sábado, 13 de abril de 2019

Colombia:¿un país ingobernable?

Cuando se expidió la Constitución de 1991, mi amigo José Alvear Sanín promovió la publicación de 12 ensayos sobre la misma y me hizo el honor de pedirme que escribiera el primero de ellos, en el que sostuve que ese que denominé el Estatuto del Revolcón contenía ingredientes susceptibles de hacer ingobernable a Colombia.

El próximo 4 de julio se cumplirán 28 años de la comedia en que Álvaro Gómez Hurtado, Horacio Serpa y Antonio Navarro dijeron a voz en cuello en cacofónico trío que expedían, sancionaban y promulgaban la carta de navegación dizque para un futuro promisorio en el que se harían realidad todos los sueños de este desventurado país.

Dije, y me ratifico en ello, que era de cierto modo la Constitución de Escalona, pues habían levantado una casa en el aire, que por cierto les quedó en obra negra y llena de remiendos. La que consideraron como obra perfecta e imperecedera, al cumplirse 27 años de su entrada en vigencia ya había sido objeto de 46 reformas (vid. https://www.lanacion.com.co/2018/07/08/a-los-27-anos-de-la-constitucion/), a las que siguieron las relacionadas con el NAF, con las que de hecho se la ha sustituído. No en vano ha observado Jorge Humberto Botero que el texto de ese acuerdo con las Farc, tal como lo refrendó el Congreso en acto a tudas luces irregular y lo legitimó la Corte Constitucional en decisiones más irregulares todavía, tiene todos los visos de una Supraconstitución inmodificable a lo largo de los tres períodos presidenciales subsiguientes a su firma (Vid. https://www.semana.com/opinion/articulo/acuerdo-de-paz-con-las-farc---columna-de-jorge-botero/609125).

Si la Constitución que se expidió en 1991 formalizó un acuerdo que saciara el apetito del M-19, protagonista del peor episodio de nuestra historia, que lo es el Holocausto del Palacio de Justicia, lo que ahora rige por obra y gracia de la claudicación de todos los poderes públicos coloca a la más sanguinaria y despiadada pandilla criminal que ha pisado el suelo patrio en el umbral del poder para que lleve a efecto su proyecto totalitario y liberticida.

En efecto, todo ahí está pensado para que los criminales de las Farc gocen de impunidad, se organicen políticamente bajo la protección de las autoridades, laven su imagen a través de la manipulación de la Memoria Histórica, la Verdad y la Justicia, gocen de libertad de acción para desestabilizar las instituciones invocando la movilización y la protesta populares, capitalicen la acción social del Estado en beneficio del sector rural, consoliden su poder económico por medio del narcotráfico, etc.

El funesto episodio de la "minga" que acaba de paralizar al suroccidente colombiano a lo largo de casi un mes es muestra fehaciente de lo que se avecina. Los agentes de la subversión gozan de la garantía de que sus desmanes no serán reprimidos ni castigados y, por el contrario, darán para ellos los frutos esperados. El gobierno, impotente para hacer valer sus prerrogativas, se siente bien servido porque no hubo el derramamiento de sangre que esperaban los subversivos para desacreditarlo ante el mundo. Se evitó la masacre que ellos esperaban, pero a costa del desquiciamiento de la autoridad.

Este es, en efecto, uno de los grandes males que aquejan a Colombia y la hacen, como digo, ingobernable. Una opinión mal orientada tiende a censurar el ejercicio de la autoridad, ignorando que sin el cabal ejercicio de la misma no puede haber orden ni garantía alguna de seguridad para los derechos más elementales que debe proteger una sociedad civilizada. 

El imperio de la ley ha desaparecido entre nosotros. Los asesinos, los corruptos, los narcotraficantes, los azuzadores, los degenerados, en fin,  los depredadores de todo género, obran a sus anchas porque saben que una ciudadanía desorientada por una prensa mercenaria no está dispuesta a apoyar a las autoridades cuando estas se apliquen a conservar y restaurar el orden social. 

Alguna vez leí un escrito del finado Alberto Aguirre, que en el fondo era un anarquista, en el que citaba un texto de Lévi- Strauss: "La civilización es un reglamento". Pues bien, si queremos hacer de Colombia una sociedad civilizada tenemos que empezar por que sea gobernable, es decir, por la consolidación de la autoridad. Ese es el punto de partida. Si lo desconocemos, todo andará al garete.

lunes, 11 de marzo de 2019

Estado de Derecho y Democracia en Colombia

Sendos artículos publicados en El Colombiano la semana pasada, de Alberto Velásquez Martínez (https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/estado-de-derecho-KB10330912) y Armando Estrada Villa (https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/estado-de-la-democracia-en-el-mundo-LC10309471), invitan a reflexionar sobre la situación del Estado de Derecho y la democracia entre nosotros.

El primero comenta un estudio de World Justice Project según el cual nuestro país empeora cada año en los índices de credibilidad y efectividad de su institucionalidad jurídica. El segundo ubica la nuestra dentro de la categoría de las democracias imperfectas,"donde los requisitos se cumplen a medias con elecciones libres y justas, respeto a los derechos civiles y políticos y reconocimiento del pluralismo, pero arrojan bajos niveles de participación, cultura política poco desarrollada y deficiencias en la gobernabilidad. "

Lo vengo diciendo desde hace tiempos: en Colombia ha desaparecido el Estado de Derecho. La juridicidad es una mera apariencia, pues las altas Cortes la manejan a su amaño, prevalidas de la ausencia de controles eficaces para sancionar sus escandalosos prevaricatos. De hecho, padecemos una ominosa dictadura judicial que se ha llevado de calle la separación de poderes que es de la esencia de un régimen que merezca ser catalogado como constitucional. 

La Constitución ha dejado de ser el referente supremo de la normatividad jurídica y la acción estatal, pues su contenido lo fija ad libitum la Corte Constitucional, que la pone a decir lo que ella quiera. Cinco magistrados que hagan mayoría sustituyen la voluntad del electorado, del Congreso o del Gobierno, sin asumir responsabilidad alguna por sus decisiones.

A ello se añade el fenómeno repugnante a más no poder de la conformación de  verdaderas pandillas criminales, los cárteles de togados que actúan en la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y, a la luz de lo que hace poco se ha sabido, también probablemente en el engendro monstruoso de la JEP, sobre la que acaba de publicar un impactante artículo Saúl Hernández Bolívar (Vid. http://saulhernandez.co/2019/la-putrefacta-justicia-especial-para-las-farc)

Habida consideración de la pésima experiencia del gobierno del presidente Uribe Vélez en su confrontación con la Corte Suprema de Justicia, que le hizo la más descarada de las oposiciones, el gobierno actual se ha mostrado cauteloso en sus relaciones con los diferentes órganos jurisdiccionales. Pero tarde o temprano llegará el momento de enfrentarlos para ponerlos en cintura. 

Esta crisis puede dejarse sin solución en el corto plazo, pero en el mediano o en el largo terminará desquiciando el orden institucional y habrá que buscarle remedio.

La crisis de la democracia colombiana va de la mano con la del Estado de Derecho. 

El estudio que cita Estrada Villa clasifica los regímenes políticos en democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios. Estos últimos desconocen totalmente los principios democráticos, tal como sucede por ejemplo en Venezuela, Cuba, Nicaragua, Rusia y China, es decir, en países de orientación comunista o que sufren la influencia de su vieja adhesión a dicha ideología.

Los rangos extremos de esta clasificación corresponden a la polaridad que enfrenta la democracia pluralista y la totalitaria, que fue objeto hace algo más de medio siglo de unas lúcidas lecciones de Raymond Aron en la Sorbona.

Hay consenso en Colombia acerca de la imperfección de nuestro régimen democrático. Pero muchos de sus críticos, consciente o inconscientemente, parecen inclinarse hacia la democracia totalitaria al estilo castro-chavista. Así las cosas, cuando en el NAF se habla de profundizarla, el modelo implícito que se tiene en la mira es el de las fenecidas democracias populares, que más que de corte autoritario eran totalitarismos mondos y lirondos.

Desafortunadamente, la democracia pluralista, de corte netamente liberal, no es de buen recibo entre nuestros intelectuales, porque la gran mayoría de ellos se han formado dentro de los cánones del marxismo que a lo largo de años ha sido la ideología predominante no solo en los establecimientos educativos públicos, sino también en muchos de los privados, incluyendo los religiosos.

De ese modo, denunciar la deriva totalitaria hacia la que tiende el NAF, como lo hacemos algunos pocos, da pie para que se nos califique como enemigos de la paz.

Insisto en una tesis que he venido sosteniendo en escritos precedentes: el acuerdo con las Farc no se convino sobre la base de que esta organización revolucionaria renunciase a este credo y aceptase los principios de la democracia pluralista, sino, todo lo contrario, a partir de la premisa de desquiciar estos principios y facilitar la realización de su proyecto totalitario y liberticida.

En rigor, parece imposible conciliar los dos extremos de pluralismo y totalitarismo, o de democracias perfectas y regímenes autoritarios que considera el artículo en comento de Estrada Villa.

La paz que promete el NAF no es tal. Su trasfondo es la capitulación de la democracia pluralista ante la totalitaria que promueven las Farc y sus simpatizantes.


miércoles, 6 de marzo de 2019

Miércoles de Ceniza

Anteriormente, el rito católico de imposición de la ceniza se acompañaba de las siguientes palabras: "Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás". Hoy se dice: "Conviértete y cree en el Evangelio".

Ambos enunciados son complementarios. El primero nos recuerda la fugacidad de nuestra vida terrenal; el segundo, nuestro destino eterno.

La conexión entre uno y otro surge del hecho de que del modo como nos comportemos aquí dependerá nuestra situación allá. Lo que llevamos con nosotros cuando hacemos el tránsito de esta vida mortal a la eterna es lo que hemos edificado en nuestro interior a partir del libre desarrollo de nuestra personalidad.

Es famoso el dictum de Heidegger: "Somos seres para la muerte". La idea que lo inspira está muy difundida en el pensamiento filosófico contemporáneo y en la mente de muchos hoy en día: solo contamos con esta vida mortal, nada hay más allá.

Pero, como lo apuntaba Pascal en su célebre apuesta, ¿qué sucede si en efecto nuestro ser más profundo sobrevive a la muerte del cuerpo y trasciende a otra dimensión supraterrenal?

Las consecuencias prácticas de aceptar o negar nuestra vocación de eternidad son notables.

El que sostiene que a lo más lo que queda de nosotros después de la muerte biológica es apenas un recuerdo destinada a perderse en las brumas del olvido puede adoptar distintas formas de vida. Quizás se esmere precisamente en dejar un buen recuerdo y trate de vivir ejemplarmente. Pero la fuerza de sus apegos terrenales suele llevarlo por otros caminos: "Vida hay una sola y tenemos que aprovecharla al máximo". 

Este es el punto de vista que en general anima al común de los mortales que descreen de la inmortalidad y a no pocos supuestos filósofos morales que consideran que cada individuo tiene derecho a la búsqueda de su propia felicidad, tal como él mismo la conciba, sin otras leyes que las de no dañar a otros y tolerar lo que ellos hagan en función de sus respectivas concepciones de tal felicidad.

Este individualismo extremo, tocado de hedonismo y relativismo, distorsiona el sentido de la moralidad, que en rigor tiene que ver con ordenamientos superiores al individuo que tienden a hacer que su conducta se acompase adecuadamente  con la de sus semejantes y con el buen ordenamiento comunitario, así como a elevarlo a un nivel superior, el de la trascendencia del espíritu. Dicho de otro modo, el sentido de la moralidad no lo fija cada individuo, sino que viene dado por realidades objetivas dentro de las cuales debe orientar su vida práctica.

La mejor tradición filosófica resume esta idea en el primado de la razón: debemos obrar racionalmente. Pero el pensamiento moderno, como lo han señalado no pocos de sus analistas, se halla inmerso en una crisis de la razón. Destaca, es cierto, la racionalidad científica que examina las causas eficientes y materiales, pero desatiende las causas formales y finales. Ha profundizado en ciertos aspectos de la realidad natural, para extraer de ese conocimiento la posibilidad de manipularla a través de la técnica. El reino de los medios es el campo predilecto de sus investigaciones. Pero suele ser un pensamiento ciego respecto del reino de los fines, es decir, el de los valores, a los que suele considerar subjetivos, arbitrarios y reacios al escrutinio racional.

Pero estos son los que confieren sentido a la vida humana. Si andamos en pos de valores equivocados, nuestra vida se frustrará. Por el contrario, si nos guiamos por los que verdaderamente interesan, será plena. 

La gran filosofía es la que se ocupa de las razones últimas de nuestra existencia y el modo de conducirla por el camino de la perfección., que no es otro que el de la santidad. 

Ese camino es el que nos señala el Evangelio al ofrecernos como modelo la persona de Nuestro Señor Jesucristo y sus enseñanzas. "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" no es cosa de mera retórica declamatoria, sino, como lo ha observado Claude Tresmontant, el principio de una ciencia rigurosa, la auténtica ciencia de la espiritualidad humana que nos conduce hacia Dios, principio y fin de nuestra existencia.

La gran tragedia colombiana es su devastadora crisis moral. Muchos de nuestros dirigentes y, a partir de sus malas enseñanzas y sus malos ejemplos, muchas de las gentes sencillas del pueblo, andan por sendas de perdición olvidando que al final tendrán qué rendir cuentas de todo el daño que se esmeraron en hacer en esta vida, cuentas que han de rendirse no ante la Historia, sino ante el Supremo Juez.

domingo, 24 de febrero de 2019

¿De cuál paz se trata?

Un politólogo eminente, David Easton, ha dicho que la política es la acción social tendiente a la adjudicación autoritaria de valores.

Estos son los que la animan. Por medio de ella se pretende mejorar la sociedad. Si tal no es su propósito, se la distorsiona. Ese conjunto de valores que se promueve se integra dentro de un concepto venerable: el bien común. Este es el que permite predicar la racionalidad del acontecer político, de suerte que si se lo deja de lado se entra en el escenario de la sinrazón, la arbitrariedad, las formas patológicas o desviadas de entenderlo y orientarlo.

El bien común puede definirse como el conjunto de condiciones externas que estimulan el adecuado desarrollo de las personas, las familias y las comunidades con miras a su perfeccionamiento material, anímico y espiritual. 

Bien se ve que hay valores de distintas clases y variadas jerarquías comprometidos en esta noción, por lo cual sus pormenores están abiertos a discusiones muchas veces interminables. Por eso, la política, como lo han observado estudiosos de la talla del profesor Duverger, exhibe una faz conflictiva. Es, si se quiere, el reino de lo controvertible por antonomasia.

En su seno se enfrentan intereses, apetitos, propósitos, ideales, utopías, doctrinas, discursos, programas, sensibilidades, protagonismos, modos de ser, etc. cuyas animosidades fácilmente derivan en violencia. 

De ahí que la primera necesidad de un sistema político sea el establecimiento de reglas de juego que reduzcan al mínimo los riesgos de aquella, pues si se la generaliza lo que peligra es el sistema mismo.

La aceptación leal y efectiva de esas reglas de juego por los diferentes actores políticos no es otra cosa que el compromiso por la paz. Este compromiso entraña la renuncia a la violencia como arma política partidista. Si se la deja en manos del Estado, es porque de hecho no se puede renunciar del todo a ella para mantener el orden social, pero ese monopolio supone también la existencia de reglas llamadas a precaver los abusos de las autoridades.

En las sociedades contemporáneas se considera que ante todo las reglas garantes de la paz deben dar sustento a sistemas democráticos genuinos, a unas libertades básicas, a compromisos serios en torno de la acción social del Estado, a políticas de mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores más desprotegidos, a promover la cohesión social y el desarrollo económico. Este, como dijo en memorable ocasión el hoy santo Pablo VI, es el nuevo nombre de la paz.

Pues bien, cabe preguntar si el Nuevo Acuerdo Final (NAF) que suscribió Santos con las Farc y obtuvo el aval del Congreso y la Corte Constitucional, en contra de manifestación expresa de la ciudadanía que votó mayoritariamente por el NO en el plebiscito del dos de octubre de 2017, ofrece en verdad garantías serias de una paz estable y duradera, o por el contrario mantiene el estado de violencia e incluso suscita nuevos factores de intensificación de la misma.

Cada vez se va viendo más nítidamente que el NAF no es un instrumento de paz entre los protagonistas de nuestros procesos políticos , sino de claudicación ante un sector minoritario al que se pretende dotar de ventajas exorbitantes para facilitarle la promoción de un proyecto totalitario y liberticida tendiente a someter al pueblo colombiano a un dominio tan oprobioso como el que se ha impuesto en Cuba y Venezuela.

En efecto, el NAF no significa la conversión de las Farc y sus aliados a los valores de la democracia liberal, sino la renuncia de esta a principios esenciales cuyo debilitamiento la desnaturaliza.

Solo la resiliencia del electorado colombiano, su negativa a darles el voto a los agentes de la revolución castro-chavista en su ominosa modalidad madurista y su rechazo a quienes han dado muestras de la barbarie más cruel y despiadada, podrán salvarnos del proceso de demolición que con buenas razones teme Eduardo MacKenzie que está en curso (Vid. http://www.lalinternaazul.info/2019/02/22/la-jep-o-la-demolicion-de-colombia/).

He escrito en otra parte que Colombia padece la opresión de una dictadura judicial contra la que es necesario rebelarse. Inquieta que el presidente Duque muestre tanta vacilación para enfrentarla, pues parece temer que le suceda lo mismo que al expresidente Uribe, contra quien dicha dictadura ha desplegado la persecución más descarada. Pero tarde o temprano habrá que darle batalla para poner coto a sus abusos.

El momento es propicio para ello. Los argumentos que ofrece Mauricio Vargas hoy en "El Tiempo" para vetar la Ley Estatutaria sobre la JEP y corregir lo que arbitrariamente le agregó la Corte Constitucional son contundentes.(Vid. htps://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/mauricio-vargas/corte-y-confeccion-columna-de-mauricio-vargas-330548).

sábado, 23 de febrero de 2019

Al dejar la prisión que las encierra, ¿qué encontrarán las almas?

Estos dos versos finales del poema "Crisálidas", de José Asunción Silva,  dan continuidad a mis dos últimos artículos.(Vid. https://www.poemas-del-alma.com/jose-asuncion-silva-crisalidas.htm).

En "Dos mundos", al referirme al tránsito que hacemos de esta vida mortal a la eterna, pregunto:"¿Cómo sucede ese tránsito? ¿Qué se lleva en él? ¿Qué encuentra en ese después? ¿Cómo transcurre ahí su nueva existencia?"

Como lo observa Georges Barbarin en "L'Après-mort", casi todos los seres humanos, que sabemos que vamos a morir, nos hacemos estas preguntas. Solo los materialistas recalcitrantes se niegan a plantearlas. Pero es frecuente que quienes se las formulan a sí mismos las evadan, sea por el miedo que les producen, ya por considerar que carecen de respuestas pertinentes, ora por indiferencia.

Pero si es un hecho que con la muerte no termina todo para nosotros, sino que comienza una nueva etapa cuya continuidad dependerá de lo que hayamos hecho con nuestra vida terrenal, estas preguntas son probablemente las más importantes que cada persona puede hacerse a sí misma.

Hay un miedo natural a la muerte, que procede del  instinto de supervivencia. Por lo común, tratamos de aferrarnos a esta vida, a menudo por la infundada creencia de que no hay otra. Pero muchas manifestaciones enseñan que ese tránsito en sí mismo no es doloroso, a duras penas si se siente al desprenderse el alma del cuerpo que la encierra. La copiosa literatura sobre Experiencias de Muerte Cercana (EMC o NDE en inglés) es bastante ilustrativa al respecto.

Cuando decimos que es el alma la que abandona el cuerpo empleamos un término bastante impreciso. Evidentemente quien hace el tránsito es, a primera vista, la conciencia del que muere, que mantiene su identidad. Es conciencia de sí. Pero hay que preguntarse en qué consiste ella misma y si de algún modo se aloja en otro cuerpo, que la sabiduría oriental considera como cuerpo astral o etéreo.

En otro escrito recordé que la antropología de San Pablo distingue, por así decirlo, tres niveles en el ser humano: el soma o cuerpo biológico; la psique o sistema mental; y el pneuma o espíritu. Este último puede equivaler a lo que algunos filósofos denominan el Yo profundo e incluso al inconsciente freudiano.

En una manifestación de alguien que pasó sus últimos años con la mente perdida, expuso lo siguiente: "Yo sufrí una amnesia, pero mi espíritu padecía". Otro, más explícito, dijo: "Mira el hoyo en que estoy metido". Se pierde la conciencia mental, pero permanece la espiritual y esos estados son de verdadero purgatorio.

Un amigo cuenta que cierta tarde, a las seis, se encontró de repente en la antigua carrera Unión de Medellín con un primo suyo que lo saludó y se despidió de inmediato diciéndole que iba de afán. Cuando llegó a la casa, le dijo su madre que se organizara para ir al velorio del primo, que se había colgado al  medio día.

Las manifestaciones visibles de agonizantes y difuntos están muy documentadas en la literatura. Los libros de Camille Flammarion y Jean Prieur, por ejemplo, suministran muchísimos detalles al respecto.

Frecuentemente se habla del tránsito a través de un túnel en el que van apareciendo sombras y  figuras muchas veces de parientes y amigos fallecidos, hasta que se divisa una luz blanca y esplendorosa. En una manifestación de mi finada esposa, que era un ser angelical, me dijo que al llegar a esa luz quiso contarme que estaba viendo a Dios.

No estaba consciente de que había muerto y pensaba que todavía podía comunicarse conmigo. 

Es un fenómeno también muy documentado. Sobre todo, muchos de quienes mueren repentinamente o de modo accidental tardan en darse cuenta de su nuevo estado. El psiquiatra norteamericano Carl Wickland ofrece abundantes eventos ilustrativos en su libro "Treinta años entre los muertos"(Vid. http://www.luzespiritual.org/Libro/30AnEntreLosMuertos.pdf).

Es frecuente que los ateos, los que le dan la espalda a toda espiritualidad o los que tengan apegos fuertemente enraizados al dinero, sus posesiones, el poder o el sexo padezcan esta experiencia. Uno de los peligros del juego de la Ouija es la atracción de entidades que tratan de quedarse en quienes participan en el mismo. Muchos casos de sugestión, vejación y hasta de posesión se explican por esta causa.

Hay evidentemente un libre desarrollo de la personalidad. Cada ser humano se hace a sí mismo, para bien o para mal. Y esa edificación interior  es lo que lleva consigo en el tránsito hacia la eternidad.

Un amigo, que era en verdad un dechado de virtudes, me dijo en una manifestación: "Estoy en el cielo". A otro que le pregunté cómo era su situación en el más allá me respondió: "Sufro mucho. Yo fui malo". Uno más fue bastante explícito: "Yo gozo ahora de una paz que ustedes no pueden entender, pero no estoy tan elevado como para ver a Dios. Lo aprecio como un resplandor. Al principio todo fue muy difícil, porque tuve que reconocer todo lo malo que hice y arrepentirme de ello".

El espíritu se confronta consigo mismo haciendo el repaso de la vida terrenal y es llevado a la ubicación que le corresponde según sus méritos o sus deméritos.

Un taxista que sufrió un grave accidente en una motocicleta me hizo el relato de una terrible EMC. Según su testimonio, viajó por el túnel y se encontró solo en un inmenso teatro haciendo inventario de su vida. Se sintió aterrorizado en medio de la oscuridad, pero de pronto algo lo devolvió a su cuerpo que había sufrido severas lesiones.

La teología católica distingue hoy tres postrimerías que le siguen al juicio post-mórtem: cielo, purgatorio e infierno. 

Hoy se insiste mucho en la esperanza que suscita la primera. Varios libros muy difundidos versan sobre la realidad del cielo. V. gr.  el libro del Dr. Eben Alexander, "La Prueba del Cielo" (Vid. https://www.terapeutasdechile.cl/uploads/libros/EbenAlexanderLapruebadelcielo.pdf). 

Sobre el purgatorio tratan las revelaciones de la mística austríaca María Simma: https://drive.google.com/file/d/0B7wQLOaQpm1IZWVLTldmSGtJaWlmSjRkT3BzdGY2MUloS3Jj/view. Es un estado del alma que debe evolucionar hacia la gloria a través del arrepentimiento de los pecados cometidos en la vida terrenal. Puede haber purgatorios leves, pero otros pueden ser drásticos, vecinos de los estados anímicos infernales.

El asunto del infierno suscita polémicas interminables, porque muchos creen que es un invento de la Iglesia para atemorizar a la gente y no es compatible con la misericordia de Dios. Pero en la Biblia hay  por lo menos 36 versículos que hacen referencia al castigo eterno (Vid. https://bible.knowing-jesus.com/Espa%C3%B1al/to pics/El-Infierno,-Como-Incentivo-A-La-Acci%C3%B3n). Y el Diario de Santa Faustina Kowalska, la célebre vidente polaca, revela una espantosa visión del infierno, que, además,es tema de las revelaciones de Fátima (Vid. https://drive.google.com/file/d/0B7wQLOaQpm1ISEdyNGJNYUY1RUU/view; https://www.abc.es/sociedad/abci-tres-secretos-fatima-201705092155_noticia.html).

Esta es la visión de Sta. Faustina.
"En Cracovia el 20 de octubre de 1936: Hoy, un Angel me llevó a los precipicios del Infierno. Es un lugar de grandes torturas. ¡Es impresionante el tamaño y la extensión del sitio!.

He aquí los tipos de torturas que vi:
1.- La primera tortura en que consiste el Infierno es la pérdida de Dios.
2.- La segunda es el remordimiento de conciencia perpetuo.
3.- La tercera es saber que esa condición nunca va a cambiar.
4.- La cuarta es el fuego que penetrará el alma sin destruirla, un sufrimiento terrible, ya que es un fuego puramente espiritual, encendido por la ira de Dios.
5.- La quinta tortura es la permanente oscuridad y un terrible hedor que sofoca, y que, a pesar de la oscuridad, los demonios y las almas de los condenados se ven y ven toda la malignidad, tanto propia como de los demás.
6.- La sexta tortura es la compañía constante de satanás.
7.- La séptima tortura es la horrible desesperación, el odio a Dios, las palabras horrendas, las maldiciones y las blasfemias".(Vid. 
https://www.pildorasdefe.net/aprender/fe/Sabes-que-torturas-aguardan-en-el-infierno-Santa-Faustina-lo-describe).









sábado, 16 de febrero de 2019

Dos mundos

Hay abundante evidencia sobre el hecho de que vivimos en medio de dos mundos, el natural y el sobrenatural. El primero lo percibimos a partir de la experiencia ordinaria. Tenemos acceso a él a través de los sentidos. Por eso se lo denomina mundo sensible. El segundo es, en cambio, suprasensible y lo captamos por medios paranormales.

Las ciencias experimentales han logrado admirables avances en la exploración y la explicación del mundo sensible, lo cual conlleva la posibilidad de controlarlo por medio de la técnica, a fin de ponerlo al servicio de nuestras necesidades y nuestros intereses. Pero hay que observar que una enorme porción de ese mundo escapa todavía a nuestro conocimiento. Lo que sabemos de los órdenes físico, químico, biológico, psicológico y social es todavía bastante fragmentario. 

Como lo señala Regis Nicoll en "Why there is a God and what it matters", la investigación en la microfísica cada vez nos apartan más de lo sensible y nos conecta con lo suprasensible (https://www.amazon.com/Why-There-God-Matters/dp/1520469837). Y lo mismo sucede en la investigación biológica, según lo detallan los estudios de Rupert Sheldrake (v.gr. http://www.sabiduriarcana.org/ciencia-y-espiritualidad.pdf). La presencia de lo psíquico en lo físico-químico y lo biológico es, por otra parte, tema de obras como The Conscious Universe, de Dean Radin Ph. D. (https://www.researchgate.net/publication/243772480_The_conscious_universe_The_scientific_truth_of_psychic_phenomena/download) o La Gnosis de Princeton, de Raymond Ruyer (https://www.amazon.com/s?k=9788485269433&i=stripbooks&linkCode=qs).

Flammarion trae a cuento una cita de Virgilio que resume la cuestión: "Todo lo que existe en el universo está penetrado del mismo principio, el alma, que anima la materia, que se mezcla con este gran cuerpo" (Flammarion, "La Muerte y su Misterio", Aguilar, México, 1947, T. I, p. 75).

Pero la investigación del mundo suprasensible es refractaria a los métodos de la ciencia experimental. Lo que sabemos de él es bastante más fragmentario y huidizo. De ahí que lo que en síntesis podríamos denominar las Ciencias Ocultas sufran enorme descrédito por su falta de rigor metodológico y lo aventurado de sus conclusiones, que a menudo son fantasiosas y se revisten de charlatanería.

No obstante ello, cabe admitir que hay múltiples interacciones entre el mundo natural y el sobrenatural. Este se pone de manifiesto en fenómenos como los milagros o las apariciones, así como en el interior de las mentes humanas (sueños, inspiraciones, etc.). Por su parte, la acción humana incide en lo sobrenatural para obtener resultados positivos (oración, sanación) o negativos (magia, brujería). Sobre esto último, es importante traer a colación las impresionantes experiencias que relata el padre Juan Carlos Callejas en su libro "Contra la brujería" (Vid. https://www.youtube.com/watch?v=HdcK14-ZBqo).

El gran tema de la distinción entre lo natural y lo sobrenatural es la supervivencia del alma a la muerte del cuerpo, vale decir, su tránsito de esta vida mortal a la eterna, al más allá o lo que denomina Jean Prieur como el "País del Después". 

¿Cómo sucede ese tránsito? ¿Qué se lleva en él? ¿Qué encuentra en ese después? ¿Cómo transcurre ahí su nueva existencia?

Sobre esto hay abundantísima bibliografía. Citaré, por lo pronto, una obra de referencia: "L'après-mort", de Georges Barbarin (Vid. https://www.amazon.fr/Georges-Barbarin-LApr%C3%A8s-mort-probl%C3%A8me-lau-del%C3%A0/dp/B0018J4DIC). 

miércoles, 13 de febrero de 2019

Descorriendo el velo

Camille Flammarion fue un famoso astrónomo francés que vivió en la segunda mitad del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX. Fuera de su notable aplicación a las matemáticas y el estudio de los astros, se destacó a través de investigaciones muy juiciosas y detalladas que hizo en torno de lo que hoy llamamos fenómenos paranormales o parapsicológicos. 

Contrariando tendencias dominantes en su tiempo, presentó una muy convincente refutación del materialismo, dentro de una tónica similar a la de un libro relativamente reciente de Charles Tart, "The End of Materialism", que he mencionado en este blog en otras oportunidades (Vid. https://www.amazon.com/End-Materialism-Evidence-Paranormal-Bringing/dp/1572246456). Su obra principal en este campo es "La Muerte y su Misterio" (Vid.http://libroesoterico.com/biblioteca/Espiritismo/Camille%20Flammarion%20La%20Muerte%20y%20Su%20Misterio.pdf). Poseo una edición castellana en tres volúmenes, publicada por Aguilar en México en 1947.

Dos tesis fundamentales emergen de las investigaciones de Flammarion: la existencia real de lo sobrenatural y la supervivencia del alma respecto de la muerte del cuerpo biológico.

Flammarion escribió en una época en que el espiritismo se puso de moda, para después desacreditarse por la proliferación de fraudes y de una literatura fantasiosa, supuestamente basada en  revelaciones de entidades procedentes del más allá que chocaban con creencias religiosas dominantes y hasta con el buen sentido.

Otro motivo de descrédito de las experiencias espiritistas radica en su evidente peligrosidad. Tomarlas como un juego, sobre todo por medio de la Ouija, no solo ha generado obsesiones, sino otros efectos que evidencian la acción de entidades malignas. Sobre el particular hay abundante literatura y yo mismo conozco de buena fuente casos verdaderamente aterradores de personas que imprudentemente se han aventurado a ese juego.

La Iglesia, siguiendo una tradición que viene del Antiguo Testamento, se ha mostrado reacia a estas experiencias, y con buenas razones, dado que ellas pueden dar lugar a tendencias morbosas, a engaños por parte de quienes las ejercitan y, lo peor, a abrir portales que sería preferible mantener bien cerrados.

Hay, por otra parte, una razón muy poderosa para desaconsejarlas, ya que a los difuntos es preferible no perturbarlos. Sé de una dama cuyo esposo falleció en circunstancias trágicas y ella se dedicó a invocarlo por medio de la Ouija. Un buen día una vecina le comentó que el esposo se le había aparecido en un sueño, pidiéndole que le dijera que estaba bien y dejara de molestarlo. con sus invocaciones.

Una amiga mía que enviudó precozmente cuenta que poco tiempo después de la muerte de su esposo pasaba cerca de una oficina y se le ocurrió hacer una diligencia que tenía pendiente en ese lugar.  A su lado, en la sala de espera, había una mujer desconocida para ella que, de pronto, le dijo: "Déjelo ir". Mi amiga replicó: "¿A quién?". La desconocida le dijo:"Al señor que entró con usted, que venía con una chaqueta de cuero a la que le faltaba un botón". Mi amiga reconoció ahí la descripción de su finado esposo, a quien, en efecto, le gustaba mucho lucir esa chaqueta.

Provocar las manifestaciones de los difuntos los perturba y es tan indeseable para ellos como peligroso para quienes lo intentan.

No obstante ello, hay manifestaciones espontáneas de quienes habitan lo que Jean Prieur ha denominado el "País de Después" (Vid. https://aquialla.wordpress.com/category/el-pais-de-despues/). Esas manifestaciones nos ofrecen valiosísimas enseñanzas acerca de lo que le  sucede al alma después de la muerte.

Unas de esas manifestaciones se dan en las Experiencias de Muerte Cercana (EMC; en inglés, NDE: Near Death Experiences), sobre las que se consigue muy abundante bibliografía, dentro de la cual se destacan libros como "La Muerte: un amanecer", de la Dra. Elisabeth Kübler-Ross; "Vida despues de la vida", del Dr. Raymond Moody; o "La Prueba del Cielo: el viaje de un neurocirujano a la vida después de la vida", del Dr. Eben Alexander (Vid. http://madrid.iacworld.org/experiencias-cercanas-a-la-muerte-libros/). 

El examen de las experiencias de quienes han salido del cuerpo habiendo sido declarados clínicamente muertos y luego han resucitado es contundente, pese al infundado alegato de quienes aducen que son producto de alucinaciones producidas por la química cerebral de los agonizantes. El Dr. Tart demuestra que esos testimonios acreditan experiencias reales que en, general pero no siempre, siguen ciertos patrones. Uno de ellos es el contacto con parientes difuntos.

A partir de sus experiencias con agonizantes, el Dr. Jean-Jacques Charbonier publicó un texto de referencia, "Les 7 bonnes raisons de croir à l'au-delà" (Vid. http://ekladata.com/0xdadWRT9qHaebtc-TbeLCvhGQg/Dr-Charbonier-Les-7-bonnes-raisons-de-croire-a-lau-dela-FR-PDF-.pdf)

Muchas otras manifestaciones ocurren a través de los que ahora se llaman canalizadores y antes médiums.

El fenómeno de la mediumnidad es conocido en todas las culturas, pero solo en los últimos tiempos ha sido objeto de investigaciones rigurosamente científicas, como las que adelanta el Instituto Winbridge (http://www.windbridge.org/). Mis experiencias personales al respecto no me dejan dudas acerca de la confiabilidad de ciertos médiums. Pero sería una historia larga de contar.

Debo destacar los estudios de Jean Prieur, a quien cité atrás, y el padre F. Brune, ambos recientemente fallecidos en Francia y autores de libros tan serios como "Los muertos han dado señales de vida" y "Mis encuentros con los muertos", que pueden consultarse en el blog  Teología de Aquí-Allá, de Alfredo Camarero-Gil.(https://teologiaaquialla.wordpress.com/about/)

El sitio de Victor Zammit es muy polémico, pero ofrece también aportes bastante significativos para el estudio de estos asuntos. Zammit es un abogado australiano que aplicó las técnicas de investigación jurídica al caso de la supervivencia. (Vid. http://survivalafterdeath.blogspot.com/2013/12/victor-zammit-vida-despues-de-la-vida.html). Publica todos los viernes en su Friday Afterlife Report noticias y comentarios sobre el Más-Allá y es posible suscribirse para recibirlo gratuitamente..

Las informaciones que por estos medios se obtienen deben ser objeto de discernimiento. No todas son creíbles ni pertinentes. Puede haber distorsiones en la transmisión y la recepción de los mensajes. Pero muchas son del todo confiables y no provienen, como ciertos prejuicios indican, de entidades malignas o burlonas. Como lo muestran las referencias de Jean Prieur y el padre Brune, los hay de profundo contenido espiritual y muy exquisita elevación mística, tales como los de Pierre Monnier  y Roland de Jouvenel (https://elcarterodepierre.wordpress.com/2014/07/27/francois-brune-mis-encuentros-con-los-muertos-4-capitulo-2/).