miércoles, 21 de octubre de 2026

Un brebaje tóxico

Interrogado en México sobre su identidad doctrinaria, el zarandajo que funge como líder de la oposición entre nosotros se declaró marxista y anarquista.

Sobre lo primero, a nadie podría caberle duda, pues sus simpatías por el comunismo han sido del dominio público. Basta con considerar su apoyo a los regímenes comunistas de la región, su dolencia por la caída del Muro de Berlín, la veneración que exhibió ante la tumba de Mao, su crítica a Stalin por los compromisos que firmó en Yalta o su condescendencia para con los alzados en armas en nuestro país, así como sus constantes ataques contra el capitalismo.

De lo segundo da fe su deplorable conducta personal. Es un transgresor empecinado que no reconoce Dios ni ley. Lo que ha trascendido al público acerca de sus malos hábitos es, simple y llanamente, más que escandaloso, estremecedor. Uno se siente aterrado al saber que un sujeto de semejante calaña haya ocupado la primera magistratura de la república. 

Declararse marxista hoy en día implica reconocerse como seguidor de un pensamiento perimido que no consulta las realidades del mundo en que vivimos. Sus aplicaciones en distintos países muestran sus pésimos resultados en todos los órdenes. Quizás haya en su acervo conceptual algunos elementos rescatables, pero como ideología que intenta dar cabal entendimiento de lo que nos rodea es algo llamado a archivarse en la historia de los devaneos intelectuales.

Sorprende su adhesión emocional a un credo que ha justificado la matanza de más de cien millones de seres humanos a lo largo del siglo XX, de lo que da cuenta un libro imprescindible lectura, "El Libro Negro del Comunismo". Dentro de ese espeluznante inventario no se cuenta la sangre de las innumerables víctimas con que el feroz instinto asesino de los devotos del comunismo ha inundado los campos de nuestra patria.

No menos obsoleta es su adhesión al anarquismo, ideología que gozó de cierto favor en el siglo XIX y principios del XX, pero terminó relegada a círculos de delincuentes radicalmente antisociales. Su idea de un orden espontáneo de las sociedades, ajeno a toda intervención autoritaria, es, más que utópica, delirante.

Ya no se declara seguidor de la Teología de la Liberación, engañifa con la que no hace mucho intentó desorientar a fieles cristianos que no habrían admitido que se manifestara en pro del comunismo ateo. Ya no los necesita para que lo apoyen en los procesos electorales. Le sirvió ese artilugio para conquistar votos campesinos y aldeanos que atrajo a raíz de su visita a S.S. Francisco en vísperas de las elecciones presidenciales de 2022, para lo cual se dice que se repartieron estampitas con fotografías que lo mostraban sonriente al lado del papa.

Combinar marxismo con anarquismo es, como digo, armar un brebaje tóxico. La práctica del marxismo ha conducido a instaurar el más riguroso régimen totalitario de que da cuenta la historia, sobre todo en su versión leninista. Nada que ver con el anarquismo, que reniega de toda autoridad.

No puede considerarse anarquista un personaje que a lo largo de su vida ha mostrado una obsesión desaforada por el poder. Su afiliación desde los años de adolescente al grupo criminal del M-19 que justificaba sus depredaciones motivándolas en el supuesto fraude electoral de 1970 y en las finalidades dizque humanitarias de su proyecto político, lo exhibe más bien como un sujeto afectado por severos desórdenes mentales.

Un autorizado grupo de psiquiatras le pidió al senado que investigara su estado psíquico con miras a declarar su incapacidad para el ejercicio del cargo presidencial. El senado prestó oídos sordos a tan razonable petición y debería responder por omisión culpable al permitir que permaneciera rigiendo los destinos del país quien a todas luces exhibía signos patentes de psicopatía.

Este antecedente da pie para sugerir que mediante acto legislativo se reforme la Constitución Política, con el propósito de que no vuelva a ocupar la presidencia alguien tocado de los graves vicios que están hoy saliendo a la luz en torno de ese móndrigo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario