martes, 25 de diciembre de 2018

De la Iglesia militante a la Iglesia claudicante

En varias ocasiones me he referido al libro de Yves-Marie Hilaire, "Histoire de la Papauté", para resaltar que es una historia que se resume en 2.000 años de misión y tribulaciones.

La misión viene del Evangelio mismo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt. 16:13-20); "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he enseñado" (Mt. 28:18-20).

Las tribulaciones han sido la constante a todo lo largo de estos dos milenios. 

La Iglesia hubo de soportar en sus comienzos la persecución de los judíos y luego la de los romanos. Su triunfo en el siglo IV se vio ensombrecido después por las herejías, la invasión de los bárbaros, las guerras con los hunos, los árabes, los mongoles y los turcos, la escisión de la Iglesia griega, los conflictos con emperadores y reyes, la Reforma Protestante, la Revolución Francesa, las persecuciones masónicas y las comunistas, etc. Pero quizás el peor de sus enemigos ha anidado en su interior, tal como lo señaló S.S. Benedicto XVI, quien citando a un alto dignatario de hace varios siglos comentó que la prueba de la protección divina, lo de que "las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella" (Mt. 16:18), radica en que no la han podido destruir los múltiples y gravísimos pecados tanto de sus jerarcas como de sus fieles. El escándalo ha amenazado con demolerla, pero siempre ha sabido resucitar de la postración a que ha tratado de someterla.

Nadie duda de que en los tiempos que corren, al lado de los agresivos procesos de secularización que buscan erradicar la cultura católica en todas partes, el escándalo ha contribuído con su obra  deletérea a alejar de la Iglesia a muchísima gente. Unos, que vienen de la increencia, temen acercarse a ella, porque a su juicio no les ofrece remedio para su malestar espiritual. Otros, nacidos y criados en su seno, se alejan al verla tan contaminada y toman bien sea el camino del agnosticismo, ora el de las sectas.

No es el caso de envolverlas a todas estas dentro de un rótulo peyorativo, pues a menudo se encuentra en ellas una auténtica espiritualidad cristiana que lleva a sus fieles a transitar por el buen camino. Pero hay que dolerse de que este no sea el camino de la unidad que preconiza el Evangelio, cuando dice que "Una nación dividida corre a la ruina, y los partidos opuestos caen uno tras otro" (Lc. 11:17)

Los dos milenios de existencia de la Iglesia se explican, amén de la acción providencial, por su celo por la unidad: unidad en la doctrina, unidad en la enseñanza moral, unidad en la acción pastoral, unidad en la liturgia, unidad en la organización.

Todos estos escenarios de unidad están hoy en grave riesgo. Es probable, en efecto, que la apuesta por el "aggiornamento" promovida por los hoy santos Juan XXIII y Pablo VI a través del Concilio Vaticano II haya abierto profundas grietas en la antaño monolítica estructura de la Iglesia.

De entrada, hay que observar que la interpretación de la obra conciliar da lugar por lo menos a tres corrientes: una, en realidad minoritaria, que la rechaza o al menos la cuestiona, tal como lo sostienen los sedevacantistas y los lefebvristas; otra que predica su continuidad con la tradición, tal como lo ha señalado S.S. Benedicto XVI; y una más, a la que parece adherir S.S. Francisco, que postula más bien la ruptura con ella.

Que este sea el propósito del actual Pontífice, es asunto que puede prestarse a discusión, pues hay quienes afirman que de Perón aprendió el arte de la ambigüedad y el ocultamiento de sus designios. Pero no cabe duda de que muchos de quienes lo rodean pretenden "protestantizar" a la Iglesia, sin cuidarse del cisma que podría derivarse de ahí.

Recuerdo que hace años, Alain de Penanster, el entonces comentarista de asuntos religiosos de "L'Express", observaba que entre los protestantes había cierta nostalgia de la organización y la belleza litúrgica del catolicismo, pero entre los católicos, a su vez, se estaba dando el gusto por el debate y la libertad de pensamiento reinantes en el protestantismo.

Esto último es ostensible. Lo que resta de la intelectualidad católica, salvo en los medios tradicionalistas e integristas, es cada vez más refractario al magisterio de la Iglesia, sobre todo  cuando se invoca la autoridad de la tradición. 

Al libro de autoría colectiva en que participaron entre otros el Cardenal Martini y Umberto Eco, "En qué creen los que no creen" (Vid. https://ifdc6m-juj.infd.edu.ar/aula/archivos/repositorio/0/97/eco_umberto__martini_carlo_maria_-_en_que_creen_los_que_no_creen.pdf), podría añadirse ahora otro que titulara "En qué creen los que creen", del que resultarían no pocas sorpresas, pues muchos de los que hoy nos consideramos católicos profesamos creencias muy diversas sobre asuntos fundamentales de fe y moral.

La firmeza que antaño exhibía la Iglesia militante ha devenido en una distensión proclive a las claudicaciones. Ello es palmario en los Estados Unidos y Europa occidental, o en la Compañía de Jesús. Lo es, quizás, en el Vaticano mismo. Y lo padecemos entre nosotros.

Los ejemplos abundan. Acá, en nuestra Arquidiócesis, encontramos párrocos que rechazan las imágenes con argumentos luteranos o niegan verdades católicas como la Anunciación, la Encarnación,  la Resurrección  o la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, y establecimientos educativos patrocinados por la Iglesia que en lugar de entronizar a San Agustín o Santo Tomás de Aquino, rinden culto a Marx, Nietszche, Heidegger o Foucault.

¿Qué decir del silencio de la jerarquía eclesiástica ante la imposición torticera de la ideología de género como normatividad constitucional en el NAF? Dizque en aras de las paz con las Farc, se dejó pasar sin que mediase debate alguno una formulación de principios encaminada a destruir la familia, que es la obra maestra de la civilización cristiana.

Es tema sobre el que di remate a una disertación que en estos días hice en el Centro Cultural Cruzada (Vid. https://www.youtube.com/watch?time_continue=9&v=NjHBu6yeflU). El Cardenal que en cierto momento calzó botas de guerrillero no tuvo palabras para oponerse a lo que la consagración de dicha ideología conlleva, que no es otra cosa que la revolución sexual de que trata, por ejemplo, el muy documentado e inquietante libro de E. Michael Jones, "Libido Dominandi" (Vid. https://archive.org/details/LibidoDominandiSexualLiberationPoliticalControlE.MichaelJones2000)

En ciertas publicaciones católicas se registran con preocupación estos y otros hechos similares que parecen anunciar que ya estamos en frente de "El Misterio de Iniquidad" que preludia la apostasía de la Iglesia. Pero, fieles a la promesa evangélica, aprestémonos más bien a orar por su unidad y su santidad, de modo que la crisis que ahora padece no traiga consigo su disolución, sino un nuevo nacimiento, tal como lo dejó expuesto Jean Guitton en su lúcido escrito titulado "Lo absurdo y el misterio".  (Vid. http://libroesoterico.com/biblioteca/enigmas_conspiraciones/Guitton%20Jean%20-%20Lo%20Absurdo%20Y%20El%20Misterio.PDF).

martes, 18 de diciembre de 2018

Navidad

Una letrilla muy popular, pegajosa y festiva anuncia la llegada de diciembre,"mes de parranda y animación" (Vid.https://www.musixmatch.com/es/letras/Lucy-Figueroa/24-de-Diciembre), dentro de un ánimo que más recuerda las saturnales y la fiesta del sol naciente que se celebraban en la Roma imperial, que el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

No creo que sea impertinente traer a colación algunas reflexiones sobre el significado espiritual de este acontecimiento, que para nosotros los creyentes representa uno de los momentos verdaderamente cruciales de la historia de la humanidad.

El tercer misterio gozoso del Rosario evoca el nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre en Belén. A partir de ahí surgen muchos comentarios, de los cuales me interesa destacar dos: la ternura que en el alma popular suscita la imagen del Divino Niño y la idea de la manifestación amorosa de Dios al encarnarse en tan excelsa criatura.

Lo normal es que un recién nacido traiga alegría a su alrededor. Es un canto a la vida, que en medio de las dificultades que la circundan es bella y merece exaltarse. Ahora que muchos coinciden con el ateo y nihilista Cioran acerca del inconveniente de haber nacido, no sobra coincidir con Sófocles en que "No haber nacido nunca puede considerarse el mayor de los favores". Ya Anaxágoras había señalado que la ventaja de haber nacido sobre el no llegar a la vida estriba en que por esta se logra la contemplación de las cosas eternas, que ofrece, por consiguiente, la suprema bienaventuranza. La idea de este destino final y eterno está en el núcleo de nuestra fe cristiana.

El Niño Jesús es Niño Dios, Dios con nosotros (Mt. 1:23), Dios hecho hombre o, según la fórmula del Credo de Nicea, "Hijo único de Dios, ...engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre..." (Vid. http://ec.aciprensa.com/wiki/Credo_de_Nicea). Los escépticos pueden relacionar esta idea con mitologías antiguas, pero ella está presente en el origen histórico de la Iglesia y hace parte sustancial de su tradición. El Evangelio la menciona en varios pasajes y es tema central de la enseñanza paulina (Thes. 1,10; Rom. 8,32; Cor. 1,19; Act. 9,20). Su génesis no se pierde en la noche de los tiempos, dado que es localizable ya en los orígenes del cristianismo.

En los tiempos que corren prevalece la idea de que la única realidad es aquella de que nos dan cuenta  los sentidos, es decir, la que consideramos natural. Lo sobrenatural, que solo nos es accesible por indicios, por revelación, por razonamiento y, sobre todo, por sus manifestaciones misteriosas, se considera por muchos que está fuera de lugar, "en orsai", según la jerga futbolística de los argentinos. Y su máxima manifestación se nos ofrece en la Encarnación, la Vida, la Pasión, la Muerte, la Resurrección y la Ascensión de Nuestro Señor Jesucrísto.

Es algo que, por supuesto, resulta difícil de creer, pero que no carece de fundamentos fácticos. El libro de Lee Strobel, "El Caso de Cristo", los explora minuciosamente (Vid, https://linoahidden.weebly.com/blog/descargar-el-caso-de-cristo-lee-strobel-pdf; http://www.tesoroscristianos.net/autores/Lee%20Strobel/Lee%20Strobel%20-%20El%20Caso%20del%20Jesus%20Verdadero.pdf).

Lo de Dios que se hace hombre para sufrir las vicisitudes de nuestra condición, excepto las del pecado, hasta el extremo del martirio, ya sonaba a locura en los tiempos de la Iglesia primitiva. San Pablo advierte en su carta a los corintios que la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden, mas es fuerza y sabiduría para los creyentes (Cor. 1,18). Este gran misterio tiene a su vez una grande y profunda explicación: el amor de Dios por sus criaturas y en especial el ser humano  (Vid. https://www.corazones.org/default.htg/dios_es_amor_madre_adela.html;https://www.diocesisoa.org/documentos/ficheros/amodiosmundo_50.pdf).

Lo afirma el Evangelio de San Juan: "¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna" (jn 3,16).

En su "Introducción al Cristianismo", Joseph Ratzinger, el futuro Benedicto XVI, fundó la creación del mundo y del hombre precisamente en el amor de Dios:"El amor hace cosas así" (Vid. http://www.medioscan.com/pdf/Introduccionalcristianismo.pdf). Y ya como Papa, su primera encíclica la dedicó precisamente al amor de Dios: Deus Charitas Est (http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.pdf).

Frente a la idea naturalista de un universo carente de sentido, que obedece tan solo a las leyes formuladas por la física cuántica, al aleatorio evolucionismo darwiniano y , en lo que al psiquismo humano concierne, al oscuro subconsciente freudiano, el Cristianismo opone una tesis misteriosa, mas no absurda (traigo a colación aquí un poco conocido escrito de Jean Guitton, "Lo Absurdo y el Misterio"): en el trasfondo de todo anida el Amor de Dios.

La Navidad cristiana es pues, la celebración del amor de Dios, que, según el Evangelio de San Juan, envió a su Hijo para traernos "la verdad y el don amoroso" (Jn. 1;17) que nos dieran a conocer a ese Dios que nadie ha visto jamás, pero se manifestó en el Dios-Hijo único (Jn. 1,18), que es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn. 14,1-6).

La festividad navideña exalta la luz de Dios frente a las Tinieblas del mal, nuestra liberación de la servidumbre del pecado, la promesa de la bienaventuranza que nos haga partícipes del mundo sublime que nos anuncia Olivier Messiaen en sus preciosas composiciones musicales, tales como "Los Colores de la Ciudad Celestial" ( Vid. https://www.youtube.com/watch?v=A61Wg4goNY0),  y es tema de las profundas y  místicas meditaciones del padre F. Brune (https://teologiaaquialla.wordpress.com/2016/05/26/francois-brune-para-que-el-hombre-se-convierta-en-dios-tomo-1-8-primera-parte-la-exigencia-infinita-del-amor-dios-y-el-hombre-la-union-imposible-capitulo-ii-la-llam/).

domingo, 9 de diciembre de 2018

Belisario

No es fácil presentar en una brevísima semblanza los rasgos de una personalidad tan compleja y una vida tan llena de contrastes como la del recientemente fallecido Belisario Betancur Cuartas, quien ya está en presencia de Dios y sujeto a su juicio inexorable, mas también a la manifestación sublime de su infinita misericordia.

Tuve poco trato con él, pero el recuerdo que me dejó fue el de una persona deferente y comunicativa que sabía ganar amistades con su estilo campechano, muy propio de su antioqueñidad.

Recuerdo que en la campaña de 1982, cuando logró su anhelo de llegar a la presidencia de Colombia, después de hacer una presentación ante la Junta Nacional de la Andi, al despedirme de él me dijo:"Yo me desectaricé". 

Lo traigo a colación porque a partir de ahí cabe distinguir en su trayectoria política dos momentos cruciales: su participación en la contienda de los partidos históricos en la segunda mitad de la década de 1940 y la primera de la de 1950, cuando, en efecto, era conocido por su radicalismo laureanista, y luego su presencia activa en el origen y desarrollo del Frente Nacional, que trajo consigo la superación del sectarismo partidista que había anegado de sangre el territorio patrio unos años atrás.

Alberto Lleras quiso integrarlo a su gabinete ministerial a raíz de la derrota que sufrió el laureanismo en las elecciones de 1960, pero los dirigentes de esta facción conservadora no lo autorizaron. Fue con Guillermo León Valencia que llegó al ministerio de Trabajo, en donde se puso de manifiesto su transición hacia un conservatismo que era, más que liberalizante, socializante. Si Laureano Gómez  denostaba a los liberalizantes de su partido, ¿qué pensaría acerca de sus seguidores que a la sazón mostraban, como Belisario, inclinaciones socialistas?

El conservatismo de la época solía inspirarse en la Doctrina Social de la Iglesia, que planteaba unas soluciones intermedias entre el capitalismo y el socialismo. Se trataba de contraponer a Marx y Jesús, lo que dio lugar al desafiante libro que a fines de la década de 1960 publicó Revel bajo el título "Ni Marx ni Jesús", para defender sus recién adquiridas convicciones liberales. Belisario, como muchos otros católicos que se deslizaron hacia la izquierda, parecía conjugar los dos extremos: "Con Marx y con Jesús". Alguien que lo acompañó en Londres contaba que le tocó llevarlo al cementerio donde reposan los restos de aquel, visita que justificó diciendo que quería conocer la tumba del hombre más importante que había producido la humanidad, después de Jesucristo. 

Parece haber bebido, entonces, de lo que Guillermo León Valencia calificaba ingeniosamente como un "cóctel de vodka y agua bendita". Es probable que su nacional-catolicismo laureanista de la década de 1940 hubiese evolucionado hacia un catolicismo tibio y quizás de no mucha ortodoxia, no obstante lo cual el Vaticano lo honró con destacadas distinciones.

Muchos que entonces creíamos ingenuamente en la consigna de Otto Morales Benítez, que proclamaba que el liberalismo era el destino de la patria, pensamos que a la presidencia había llegado el Belisario de 30 años atrás, y experimentamos temor por la suerte de nuestro partido, que a la postre terminó destrozado bajo el peso de su propia iniquidad.

Belisario, en efecto, aspiraba a liquidarlo con su Movimiento Nacional, que algunos identificaban con  los independientes de que se valió Núñez para destruir a los radicales un siglo antes. Pero los hados no le fueron propicios y es lo cierto que avaló su promesa de superar el viejo sectarismo que había suscitado sospechas sobre sus propósitos. Su gobierno fue respetuoso de la oposición liberal y contribuyó a que nuestros copartidarios de aquel entonces abandonaran el temor que abrigaban por la llegada de los conservadores al poder.

Como lo señala Eduardo Mackenzie en su importantísimo libro sobre las Farc, la política exterior de Belisario dio un acusado giro hacia la izquierda tercermundista. Y es interesante observar que ese antiguo admirador de Franco terminara aliándose con Felipe González, el gobernante socialista de España en la década de 1980. Como decía López Michelsen: "Vivir para ver".

Definitivamente, Belisario había dejado de ser conservador.  Ya solo lo era de nombre.

El accidentado final de su gobierno lo llevó a apartarse de la política. Cuando lo visité en Chile, a raíz de un viaje que hizo, me dijo de entrada, muy amablemente: "Hablemos de cualquier cosa, menos de política, que ya no me interesa". Como lo atestiguaron otros que tuvieron más cercanía con él, consideraba definitivamente cerrado ese capítulo de su existencia. Es probable que el horroroso y demencial Holocausto que perpetraron los psicópatas del M-19, con quienes había puesto en juego todo su prestigio en procura de un acuerdo de paz, hubiese dejado en el "hondón de su alma",  que hoy menciona Juan José Hoyos en un precioso escrito, una inmensa e insuperable decepción.

Que Dios lo tenga en su gloria y le conceda el descanso eterno.



jueves, 6 de diciembre de 2018

Ni paz os dejo ni paz os doy

Un irónico trinador definió con estas palabras el torpe legado de Juan Manuel Santos, quien obtuvo un inmerecido Premio Nobel de Paz, pero dejó a Colombia sumida en conflictos prácticamente insolubles.

En reportaje que publicó El Colombiano el domingo pasado, el Defensor del Pueblo, Carlos Negret Mosquera, puso el dedo en la llaga al afirmar que el acuerdo con las Farc produjo apenas un alivio transitorio, pues pronto se impusieron otras estructuras, tales como el Eln en su expansión, grupos residuales y disidencias de las Farc, que han recrudecido la violencia tratando de controlar los territorios en los que prevalecen los cultivos de coca y la minería ilegal (Vid. http://www.elcolombiano.com/colombia/paz-y-derechos-humanos/sustitucion-de-cultivos-ilicitos-en-colombia-es-el-corazon-de-la-paz-defensor-del-pueblo-JY9753946).

Ya se ve con entera claridad que entre Santos y las Farc no hubo el tal proceso de negociación de que trata un documental que se está exhibiendo en las salas de cine. Se trató más bien de un proceso de capitulación en el que se colmó de garantías a una de las organizaciones criminales más perversas  habidas y por haber, sin que el Estado adoptara las salvaguardas necesarias para hacer que las Farc cumplieran a cabalidad lo estipulado y se lograse de veras la paz que se anhelaba.

Como resultado de las claudicaciones de Santos, los cultivos de coca se multiplicaron por cinco o más, haciendo de Colombia el primer productor de cocaína en el mundo. Es un fenómeno que de hecho es irreversible si se cumple lo ingenuamente estipulado en el NAF. Los propagandistas del acuerdo decían que las Farc colaborarían con la solución del problema, pero este ya no se encuentra bajo su control, pues, como lo dice el Defensor del Pueblo, otros son los actores que han entrado a dominar los territorios cocaleros.

El NAF omite toda referencia a otro problema crucial, el de la minería ilegal, en el que las Farc también han jugado rol protagónico. El Defensor del Pueblo destaca su gravedad, insistiendo en que la lucha violenta por el control territorial por parte de los diferentes grupos criminales también toca con esta destructiva empresa.

Algunos analistas temen que en el país se estén consolidando dos grandes y temibles áreas geográficas: una, en el norte, que iría desde la costa del Pacífico hasta el Catatumbo, en la frontera con Venezuela, controlada principalmente por el Cartel del Golfo; la otra, en el sur, que cubriría los departamentos de Nariño, Cauca, Putumayo, Caquetá, Guaviare, Guainía, Vaupés y Amazonas, sometida a lo que por un subterfugio viene denominándose disidencias de las Farc, pero que en el fondo pueden ser estas mismas.

El Defensor del Pueblo menciona los asesinatos de líderes sociales, el reclutamiento de niños, el confinamiento y desplazamiento de comunidades, la guerra entre los grupos ilegales y la falta de presencia del Estado en vastos sectores del territorio nacional.

Un viejo conocido al que hacía tiempos que no veía me contó antier que él vive de una finca en Urabá y, como todo propietario de tierras en la región, tiene que pagarle al Cartel del Golfo una cuota mensual de $10.000 por hectárea, que es más de lo que le liquidan por concepto de impuesto predial. Es una suma no deducible del impuesto de renta, sobre la que quienes la recaudan no liquidan dicho gravamen ni IVA . Si es cierto lo que me dice, ¿cuánto se gana el Cartel del Golfo por este concepto en toda la región?

Colombia parece estar  recayendo en el hoyo negro de los Estados fallidos, en los que el orden jurídico y la autoridad legítima llamada a preservarlo son cada vez más ilusorios.

A mis alumnos suelo recordarles un concepto de Álvaro Gómez Hurtado acerca de que nuestra sociedad, en lugar de depender de un tejido de solidaridades, amenaza apoyarse en una red de complicidades. No de otro modo se explica el protagonismo de un personaje tóxico como lo es Gustavo Petro, para no ir más lejos. 

Si alguien que se jacta de ser un faro moral se atreve a exhibir desnudo su trasero en el recinto del Senado y no le pasa nada, como tampoco a un expresidente que sale para el exterior violando sin tapujos la disposición constitucional que lo obligaba a obtener permiso del mismo Senado y haciendo de contera uso indebido del pasaporte diplomático, que por lo mismo la Cancillería habría debido ordenar su cancelación, todo ello significa que obra entre nosotros un proceso disolvente del que solo cabe esperar que nos conduzca hacia el caos.

No nos digamos mentiras: bajo el régimen actual, Colombia es un país ingobernable en el que las instituciones cada vez pierden más respetabilidad y eficacia.



domingo, 25 de noviembre de 2018

La Subversión en Marcha

Es posible que el celo anime la vehemencia de los comentarios de Fernando Londoño Hoyos sobre la marcha del actual del actual gobierno. Pero, más allá de la forma, sobre la que caben distintas consideraciones, hay que admitir el fondo de verdad que en los mismos anida: hay en marcha un movimiento subversivo que pretende derrocar al presidente Duque.

La cabeza visible de ese movimiento es Gustavo Petro, quien desde que perdió las elecciones anunció que estimularía la resistencia popular contra el que lo derrotó en franca lid.

Petro no ha dejado de ser comunista ni ha superado su talante guerrillero. Es un personaje nefasto que no reconoce ni Dios ni Ley. La subversión es su estado de ánimo. Nadie como él ilustra sobre lo que podemos denominar la democracia tumultuaria, aquella que en lugar de fundarse en la opinión bien informada y mejor concebida a través del esfuerzo racional de la ciudadanía, excita las bajas pasiones del populacho y promueve su ímpetu destructivo. 

Es fácil advertir la expresión demoníaca de su rostro cuando anima a la turbamulta. Demoníaco es además el apoyo que le presta al colectivo LGTBI, en contra de la familia y de una sexualidad responsable. Lo suyo es la demolición de la moralidad, en aras de los postulados del marxismo cultural y específicamente de la revolución sexual que pretende instaurar el libertinaje. De ese modo, elimina los frenos morales que protegen el orden de las comunidades y garantizan el ejercicio sosegado de los derechos. (Vid. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12162143; https://www.youtube.com/watch?v=trSwV92knFo; https://www.youtube.com/watch?v=xnteoHx8hdw; https://www.youtube.com/watch?v=CzHYNHJD1i4).

¿A qué fue Petro a Cuba hace poco? Sin duda alguna, a recibir instrucciones y recabar el apoyo de la dictadura comunista que en ese país impera. Y si en estos días anda de pelea con la dictadura venezolana, es para desorientar al público colombiano, del mismo modo que lo hicieron Santos y Chávez con ocasión del debate presidencial de 2010.

No hay que olvidar que el Plan Estratégico de las Farc para la Toma del Poder en Colombia contemplaba una fase final, la de la insurrección popular. Las circunstancias han obligado a modificar el modus operandi del proceso revolucionario que se tenía previsto, pero el mismo sigue vigente, apoyado en la armazón jurídico-politica del NAF, que estimula la movilización y la protesta populares, dejando en la práctica inermes a las autoridades para controlar sus desmanes, y en el tamaño de la votación que obtuvo Petro en las pasadas elecciones, que hace pensar a los extremistas que las condiciones están dadas para desquiciar el gobierno del presidente Duque.

Es indiscutible que la gobernabilidad de este es muy precaria, dado que no cuenta con un sólido respaldo de parte de la opinión pública y carece de medios eficaces para  imponer el respeto al poder legítimo con que fue investido por el pueblo colombiano. 

Para comenzar, tal como lo anuncié desde un principio, el régimen constitucional vigente desarticuló de tal modo la estructura de la autoridad que no es exagerado afirmar que contiene elementos capaces de hacer ingobernable a Colombia. De hecho, es un criadero de monstruos institucionales que se devoran o estorban unos a otros, en lugar de aplicarse a la colaboración armónica para hacer efectivos los fines del Estado.

Como la Constitución se concibió en contra del Congreso y el régimen presidencial, su desarrollo ha redundado en pro de la dictadura judicial, encabezada por la Corte Constitucional, que guarda en su bolsillo las llaves de la adecuación de nuestra normatividad a las necesidades cambiantes y apremiantes de la sociedad, con su arbitraria tesis de que ella es garante de unos "principios basilares" de la Constitución que inventa y acomoda a su amaño.

La Corte Constitucional hizo inoperante el Estado de Conmoción Interior, que los gobiernos ya no decretan porque ipso facto convierte a aquella en protagonista principal de la función de conservar el orden público y restablecerlo donde fuere turbado. Si la Corte queda bajo el control de una mayoría proclive a la subversión, como ocurrió hace algún tiempo y quizás suceda hoy, la autoridad ya no podrá aplicarse a su cometido básico, que es garantizar el cabal funcionamiento de las instituciones y la protección de la seguridad de las comunidades.

En Colombia ha dejado de regir el Estado de Derecho. Ni el Presidente ni el Congreso saben a ciencia cierta cuáles son sus poderes, porque la dictadura judicial los amplía o restringe como le da la gana, a sabiendas de que sus disposiciones están libres de todo control. Y si el Congreso se atreve a reformar la Constitución para imponerle responsabilidades, con toda desfachatez invoca la separación de poderes para impedírselo, tal como sucedió con el Acto Legislativo No. 2 se 2015. (Vid. http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2016/C-053-16.htm).

Quien lea cuidadosamente el NAF podrá percatarse de que ese esperpento supraconstitucional convierte a la fuerza pública en pobre espectadora de las manifestaciones de la democracia tumultuaria que se apoya en la movilización y la protesta populares. Ahí se dice que debe abstenerse de actuar incluso frente a los disturbios. Y si decide hacerlo para proteger el espacio público, la seguridad ciudadana, la propiedad privada y los demás bienes jurídicos amparados por el Código Nacional de Policía y Convivencia o el Código Penal, ahí estará esperándola la dictadura judicial que decide ad libitum sobre la proporcionalidad del ejercicio de la fuerza y se halla presta a ensañarse contra los agentes del orden que intenten cumplir con su deber.

La consigna en Colombia es desmantelar la autoridad en favor del libertinaje de la muchedumbre. Los promotores del desorden son conscientes de ello. Y obran en consecuencia. Lanzan primero a los estudiantes a las calles. Continúan con los trabajadores y con sectores sensibles de la sociedad, como los transportadores o los maestros. Seguirán con los campesinos y así sucesivamente, con la consigna de hacer invivible la república, hasta que los responsables de las fuerzas armadas tengan que decirle al Presidente: somos incapaces de asegurar el orden constitucional.

¿Qué hará él en ese momento?



martes, 20 de noviembre de 2018

¿A quién queréis: a Duque o a Petro?

Las últimas encuestas muestran que en la opinión pública ha cundido el desánimo en torno de la gestión del presidente Duque.

Es un hecho innegable que obedece a distintas causas, unas de ellas imputables a él mismo, pero otras ajenas, si se quiere, a su voluntad, pues tocan con la herencia desastrosa que legó su antecesor, con el espíritu subversivo de la oposición petrista y con un ánimo morboso que se advierte en cierta prensa.

Conviene recordar a este propósito las sabias palabras de Rafael Núñez: “La prensa debe ser antorcha y no tea, cordial y no tósigo, debe ser mensajera de verdad y no de error y calumnia, porque la herida que se hace a la honra y al sosiego es con frecuencia la más grande de todas”.

Para nadie es un secreto que los medios más influyentes, sobre todo en radio y televisión, le tienen inquina al presidente Duque, a quien le trasladan la áspera enemiga que han profesado contra el hoy senador Uribe Vélez y lo que él representa.

Hay que partir de la base de que Uribe es Uribe y Duque es Duque, vale decir, que no obstante las relaciones que median entre ambos, de cierto modo Uribe es el pasado, ciertamente inmediato, mientras que Duque apunta hacia el futuro.

La obra de Uribe es histórica y merece el reconocimiento de la ciudadanía, pero ya no estamos en el año 2002, sino en el 2018, lo cual significa que prácticamente hay una nueva generación que experimenta otras aspiraciones y ve las cosas de distinta manera.

Muchos de los nuevos electores apenas habían nacido cuando Uribe libró su patriótica batalla contra la subversión comunista, la que, mal que bien, hoy está en desbandada y completamente desacreditada ante el pueblo. Es una culebra agonizante, así siga revolcándose y tratando de morder. Lo que queda de ella son unas estructuras criminales que tarde o temprano serán sometidas por la acción de la autoridades. 

No obstante, a partir de ahí se han producido unas mutaciones, unos cambios de piel, diríase que unas reencarnaciones de las que Petro y sus compinches han tomado atenta nota. Esa secta no avala hoy abiertamente los programas de las Farc y el Eln, que nos ofrecen los infernales paraísos imperantes en Cuba y Venezuela, sino las consignas de una nueva izquierda que se presenta como adalid de la lucha contra la corrupción, de la promoción de las demandas más acuciantes de los sectores populares y del progresismo que avanza hacia la transformación radical de la sociedad en el sentido que predica el marxismo cultural. Todo ello se resume en la engañosa divisa de la "Colombia Humana" que enarbola el pestilente Petro.

El presidente Duque ha querido adaptarse a los signos de estos tiempos. Para empezar, es hombre joven al que no se puede vincular con el  paramilitarismo, el narcotráfico, la polítiquería o la corrupción. Lo lógico sería que la juventud se identificara con él, si no estuviera contaminada por el deletéreo espíritu de la nueva izquierda. Ha adoptado, además, medidas audaces, como la de darle la mitad del gobierno a la mujer, lo cual ameritaría su aplauso si la causa de su promoción tampoco estuviera  asociada con el feminismo radical de las "Gamarras" y otras de su misma calaña.

Lo que cabe destacar en los primeros 100 días de su gobierno es la prudencia, el ánimo conciliador, su propósito de superar la polarización que envenena el espíritu colectivo. Si no ha barrido al santismo es porque piensa que en Colombia cabemos todos, con nuestros aciertos y nuestros errores. No hay en sus acciones ánimo vindicativo.

Ello no quiere decir que sea de carácter débil. Ha mostrado su fortaleza frente a la presión politiquera por los puestos y los contratos, manteniendo su propósito de cero "mermelada" para comprar apoyos en el Congreso, en los medios o en los gremios. También se ha mostrado firme ante el Eln y sus apoyos en Cuba y Venezuela, a cuyos gobiernos les ha reclamado vigorosamente por la protección que les brindan. No le ha temblado la voz, además, para denunciar el régimen dictatorial que oprime al sufrido pueblo venezolano. 

No ignoro que se han cometido errores ni que hay aspectos discutibles en estos primeros días de gestión presidencial, pero hay que admitir que pocos mandatarios han encontrado circunstancias tan adversas como el actual. Tal vez las actuales sean similares en cierta medida a las que encontró en sus comienzos Misael Pastrana Borrero, quien supo sortearlas con gran habilidad.

Hay que darle tiempo a Duque para que muestre su casta y no atosigarlo con críticas que, todo lo bien intencionadas que parezcan ser, conducen a demeritarlo ante la opinión y a alimentar, así sea sin quererlo, la estrategia del caos que lidera Petro.







sábado, 10 de noviembre de 2018

Legalidad, Equidad, Emprendimiento

En estas tres palabras ha centrado el presidente Duque su programa de gobierno. Ellas apuntan hacia el núcleo de las grandes necesidades de la sociedad colombiana en la hora presente.

Es indiscutible que padecemos hoy una profunda crisis institucional. El Imperio de la Ley está severamente agrietado y de hecho experimentamos la acción de poderes que lo desafían abiertamente o que diciéndose sus guardianes lo desconocen sin reato alguno. 

En rigor, del gobierno popular, representativo, electivo, alternativo, controlado y responsable  que proclamaban nuestras primeras Constituciones, lo que queda es un entretejido de poderes mal ensamblados, unas veces ineficientes y otras desaforados. 

La Corte Constitucional ha destruido la Constitución, que en sus manos es un texto que significa cualquier cosa que a ella le venga en gana. El tiempo le ha dado la razón a Alfonso López Michelsen, quien me dijo hace unos años que "más daño que la Constitución, ha hecho la Corte Constitucional". 

Una concepción demasiado dúctil de la juridicidad, como la que ahora se ha impuesto, trae consigo la arbitrariedad y, de contera, la corrupción del aparato judicial, que ya es espantosa. Y no tenemos Congreso capaz de ponerle freno, pues si intenta emprender a fondo una reforma de la justicia, la omnipotente Corte Constitucional hará trizas sus propósitos, como sucedió con el Acto Legislativo de 2015 sobre Equilibrio de Poderes.

Pedro Medellín  escribió hace poco un inquietante artículo titulado "El Desplome de la Legalidad", en el que muestra a las claras la crisis de autoridad y, por ende, el auge de la anarquía en vastos sectores del territorio.   (Vid. https://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/pedro-medellin/el-desplome-de-la-legalidad.html). Es un vacío, una impotencia, que no solo se dan en regiones apartadas, sino en las ciudades mismas. Ya se habla, por ejemplo, de que el Cartel de Sinaloa controla varias comunas de Medellín. Y lo que sucedió en Bogotá hace pocos días con los desmanes de la protesta estudiantil indica que hay en marcha un firme propósito subversivo, sin duda alentado por la campaña de "resistencia" de Petro y sus conmilitones.

¿Qué puede hacer el presidente Duque para restaurar el Imperio de la Ley en Colombia? No es culpa suya que la Constitución vigente haya diluido y debilitado hasta el extremo la autoridad, como tampoco le es imputable la claudicación que entraña el ominoso NAF convenido por Santos y avalado por el Congreso y la Corte Constitucional. Lo cierto es que le toca gobernar amarrado por una camisa de fuerza para la que no hay remedios institucionales adecuados que permitan adecuarla a las necesidades actuales.

El propósito de avanzar hacia una sociedad más justa es del todo plausible. La nuestra es flagrantemente inequitativa desde muchos puntos de vista. Pero una cosa es reconocer nuestras falencias y otra muy distinta el modus operandi para corregirlas. 

La acción social del Estado es un imperativo constitucional cuya legitimidad está por fuera de toda discusión.  Pero los propósitos que deben inspirarla y los procedimientos para articularla son asuntos que se prestan a los más arduos debates políticos. Con qué recursos se cuenta y cómo debe empleárselos, he ahí el meollo. La demagogia hace estragos y tras ella viene la corrupción. Lo que hizo Petro en Bogotá es buena muestra de lo que se logra mediante políticas sociales equivocadas. A Duque le corresponde insistir en la equidad, pero con políticas serias y ajustadas a las realidades socio-económicas.

Bien podría decirse hoy: "Dadme una buena economía y podré daros una buena política social". Y está probado, más allá de toda discusión, que la buena economía depende  ante todo del emprendimiento privado. Que el Estado lo vigile, lo controle y lo encauce, quién puede dudarlo. Pero sin llegar a asfixiarlo, ni a imponerle trabas inútiles. Y, del mismo modo que decimos que hoy la acción de la autoridad está frenada por una insoportable camisa de fuerza, también la libertad y la creatividad del empresariado están constreñidas por un cúmulo insoportable de regulaciones e imposiciones que dificultan el cumplimiento de sus funciones sociales, que no son otras que las de generar riqueza, empleo, suministro de bienes y servicios necesarios para el bienestar de las comunidades, progreso en todos los órdenes. 

Tarea hercúlea la que carga sobre sus hombros el actual gobierno en su propósito de estimular las fuerzas productivas para poner la sociedad colombiana a la altura de las sociedades modernas.

Reitero que al presidente Duque hay que otorgarle un generoso voto de confianza, pues los problemas que le toca manejar son arduos a más no poder y los recursos con que cuenta son sobremanera escasos.