lunes, 16 de marzo de 2026

¡Viene el lobo!

El Pacto Histórico surgió por iniciativa del comunista que nos desgobierna y promueve la candidatura presidencial de otro comunista de peor calaña, el senador Cepeda. Es, por consiguiente, un partido comunista, aunque no ose identificarse como tal para llegar a sectores de opinión que lo rechazarían si admitiese de modo explícito su verdadera naturaleza.

Su objetivo básico es implantar el comunismo en nuestro país, siguiendo las huellas de proyectos fracasados como el cubano del castrismo y el venezolano del chavismo, que han sumido a sus pueblos en una miseria vecina de la que sufren los haitianos.

La instauración de ese modelo trae consigo consecuencias estremecedoras, como la crisis de la economía, la práctica desaparición de las clases alta y media que sólo sobreviven en los paniaguados del régimen, la pauperización generalizada del pueblo, la más brutal de las represiones contra quienes disientan del régimen, la negación de los derechos más elementales proclamados por la civilización política, la persecución religiosa sobre todo en cabeza del cristianismo y, en suma, la instauración de un infierno colectivo en lugar del paraíso prometido por la ideología.

Hay quienes están dispuestos a votar por el candidato comunista porque comparten su visión de la sociedad, así sea equivocadamente. Otros quizás lo hagan porque creen que su suerte ha mejorado por las medidas populistas y demagógicas del desgobierno actual, que ofrecen pan para hoy y hambre para mañana. No faltan los despistados que ignoran las hondas diferencias que median entre la socialdemocracia y el comunismo. 

La socialdemocracia comparte los valores básicos de la civilización liberal. No así el comunismo, que profesa una ideología totalitaria y liberticida que trata de imponerse mediante la combinación de todas las formas de lucha, que incluye por supuesto las distintas modalidades de violencia. Ésta, según el dogma marxista, es "la partera de la historia". 

La ideología comunista propone la revolución total de la estructura de la sociedad. Toda tradición, toda forma institucional, todo modus operandi de la convivencia comunitaria deben revisarse a fondo y sustituirse por innovaciones congruentes con sus dogmas. Su leitmotiv es la edificación del comunismo a partir de la radical transformación del ser humano. El Nuevo Hombre estructurado a partir de los valores comunistas debe promoverse por las buenas o por las malas. Muestra de ello es la Revolución Cultural que promovió Mao en la China o la aterradora política de Pol Pot en Cambodia.

La superación de la "alienación religiosa" es el primer objetivo de la revolución comunista, que revivió con creces el martirio de los cristianos que ensangrentó al imperio romano. Ningún creyente debe votar por el candidato comunista. Si lo hace, será responsable de la persecución, abierta o velada, que habrá de sufrir si dicho personaje triunfa en las elecciones.

No exageran quienes consideran que Colombia bordea un abismo tenebroso. Para conjurar ese gravísimo peligro es necesario aunar fuerzas en torno de los aspirantes que se oponen al senador Cepeda. Es lástima que medie la división en su seno, que puede dar lugar a que haya una segunda vuelta para decidir la competencia presidencial. Quiera Dios que al final se imponga el buen sentido y se frustre el intento comunista para ganar el poder por la vía electoral.

El país debe prepararse para una ardua tarea de reconstrucción de los destrozos que deja el actual desgobierno, fuera de que, si las fuerzas contrarias al candidato comunista ganan las elecciones, al alcanzar el poder tendrán que enfrentar la enfermiza oposición de su partido. Ya sabemos en qué términos estaría dispuesto a perturbar sus propósitos. Lo que sucedió bajo el gobierno de Duque es buena muestra de ello.



miércoles, 11 de marzo de 2026

¡Laus Deo!

Lo primero que debo comentar acerca de las elecciones del pasado domingo toca con que, en general, fueron pacíficas y transparentes, con resultados en principio tranquilizadores, gracias a Dios.

Insisto en que el que nos desgobierna y el senador que aspira a sucederlo en el cargo que indignamente ocupa son comunistas recalcitrantes que quisieran aplicar entre nosotros las fallidas y desastrosas ejecutorias del castrismo y el chavismo en Cuba y Venezuela. Así disimule su identidad ideológica, el Pacto Histórico es a no dudarlo un partido comunista que atrae a un significativo número de votantes que asciende más o menos al 25% del electorado. Puede ocasionar molestias, pero de suyo todavía no pone en severo riesgo a la institucionalidad democrática. Con ese volumen, parece poco probable que elija presidente en los próximos comicios, aunque no es bueno confiarse demasiado.

Lo ideal sería que las fuerzas partidarias de la democracia liberal se aliaran para contrarrestar la avanzada comunista, pero hay vanidades que lo impiden y hechos cumplidos que dificultan la unidad.

Así las cosas, la ciudadanía deberá escoger el 31 de mayo entre Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, así como entre un paquete de aspirantes liliputienses que harán ruido y posiblemente daño al escrutar los resultados definitivos.

Me parece oportuno insistir en que el debate no versa sobre una polarización entre uribistas y petristas, sino entre dos concepciones radicalmente opuestas acerca del régimen político, social y económico que debe imperar en el país. No es un tema de derecha, izquierda o centro, como equivocadamente lo creen algunos. La elección es entre democracia liberal y comunismo. Con éste no hay acuerdos posibles, porque su propósito es radicalmente antiliberal. En el interior de los partidarios de la democracia liberal pueden darse numerosos matices y siempre habrá posibilidades de entendimiento acerca de cómo gobernar. Pero con los comunistas las cosas son de otro cantar.

Vuelvo sobre el tema de Europa occidental en la segunda postguerra del siglo pasado, que obtuvo la paz política debido a que tanto la Democracia Cristiana como la Socialdemocracia estaban de acuerdo acerca de valores fundamentales heredados del pensamiento liberal. La confrontación entre una y otro ocurría dentro de ese marco axiológico, lo que hizo posible, por ejemplo, que en Alemania hubiera eventualmente gobiernos de coalición de ambos partidos o en Francia se diera la cohabitación entre el presidente Mitterrand y el Primer Ministro Chirac. Con los comunistas eso es imposible, pues no comparten los mismos valores básicos y buscan por distintos caminos imponer su ideología totalitaria y liberticida.

El ingenuo Fajardo se equivoca de medio a medio cuando aspira a convertirse en el fiel de la balanza entre lo que considera que son los dos extremos de la polarización que reina en la actualidad. Es curioso que desfogue su rabiosa inquina contra Abelardo y nada diga sobre los letales peligros que acarrearía un triunfo de Cepeda. Caso parecido es el de Oviedo, que dice que el debate se centra en una sola persona, la del que nos desgobierna, sin considerar un contexto bastante más amplio y complejo.

El fementido centro político que promueve la conciliación entre la democracia liberal y el comunismo no sabe en dónde está parado. La historia de cómo cayeron los países de Europa oriental en poder del comunismo después de la II Guerra Mundial es muy diciente. Algunos de ellos creyeron en las alianzas con los comunistas, que después los devoraron.

Como el senador Cepeda se formó en la Europa sojuzgada por el comunismo, sabe muy bien cuáles son las estrategias y los procedimientos adecuados para llevar a cabo sus arteros propósitos. A despecho de lo que afirma el desatinado Oviedo, en aquél se centre hoy el peor peligro que rodea a la institucionalidad colombiana. No hay que ignorarlo. Abramos bien los ojos.

Saludo con efusividad la acertada vinculación de José Manuel Restrepo a la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella. Hace algunos meses me permití recomendarlo para la presidencia. Les deseo el mejor de los sucesos para bien de nuestra amada y sufrida Colombia.

martes, 3 de marzo de 2026

¿De mal en peor?

Insisto en que la polarización que se vive ho en día en nuestro escenario político no se da, como lo creen algunos, entre uribistas y petristas, sino entre los partidarios de la democracia liberal y los comunistas, así sean éstos disfrazados.

Que el que nos desgobierna es comunista de raca mandaca no hay quien pueda negarlo después de lo que dijo sobre la caída del Muro de Berlín, lo que se le ocurrió ante la tumba de Mao o su reclamo porque Stalin en Yalta no se propuso extender el sistema soviético por toda la extensión del orbe. Ha sido explícito en confesar que con él llegó el M-19 al poder y en distintas manifestaciones ha hecho que se enarbolen las banderas de tan ominosa organización terrorista. No cabe duda de que con este desgobierno andamos muy mal. Pero lo peor estaría por venir si lo sucediera en el cargo que indignamente ocupa el oscuro senador Cepeda, cuyos nexos con las Farc, por más que lo niegue y se indigne cuando se los enrostran, configuran hechos notorios que, como se dice en cierta jerga judicial, son "coruscantes", brillan al ojo.

Es de público conocimiento que dicho senador ha fungido sin recato alguno como compañero de ruta de las Farc y posiblemente algo más. Sus antecedentes familiares y vitales, su formación profesional, sus actuaciones políticas muestran a las claras su cercanía con la subversión. Si el actual okupa de la Casa de Nariño no pudo poner en marcha su designio totalitario y liberticida porque la institucionalidad no se lo ha permitido, el revolucionario que aspira a reemplazarlo no se pararía en pelillos para llevarlo a efecto.

Vaya uno a saber si lo que dejan ver las encuestas tiene asidero en la realidad, pero ello indica que la demagogia del actual desgobierno quizás ha calado en distintos sectores de la comunidad. Y bien se sabe que la demagogia es una enfermedad letal de la democracia. Es un veneno que la destruye, tal como se lo ha observado desde la antigüedad.

Es indudable que nuestro pueblo adolece de graves falencias. Pero éstas no se resuelven con palabrería vana ni con medidas alocadas, sino mediante la acción de un buen gobierno que pondere con sensatez lo posible en medio de circunstancias complejas. Una virtud indispensable para ese buen gobierno es la sindéresis, la cual brilla por su ausencia tanto en el que nos desgobierna como en su favorito. El resentimiento y el odio de que dan muestra fehaciente no los habilitan para servir como se debe la causa del bien común, que es el norte que debe guiar a quienes aspiren a satisfacer adecuadamente las necesidades populares.

Cada ciudadano es responsable de la suerte de la patria. Su voto en los comicios venideros debe ser reflexivo, teniendo en cuenta que en ellos se juega el destino de generaciones de colombianos. Si por desventura le parece bien que sigamos las huellas de Cuba, Venezuela y Nicaragua, que después "no llore como mujer lo que no supo defender como hombre".

Hay muchas propuestas interesantes sobre el tapete. Me atrevo a recomendar, como lo he hecho en algotra oportunidad, el voto por el Centro Democrático y, en la Gran Consulta, por Paloma Valencia. Como la lista para la Cámara de Representantes es abierta, no vacilo en recomendar el nombre de Óscar Darío Pérez, que figura como 102 en dicha lista. Sobran palabras para exaltar los méritos sobresalientes de su labor como congresista.

En las circunstancias más difíciles, como las hoy reinantes, es indispensable invocar el favor de la Divina Providencia, para que ilumine a la ciudadanía en el momento de ejercer su derecho al voto.

Que Dios nos lleve de su mano.


lunes, 16 de febrero de 2026

Diagnóstico equivocado

El candidato Fajardo y sus acompañantes se equivocan de medio a medio cuando afirman que el debate político hoy por hoy se da entre dos extremismos en los que se contraponen uribistas y petristas, polarización que ellos creen que debe superarse a través de sus propias sugerencias.

Hay que insistir en que la disyuntiva actual enfrenta a la democracia liberal con el proyecto comunista que encarna el senador Cepeda.

¿Cuál es la propuesta de Fajardo y los suyos para conciliar la democracia liberal con el comunismo o lo que algunos politólogos denominan como democracia iliberal?

Aunque el que nos desgobierna sin duda alguna es un comunista recalcitrante, no ha podido sacar avante su proyecto totalitario y liberticida porque mal que bien nuestra institucionalidad se lo ha impedido. Pero si el senador Cepeda saliere triunfador en los comicios venideros, los principios fundamentales de nuestro régimen constitucional quedarían en veremos, pues todo indica que su estructura ideológica es estalinista, forjada a partir de sus años de formación detrás de la Cortina de Hierro.

El dique de contención del proyecto comunista no lo constituye una supuesta extrema derecha autoritaria que sólo existe en la mente calenturienta y obnubilada de los comunistas y sus compañeros de ruta.

Ninguno de los candidatos que se oponen a la candidatura comunista corresponde a la caricatura de nazis o de fascistas con que los desdibujan sus contradictores. En ellos no hay amenaza alguna contra nuestras instituciones democráticas, ni contra el Estado Social de Derecho, ni contra las libertades públicas, ni contra los derechos sociales, ni contra la separación de poderes. Todos ellos, eso sí, se comprometen con el rescate de la autoridad legítima del Estado, que ha desaparecido en vastos espacios de nuestro territorio para desgracia de las comunidades que sufren la opresión de los violentos. Lo que ellos proponen no es la arbitrariedad de las autoridades, sino la liberación de las comunidades que sufren la ausencia de seguridad para la garantía de sus derechos fundamentales.

Para reencauzar como se debe el rumbo de nuestra sociedad es necesario considerar los justos motivos de insatisfacción que dan pábulo a las prédicas de los extremistas de izquierda y probablemente alimentan a ese supuesto 30 por % que las encuestas registran en favor del que nos desgobierna y el que aspira a sucederlo en el cargo. No es imposible un gran acuerdo nacional sobre esos justos reclamos, para cuya atención se hace menester conciliar lo deseable con lo posible. En síntesis, no cabe pensar en que la superación de la pobreza se consiga con la destrucción de la riqueza. Los casos de Cuba y Venezuela son elocuentes. Los acomodados han desparecido, salvo en lo que concierne a las elites gobernantes, y sus pueblos exhiben los peores índices de miseria en el mundo actual.

Fajardo y los suyos desorientan a la opinión y dividen peligrosamente a los que aspiran a superar el desastre en que nos tiene sumido el desgobierno actual. Su mente geométrica ignora las sutilezas y los matices del momento. Bueno es recordarles lo que les endilgaba el genio de Pascal, mil veces mejor matemático que todos ellos juntos, pero consciente de las complejidades de lo real.


jueves, 5 de febrero de 2026

A otro perro con ese hueso

Tanto el desquiciado que nos malgobierna como el senador que aspira a ocupar su puesto en la Casa de Nariño en el próximo período presidencial son comunistas recalcitrantes, aunque no confesos de modo explícito. Sus hechos notorios así lo acreditan. Si bien proclaman su adhesión a libertades y derechos que garantiza la civilización liberal, lo que se proponen es llevar al país por las sendas trajinadas y fallidas que han impuesto el castrismo en Cuba y el chavismo en Venezuela.

Tiene uno que estar muy enceguecido por la ideología para presentar esos modelos fracasados como viables para hacer la felicidad de nuestros compatriotas. No sabe uno si reír o llorar cuando le escucha al hoy émulo de Delcy Rodríguez que es mejor vivir en Cuba que en Miami. ¡Qué anteojeras obnubilan su visión!

Los que dicen estar dispuestos a votar por la continuidad del régimen que nos desgobierna tienen que abrir los ojos y considerar que las promesas halagüeñas con que se pretende seducirlos ocultan realidades tan ominosas como las siguientes:

-La destrucción del aparato productivo, con sus secuelas de desempleo, escasez, inflación, eliminación de las clases alta y media, pauperización generalizada, emigración desatada y concentración de los beneficios de la civilización en los pocos paniaguados del régimen.

-La destrucción del Estado de Derecho so capa de la legalidad socialista que elimina el sistema de libertades y garantías, sobre todo en el ordenamiento penal, lo que conlleva que el ejercicio de las libertades de conciencia y expresión se restrinjan severamente en la medida que pongan de manifiesto discrepancias con lo que convenga a los gobernantes. El ejemplo estremecedor de El Helicoide debe encender las alarmas. Si no nos plegamos a las verdades oficiales, allá tendremos cabida.

-La libertad religiosa desaparecerá o quedará reducida a su mínima expresión. Y el sistema educativo, así se proclame su gratuidad, estará guiado por el adoctrinamiento exento de todo sentido crítico. La familia perderá su condición de privilegio legal, pues se la considerará como una institución desueta e inconveniente. Los hijos pertenecerán al Estado, que intentará formar en ellos al nuevo hombre despojado de todo egoísmo y solidario con las causas supuestamente sociales que impongan lo gobernantes.

-Los derechos políticos se reservarán a quienes se muestren dóciles respecto de las consignas gubernamentales. Para ellos serán todos los reconocimientos; los demás serán sujetos de segunda clase o algo peor. Sus voces serán acalladas e incluso castigadas. La democracia sólo reinará entre los partidarios del régimen. Los demás serán considerados como indignos de participar en las decisiones colectivas e incluso se los tratará como delincuentes.

-Desaparecerá el empleo privado, pues se considerará que implica explotación del hombre por el hombre. También se pondrá fin a la iniciativa privada, que se considerará como antisocial. Por consiguiente, no habrá propiedad privada de medios de producción, los cuales pasarán a poder del Estado. El papel de los empresarios lo tomarán los administradores públicos, es decir, los políticos.

-A los campesinos que aspiran a la propiedad de la tierra se los agrupará en organizaciones colectivas. No serán dueños de sus productos y dependerán de quienes las dirijan. Los derechos sindicales se reducirán al mínimo, pues las demandas de los trabajadores ya no se encauzarán hacia empleadores privados, sino contra el Estado que dice representar a todo el pueblo.

-Ciudadano de a pie: vote por los comunistas y no se queje después cuando lo despojen de los derechos de que goza bajo una Constitución de talante liberal. Lo que está en juego no es la competencia entre uribistas y petristas, sino algo de calado mucho más hondo: la confrontación entre la democracia liberal y la totalitaria.


jueves, 22 de enero de 2026

Que viva el Centro Democrático

No obstante las vicisitudes que ha sufrido en tiempos recientes, el Centro Democrático mantiene su vitalidad y sigue representando la mejor alternativa para el buen gobierno de nuestro país.

Su diagnóstico sobre la problemática nacional, las soluciones que propone y sus cuadros, encabezados por el expresidente Uribe y la senadora Paloma Valencia, candidata a la presidencia, ofrecen la posibilidad de redimirnos del desastre que ha suscitado el desgobierno que nos ha venido sumiendo, como reza nuestro himno nacional, en una horrible noche.

Es muy posible que Paloma resulte triunfadora en la gran consulta que junto con otros muy respetables aspirantes se someterá el 8 de marzo a la consideración del electorado. Fuera de sus apreciables condiciones personales, que incluyen una sólida preparación académica y una muy valiosa experiencia política, contará en los comicios venideros con el apoyo del partido más sólido y organizado que obra en el escenario nacional.

El Centro Democrático ha sido coherente en su oposición al desgobierno comunista que hoy nos aflige. La continuidad de éste bajo la conducción del oscuro senador Cepeda, conspicuo compañero de ruta de las Farc, nos arrojará a los abismos en que hoy están sumergidos Cuba y Venezuela. No se trata tan sólo de evitar la imposición de una ideología totalitaria y liberticida cuyos funestos resultados están ya hoy por fuera de toda discusión, sino también el reinado de una camarilla carente del todo de sentido moral.

El senador Cepeda cuenta en su haber político sólo con una muy poco loable hazaña: la de perseguir sin contemplaciones al expresidente Uribe por haber sido él quien arrinconó a las Farc mediante su política de seguridad democrática y las puso en fuga. Uribe restableció el orden y por consiguiente la libertad en los campos colombianos, y eso no lo perdonan los comunistas.

La ignorancia y la superficialidad de muchos le asignan estos resultados a una extrema derecha que sólo existe en sus delirios ideológicos. El Centro Democrático no ubica ahí, pues es un partido de origen liberal que se caracteriza por su moderación en sus propuestas económicas y sociales. Es consciente de las carencias que afectan a la mayoría de la población, pero sabe que no se las resuelve persiguiendo a los emprendedores que crean riqueza y muchísimo menos con la estatización del sector productivo. Su idea es la de un Estado austero que sirva de modo eficiente las demandas del bien común y no asfixie ni suplante a las comunidades.

Conviene alertar a los integrantes del Centro Democrático acerca de los cantos de sirena que promueven la indisciplina y la división entre sus filas. La unidad es imperativa para afrontar el riesgo de una continuidad de los comunistas en el poder. Hay otros candidatos que ofrecen atractivos plausibles, pero al mismo tiempo suscitan conflictos en el interior del partido en momentos en que hay que enfrentar el peor de los peligros que asechan a Colombia, la consolidación del dominio comunista.

Se aproximan unas elecciones decisivas para Colombia y la ciudadanía debe participar en ellas ejerciendo responsablemente su sagrado derecho al voto. La suerte de la patria depende de que los votantes obren con buen sentido y no tengan que llorar mañana porque se dejaron seducir por la demagogia que caracteriza al irresponsable okupa de la Casa de Nariño.


jueves, 1 de enero de 2026

Las RelacionesPeligrosas

Echo mano del título de la escandalosa novela de Choderlos de Laclos para referirme a los nexos del desgobierno que nos aflige con el ominoso régimen que impera en Venezuela.

A pesar de los mentirosos intentos que hace poco ha manifestado el okupa de la Casa de Nariño para intentar desmarcarse de su cercanía con el dictador Maduro, los antecedentes de sus relaciones con la dictadura que reina en nuestro vecino país muestran a las claras su amistad de vieja data con quienes hoy la ejercen.

¿Quién alojó en Colombia a Chávez cuando pudo salir de Venezuela después de la libertad que en mala hora le concedió el entonces presidente Caldera? ¿Quién fungió después como asesor económico de Chávez cuando éste ascendió a la presidencia de su país? ¿Quién fue a mendigarles a los venezolanos ayuda económica para sus campañas, según lo dijo en medio de insultos Diosdado Cabello? ¿De dónde se cree que provinieron los $ 15.000.000.000 que en medio de su furia denunció Benedetti que habían ingresado a los fondos de la campaña presidencial que triunfó acá en 2022? ¿Quién se ha empecinado en negar la existencia del Cártel de los Soles y la índole narcoterrorista del Tren de Aragua? ¿Quién se ha mostrado profundamente solidario con la dictadura venezolana ante el cerco que le ha impuesto el gobierno norteamericano?

En los Estados Unidos impera la convicción de que el círculo dirigente que domina a Venezuela participa deliberadamente en una guerra sucia tendiente a corromper a su sociedad mediante la difusión de la cocaína que penetra de contrabando a su territorio. Es una política que inició el régimen castrista cuando se alió con los cárteles colombianos y, según declaraciones de informantes venezolanos de alto rango, fue propiciada por Chávez y la han continuado Maduro y sus secuaces. La dictadura venezolana protege al ELN y los remanentes de las Farc, que viven del narcotráfico y otras empresas criminales. Y circulan en Youtube videos que muestran el acompañamiento de lanchas portadoras de cocaína por parte de la armada venezolana.

Maduro y sus compinches acordaron con Biden que en Venezuela se celebrarían elecciones libres. Las hubo, en efecto, pero descaradamente negaron el abrumador triunfo de la oposición y decidieron permanecer de facto en el poder. Burlaron ese solemne compromiso y hoy están pagando el precio de su incumplimiento. Es un régimen que carece totalmente de credibilidad y no merece respeto alguno. Se apoya en la fuerza bruta y la solidaridad de los peores enemigos de los Estados Unidos.

También en Youtube puede verse una inquietante información que alerta sobre la peligrosidad extrema que para la región representan esos criminales. Se trata de las estrechas relaciones que mantienen con el gobierno de Irán, que podría proveerlos de drones capaces de atacar a la Florida y el sur de los Estados Unidos. Ya hace algún tiempo Omar Bula Escobar denunció en "El Plan Maestro" que uno de los letales proyectos de Chávez era la dotación de poder nuclear para Venezuela en asocio con Irán. Es un secreto a voces que Venezuela es proveedor de materia prima nuclear para este último país.

Las acciones emprendidas por el presidente Trump contra los dirigentes venezolanos se encuadran dentro de conceptos de legítima defensa frente a enemigos que no se paran en pelillos para poner en riesgo a la sociedad norteamericana. Y la cercanía del que nos desgobierna con esa pandilla de maleantes nos hace cómplices de sus proditorios empeños.

¿Qué es más importante para nuestros intereses nacionales, la amistad con los Estados Unidos o la complicidad con la dictadura venezolana?

Recuerdo que en una presentación de la política exterior de Chile su entonces Canciller destacaba que su país gozaba en el seno de la comunidad internacional de un "softpower" derivado de su respetabilidad. El desgobierno colombiano ya no es respetable ante los Estados serios, sino profundamente despreciable, nada menos que un hazmerreir. 

¡Qué vergüenza!