Tanto el desquiciado que nos malgobierna como el senador que aspira a ocupar su puesto en la Casa de Nariño en el próximo período presidencial son comunistas recalcitrantes, aunque no confesos de modo explícito. Sus hechos notorios así lo acreditan. Si bien proclaman su adhesión a libertades y derechos que garantiza la civilización liberal, lo que se proponen es llevar al país por las sendas trajinadas y fallidas que han impuesto el castrismo en Cuba y el chavismo en Venezuela.
Tiene uno que estar muy enceguecido por la ideología para presentar esos modelos fracasados como viables para hacer la felicidad de nuestros compatriotas. No sabe uno si reír o llorar cuando le escucha al hoy émulo de Delcy Rodríguez que es mejor vivir en Cuba que en Miami. ¡Qué anteojeras obnubilan su visión!
Los que dicen estar dispuestos a votar por la continuidad del régimen que nos desgobierna tienen que abrir los ojos y considerar que las promesas halagüeñas con que se pretende seducirlos ocultan realidades tan ominosas como las siguientes:
-La destrucción del aparato productivo, con sus secuelas de desempleo, escasez, inflación, eliminación de las clases alta y media, pauperización generalizada, emigración desatada y concentración de los beneficios de la civilización en los pocos paniaguados del régimen.
-La destrucción del Estado de Derecho so capa de la legalidad socialista que elimina el sistema de libertades y garantías, sobre todo en el ordenamiento penal, lo que conlleva que el ejercicio de las libertades de conciencia y expresión se restrinjan severamente en la medida que pongan de manifiesto discrepancias con lo que convenga a los gobernantes. El ejemplo estremecedor de El Helicoide debe encender las alarmas. Si no nos plegamos a las verdades oficiales, allá tendremos cabida.
-La libertad religiosa desaparecerá o quedará reducida a su mínima expresión. Y el sistema educativo, así se proclame su gratuidad, estará guiado por el adoctrinamiento exento de todo sentido crítico. La familia perderá su condición de privilegio legal, pues se la considerará como una institución desueta e inconveniente. Los hijos pertenecerán al Estado, que intentará formar en ellos al nuevo hombre despojado de todo egoísmo y solidario con las causas supuestamente sociales que impongan lo gobernantes.
-Los derechos políticos se reservarán a quienes se muestren dóciles respecto de las consignas gubernamentales. Para ellos serán todos los reconocimientos; los demás serán sujetos de segunda clase o algo peor. Sus voces serán acalladas e incluso castigadas. La democracia sólo reinará entre los partidarios del régimen. Los demás serán considerados como indignos de participar en las decisiones colectivas e incluso se los tratará como delincuentes.
-Desaparecerá el empleo privado, pues se considerará que implica explotación del hombre por el hombre. También se pondrá fin a la iniciativa privada, que se considerará como antisocial. Por consiguiente, no habrá propiedad privada de medios de producción, los cuales pasarán a poder del Estado. El papel de los empresarios lo tomarán los administradores públicos, es decir, los políticos.
-A los campesinos que aspiran a la propiedad de la tierra se los agrupará en organizaciones colectivas. No serán dueños de sus productos y dependerán de quienes las dirijan. Los derechos sindicales se reducirán al mínimo, pues las demandas de los trabajadores ya no se encauzarán hacia empleadores privados, sino contra el Estado que dice representar a todo el pueblo.
-Ciudadano de a pie: vote por los comunistas y no se queje después cuando lo despojen de los derechos de que goza bajo una Constitución de talante liberal. Lo que está en juego no es la competencia entre uribistas y petristas, sino algo de calado mucho más hondo: la confrontación entre la democracia liberal y la totalitaria.
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