domingo, 28 de enero de 2018

Estado débil, sociedad desorientada, delincuencia fuerte

La paz puede considerarse desde distintas perspectivas. Las más profundas son las de la paz del alma y la armonía de los espíritus. Las más superficiales son las de la paz social y la política. 

Una y otra se dan cuando los distintos actores colectivos renuncian a la violencia para hacer valer sus aspiraciones y aceptan someterse a las reglas de juego que fije el ordenamiento jurídico, así como al monopolio estatal de la fuerza coactiva legítima, sin perjuicio de que cada uno mantenga sus intereses, sus puntos de vista y sus pretensiones. 

Dicho de otro modo, en esta situación de paz superficial no desaparecen los conflictos, sino que se atemperan. Muchos desacuerdos persisten y se mantiene la competencia entre diversos sectores, pero todo ello transcurre dentro del marco de normas confiables.

La confiabilidad de las reglas depende de varios factores: la legitimidad de quienes las producen, la razonabilidad de sus contenidos, la ecuanimidad de los llamados a aplicarlas, la buena fe de sus destinatarios.

No cabe duda de que la violencia que a lo largo de más de medio siglo hemos sufrido los colombianos pone de manifiesto una profunda crisis de legitimidad de la institución estatal. Los revolucionarios que se han alzado en armas rechazan por definición como autoridad legítima la que ejerce las funciones públicas. Pero esta misma autoridad, por distintos motivos, ha demostrado su ineficacia para hacerse respetar y obedecer en todo el territorio nacional.

Esos motivos son de varia índole. Muchos tocan con la corrupción, que es endémica en las diferentes capas de la sociedad. Otros tienen que ver con aspectos culturales muy arraigados, así como con la escasez de recursos humanos y materiales necesarios para lograr que la ley se cumpla  y el orden a que ella aspira se haga efectivo en la vida social.

Creo haber citado en otras ocasiones dos libros muy significativos para el cabal entendimiento de nuestra realidad histórica: el de David Bushnell, "Colombia, una nación a pesar de sí misma" (https://historiadecolombia2.files.wordpress.com/2012/09/bushnell-david-colombia-una-nacion-a-pesar-de-si-misma.pdf) y el de Marco Palacios y Frank Safford, "Colombia, país fragmentado y sociedad dividida".

A ellos se suma uno reciente, escrito al alimón por Daniel Pécaut y Alberto Valencia Gutiérrez: "En busca de la nación colombiana" (Debate, Bogotá, 2017).

En este interesante libro que recoge las conversaciones entre ambos autores, Pécaut es enfático en señalar sendos déficits que nos aquejan en torno de la construcción de nación y la construcción de ciudadanía. Desde el punto de vista comunitario, no hemos logrado consolidar una nacionalidad vigorosa; y en lo individual, nuestro sentido ciudadano es bastante endeble, de suerte que obra en nosotros una fuerte tendencia, más que libertaria, anárquica.

El acuerdo con las Farc se hizo a espaldas del país e ignorando las realidades de la Colombia profunda. Refleja en buena medida los puntos de vista trasnochados y desfasados de los ideólogos de la guerrilla y la claudicación del equipo negociador presidido por De la Calle, que no solo ignoró el estado ruinoso de nuestra hacienda pública y las dificultades de nuestra economía, sino el parecer de millones de colombianos en materias tan sensibles como la justicia, el trato a las víctimas, el narcotráfico, la ideología de género o la participación política de los subversivos, entre otras.

Con base en el acuerdo, el partido político de las Farc pronuncia un discurso reiterativo sobre la paz que no coincide con su dogma revolucionario marxista-leninista ni con lo que dicho acuerdo estipula sobre los movimientos sociales y la protesta popular, que darán lugar a nuevos fenómenos de violencia que las autoridades no podrán contener.

Ya se está viendo eso a todo lo largo y ancho del país. Muchos piensan que las Farc están detrás de esa violencia, a través de sus supuestas disidencias, de los sectores involucrados con narcocultivos y narcotráfico o de acuerdos ocultos con el ELN y las bacrim. 

Es lo cierto que el panorama actual es de ingobernabilidad. Así Santos diga que no se arrodillará ante el terrorismo, no cabe duda de que eso es lo que ha venido haciendo en los últimos años. La sociedad civil observa sin saber cómo reaccionar ese oscuro paisaje. Y la delincuencia de todos los pelambres cada vez está más alzada, pues sabe que no hay Estado fuerte que sea capaz de contenerla y muchísimo menos de doblegarla.

Hay un libro reciente de Francisco Gutiérrez Sanín que no comento todavía, pues apenas lo he hojeado, sobre el proceso de destrucción de la república a que nos condujeron las hegemonías políticas a mediados del siglo XX. Pienso que lo que se avecina ofrece perspectivas similares de erosión institucional y quizás de recrudecimiento de la violencia.

La crisis de legitimidad no se ha superado. Cuando las Farc vean que por el camino electoral no obtendrán el respaldo que esperan, dirán que el "establecimiento" las engañó y volverán a las andadas, esta vez sin que pueda oponérseles un liderazgo sólido y una fuerza pública animada por la decisión de someterlas.

Insisto en que quien resulte elegido para la presidencia en las elecciones venideras se ganará la rifa del tigre.












lunes, 22 de enero de 2018

Una paz incierta

Armando Estrada Villa publicó en "El Colombiano" el 13 de este mes un importante artículo sobre el estado del proceso de paz con las Farc que merece leerse con atención, no solo por las cualidades de su autor, sino por la seriedad de los planteamientos que ahí presenta. Este es el enlace correspondiente: http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/inquietudes-sobre-el-acuerdo-con-las-farc-BB8003276 

Después de algunas sesudas consideraciones sobre este proceso, Estrada concluye así:

"¿Por qué tantos compatriotas rechazan un convenio que ofrece superar un conflicto de tantos años y que tanto daño ha causado en vidas humanas perdidas, enorme número de desplazados y refugiados, infraestructura arrasada y excesivos sufrimientos a la población?
"La respuesta a este crucial interrogante es que falló tanto el liderazgo político del Gobierno como el de las Farc. Del Gobierno, porque no supo vender las bondades del acuerdo y su lenguaje en vez de acercar a los ciudadanos los separó, y de las Farc por su tono prepotente y agresivo, que en lugar de conquistarle simpatías al proceso le restaba apoyos. Olvidaron las partes que la solución política del conflicto solo se consolida y perdura cuando los ciudadanos se apropian de ella y no cuando les es impuesta, pues sin el apoyo imprescindible de la población en favor de los pactos de paz los liderazgos de Gobierno y Farc no tendrán éxito.
"Urge escuchar con atención a la sociedad para ver qué correctivos se hacen a los acuerdos, pues de lo contrario la paz no será estable y duradera como lo requiere el país para superar esta etapa de cruel e inútil violencia."
Todo lo bien intencionado que pueda considerarse este proceso, a todas luces puede considerárselo hoy como fallido o, al menos, en vía de fracasar. Y, de veras, sería muy lamentable tener que aceptar su fracaso, no solo por la frustración que ello acarearía en el ánimo de los colombianos, sino porque de ahí podría derivarse un estado de cruenta zozobra que bañaría aún más en sangre el suelo de la patria.
El acuerdo con las Farc erró de medio a medio en el manejo del problema del narcotráfico. Es inconcebible que el resultado de la política de apaciguamiento de Santos sea la multiplicación de las áreas cultivadas en coca y el consiguiente aumento de la producción de cocaína. Supongamos en gracia de discusión que las Farc ya no están involucradas en ello. Entonces, alguien ocupó su lugar y aprovechó las circunstancias para sumergirnos, como anotó en su momento Ordóñez, en un mar de coca. Ya se habla de la presencia activa del Cártel de Sinaloa en distintos lugares. Y es claro que el gobierno carece de recursos de toda índole y hasta de ánimo para luchar contra este flagelo.
Pero hay ingredientes peores en este ominoso paisaje. El acuerdo se hizo a puertas cerradas ente el gobierno y las Farc, ignorando despectivamente a las víctimas y la sociedad civil. De ahí se sigue un franco y vehemente rechazo a las Farc en muchos sectores. La "estigmatización" es un hecho inevitable que no se puede superar con medidas coercitivas como las que se sugieren en el NAF. Habría sido posible suavizarla si las Farc no se hubiesen mostrado tan arrogantes y triunfalistas.
Como a lo largo de varias décadas han sembrado vientos, hoy están cosechando tempestades. Uno no puede aplaudir, sino deplorar, que a sus mandos medios los estén asesinando en distintos lugares del territorio nacional. La racha de crímenes es de tal índole que ya los capos, que gozan de fuerte protección, están inquietos, a punto tal que Iván Márquez ha llegado a decir que ellos no hicieron un acuerdo de paz para que los mataran. Y esto no es cosa del gobierno, ni de lo que algunos de ellos llaman el"establecimiento", sino de los odios y los sentimientos de venganza represados en el alma popular.
El asunto se complica porque las Farc, en lugar de insertarse en el escenario político dentro de de una línea social-demócrata, perseveran en su proyecto revolucionario de corte marxista-leninista, que por su propia esencia doctrinal es violento y poco dado a la convivencia armónica con los demás actores políticos. Se proponen hacer de Colombia otra Cuba y otra Venezuela, que son modelos que solo pueden implantarse mediante la violencia y suscitan no solo el temor, sino la repulsa, por parte de la mayoría de los colombianos. 
Estos y muchos otros factores explican que el común de nuestras gentes no miren los acuerdos con las Farc con esperanza, sino con profundo escepticismo. Si fueran exitosos y contaran con la aquiescencia de nuestros conciudadanos, la candidatura de De La Calle sería imbatible y no lo vergonzante que se ve.
Harían bien los capos de las Farc en seguir las recomendaciones de Estrada Villa, que es un dirigente ecuánime que está, como suele decirse, más allá del bien y del mal en estos cruciales asuntos. Hay que repensar esos acuerdos y no empecinarse, como prometen varios candidatos, en su cabal implementación, que haría trizas a Colombia.

miércoles, 10 de enero de 2018

Peleen locos, que hay luna

Así nos decía nuestra madre cuando, de niños, nos alborotábamos y reñiamos. Era el preludio del rejo educador.

Dan ganas de decirles y aplicarles lo mismo a los integrantes de la coalición que unos llaman del No y otros denominan como la alianza republicana para la salvación de Colombia, o algo parecido, que andan enzarzados en disputas estériles que enervan la unidad que se requiere para frenar a las Farc y desorientan al público, poniendo así en grave riesgo el triunfo de una causa a la que va ligada, quizás como nunca antes, la suerte de la patria.

Tal como están las cosas hoy, en las próximas elecciones se decidirá entre el gobierno de transición que exigen las Farc para sentar las bases de su ansiada toma del poder y lo que he llamado el gobierno de contención que frene los apetitos de esa horda criminal.

Lo más probable es que los partidarios de lo primero terminen integrando una gran coalición que se comprometa en dar cabal cumplimiento al NAF e invite al partido de las Farc a hacer parte del gobierno. Quizás se les otorgue, como ya lo tienen, el ministerio del Interior, y se les concedan otras múltiples gabelas y canonjías desde las que puedan consolidar el papel de partido hegemónico que las ventajas que les asigna el NAF permiten augurarle.

A la alianza que convinieron los expresidentes Uribe y Pastrana le corresponde enfrentar ese peligro letal para la institucionalidad democrática de Colombia. Por el liderazgo dentro de ella compiten los candidatos Iván Duque, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, quienes no han podido ponerse de acuerdo para definir el modus operandi de una candidatura única. Al no hacerlo, amenazan con lanzarse cada uno al ruedo electoral para que los hagan trizas las Farc y sus cómplices.

Alguien me preguntó por la que a mi juicio podría ser la fórmula más adecuada para resolver esta situación. Pienso que la más democrática es la consulta popular, pero ya Marta Lucía Ramírez acaba de decir que no le gusta, porque ella no tiene maquinaria y entonces no la favorece. Pero si duda de que su nombre, que ya es bastante más conocido que el de Duque e incluso que el de Ordóñez, pueda imponerse en una consulta que hace las veces de primarias, ¿cuál podría ser su suerte en las elecciones definitivas?

Como da la impresión de que la consulta popular ya no sería viable, me atrevo a sugerir que los tres interesados designen unos compromisarios del más alto nivel, que explorando las realidades políticas y consultando las apremiantes necesidades de esta hora tan difícil para la patria, elijan, verdad sabida y buena fe guardada, los respectivos candidatos para la presidencia y la vicepresidencia. 

Si a alguien se le ocurre una fórmula mejor, que la presente de una vez, pues el tiempo apremia. Y, por lo pronto, hay que pedirles a los candidatos y quizás también a sus seguidores, que se saquen, como dice por ahí un tangazo de esos que me fascinan, "del altillo el berretín" y aterricen, no sea que después los deje el golpe viendo un chispero.

Circula por las redes sociales un aterrador discurso electoral de las Farc, en el que, invocando con mendacidad el acuerdo de paz, incitan al pueblo a la revolución violenta bajo las consignas del marxismo-leninismo, actualizadas con las del marxismo cultural que promueve la dictadura de la ideología de género. Dentro de las lindezas que proclaman las Farc están la abolición de la propiedad privada, la de la tutela de los padres sobre los hijos porque estos dizque son del Estado y la expulsión de los protestantes, dado que estos han dado más vehementes muestras en defensa de los principios cristianos que la adormecida jerarquía católica, que tiende a ver en los capos de las Farc unas ovejas descarriadas y no los lobos feroces que realmente son.

Dado que el común de la gente desconoce los alcances de la ideología de género y su propuesta destructiva de la civilización, recomiendo la lectura de "El Libro Negro de la Nueva Izquierda", de Nicolás Márquez y Agustín Laje, que se puede descargar a partir del siguiente enlace:


Mientras los seguidores de Duque, Ramírez y Ordóñez se mechonean entre ellos, la acción deletérea del Maligno se cierne amenazante sobre nuestra desventurada Colombia.

¡Juicio, por favor, señores y señoras!

martes, 2 de enero de 2018

Nubes de Humo

Hay básicamente dos socialismos: el democrático y el totalitario.

El primero se ha acoplado a la democracia liberal e incluso al modo de producción capitalista, aunque introduciéndole a este correctivos, unos convenientes y otros perjudiciales. Pero ese acople ha sido en general positivo, pues en buena medida a él se debe que Europa, el continente que más conflictos padeció en la primera mitad del siglo pasado, haya logrado en las últimas décadas la  paz social, según lo afirma la profesora Shari Berman.(Vid.  http://www.people.fas.harvardedu/~ces/conferences/left/left_papers/berman.pdf).

El segundo corresponde a los regímenes comunistas y al "Socialismo del Siglo XXI", que no es otra cosa que un comunismo camuflado. Su propósito es erradicar la propiedad privada, la libre empresa y la economía de mercado, para sustituírlas por la propiedad colectiva, la planificación central y el control absoluto de las actividades económicas por parte del Estado.

Este sistema fracasó en el siglo XX y los intentos de revivirlo bajo la mencionada modalidad del "Socialismo del Siglo XXI" están igualmente destinados a frustrarse.

Pero el partido de las Farc y sus compañeros de ruta insisten en imponerlo entre nosotros, sobre la base de que, según ellos, el capitalismo está en crisis y lo que proponen  exhibe una superioridad moral que justifica su aplicación en aras dizque de la "refundación de Colombia", tal como puede leerse en el documento que resume las tesis preparatorias del congreso fundacional de dicho partido.(Vid. http://www.cedema.org/uploads/FARC_Tesis-Abril.pdf).

La tesis marxista según la cual el capitalismo está sometido a crisis inevitables y cada vez más destructivas que lo conducirán a su derrumbe final ha sido desmentida categóricamente por la historia. Pero el marxismo presenta los rasgos de lo que Eric Voegelin llamaba las "religiones seculares", uno de los cuales es el fundamentalismo que impide observar las realidades e inclinarse ante ellas.

El capitalismo ha demostrado su vigorosa capacidad para superar las crisis. El que, en cambio, exhibe enormes dificultades para ajustarse a los cambios es el comunismo.

Pero queda el argumento de la superioridad moral, que tiene mucho peso entre los intelectuales e incluso en medios religiosos, especialmente en la izquierda católica. Se dice, en efecto, que el capitalismo privilegia el egoísmo, mientras que el socialismo promueve la solidaridad; que aquel favorece a los ricos, mientras que el segundo beneficia a los pobres; y que los ideales de "Libertad, Igualdad y Fraternidad" que postuló la Revolución Francesa encuentran cabal realización en los regímenes socialistas, mientras que en los capitalistas se los desconoce.

Esa superioridad moral puede darse en los textos, mas no resulta en los hechos.

Dice el Evangelio:"Por sus frutos los conoceréis"(Mt. 7-16). Pues bien, por sus frutos se advierte que el comunismo se nutre de una ideología intrínsecamente criminal, tal como lo demuestra "El Libro Negro del Comunismo" que en varias ocasiones he citado en este blog. (Vid. https://ia802502.us.archive.org/29/items/ElLibroNegroDelComunismo/el%20libro%20negro%20del%20comunismo.pdf). Sus autores estiman en unos cien millones el número de muertos imputables a la lucha de los comunistas por tomarse el poder y consolidarlo en distintas latitudes. Y faltan datos recientes, como los relacionados con la violencia guerrillera en nuestro país. No hay duda: las Farc, el Eln y los demás grupos afines se han comportado como hordas criminales. Su desprecio por la vida humana, su crueldad, su espíritu sanguinario son comparables con lo peor que ha producido la especie humana en toda su historia.

A alguno se le ocurrió, sin embargo, justificar esos crímenes afirmando que se los ha cometido "para que otros vivan mejor". Desde luego que este enunciado parte de una ecuación monstruosa: el terror revolucionario hace posible la felicidad del mayor número. 

Recuerdo haber leído hace años un escrito de Bertrand Russell en el que este afamado filósofo decía que estaría dispuesto a admitir los excesos de los revolucionarios si, en efecto, se comprobase que de los mismos se siguiera la edificación de un mundo feliz, vale decir, pienso yo, el surgimiento   de un "hombre nuevo". Pero ya sabemos que el "mundo feliz" y el "hombre nuevo" son meras entelequias ilusorias. Sobre lo primero, basta con releer el célebre texto premonitorio de Huxley: http://jorgeletralia.net/archivos/unmundofeliz.pdf. En cuanto a lo segundo, recomiendo "El Fin del <Homo Sovieticus>", de Svetlana Aleksiévich (Acantilado, Barcelona, 2015), que muestra en qué fue a parar la insensata empresa de transformación del "Viejo Hombre" que promovió el comunismo en la URSS.

El mismo promotor de la monstruosa ecuación de que he dado cuenta atrás  se oponía a las libertades económicas, pese a que en otros aspectos fungía de extremista libertario, porque a su entender aquellas consolidaban un sistema de desigualdades. El capitalismo, en verdad, las genera y mantiene. Pero el comunismo creó, a su vez, su propio sistema de estratificación social. Ya en la década del 50 del siglo pasado Milovan Djilas lo denunció en "La Nueva Clase".(Vid. http://assets.espapdf.com/b/Milovan%20Djilas/La%20nueva%20clase%20(5189)/La%20nueva%20clase%20-%20Milovan%20Djilas.pdf). Y los años subsiguientes mostraron cómo la dictadura del proletariado había abierto el camino del "Culto de la Personalidad" y consolidado el poder de la "Nomenklatura".

Se cumplió así lo que había anunciado Orwell en su "Rebelión en la Granja", que muestra cómo los cerdos se hicieron al poder bajo la consigna de que "todos los animales son iguales, pero hay unos más iguales que otros". (Vid. http://www.formarselibros.com.ar/Libros-recomendados-pdf/Rebeli%C3%B3n%20en%20la%20Granja-George%20Orwell.pdf). El igualitarismo comunista conduce, en efecto, a que lo peor de las sociedades se instale en las altas esferas del poder e imponga su despotismo sobre las masas. ¿No es eso lo que muestra "El Doctor Zhivago"?(Vid. http://userfiles.educatorpages.com/userfiles/kmcmillan/Doctor%20Zhivago.pdf).

¿Cualquier parecido del Secretariado de las Farc con los cerdos orwellianos será mera coincidencia?