lunes, 15 de junio de 2026

Alea Jacta Est

El próximo domingo los colombianos elegiremos entre la democracia liberal y el comunismo. Como dicen que dijo el poeta, "todo nos llega tarde, hasta la muerte". La "Guerra Fría" que se libró a lo largo de la segunda década del siglo XX y terminó con la derrota del comunismo, exhibe sus estertores entre nosotros enfrentando a Abelardo y José Manuel contra Cepeda y sus secuaces amigos del castro-chavismo. 

Todo indica que el triunfo será de los primeros, pero no deja de inquietar que una considerable porción del electorado se incline por el candidato comunista. Ello puede interpretarse como una muestra de inmadurez democrática, pero el análisis debe ir más al fondo de las cosas, que vienen mostrando desde hace años la insatisfacción de importantes segmentos del pueblo que consideran que el Estado actual no da curso adecuado a sus apremiantes demandas.

El desgobierno que reina hoy por hoy se jacta de atenderlas, pero lo ha hecho a la bartola, con altas dosis de palabrería y magros resultados, preso entre consignas ideológicas obsoletas cuyo fracaso en otras latitudes es ya indiscutible. Añorar a Stalin, a Mao, a Castro o a Chávez roza en el delirio.

Colombia debe seguir otros modelos que han demostrado ser exitosos en los países en los que se los ha aplicado. Mirar hacia la Cuba de los Castro y la Venezuela de Chávez y Maduro no deja de ser una ironía de pésimo gusto.

El nuevo gobierno que esperamos pueda instalarse el 7 de agosto venidero deberá afrontar una situación difícil como pocas en nuestra historia. El inventario de los desastres que deja el actual salta a la vista y la superación de todos ellos exigirá fuertes dosis de entereza, imaginación y buen sentido de parte de sus dirigentes, pero también de abnegada colaboración de nuestras comunidades. Si no lograre el apoyo decidido de éstas, se verá abocado al fracaso. La célebre cuestión que les planteó el presidente Kennedy a sus compatriotas al tomar posesión de su cargo mantiene su plena vigencia y es el caso de preguntarnos a los colombianos lo que debemos hacer nuestro país y no que por lo que éste puede hacer por nosotros.

Leo en estos momentos "Colombia, un drama", de Abelardo Forero Benavides, al que he llegado por amable sugerencia de mi buen amigo Álvaro Tirado Mejía. Es un libro que su autor no quiso publicar en vida por los severos cuestionamientos a quienes consideraba responsables de la tragedia que padecimos a mediados del siglo XX. Acaba de publicarlo la Universidad de los Andes y es de obligada lectura no sólo para quienes deseen conocer y entender esos aciagos momentos de nuestro devenir, sino para los que hoy tienen a su cargo la responsabilidad de velar por la salud de la república.

Más adelante me adentraré en el comentario de esa especie de "Memorias de Ultratumba". Por lo pronto llamo la atención sobre el ambiente caldeado que se percibe en el país, que nos obliga, como en el poema de Pombo, a "consultar oráculos más altos que nuestro duelo", verso que al citarlo en un artículo publicado en "Sábado" le ganó a Forero la animadversión de Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo, cuando en rigor estaba invitando a que los partidos en pugna elevaran los ojos hacia los supremos intereses de la patria. Eso es lo que nos toca hacer hoy. Entender a los contrarios, no negarles espacios y promover acuerdos que nos permitan transitar por nuevas sendas de bienestar y de progreso.

El sectarismo es un viejo vicio de la política colombiana y lo observa uno en todos los sectores, llámense de derecha, de centro o de izquierda. No hay que ignorar que la política es por su propia naturaleza escenario de opiniones e intereses encontrados que sólo pueden convivir si todos ellos comparten los acuerdos sobre lo fundamental que en el atardecer de su existencia proclamaba Álvaro Gómez Hurtado. Esos acuerdos son posibles en el seno de la democracia liberal, mas no en la comunista, que es totalitaria y liberticida por definición. Han sido, en cambio, muy fecundos con la socialdemocracia, como lo demuestra la experiencia europea después de la II Guerra Mundial. Remito  a los sesudos escritos de Sheri Berman que he citado en este blog en otras oportunidades (vid. [PDF] The Social Democratic Moment by Sheri Berman | 9780674442610, 9780674020849).

Nuestra democracia debe ofrecer espacios para todos, menos para los violentos que pretenden imponerse por medio de las armas y toda suerte de depredaciones. La paz sólo será posible si ellos se someten a la voluntad legítima del Estado. Sólo cuando éste monopoliza el uso de la fuerza en la sociedad puede hablarse de vigencia de la civilización política. Su insurgencia los ubica dentro de la categoría de "Civilization Killers" que ha sido objeto de importantes consideraciones por parte de Mgr. Charles Pope (vid. Civilization Killers – On the Decline of Three Basic Cultural Indicators and What it Means for America – La Linterna Azul).

Vuelvo sobre lo de la delgada corteza de nuestra civilización que ha sido tema de Marco Palacios. El gobierno venidero tendrá que ocuparse de fortalecer nuestra civilización política, no de erosionarla como viene haciéndolo el que nos desgobierna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario