lunes, 22 de junio de 2026

Obró la Providencia

Como solía decir mi finada esposa -¡alma bendita!- Dios nos miró ayer con ojos de misericordia al librarnos de la victoria del candidato comunista que habría llevado a su culminación la agenda que el taimado inquilino de la Casa de Nariño venía preparando para instaurar entre nosotros un régimen inspirado en lo que ha llevado a cubanos y venezolanos a padecer los rigores de la miseria más atroz.

Las elecciones de ayer cierran un ciclo que no ha debido abrirse y hacen renacer la esperanza en millones de compatriotas que temían lo peor y hoy observan con optimismo el porvenir de nuestra patria, sabedores de que al mando habrá un tándem inspirado en el propósito de enderezar hacia rutas de progreso en todos los órdenes el rumbo que el desgobierno actual conducía hacia el desastre.

Supongo que igual que yo muchos colombianos veníamos elevando plegarias al Altísimo para que nos protegiera del comunismo y de las protervas intenciones de sus promotores. Por experiencia personal, estoy convencido de que la oración que se recita con fervor y buenas intenciones produce resultados beneficiosos. "Pedid y se os dará", promete el Evangelio.

Por supuesto que el camino que tocará recorrer a partir del próximo 7 de agosto será proceloso a más no poder, pues la herencia que nos lega el desgobierno actual está plagada de desastres de toda índole. En consecuencia, nos tocará aplicar aquello de "a Dios rogando y con el mazo dando", aceptando muchos sacrificios en pro del bien común.

Los expertos hablan del riesgo de una tremenda crisis fiscal; otros hablan de la posibilidad inminente de un apagón eléctrico; la crisis de la salud es dramática; el control territorial de la delincuencia es tenebroso; la inseguridad para todos está a la vuelta de la esquina; los resultados sociales de que se jacta el que nos desgobierna no se explican por la vitalidad de la economía, sino por el derroche del gasto público; ya la cocaína es el principal renglón de nuestras exportaciones y, como lo demuestran los resultados electorales de ayer, el control político de los narcotraficantes sobre las comunidades nos pone al borde de convertirnos en un narcoestado; nuestra fuerza pública está desmoralizada y debilitada, sin recursos suficientes para enfrentar el poderío de la delincuencia; nuestra patria se ha convertido en el hazmerreír de la comunidad internacional por los despropósitos recurrentes del que nos desgobierna, que ha arrastrado por el suelo nuestra dignidad. Rescatar la dignidad de nuestra Colombia y nuestro gobierno será tarea urgentísima de Abelardo y José Manuel, pues sólo cuando es respetable puede la autoridad reclamar acatamiento.

Hay muchas hipótesis acerca de la polarización que ha llevado a que el cuerpo electoral se divida prácticamente por partes iguales, con una ligera diferencia de cerca de 250.000 votos entre los contendientes. Me inclino a pensar que los seguidores del candidato comunista no tuvieron claridad acerca de su índole y sus intenciones ocultas. Muchos votaron, como se ha dicho, con el fusil en la nuca; otros sucumbieron ante la demagógica fijación del salario mínimo o la multiplicidad de puestos y de contratos que nos está llevando a la ruina; a otros los convenció la propaganda negra que se difundió contra los defensores de la patria o el cuento cruel de la superioridad moral y la decencia del candidato comunista. En la medida que avance un buen gobierno, esas voluntades desviadas podrían inclinarse en favor suyo.

Abelardo recibió la noticia de su triunfo dándole gracias a Dios. A diferencia del que nos desgobierna, que según Isabel Cuervo es feligrés de una oscura religión de origen africano, tanto Abelardo como José Manuel son católicos devotos, convencidos de la necesidad de adelantar una política del espíritu a la que hice referencia en un escrito reciente. Esa política se inicia elevando el nivel moral del gobierno, tanto en lo público como en lo privado. Su propósito es la realización del bien común, que es una idea que entraña vasta profundidad acerca del destino colectivo. Que Dios los ilumine y proteja. 

lunes, 15 de junio de 2026

Alea Jacta Est

El próximo domingo los colombianos elegiremos entre la democracia liberal y el comunismo. Como dicen que dijo el poeta, "todo nos llega tarde, hasta la muerte". La "Guerra Fría" que se libró a lo largo de la segunda década del siglo XX y terminó con la derrota del comunismo, exhibe sus estertores entre nosotros enfrentando a Abelardo y José Manuel contra Cepeda y sus secuaces amigos del castro-chavismo. 

Todo indica que el triunfo será de los primeros, pero no deja de inquietar que una considerable porción del electorado se incline por el candidato comunista. Ello puede interpretarse como una muestra de inmadurez democrática, pero el análisis debe ir más al fondo de las cosas, que vienen mostrando desde hace años la insatisfacción de importantes segmentos del pueblo que consideran que el Estado actual no da curso adecuado a sus apremiantes demandas.

El desgobierno que reina hoy por hoy se jacta de atenderlas, pero lo ha hecho a la bartola, con altas dosis de palabrería y magros resultados, preso entre consignas ideológicas obsoletas cuyo fracaso en otras latitudes es ya indiscutible. Añorar a Stalin, a Mao, a Castro o a Chávez roza en el delirio.

Colombia debe seguir otros modelos que han demostrado ser exitosos en los países en los que se los ha aplicado. Mirar hacia la Cuba de los Castro y la Venezuela de Chávez y Maduro no deja de ser una ironía de pésimo gusto.

El nuevo gobierno que esperamos pueda instalarse el 7 de agosto venidero deberá afrontar una situación difícil como pocas en nuestra historia. El inventario de los desastres que deja el actual salta a la vista y la superación de todos ellos exigirá fuertes dosis de entereza, imaginación y buen sentido de parte de sus dirigentes, pero también de abnegada colaboración de nuestras comunidades. Si no lograre el apoyo decidido de éstas, se verá abocado al fracaso. La célebre cuestión que les planteó el presidente Kennedy a sus compatriotas al tomar posesión de su cargo mantiene su plena vigencia y es el caso de preguntarnos a los colombianos lo que debemos hacer por nuestro país y no por lo que éste puede hacer por nosotros.

Leo en estos momentos "Colombia, un drama", de Abelardo Forero Benavides, al que he llegado por amable sugerencia de mi buen amigo Álvaro Tirado Mejía. Es un libro que su autor no quiso publicar en vida por los severos cuestionamientos a quienes consideraba responsables de la tragedia que padecimos a mediados del siglo XX. Acaba de publicarlo la Universidad de los Andes y es de obligada lectura no sólo para quienes deseen conocer y entender esos aciagos momentos de nuestro devenir, sino para los que hoy tienen a su cargo la responsabilidad de velar por la salud de la república.

Más adelante me adentraré en el comentario de esa especie de "Memorias de Ultratumba". Por lo pronto llamo la atención sobre el ambiente caldeado que se percibe en el país, que nos obliga, como en el poema de Pombo, a "consultar oráculos más altos que nuestro duelo", verso que al citarlo en un artículo publicado en "Sábado" le ganó a Forero la animadversión de Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo, cuando en rigor estaba invitando a que los partidos en pugna elevaran los ojos hacia los supremos intereses de la patria. Eso es lo que nos toca hacer hoy. Entender a los contrarios, no negarles espacios y promover acuerdos que nos permitan transitar por nuevas sendas de bienestar y de progreso.

El sectarismo es un viejo vicio de la política colombiana y lo observa uno en todos los sectores, llámense de derecha, de centro o de izquierda. No hay que ignorar que la política es por su propia naturaleza escenario de opiniones e intereses encontrados que sólo pueden convivir si todos ellos comparten los acuerdos sobre lo fundamental que en el atardecer de su existencia proclamaba Álvaro Gómez Hurtado. Esos acuerdos son posibles en el seno de la democracia liberal, mas no en la comunista, que es totalitaria y liberticida por definición. Han sido, en cambio, muy fecundos con la socialdemocracia, como lo demuestra la experiencia europea después de la II Guerra Mundial. Remito  a los sesudos escritos de Sheri Berman que he citado en este blog en otras oportunidades (vid. [PDF] The Social Democratic Moment by Sheri Berman | 9780674442610, 9780674020849).

Nuestra democracia debe ofrecer espacios para todos, menos para los violentos que pretenden imponerse por medio de las armas y toda suerte de depredaciones. La paz sólo será posible si ellos se someten a la voluntad legítima del Estado. Sólo cuando éste monopoliza el uso de la fuerza en la sociedad puede hablarse de vigencia de la civilización política. Su insurgencia los ubica dentro de la categoría de "Civilization Killers" que ha sido objeto de importantes consideraciones por parte de Mgr. Charles Pope (vid. Civilization Killers – On the Decline of Three Basic Cultural Indicators and What it Means for America – La Linterna Azul).

Vuelvo sobre lo de la delgada corteza de nuestra civilización que ha sido tema de Marco Palacios. El gobierno venidero tendrá que ocuparse de fortalecer nuestra civilización política, no de erosionarla como viene haciéndolo el que nos desgobierna.

domingo, 7 de junio de 2026

¿Fronterizo del delito?

Es bien sabido que el que nos desgobierna militó en sus mocedades en un tenebroso movimiento criminal, el M-19, que lo pervirtió convirtiéndolo en delincuente juvenil. Pagó cárcel por algunas de sus actividades ilegales, pero no obstante ello pudo ser elegido por votación popular, contrariando lo dispuesto por el artículo 197 de la Constitución Política, porque alguien le hizo el favor de sustraer del expediente respectivo los folios del fallo que lo condenó. A primera vista, ahí se configuró una modalidad de falsedad documental que a nadie se le ocurrió investigar.

Como es proclive a pasearse por los bordes del Código Penal, anda haciendo malabares alrededor del texto del inciso primero de su artículo 422, que a la letra dice:


Lea más: https://leyes.co/codigo_penal/422.htm
"El servidor público que ejerza jurisdicción, autoridad civil o política, cargo de dirección administrativa, o se desempeñe en los órganos judicial, electoral, de control, que forme parte de comités, juntas o directorios políticos, o utilice su poder para favorecer o perjudicar electoralmente a un candidato, partido o movimiento político, incurrirá en multa y pérdida del empleo o cargo público."

Al tenor de la prohibición para el servidor público de utilizar su poder para perjudicar electoralmente a un candidato, partido o movimiento político, parece que la seguidilla de discursos vejatorios para Abelardo y la organización política que lo respalda que viene pronunciando en distintos lugares el que dice ser presidente de Colombia bordea descaradamente la susodicha prohibición.

Esos discursos vejatorios parecen configurar, además, sendos delitos de injuria y calumnia previstos en los artículos 221 y 222 también del Código Penal, pues no sólo arrojan ofensas contra el mencionado candidato, sino acusaciones concernientes a la comisión de gravísimos delitos.

Fuera de posibles violaciones del Código Penal, los iracundos y desaforados pronunciamientos públicos recientes del okupa de la Casa de Nariño ameritan que se los examine a la luz del régimen disciplinario de los servidores públicos, sobre lo cual resulta oportuno detenerse en las consideraciones que hizo la Procuraduría General de la Nación en documento que puede consultarse en directiva prohibiciones electorales.pdf.

Aquel funcionario parece ampararse en la impunidad que le otorga el control sobre la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes, la que según denuncia de uno de sus miembros fue beneficiada con el otorgamiento de cupos contractuales por valor de varios miles de millones de pesos. La incuria de dicha Comisión para proceder en averiguaciones sobre el comportamiento del servidor público de marras ya viene siendo objeto de investigaciones por parte de la Corte Suprema de Justicia y la Procuraduría General de la Nación. 

No hay que olvidar que el fuero que favorece al servidor de marras tocará a su fin el próximo 7 agosto, cuando las investigaciones penales en contra suya pasarán a cargo de la Fiscalía General de la Nación. Quizá entonces se haga justicia en torno de quien ha venido actuando como si para él no hubiera ni Dios ni ley.

miércoles, 3 de junio de 2026

Firmes por la patria

El próximo 21 de junio se juega decisivamente el futuro de Colombia. En la segunda vuelta de la elección presidencial la ciudadanía decidirá si conservamos la democracia liberal o nos precipitamos hacia el cenagal del comunismo en que quieren hundirnos Cepeda y sus secuaces.

De Cepeda bien puede decirse que "aunque la mona se vista de seda, mona se queda". Se disfraza de progresista, de defensor de los derechos humanos, de adalid en la lucha por la ética pública, de promotor del bienestar del pueblo y otras lindezas, pero a nadie escapa que es un comunista mondo y lirondo, formado en la escuela más radical detrás de la ominosa Cortina de Hierro.

Lo hemos visto defendiendo los regímenes castro-chavistas que sólo miseria y destrucción de las libertades más elementales han producido en Cuba y Venezuela.

La constituyente que promueve no busca mejorar nuestro régimen político, económico y social, sino dotar al gobernante de poderes excesivos que le permitan promover sin cortapisas las tres revoluciones que anuncia su programa, pergeñadas para dar un vuelco total a nuestro ordenamiento jurídico y borrar de tajo nuestras tradiciones, como si fuera tan fácil en una sociedad lo de partir de cero con borrón y cuenta nueva.

Abelardo ha traído a colación las certeras palabras de Churchill cuando asumió el gobierno de Inglaterra en unos de los momentos más difíciles de su historia, ofreciendo tan sólo "sangre, sudor y lágrimas" e invocando la solidaridad colectiva para superar el trance crucial en que se hallaba.

Mutatis mutandis, así estamos hoy los colombianos, enfrentados a una amenaza comunista que ha logrado despistar a un nutrido grupo de compatriotas que se ha dejado seducir por la palabrería vana de unos demagogos malintencionados. Es mucha la solidaridad con que nos toca rodear a Abelardo y José Manuel para que puedan enderezar el rumbo hacia lo que sin falso entendimiento conciben como el milagro colombiano, similar al que han obrado para sus comunidades los exitosos tigres asiáticos.

En síntesis, no miremos hacia Corea del Norte, como lo hacen Petro y Cepeda, sino hacia Corea del Sur, como lo indican Abelardo y José Manuel.

Sobre cada ciudadano pesa hoy la responsabilidad de decidir con su voto la suerte futura de Colombia. Que Dios nos ilumine y proteja en este momento crucial.