jueves, 13 de agosto de 2026

En saliendo el alacrán de casa...

 Hay un comprensible revuelo por la autorización que ayer otorgó el Senado al oprobioso expresidente que acaba de quedar en la calle para ausentarse del país a lo largo del año venidero, con la condición de que informe previamente las fechas y los lugares de sus desplazamientos.

Como muchos quisieran verlo no sólo entre rejas, sino sometido a los más crueles suplicios, alzan a tutiplén sus voces contra lo que consideran una aberrante traición del CD al votar a pie juntillas con el PH y otros partidos en favor de dicha iniciativa.

Se invoca para ello la justicia, que en su faceta humana apenas está dando los primeros pasos para investigar los múltiples desafueros que se le endilgan; pero no sobra recordar que, a diferencia de la Divina, la justicia de los hombres suele estar permeada por tendencias non sanctas en las que prevalecen el odio y la venganza.

Un amigo que es muy piadoso me contó que en medio de la confesión le dijo al sacerdote que le deseaba la muerte al sujeto de marras. El levita le recomendó que pidiera para él una buena muerte.

Este es un aspecto muy importante de la cuestión. El expresidente Uribe, que ha sido víctima propiciatoria de la venganza de los comunistas, ha pedido que no se manifieste odio contra su colega que vaga hoy hacia la desgracia. El consejo es sano y oportuno a más no poder. En medio de una tragedia como la que acaba de propinarnos la naturaleza la concordia ciudadana se hace indispensable para superar los daños de toda índole que nos dejan sus secuelas.

Vuelvo sobre la recomendación que hice en días pasados acerca del importante libro póstumo de Abelardo Forero Benavides, "Colombia, un drama", para insistir en los deletéreos efectos del odio en la vida comunitaria. A mediados del siglo pasado el país estaba dividido por el odio entre liberales y conservadores, con sus devastadores efectos que derivaron en la Violencia, así con mayúsculas. Hoy se divide entre abelardistas y petristas, unos dicen que casi por mitades y otros quizás mejor informados afirman que la proporción va más o menos en un 60% para los primeros y un 40% para los segundos. Sea de ello lo que fuere, esos porcentajes no son sanos y nada bueno auguran para los tiempos venideros.

Digo esto para señalar que el paso que dio el Senado se encamina a mitigar la confrontación. Si se hubiera negado el permiso de salida, los petristas se habrían enardecido más todavía alegando inicua persecución contra su líder. No sobra recordar un dicho apócrifo que se agrega a la escena del prendimiento en Getsemaní: "Mira cómo estamos, Pedro, y tú cortando orejas". Lo del Senado constituye un gesto de apaciguamiento y no una claudicación. Tarde o temprano la justicia hará su obra, así sea por designio providencial.

Media, por otra parte, una razón pragmática para autorizar la salida hacia el exterior de tan siniestro personaje. Acá estaría cerca de sus secuaces conspirando a todas horas. Fuera del país ello no le resultaría tan fácil. Además, allá estaría a merced del Mossad y otros funestos enemigos que le ha granjeado su intemperancia verbal. Como reza el dicho popular, es preferible que ese alacrán quede por fuera de casa.

Conviene insistir en el desarme de los espíritus. La política es escenario por antonomasia de contradicciones y de lo que trata la civilización es de encauzarlas en procura de lo mejor para la comunidad, aceptando la parte de razón que pueda asistir a cada tendencia.

Hay, además, una razón pragmática para autorizar la salida de ese exfuncionario. Su presencia en el territorio nacional lo haría más peligroso de lo que es. Acá estaría conspirando cotidianamente cerca de sus conmilitones. En el exterior esa tarea sediciosa le resultaría más difícil. Y allá estaría a merced del Mossad y otros o

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