martes, 22 de febrero de 2022

La ley que olvidaron

Me he referido en varias oportunidades en este blog al doloroso tema del aborto. Vuelvo ahora sobre el asunto a raíz del fallo que ayer anunció la Corte Constitucional, que es es en realidad una Corte Dictatorial, que dispone despenalizarlo hasta las 24 semanas de gestación y mantiene lo que ya venía rigiendo sobre tres causales que lo permiten más allá de dicho término.

Reiterar la argumentación en contra del aborto parece que sea hoy llover sobre mojado. La ideología que lo sustenta está firmemente arraigada en la mentalidad de diversos sectores de nuestra sociedad, que no son mayoritarios, pero sí de enorme influencia.

Las encuestas indican que más del 60% de la opinión está en contra de la despenalización del aborto, salvedad hecha de casos extremos. Pero la mentalidad hegemónica no sólo lo admite, sino que al parecer lo celebra. Así, "El Colombiano" de hoy, que otrora fue un baluarte del pensamiento conservador y hoy milita en la cauda de los "progres", lo celebra con un titular entusiasta:"¡Histórico! Abortar ya no es delito en Colombia".

El ateo chileno (Alejandro Gaviria) se pronuncia en términos aún más exultantes: "Celebro la decisión de la @CConstitucional de despenalizar el aborto hasta la semana 24. Es un fallo histórico y un triunfo para las mujeres y la salud pública".

En mis estudios sobre la Teoría Constitucional he llamado la atención sobre el peso de las ideologías sobre el sistema jurídico. El caso colombiano ilustra con elocuencia sobre el asunto. La Corte Constitucional se lleva de calle la letra misma de la Constitución, así sea de claridad coruscante, en aras de las ideologías que están de moda, así no hayan pasado por el filtro de la aprobación democrática.

La inmensa mayoría del pueblo colombiano es católica y cristiana, lo cual significa que cree que sobre la ley positiva hay otra que le sirve de fundamento y la subordina, vale decir, la Ley de Dios. Pero los ateos que están enquistados en los altos escenarios de decisión sobre los grandes asuntos que interesan a la comunidad la niegan e incluso la rechazan con menosprecio. Si se la invoca para orientar el criterio sobre algún grave tema  que sea objeto de controversia, dicen que los argumentos religiosos no son de recibo en el debate público.

Ignoran que el núcleo mismo de toda civilización es de índole religiosa. Así, en lo que a la nuestra atañe, la idea de los derechos fundamentales hunde sus raíces en cierta concepción del ser humano al que se le reconoce su dignidad esencial como persona creada a imagen y semejanza de Dios. Si esto se niega, si se desconoce la realidad y el destino eterno del alma, lo que queda es un amasijo de células, y es esto lo que se predica de la criatura que está en gestación.

Hay un profesor de Princeton que acaba de recibir como premio un millón de dólares dizque por sus valiosos aportes al pensamiento filosófico. Se trata de Peter Singer, que al negar la racionalidad de los infantes legitima en sus escritos el infanticidio, con las mismas razones justificativas del aborto. Según su punto de vista, “la injusticia intrínseca de matar al feto tardío y la injusticia intrínseca de matar al bebé recién nacido no son nada distintas” . Vid. (PDF) Reflexiones sobre el aborto, el infanticidio y la eutanasia en Peter Singer (researchgate.net)

Hace años leí en "L'Express" un brillante reportaje con Raymond Aron, el más lúcido y valiente de los pensadores liberales del siglo pasado, en el que dijo de modo rotundo: "La civilización occidental marcha hacia su destrucción: ya quiere aceptar el aborto". Aron era judío, mas no religioso. Pero tenía claridad sobre el sustento moral de la civilización. 

Como lo señalaron Toynbee e Ikeda en un libro que comenté hace algún tiempo, el imperativo moral básico se traduce en lo que reza su título: "Elige la vida". Vid. Escoge La Vida - Arnold .J. Toynbee, Daisaku Ikeda | PDF | Homo Sapiens | Herencia (scribd.com)

La Iglesia Católica viene insistiendo en que la vigente es una "cultura de la muerte", expresión acuñada por San Juan Pablo II en la Encíclica "Evangelium Vitae" (vid. LA CULTURA DE LA MUERTE (religionyvida.com)¿Qué se entiende por «cultura de la muerte»? | Observatorio de Bioética, UCV (observatoriobioetica.org)).

Si nos detenemos en la ardua cuestión del bien y el mal, quizás podamos llegar a la conclusión de que el primero, fincado en la creación, busca la plenitud del ser humano, su perfeccionamiento, la santidad, mientras que el segundo lo frustra, lo destruye, lo aniquila. 

El aborto es un triunfo del mal. Los que lo promueven sufren un tremendo déficit espiritual. Siguen a Mefistófeles:

"MEFISTÓFELES
Soy el espíritu que siempre niega. Y lo hago con pleno derecho, pues todo lo que nace merece ser aniquilado, mejor sería entonces que no naciera. Por ello, mi auténtica naturaleza es eso que llamáis pecado y destrucción, en una palabra, el Mal."(Fausto (Johan Wolfgang Goethe) - Libros Clásicos - Acanomas.com)

lunes, 14 de febrero de 2022

Desviaciones peligrosas

Es comprensible el desafecto de la Iglesia respecto del capitalismo, sobre todo en sus versiones extremas que sacralizan la codicia, la ley del más fuerte, el hedonismo o el desdén por los desamparados. No es fácil compaginar las enseñanzas evangélicas con un sistema que ignora la solidaridad para con los débiles y se muestra impasible respecto de la explotación del hombre por el hombre.

Pero ese sistema ya no existe. A partir de la Economía Social de Mercado que implantó Ludwig Erhard en Alemania a mediados del siglo pasado y de otras iniciativas tendientes a moderar sus excesos, el modelo de la libre empresa ha cambiado sustancialmente, contribuyendo a mejorar las condiciones de vida de millones de seres humanos en distintas latitudes.

Los marxistas de la Escuela de Frankfurt que postularon la Teoría Crítica de la Sociedad se dieron cuenta de que el modelo soviético no les servía para combatir el de los países industrializados del mundo occidental, pues los trabajadores de éste vivían muchísimo mejor que los de los países comunistas. El capitalismo del siglo XX no era el mismo que combatieron Marx y Engels en el siglo XIX, los cuáles formularon profecías catastróficas que no se cumplieron. De ahí que, siguiendo una línea similar a la del marxista italiano Gramsci, desviaran su análisis del modelo económico hacia el modelo cultural, tal como lo describe magistralmente Cristian Rodrigo Iturralde en su libro "El Inicio de la Nueva Izquierda y de la Escuela de Frankfurt" (vid. Amazon.com: El inicio de la nueva izquierda y de la Escuela de Frankfurt (Spanish Edition) eBook : Rodrigo Iturralde, Cristian, Laje, Agustín: Tienda Kindle).

No obstante los aspectos positivos de la evolución del capitalismo, la Iglesia mantiene reservas morales muy explicables acerca de la ética utilitarista que le sirve de sustento conceptual. No hay que olvidar que su preocupación no se centre en el reino de este mundo, sino en la trascendencia hacia el más allá de las realidades eternas. 

Pero el desafecto hacia el capitalismo no puede inclinar la balanza en favor del socialismo, a pesar de ciertas coincidencias de éste con el credo cristiano. La doctrina socialista en sus orígenes fue radicalmente antirreligiosa. No hay que olvidar que la primera de las alienaciones denunciadas por Marx fue la religiosa. Además, el totalitarismo subyugante de la individualidad, así como la prédica de la lucha de clases y la violencia como partera de la historia, amén de la ideología materialista radical determinante de su concepción del mundo, mostraban la insuperable incompatibilidad del pensamiento de la Iglesia con los proyectos socialistas y sobre todo comunistas.

La Doctrina Social de la Iglesia, a partir de la célebre encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, planteó el examen de la llamada cuestión social y sus soluciones desde otras perspectivas distantes a la vez del capitalismo y el socialismo. No hay que olvidar que su punto de partida es la consideración de la dignidad de la persona humana, concepto que se introdujo en el pensamiento político del siglo pasado precisamente gracias a la acción de influyentes pensadores católicos como Jacques Maritain. 

La Iglesia postuló la defensa de la familia como célula básica de la sociedad, contra la que han enderezado sus baterías tanto libertarios como socialistas promotores de la revolución sexual. En lugar de la lucha de clases, promovió el entendimiento obrero-patronal, así como loables iniciativas en favor de los segmentos menos favorecidos. La educación y la atención de los enfermos y menesterosos siempre estuvieron en el centro de sus preocupaciones. Hay toda una tradición vieja de siglos que la enaltece en lo que se ha llamado las obras  pías. 

Al pensamiento católico se debe la idea de la prevalencia de los principios de libertad y de subsidiariedad, en virtud de  los cuáles la atención de las necesidades comunitarias debe partir de la iniciativa de los individuos, las familias y los grupos intermedios. El Estado debe actuar sólo cuando esas iniciativas sean insuficientes o no le convengan al bien común, que es el concepto básico para entender la racionalidad de la acción política. La idea católica del poder gira en torno de ese concepto, que está henchido de connotaciones morales y supera por ello los de utilidad pública o interés social que han pretendido sustituirlo. A ella corresponde el concepto de que debe haber tanta libertad cuánta sea posible y tanta intervención estatal cuánta sea necesaria. 

Es claro que la Doctrina Social Católica está lejos de los extremos ideológicos de los tiempos que corren.

Desafortunadamente, la Iglesia ha sufrido distintas infiltraciones tendientes a hacer que se desvíe el buen camino que ha trasegado en pro de la armonía colectiva. Unas de ellas son de origen masónico, sobre lo que hay inquietantes testimonios bibliográficos. Otras proceden del comunismo.

Bella Dodd fue una comunista muy activa que terminó convirtiéndose al catolicismo y denunció "el caballo de Troya rojo", esto es, el plan del comunismo para penetrar el clero católico a partir de los seminarios (vid. Caballo de Troya Rojo (pablodavoli.com.ar)). Se ha dicho que la Teología de la Liberación que ha pervertido al clero latinoamericano es precisamente obra de la KGV. Y en "Los Jesuitas: La Compañía de Jesús y la Traición a la Iglesia Apostólica, Católica y Romana" (vid. Compress PDF - Reduce PDF Online Free - PDFROCK.COM), Malacchi Martin mostró de modo fehaciente la influencia que la comunidad ha sufrido por obra de no pocas orientaciones que desnaturalizan su fisonomía católica. Llegó a manifestar que se retiraba de la orden para no poner en peligro la salvación de su alma.

Es verdad que la cuestión social en América Latina suscita reacciones muy fuertes. Pero de ninguna manera justifica que ciertos sectores del clero y la intelectualidad católicos se inclinen hacia una extrema izquierda, como la de  Petro, que en el fondo desorienta a los fieles y se orienta en contravía de la sana doctrina de las grandes encíclicas sociales de la Iglesia (vid. TEOLOGÍA PARA LAICOS: Principales encíclicas de la Doctrina Social de la Iglesia (facultredmater.blogspot.com)).

El gesto reciente de favorecimiento a las aspiraciones presidenciales de Petro por parte del Vaticano ha escandalizado a los católicos de a pie que no entienden cómo la jerarquía le hace guiños a un político de tan cuestionables condiciones tanto personales como conceptuales, que exhibe un pasado de violencia del que no ha hecho sentir manifestación alguna de arrepentimiento. Él se dice seguidor de la Teología de la Liberación, que es un invento comunista, mas no de la Doctrina Social de la Iglesia, que condena sus excesos.

¿Va la Iglesia camino de la apostasía?



domingo, 6 de febrero de 2022

Eppur si muove...

Agradezco los amables comentarios del padre Mario García Isaza sobre mi persona y mis escritos. Respeto así mismo su también amable discrepancia sobre lo que expuse en "La Traición de los Clérigos", pero insisto en que la actuación del Nuncio Apostólico que ahí censuré no es admisible a la luz de las sanas prácticas de la diplomacia, y en que el encuentro de Gustavo Petro con el Santo Padre constituye una discutible señal de apoyo de la jerarquía eclesiástica a un candidato presidencial que exhibe pésimos antecedentes desde distintos puntos de vista.

Si bien la Convención sobre funcionarios diplomáticos hace parte del Derecho Internacional Panamericano, su artículo 12 recoge una norma consuetudinaria de general aceptación por los Estados, en cuanto dispone que "Los funcionarios diplomáticos extranjeros no podrán inmiscuirse en la política interna o externa del Estado en que ejercen sus funciones" (vid. Microsoft Word - M56.doc (sre.gob.mx)).

Es indudable que el haber gestionado en la Santa Sede en estos momentos la cita de Gustavo Petro con el papa Francisco es un gesto censurable de injerencia en la política interna de nuestro país, que en sana lógica debería dar lugar a que al Nuncio se lo declare persona no grata. No lo digo sólo yo, pues en tal sentido se ha pronunciado igualmente Fernando Londoño Hoyos en "La Hora de la Verdad". Y si otros no lo han hecho, es porque probablemente no desean toparse con la Iglesia.

Pero esta actuación configura una auténtica "gaffe" diplomática. El gobierno colombiano no debe de estar muy a gusto con ese evento. Y si ganare la presidencia un candidato distinto a Petro, su desagrado con el Nuncio y quizás con el Papa  sería muy explicable.

No soy tampoco yo el único que ha interpretado ese encuentro como un signo de apoyo de la jerarquía eclesiástica a las aspiraciones de un comunista como Gustavo Petro. Un rápido repaso a los comentarios de la prensa tanto audiovisual como escrita así lo muestra.

He recibido elocuentes manifestaciones de católicos practicantes acerca de su preocupación por las implicaciones políticas de esa reunión de Gustavo Petro con el papa Francisco, máxime si se consideran los antecedentes de su condescendencia con los regímenes de Cuba, Venezuela o Bolivia. 

La mendaz y oportunista adhesión de Petro a los postulados de la Teología de la Liberación no lo acreditan como el líder espiritual llamado a garantizar el reinado de la redención y la justicia para nuestro pueblo menesteroso. Esa corriente doctrinal está lejos de identificarse con la tradición de la Iglesia y más bien constituye una ruptura con ella. La Doctrina Social de la Iglesia que hemos conocido a través de las Grandes Encíclicas Sociales no avala la lucha de clases ni las demás posturas extremistas del comunismo, cualquiera sea el ropaje que éste pretenda exhibir. Ya lo dijo en Bogotá en 1968 el entonces papa Pablo VI, hoy santo: "La violencia no es cristiana ni es evangélica".

Y la violencia, no tan sólo verbal, sino física, es lo que encontramos nítidamente en el ADN del actuar petrista. El escrutinio de lo que hizo y aprobó en el M-19 debe realizarse concienzudamente para entender lo que hoy dice y hace como líder de una falaz "Colombia Humana". No en vano alguien ha escrito en las redes sociales: "Cuando Petro diga que él propone la Colombia Humana, pregunten qué hacía el M-19 cuando la gente no pagaba las extorsiones". Hay pruebas, en efecto, de que Petro era recaudador de las mismas. 

Por otra parte, las denuncias sobre corrupción cuando Petro fue alcalde de Bogotá son elocuentes. Él dice sin espabilanza que va a "derrocar la corrupción". ¿Lo hará del brazo con Roy Barreras, Benedetti, Álex Flórez y otros de sus desacreditados secuaces? ¿Se hará acompañar de quiénes han llenado furtivamente sus bolsas?

Insisto en que el Papa ha dado una mala señal al recibir de modo extemporáneo a un candidato de quién se espera con sobra de razones lo peor para Colombia. Para decirlo en lenguaje que entienden los argentinos, el Papa está "en orsai", esto es, "off side".

viernes, 4 de febrero de 2022

La Traición de los Clérigos

Julien Benda publicó en 1928 un libro que lo catapultó a la fama: "La Trahison des Clercs". Se refería a los intelectuales que habían abandonado la lucha por los altos valores del espíritu reflejados en la verdad, la justicia y la racionalidad, para ponerse al servicio de intereses mundanos de baja estofa. Según su punto de vista, la misión del intelectual es idealista y no encaja con la mentalidad pragmática de quien no ve más allá de las realidades inmediatas. En una línea similar se ubicó Paul Valéry al presentar su "Política del Espíritu", que desdeña lo útil y promueve lo desinteresado.

Pero clerc, en su sentido primigenio, significa clérigo. Y es a la traición del clero católico, o parte de él, en perjuicio de los colombianos a lo que quiero referirme en este escrito.

Dice la prensa que el reciente encuentro del funesto Petro con el Papa se diligenció a través del Nuncio Apostólico, que dejó de lado sus deberes diplomáticos para intervenir descaradamente en la campaña electoral que está en curso entre nosotros. Si ello es cierto, al Nuncio se lo debe declarar persona no grata en nuestro país.

A nadie escapa que ese encuentro tiene un profundo significado político. Es una manifestación nítida de hacia dónde se inclinan las preferencias de la jerarquía eclesiástica en lo que toca con las elecciones venideras. Y entre muchos fieles, dentro de los cuáles me cuento, eso ha causado profundo estupor.

Debo confesar que a lo largo de mi vida no siempre he sido un buen católico. Pero las pruebas a que me ha sometido la Divina Providencia me han acercado cada vez más a ella. Puedo afirmar que hoy creo hasta en los rejos de las campanas. Procuro ser practicante de misa y comunión diarias desde hace varios años, no me avergüenza dar testimonio de mi fe y como cada día me siento más cerca de la hora suprema, le pido a Dios que me lleve ante su presencia en gracia y en paz. Uno de mis ruegos cotidianos es por la santidad y la paz de la Iglesia, así como por el Papa, para que no la desoriente.

Como muchos de mis correligionarios, me preocupan los bandazos del papa Francisco. No me atrevo a emitir juicio rotundo sobre él, pero hay actitudes y pronunciamientos suyos que me desconciertan. No sé si la Nueva Iglesia que promueve nos acerca más a las enseñanzas evangélicas o más bien preludia la apostasía que la Santísima Virgen ha anunciado en algunas de sus apariciones, como la de Akita en Japón. Lo que veo con claridad es la crisis que padece. Crisis de fe, de doctrina, de moral, de disciplina, de organización. 

Conservo en los restos de mi biblioteca un precioso libro publicado bajo la dirección de Yves-Marie Hilaire que lleva por título "Histoire de la Papauté: 2000 ans de mission et de tribulations" (Tallandier, Paris, 1996). Llamo la atención sobre la última palabra: tribulaciones. Un signo constante en el devenir de la Iglesia es el sufrimiento, a menudo traducido en persecuciones y martirio que ella ha soportado con fortaleza, consciente de la ardua misión que le trazó Nuestro Señor Jesucristo.

Pero en los tiempos que corren, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, la Iglesia ha tenido que afrontar nuevos desafíos. Como lo ha señalado un converso eminente, Michael Davies, a la Iglesia antes se la respetaba o, al menos, se le temía, pero la crisis que la agobia ha conducido a que se la desprecie.

El gesto de apoyo tácito del Papa a las aspiraciones políticas de Gustavo Petro no robustece la adhesión a la Iglesia. Más bien, la debilita. Muchos católicos de a pie se escandalizan, no sin motivos, por este giro hacia una izquierda disolvente.

¿Ignora el Papa que Petro, en vez de aceptar  democráticamente el triunfo de Iván Duque, lo desconoció anunciando que le haría oposición en las calles para perturbar su gobierno? ¿Ignora que a raíz de un mal momento convocó hace dos años unas protestas nada pacíficas que perturbaron gravemente el orden público, aterrorizaron a las comunidades y causaron gravísimos perjuicios a la economía nacional? ¿No sabe que la Primera Línea de terroristas convocada por Petro, auxiliada por su secuaz Bolívar y financiada por el ELN y las disidencias de las FARC, es la punta de lanza de un proditorio empeño revolucionario que busca demoler la institucionalidad que tan trabajosamente han edificado muchas generaciones de colombianos? ¿Desconoce el Papa el pasado criminal de Petro, del que no ha mostrado signo alguno de arrepentimiento?

La opción preferencial por los pobres que ha asumido la Iglesia en los últimos tiempos, acorde con las enseñanzas del Evangelio, no puede llevar a identificarla con movimientos políticos cuyos desastres están a la vista. La justicia social es, desde luego, un imperativo ineludible, pero no puede olvidarse que, como lo proclamó San Pablo VI en "Populorum Progressio", la paz que de ella se deriva sólo es posible a partir del desarrollo económico y no de la destrucción de la riqueza colectiva. ¿Ha abandonado el papa Francisco la idea de su predecesor acerca de que "el desarrollo es el nuevo nombre de la paz"?

miércoles, 2 de febrero de 2022

El diablo haciendo hostias

Gustavo Petro es comunista, aunque lo niegue y trate de ocultarlo una y otra vez. Su pensamiento político sigue siendo el de un feroz guerrillero del M-19, movimiento de cuyas tenebrosas hazañas hizo parte y de las que no ha mostrado signo alguno de arrepentimiento. Su comunismo es el de las dictaduras cubana y venezolana, con las que tiene nexos inocultables. Es el candidato del estalinista Iván Cepeda. la madurista Piedad Córdoba, los ex-Farc que hoy se denominan Comunes y el ELN, entre otros extremistas de izquierda.

Pero como sabe que si exhibe su verdadera identidad política no podrá obtener el apoyo que anhela para llegar a la presidencia de Colombia, se reviste de cuanto ropaje pueda echar mano para conquistar incautos que apoyen sus aspiraciones.

En varias ocasiones he llamado la atención sobre su índole demoníaca. Su discurso engañoso lo muestra como fiel discípulo del que en los Evangelios se identifica como el Príncipe de la Mentira, el mismísimo Satanás.

Hace años el papa Pablo VI, ya canonizado, denunció que el humo de Satanás se había filtrado por las rendijas de la Iglesia. Hoy uno de sus agentes ha penetrado en el Vaticano, vaya uno a saber si con el beneplácito del papa Francisco.

Petro ha dado muestras inequívocas de que no es católico, a pesar de haber estudiado en su adolescencia con los Hermanos Cristianos. Pero en una movida oportunista para descalificar el confeso ateísmo de Alejandro Gaviria, salió a evocar ese episodio de su vida, manifestando su adhesión al Cristo revolucionario que dicen admirar las izquierdas y a la Teología de la Liberación.

Con todo, en alguno de sus discursos puso en duda la existencia de Dios, fuera de que en un trino se declaró librepensador. "Menos religión y más ciencia", fue una de sus consignas en la pasada campaña presidencial, así como el anuncio de que ordenaría el retiro de todas las imágenes religiosas en los espacios públicos, dado el carácter laico del Estado colombiano.

Para lograr el apoyo de un dirigente cristiano, declaró su adhesión a la causa del aborto cero, a lo que otros personeros de la misma confesión le replicaron que como alcalde distribuyó unas cartillas de propaganda abortista. No hay que olvidar, además, su confesa adhesión al programa de homosexualización de la sociedad, tal como puede apreciarse a partir del siguiente enlace en el que aparece izando la bandera LGTBIQ+: https://www.facebook.com/watch/?v=1096471790539706

El discurso de odio y resentimiento que pronuncia Petro por doquiera es del todo incompatible con el credo católico. ¿Qué pensará el Papa de las temerarias acusaciones que lanza contra el presidente Duque cuando asegura que le ha ordenado al Esmad que les dispare a los ojos a los manifestantes, o cuando dice que el ex-presidente Uribe manda a matar muchachos? Su intemperancia es simple y llanamente criminal.

No sabemos qué hablaron Petro y el Papa, pero es poco probable que se haya confesado y pedido la absolución. Si lo hizo, bien podría decirse lo mismo que cuando Talleyrand visitó en su lecho de muerte al agonizante Mirabeau: "Digno penitente para ese confesor".

Nada bueno para Colombia cabe esperar de ese encuentro. Si del mismo se sigue que Petro ha ganado votos católicos, nuestra cercanía al abismo se ha acortado. ¡Dios nos libre!