sábado, 16 de abril de 2016

Familia y Civilización

Dicen los dos primeros incisos del artículo 42 de la Constitución Política de Colombia:

"La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se la constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla.

"El Estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia. La ley podrá determinar el patrimonio familiar inalienable e inembargable".

Es muy discutible que la Asamblea Nacional Constituyente hubiera pensado, al aprobar este texto, que también podría haber cabida dentro del régimen de la familia, como núcleo fundamental de la sociedad, digno por ende de protección integral, para extender esa protección a familias poliándricas, poligámicas o, como ahora lo pretende una Corte Constitucional prevaricadora, a familias homosexuales.

Sería muy poco probable que si al pueblo, que el artículo 3 de la Constitución Política declara que es el titular de la soberanía, se le consultara sobre la redefinición de la familia que pretende la Corte Constitucional, la misma pudiese contar con su visto bueno.

Ya hace unos años, el Congreso, que ejerce la función legislativa en nombre del pueblo, rechazó por amplia mayoría un proyecto de ley sobre el asunto.

Lo que ha dispuesto la Corte Constitucional excede todos los límites razonables de la interpretación del derecho.Pero eso no inquieta a la mayoría de los magistrados que la integran, pues ellos creen que su alta investidura les otorga total impunidad por los desafueros en que puedan incurrir. Además, parece que piensan que no están al servicio del derecho, sino de unas ideologías aupadas incluso por poderes ocultos que pretenden imponer a toda costa un Nuevo Orden Mundial radicalmente anticristiano. 

Hay a no dudarlo el  propósito de instaurar una nueva civilización que prescinda de todo nexo con el cristianismo y lo que este representa. El  proyecto que hay en curso es dar muerte a la civilización cristiana  o lo que quede de esta. Sus promotores han sido catalogados por Mgr. Charles Pope, en escrito que ya he citado en otras ocasiones y ahora vuelvo a traer a colación, como "Civilization killers"(Vid. http://blog.adw.org/2011/04/civilization-killers-on-the-decline-of-three-basic-cultural-indicators-and-what-it-means-for-america/).

La iniciativa que, so pretexto de garantizarles igualdad a los homosexuales y poner en ejecución una política de inclusividad que los integre en la vida comunitaria, no solo viola la Constitución tratando de introducirle suprepticiamente un cambio desde todo punto de vista irregular, sino que pone en marcha una nueva civilización. 

Entraña, ni más ni menos, una subversión de la Constitución, que la Corte Constitucional ha dicho que solo podría imponerse mediante una Asamblea Constituyente. 

En suma, estamos frente a una verdadera revolución promovida por el organismo que supuestamente tiene a su cargo la guarda de la integridad y la supremacía de la Constitución.

Como suele suceder, esta revolución se ha desarrollado de modo discreto, a partir de la acción de círculos relativamente pequeños y cerrados. pero muy activos y persistentes, que a través de distintos medios han logrado conquistar posiciones de privilegio en los diferentes escenarios sociales, especialmente en los que más influyen en la opinión pública y las instancias del poder.

Hay toda una agenda de destrucción de la familia, tema al cual me referí en este blog en otra ocasión (http://jesusvallejo.blogspot.com.co/2014/09/la-agenda-de-destruccion-de-la-familia.html). Y esta agenda toca con otro cometido, el de homosexualización de la sociedad, al que también me he referido aquí (http://www.periodismosinfronteras.org/la-homosexualizacion-de-la-sociedad.html).

Hay quienes consideran que estas afirmaciones adolecen de tremendismo y que estos cambios no solo son inocuos, sino que contribuyen a hacer más felices a personas que, como las que integran el colectivo LGTBI etc., han sufrido injustas discriminaciones por causa de sus respectivas orientaciones sexuales.

Pero otra cosa pensaba Carl C. Zimmerman, un eminente sociólogo que enseñó a lo largo de muchos años en Harvard y dejó una obra monumental titulada "Family and Civilization", de la que desafortunadamente no hay traducción castellana y solo se consigue en inglés en ediciones abreviadas.

Zimmerman muestra la evolución de la familia a través de las distintas etapas del proceso civilizatorio y muestra el impacto de cada estructura en los diferentes ámbitos sociales y el destino de la civilización misma.(http://isibooks.org/family-and-civilization.html).

Para estos efectos, clasifica las familias en tres grandes categorías; la familia-empresa ("trustee", en su lenguaje), de vasta extensión, propia de las sociedades agrarias, de la que es modelo la gens romana; la familia doméstica, de tipo nuclear, con fuertes lazos entre sus miembros, que se da en las civilizaciones emergentes; y la familia atomística, también de tipo nuclear, pero con débiles nexos entre sus integrantes, que es propia  de las avanzadas en las que reina el individualismo hedonísitico.(Vid. http://theroadtoemmaus.org/RdLb/21PbAr/CltWr/TraditFmly.htm).

Según las conclusiones a que llega Zimmerman, la relajación de los nexos familiares trae consigo de modo inexorable la decadencia y la ruina de la civilización, tal como sucedió en las antiguas Grecia y Roma, y está aconteciendo ahora mismo en Occidente.

Su libro, publicado por primera vez en 1947, advirtió sobre las peligrosas tendencias que se pusieron de manifiesto en los años subsiguientes, tales como mayores índices de violencia juvenil y depresión, aborto y homosexualidad, colapso de la natalidad y desplazamiento de poblaciones.(Vid. http://www.abovetopsecret.com/forum/thread350089/pg1).

Zimmerman señaló ocho signos de deterioro de la civilización debidos al deterioro de la institución familiar, a saber:

-La desacralización del matrimonio, de la que es muestra la facilitación y la frecuencia del divorcio.

-La pérdida de sentido de la ceremonia matrimonial.

-La eclosión del movimiento feminista.

-La creciente aceleración de la delincuencia juvenil, la promiscuidad y el espíritu de rebeldía.

-La reticencia de los casados respecto de sus deberes familiares.

-La expansión del deseo y la aceptación del adulterio.

-La multiplicación de las perversiones y los crímenes sexuales.

Es interesante traer a colación estas apreciaciones de Gibbon: la decadencia de Roma no solo se debió a factores externos, sino al debilitamiento de las virtudes tradicionales que alentaban el trabajo, el servicio militar en las legiones, las familias fuertes y la honestidad, El auge de la homosexualidad en la aristocracia romana contribuyó a la reducción de la natalidad y, en general, la relajación de costumbres trajo consigo la apatía, la dependencia del reclutamiento de bárbaros para integrar el ejército, la homosexualidad rampante y el vicio. A medida que la virtudes tradicionales romanas fueron reemplazadas por el egoísmo hedonista, el Imperio se fue viniendo abajo.

Stephen Baskerville  ha alertado en un sesudo ensayo acerca de las consecuencias que entraña la crisis de la familia para el futuro de la civilización.(Vid. http://www.nhinet.org/baskerville22-1.pdf). 

Su análisis muestra cómo la difusión del divorcio por mutuo acuerdo e incluso sin que se invoque otra causal justificativa del mismo que la de la suspensión de la convivencia de los cónyuges por un corto tiempo, ha resultado destructiva para la institución familiar y el bienestar de la sociedad.

No hay que olvidar ciertas nociones elementales, como que el matrimonio existe ante todo en función de la reproducción y el cuidado de la prole, no solo desde el punto de vista biológico, sino ante todo desde la perspectiva de su formación moral y su integración a la vida comunitaria.

Zimmerman, que no era creyente, encontró sin embargo que la obra maestra que hizo posible el auge de la civilización occidental fue la familia doméstica con fuertes lazos de integración que impuso la Iglesia Católica y se ha venido deteriorando progresivamente por obra de la Reforma, la Revolución Francesa y las deletéreas tendencias que han hecho carrera en los últimos tiempos, tales como la Revolución Sexual y la Ideología de Género.

Si hoy se habla con alarmante ligereza de la legitimidad del matrimonio homosexual es porque, como lo señaló Zimmerman, ya no se considera que el matrimonio es asunto rodeado de sacralidad, sino algo meramente convencional y de interés solo para los cónyuges, y también porque han hecho carrera ideas altamente discutibles sobre la sexualidad, que solo la conciben desde la perspectiva del placer que les reporta a los individuos, con prescindencia de sus efectos en la formación de la personalidad y en las necesidades colectivas.

Da la impresión de que nuestra Corte Constitucional no se ha detenido a considerar qué significa que la Constitución Política hubiera declarado que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad, ni cual es el sentido de la protección que debe brindársele. Lo que ha decidido  pone de manifiesto que para sus magistrados el texto constitucional es meramente declamatorio y tan carente de seriedad que puede interpretárselo con la ligereza y la fatuidad de que han hecho gala sus integrantes.



domingo, 10 de abril de 2016

Sin Dios ni Ley

La decisión que se apresta a tomar la Corte Constitucional acerca del matrimonio homosexual muestra a las claras que esa corporación no reconoce ni Dios ni Ley por encima de ella, y que en consecuencia cree que goza un poder soberano carente de límite alguno.

Aunque la Constitución Política de Colombia se expidió invocando la protección de Dios, tal como reza su ampuloso Preámbulo, y protege los bienes culturales que conforman la identidad nacional (art. 71), uno de los cuales es su tradición religiosa, en esa Corte han hecho carrera ideas muy discutibles sobre la total autonomía del derecho respecto de la religión y la moral. 

Esas ideas avalan un positivismo jurídico que a la postre termina legitimando el totalitarismo o por lo menos el despotismo, pues si por encima de la voluntad del legislador no hay referentes superiores de orden religioso y moral, él puede obrar a su arbitrio. Y por legislador ya no se entiende hoy, a la luz de las tendencias que impone el Nuevo Derecho, el Congreso, que se dice que representa la voluntad popular, sino todo aquel que de hecho logra hacer que se obedezcan sus mandatos, si estos gozan de alguna apariencia de juridicidad.

De hecho, la Corte Constitucional ha terminando adoptando el dogma del realismo jurídico norteamericano, según el cual el derecho es lo que los jueces decidan que es.(Vid. http://www.teoriadelderecho.es/2012/10/el-realismo-juridico.html).

Los constitucionalistas franceses suelen distinguir, al examinar el tema de la soberanía, la soberanía del Estado y la soberanía dentro del Estado. Este segundo aspecto de la cuestión se refiere a quién ostenta dentro del aparato estatal el máximo poder. En las monarquías absolutas se consideraba que ese poder estaba en manos del rey. Después se proclamó que era el pueblo su titular, y así lo dice el artículo 3 de nuestra pomposa Constitución Política, pero de hecho se lo ha atribuído a sí misma la Corte Constitucional, dizque en razón de que a ella le toca la guarda de la integridad de la Constitución (art. 241 Const. Pol.). 

Excediendo la interpretación de estas palabras, la Corte Constitucional cree estar incluso por encima del pueblo soberano y no se toma siquiera el trabajo de explorar su parecer sobre asuntos que afectan gravemente la identidad nacional y su configuración cultural.

Viene a la memoria el comentario que hizo Don Miguel Antonio Caro cuando los conservadores apoyaron el régimen federal de la Confederación Granadina en 1858:"El guardián del manicomio se contagió de la locura de sus internados". Algo parecido viene ocurriendo ahora: la encargada de la guarda de la Constitución se la metió al bolsillo, la hizo su prisionera, se declaró soberana por encima del pueblo en cuyo nombre dice obrar.

En la lectura de los Hechos de los Apóstoles que se está haciendo hoy en todas las iglesias católicas de Colombia, los fieles van a escuchar estas tajantes palabras de Pedro:"Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". 

La Corte Constitucional no se toma el trabajo de explorar si hay Ley de Dios acerca de la institución familiar. De tajo nos dice que no reconoce a Dios como Supremo Legislador del Universo, no cree que exista y si de  pronto lo hay, nada tiene que ver con los asuntos que ella maneja.

Para la mayoría de quienes la integran, el tema es mítico o, al menos, asunto de mera creencia subjetiva que carece de toda incidencia en la vida pública y, específicamente, en el ordenamiento del derecho. Pero, si bien se miran los hechos, esa creencia ha fundado no solo una civilización, la nuestra, sino muchas otras. En rigor, quienes se se han ocupado del estudio de las civilizaciones han llegado a la conclusión de que todas ellas se inspiran en credos religiosos. No en vano ha dicho Paul Ricoeur, que pesa intelectualmente muchísimo más que todos los magistrados juntos y hasta multiplicados por ciento, que la civilización surge de un impulso hacia lo alto, es decir, de un soplo del espíritu, de un llamado a la trascendencia.

Es verdad que lo atinente a las relaciones del derecho con la moral y las de esta con la religión es bastante complejo. Pero no es para despacharlo con el desenfado que lo hacen juristas deformados y comunicadores ignaros. Piénsese tan solo en que la gran cuestión del fundamento de los derechos inalienables de la persona humana, que está en el centro del pensamiento jurídico actual, toca inexorablemente con el carácter sagrado que la rodea. Y lo sagrado nos lleva directamente a la religión, como bien lo explicó Rudolph Otto en su célebre libro "Lo Santo".(Vid. https://circulosemiotico.files.wordpress.com/2012/10/otto-lo-santo.pdf).

Los redactores de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos vieron con entera claridad la conexión de los derechos fundamentales con la creencia cristiana en la sacralidad del hombre, cuando afirmaron como evidentes, entre otras, estas verdades: que todos los hombres son creados iguales y son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.(Vid. http://www.archives.gov/espanol/la-declaracion-de-independencia.html). 

Si prescindimos de esta creencia, como lo hacen los ateos que imponen su voluntad en la Corte Constitucional, nos veremos en calzas prietas para identificar un fundamento racional de los derechos, comenzando por el primero de todos, que es el derecho a la vida.

Y es precisamente porque se ha deteriorado la creencia en el valor sagrado de la vida humana, que hoy asistimos al más horrendo de los holocaustos que haya podido conocerse en la historia, el de los millones de nasciturus abortados que la perversa Mrs. Clinton acaba de afirmar que carecen de toda protección constitucional. 

Recomiendo a mis lectores que entren a esta página para que se den cuenta de hasta dónde llega la negación del carácter sagrado de la vida humana hoy, tan solo en lo que al aborto concierne: http://belgicatho.hautetfort.com/archive/2016/04/09/la-carte-du-plus-grand-holocauste-silencieux-de-l-histoire-5786261.html.

El pensamiento cristiano hizo suya la idea estoica de la Lex Naturalis para vincularla con la de Ley de Dios, manifestada ante todo en la revelación de las Sagradas Escrituras, pero también en el interior del hombre a través de la conciencia.

Estas ideas, repito, son básicas para entender el significado de la Civilización Occidental. Ha llegado a pensarse, incluso, que son las que la han exaltado hasta el punto de erigirse sobre todas las demás que hoy existen.

Pues bien, dentro de esta línea de pensamiento se da la creencia en un orden natural de las sociedades humanas. No es exactamente el orden de la naturaleza que rige en el mundo físico o en el biológico, sino otro, ajustado a la realidad profunda de nuestra especie, que participa ciertamente de aquellos órdenes, pero se identifica no solo por su psiquismo, sino por su apertura al mundo del espíritu. Más precisamente, es un orden inspirado en la vocación espiritual del ser humano, en su destino eterno.

A los que piensen que esto ubica dentro de los famosos enunciados que Wittgenstein consideraba carentes de sentido, les recomiendo que lean lo que escribe el Dr. Robert Lanza, uno de los científicos más prominentes de la actualidad, acerca del papel del espíritu en el Cosmos y, en especial, en el ser humano.(Vid.http://bestndebooks.com/index.php/2015/10/11/quantum-physics-proves-that-an-afterlife-is-inevitable/; http://www.robertlanza.com/). 

Pues bien, el ordenamiento adecuado para la cabal realización del ser humano, tanto desde la perspectiva individual como la social y la de la especie, emana de su naturaleza misma, tal como ha sido creada por Dios, y no de las fantasías arbitrarias y a menudo delirantes de los ideólogos. No es un orden arbitrario ni gratuito.

Pero la idea que se ha impuesto en los medios académicos a partir de Kant y, sobre todo, de Sartre, niega que el orden humano tenga que ver con nuestra naturaleza, pues lo humano dizque trasciende lo empírico y carece de una esencia fija. Es el hombre mismo quien arbitrariamente se dota de esencia, pues como dice Sartre, en él "la existencia precede a la esencia". De ahí se sigue la tesis que hoy circula como moneda corriente según la cual, siendo el ser humano producto exclusivo de la cultura, es del todo maleable y se lo puede moldear como se quiera. Así las cosas, el género no depende del sexo y es tan versátil en sus manifestaciones como lo permita la imaginación y lo decida la voluntad.

Por eso se habla de que no hay otra definición la familia que la que les venga en gana a los magistrados de la Corte Constitucional, que son los llamados a decir con absoluta autoridad qué significan las palabras de la Constitución. Ellos pueden, entonces, disponer a su arbitrio y con el aplomo que les dé su ignorancia, sobre lo que significan palabras como persona humana, hombre, mujer, igualdad, libertad, bienestar, derecho, moral, nación, etc.

Por eso digo que es una Corte que obra sin Dios ni Ley, pues se autoadjudica la potestad soberana de decir con autoridad cómo se lee la Constitución.

Esta dice en su artículo 42 que la familia se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla. Todas estas palabras tienen su sentido natural y obvio, pero la Corte considera que la definición constitucional se quedó corta, pues en virtud del principio de igualdad hay que añadirle a la definición unas palabras que la hagan acorde con la idea del matrimonio igualitario, es decir de parejas del mismo sexo.

Es claro que la Constitución dispuso que el matrimonio fuera heterosexual, como ha sucedido en todas las sociedades humanas a lo largo de la historia. Su propósito no fue el de discriminar a los homosexuales, sino partir de una realidad que hoy se niega por consideraciones ideológicas: la homosexualidad no es igual a la heterosexualidad, pues no solo son diferentes en cuanto a su naturaleza, sino por razones morales. Hoy no se discute que la actividad homosexual, ejercida dentro del ámbito de la intimidad, no debe ser reprimida. Pero es altamente cuestionable que se afirme que debe ser estimulada. En ello hay mucha tela para cortar.

Como lo puso de manifiesto el hoy senador Álvaro Uribe Vélez en su declaración acerca del asunto que nos ocupa, la Corte Constitucional, esta sustituye la supremacía de la Constitución por la de unas ideologías harto discutibles, como lo es la de género. Aquella no se lee a través de lo que dice en lenguaje corriente y ni siquiera en el profesional de los juristas, sino con un sesgo ideológico del que participan ciertos sectores de la comunidad, pero ni siquiera la gran mayoría del pueblo supuestamente soberano.

Ese sesgo ideológico obedece a nítidos cometidos políticos que el común de la gente probablemente ignora y quizás no aprobaría, al menos en el sentido absolutista con que se pretende imponerlos.

La promoción de la homosexualidad está hoy en primer lugar en la agenda pública por tres motivos principales:

-El control de la población mundial.

-La destrucción de la familia tradicional.

-La erradicación del cristianismo.

Varias veces he recomendado en este blog la lectura, por lo demás estremecedora, de un documento que divulgó hace años Randy Engel bajo el título "The New Order of Barbarians" ("El Nuevo Orden de los Bárbaros"). Acá vuelvo sobre él, para insistir en que se lo lea y se lo asimile : http://www.jrbooksonline.com/pdf_books/new_order_barbarians-1988-24pg-pol.pdf; 
https://archive.org/details/New_Order_of_Barbarians_remaster_tapes_1to3;
http://100777.com/nwo/barbarians).

Los promotores de la despoblación no solo aspiran a que el tamaño de la población humana se mantenga estable, sino a su reducción en proporciones que algunos llevan al extremo de  proponer que se mantenga en apenas 500.000.000. 

El control de la población solo es posible si se limita la reproducción, que es tarea fundamental de las familias, y para ello se habla de separar en la sexualidad la función reproductiva y la recreativa. Como esta es imposible de frenar, y hasta se considera que es conveniente estimularla, lo lógico es promover el sexo no reproductivo, que es por excelencia el homosexual. La promoción de la homosexualidad representa entonces un medio poderoso de control natal.

La destrucción de la familia tradicional es un proyecto aupado sobre todo por Marx y Engels (Vid. Engels, "El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado", https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/el_origen_de_la_familia.pdf). Después de ellos, lo han promovido la Escuela de Frankfurt, la Ideología de Género y, en suma, el marxismo cultural, tendencias hoy reinantes en los escenarios académicos.

Para estas escuelas, la familia tradicional es alienante y constituye un severo impedimento para la emancipación humana. Ya no se la ve como el orden que favorece la reproducción de la especie, el cuidado de la prole y la transmisión de valores culturales que permiten la integración de las nuevas generaciones al escenario social, sino como fuente de opresión y aniquilamiento de la personalidad.

Los enemigos de la familia tradicional descreen que ella sea el núcleo fundamental de la sociedad, la célula básica del organismo colectivo, y por eso desatienden el enunciado del artículo 42 de la Constitución Política, que para ellos es meramente declamatorio. 

Curiosamente, a pesar del carácter socialista del marxismo, los enemigos de la familia tradicional promueven un individualismo feroz que trata de eliminar toda autoridad sobre infantes y adolescentes que no sea la del Estado, siguiendo la tesis de Rousseau que buscaba eliminar los grupos intermedios de la sociedad a fin de que el individuo aislado solo tuviese que habérselas con el cuerpo político.

Pero el propósito último de  todas estas tendencias es la erradicación del cristianismo. Es para ellos una "solución final", en el mismo sentido que a esta expresión le daban los nazis para referirse a la cuestión judía.

De ese modo, se ha desatado una persecución muchas veces solapada, pero también nítida, contra todas las confesiones cristianas, de lo que da cuenta un importante libro que también he citado varias veces en este blog:"The Criminalization of Christianity", de Janet (Folger Porter). (Vid:https://scholar.google.com.co/scholar?q=the+criminalization+of+christianity&hl=es&as_sdt=0&as_vis=1&oi=scholart&sa=X&ved=0ahUKEwj3-cjTooXMAhVBVT4KHWBWCf0QgQMIGTAA); 
http://www.cnsnews.com/blog/michael-w-chapman/huckabee-we-are-moving-rapidly-toward-criminalization-christianity).

Para muestra, un botón: hace poco Mrs. Clinton, que aspira a la presidencia de los Estados Unidos, afirmó que a las iglesias hay que obligarlas coactivamente a modificar sus creencias sobre cuestiones como la homosexualidad, el aborto o la condición femenina: «Los códigos culturales profundamente arraigados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales».(Vid. http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=23915).

Bien se ve, pues, que nuestra Corte Constitucional no está al servicio del pueblo, sino de intereses ocultos que promueven la instauración de un Nuevo Orden Mundial (NOM).

jueves, 31 de marzo de 2016

A marchar el dos de abril

En mis artículos para este blog suelo volver, a modo de ritornello, sobre este llamado:

¡COLOMBIA, DESPIERTA ANTES DE QUE SEA TARDE!

Pues bien, la convocatoria que desde distintos sectores de la opinión se ha venido haciendo en estos días para que la gente del común salga a las calles el próximo dos de abril para protestar contra el mal gobierno de Juan Manuel Santos no significa otra cosa que pedirnos a los colombianos que despertemos y centremos nuestra atención en los gravísimos peligros que nos acechan.

La vida de Colombia a lo largo de su ajetreada historia no ha sido fácil. Nuestro devenir siempre ha estado erizado de dificultades que mal que bien hemos sabido sortear. Pero rara vez habíamos tenido que enfrentar tantas calamidades a la vez.

La primera calamidad radica en tener en la jefatura del Estado a un personaje frívolo, vanidoso, amoral e incompetente a más no poder.

No sin muy válidas razones en la última encuesta que se ha dado a conocer su gobierno aparece apenas con un 13% de favorabilidad. 

Eso significa que Santos ha agotado prácticamente su caudal político y carece del respaldo necesario para gobernarnos. Pero hay algo peor: bajo su ejercicio presidencial Colombia se ha vuelto casi ingobernable y amenaza con bordear de nuevo la ominosa categoría de los Estados fallidos.

En 2002 los analistas internacionales temían que nuestro país se dividiera en tres: lo que la Secretaría de Estado norteamericana llegó a calificar como una intolerable Farclandia, al suroriente; un Estado paramilitar reinando en el norte y el oriente; y los restos del antiguo Virreinato de la Nueva Granada, en la región andina.

Álvaro Uribe Vélez revirtió esa funesta tendencia, hizo que reviviera la confianza de los colombianos en su gobierno y puso en jaque a los agentes del desorden. Pero Juan Manuel Santos, quien se comprometió a continuar y llevar a feliz término esa empresa redentora, nos ha traído de regreso a esas tristes épocas que creíamos ya superadas.

Como resultado de su desastrosa gestión, en Colombia reinan hoy la desconfianza y el pesimismo. Y las instituciones están en su nivel más bajo de apoyo popular. De hecho, casi todas están desacreditadas, exceptuando la Procuraduría, a la que Santos le quiere echar mano para poner ahí algún amigo suyo, una vez finiquite la defenestración de Ordóñez.

En Colombia está desapareciendo a marchas forzadas la autoridad. Ya ha desaparecido el Estado de Derecho. De ese modo, también desaparecerá la seguridad. Por consiguiente, en lugar de someter a los agentes del desorden al imperio de la ley, serán ellos los que impongan la suya, tal como está ocurriendo a todo lo largo y ancho del territorio nacional.

Agréguese a este clima deletéreo la crisis económica en que ya nos encontramos. Todos los indicadores en este campo son inquietantes en grado sumo, comenzando con los déficits cambiario y fiscal. Si gobernar es gastar, como predicaban los hacendistas franceses en el siglo XIX, lo que ha malgastado Santos en su ruinoso ejercicio presidencial le impedirá en adelante atender los más elementales compromisos con las comunidades. Por eso, prepara una reforma tributaria supuestamente integral que probablemente desanimará más todavía a los inversionistas y gravará con cargas insoportables a los contribuyentes.

Hay un derecho elemental a protestar contra los malos gobiernos. Y Santos es un pésimo gobernante. Por eso hay que salir a las calles este dos de abril, a fin de que su aventurerismo político, tocado tal vez de autismo, no nos lleve a la ruina.

sábado, 26 de marzo de 2016

Vamos de mal en peor

Las recientes declaraciones de Obama sobre el conflicto colombiano y el encuentro de Kerry con los capos de las Farc en Cuba se prestan a muy diversos comentarios.

Para los promotores de los diálogos en La Habana, esos eventos resultan muy halagüeños. Según piensan, son espaldarazos decisivos en favor de la gestión de Santos y preludian el buen éxito de la misma.

Pero a los que descreemos de las bondades de este proceso nos parece que estos desarrollos de la política norteamericana le asestan un golpe mortal a nuestra institucionalidad democrática.

A mí, personalmente, no me extraña esta deriva de Obama, pues tengo por bien sabido que él procede del ala más radical de la izquierda estadounidense. En rigor, Obama está muy poco identificado con los principios, la tradición y el talante de la sociedad que le ha tocado en suerte gobernar. Mientras que Putin se identifica a fondo con el alma de la Madre Rusia, Obama es un disidente que carece de todo apego hacia lo que los Estados unidos representan. Hijo de padre keniano y musulmán que lo abandonó desde muy niño, y de una hippie; apadrinado por unos abuelos extremistas que le confiaron su guía a Frank Marshall Davis, a quien el Senado investigó por sus actividades antinorteamericanas a partir de su indudable adhesión al partido comunista; matriculado como musulmán por su padrastro en la escuela católica a la que asistió en Indonesia; y convertido de modo oportunista a una secta bautista con cuyo pastor hubo de romper debido a sus exageraciones, Obama es, por lo menos, un marxista cultural que va a entregar una sociedad con profundos agrietamientos por la persecución que ha desatado desde el gobierno con miras a erradicar los valores cristianos, la cual continuará con más vigor si triunfa Hillary Clinton en las próximas elecciones presidenciales.

De todo ello hay abundante documentación en Google. Basta con buscar "Los mentores comunistas de Obama" para enterarse de su oscuro pasado. Para la muestra, este botón: https://yahel.wordpress.com/2010/10/25/frank-marshall-davis-mentor-comunista-de-obama/

No es extraño, entonces, que Obama simpatice con los hermanos Castro y con las Farc.

Su afirmación acerca de que está contribuyendo a superar una guerra civil de más de cincuenta años en Colombia muestra no solo su desinformación acerca de lo que sucede entre nosotros, sino su propósito de mutar el Plan Colombia en un plan pro-Farc.

Cualquier observador relativamente bien informado tiene que llegar a la conclusión de que el conflicto colombiano no puede catalogarse como guerra civil. De hecho, es una agresión narcoterrorista y totalitaria contra una institucionalidad democrática débil y a punto de desmoronarse por los ingredientes anárquicos que la afectan.

Basta con leer lo que hoy publica "El Colombiano" sobre las amenazas que aún tiene la paz, para darse cuenta de que nuestro país padece de una profunda debilidad de la institución estatal que no se remediará, sino que se acentuará, con la firma de un acuerdo con las Farc en los términos que parecen haberse convenido en La Habana. Son términos llamados a debilitar la autoridad pública y estimular a quienes la desafían.(Vid. http://www.elcolombiano.com/colombia/las-amenazas-que-aun-tiene-la-paz-HK3804889).

Las encuestas muestran el rechazo profundo del pueblo respecto de las organizaciones subversivas. Ese rechazo es explicable no solo porque ellas siguen una ideología totalitaria del todo ajena a nuestra tradición político-cultural, sino por la atrocidad de sus procedimientos. Así los capos de las Farc aleguen que no son terroristas, los hechos de sangre que han protagonizado los muestran como tales. No en vano así se los clasifica en los Estados Unidos y la Unión Europea.

Llama la atención que al tiempo que en Europa se pone de manifiesto el reino de terror que pretenden imponer los extremistas musulmanes, con hechos que han suscitado el repudio del mundo civilizado, Obama, Kerry y Santos se muestren tan indulgentes con quienes han cubierto de sangre inocente los campos de Colombia. 

Es todavía menos comprensible a la luz de la sana razón que los gobernantes norteamericanos exhiban esa indulgencia en torno de una de las organizaciones narcotraficantes más poderosas del mundo.

Se acaba de celebrar con boato, por lo menos desde la perspectiva del gobierno colombiano, el décimoquinto aniversario del Plan Colombia. Este plan se gestó para ayudarnos en la lucha contra  el narcotráfico y, como pronto se vio la profunda implicación de las Farc en ese flagelo, de hecho se lo aplicó contra ellas. Sus resultados fueron elocuentes a lo largo del gobierno de Uribe. Pero Obama le restó dinamismo, por lo que ya sabemos, y Santos hizo lo propio con sus claudicaciones. El resultado está a la vista: Colombia ha vuelto a ser el mayor productor de coca en el mundo. Y el Plan ya no se enderezará contra los responsables de ello, sino dizque para convencerlos de que se conviertan en aliados en la lucha contra el narcotráfico. Es decir, tratando de amarrar gato con longaniza.

Yo oro todos los días en mis plegarias por nuestros gobernantes, para que acierten en sus decisiones. Pero, acto seguido, le formulo al Padre Celestial este pedido: que nos proteja de sus desaciertos.

Con lo que estamos viendo,que Dios nos tenga de su mano.

domingo, 20 de marzo de 2016

Ser pillo paga

Hace poco dio Santos unas declaraciones para "El País" de España en las que dijo que pensaba que estaba haciendo lo correcto en torno de las negociaciones con las Farc, pero expresó que  se sentía incomprendido por la opinión pública colombiana, quizás por falta de pedagogía para la paz.  Ver en http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/12/colombia/1457804192_438113.html.

Según Santos, en lo que con él coinciden sacerdotes como el jesuíta De Roux, hay que convencer a los colombianos del común para que les perdonen de todo corazón a los guerrilleros de las Farc y, en su momento, a los del Eln, los innumerables y atroces desmanes que han cometido contra las comunidades en desarrollo de la tristemente célebre consigna de matar para que otros vivan mejor.

Es indiscutible, en efecto, que para sentar las bases de una paz efectiva y duradera se hace necesario emprender un profundo proceso espiritual de parte de las autoridades públicas, la población civil y los alzados en armas, en el que cada uno reconozca sus responsabilidades por lo que ha ocurrido a lo largo de décadas en nuestro país, pida y otorgue perdón por ello, asuma las consecuencias de sus actos y se comprometa sinceramente a renunciar al ejercicio de la violencia para hacer valer sus pretensiones.

Bien se sabe que la convivencia pacífica solo es posible si cada uno se esmera en aceptar al otro, así no comparta sus ideas, sus valores, sus intereses o sus modos de obrar.

Leí hace poco en un reportaje de Thierry Wolton que, más que la igualdad, que no deja de hacer sentir un tufillo de uniformidad, lo que hay que promover es la diversidad humana. En ello radica el pluralismo a que aspiran las sociedades contemporáneas, tendencia que, por lo demás, considero no solo natural, sino necesaria, según acostumbraba enseñarlo en mis cursos de Teoría Constitucional. 

Pues bien, que quienes nos han gobernado y quienes desde sus actividades privadas hayan incurrido en desafueros, los reconozcan y paguen por ellos, es algo que debe darse por sentado a fin de que nunca más se los repita en el futuro.

 No hay que temerle a una Comisión de la Verdad, como la que bajo la dirección de Ernesto Sábato investigó en Argentina los crímenes de desaparición forzada cometidos bajo la dictadura militar,  y produjo el espeluznante documento que puede consultarse en este enlace: http://www.desaparecidos.org/arg/conadep/nuncamas/. 

A lo que debemos temerle es al imperio de la mentira, a cuyo amparo proliferan los abusos y desaparecen las libertades.

Pero en el caso colombiano una Comisión de la Verdad tendría que ocuparse también de los múltiples y estremecedores crímenes cometidos por las fuerzas subversivas, entre ellos el secuestro, del que el Informe Sábato dice en el Prólogo lo siguiente:

"Desde el momento del secuestro, la víctima perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita vergüenza por la violación en público; seres no sólo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de su alma alguna descabellada esperanza."

Si en la Argentina la dictadura militar produjo la más grande tragedia de su historia, y la más salvaje, con la multitud de los desparecidos, tal como dice el Prólogo que escribió Sábato, la más grande y salvaje tragedia en Colombia, la de los secuestrados, los extorsionados y los masacrados, obedece a las consignas de la subversión marxista-leninista, cuya moralidad revolucionaria no solo admite, sino que estimula, todo aquello que pueda debilitar al enemigo de clase y contribuir al éxito de la Revolución.

Timochenko, que es hoy el jefe máximo de las Farc, ha dicho que nada tiene de qué arrepentirse, ni piensa pedir perdón por las fechorías de su organización subversiva, tal como puede leerse en los siguientes enlaces: http://www.noticiasrcn.com/nacional-pais/timochenko-dice-no-piensa-pedir-perdon-y-no-se-arrepiente y http://www.kienyke.com/noticias/las-farc-no-se-arrepienten-de-nada-timochenko/.

Creo haber leído en otra parte que, según Timochenko, si se arrepintiera, dejaría de ser revolucionario a carta cabal.

No veo cómo, al tenor de estas declaraciones, el jesuíta De Roux haya podido atreverse a comparar a los guerrilleros de las Farc con el Hijo Pródigo, que fue tema del Evangelio del domingo antepasado. El Hijo Pródigo se arrepintió, pidió perdón y se sometió de buen grado a lo que su padre tuviese a bien disponer. No esperaba ese derroche de misericordia, esa muestra da amor infinito de parte de su progenitor. 

No dudo que a las Farc y al Eln debemos tenderles la mano, lo que ha hecho con largueza tal vez irresponsable Santos. Pero no hasta el extremo de permitirles que la muerdan y hasta la arranquen de tajo.

Los subversivos no han renunciado a su credo revolucionario. Por consiguiente, de ellos no podemos esperar que Nunca Más se repitan las acciones violentas que al tenor de sus  perversas creencias han perpetrado a todo lo largo y ancho del territorio colombiano, cubriendo sus campos de sangre inocente.

Santos y sus áulicos no entienden que el conflicto que nos aflige va más allá de las responsabilidades por hechos indebidos realizados por sus diferentes actores, pues su trasfondo es ante todo ideológico y entraña la contraposición entre dos versiones radicalmente opuestas de la democracia, la pluralista que mal que bien se consagró en la Constitución de 1991, y la totalitaria que pretenden instaurar los comunistas de las Farc y el Eln.

¿Cómo hacer que convivan pacíficamente los defensores del pluralismo y los promotores del totalitarismo?

He ahí el nudo gordiano de lo que se discute en La Habana. Todo lo demás es secundario. Perdonemos, aceptemos la presencia de los guerrilleros en la vida pública, garanticemos su derecho a la diferencia, ofrezcámosles gabelas, etc., pero a cambio de que se arrepientan, pidan perdón, reparen a sus víctimas y se comprometan a someterse lealmente a las reglas de juego de la democracia pluralista que estamos en mora de edificar. 

No es mucho pedirles, pero, según la intransigencia que pone de manifiesto Timochenko, es algo que no podemos esperar de ellos, que no se comportan como el Hijo Pródigo que se acoge, vencido, a la misericordia del Padre, sino como el que viene por toda la herencia.






miércoles, 9 de marzo de 2016

¿Se puede creer en los comunistas de las de las Farc?

Se cuenta que uno de los empresarios que viajaron hace poco a La Habana para entrevistarse con los capos de las Farc tuvo el valor de advertirles que, por su arrogancia, estaban sembrando en la opinión  colombiana la idea de que resultaría menos beneficioso un acuerdo de paz con ellos que la continuación del conflicto armado.

Pero no son solo las Farc quienes deben de responder por las sombras que se ciernen sobre el resultado de los diálogos de paz, pues también al gobierno de Santos le cabe una enorme cuota de responsabilidad por el fracaso histórico que se ve venir de modo inexorable.

Un sensato analista de la realidad política colombiana, de esos que con justicia cabe considerar que están más allá del bien y del mal porque la vida les ha dado más de lo que de ella esperaban, ha llamado la atención sobre los ostensibles errores en que ha incurrido Santos a todo lo largo y ancho de este tortuoso proceso.

Según su punto de vista, Santos ha demostrado ser un pésimo negociador frente a unas Farc que son extremadamente mañosas.

Cuando se anunciaron los diálogos, no vacilé en manifestar mi escepticismo, por cuanto abrigaba, y aún mantengo, la creencia de que las Farc solo firmarían algo que las pusiera ad portas de la conquista del poder.

No soy particularmente perspicaz, pero algo conozco de la historia y la teoría política. De hecho, en mis años universitarios me formé defendiéndome de los comunistas, para lo cual tuve que estudiarlos y nutrirme de lo que podía aprender de sus adversarios. Dos libros excelentes me suministraron argumentos de peso para confrontarlos: "El Opio de los Intelectuales", de Raymond Aron, y "La Sociedad Abierta y sus Enemigos", de Karl Popper.

Amigos bien informados me hablan ahora de una obra extraordinaria que acaba de aparecer en Francia, "Histoire Mondiale du Communisme", de Thierry Wolton, de la que se han publicado dos volúmenes cuyos títulos son elocuentes: "Les bourreaux" ("Los verdugos") y "Les victimes" ("Las víctimas"). Se anuncia para el año entrante un tercer volumen:"Les complices" ("Los cómplices").

En la reseña del libro que hace la editorial Grasset se menciona la tragedia humana sin precedentes que se asocia a las guerras civiles que los comunistas han desatado contra los pueblos para imponer sus dogmas. Decenas de millones de seres humanos han sido apresados, torturados, deportados, sometidos a la hambruna, etc., en aras de una ideología que a no dudarlo es de naturaleza criminal.(Vid. http://www.grasset.fr/histoire-mondiale-du-communisme-tome-1-9782246732211; http://www.grasset.fr/histoire-mondiale-du-communisme-tome-2-9782246804246).

Ya hace unas dos décadas, los autores de "El Libro Negro del Comunismo" habían denunciado con documentos irrefutables a la mano que, por cuenta de esta ideología a todas luces demoníaca , han perecido no menos de cien millones de seres humanos.

Hace falta investigar a fondo los estragos de toda índole que los promotores del comunismo han ocasionado en nuestro país. Un buen punto de partida para ello es el excelente libro de Eduardo Mackenzie, "Las Farc o el fracaso de un terrorismo", que por desventura ya no se encuentra disponible en las librerías, pero se puede descargar gratuitamente a través del siguiente enlace: http://unoamerica.org/unoPAG/libros.php?id=14.

"El Libro Negro de las Farc" que urge escribir daría muestras inequívocas del sórdido nivel de degradación a que han llegado los agentes de la subversión comunista en nuestra adolorida patria colombiana. 

Todos los crímenes imaginables pueden serles imputados, pero el esperpento de una Jurisdicción Especial para la Paz a que me referí en mi último escrito pretende justificarlos y atenuar su tratamiento, a fin de que los responsables de mares de sangre y lágrimas que se han vertido sobre nuestro suelo puedan hacer política con los mismos procedimientos y propósitos que han hecho tristemente célebres a los comunistas en otras latitudes.

A estas alturas, parece indudable que Juan Manuel Santos y su tenebroso hermano Enrique, junto con otros de la misma o peor calaña, deberían figurar en el tercer volumen de la mencionada obra de Thierry, como cómplices de la torpe aventura de la implantación del comunismo en Colombia. 

Que tengan éxito en ese empeño, dependerá de la voluntad de nuestro pueblo, al que hay que encarecerle que salga a las calles el próximo dos de abril a repudiar masivamente las ominosas concesiones que Santos pretende otorgarle a uno de los grupos narcoterroristas más poderosos del mundo.

¡COLOMBIA, DESPIERTA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE!





martes, 1 de marzo de 2016

Jurisdicción Especial de Paz

Mis vecinos del apartamento 417 del edificio en donde resido suelen ejercer muy activamente durante los fines de semana su derecho al libre desarrollo de la personalidad, consumiendo ingentes cantidades de marihuana cuyo humo sale por el balcón y penetra en el mío impregnando  con su pestilencia el interior.

Por alguna extraña razón, asocio esta actividad de mis desagradables vecinos con lo que a lo largo de 72 horas hicieron cuatro gatos en La Habana y que el expresidente Pastrana ha dicho que dio lugar a la entrega del país a las Farc.(Vid. http://periodicodebate.com/index.php/nacion/politica/item/10998-cnews-2016-02-29?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Portada-PeridicoDebate-PeridicoDebate+%28Portada+-+Peri%C3%B3dico+Debate%29).

Se trata del proyecto de acuerdo sobre la Jurisdicción Especial de Paz, convenido por el gobierno con las Farc, que aparentemente tendrá los siguientes objetivos:

o Satisfacer el derecho de las víctimas a la justicia 

o Obtener verdad para la sociedad colombiana 

o Contribuir a la reparación de las víctimas 

o Contribuir a luchar contra la impunidad 

o Otorgar seguridad jurídica a quienes participaron de manera directa o indirecta en el conflicto armado

 o Contribuir al logro de una paz estable!y duradera.

(Vid. https://www.minjusticia.gov.co/Portals/0/Audios/23-09-15%20ABC%20FINAL.pdf)

Estas buenas intenciones están  por fuera de toda discusión. 

La parte valseada está en el modus operandi de lo que en tan breve lapso se les ocurrió a los autores del proyecto dizque para resolver los gravísimos retos que para la justicia entraña un posible acuerdo de paz con las Farc.

A las sesudas críticas del expresidente Pastrana se suman muchas otras más, como las del exministro Jaime Castro en "El Tiempo" (Vid. http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/analisis-sobre-la-jurisdiccion-especial-para-la-paz-en-colombia-y-los-cambios-institucionales/16520748), las de organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos o las de la prensa extranjera.

Destaco el párrafo final del escrito de Castro, que plantea inquietudes de hondo calado:

"Varios interrogantes suscita todo lo anterior. Alguien ha medido las consecuencias que la JEP tendrá en la vida institucional del país? ¿Si no hemos logrado que las otras jurisdicciones administren pronta y cumplida justicia, en esta ocasión será distinto? No se han dado hasta ahora todas las explicaciones que el tema merece, ni la opinión pública las ha pedido, tal vez porque quienes deberían hacerlo temen ser declarados guerreristas enemigos de la paz."

Observo que este proyecto adolece de dos graves defectos que se ponen de manifiesto a lo largo y ancho del proceso de negociación con las Farc, a saber:

- La improvisación.

- El ánimo de complacer a una de las organizaciones narcoterroristas más ricas y peligrosas del mundo.

Se sabía que el tema de la justicia era un grave escollo que dificultaba el avance de las negociaciones y ponía en peligro la fecha límite el 23 de marzo, que de modo insensato fijó Santos para la firma del acuerdo final. Entonces, se decidió asignarles a cuatro gatos la misión de redactar a como diera lugar un proyecto que superara las dificultades. Y como de la carrera no queda sino el cansancio, ese gaseoso y malhadado documento fue lo que resultó de la encerrona. Como preguntó Fernando Londoño Hoyos en ocasión memorable, ¿qué sería lo que se fumaron esos cuatro?

Las negociaciones con las Farc han partido de una base falsa de toda falsedad, que es la equiparación del Estado y sus autoridades legítimas con esa tenebrosa agrupación de forajidos. De ahí se siguen todos los estropicios que tienen asustada a la opinión pública y la hacen desconfiar de los beneficios de la paz que ofrece Santos.

Este es un proceso que se ha adelantado en medio de engaños, disimulos, intrigas, manipulaciones y traiciones. Es una negociación entre dos partes que desconfían recíprocamente la una de la otra y a las que nadie que esté en sus cabales puede prestarles fe. El pueblo no les cree ni abriga esperanza alguna de que de ahí pueda lograrse un estado aceptable de paz. Ya hay muchos indicios de nuevos conflictos que se están gestando.

Piénsese tan solo en lo que Alberto Lleras habría denominado la "cuestión caballona" en este delicadísimo asunto: ¿Cómo se integrará la Jurisdicción Especial de Paz?

Hay dos opciones: a) las partes ya lo acordaron y no quieren divulgarlo; b) todavía no se han puesto de acuerdo al respecto, y entonces el convenio está en el aire.

En la segunda hipótesis, todo lo que están hablando los voceros gubernamentales sobre el acuerdo es pura paja, hierba seca  parecida a la que fuman mis vecinos haciendo sahumerios en memoria del celebérrimo jurista que contribuyó decisivamente a darle rango de derecho fundamental al consumo de la marihuana y otras yerbas.

Cómo van las cosas, no tendremos justicia ni, muchísimo menos, paz.