No obstante las vicisitudes que ha sufrido en tiempos recientes, el Centro Democrático mantiene su vitalidad y sigue representando la mejor alternativa para el buen gobierno de nuestro país.
Su diagnóstico sobre la problemática nacional, las soluciones que propone y sus cuadros, encabezados por el expresidente Uribe y la senadora Paloma Valencia, candidata a la presidencia, ofrecen la posibilidad de redimirnos del desastre que ha suscitado el desgobierno que nos ha venido sumiendo, como reza nuestro himno nacional, en una horrible noche.
Es muy posible que Paloma resulte triunfadora en la gran consulta que junto con otros muy respetables aspirantes se someterá el 8 de marzo a la consideración del electorado. Fuera de sus apreciables condiciones personales, que incluyen una sólida preparación académica y una muy valiosa experiencia política, contará en los comicios venideros con el apoyo del partido más sólido y organizado que obra en el escenario nacional.
El Centro Democrático ha sido coherente en su oposición al desgobierno comunista que hoy nos aflige. La continuidad de éste bajo la conducción del oscuro senador Cepeda, conspicuo compañero de ruta de las Farc, nos arrojará a los abismos en que hoy están sumergidos Cuba y Venezuela. No se trata tan sólo de evitar la imposición de una ideología totalitaria y liberticida cuyos funestos resultados están ya hoy por fuera de toda discusión, sino también el reinado de una camarilla carente del todo de sentido moral.
El senador Cepeda cuenta en su haber político sólo con una muy poco loable hazaña: la de perseguir sin contemplaciones al expresidente Uribe por haber sido él quien arrinconó a las Farc mediante su política de seguridad democrática y las puso en fuga. Uribe restableció el orden y por consiguiente la libertad en los campos colombianos, y eso no lo perdonan los comunistas.
La ignorancia y la superficialidad de muchos le asignan estos resultados a una extrema derecha que sólo existe en sus delirios ideológicos. El Centro Democrático no ubica ahí, pues es un partido de origen liberal que se caracteriza por su moderación en sus propuestas económicas y sociales. Es consciente de las carencias que afectan a la mayoría de la población, pero sabe que no se las resuelve persiguiendo a los emprendedores que crean riqueza y muchísimo menos con la estatización del sector productivo. Su idea es la de un Estado austero que sirva de modo eficiente las demandas del bien común y no asfixie ni suplante a las comunidades.
Conviene alertar a los integrantes del Centro Democrático acerca de los cantos de sirena que promueven la indisciplina y la división entre sus filas. La unidad es imperativa para afrontar el riesgo de una continuidad de los comunistas en el poder. Hay otros candidatos que ofrecen atractivos plausibles, pero al mismo tiempo suscitan conflictos en el interior del partido en momentos en que hay que enfrentar el peor de los peligros que asechan a Colombia, la consolidación del dominio comunista.
Se aproximan unas elecciones decisivas para Colombia y la ciudadanía debe participar en ellas ejerciendo responsablemente su sagrado derecho al voto. La suerte de la patria depende de que los votantes obren con buen sentido y no tengan que llorar mañana porque se dejaron seducir por la demagogia que caracteriza al irresponsable okupa de la Casa de Nariño.