viernes, 30 de mayo de 2025

El Fin de la Aventura

Echo mano del título de una de las mejores novelas de Graham Greene para aludir al desenlace previsible de las audacias irresponsables del que nos desgobierna y su ministro del Interior, dos consumidores habituales de cocaína que según el decir de Álvaro Leyva arrastran al país hacia el caos.

El llamado a una huelga general y a consulta popular para intimidar al Congreso a fin de que apruebe las propuestas gubernamentales que no han sido de su simpatía no son otra cosa que saltos al vacío que preludian la crisis definitiva de un pésimo gobierno.

Los dos días en los que anunciaban masivas manifestaciones, primero de 14 millones de colombianos, luego de 10 y por último de 4, mostraron calles y plazas vacías a lo largo y ancho del territorio nacional. Los que salieron a apoyar el llamado del desgobierno y los sindicatos que lo respaldan se contaron apenas por millares. Lo otro que se vio fue la reaparición de la Primera Línea que integran facinerosos que siguen los dictados del líder intergaláctico y sus esbirros. El resto fueron los pobladores desprotegidos que necesitaban desplazarse para asistir a sus lugares de trabajo o hacer otras gestiones y no pudieron acceder al transporte masivo debido a los bloqueos que perpetraron dichos facinerosos.

Queda claro que este desgobierno perdió las calles que ahora sólo atraen a los que concurren forzados, pagados o todavía seducidos por la charlatanería del que lo preside.

La consulta popular con que desafía al Congreso puede salirle muy mal en las urnas y en la Corte Constitucional, que es la llamada a pronunciarse sobre la constitucionalidad de su convocatoria y su realización.

Aún suponiendo que se la realice y obtenga el quórum y la mayoría que se requiere para su aprobación, sus efectos normativos restan difusos y tendrían que desarrollarse mediante leyes que apruebe el Congreso. 

Todo indica que en el trasfondo de la consulta popular media nada menos que una "jugadita" para adelantar la campaña electoral del año venidero, algo así como para medir fuerzas en procesos que gravitarán sobre los resultados electorales.

Si, como es previsible, la consulta no obtiene los resultados que se esperan la aventura en que esos irresponsables están embarcando al país hará que naufraguen desastrosamente. La resaca de la fiesta arruinará sus aspiraciones, pero a un costo que desde ya se calcula en más de 750 billones de pesos con los que podrían sufragarse gastos verdaderamente apremiantes que están por solucionar.

Llamo la atención acerca de que las injurias, las calumnias, los denuestos y las amenazas que esa dupla de orates ha arrojado sobre quienes no los acompañan en sus despropósitos bordean las fronteras del Código Penal y, en el caso del profeta apocalíptico, la causal de indignidad en el ejercicio del cargo, que acarrearía destitución. El que lo secunda merece además que el Congreso lo devuelva al fangal de donde salió, a través de una moción de censura.

Recomiendo a mis lectores la trilogía que compuso Guglielmo Ferrero sobre la aventura napoleónica y la reconstrucción que hubo de promoverse en el Congreso de Viena. Si logramos que haya elecciones pacíficas y honestas en el año entrante, quienes vengan a gobernarnos tendrán que cargar sobre sus hombros la procelosa tarea de reparar los ingentes daños que les legará el desgobierno reinante. El espíritu de aventura que describe sabiamente Ferrero arroja a las sociedades a la confusión y el desconcierto.



miércoles, 21 de mayo de 2025

Siembra vientos ...

En los manicomios abundan los orates que se identifican con Napoleón o con Bolívar. Es el sitio adecuado para también alojar a los que se creen Aureliano Buendía o siguen a pie juntillas las ficciones de Gabriel García Márquez, como el que hoy nos desgobierna desde la Casa de Nariño.

Su desequilibrio mental es evidente. Bastaría para acreditarlo la reseña de las estupideces que a diario recita en X o en sus delirantes y tediosos discursos. Lo suyo no son trinos, sino graznidos cacofónicos. Es una verborrea mal hilvanada que no se acompasa con la fama que antaño distinguía a los dirigentes colombianos.

En otra oportunidad he llamado la atención acerca de que es un gobernante espurio e indigno al que debería juzgarse y separarse del cargo por las vías constitucionales. Pero, como acaba de señalarlo el expresidente Gaviria en un comunicado dirigido a la opinión pública, nuestro régimen constitucional está en veremos porque de hecho el que hoy dice ser Aureliano Buendía pretende sustituirlo por lo que disponga la democracia tumultuaria que está promoviendo a lo largo y ancho del territorio nacional.

No me canso de repetir que se trata de un comunista recalcitrante que procura disfrazar su obsoleta y letal ideología presentándose como seguidor de la teología de la liberación, que según lo ha demostrado Ricardo de la Cierva es comunismo mondo y lirondo.

Es posible que ingenuamente haya intentado engañar al Santo Padre, que hace algún tiempo escribió que había que desenmascarar al comunismo que se estaba infiltrando en la Iglesia so pretexto de la solidaridad humana, No hay que olvidar que su eminente predecesor, León XIII, produjo la Rerum Novarum para ofrecer una vía católica que superara los excesos de un capitalismo salvaje y los fatídicos errores del comunismo.

S.S. León XIV debe hoy afrontar un capitalismo que en distintos países ignora las necesidades de los menos favorecidos por la fortuna y un comunismo renaciente que aprovecha esas circunstancias para predicar la lucha de clases y la transformación revolucionaria de la sociedad. No otra cosa aparece en el ideario, si así se lo puede llamar, de quien hoy nos está llevando hacia el caos.

No estamos bajo el mando de un pensador profundo e ilustrado, ni de un estadista consumado, ni de un administrador eficiente, sino de un demagogo charlatán que con su palabrería pulsa las fibras del resentimiento popular contra los que moteja de oligarcas esclavistas. El suyo es un discurso incendiario que gana los vítores de la plebe y puede conducirnos al caos.

El desmoronamiento institucional que promueve nos conduce hacia dos extremos del todo indeseables: la anarquía y la dictadura. La primera ya se advierte con la ubicua presencia de grupos criminales que ejercen control territorial a ciencia y paciencia del desgobierno que dizque quiere negociar con ellos una "paz total", que no es otra cosa que su rendición ante el crimen. La segunda se pone de manifiesto en el talante despótico de un funcionario que desafía toda normatividad propia de un Estado Social de Derecho como el que se ordenó bajo la Constitución de 1991.

Recuerdo un escrito del profesor Mauro Torres en "El Tiempo" en el que señalaba el impacto que en la violencia colombiana de mediados del siglo pasado produjo la oratoria desorbitada tanto de Laureano Gómez como de Jorge Eliécer Gaitán. La palabra agresiva precede al puñetazo. No otra cosa puede esperarse del lenguaje soez que en el alto gobierno se emplea contra quienes manifiestan desacuerdo con sus muy discutibles iniciativas. Razón de sobra tiene Alejandro Gaviria cuando afirma que el que nos desgobierna enturbia el debate político. Pero no otra cosa cabe esperar de quien recaudaba extorsiones a punta de salivazos en la cara de sus víctimas cuando participaba en el feroz M-19, según denuncia que leí hace tiempo en una red social.

Nos esperan tiempos tempestuosos que podrían traer consigo una guerra civil. Los bandidos del M-19 decían seguir el ejemplo de los facciosos liberales que desataron guerras civiles en el siglo XIX, los tales Aurelianos Buendías con los que se identifica el guache que hoy pretende mandar la parada en nuestra patria.

Ahora anda con el cuento de denunciar el pecado capital de la codicia, olvidando que él personifica otros igualmente graves o quizás peores, como la lujuria, la gula que lleva al consumo de drogas psicoactivas, la ira, la envidia o la soberbia, que se traduce en egolatría y pasión desordenada por el poder. Recomiendo repasar el tema de los pecados capitales en el interesantísimo libro del padre Spitzer S.J. sobre cómo obran Dios y Satán en nuestras vidas que estoy ahora leyendo. A pesar de su lambonería con el Vaticano, creo que sus acciones vienen inspiradas no por Dios, sino por Satán, al que el Evangelio denomina el Príncipe de la Mentira.

La nuestra es una democracia enferma. Uno de los más graves síntomas de su enfermedad es haber llevado a este personaje a la presidencia. No me cabe duda de que la más profunda y letal de nuestras dolencias es la crisis moral que se hace patente en la corrupción que por todas partes nos agobia. Creo que no exageran los que piensan que estamos hoy frente al gobierno más corrupto que hayamos podido conocer y sufrir.



viernes, 9 de mayo de 2025

Habemus Papam

Bienvenido, Su Santidad León XIV, digno continuador de uno de los grandes papas de todos los tiempos, León XIII, autor de la célebre encíclica Rerum Novarum que es la pieza central de la Doctrina Social de la Iglesia.

En uno de sus libros que cité hace poco, el padre Robert Spitzer S.J. la sintetiza a través de los siguientes principios:

-La dignidad intrínseca y trascendente de cada ser humano.

-El bien común.

-La destinación universal de los bienes.

-La subsidiariedad.

-Participación en la democracia.

-La solidaridad.

La Doctrina Social de la Iglesia, formulada a partir de la Rerum Novarum a través de una serie de importantísimas encíclicas papales, ha tenido notables desarrollos en el mundo contemporáneo. En Colombia ha servido de inspiración de nuestro Derecho Social, que no es como cree el comunista que nos desgobierna un estatuto esclavista, sino protector de los trabajadores, pero consciente de la necesaria armonía obrero patronal. Las Cajas de Subsidio Familiar y el Sena, por ejemplo, surgieron de iniciativas de dirigentes empresariales imbuidos de esos sanos principios, los cuáles han inspirado además en el sector patronal líneas de acción conducentes a un sano entendimiento con los trabajadores, De ello doy testimonio por haber trabajado durante ocho años en la Andi y haber sido asesor jurídico en campos diferentes al laboral en empresas como Nutresa, en la que he sido testigo de la fidelidad y hasta de la mística de sus trabajadores. Las universidades católicas, especialmente la UPB en la que serví como profesor a lo largo de unos 40 o más años, han contribuido a formar empresarios y ejecutivos conscientes de su misión de enaltecer el trabajo y contribuir al bienestar de sus servidores.

El tema laboral está hoy en el orden del día con iniciativas que bien podrían ser materia de concertación entre los sectores interesados si no fuera por el prurito de utilizarlas como arietes para activar un proceso revolucionario comunista, que es lo que en el fondo se propone el que hoy nos desgobierna.

La Doctrina Social de la Iglesia está inscrita en el ideario de la Democracia Cristiana, cuyo papel en la reconstrucción de Europa occidental después de la II Guerra Mundial ha sido decisivo. Ella fue un vigoroso dique de contención del movimiento expansivo del comunismo que a la sazón alentaba la URSS.

La superficialidad de los medios de comunicación social insiste en examinar los asuntos de la Iglesia a la luz de categorías que podrían ser útiles para entender los procesos políticos, pero resultan inadecuadas para captar las tendencias de la Iglesia. El progresismo, para ésta, no puede tener otro significado sino en los órdenes espiritual y moral, mas no en los de la depravación que la contemporaneidad valora como emancipación. 

Vuelvo al padre Spitzer S.J. para recabar en una inteligente distinción que plantea entre la regla de plata de la ética, que ordena que no hagamos a los demás lo que no queremos que se nos haga a nosotros, y la regla de oro del Evangelio, que va más allá de la justicia de los gentiles y ordena que hagamos todo el bien que esté dentro de nuestras posibilidades. La primera es una ética de la abstención; la segunda lo es de la acción. La misión evangelizadora va muchísimo más allá de no hacer mal a los otros. El Reino de Dios, que ya está en nuestro interior, se debe proyectar como el grano de mostaza o la sal de la tierra para fecundar toda la vida social. El progresismo en sentido religioso significa avanzar en las virtudes. La misericordia con el pecador no consiste en aplaudir sus errores, sino en invitarlo a que los corrija. Cuando el Señor perdonaba lo hacía con la recomendación de no seguir pecando.

La Iglesia cuenta hoy con un Papa misionero. Muchos países hoy descristianizados constituyen tierra de misión. El nuestro, que padece una insoportable crisis moral bajo una dirigencia que ha abandonado los más elementales principios del decoro y una población en la que la familia prácticamente se halla en vía de disolución, necesita una guía espiritual que verdaderamente lo ordene y no lo desoriente. 

¡Qué dolor se siente al contemplar que el corrupto desgobierno que nos conduce hacia el caos haya encontrado abiertas las puertas del Vaticano! Es indicio grave de la advertencia que hizo el hoy santo Pablo VI acerca de cómo el humo de Satanás se había filtrado en el recinto de la sede apostólica.

Ya me referiré en posteriores escritos a los distintos aspectos de la crisis que padece hoy la Iglesia. Me resta declarar que el nuevo Pontífice suscita alentadoras esperanzas acerca del futuro de nuestra amada  santa madre Iglesia.


martes, 29 de abril de 2025

"Mi Reino no es de este mundo"

Ha dicho muy sensatamente el padre Santiago Martín que la persona del finado papa Francisco ya está sometida al juicio de Dios y no nos corresponde a nosotros pronunciarnos en torno suyo, pero su pontificado, en cambio, puede y debe someterse al veredicto de la historia, si bien es prematuro emitir dictamen definitivo al respecto.

No obstante las entusiastas reacciones de la gente del común e incluso de los medios acerca de la personalidad y las ejecutorias del Pontífice fallecido, habrá que darle tiempo al tiempo antes de ensalzar o condenar una y otras.

En mi caso personal, me ha tocado vivir bajo los papados de Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. La desaparición de cada uno de ellos ha impactado de distintas maneras la sensibilidad del público. Todos ellos dieron testimonio de sus virtudes y su entrega al mandato evangélico de apacentar el rebaño de Cristo. Cada uno puso, desde luego, su sello personal en el modo de ejercer su difícil tarea.

Suelo citar un libro que me produjo hace años mucha impresión: "Histoire de la Papauté", publicado bajo la dirección de Yves-Marie Hilaire con el subtítulo de "2000 ans de mission et de tribulations". Son ya casi dos milenios del cumplimiento del mandato que antes de ascender a los cielos les confirió a sus apóstoles Nuestro Señor Jesucristo: "Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación" (Mc. 16,15). Este anuncio de amor, paz y redención, esto es, de "la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre" (Jn.1,9), sufrió el rechazo del mundo desde un principio a partir de la crucifixión de Nuestro Señor y el martirio de sus apóstoles, salvedad hecha de san Juan. 

Su difusión se ha dado en medio de severas tribulaciones que aún hoy tratan de impedirla y hasta de erradicarla. Se la enfrenta a menudo con violencia, tal como sucede en Corea del Norte, en India, en China, en Cuba, en Nicaragua y en varios países en los que predomina el Islam, o de unas maneras menos violentas, pero también represivas, según se advierte en los países occidentales en los que está en marcha la criminalización del Cristianismo, de la que da cuenta el libro de Janet L. Folger que en otras ocasiones he citado en este blog. En un libro que tuve en la biblioteca que me fue necesario liquidar cuando tuve que internarme en una residencia de tercera edad para cuidar de mi hoy finada esposa, se menciona que el siglo XX produjo muchísimos más mártires que cuando las persecuciones de los emperadores romanos. La prensa de hoy sigue registrando el sacrificio de los creyentes en distintas latitudes.

"Las Puertas del Infierno", de Ricardo de la Cierva, ilustra sobre los severos ataques que ha sufrido la Curia Romana a lo largo de siglos y cómo ella se ha defendido, sin lugar a dudas por el auxilio celestial. Alguien llegó a decir hace tiempos que sin dicho auxilio la Iglesia no habría podido sobrevivir incluso a los errores de sus propios jerarcas. De la Cierva, un católico bastante ortodoxo por cierto, no ignora las equivocaciones en que han incurrido hasta los papas más apreciados en los últimos tiempos. Baste mencionar el Modernismo al que le dio cabida el hoy santo Juan XXIII o la Östpolitik que le dio entrada al comunismo y produjo la Teología de la Liberación que le ha servido al que ahora nos desgobierna para enmascarar su credo revolucionario y liberticida.

Sobre todo en el Evangelio de san Juan, pero también en las epístolas de san Pablo, se plantea la oposición radical entre el Espíritu de Dios y el de este mundo que se centra en lo terrenal y desconoce y hasta rechaza la trascendencia que nos guía hacia la bienaventuranza eterna.  Dios y el mundo están contrapuestos. Desde cierta perspectiva, el espíritu del mundo se identifica con lo demoníaco, A Satán se lo denomina, en efecto, como "el príncipe de este mundo" (Jn. 12:31).

Pues bien, ciertos debates que ahora se plantean acerca de si la Iglesia debe preservar sus doctrinas tradicionales o más bien modernizarse, es decir, adaptarse al espíritu del mundo, parten de la base de que es institución humana y no de origen divino. Su cometido es difundir el Evangelio mediante una interpretación fiel de su mensaje salvífico. Es posible que a lo largo de los años haya lugar a que se profundice su contenido, pero sin llegar a desvirtuarlo y adjudicarle lo que evidentemente no dice. Si ha de hablarse de "progresismo" en materia de doctrina no puede ser en los términos relacionados con la política terrenal, sino en los que parafraseando un texto de Paul Valéry podríamos llamar la política del espíritu, la que enaltece y dignifica al ser humano como hecho a imagen y semejanza de Dios, y no la que cede ante sus bajas inclinaciones.

El Evangelio nos enseña que ancho es el camino de la perdición y estrecha la vía de la salvación (Mt. 7: 13-14). Los que reclaman que la Iglesia ajuste sus cánones a las tendencias dominantes en el mundo de hoy desconocen ese texto nítido del mensaje evangélico. A la bienaventuranza no se llega por la vía fácil, sino por la del sacrificio y la abnegación. Es, como lo demostró la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, una vía dolorosa. que cada uno de nosotros debe recorrer con su respectiva cruz a cuestas (Mt. 16:24). Bien lo dijo Marshall McLuhan, un converso famoso: "A la Iglesia se entra de rodillas".

Esperemos que el cónclave que elegirá nuevo Papa acierte con un cardenal que esté más cerca del Espíritu Santo que del espíritu de este mundo y entienda que no viene a halagar a los que se dicen progresistas, sino a quienes aspiran a que se dé testimonio de la verdad que nos transmite el Evangelio.



sábado, 26 de abril de 2025

En el fondo de la noche Colombia se estremece

Hago una paráfrasis de la hermosa milonga que Homero Manzi y Sebastián Piana compusieron en memoria del famoso payador José Betinotti, para referirme a las ominosas tinieblas que hoy se ciernen sobre nuestro país bajo el desgobierno de dos desvergonzados cocainómanos que pretenden revolucionarlo.

Los últimos discursos de quienes fungen como Presidente y ministro del Interior no dejan duda acerca de lo que se proponen con la trampa de la consulta popular en la que ingenuamente acaba de caer nuestra Conferencia Episcopal.

Esa consulta es un subterfugio ideado para suscitar una situación revolucionaria a todo lo largo y ancho del territorio nacional. Los comités que se están organizando para promoverla huelen a soviets. La oratoria incendiaria del energúmeno que rige los destinos de nuestra desventurada patria convoca al pueblo contra el Congreso, la clase dirigente a la que califica como una oligarquía codiciosa y asesina, así como la institucionalidad en general. Vocifera que se mantendrá en el poder gracias a la voluntad popular, a la que ninguna regla puede someter.

El proceso en marcha no busca mejorar la suerte de los trabajadores. Ya lo había dicho la ministra comunista que presentó la reforma laboral al Congreso: su propósito no era promover la generación de empleo, sino recuperar unas ventajas que hace años se moderaron precisamente para facilitarlo. El cuestionario de la consulta no trata sobre el desempleo ni la informalidad laboral y aspira a reforzar la rigidez en la contratación, que obligará a los empleadores a pensarlo dos veces al momento de incrementar sus nóminas. Cada nuevo empleo equivaldría a contraer un matrimonio indisoluble hasta que la jubilación o la quiebra los separe.

En manos del Senado y eventualmente de la Corte Constitucional está ponerle freno a tamaño despropósito con el que no sólo se sentaría un grave precedente para cada vez que el órgano legislativo desapruebe alguna iniciativa gubernamental, sino que daría pábulo al movimiento revolucionario que nuestros desatinados altos funcionarios quieren iniciar el próximo primero de mayo con multitudinarias manifestaciones de apoyo.

Para ese día, el que nos desgobierna ha anunciado que desenvainará la espada de Bolívar para presentarle al Senado el proyecto de consulta popular, en un gesto que simboliza ni más ni menos la intimidación violenta a sus integrantes. Olvida que en ese día el Senado no estará funcionando y que la comunicación con el mismo les corresponde a los ministros.

En otras ocasiones he llamado la atención sobre la errada concepción de la democracia que promueve el que nos desgobierna, más cercana a la de los feroces jacobinos que promovieron el terror en la Revolución Francesa y del todo contraria a la de la tradición liberal que nos ha caracterizado. Él es un comunista recalcitrante que ha deplorado la caída del Muro de Berlín y se ha puesto de rodillas ante la tumba de Mao.

También he llamado la atención acerca de sus preocupantes condiciones mentales. Muchos creen que es un psicópata megalómano y narcisista. Si a ello se agrega su consumo habitual de cocaína, que no ha negado, como sí el de alcohol, el Senado debería tomar cartas en el asunto para declarar su incapacidad para el ejercicio del cargo que ocupa. Es claro que puede hacerlo en caso de incapacidad física permanente, pero si la mente controla el cuerpo y ella está alienada, la conclusión es irrefragable: el desvarío mental acarrea el físico.

Si además ha viajado al exterior clandestinamente, ello daría lugar a que se declarara el abandono del cargo.

Nunca en nuestra ajetreada historia habíamos padecido algo tan estremecedor.

martes, 15 de abril de 2025

De las tinieblas a la luz

Uno de los fenómenos religiosos más interesantes es el de la conversión a la fe católica desde el escepticismo, la indiferencia o la pertenencia a un credo erróneo, que puede darse súbitamente o de modo paulatino. Es un proceso de iluminación que altera toda la estructura de la personalidad, bastante documentado por cierto.

Del tema trata un libro del padre Spitzer S.J. que acabo de recibir vía Kindle: "Christ versus Satan in our dairy lives: the cosmic struggle between good and evil".

No pude resistir la tentación de iniciar su lectura y, afortunadamente, su proemio resume con claridad su contenido. Ahí señala que la conversión se da en tres etapas: conversión intelectual, conversión espiritual y conversión moral.

La primera toca con la aceptación de la existencia de Dios, la del alma y la de Nuestro Señor Jesucristo. 

Muchos niegan a Dios o consideran que no interesa para la vida cotidiana, pues no hace acto de presencia en lo que le acontece. Descartan los sólidos argumentos que ofrecen libros como "Nuevas Evidencias Científicas de la Existencia de Dios", de José Carlos González-Hurtado, que hoy se consigue en nuestras librerías. Muchísimo menos les impacta lo que se dice en el evangelio de san Juan: "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn. 3,16). Es decir, desconocen que Dios es amor (vid. Encíclicas de Benedicto XVI).

El materialismo que predomina en los círculos académicos y permea la cultura contemporánea sostiene la tesis del filósofo Searle según la cual somos apenas unas bestias biológicas. El yo, como lo afirma el neurólogo Llinás en un libro que circuló profusamente hace algún tiempo, es un mito. Todas nuestras funciones mentales obedecen a fenómenos físico-químicos que se dan en el interior de nuestros cerebros. Así las cosas, hablar del alma es referirse a algo ilusorio, fantasioso. 

Pero, ¿qué tal que ella sea real y además sobreviva a la muerte biológica? Las experiencias cercanas a la muerte ilustran bastante bien al respecto, tal como lo ilustra, entre muchos otros, el libro de Kenneth Ring Ph. D. titulado "Lessons from from the Light", que también puede conseguirse en Amazon Kindle.

La conversión supone la creencia en que el alma sobrevive a la extinción de la vida corporal y tiene un destino eterno marcado por la construcción que hemos hecho de nosotros mismos a través de nuestras acciones. Bien dicen algunos filósofos que cada uno de nosotros se define por lo que hace, lo cual depende de aquello en lo que cree. Conviene agregar que nos llevamos lo que edificamos en nuestro interior.

El tercer estadio de la conversión intelectual versa sobre la aceptación de Nuestro Señor Jesucristo como Hijo de Dios y de las verdades que postula la Iglesia Católica, Apostólica y Romana como creación suya. Ahora que muchos la atacan por distintos motivos, conviene recalcar no sólo su antigüedad, que bordea los dos mil años, sino su impacto en la civilización. El padre Spitzer S.J. observa que ella ha sido promotora de la más importante revolución que se ha producido en la historia de la humanidad. Dígalo si no la profusión de santos que le han dado lustre.

La conversión intelectual conduce a la espiritual, esto es, al reconocimiento de la trascendencia que conlleva, como enseña san Pablo, el tránsito del hombre viejo al hombre nuevo (Rom. 14, 23; Ef. 4,24; Col. 1,13). Se trata del hombre que deja de estar fijado en su naturaleza para abrirse al mundo de los valores supremos, es decir, el que no rige su moral por la utilidad, sino por la santidad.

De ahí se sigue. entonces, la conversión moral que ordena sus actitudes y su conducta hacia el Bien supremo.

La lectura cotidiana de la prensa nos ilustra sobre la presencia conspicua del mal en las sociedades. Mal que es inducido por Satanás y cada uno de nosotros hemos experimentado de distintas maneras en nuestro interior y en nuestras acciones. Así el mundo contemporáneo prescinda de la idea de pecado, tiene qué admitir la realidad de los defectos de carácter y los errores de conducta que la aseveran. Unos y otros nos esclavizan y atormentan (Jn. 8,34; Rom. 6, 17-19). Son yugos de los que está llamada a liberarnos la gracia de la conversión moral.

Estos días de Semana Santa brindan oportunidad propicia para reflexionar sobre lo que verdaderamente interesa en la vida, que es nuestro tránsito hacia la eternidad. Parafraseando a san Agustín, es algo que tarde he llegado a comprender, por lo que me considero apenas un operario de la última hora (Mt. 20, 1-16).

miércoles, 9 de abril de 2025

Lecturas cuaresmales

Para estar a tono con estos días de meditación me he sumergido en la lectura de dos libros verdaderamente fascinantes: "Christ, Science and Reason", del padre Robert Spitzer S.J., y "Jésus au fil de l'histoire", de Jaroslav Pelikan.

El libro del padre Spitzer afronta con rigor las graves cuestiones que se plantean acerca de la vida y la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, la credibilidad del Nuevo Testamento. los milagros que se detallan en los Evangelios y los eucarísticos, la Sábana Santa de Turín, las apariciones de la Sma. Virgen en México y Lourdes, los milagros relacionados con las mismas, las relaciones de la Iglesia con la ciencia y el impacto del catolicismo en todos los órdenes de la civilización. 

La lectura de este libro refuerza a no dudarlo la fe del creyente y arroja desafiantes retos para los escépticos. Si bien la fe es difícil, a punto tal que se afirma que es una gracia que nos viene de Dios, conviene recomendarles a quienes no la poseen e incluso la rechazan que abran sus mentes en procura de la luz llamada a disipar las sombras que rodean nuestra percepción de la realidad en que vivimos.

Hace poco leí unas declaraciones de Stephen Hawkin en las que afirmaba que los límites de nuestro conocimiento los fija la teoría general de la ciencia. Ésta, desde luego, nos suministra valiosas informaciones sobre el universo que habitamos, pero es discutible que el techo del vuelo de nuestra mente pueda fijarse a partir del inmanentismo materialista que niega toda trascendencia. Los razonamientos de Claude Tresmontant en "Cómo se plantea hoy el problema de la existencia de Dios" son pertinentes para sostener que el universo físico no es el ser necesario subsistente por sí mismo, dado que la ciencia ha establecido que tuvo cierto origen y probablemente esté condenado a su disolución. El ser necesario está en otra parte y es Dios. Es un concepto del que no podemos prescindir si aspiramos a un mínimo de comprensión de la realidad. Si lo negamos, no queda otro remedio que asumir el absurdo como última ratio de lo que existe y de nuestras vidas.

Los devotos del cientificismo dejan de lado la grave cuestión de los presupuestos metafísicos y hasta teológicos del saber que veneran. Este es un tema que aborda con exquisita lucidez Pelikan a partir de una decisiva observación de Alfred North Whitehead en "La Science et le monde moderne". Según este eminentísimo pensador británico, todo el trabajo científico parte de la idea de un orden cósmico racional que podemos aprehender mediante nuestro uso de razón. Porque hay una coincidencia de nuestra racionalidad con la del mundo podemos leer en su interior y captar sus estructuras y funcionalidades. 

Recuerdo que en su Historia del Pensamiento Jacques Chevalier insistía en que la gran metafísica griega partía de la base de que lo semejante conoce a su semejante. De ahí el paralelismo de las categorías lógicas y ontológicas que preside el pensamiento aristotélico. Y esa gran metafísica se hermanó con la teología cristiana para plantear, repito, la idea de un orden cósmico racional fundado en el Logos Divino.

En síntesis, sin la metafísica cristiana no se habría podido desarrollar la ciencia occidental.

Volviendo al libro del padre Spitzer, destaco lo que expone acerca del Santo Sudario de Turín, los milagros eucarísticos en México, Polonia y Buenos Aires, las manifestaciones de la Sma. Virgen en Fátima y las desconcertantes sanaciones en Lourdes, de las que hay reconocidas como milagrosas por la Iglesia unas 7.000, pero probablemente ascienden a 70.000.

El catolicismo no se funda en supersticiones ni en ideas ingenuas, sino en hechos y razones que están a la vista de todos y han sido sometidos a riguroso escrutinio a lo largo de sus 2.000 años de existencia.

Bien lo observa Pelikan en su precioso libro, a partir del examen de las distintas concepciones  que ha suscitado a lo largo de siglos: Nuestro Señor Jesucristo es la figura dominante de la historia de la cultura occidental, independientemente de lo que cada uno pueda pensar o creer al respecto.