunistas de línea dura que ocultan su verdadera identidad política bajo el engañoso rótulo de "progresistas", pero son devotos de la doctrina de Carlos Marx según la cual "la violencia es la partera de la historia" y la legalidad liberal es una superestructura que esconde la explotación del pueblo por las clases privilegiadas.

En otra ocasión he observado que la exigencia que el segundo de aquéllos le hace al presidente electo de renunciar a su ciudadanía norteamericana como condición necesaria para reconocer no sólo la legalidad  sino la legitimidad de su elección bien podría encasillarse dentro de las normatividades del constreñimiento ilegal e incluso de la extorsión que tipifican los artículos 182 y 244 del Código Penal.

El primero de ellos sanciona al que, fuera de los casos expresamente previstos como delito, constriña a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa. El constreñimiento puede consistir, según la doctrina, en violencia, amenazas o coacción. Y en el caso de que se trata las amenazas consisten en desconocer su investidura y excitar a la población a la desobediencia dizque civil y pacífica, que no es otra cosa que la antesala de la reacción violenta. En lugar de acudir a las acciones previstas por el ordenamiento jurídico para dilucidar la legalidad de la elección, amenaza con vías de hecho potencialmente subversivas.

Ello podría examinarse también a la luz de lo dispuesto por el Código Penal para la extorsión, en que incurre el que constriña a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, con el propósito de obtener provecho ilícito o cualquier utilidad ilícita o beneficio ilícito, para sí o para un tercero.

En este caso se da la amenaza de la desobediencia comunitaria si el presidente electo no se pliega a la exigencia que se le formula so pena de desconocer su investidura, a lo cual no tiene derecho el que la formula, de modo que si el amenazado se pliega a lo que se le exige aquél obtiene provecho, utilidad o beneficio ilícito.

En lo que concierne al inquilino de la Casa de Nariño, lo que ayer publicó en la madrugada acerca de la conformación de milicias populares encargadas de velar por la continuidad, así fuere por la vía armada, de los supuestos avances sociales de su gestión gubernamental, lo acerca a lo que prohíbe el artículo 345 del Código Penal sobre la promoción de grupos de delincuencia organizada y grupos armados al margen de la ley. La pena en tal caso consiste en prisión de 13 a 22 años y multa de 1.300 a 15.000 salarios mínimos mensuales vigentes.

Acerca de la jurisdicción encargada de juzgarlo hay que distinguir entre los delitos cometidos antes de las 3 de la tarde del 7 de agosto de 2022, los cometidos entre esa fecha y las 3 de la tarde del 7 de agosto del presente año y los que cometiere después. Los de la primera y la tercera etapas corresponden a la justicia ordinaria, por lo cual considero que las acusaciones sobre la financiación ilegal de su campaña presidencial deberán pasar a la misma y salir del resorte de la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes.

Respecto de la competencia de esta última para ocuparse de delitos cometidos durante su período presidencial encuentro que podría haber contradicción entre los artículos 174 y 199 de la Constitución Política.

El primero de ellos dispone que le corresponde al Senado el juzgamiento de hechos u omisiones de altos funcionarios, incluido el Presidente de la República, ocurridos dentro del ejercicio de sus cargos, aunque hubieren cesado en ello. Según esto, conservará el fuero por los delitos que se le atribuyan por hechos u omisiones que se le imputen entre las 3 de la tarde del 7 de agosto de 2022 y la misma hora del 7 de agosto venidero. Pero el artículo 199 parece decir otra cosa, dado que restringe el alcance del fuero  "durante el periodo para el que sea elegido", dando a entender que después de ese periodo su juzgamiento corresponderá a la justicia ordinaria. El asunto cobra interés por cuanto se afirma en algunos medios que la actual composición de la Comisión de Investigación de la Cámara de Representantes parece favorecer su impunidad por los abusos en que podría haber incurrido en ejercicio de su cargo. Sea de ello lo que fuere, ese inquilino tendrá que habérselas con la justicia en los tiempos venideros.

martes, 28 de julio de 2026

Incógnitas

El triunfo de Abelardo y José Manuel ha resucitado la esperanza de millones de colombianos en el porvenir del país.

Es, desde luego, positivo habernos librado por lo pronto del comunismo de Cepeda. Pero no todo es color de rosa con el gobierno venidero, pues al tiempo que encontrará unos escenarios plagados de problemas de difícil solución que deja el desgobierno hoy reinante, la dupla antisocial de Petro y Cepeda ya lo está amenazando con una feroz oposición que pretende desestabilizar a Colombia.

No podemos olvidar que cuando Duque le ganó a Petro en 2018 éste se negó a reconocer su triunfo alegando sin pruebas, como es su mala costumbre, que el triunfo lo debía a compra de votos en la costa por parte, si mal no recuerdo, de un tal Ñeñe. Y acto seguido promovió un supuesto estallido social que, de acuerdo con una cuidadosa investigación de Impacto 24-7, fue orquestado por una conspiración internacional alentada por el gobierno de Maduro en Venezuela en connivencia con los grupos insurgentes colombianos. Al lado de unas supuestas manifestaciones pacíficas se produjo la actuación criminal de la llamada Primera Línea, que dio lugar a la comisión de gravísimos delitos por los que se han producido múltiples condenas de parte de la justicia colombiana.

Recuerdo que Petro manifestó que si el Congreso derogaba la ley de alivio tributario que había aprobado el comienzo del gobierno de Duque cesarían las manifestaciones. Más tarde, ya como presidente, dijo en el llamado Puerto Resistencia o Puerto Rellena en Cali que él era miembro de esa Primera Línea. Por consiguiente, se lo debería procesar como instigador de los delitos que ese grupo criminal cometió. Me inclino a pensar que por lo menos se lo ha debido procesar por el delito de asonada, pues en forma tumultuaria se intentó presionar al Congreso para que derogara una ley.

La impunidad de que han gozado tanto Petro como Cepeda los alienta ahora a desconocer la legitimidad del triunfo de Abelardo y José Manuel promoviendo una fementida "desobediencia civil" con la que pretenden volver a las andadas de los años en que pretendieron derrocar al presidente Duque.

No me cabe duda de que se trata de una dupla de avezados fronterizos del delito, que lo bordean y coquetean con él, pero tratando de ocultar huellas que podrían incriminarlos. Son dos sujetos de tenebrosa peligrosidad animados por la más extremista ideología del marxismo leninismo, la cual disfrazan con el ropaje de un engañoso "progresismo".

Hay que escuchar las declaraciones del exministro de Defensa del gobierno de Duque, Diego Molano, para recordar lo que significó el estallido social que Petro promovió tratando de estorbar su gobernabilidad en medio de la pandemia. Recuerdo que lo desafiaba para que decretara el estado de conmoción interior, pero Duque fue prudente y dejó que la fiebre pasara.

Los que he llamado "dos tipos de cuidado" ensayarán la misma receta que trataron de aplicarle a Duque, pero Abelardo es de otra pasta y ya verán "cómo muerde el tigre". Pero las duras medidas que éste deberá adoptar con miras a contener a los sediciosos y ponerlos en su lugar perturbarán probablemente su gobernabilidad, distrayéndolo de la urgentísima tarea de reconstruir lo dañado por la gestión irresponsable de Petro.

Vienen tiempos difíciles que demandarán para el nuevo gobierno un apoyo decidido y vigoroso de quienes votamos por él.

Ello aconseja mucho tino para la conducción del conjunto de partidos que se han declarado de gobierno. Hay que limar las asperezas que acontecimientos recientes han mostrado desencuentros en la coalición que lo sigue, pues la unidad es indispensable para enfrentar a la dupla subversiva que aspira a verlo fracasar.

Reitero la coda con que he cerrado varios de mis escritos: ¡Que Dios nos tenga de su mano! 

domingo, 12 de julio de 2026

Sed libera nos a malo

Hay abundante información sobre las influencias ocultistas en Cuba, Nicaragua, Venezuela y Haití. En lo que respecta a Colombia, circulan muchas versiones acerca de los nexos del desgobierno actual con la hechicería e incluso con religiones de origen africano o, como suele decirse por acá, ancestral.

Se dice en fuentes fidedignas que en medio de la campaña electoral hubo en la Casa de Nariño un ritual hechicero presidido por el okupa y orientado a perjudicar la campaña de Abelardo. El hecho escandalizó a algunos de quienes lo presenciaron, los cuales se pusieron a rezar para contrarrestar esa aterradora ceremonia. Como los brujos que la estaban realizando se dieron cuenta de que había una energía que contrarrestaba sus ritos, se optó por exigir el retiro de quienes no participaban en ellos.

Isabel Cuervo ha denunciado en Instagram que el que nos desgobierna practica la religión Palo Mayombe y por ello suele lucir vestiduras blancas y colgarse al cuello la cruz Tao, que nada tiene que ver con la que veneramos los cristianos. Según otras versiones, sus visitas a Haití tienen que ver con esas creencias y no falta quien sostenga que su atuendo lo identifica como oficiante de dicho credo.

Es difícil identificar en qué cree. Todo parece indicar que profesa cierto sincretismo, pues no vacila en visitar al Santo Padre, haciéndose acompañar en su comitiva con quien la prensa identifica como su barragana.

Abelardo y José Manuel tienen toda la razón al considerar que entre nosotros se libra una batalla espiritual que debe contar con el auxilio de Dios y la Santísima Virgen, motivo por el cual han realizado una edificante peregrinación por los santuarios marianos de nuestro país.

Abundan las voces que le piden a Abelardo que no ocupe la Casa de Nariño sin que previamente se realicen exorcismos que lleven a cabo una profunda limpieza espiritual de ese lugar que podría ser objeto de infestaciones diabólicas.

Hay que seguir orando fervientemente para protegernos del comunismo y de las malas intenciones del que nos desgobierna y el que pretende heredar su puesto.

Que Dios nos tenga de su mano.



lunes, 6 de julio de 2026

Dos tipos de cuidado

Echo mano del título de una vieja película mexicana para referirme al contubernio del indigno okupa actual de la Casa de Nariño con su émulo, el siniestro senador Cepeda, los que de consuno pretenden atravesar toda clase de palos en las ruedas con el protervo designio de frustrar la gobernanza del tándem Abelardo-José Manuel.

Esos dos tipos de cuidado son comunistas recalcitrantes pero disimulados que aspiran a someter a Colombia a un régimen totalitario y liberticida como los que han fracasado en Cuba y Venezuela.

Ardidos porque el electorado les dio la espalda en la reciente elección presidencial intentan variados subterfugios para impedir que la dupla ganadora cumpla con sus propósitos de devolverle la confianza al pueblo trazándole rutas de progreso, justicia, seguridad, libertad y bienestar.

El primero ha anunciado una exótica demanda de nulidad con pedido de medidas cautelares para tratar de impedir la posesión de los nuevos gobernantes. Todo indica que se trata de una acción temeraria destinada al fracaso, pero que hace ruido y azuza a las hordas que durante el gobierno del presidente Duque sembraron el desorden a lo largo del territorio nacional.

El segundo, después de haber reconocido el triunfo electoral de sus contendores, se ha echado de para atrás anunciando que no lo admitirá y declarándose en estado de desobediencia civil para entorpecer la acción de los nuevos gobernantes.

Invoca descaradamente los ejemplos de Gandhi, Luther King y Mandela para justificar la resistencia popular frente a las nuevas políticas gubernamentales y, como lo expuse en mi más reciente, para hacerle a De la Espriella unas exigencias francamente extorsivas.

Como acaba de decirlo el presidente de la Corte Suprema de Justicia, no se ve el caso que justifique la tal desobediencia civil, que en rigor implica el desconocimiento del ordenamiento constitucional y legal de la República.

Sigo pensando que esta actitud amerita que se la examine a la luz del Código Penal, que consagra como delitos no sólo la extorsión, sino el constreñimiento ilegal. la rebelión, la sedición, la asonada y la instigación a delinquir. Es asunto que en lo que concierne al senador debería investigarse por la Corte Suprema de Justicia. Este insólito llamado a la desobediencia civil debería considerarse, además, por la Comisión de Ética del Senado en razón del comportamiento indecoroso, irregular e inmoral que entraña de suyo este desafío a la institucionalidad. También la Procuraduría debería tomar cartas en el asunto, pues todo indica que esta actuación irresponsable del candidato perdedor en los comicios recientes podría configurar una violación del régimen disciplinario que a dicha autoridad le corresponde investigar y sancionar.

Tal como sucedió a comienzos del gobierno de Duque, al lado de manifestaciones supuestamente pacíficas se dio la acción deletérea de la tristemente célebre Primera Línea, muchos de cuyos integrantes ya han sido condenados por graves delitos, pero sin que la acción judicial hubiera llegado hasta sus instigadores, entre ellos el actual okupa de la Casa de Nariño, que no tuvo empacho en declararse miembro activo de ella en una perorata que pronunció en el mal llamado Puerto Rellena en Cali. Todo indica a que la invitación a distintos sectores sociales para manifestarse dizque en forma pacífica va a acompañada ocultamente de la convocatoria de las hordas de la Primera Línea, que supuestamente obrarían motu proprio, disimulando así la intención subversiva de la tal desobediencia civil.

Como lo acaba de señalar Julio Sánchez Cristo, estas convocatorias acarrean muertes. Los que las formulan deben asumir las responsabilidades pertinentes, pues quien pone la causa corre con los riesgos de los efectos.

Esos dos tipos de cuidado que motivan este escrito quieren ensangrentar a Colombia. Hay que ponerles coto.

miércoles, 1 de julio de 2026

¿Amenazas extorsivas?

Me inclino a pensar que la amenaza de promover la desobediencia civil que ayer profirió el comunista Cepeda contra el presidente electo De La Espriella si no se somete a las exigencias que le formuló debe examinarse ante todo a la luz de lo que dispone el artículo 244 del Código Penal, que a la letra dice:

"El que constriña a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, con el propósito de obtener provecho ilícito o cualquier utilidad ilícita o beneficio ilícito, para sí o para un tercero, incurrirá en prisión de ciento noventa y dos (192) a doscientos ochenta y ocho (288) meses y multa de ochocientos (800) a mil ochocientos (1.800) salarios mínimos legales mensuales vigentes."

El comunista de marras parece constreñir al presidente electo para que renuncie a su ciudadanía estadounidense, aclare sus relaciones con agencias de seguridad de los Estados Unidos, respete plenamente nuestra seguridad nacional y nuestra soberanía judicial, se comprometa a cesar toda persecución contra sus opositores políticos, a dejar de estimular la judicialización por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos y a no aprobar la extradición de Gustavo Petro.

Todas estas medidas son del resorte del presidente electo y hacen parte bien sea de su competencia oficial o de su fuero personal. Las exigencias del comunista conciernen en consecuencia al desempeño de las funciones presidenciales o al ejercicio de la libertad de De La Espriella, quien, de no someterse a lo que se le exige, deberá sufrir más que como persona individual, como jefe del Estado, los efectos de la desobediencia civil que en tal caso convocaría a los más de doce millones de votantes que apoyaron al candidato perdedor en las recientes elecciones presidenciales.

La amenaza de la desobediencia civil constriñe, por supuesto, a De La Espriella, pero va mucho más allá, pues afecta en rigor al ordenamiento jurídico del Estado.

La Constitución protege la libertad de conciencia, la de cada persona de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de presentar peticiones respetuosas a las autoridades, la de toda parte del pueblo para reunirse y manifestarse pública y pacíficamente y el derecho de todo ciudadano a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político, pero todo ello dentro de los límites que traza el artículo 95, según el cual el ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en ella implica responsabilidades, dentro de las cuales se cuenta el respeto de los derechos ajenos y no abusar de los propios.

En parte alguna consagra la Constitución el derecho a la desobediencia civil, así sea pacífica, pues el citado artículo 95 manda en forma perentoria: "Toda persona está obligada a cumplir la Constitución y las leyes".

En consecuencia, la amenaza del candidato comunista no sólo va contra el presidente electo, sino contra la Constitución misma, dado que se endereza a promover el incumplimiento colectivo del ordenamiento jurídico que nos rige. Es del todo subversiva y, desde luego, ilícita.

A ojo de buen cubero, creo que la Corte Suprema de Justicia debería ocuparse de examinar si el senador Cepeda ha incurrido entonces en los supuestos constitutivos del delito de extorsión y quizás otros más.

Unas palabras adicionales sobre la calidad de ciudadano estadounidense que ostenta De La Espriella. Ya es claro de toda claridad que ello no obsta para que pueda ejercer la presidencia de Colombia. No hay en ello, propiamente, hablando, una inhabilidad jurídica. Sobre la cuestión del juramento de fidelidad al orden jurídico norteamericano, en principio no obra incompatibilidad con el que preste para cumplir la Constitución y las leyes colombianas. Si llegase a haber algún desacuerdo entre sus condiciones de ciudadano colombiano y ciudadano norteamericano, su conciencia lo decidirá y nuestra justicia dirá si ello daría lugar a algún impedimento dentro del contexto del caso concreto. Se trata pues de algo hipotético y eventual sobre lo que no cabe pronunciarse a priori.

Algo más. Ese tema del juramento que podría dar lugar a alguna incompatibilidad política es el que dio lugar a que los reyes ingleses después de Enrique VIII desataran la persecución contra los católicos, a quienes se los censuraba porque su obediencia al Papa no les permitía sujetarse incondicionalmente al Rey. La misma tesis podría esgrimirse contra los masones, que prestan en su cofradía unos extraños juramentos que podrían ponerlos en contradicción con las normatividades estatales. Hemos tenido presidentes masones y creo que contra ninguno se esgrimió el argumento con que ahora se pretende deslegitimar el título presidencial de De La Espriella.

Cierro advirtiendo que lo de la desobediencia civil pacífica no es otra cosa que un subterfugio para incendiar de nuevo el país, como lo hicieron Petro y sus conmilitones  para alterar la gobernabilidad del presidente Duque. En mi fuero personal, he considerado que esa actitud cabía por lo menos dentro de la tipicidad de la asonada, pero a nadie se le ocurrió llevar hasta ellos la acción de la justicia. Quizás todavía sería oportuno intentarla, siempre y cuando no haya mediado la prescripción. Bueno es recordar, como lo ha hecho el exfiscal Barbosa, que el fuero de Petro vencerá el próximo 7 de agosto y a partir de esa fecha sus malas acciones quedarán en manos de la Fiscalía.

Lea más: https://leyes.co/codigo_penal/244.htm


lunes, 22 de junio de 2026

Obró la Providencia

Como solía decir mi finada esposa -¡alma bendita!- Dios nos miró ayer con ojos de misericordia al librarnos de la victoria del candidato comunista que habría llevado a su culminación la agenda que el taimado inquilino de la Casa de Nariño venía preparando para instaurar entre nosotros un régimen inspirado en lo que ha llevado a cubanos y venezolanos a padecer los rigores de la miseria más atroz.

Las elecciones de ayer cierran un ciclo que no ha debido abrirse y hacen renacer la esperanza en millones de compatriotas que temían lo peor y hoy observan con optimismo el porvenir de nuestra patria, sabedores de que al mando habrá un tándem inspirado en el propósito de enderezar hacia rutas de progreso en todos los órdenes el rumbo que el desgobierno actual conducía hacia el desastre.

Supongo que igual que yo muchos colombianos veníamos elevando plegarias al Altísimo para que nos protegiera del comunismo y de las protervas intenciones de sus promotores. Por experiencia personal, estoy convencido de que la oración que se recita con fervor y buenas intenciones produce resultados beneficiosos. "Pedid y se os dará", promete el Evangelio.

Por supuesto que el camino que tocará recorrer a partir del próximo 7 de agosto será proceloso a más no poder, pues la herencia que nos lega el desgobierno actual está plagada de desastres de toda índole. En consecuencia, nos tocará aplicar aquello de "a Dios rogando y con el mazo dando", aceptando muchos sacrificios en pro del bien común.

Los expertos hablan del riesgo de una tremenda crisis fiscal; otros hablan de la posibilidad inminente de un apagón eléctrico; la crisis de la salud es dramática; el control territorial de la delincuencia es tenebroso; la inseguridad para todos está a la vuelta de la esquina; los resultados sociales de que se jacta el que nos desgobierna no se explican por la vitalidad de la economía, sino por el derroche del gasto público; ya la cocaína es el principal renglón de nuestras exportaciones y, como lo demuestran los resultados electorales de ayer, el control político de los narcotraficantes sobre las comunidades nos pone al borde de convertirnos en un narcoestado; nuestra fuerza pública está desmoralizada y debilitada, sin recursos suficientes para enfrentar el poderío de la delincuencia; nuestra patria se ha convertido en el hazmerreír de la comunidad internacional por los despropósitos recurrentes del que nos desgobierna, que ha arrastrado por el suelo nuestra dignidad. Rescatar la dignidad de nuestra Colombia y nuestro gobierno será tarea urgentísima de Abelardo y José Manuel, pues sólo cuando es respetable puede la autoridad reclamar acatamiento.

Hay muchas hipótesis acerca de la polarización que ha llevado a que el cuerpo electoral se divida prácticamente por partes iguales, con una ligera diferencia de cerca de 250.000 votos entre los contendientes. Me inclino a pensar que los seguidores del candidato comunista no tuvieron claridad acerca de su índole y sus intenciones ocultas. Muchos votaron, como se ha dicho, con el fusil en la nuca; otros sucumbieron ante la demagógica fijación del salario mínimo o la multiplicidad de puestos y de contratos que nos está llevando a la ruina; a otros los convenció la propaganda negra que se difundió contra los defensores de la patria o el cuento cruel de la superioridad moral y la decencia del candidato comunista. En la medida que avance un buen gobierno, esas voluntades desviadas podrían inclinarse en favor suyo.

Abelardo recibió la noticia de su triunfo dándole gracias a Dios. A diferencia del que nos desgobierna, que según Isabel Cuervo es feligrés de una oscura religión de origen africano, tanto Abelardo como José Manuel son católicos devotos, convencidos de la necesidad de adelantar una política del espíritu a la que hice referencia en un escrito reciente. Esa política se inicia elevando el nivel moral del gobierno, tanto en lo público como en lo privado. Su propósito es la realización del bien común, que es una idea que entraña vasta profundidad acerca del destino colectivo. Que Dios los ilumine y proteja. 

lunes, 15 de junio de 2026

Alea Jacta Est

El próximo domingo los colombianos elegiremos entre la democracia liberal y el comunismo. Como dicen que dijo el poeta, "todo nos llega tarde, hasta la muerte". La "Guerra Fría" que se libró a lo largo de la segunda década del siglo XX y terminó con la derrota del comunismo, exhibe sus estertores entre nosotros enfrentando a Abelardo y José Manuel contra Cepeda y sus secuaces amigos del castro-chavismo. 

Todo indica que el triunfo será de los primeros, pero no deja de inquietar que una considerable porción del electorado se incline por el candidato comunista. Ello puede interpretarse como una muestra de inmadurez democrática, pero el análisis debe ir más al fondo de las cosas, que vienen mostrando desde hace años la insatisfacción de importantes segmentos del pueblo que consideran que el Estado actual no da curso adecuado a sus apremiantes demandas.

El desgobierno que reina hoy por hoy se jacta de atenderlas, pero lo ha hecho a la bartola, con altas dosis de palabrería y magros resultados, preso entre consignas ideológicas obsoletas cuyo fracaso en otras latitudes es ya indiscutible. Añorar a Stalin, a Mao, a Castro o a Chávez roza en el delirio.

Colombia debe seguir otros modelos que han demostrado ser exitosos en los países en los que se los ha aplicado. Mirar hacia la Cuba de los Castro y la Venezuela de Chávez y Maduro no deja de ser una ironía de pésimo gusto.

El nuevo gobierno que esperamos pueda instalarse el 7 de agosto venidero deberá afrontar una situación difícil como pocas en nuestra historia. El inventario de los desastres que deja el actual salta a la vista y la superación de todos ellos exigirá fuertes dosis de entereza, imaginación y buen sentido de parte de sus dirigentes, pero también de abnegada colaboración de nuestras comunidades. Si no lograre el apoyo decidido de éstas, se verá abocado al fracaso. La célebre cuestión que les planteó el presidente Kennedy a sus compatriotas al tomar posesión de su cargo mantiene su plena vigencia y es el caso de preguntarnos a los colombianos lo que debemos hacer por nuestro país y no por lo que éste puede hacer por nosotros.

Leo en estos momentos "Colombia, un drama", de Abelardo Forero Benavides, al que he llegado por amable sugerencia de mi buen amigo Álvaro Tirado Mejía. Es un libro que su autor no quiso publicar en vida por los severos cuestionamientos a quienes consideraba responsables de la tragedia que padecimos a mediados del siglo XX. Acaba de publicarlo la Universidad de los Andes y es de obligada lectura no sólo para quienes deseen conocer y entender esos aciagos momentos de nuestro devenir, sino para los que hoy tienen a su cargo la responsabilidad de velar por la salud de la república.

Más adelante me adentraré en el comentario de esa especie de "Memorias de Ultratumba". Por lo pronto llamo la atención sobre el ambiente caldeado que se percibe en el país, que nos obliga, como en el poema de Pombo, a "consultar oráculos más altos que nuestro duelo", verso que al citarlo en un artículo publicado en "Sábado" le ganó a Forero la animadversión de Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo, cuando en rigor estaba invitando a que los partidos en pugna elevaran los ojos hacia los supremos intereses de la patria. Eso es lo que nos toca hacer hoy. Entender a los contrarios, no negarles espacios y promover acuerdos que nos permitan transitar por nuevas sendas de bienestar y de progreso.

El sectarismo es un viejo vicio de la política colombiana y lo observa uno en todos los sectores, llámense de derecha, de centro o de izquierda. No hay que ignorar que la política es por su propia naturaleza escenario de opiniones e intereses encontrados que sólo pueden convivir si todos ellos comparten los acuerdos sobre lo fundamental que en el atardecer de su existencia proclamaba Álvaro Gómez Hurtado. Esos acuerdos son posibles en el seno de la democracia liberal, mas no en la comunista, que es totalitaria y liberticida por definición. Han sido, en cambio, muy fecundos con la socialdemocracia, como lo demuestra la experiencia europea después de la II Guerra Mundial. Remito  a los sesudos escritos de Sheri Berman que he citado en este blog en otras oportunidades (vid. [PDF] The Social Democratic Moment by Sheri Berman | 9780674442610, 9780674020849).

Nuestra democracia debe ofrecer espacios para todos, menos para los violentos que pretenden imponerse por medio de las armas y toda suerte de depredaciones. La paz sólo será posible si ellos se someten a la voluntad legítima del Estado. Sólo cuando éste monopoliza el uso de la fuerza en la sociedad puede hablarse de vigencia de la civilización política. Su insurgencia los ubica dentro de la categoría de "Civilization Killers" que ha sido objeto de importantes consideraciones por parte de Mgr. Charles Pope (vid. Civilization Killers – On the Decline of Three Basic Cultural Indicators and What it Means for America – La Linterna Azul).

Vuelvo sobre lo de la delgada corteza de nuestra civilización que ha sido tema de Marco Palacios. El gobierno venidero tendrá que ocuparse de fortalecer nuestra civilización política, no de erosionarla como viene haciéndolo el que nos desgobierna.

domingo, 7 de junio de 2026

¿Fronterizo del delito?

Es bien sabido que el que nos desgobierna militó en sus mocedades en un tenebroso movimiento criminal, el M-19, que lo pervirtió convirtiéndolo en delincuente juvenil. Pagó cárcel por algunas de sus actividades ilegales, pero no obstante ello pudo ser elegido por votación popular, contrariando lo dispuesto por el artículo 197 de la Constitución Política, porque alguien le hizo el favor de sustraer del expediente respectivo los folios del fallo que lo condenó. A primera vista, ahí se configuró una modalidad de falsedad documental que a nadie se le ocurrió investigar.

Como es proclive a pasearse por los bordes del Código Penal, anda haciendo malabares alrededor del texto del inciso primero de su artículo 422, que a la letra dice:


Lea más: https://leyes.co/codigo_penal/422.htm
"El servidor público que ejerza jurisdicción, autoridad civil o política, cargo de dirección administrativa, o se desempeñe en los órganos judicial, electoral, de control, que forme parte de comités, juntas o directorios políticos, o utilice su poder para favorecer o perjudicar electoralmente a un candidato, partido o movimiento político, incurrirá en multa y pérdida del empleo o cargo público."

Al tenor de la prohibición para el servidor público de utilizar su poder para perjudicar electoralmente a un candidato, partido o movimiento político, parece que la seguidilla de discursos vejatorios para Abelardo y la organización política que lo respalda que viene pronunciando en distintos lugares el que dice ser presidente de Colombia bordea descaradamente la susodicha prohibición.

Esos discursos vejatorios parecen configurar, además, sendos delitos de injuria y calumnia previstos en los artículos 221 y 222 también del Código Penal, pues no sólo arrojan ofensas contra el mencionado candidato, sino acusaciones concernientes a la comisión de gravísimos delitos.

Fuera de posibles violaciones del Código Penal, los iracundos y desaforados pronunciamientos públicos recientes del okupa de la Casa de Nariño ameritan que se los examine a la luz del régimen disciplinario de los servidores públicos, sobre lo cual resulta oportuno detenerse en las consideraciones que hizo la Procuraduría General de la Nación en documento que puede consultarse en directiva prohibiciones electorales.pdf.

Aquel funcionario parece ampararse en la impunidad que le otorga el control sobre la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes, la que según denuncia de uno de sus miembros fue beneficiada con el otorgamiento de cupos contractuales por valor de varios miles de millones de pesos. La incuria de dicha Comisión para proceder en averiguaciones sobre el comportamiento del servidor público de marras ya viene siendo objeto de investigaciones por parte de la Corte Suprema de Justicia y la Procuraduría General de la Nación. 

No hay que olvidar que el fuero que favorece al servidor de marras tocará a su fin el próximo 7 agosto, cuando las investigaciones penales en contra suya pasarán a cargo de la Fiscalía General de la Nación. Quizá entonces se haga justicia en torno de quien ha venido actuando como si para él no hubiera ni Dios ni ley.

miércoles, 3 de junio de 2026

Firmes por la patria

El próximo 21 de junio se juega decisivamente el futuro de Colombia. En la segunda vuelta de la elección presidencial la ciudadanía decidirá si conservamos la democracia liberal o nos precipitamos hacia el cenagal del comunismo en que quieren hundirnos Cepeda y sus secuaces.

De Cepeda bien puede decirse que "aunque la mona se vista de seda, mona se queda". Se disfraza de progresista, de defensor de los derechos humanos, de adalid en la lucha por la ética pública, de promotor del bienestar del pueblo y otras lindezas, pero a nadie escapa que es un comunista mondo y lirondo, formado en la escuela más radical detrás de la ominosa Cortina de Hierro.

Lo hemos visto defendiendo los regímenes castro-chavistas que sólo miseria y destrucción de las libertades más elementales han producido en Cuba y Venezuela.

La constituyente que promueve no busca mejorar nuestro régimen político, económico y social, sino dotar al gobernante de poderes excesivos que le permitan promover sin cortapisas las tres revoluciones que anuncia su programa, pergeñadas para dar un vuelco total a nuestro ordenamiento jurídico y borrar de tajo nuestras tradiciones, como si fuera tan fácil en una sociedad lo de partir de cero con borrón y cuenta nueva.

Abelardo ha traído a colación las certeras palabras de Churchill cuando asumió el gobierno de Inglaterra en unos de los momentos más difíciles de su historia, ofreciendo tan sólo "sangre, sudor y lágrimas" e invocando la solidaridad colectiva para superar el trance crucial en que se hallaba.

Mutatis mutandis, así estamos hoy los colombianos, enfrentados a una amenaza comunista que ha logrado despistar a un nutrido grupo de compatriotas que se ha dejado seducir por la palabrería vana de unos demagogos malintencionados. Es mucha la solidaridad con que nos toca rodear a Abelardo y José Manuel para que puedan enderezar el rumbo hacia lo que sin falso entendimiento conciben como el milagro colombiano, similar al que han obrado para sus comunidades los exitosos tigres asiáticos.

En síntesis, no miremos hacia Corea del Norte, como lo hacen Petro y Cepeda, sino hacia Corea del Sur, como lo indican Abelardo y José Manuel.

Sobre cada ciudadano pesa hoy la responsabilidad de decidir con su voto la suerte futura de Colombia. Que Dios nos ilumine y proteja en este momento crucial.


miércoles, 27 de mayo de 2026

Voto por Abelardo y Juan Manuel

Aunque he pertenecido al Centro Democrático desde su fundación y conservo el apoyo a sus postulados, en esta oportunidad me abstendré de votar por sus candidatos oficiales porque si bien respeto la personalidad y las ejecutorias de Juan Daniel Oviedo no encuentro en él condiciones satisfactorias para ejercer la primera magistratura en caso de que faltare su titular. No comparto sus ideas y lo encuentro algo díscolo, como una rueda suelta en el engranaje de la alta dirección de la rama ejecutiva.

Hace algunos meses propuse a través de este medio que se considerara la posibilidad de incluir a José Manuel Restrepo en la lista de los presidenciables. Considero que fue un gran acierto de Abelardo de la Espriella el invitarlo a hacer parte de su fórmula electoral. Creo que ambos ofrecen promisorias perspectivas para enderezar el rumbo del país que anda al garete bajo el desgobierno del charlatán irresponsable que despacha desde la Casa de Nariño.

Leo en El Colombiano de hoy que varios excandidatos que se notan resentidos disparan contra la dupla Abelardo-José Manuel acusándolos de extremistas y poniéndolos al mismo nivel del comunista Cepeda, pero en el frente opuesto.

No cabe duda de que Cepeda es extremista. Su proyecto radica en provocar tres revoluciones que nos llevarían al caos reinante en Cuba y en Venezuela. Eso no es progresismo, que significa mejoramiento de las condiciones sociales en totos los órdenes, sino destrucción de lo que Marco Palacios denominó alguna vez como "la delgada corteza de nuestra civilización". La continuidad del actual gobierno comunista sólo acarrearía males sin cuento para nuestra infortunada Colombia.

Como suelen decirlo los polemistas franceses, "seamos serios". Expliquen las casandras de ocasión en qué consiste el extremismo de Abelardo y Juan Manuel.

¿Restablecer el imperio de la ley y vigorizar la fuerza pública para devolverles a nuestros compatriotas la seguridad que se logró durante el gobierno de Uribe Vélez es extremismo o simple buen sentido? Ese imperio de la ley que proponen no sólo versa sobre la acción de las bandas criminales que asuelan el territorio patrio, sino también sobre las autoridades encargadas de preservar el ordenamiento jurídico. Ni Abelardo ni José Manuel proponen que se combata el crimen con medios también criminales. La fórmula es simple y la aprenden los estudiantes de Derecho desde su primer semestre en la universidad: la ley debe aplicarse con todo rigor, aun mediante el uso de la fuerza legítima cuyo monopolio ostenta el Estado. En eso consisten su heteronomía y su coercibilidad. Sólo por una perversión ideológica impuesta por los enemigos del orden constitucional ha hecho carrera la idea de que cuando la autoridad no logra reducir a los facciosos entonces debe claudicar ante sus exigencias y garantizarles impunidad por sus crímenes atroces.

¿Reducir el enorme tamaño del Estado y adoptar un régimen tributario que no oprima a los emprendedores que generan riqueza colectiva y garantizan empleo digno para los trabajadores es extremismo? Sí lo es la propuesta de Cepeda de redistribuir la riqueza para así multiplicar la pobreza e incluso la miseria, como ha ocurrido en los regímenes comunistas. El proyecto de Abelardo y José Manuel no va en desmedro de las legítimas aspiraciones de los trabajadores y los menesterosos, que deben atenderse al tenor de la opción preferencial por los pobres que proclama la Doctrina Social de la Iglesia. Lo que estipula es que se las atienda racionalmente, de acuerdo con las posibilidades comunitarias.

La negativa de Abelardo a hacer componendas con "los de siempre" puede ser susceptible de críticas por su falta de realismo político, como le ha sucedido a Fajardo, pero no es muestra de extremismo, dado que no significa que se persiga a nadie, sino que no se vuelva a la práctica de parcelar el Estado a través de negociaciones que suelen desembocar en corrupción. La acción estatal debe racionalizarse y el punto de partida es convocar el auxilio de los mejores, sobre todo cuando se trata de la reconstrucción del país. La convocatoria de José Manuel representa un magnífico ejemplo de lo que se busca en estos momentos en que se requiere erradicar la apestosa oclocracia que se ha incrustado en los altos niveles de la organización política.

Bienvenido sea el extremismo si por tal se considera la idea de enaltecer la vida pública con el realce de los valores cristianos que constituyen el fundamento de nuestra civilización. Si la Carta Fundamental que nos rige se expidió invocando la protección de Dios, reconocer su presencia en la acción gubernamental es apenas pertinente. No se trata de volver a la intolerancia religiosa ni de imponer por la fuerza un sistema de creencias, sino de promover la política del espíritu que mencioné hace poco en uno de mis escritos. Si los escépticos, incrédulos o indiferentes reclaman sus espacios en ejercicio de la libertad de conciencia y las que de ella emanan, también nosotros los creyentes tenemos derecho a que en la esfera pública se nos respete y permita hacer valer nuestras voces en pro del mejoramiento espiritual de las comunidades. A la hora de la verdad, el verdadero progreso de la humanidad consiste en la promoción de su trascendencia espiritual, que es la que nos hace mejores y a ello no puede ser ajeno el Estado cuya finalidad primordial es la promoción del bien común. No son compatibles con ella los perniciosos ejemplos de degradación con que a diario nos ofende el que nos desgobierna.

Con Abelardo y Juan Manuel rescataremos la dignidad del buen gobierno de la república.

viernes, 22 de mayo de 2026

Pan para hoy, hambre para mañana

Los electores que se aprestan a votar por el candidato comunista en las próximas elecciones, seducidos por sus promesas e instigados por sus resentimientos, deben pensarlo dos veces, pues ya hay prueba plena de que la suya es una ideología no sólo ya desueta, sino condenada al fracaso.

Basta con que observen lo que ha acontecido en Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela para darse cuenta de los destrozos y abusos de todo orden que producen esos regímenes so pretexto de la revolución que anuncian como panacea para resolver los problemas sociales.

El candidato comunista habla de tres revoluciones: ética, política y social.

Hay que preguntar ante todo en qué podría consistir una revolución ética promovida por un materialista ateo y enemigo de la religión, que aspira a eliminarla de la vida comunitaria. Sus mentores proclaman que es ético todo lo que sea útil para el triunfo de la causa revolucionaria. No hay la idea de una normatividad superior, sino la de un extremo pragmatismo, el de la combinación de todas las formas de lucha. Todas las libertades que ha logrado la civilización liberal, empezando por las religiosas y las de pensamiento, quedan en salmuera frente a las consignas que promueven la transformación radical del individuo humano en una ficha del sistema totalitario. Las garantías del derecho penal liberal desaparecen debido a las exigencias de la revolución. Toda actitud sospechosa suscita reacciones letales para quienes no se adapten a la disciplina que pretenden imponer los gobernantes. Este escrito. por ejemplo, daría lugar a que me persiguieran e incluso me llevaran a prisión, cuando no a la desaparición forzada.

Su irreligión se centra ante todo en el anticristianismo Para debilitar la religión dominante los comunistas latinoamericanos realzan los llamados cultos ancestrales, como la santería cubana, el vudú haitiano y las creencias indígenas, no pocas veces contaminadas de hechicería. Un pastor protestante alertó hace poco sobre los rituales de brujería que se han celebrado en el Cauca en torno de la candidata a la vicepresidencia que acompaña al comunista Cepeda. ¿Está consagrado el que nos desgobierna a Changó como lo denuncia el Centro Cultural Cruzada?

La revolución política se propone, según se dice, empoderar al pueblo y eliminar la influencia de los dirigentes a quienes se denuncia como opresores y explotadores. El concepto de democracia que la inspira es la que llamo tumultuaria, como la que profesaron los jacobinos que sembraron el terror en la Revolución Francesa. Pero, según el dogma leninista, la masa debe guiarse por el partido único que es el llamado a interpretar el momento histórico y sus virtualidades. El movimiento constituyente, tal como se lo anuncia, no estaría animado por la reflexión serena acerca de las necesidades del país, sino por las consignas alocadas de sus promotores.

En cuanto a la revolución social, su propósito radica en la eliminación de las clases sociales para así instaurar una clase única en la que reine una igualdad total. Como según el dogma que la inspira el origen de las clases sociales radica en la propiedad privada, la tarea prioritaria consiste en destruirla. De ese modo, se lograría el propósito que no oculta el candidato comunista de distribuir la riqueza y llevarnos a todos a situaciones de pobreza en las que carezcamos de lo que él considera superfluo para la vida. Su discurso es explicito y nadie puede llamarse a engaño acerca de sus alcances. Todo el que mejore sus condiciones existenciales porque es más trabajador, más creativo, más previsor o más responsable con los suyos se considera un antisocial al que hay que despojar para obligarlo a que comparta con los demás y le entregue al Estado el fruto de sus esfuerzos. Todo trabajo asalariado se estima como explotación del hombre por el hombre.

Pero esta revolución social esconde una tremenda mentira, pues la sedicente búsqueda de la igualdad suscita nuevas desigualdades más odiosas que las que se trata de eliminar. Son las que se dan con la aparición de la "Nueva Clase" de que hablaba Milovan Djilas en un texto célebre, o sea la odiosa "Nomenklatura" que se impuso en el sistema soviético con sus reprobables abusos y su fétida corrupción. Los ejemplos de Cuba y Venezuela son elocuentes al respecto.

Lo que se va a decidir el 31 de este mes versa sobre la continuidad de una democracia liberal defectuosa como los son todas o la instauración de un régimen comunista totalitario, liberticida y promotor de la miseria colectiva.

viernes, 15 de mayo de 2026

Fuego amigo

El oscuro senador Cepeda, al igual que el irresponsable que nos desgobierna, es un comunista solapado que trata de disimular su verdadera identidad política presentándose como apóstol de la paz, cuando su ideología pregona la lucha de clases y la legitimidad de la violencia para acelerar los cambios sociales. Si llegare a triunfar en las próximas elecciones presidenciales, Colombia se vería abocada a la continuidad de un proceso revolucionario tendiente a arrojarla al precipicio que hoy padecen cubanos, nicaragüenses y venezolanos, o quizás a algo peor.

La disyuntiva que enfrentamos en esta campaña electoral no enfrenta propiamente a uribistas contra petristas, ni a derechistas, centristas e izquierdistas, sino a la democracia liberal versus el totalitarismo liberticida de los comunistas.

Las diferencias entre abelardistas y palomistas no son insalvables y podrían solventarse con un poco de buena voluntad. Si alguna de las dos tendencias pasare a segunda vuelta para enfrentar a Cepeda, la unión de ambas sería indispensable para salvarnos del comunismo.

Es imperativo entonces que se tiendan puentes entre Abelardo y Paloma, pues así lo exige la supervivencia de nuestra institucionalidad democrática. Ninguno de ellos representa un peligro para Colombia que pueda compararse con la amenaza letal que entraña el comunista o criptocomunista Cepeda.

Por supuesto que el estado en que nos viene dejando el desgobierno actual es calamitoso a más no poder. El que gane la primera magistratura tendrá que convocar a los colombianos a la unidad para  sobrellevar los sacrificios conducentes a la reconstrucción del país, que de seguro será ingente tarea de varios años.

Sea Abelardo o sea Paloma quien le gane a Cepeda, no podrá ignorar los reclamos populares que le han dado impulso al comunismo petrocepedista. Hay todo un programa social razonable pero decidido para que la masa popular recupere la fe en nuestra institucionalidad democrática. Se hace menester entenderse con los sindicatos, con las organizaciones populares, con los campesinos, con la juventud, con las madres cabeza de familia, con los trabajadores informales, con quienes pasan hambre, etc. porque sus voces deben contar para enderezar el rumbo del país.

En lugar de arrojarse dardos envenenados, les toca, en bien de Colombia, delimitar un terreno común en el que sean posibles los acuerdos. Conviene recordar al general Benjamín Herrera cuando en un momento crucial para nuestro destino proclamó la divisa de "la patria por encima de los partidos". Si por obra de la división irracional entre abelardistas y palomistas llegare a triunfar Cepeda, sobre unos y otros tendría que recaer un anatema insalvable.

jueves, 7 de mayo de 2026

La Violencia en Colombia

Tanto el que nos desgobierna como quien aspira ser su heredero en el cargo que de modo espurio e indigno ocupa insisten en que nuestro país ha sido dominado por una oligarquía asesina cuyos desmanes han causado centenares de miles de víctimas, bien sea por la violencia oficial o por la de esbirros suyos.

Como decía el exprocurador Ordóñez, ellos lloran por un solo ojo. Si bien es cierto que a las autoridades y a grupos por lo menos tolerados por ellas pueden atribuírseles muchísimos crímenes, de los que dan cuenta varias investigaciones que se han realizado en procura de mostrar la verdad de la tragedia que a lo largo de muchos años ha enlutado nuestro acontecer, los mencionados personajes son más que reticentes para referirse a la responsabilidad de los comunistas y sus compañeros de ruta por los sufrimientos que nuestro pueblo ha padecido por lo menos durante las ocho últimas décadas.

Es claro que la llamada Violencia que se desató desde la segunda mitad de la década de los años cuarenta del siglo pasado y se hizo más cruel en los comienzos de la década del cincuenta tuvo su origen en los conflictos entre los dos partidos históricos. Como me dijo un destacado dirigente liberal que conoció de cerca los acontecimientos de esos años aciagos, con la llegada de Mariano Ospina Pérez a la presidencia los conservadores pensaron que lo habían ganado todo y los liberales creyeron que no habían perdido nada. Pese a que Ospina, que era ecuánime y sereno, intentó llevar a cabo un gobierno de unidad nacional en el que colaboraran conservadores y liberales, la pugnacidad entre unos y otros lo desbordó, por lo que cuando su período tocaba a su fin convocó a los entonces candidatos de los partidos históricos para proponerles que, en vista del agudo conflicto que había y la  enorme dificultad para celebrar elecciones pacíficas, asumiera el poder una junta integrada por un conservador, un liberal y un militar que pacificara el país y pudiera garantizar luego un proceso electoral que a todos satisficiera. El candidato liberal, Darío Echandía, delegó su representación en Alfonso López Pumarejo, quien rechazó de plano esa iniciativa que le habría ahorrado al país sufrimientos sin cuento, alegando que su partido no aceptaba sacrificar sus mayorías. Me decía el dirigente en mención que López, con la habilidad de los dirigentes del partido para hacerse aplaudir sus errores, fue vitoreado por la junta de parlamentarios, ante la cual sólo se alzó una voz que pedía que se aceptara la tabla de salvación que ofrecía el presidente Ospina. 

Leí en mi adolescencia un libro bastante ignorado de Eduardo Caballero Calderón, "Cuestiones Colombianas", en el que relataba su experiencia como Registrador Nacional del Estado Civil por ese entonces, cargo al que hubo de renunciar, según dijo, porque no quería patrocinar la sangrienta farsa en que se convertirían las elecciones de 1949.

Esa violencia interpartidista se moderó con la llegada al poder del general Rojas Pinilla, que prometió "Paz, Justicia y Libertad", así como el cese de todas las depredaciones que se venían sufriendo. El "Golpe de Opinión" que según Echandía lo llevó a la presidencia tuvo efectos muy positivos para la pacificación del país. Recuerdo el despliegue fotográfico con que la revista Life registró el evento de la entrega de armas de una fila enorme de guerrilleros de los llanos al general Duarte Blum.

Pero al lado de las guerrillas liberales que aceptaron el programa de Rojas y las que después se acogieron al plan de rehabilitación que puso en marcha el gobierno de Lleras Camargo bajo la gerencia de José Gómez Pinzón, había unas guerrillas comunistas que perseveraban en la lucha armada. Cuenta el general Valencia Tovar en sus memorias que le tocó actuar en Tolima para poner en práctica ese programa. Los guerrilleros liberales manifestaron su disposición para desarmarse, pero le advirtieron que los comunistas no estaban dispuestos a entregarse. Dentro de sus dirigentes estaba el después conocido como Tirofijo, tristemente célebre por las atrocidades que cometió. 

Esas guerrillas comunistas fueron el germen de las Farc. La Revolución Cubana les dio ánimo. Cuba fue después la promotora del ELN y auxiliadora del M-19. A raíz del conflicto entre la URSS y China, ésta patrocinó más tarde al EPL.

El comunismo no fue ajeno al conflicto entre liberales y conservadores. Todo lo contrario. Hay múltiples indicios que vinculan al comunismo internacional con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948. Es creíble que lo sucedido en ese día aciago fue un "putsch" orquestado por los comunistas para sabotear la Conferencia Interamericana que se estaba celebrando y derrocar al presidente Ospina Pérez. Es lo cierto que esos hechos asustaron al conservatismo, llevándolo a impedir que el liberalismo volviera al poder en 1950, tal como se lo confesó Jorge Leyva a Alberto Jaramillo Sánchez cuando viajó a Miami a proponerle la unión de los partidos para superar la dictadura de Rojas. Así me lo contó la viuda de Jaramillo.

El Frente Nacional aclimató la convivencia pacífica entre liberales y conservadores, pero los comunistas no entendieron o no quisieron aceptar ese programa bienhechor para la suerte de la patria. Su sectarismo y la idea de que con Cuba la revolución estaba a la vuelta de la esquina los llevó a considerar que dentro de las diferentes formas de lucha se justificaba la rebelión armada contra la institucionalidad colombiana. Como lo dijo alguien de no muy grata recordación, encontraban moralmente admisible matar para que otros supuestamente vivieran mejor. 

El Centro de Memoria Histórica, bajo la dirección de Darío Acevedo, realizó una acuciosa investigación sobre los crímenes de las Farc y el ELN que el desgobierno actual censuró pero está disponible en las redes sociales. Los crímenes del M-19 aparecen registrados en las Memorias del Conflicto y la denuncia que ante la justicia internacional presentó el abogado Segio Alzate (vid. El informe final sí habla de los crímenes cometidos por el M-19 | ColombiaCheck y Presentan denuncia penal internacional contra Gustavo Petro por crímenes de lesa humanidad - El País). Para no entrar en detalles, la bienaventuranza para el pueblo que ofrecía la lucha armada de los comunistas desembocó en un aterrador infierno del que no quieren ofrecer explicación alguna el comunista que nos desgobierna ni el que aspira a sucederlo.

Hay un libro póstumo de Abelardo Forero Benavides que tengo en mi lista de lecturas. Su título es revelador: "Colombia, un drama". "La Violencia en Colombia", que se publicó hace varias décadas, representa el prólogo de lo que ha seguido con posterioridad al atroz conflicto entre los partidos históricos. La violencia comunista dio pábulo a más violencia oficial y a la de autodefensas, que combinada con la de los cárteles de la droga y ahora con los explotadores de la minería ilegal, ha contribuido a ensangrentar más el suelo colombiano. Los comunistas no son inocentes  respecto de nuestras tragedias. Mejor les valdría llorar por el otro ojo.

Colombia necesita la pacificación de los espíritus. Pero el gran acuerdo nacional de que ahora se habla supone el reconocimiento de todas las culpas y la admisión de todas las responsabilidades. Ese es un paso espiritual indispensable para que reine la paz.

domingo, 3 de mayo de 2026

La Política del Espíritu

Hace años leí un ensayo de Paul Valéry que lleva este título. Contiene una serie de reflexiones sobre la civilización que mantienen hoy quizás más que en el momento en que se las dio a conocer su perentoria actualidad. Comienzan con esta afirmación: "Nosotras, las civilizaciones, ahora sabemos que somos mortales" (vid. 340 Valery.pdf - Google Drive). Sus reflexiones han dado lugar a muchos comentarios y debates, que no tocan con el texto de este artículo, salvo en lo que se refiere a esta afirmación según la cual "toda política parte de cierta idea del hombre".

Es lo que está hoy en el centro del debate en la campaña presidencial en curso: la concepción materialista y por consiguiente atea que, así lo oculte, inspira al candidato Cepeda, cultor de la ideología marxista-leninista en la que se formó en la Bulgaria de detrás de la Cortina de Hierro, y a la que se opone frontalmente el espiritualismo que permea la campaña de Aberlardo De La Espriella y José Manuel Restrepo, que predican que hay que volver a situar a Dios y los valores cristianos en el lugar que les corresponde en nuestra sociedad.

Por allá en 2004, a raíz de una brillante iniciativa del benemérito padre Hernando Uribe Carvajal, que aspiraba a que varios conferencistas disertaran sobre la espiritualidad en las distintas esferas de la acción humana, preparé un temario sobre Política y Espiritualidad. El proyecto no pudo llevarse a cabo, según me informó su promotor, porque desafortunadamente no obtuvo los recursos necesarios.

El programa que propuse contemplaba los siguientes temas:

1-El Ser Espiritual.

2-Teoría de los valores.

3-La persona.

4-La comunidad.

5-Bien común, justicia y libertad.

6-Autoridad y poder.

7-Ética y política.

8-La política coo vocación.

El punto de partida es la consideración del ser humano más allá de su estado natural y como llamado a la trascendencia espiritual que lo acerca a Dios posibilitando no sólo que viva en paz en la tierra, sino su bienaventuranza eterna.

Hay todo un programa de pedagogía social encaminado a lograr la armonía de cada ser humano en su interior, así como en sus relaciones interpersonales, en las comunidades de las que hace parte, en las de dichas comunidades con las demás y, en suma, en las que inexorablemente median con la naturaleza que lo rodea. Ese programa contiene todos los aspectos de la ética que nos señala las reglas acerca de cómo debemos obrar. Y no podemos dejar de lado que toda esa armonía se rige por la Ley Eterna, la que se manifiesta en la Revelación Divina.

Es lo que concierne a la Civilización del Amor que se inspira en el Evangelio.

El candidato comunista habla de una revolución ética que contrarreste la corrupción que enturbia la gestión del desgobierno actual. Pero el materialismo y el ateísmo que profesa dentro de los dogmas del marxismo-leninismo la hacen inviable, pues su punto de partida es la lucha de clases, la promoción de la violencia para destruir la institucionalidad que considera que favorece los intereses de las clases dominantes, la forzosa transformación de la humanidad para crear el "nuevo hombre" purgado de sus deformaciones clasistas. Su doctrina, si así cabe llamársela, obedece a las consignas del terror de Robespierre: hay que obligar a los hombres a ser virtuosos, so pena de someterlos a la guillotina. Reitero que "El Libro Negro del Comunismo" da buena cuenta de los millones de víctimas humanas que ha producido esa ideología asesina, por no hablar de las que documenta el libro "Grandes Crímenes de las Farc y el ELN" en nuestro país. Son los frutos del odio.

Así se enoje e insulte el que nos desgobierna contra los sacerdotes y pastores que alertan a la ciudadanía acerca de lo que entraña el voto por el candidato comunista, tanto la Iglesia Católica como las demás iglesias cristianas están en el deber de orientar a sus fieles sobre la crucial importancia de las elecciones venideras, en las que se decidirá sobre el combate espiritual que se libra hoy en nuestro país.



martes, 28 de abril de 2026

¿Cuál extrema derecha?

El siniestro senador Cepeda, junto con ciertos despistados que dicen ubicar en el centro del espectro político, anda con el cuento de que sus principales contendores son dizque de extrema derecha, mientras que él encarna un proyecto progresista que busca realizar la justicia social y mejorar las condiciones de vida del pueblo colombiano.

Lo que oculta a la ciudadanía es la índole profunda de su ideario. No se somete a debates, salvo que se arreglen a sus exigencias, porque sabe que en ellos tendrá que admitir que es comunista de raca mandaca, que sus modelos de país se inspiran en el castro-chavismo, que por lo menos ha sido compañero de ruta de las Farc y el ELN, promueve la lucha de clases y es enemigo acérrimo de todo lo que se identifique con la libertad económica. Su activismo en pro de los derechos humanos se centra en los de los subversivos que rechazan el ordenamiento liberal, mas no en la defensa de las víctimas de sus desafueros. La revolución que promueve busca implantar un régimen totalitario y liberticida.

Insisto en que el debate político en estos tiempos que corren entre nosotros se da, en rigor, entre partidarios de la democracia liberal y partidarios de la democracia totalitaria. Los primeros no son asimilables al fascismo, como descaradamente los acusan los segundos dentro de su tónica de engañar al electorado para que caiga en la trampa de sus falacias.

El fascismo y el nazismo que hoy pretenden revivir para crear enemigos ilusorios pertenecen al pasado. Murieron con la Segunda Guerra Mundial y corresponden a un momento histórico ya perimido. Y, al contrario de lo que proclaman los comunistas, tienen con éstos no pocas afinidades ideológicas. Sus fuentes conceptuales son prácticamente iguales. En una publicación reciente, Axel Kaiser se ha ocupado de demostrar el parentesco cercano que media entre todas estas tendencias (vid. Axel Kaiser: "El marxismo, el leninismo y el nazi-fascismo son en esencia lo mismo" - Infobae).

En varias ocasiones he traído a colación lo que escribió alguna vez Raymond Aron acerca de que el liberalismo es el denominador común de la civilización política que comparten la derecha no extremista y la izquierda no totalitaria. En la democracia liberal caben diversas tendencias que comparten el respeto por la dignidad de la persona humana y los derechos fundamentales que la protegen, así como el valor del diálogo para la solución de las diferencias que necesariamente se dan en la vida de relación. Pero este diálogo supone, como lo señalan distinguidos estudiosos del mundo político, lo que Álvaro Gómez Hurtado destacaba como el consenso sobre lo fundamental. 

Dicho consenso es imposible entre los partidarios de la democracia liberal y los de la totalitaria, que en la actualidad están representados por los comunistas. Por eso he sostenido en otras ocasiones que el apoyo de liberales y conservadores a candidatos comunistas es algo contradictorio en sí mismo, un oxímoron. Los que así piensan cavan la fosa en que habrán de sepultarlos.

La salvaguarda del consenso sobre lo fundamental reside en que se instituya el monopolio del Estado sobre la violencia legítima, tal como lo postularon Max Weber o Hans Kelsen, por citar tan sólo a dos eminentes pensadores acerca de lo político. Los comunistas adoran su propia violencia y rechazan radicalmente la titularidad para ejercerla que invoca el Estado liberal, porque la consideran motivada en los intereses de las clases dominantes. Promueven una ideología asesina de la que dan cuenta cabal "El Libro Negro del Comunismo" y "Crímenes de Guerra Farc y ELN", este último de Darío Acebedo, que sufrió entre nosotros la censura oficial y circula a través de las redes sociales. Consideran que la acción estatal llamada a reprimir los desafueros que se cometen en nombre de la Revolución es del todo inaceptable. Por eso odian al expresidente Uribe Vélez y su seguridad democrática, que arrinconó a los subversivos para defender a las comunidades azotadas por sus depredaciones.

Lo que ha dado a conocer ante el público al siniestro senador es la saña con que se ha dedicado a perseguir al expresidente, mediante actuaciones sospechosas en torno de testigos e incluso de actores judiciales. Si bajo el desgobierno actual ya se ha insinuado una policía política que evoca los procedimientos de las democracias populares de los satélites de la URSS, a través de la DNI, la oscura influencia del candidato comunista sobre algunos integrantes de la rama jurisdiccional hace pensar en los famosos procesos de Moscú en 1936 o los de los países satélites después de la Segunda Guerra Mundial, por no mencionar los de la Cuba castrista o los más recientes de la dictadura venezolana.

Tanto el que hoy nos desgobierna como quien aspira a sucederlo como su heredero promueven una constituyente llamada a suprimir la Constitución Política de 1991, que a pesar de sus defectos de origen y contenido mal que bien nos ha regulado a lo largo de cerca de 35 años con ideas más cercanas a la socialdemocracia que al conservadurismo. Los candidatos de las mal llamada derecha o centroderecha no aspiran a implantar un neoliberalismo radical ni eliminar los beneficios de que hoy gozan las clases menos favorecidas, como mentirosamente los acusa ese senador. Buscan la justicia social por medios más racionales e idóneos que los que propone el candidato comunista, al que conviene repetirle lo que Giscard D'Estaing en su momento le reclamó a su contendor Mitterrand: "Ustedes no tienen el monopolio de la justicia". 

Tanto los socialistas como los comunistas se ufanan de poseer cierta jerarquía moral sobre sus contendores, pero es asunto del todo abierto a discusión. El candidato comunista en su discurso habla sobre la necesidad de una revolución ética, pero está por demostrarse si los regímenes en que se inspira resplandecen por la eminencia de sus virtudes. A ojo de buen cubero, puede uno afirmar que en ellos se ha manifestado lo peor de la condición humana. Lo de la alianza por la vida que proclama su campaña no deja de ser algo digno de los más hirientes sarcasmos.

En síntesis, si hay algún extremo en el debate político actual del que deba cuidarse la ciudadanía es el que encarna el candidato comunista. Ojo con eso.

lunes, 20 de abril de 2026

S.O.S.

Dentro de los múltiples exabruptos que a diario comete el irresponsable que nos desgobierna, hay dos recientes sobre los que se hace menester ocuparse cuidadosamente.

El primero tuvo lugar en Ipiales, a raíz del consejo de ministros que ahí se celebró. Sin ton ni son la emprendió contra el sacerdote que en Bogotá alertó a sus feligreses sobre el peligro que entraña la candidatura presidencial del comunista Cepeda. "Si no le gusta, cállese", le ordenó como si pronunciara un ukase, añadiendo que le daba instrucciones a la policía para emprender acciones al respecto.

Es verdad que a muchos les desagrada cualquier intervención de la Iglesia o de alguno de sus ministros en las querellas políticas. Es por ello que su jerarquía en los últimos tiempos ha observado una prudencia que no deja de ser discutible en casos, como el actual, en que su voz debería manifestarse en ejercicio del deber que tiene de orientar a los creyentes en asuntos de extrema gravedad, como lo es la perspectiva de que Colombia definitivamente caiga en garras del comunismo ateo y anticatólico. Nada bueno para nuestros correligionarios cabría esperar de quien para acreditar su formación profesional enseña el título de filósofo expedido por una universidad comunista que lo formó, por así decirlo, en las doctrinas de Marx, Engels y Lenin. 

La salida de tono en Ipiales suscita la idea de que si la Iglesia cumple con el deber de obedecer a Dios antes que a los hombres, tal como lo predicó san Pedro ante el Sanedrín, tendrá que exponerse a la persecución policiva y vaya uno a saber a cuántas cosas más. Es hora de que desde los púlpitos se alerte a los católicos sobre los peligros que se ciernen sobre nuestra sacrosanta religión si el comunismo se mantiene en el poder en los tiempos inmediatamente venideros.

El segundo exabrupto es quizás más inquietante que el anterior. En declaraciones para "El País" en España, a propósito del aquelarre ultraizquierdista que acaba de celebrarse en Barcelona, declaró que desconocería el resultado de las próximas elecciones presidenciales si en ellas se diere el fraude que viene denunciando por el trabajo que se le ha encomendado a la firma Thomas Greg & Sons, de la cual se ha manifestado como su enemigo, en torno de la logística electoral. Hace poco denunció, sin pruebas, que hubo conversaciones con el candidato De La Espriella para alterar en su favor los resultados de los comicios, ignorando que los mismos se establecen definitivamente a través de escrutinios que se realizan en presencia de jueces. La justicia le exigió que presentara pruebas de sus acusaciones y descaradamente declaró que no le obedecería. El desacato es algo que parece responder a su idiosincrasia levantisca.

¿Qué pretende hacer si por sí y ante sí en caso de que le parezcan inaceptables los resultados de las elecciones por no favorecer al que abiertamente promueve como su heredero, llamado a continuar la revolución que se jacta de haber iniciado?

La legislación electoral prevé recursos para los casos en que se presenten irregularidades en los comicios, pero no le concede al gobierno facultad alguna para desconocer sus resultados si se oponen a sus designios. Si intentare hacerlo, generaría una profunda crisis institucional de consecuencias imprevisibles. Pero como es un gobernante sin Dios ni Ley, quizás se le daría una higa por ello.

El congreso, la justicia, los entes de control, los candidatos, los partidos y movimientos políticos, la prensa y la ciudadanía en general deben estar alertas ante la tremenda amenaza que ese tiranuelo con aire despótico acaba de lanzar contra nuestra institucionalidad democrática. Si no gana su favorito habremos de atenernos a las consecuencias.

¡Que Dios nos tenga de su mano!

lunes, 13 de abril de 2026

El crimen acecha

El funesto M-19 se caracterizó por extorsionar, secuestrar, torturar, asesinar, asaltar, masacrar, falsificar y, en general, pasearse por casi todo el articulado del Código Penal. El actual okupa de la Casa de Nariño hizo parte de esa agrupación que justamente ha sido señalada como terrorista por sus estremecedoras acciones antisociales. Por su complicidad, ha sido denunciado hasta ahora de modo infructuoso ante la justicia internacional (vid. https://www.eltiempo.com/unidad-investigativa/gustavo-petro-francois-cavard-el-hombre-que-lo-denuncio-en-espana-676477) y al parecer se benefició de amnistía e indulto concedidos por nuestro Congreso, aunque hubo de estar condenado y preso por varios delitos. Estaba entre rejas cuando el M-19 asaltó el Palacio de Justicia y se rumora que promovió un motín para escapar de la cárcel con el propósito de sumarse a los asaltantes. Esa sentencia condenatoria lo inhabilitaba para ser elegido congresista y presidente, según los artículos 179-1 y 197 de la Constitución Política, pero cuando el Consejo de Estado intentó pronunciarse sobre el asunto no apareció copia auténtica de la misma, dado que por arte de bibibirloque el original había desaparecido del expediente. El que lo sustrajo incurrió, desde luego, en una modalidad de falsedad documental que nadie se tomó el trabajo de investigar.

Circulan muchos comentarios sobre las fechorías en que dicho personaje participó directamente como integrante de esa organización terrorista. Hay testigos presenciales que lo acreditan como cobrador de extorsiones. Se dice que actuaba además como carcelero de secuestrados a los que sometía a tratos degradantes en las cavidades de las tristemente célebres "cárceles del pueblo" y un pastor cartagenero se ha atrevido a vincularlo con el horripilante homicidio del líder sindical José Raquel Mercado (vid. "Usted torturó y asesinó...", el pastor Arrázola se va contra Petro).

En todo caso, su pasado no es edificante. Se duda, incluso, de que haya sido favorecido por el indulto (vid. Detector: Petro no fue indultado por su paso por el M-19, según MinJusticia - La Silla Vacía).

A pesar de todo lo que grazna en su defensa, bajo su desgobierno el país ha contemplado atónito su condescendencia con la criminalidad, la cual se ha desbordado en estos últimos tres años hasta el punto de que, según denuncias de Fernando Londoño y José Alvear Sanín en "La Hora de la Verdad", cunde el temor de que las bandas de delincuentes que controlan vastos sectores del territorio patrio estén en capacidad de forzar a las comunidades que los ocupan para que depositen sus votos por el candidato comunista. Se estima que de ese modo podría obtener unos dos millones de votos que serían decisivos para llevarlo a la presidencia.

Lo que el que nos desgobierna considera que sería la continuidad de la revolución que él se jacta de haber iniciado acarrearía consecuencias institucionales de tremenda gravedad. De entrada, daría lugar a la sustitución de una democracia liberal así sea imperfecta por un totalitarismo liberticida como el que impusieron los Castro en Cuba, Chávez en Venezuela u Ortega-Murillo en Nicaragua. Si resultare cierto que "Colombia es tierra estéril para las dictaduras", como lo dijo don Marco Fidel Suárez hace cosa de un siglo, el intento de implantar entre nosotros el comunismo estalinista en que el senador Cepeda se adoctrinó en Bulgaria traería reacciones tan graves como la guerra civil y el separatismo de regiones enteras, como Antioquia.

Nadie duda de que la situación en que estamos es compleja a más no poder. Son muy delicados y difíciles de abordar los problemas que el desgobierno actual ha traído consigo. Abelardo y Paloma, que parecen ser los más indicados para enfrentar al candidato comunista, si llegaren a triunfar quedarían en la misma posición de Churchill ante la Inglaterra desorientada en 1940: sólo podrían ofrecer "sangre, sudor y lágrimas" que convocaran la unidad de las fuerzas vivas para enderezar el rumbo hacia el bien común correctamente entendido. Sólo a partir de un gran acuerdo nacional podríamos aspirar a hacer de Colombia el país milagro de que habla Abelardo. Ese acuerdo tendría que considerar unas políticas sociales viables dentro de las limitadas posibilidades crematísticas en que nos dejará el derroche de este desgobierno.

Quizás nunca antes en la atareada historia de este país nos habíamos encontrado en una situación tan delicada como la presente. Todos somos responsables de la suerte colectiva y debemos votar en conciencia para que nos llegue un buen gobierno y cese de veras, como reza nuestro himno, esta "horrible noche".

lunes, 6 de abril de 2026

Nuestra Última Partida

El título de este tangazo me sirve para referirme a lo que nos espera en las elecciones presidenciales próximas a celebrarse en nuestro país. Nuestra suerte futura se juega en ellas. Si el hirsuto senador Cepeda llegare a ganarlas no resulta aventurado pensar que serían nuestros últimos comicios libres por muchos años.

La razón es muy sencilla: es un candidato radicalmente comunista. No es de izquierda moderada, como los social-demócratas. Y su rótulo de progresista está en veremos, pues profesa una ideología anacrónica y obsoleta cuyos nefastos resultados hoy resultan indiscutibles, tal como lo vemos en Cuba y Venezuela.

No puede negar que ha sido compañero de ruta de las Farc. Y del mismo modo que el que hoy nos desgobierna lo hace con sus compinches del fatídico M-19, no sería extraño que de llegar a la presidencia cogobernara con los carniceros de las Farc, bien fuere con los que dijeron haberse desmovilizado a raíz del acuerdo con Santos o los que lo harían como resultado de la ominosa Paz Total que ha prometido consolidar y que no es otra cosa que la rendición del Estado ante Mordisco, Calarcá o los asesinos del ELN y también los delincuentes del Cartel del Golfo y los del "tarimazo" del valle de Aburrá.

Todo ello dizque en aras de la paz.

La historia enseña que los comunistas cuando llegan al poder lo incrementan a través de la más severa de las represiones. Los derechos humanos que dicen defender son los suyos, no los de sus víctimas. Instauran un Estado policíaco y ponen la justicia al servicio de la persecución contra sus oponentes. No sólo llenan las cárceles de presos políticos, como en el tristemente célebre Helicoide venezolano, sino que llevan la tortura hasta extremos increíbles de crueldad, como se ha visto en Cuba y en Venezuela. Por supuesto que no los arredra la posibilidad de ultimar a sus opositores, tal como sucedió con Miguel Uribe Turbay, que ya se sabe que fue asesinado por secuaces de Iván Márquez, cuyos nexos en un pasado reciente con el candidato comunista son de público conocimiento.

Dicho candidato se propone la convocatoria de una constituyente, no para mejorar la Constitución de 1991, sino para liquidarla y poner nuestro ordenamiento a tono con su ideología comunista, tal como lo hizo Chávez en Venezuela. Y ofrece una redistribución de la riqueza para nivelar por lo bajo las condiciones vitales de los colombianos, destruyendo el sistema de clases y persiguiendo de modo inclemente a los emprendedores que al generar riqueza crean empleo que mejora el nivel de vida de los trabajadores. 

La destrucción de la economía incrementaría la miseria y el éxodo masivo de nuestros compatriotas hacia el exterior, que bajo las actuales circunstancias ya se calcula en millón y medio de personas.

Insisto en que el debate actual no es entre dos opciones democráticas, sino entre la democracia liberal y  el totalitarismo liberticida de los comunistas. Los que piensen depositar su voto por el senador Cepeda deben de considerar a qué se exponen si llegare al gobierno. Mírense en el espejo de cubanos, nicaragüenses y venezolanos para que no se llamen después a engaño.




miércoles, 1 de abril de 2026

Tiempo de reflexión

Estamos en Semana Santa. Son días en que conviene reflexionar sobre temas trascendentales. Por supuesto, toca meditar acerca de los eventos de la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo, pero, ante todo, sobre el estado de nuestra alma en relación con la eternidad que le espera cuando soplen los que el poeta llamaba los vientos ineluctables. Es hora de arrepentirnos de nuestros errores y tomar la decisión de corregirlos.

Pero es también tiempo de oración, sobre todo en las circunstancias presentes en las que Colombia corre el tremendo riesgo de caer bajo las fauces del comunismo. Ya estamos bajo un gobierno de esa corriente que le está hincando sus garras y pretende que lo suceda uno peor. En pocas palabras, diré que estamos por pasar de la coyunda del M-19 a la de las Farc, de las que es compañero de ruta el oscuro senador Cepeda.

Aunque éste dice no pertenecer al partido Comunista, su ideología es del mismo cuño. Recibió su formación profesional en Bulgaria cuando este país hacía parte del bloque soviético. Y su ADN tanto por parte de padre como de madre, según su propia confesión, es comunista hasta el tuétano.

Aunque se presenta como defensor de los derechos humanos, no los asume por convicciones liberales, sino para valerse de la protección que les brinda el régimen constitucional en beneficio de quienes aspiran a derrocarlo en pro de la instauración de un régimen totalitario y liberticida, como el cubano que tanto admira.

Si la mayoría de la población colombiana sigue siendo católica o al menos cristiana en sus distintas manifestaciones, debe de tomar conciencia de que bajo un gobierno comunista desaparecería la libertad religiosa y serían objeto de persecución sus convicciones más caras. El ateísmo pasaría a ser el dogma a imponerse por las autoridades.

Un paso hacia la erradicación de las creencias cristianas se daría a través de la promoción de las llamadas religiosidades ancestrales, muchas veces teñidas de hechicería y hasta de satanismo. Circula por las redes una preocupante denuncia de un pastor cristiano que habla de ceremonias de brujería que se han realizado en el Cauca para afectar a los rivales del senador comunista y atraer fuerzas preternaturales en favor de este último. Ello no es de extrañar, pues tal como lo he escrito en otras oportunidades, el ocultismo ha jugado un rol muy significativo en la Cuba de los Castro, la Nicaragua de los Ortega y la Venezuela de Chávez y de Maduro. Conviene recordar que el que nos desgobierna y su compañera de fórmula celebraron antes del siete de agosto de 2022 una ceremonia dizque de posesión espiritual de los cargos para los que en mala hora fueron elegidos, en la que se realizaron rituales de hechicería.

A muchos escépticos podrá parecerles extraño que a estas alturas de la evolución de las sociedades se invoque la protección de Dios para defenderlas de las influencias demoníacas. Pero los creyentes estamos seguros de que los demonios existen y obran incansablemente en pro de la perdición de las almas. Basta con dar una hojeada a la prensa cotidiana para darse cuenta del cúmulo de hechos que por doquiera acreditan la perversidad de las fuerzas oscuras que actúan para que el mal se expanda en la vida humana.

Este tiempo de reflexión debe acompañarse de la oración. Hay antecedentes muy significativos de países que se han librado de la amenaza comunista gracias a la oración comunitaria: Austria, Finlandia, Portugal, Polonia. Hagamos nosotros lo propio.

martes, 24 de marzo de 2026

Bolívar, el genio de América

Hay que felicitar a Luis Alfredo Ramos Botero por la publicación de su libro que lleva este título, que enaltece el catálogo de Alvear Editor. Es una obra bien documentada y escrita en prosa ágil y cuidada que permite leerla diríase que de corrido. Se ve que es resultado de años de estudio de la admirable vida del Libertador de cinco repúblicas, pues tal como lo afirma su autor para escribirla se basó ante todo en una colección de por lo menos 100 libros que atesora en su biblioteca.

Como lo deploró Bolívar en vísperas de su muerte, sus enemigos pretendieron arrebatarle su gloria, que fue el leitmotiv de sus denodados esfuerzos por lograr la independencia de la América española, ánimo que anidó en él a partir del ejemplo de Napoleón y de la exhortación que le hizo Humboldt para acometer tan procelosa hazaña. Ello lo indujo a proferir el célebre juramento del monte Aventino y a fe que no dio descanso a su brazo hasta lograr su cometido.

Aunque murió en medio de la más amarga de las decepciones, su gloria no sufrió mengua y, por el contrario, como lo anunció José Domingo Choquehuanca en su célebre discurso de homenaje al Libertador, su gloria ha crecido "como crecen las sombras cuando el sol declina". De ello da testimonio la multitud de monumentos erigidos en su honor prácticamente en todos los pueblos de Colombia,  varios de los cuales y además un departamento llevan su nombre.

No cabe duda de que Bolívar fue un hombre de egregia estatura. Sus eminentes cualidades lo ubican muy por encima de todos los personajes que han gozado de significación en nuestra América y, por algunos aspectos, en la historia mundial.

El finado general Álvaro Valencia Tovar le dedicó un libro a su faceta militar: "El Ser Guerrero del Libertador". Según Germán Arciniegas, ahí residía su mayor mérito. Fue un gran capitán, como estratega, organizador, movilizador de tropa, comandante esclarecido. Su trayectoria demuestra que la independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia es resultado de esa voluntad de triunfar de que habló en Pativilca en medio de su enfermedad. Por supuesto que lo logró con la colaboración de notables auxiliares que actuaron bajo su dirección y su estímulo.

Ramos destaca rasgos personales que lo enaltecen, como su generosidad y el desprendimiento respecto de los bienes materiales. Era un idealista que cifraba su gloria no sólo en el éxito militar, sino ante todo en el sueño de ver a nuestra América como protagonista de primer orden en el escenario de las naciones civilizadas. Si su accionar como guerrero fue exitoso, su ideal político ha quedado como una ilusión perdida. Su frustración se puso manifiesto en esas trises palabras finales: "Sembré en el viento y aré en el mar".

El ideario bolivariano ha repercutido de distintas maneras en la evolución política de los pueblos hispanoamericanos. Su expresión más prístina se halla en la Constitución que él mismo redacto para Bolivia y que tuvo corta vida en ese país, habiendo sido además objeto de airado rechazo en el nuestro. Ella ha servido, sin embargo, de inspiración para las tendencias conservadoras que comparten con el Libertador la idea de una presidencia fuerte capaz de enervar los impulsos anárquicos que han pululado en nuestros pueblos. Bolívar era liberal a su manera, como lo fueron, con algunas excepciones, nuestros conservadores a lo largo de los siglos XIX y XX. 

No han faltado, sin embargo. los que han tergiversado incluso descaradamente su ideario. Acá hubo, por ejemplo, un Milton Puentes que se atrevió a escribir un libro en el que trataba de demostrar que Bolívar fue el padre de las izquierdas liberales colombianas. Esa paternidad es imputable a algunos seguidores de Santander, más no a éste, que después se llamaron gólgotas y más tarde radicales.

Pero la peor avilantez se encuentra en comunistas como Chávez y el que nos desgobierna, que pretenden legitimar sus desvaríos políticos invocando sus ideales. Nadie tan desvergonzado e insolente como el okupa de la Casa de Nariño, que se ha atrevido a enarbolar la bandera de la guerra a muerte, que simboliza un momento oscuro de la trayectoria del Libertador, y a blandir de modo amenazador la que se dice que fue una de sus espadas con que luchó para ofrecernos la libertad, no con el fin de garantizarla, sino con el de promover el designio totalitario y liberticida que le dicta la ideología comunista que tanto él como su epígono Cepeda profesan.

Hace años se cometió entre nosotros el gravísimo error de eliminar la Historia Patria del pénsum tanto de primaria como de bachillerato. Ello ha deteriorado la identidad nacional y les ha dado pábulo a quienes rechazan nuestro pasado para animar sus pretensiones revolucionarias. Algún ministro del actual desgobierno ha llegado a decir, a propósito de la celebración del 12 de octubre, que nada de la herencia peninsular merece encomio, ni la lengua ni la religión.  Este vacío merece llenarse con libros como el de nuestro apreciado amigo Ramos Botero. El ejemplar de que dispongo se lo he remitido a mi hijo para que mis nietecitos, llegada la hora, tengan manera de ilustrarse acerca de momentos estelares de nuestra historia, como digo parafraseando un texto célebre de Stefan Zweig.

Por su propio cometido, el libro no deja de ser panorámico, por lo que algunos temas de difícil tratamiento se abordan un poco a las volandas. Me refiero sobre todo a lo que concierne al conflicto con Santander y sus seguidores, que yo no me atrevería a explicar en función de sentimientos de baja estofa de parte del Hombre de las Leyes y los abogados bartolinos que lo secundaban. Creo que ahí había cuestiones más de fondo que inevitablemente venían acompañadas de pasiones no muy decorosas e incluso letales. El detalle sobre las actuaciones de Obando resulta, en cambio, decisivo para avalar su responsabilidad en el artero asesinato de Sucre. 

¡Muy otra habría sido la suerte de Colombia si se hubiera cumplido el deseo del Libertador de que fuera él quien lo sucediera en la primera magistratura! Pero no hay que olvidar que la historia no fluye por cauces racionales. Como dijo alguna vez Raymond Aron, "la historia es trágica". Muestra fehaciente de ello es el auge y la caída del Libertador. Llegó a su apogeo en el Perú, cuando soñó con la gran confederación andina, y se vino abajo al regresar a Colombia, viéndola al borde de la anarquía y padeciendo su inevitable desintegración.