domingo, 15 de octubre de 2017

Carambolas Mentales

Mi finado amigo Federico Villegas Barrientos publicó hace años un libro con las "Carambolas Mentales" que había dado a conocer a través de distintos periódicos para deleite de sus lectores. 

Esas carambolas eran una especie de gregerías como las que hicieron famoso a Ramón Gómez de la Serna, en las que Federico hacía gala de la agudeza de su ingenio, lo divertido de sus juegos lingüísticos, la osadía de sus acrobacias verbales.

Ese ameno género poco abunda hoy, pero quedan todavía secuelas de su influjo do uno menos lo esperaría. Para rastrearlas, sugiero que se lea lo que con  solemnidad digna de mejor causa suele producir la Corte Constitucional en su intento de darle presentación jurídica a lo que es un ejercicio mondo y lirondo de un poder político sin Dios ni Ley.

De ello da muestra clara lo que se sabe del más reciente de sus fallos, el que se ocupa dizque del blindaje del NAF, cuyo contenido parece ser sibilino y evasivo en grado sumo. Quienes se han ocupado de interpretarlo prima facie han llegado a la conclusión de que en últimas, a su juicio, el NAF no es intocable, pero tampoco se lo puede hacer trizas. Piensa el fiscal Martínez que según ese fallo el NAF no es fuente de derecho (vid. http://www.semana.com/nacion/articulo/entrevista-fiscal-general-acuerdo-de-paz-y-corte-constitucional/543691), pero otros intérpretes afirman que, sin embargo, obligará a las autoridades a inspirarse en él durante los tres periodos presidenciales que seguirán al que ya anda penosamente por su cuesta final. 

"Que sí, que no", como reza una letrilla acerca de los mensajes de una margarita cuyos pétalos deshoja un ansioso pretendiente.

Según mi leal saber y entender, al tenor de lo que ha venido ocurriendo en Colombia en los últimos tiempos resulta ocioso examinar los avatares de la política a la luz de la normatividad jurídica, pues tengo claro que con el desconocimiento de la voluntad popular que se manifestó en el plebiscito hace un año, se produjo un golpe de estado que  puso término a lo que nos quedaba de régimen constitucional e instauró uno de facto que, si bien guarda ciertas apariencias de juridicidad, no obedece a la Regla de Derecho ("Rule of Law"), sino a la voluntad dictatorial de Juan Manuel Santos. 

A la luz de la definición tomista de la tiranía, Santos es, ni más ni menos, un tirano que hace de la ley lo que le da la gana.

¿Qué sucede cuando desparece la autoridad legítima en un país?

Tal como aconteció con el vacío de poder que se produjo en España y sus dominios a raíz del golpe que le propinó Napoleón a la dinastía de los Borbones, los pueblos resolvieron invocar su soberanía originaria, que no era invento de la Revolución Francesa, sino de la más ortodoxa escolástica medieval. Si en Colombia ya no  hay autoridad legítima, pues el poder está en manos de unos usurpadores, le toca al pueblo manifestarse para exigir que se respete su voluntad.

Estamos ya en vísperas de unas elecciones y la primera exigencia en torno suyo es que los llamados a organizarlas obren con lealtad y permitan que la opinión se manifieste libre y efectivamente. Pero como tenemos unos tramposos ejerciendo el poder, habrá que redoblar los esfuerzos para impedir sus tropelías. Al poder amañado será necesario enfrentarlo con la fuerza legítima de la voluntad popular.

Hay un antecedente digno de considerarse. El 5 de octubre de 1988 el pueblo chileno dijo No a la continuidad de Pinochet en el mando supremo. A pesar de las circunstancias adversas en que se desarrolló la campaña previa al certamen, el No triunfó abrumadoramente sobre el Sí , a razón del 55% sobre el 44 % (Vid. https://es.wikipedia.org/wiki/Plebiscito_nacional_de_Chile_de_1988). Según algunos analistas de la política chilena, el liderazgo de Ricardo Lagos fue decisivo para el logro de ese resultado.

Colombia cuenta hoy con el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez, a quien hay que rodear y seguir con miras a que la votación popular el año entrante sea tan contundente que Santos y sus conmilitones no puedan tergiversarla ni, muchísimo menos, desconocerla. Obtenido el triunfo, las soluciones jurídicas vendrán por añadidura. Entonces se verá lo que pueda hacerse con el NAF, la JEP, la CISIV y otros engendros funestos de este régimen oprobioso que ha querido someternos a la coyunda de las Farc y lo que estas significan.

Cuando la gente me pregunta qué hacer, mi respuesta es: piensen, infórmense, opinen, manifiéstense, háganse sentir, reasuman la soberanía que el tirano ha pretendido conculcarles.

Hay que reconstituir a Colombia, pero no en el sentido de la refundación bajo las consignas totalitarias del marxismo-leninismo que pretenden las Farc, sino de las tradiciones democráticas y liberales que configuran la esencia de nuestro constitucionalismo.




lunes, 2 de octubre de 2017

El NAF hace trizas la institucionalidad colombiana

Hace un año la ciudadanía colombiana votó mayoritariamente en contra del Acuerdo Final convenido por Santos con las Farc. Con ese voto, en sana lógica democrática y jurídica, dicho documento habría debido quedar sepultado. Pero, en virtud de aviesas maniobras, Santos, con la complicidad del Congreso y de la Corte Constitucional, intentó darle nueva vida presentándolo como un Nuevo Acuerdo Final (NAF).

Con todo, el maquillaje que le aplicó a ese cadáver no lo purga de sus múltiples y letales vicios jurídicos. 

Señalaré tres de ellos, a saber:

1) El NAF viola el principio de la soberanía popular.

El artículo 3o. de la Constitución Política es del siguiente tenor:

"La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, en los términos que la Constitución establece".

Según el artículo 1o. de la Constitución, Colombia se organiza en forma de república democrática, participativa y pluralista. Dicho de otro manera, ha adoptado la modalidad de democracia participativa, que va más allá de la meramente representativa, lo cual significa, a todas luces, que los diferentes mecanismos de participación popular previstos en la Constitución, entre ellos el plebiscito, prevalecen sobre los de representación. 

En síntesis, el voto popular no puede ser sustituido ni  desconocido por el Congreso, ni siquiera por la vía del acto legislativo ni la de la ley, y muchísimo menos por la de una simple proposición aprobada por ambas cámaras.

Lo que al respecto hizo el Congreso y avaló la Corte Constitucional no es otra cosa que un adefesio mediante el cual se dio un verdadero golpe de estado contra la Constitución. Por eso he venido sosteniendo desde entonces que en Colombia desapareció el régimen constitucional y se ha instaurado un verdadero régimen de facto. Santos, de hecho, obra como un dictador, así aparente ciertas muestras de respeto por la institucionalidad. Pero el modo como la burla es descarado en grado sumo, como acaba de verse con el decreto reglamentario de la JEP, que reglamenta una ley inexistente.

El NAF, estipulado contra manifestación expresa de la voluntad popular, no solo es antijurídico, sino ilegítimo. No vincula al Estado ni al pueblo que el mismo representa. Es, como lo he dicho en otras oportunidades, una camisa de fuerza que tarde o temprano habrá de romperse, pues conduce a la destrucción de la sociedad colombiana. 

No es un acto de paz, sino un gravísimo atentado contra los fines esenciales del Estado que consagra el artículo 2o. de la Constitución:"...servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios y deberes consagrados en la Constitución; facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación; defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo".

Todos estos fines valiosos quedan en entredicho con el contenido del NAF y las eventualidades de su implementación.

2) El NAF implica la sustitución de la Constitución por una vía que la Corte Constitucional considera lesiva de nuestro ordenamiento jurídico.

La Corte Constitucional declaró la inexequibilidad de la ley que autorizó la convocatoria de un referendo que haría posible la segunda reelección del presidente Uribe Vélez, argumentando que por ese camino se afectarían las bases mismas del régimen constitucional, lo que implicaría en el fondo no solo la sustitución del mismo, sino incluso su subversión.(Vid. http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2010/c-141-10.htm). 

Según la Corte, toda iniciativa tendiente a alterar la esencia de la Constitución Política solo puede adoptarse por una asamblea constituyente elegida por el pueblo con ese objeto. Ni siquiera la ciudadanía puede aprobar una reforma sustancial de la Constitución por medio de un referendo. Tampoco puede hacerlo el Congreso a través de acto legislativo ni, dese luego, de una proposición aprobada por sus cámaras.

Esta doctrina se reafirmó el año pasado, cuando  la Corte declaró la inexequibilidad de varias disposiciones del Acto Legislativo No. 2 de 2015, por considerar que implicaban la sustitución de "elementos basilares" del ordenamiento constitucional y no una mera reforma del mismo.(Vid. http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2016/c-285-16.htm).

Pues bien, no hay que ser un jurista avezado para ver que el NAF se superpone a la Constitución y la altera sustancialmente. Si la Corte Constitucional decidiera en concordancia con la jurisprudencia que ha reiterado, tendría que llegar a la conclusión de que dicho documento solo podría tener viabilidad jurídica si lo aprobara una asamblea constituyente surgida de la elección popular.

La implementación que se le está dando es evidentemente contraria al régimen constitucional, pero este, como vengo diciéndolo, de hecho ya ha desaparecido entre nosotros. Lo que hay es un régimen espurio que cubre de vergüenza a Colombia. 

3) La adopción de la CSIVI y la JEP configura el delito de traición a la patria.

El artículo 111 del Código Penal tipifica dentro de las modalidades del delito de traición a la patria la realización de actos que tiendan "a menoscabar la integridad territorial de la República, a someterla en todo o en parte a dominio extranjero, a afectar su naturaleza de Estado soberano, o a fraccionar la unidad nacional".

Pues bien, tanto el modus operandi de la CSIVI como de la JEP conllevan la sujeción por lo menos parcial del Estado colombiano a dominio extranjero y afectan su naturaleza de Estado soberano.

No otra cosa implica el hecho de que las diferencias que se presenten en el seno de la primera deban someterse a la decisión de cuatro gobiernos extranjeros (los de Cuba, Venezuela, Chile y Noruega). Y los cometidos de esa comisión no son de poca monta, pues a ella le corresponde el examen previo de toda la normatividad que pretenda aprobarse con miras a la implementación del NAF. O sea que las potestades normativas del congreso y el gobierno en estas materias se supeditan a lo que dispongan esos gobiernos. ¿No entraña ello la capitis diminutio de dichas potestades normativas, es decir, de nuestra soberanía?

Igual conclusión cabe respecto de la JEP, cuyos integrantes acaban de ser nombrados por una comisión de cinco miembros, tres de los cuales son extranjeros, fuera de que su secretario ejecutivo es nombrado por la ONU a través de una concesión de supranacionalidad no contemplada por la Constitución.

No cabe duda de que uno de los atributos básicos de la soberanía, tal como se la ha configurado a través de la historia, es la administración de justicia, a cuyo ejercicio está renunciando el Estado colombiano en lo concerniente a la elección de los magistrados de la JEP y el nombramiento de su secretario ejecutivo.

Se sigue de ahí que los negociadores del NAF, tanto de parte del gobierno como de las Farc, al parecer han incurrido en traición a la patria al acordar estas disposiciones. Y lo mismo cabe imputarles a los funcionarios que las están implementando.

Pero el Código Penal es hoy letra muerta frente a los desafueros del dictador Santos.¿Quién le pone el cascabel a ese gato?

lunes, 25 de septiembre de 2017

Viaje al fondo de la noche

Tomo prestado el título de la famosa novela de Louis-Ferdinand Céline para referirme al rumbo que llevan los procesos que vivimos en la Colombia de hoy.

Si a principios de la década actual, cuando ascendió a la presidencia Juan Manuel Santos, el porvenir del país parecía despejado y era promisorio, en estos momentos el panorama está lleno de espesos nubarrones que nada bueno auguran para el futuro cercano. La herencia que deja Santos está muy lejos de ser halagüeña, a punto tal que ninguno de quienes aspiran a sucederlo quiere dejarse encasillar como continuador de su legado.

Lo que él pensaba que sería su carta de presentación ante la historia, el Nuevo Acuerdo Final con las Farc dizque para la construcción de una paz estable y duradera, a poco andar está mostrando sus fisuras e inconsistencias. En rigor, amenaza ruina y ya se sabe que sus múltiples defectos no traerán consigo la anhelada paz, sino la recurrencia de los agudos conflictos que nos han azotado a lo largo de años. 

Es un acuerdo mal concebido que les promete a los criminales de las Farc gabelas inusitadas. De hecho, entraña la claudicación del Estado colombiano ante un grupo narcoterrorista que pretende, como lo he observado en otras oportunidades, imponer un régimen totalitario y liberticida inspirado en el marxismo-leninismo. 

La verdad, que según el discurso papal es requisito imprescindible para la justicia y la paz, es la gran ausente de ese pérfido convenio que las Farc ya están incumpliendo, como acaba de señalarlo el embajador norteamericano, y a todas luces se advierte que no tienen la intención de honrar.

El Santo Padre vino a hablarnos de la necesidad de la reconciliación, pero los gestos de los capos de las Farc lo que exhiben es su ánimo retaliatorio. Para muestra, lo que dijo alias Andrés París en el Externado acerca de que con la JEP se busca llevar a la cárcel al expresidente Uribe y su familia. Y qué decir acerca del homenaje al tristemente célebre "Mono Jojoy", al que el mismo París ensalza como el "Che Guevara de la revolución colombiana", en lo que, a decir verdad, no le falta razón, porque el tal Che era nada más y nada menos que un monstruo sanguinario.

Para lograr la firma de las Farc en el NAF, Santos entregó la institucionalidad colombiana. Es cierto que nuestro edificio institucional dejaba muchísimo que desear, pero al menos conservaba su fachada. Hoy exhibe una Constitución desarticulada sobre la que se pretende pegar el parche del NAF, lo que ha dado lugar a que prestigiosos juristas se pregunten cuál es en últimas nuestro ordenamiento fundamental, si es que algo queda que merezca esa denominación. Como reza una deliciosa milonga de José Canet, "lo que ayer fue de entero paño, hoy es fleco de trapitos que se caen a pedacitos sobre el recuerdo de antaño"("Trapitos"). Lo que nos resta de Constitución no es otra cosa, en efecto, que unos andrajos.

Es más, para facilitar la suscripción del NAF y su incorporación al ordenamiento jurídico con miras a implementarlo, Santos no vaciló en corromper a los congresistas, presionar a los medios y los gremios, manipular a la Corte Constitucional, debilitar a las Fuerzas Armadas, seducir a la Iglesia, desconocer los resultados del plebiscito y engañar descaradamente a Raimundo y todo el mundo. 

Si la institucionalidad en últimas reposa sobre fundamentos morales, lo que nos deja Santos es un ídolo con pies de barro, un ignominioso montaje ensamblado sobre mentiras y contubernios.

Lo he dicho y lo repito: estamos bajo un régimen de facto que no alcanza a ocultar sus vergüenzas cubriéndose con simulacros de juridicidad.

Para colmo de males, una economía que el gobierno de Uribe dejó bien encarrilada, hoy anda a la bartola, no solo en razón de la coyuntura externa, sino sobre todo por el desaforado endeudamiento y el no menos desaforado crecimiento del gasto público a que la ha sometido el ignaro Santos. Si como ministro de Hacienda de Pastrana raspó la olla, ahora como primer mandatario la hizo pedazos. Estamos en crisis y, sometidos a la coyunda del NAF, carecemos de medios idóneos para superarla.

Todo esto sucede en medio de una sociedad penetrada en todas sus esferas por el crimen. Tal como lo escribí a propósito de la visita del Papa, la nuestra es una sociedad devastada moralmente. Lo está, ante todo, en sus estratos dirigentes, como lo acredita el nauseabundo espectáculo de corrupción en la Corte Suprema de Justicia que acaba de destaparse, pero también en las restantes capas sociales, tal como se advierte en la crisis de la familia y el desmadre de la delincuencia, que es su producto natural. Si bien nos solazamos con las multitudinarias concentraciones que acompañaron al Papa en sus actos públicos, pensando que daban muestras del fervor religioso de nuestro pueblo, no podemos ignorar que se trata de una religiosidad muchas veces superficial, emotiva y poco consistente. Como dice el Evangelio de San Mateo, citando un texto de Isaías, "Este pueblo me honra con sus palabras, pero su corazón está lejos de mí"(Mt. 15-8).

Hemos vuelto, como en la desafortunada época de Samper, a quedar en la mira de los Estados Unidos y la comunidad internacional como país líder en los cultivos de coca y el tráfico de cocaína. No olvidemos que el NAF implica que nos convirtamos en país que no honra sus compromisos internacionales, pues la calificación del narcotráfico en que han incurrido las Farc como delito conexo con los delitos políticos viola flagrantemente la Convención de Viena. Y lo estipulado con ellas dizque para la erradicación de cultivos ilícitos y su sustitución por otros lícitos es a las claras un engañabobos que nos convierte en el hazmerreír del mundo civilizado. Vamos camino de la descertificación por parte de los Estados Unidos, con todo lo negativo que ello traerá consigo.

Ahora que el segundo período presidencial de Santos toca a su fin, ha aparecido una plétora de candidatos a sucederlo. En ella, como en todo lo humano, hay personajes excelentes, buenos, regulares, malos y pésimos. Lo primero que se le ocurre pensar a uno al ver esa cantidad de aspirantes es lo que suelen decir en los pueblos:"Mucho pobre junto pierde la limosna". Y así se ve en las encuestas, en la que ninguno cobra ventaja apreciable sobre los demás. Para peor, algunos de los que puntean son, simple y llanamente, aterradores.

Supongamos, sin embargo, que como en otros ámbitos, aquí la calidad terminará imponiéndose. Pensemos que este proceso de selección conduzca a que se consoliden los mejores. Y el que resulte elegido tendrá ante sí este dilema de Escila y Caribdis: si persevera en implementar el NAF, hará trizas a Colombia; pero si decidiere que no será posible cumplirlo, haciéndose menester introducirle correcciones sustanciales, ¿cómo lo logrará?

Santos dejará una armazón de hechos creados que será muy difícil de desarticular. En rigor, un nudo gordiano. Y, ¿cómo se desata un nudo de ese jaez?







miércoles, 13 de septiembre de 2017

Ecos del viaje papal

El papa Francisco goza de dos carismas que lo hacen atractivo para nuestras multitudes: el de su oficio como cabeza visible de la Iglesia Católica y el de su propia personalidad.

El primero lo vincula con lo sacro. Para los creyentes, el Papa representa a Nuestro Señor Jesucristo, guía la nave de Pedro, es hombre asistido por el Espíritu Santo y guía de los feligreses. Es un carisma que acompaña de suyo a todos los que ocupan tan elevado sitial e impacta incluso a muchos que no reconocen su sagrado ministerio.

El segundo corresponde a los atributos de su personalidad, que él sabe realzar inteligentemente. Es sencillo, bondadoso, campechano. Atrae espontáneamente a tirios y troyanos. Las mujeres lo encuentran lindo; al hombre de la calle le parece sabio. Él mismo se describe como un "cura de pueblo", quizás al estilo de "Don Camilo".

Las multitudes que convocó en su visita a nuestro país son muestra de su enorme popularidad entre nosotros. Ilustran, además, sobre el vigor de la fe católica en el pueblo colombiano y de la capacidad de movilización que tienen nuestros obispos y párrocos. Es un dato de nuestra realidad cultural que no debe de pasar por alto la casta de incrédulos que se enseñoreado en todos los ámbitos del poder y se empecina en imponer un laicismo que choca con lo más profundo de nuestra identidad espiritual. Colombia es un país católico, pésele a quien le pesare, lo cual no implica que sea intolerante ni clerical.

Pasado el entusiasmo de tan gentil visita, es hora de hacer el balance de sus frutos.

El fervor popular muestra que la gente del común anhela, desde luego, la paz y repudia la violencia. No quiere que las Farc vuelvan a la selva, ni mucho menos a sus crueles andadas.

Desde este punto de vista, nada más oportuno que los llamados del Papa a la reconciliación, a la misericordia, al perdón, a reconocer en todos los que hasta ayer nos confrontamos nuestra común humanidad y emprender el camino de la construcción de una sociedad equitativa en la que todos tengamos cabida.

Esos llamados, que pueden consultarse a través del siguiente enlace https://www.aciprensa.com/ebooks/FranciscoenColombia.pdf, son de distintas clases y se prestan a variadas interpretaciones.

Unos de ellos corresponden a su vocación de "cura de pueblo" y comprenden admoniciones que a todos convienen para vivir mejor y coexistir armónicamente con los demás. Otros tocan más directamente con la coyuntura en que nos encontramos inmersos y parecen ser tan generales que a unos les parecerán obvios, mientras que otros considerarán que pueden interpretarlos en distintos sentidos y hasta utilizarlos como arietes para descalificar a quienes no sean de su agrado. Pero hay, en fin, pronunciamientos claros y muy específicos, tales como los que se refieren a la verdad y la justicia como condiciones sine qua non de la paz o a la severa condena del narcotráfico, las conductas que generan deterioro ambiental, la corrupción política, las especulaciones financieras o el recurso a la violencia como medio de acción social y de solución de controversias de toda índole.

De lo dicho por el Papa se desprende que hay que alentar un clima de concordia, contra el que atentan las descalificaciones que de un lado o del otro empezaron a producirse a poco de él haberse manifestado.

El Papa no puede ignorar que toda política transcurre en medio de desacuerdos, de confrontación de puntos de vista, de intereses muchas veces contrapuestos. En este ámbito la paz no consiste ni puede consistir en que todos se sumen a las mismas líneas de pensamiento y de acción. Eso no es posible ni siquiera en el escenario espiritual que él dirige. De lo que se trata es de sujetar las controversias a reglas de juego equitativas y confiables para todos.

Creo que este es el sentido de lo que dijo en su discurso en la Plaza de Armas, al manifestar que el orden no puede fundarse en la fuerza, sino en leyes justas aceptadas por todos.

El Papa vino a alentar los esfuerzos que se están haciendo desde distintos sectores para lograr estos que Álvaro Gómez Hurtado habría llamado "acuerdos sobre lo fundamental". Pero fue cauteloso para no dar la impresión de que venía, como lo anunciaron sin mucho tino algunas personas interesadas en extraer de su viaje unos dividendos políticos, a blindar el NAF y promover su implementación tal como está concebido.

Es posible que Fernando Londoño Hoyos hubiera exagerado al afirmar que hay que hacer trizas ese acuerdo. Pero una apreciación serena de los hechos indica que desde muchos puntos de vista es un acuerdo tan defectuoso que no parece excesivo pensar que podría hacer trizas al país. Conviene, en consecuencia, abrir el debate que Santos no dio lugar a que se hiciera previamente a su suscripción para lograr los consensos que se requerían para asegurar su viabilidad.

Si las Farc están animadas por un auténtico deseo de incorporarse a un juego político razonable, lo lógico es que acepten que al NAF hay que introducirle correctivos que limen sus aristas más urticantes. Por ejemplo, la JEP debe convertirse en un instrumento de justicia y no de venganza contra la que ha advertido el Papa. Y su autodefinición como partido marxista-leninista contradice a las claras cualquier propósito de paz, pues esa doctrina predica precisamente la promoción de la lucha de clases y el uso de la violencia tanto para la conquista del poder como para su ejercicio. Et sic de coeteris.

Es verdad, como lo dice el Sumo Pontifice, que en la inequidad está la raíz de los males sociales y que, por consiguiente, el camino de la paz no puede ser otro que el de la justicia y, más específicamente, el de la justicia social. Hay que esmerarse, en efecto, en la construcción de una sociedad más igualitaria que ofrezca al mayor número la mejoría de sus condiciones de vida. Ya lo había dicho el hoy beato Pablo VI:"El desarrollo es el nuevo nombre de la paz". Pero es altamente dudoso que los caminos abiertos y recorridos por el castro-chavismo sean los más indicados para lograr esos objetivos. Como lo dijo Giscard d'Estaing en un célebre debate con los socialistas que lideraba Mitterrand:"Ustedes no tienen el monopolio de la justicia". De hecho, los países que han apostado por la confianza inversionista han sido los más exitosos en el mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones, en tanto que los que han optado por la vía de un socialismo fuertemente ideologizado no solo han aherrojado sus libertades, sino frustrado su bienestar.

La dirigencia política colombiana debería concentrarse en el examen de las soluciones llamadas a mejorar las condiciones de vida del pueblo, en lugar de estar engañándolo con falsas promesas demagógicas y explotándolo inmisericordemente con abusos disfrazados de "cupos indicativos" y "mermelada". Ese examen debe acometerse al tenor de reglas de discusión racional y no de la gritería, las falacias o los insultos.

Hagámosle caso al Papa serenando los ánimos y abordando con objetividad nuestra problemática social.


domingo, 3 de septiembre de 2017

"Hombre, hombre, no se puede vivir enteramente sin piedad"

Arthur Koestler utiliza como epígrafe de su extraordinaria novela "El Cero y el Infinito" esta frase que, según la edición en castellano que se publicó en Argentina, pone Dostoiewsky en boca de Iván Karamazov, pero en algotra parte he leído que pertenece más bien a "Crimen y Castigo".

Sea de ello lo que fuere, la cita es oportuna a raíz de la visita que el papa Francisco hará a nuestro país en esta semana, pues se la anuncia como de índole pastoral y  "dirigida exclusivamente a promover la paz y el bienestar de este país", tal cual reza una información de "El Espectador" de hoy.

Francisco viene, según ello, a hablar de la reconciliación y la misericordia. Dice Gianni La Bella en el mismo periódico:"Es que para el papa la misericordia no es sólo una virtud privada del cristiano, sino el camino político, histórico y cultural para construir una Colombia en paz".

Si estos son los propósitos de tan augusta misión, bienvenidos sean.

He dicho en otras oportunidades que Colombia padece una grave crisis espiritual. Nada más atinado, en consecuencia, que brindarle mensajes de sabiduría que eleven los corazones y orienten la solución de sus dificultades.

Estas, en buena medida, tienen que ver con la absurda violencia que hunde sus raíces en la confrontación de los partidos históricos a mediados del siglo XX, superada mal que bien por el Frente Nacional, pero continuada acto seguido por los movimientos revolucionarios, cuya barbarie dio lugar en las últimas décadas de ese malhadado siglo al surgimiento del paramilitarismo o como quiera llamárselo.  

Les he explicado a mis discípulos que nuestra historia reciente está signada por una fatídica trinidad que integran la violencia revolucionaria, la corrupción política y el narcotráfico, tres entidades infernales que se han coaligado para hacer del nuestro un país paria. Otros procesos han dado lugar, además, a que sin riesgo de exageración se nos pueda comparar con Sodoma y Gomorra. Como dijo al final de su vida Álvaro Gómez Hurtado, cuyos asesinos gozan hoy de la más descarada impunidad, a nosotros no nos une un tejido de solidaridades, sino una red de complicidades.

El Papa no puede ignorar que viene a un país devastado moralmente y ha sufrido toda suerte de inclemencias. Por supuesto que en su población hay heridas morales muy difíciles de sanar, odios que tardarán años en superarse, conflictos inextricables cuya comprensión requiere de fuertes dosis de paciencia y lucidez. Es una sociedad demasiado compleja y casi ingobernable. El Estado en no pocos lugares de nuestra accidentada geografía es apenas una ficción.

Dentro de ese cúmulo de inclemencias hay que mencionar, ante todo, la brutalidad de la confrontación armada. Admitamos que de ello son responsables los promotores de la violencia revolucionaria, como también los grupos extraoficiales que la han combatido y no pocos agentes del Estado. Pero en torno de los primeros media una calificación especial, por cuanto sus crímenes atroces no son obra de las circunstancias, sino de sus convicciones ideológicas.

En efecto, el marxismo-leninismo que profesan y del que no dan muestra alguna de arrepentimiento les ha suministrado motivos abrumadores para "matar con el fin de que otros vivan mejor", como lo dijo en mala hora algún personaje de infausta recordación que ejercía como "compañero de ruta" de los subversivos. 

Por eso he traído a colación a Koestler, cuya novela versa sobre los crímenes que promovió Stalin contra sus propios correligionarios en los tristemente célebres "Procesos de Moscú" en los años treinta del siglo pasado.

El marxismo-leninismo es una ideología que legitima la violencia como medio idóneo de acción política. Mejor dicho, la considera como la "partera de la historia", el motor principal del devenir de las sociedades, la ultima ratio de los procesos colectivos. Y, al tenor de ello, proclama que la misericordia es un prejuicio burgués. 

El Che Guevara, cuya efigie presidió la celebración eucarística del Papa en La Habana hace unos meses, y que es visto por la izquierda, siguiendo un torpe concepto de Sartre, como "el ser humano más completo de nuestra era", resumió así su idea homicida de justicia en el famoso "Mensaje a la Tricontinental": "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".(http://www.lanacion.com.ar/726599-el-che-guevara-una-violenta-selectiva-y-fria-maquina-de-matar).

¿Cómo recibirán las Farc los mensajes del papa Francisco acerca de la reconciliación y la misericordia, si no han renunciado a su ideología marxista-leninista, ni a la combinación de las formas de lucha que la misma profesa, ni al odio llamado a convertir al ser humano en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar?

El Papa trae consigo un mensaje fundado en las enseñanzas evangélicas. Pero a los comunistas de las Farc probablemente les entrará por un oído y les saldrá por el otro, pues el enemigo número uno de su ideología marxista-leninista es precisamente la religión, que para aquella es la fuente principal de la alienación humana. Por eso, cuando llegan al poder la persiguen sin contemplaciones.

Resuenen todavía en mis oídos las elocuentes palabras de S.S, Pablo VI cuando en 1968 habló en Bogotá: "La violencia no es cristiana, ni es evangélica".

Tomo de su discurso de apertura de la segunda conferencia del Celam el siguiente párrafo que cobra hoy nítida actualidad:

"Cristianismo y violencia
Si nosotros debemos favorecer todo esfuerzo honesto para promover la renovación y la elevación de los pobres y de cuantos viven en condiciones de inferioridad humana y social, si nosotros no podemos ser solidarios con sistemas y estructuras que encubren y favorecen graves y opresoras desigualdades entre las clases y los ciudadanos de un mismo país, sin poner en acto un plan efectivo para remediar las condiciones insoportables de inferioridad que frecuentemente sufre la población menos pudiente, nosotros mismos repetimos una vez más a este propósito: ni el odio, ni la violencia son la fuerza de nuestra caridad. Entre los diversos caminos hacia una justa regeneración social, nosotros no podemos escoger ni el marxismo ateo, ni el de la rebelión sistemática, ni tanto menos el del esparcimiento de sangre y el de la anarquía. Distingamos nuestras responsabilidades de las de aquellos que por el contrario, hacen de la violencia un ideal noble, un heroísmo glorioso, una teología complaciente. Para reparar errores del pasado y para curar enfermedades actuales no hemos de cometer nuevos fallos, porque estarían contra el Evangelio, contra el espíritu de la Iglesia, contra los mismos intereses del pueblo, contra el signo feliz de la hora presente que es el de la justicia en camino hacia la hermandad y la paz."

Quiera Dios que las palabras que tiene preparadas el papa Francisco para esta visita apostólica caigan, como la buena semilla del sembrador, en terreno abonado.

Conviene recordar que la misericordia divina no conoce más límite que el endurecimiento del
pecador (Isaias 9, 16; Jeremias 16, 5. 13).

¿Cuán dura será la cerviz de aquellos a quienes irán dirigidas las palabras del papa Francisco en su visita a Colombia?



miércoles, 30 de agosto de 2017

¿Viene el Papa a blindar la imposición de la ideología de género en Colombia?

La ideología de género campea a lo largo y ancho del NAF. Aunque los grupos cristianos que apoyaron el No en el plebiscito pidieron que se la excluyera del primer acuerdo, tanto el gobierno como las Farc se negaron rotundamente a considerar esa solicitud.

De La Calle, con su tono engolado, salió a decir, citando a Simone de Beauvoir sin mencionarla, que "No se nace mujer, sino que se llega a serlo".(http://www.semana.com/nacion/articulo/humberto-de-la-calle-aclara-enfoque-de-genero-de-los-acuerdos-de-paz/499350; https://culturacolectiva.com/historia/no-se-nace-mujer-llega-una-a-serlo-simone-de-beauvoir/). Y las Farc, por su parte, alegaron que dentro de los acuerdos de paz había que decidir sobre la condición femenina y especialmente acerca de la violencia contra la mujer, asunto en el que, dicho sea de paso, esa organización criminal ha dado bastante que hablar.

Aunque los defensores del NAF niegan que la multitud de referencias que en el mismo se hacen a los derechos de la mujer y de los integrantes del colectivo LGTBI no entrañan de suyo la adopción de la ideología de género, todo lo que en ese funesto documento se estipula está concebido para que sirva de criterio de interpretación de la normatividad que se dicte para darle cumplimiento y obliga a todas las autoridades colombianas.

En realidad, esas referencias ponen de manifiesto compromisos ideológicos con el marxismo cultural, que es la matriz más significativa de la ideología de género. En el documento programático de las Farc se alude expresamente al tema de la lucha para emancipar al ser humano de todos los lazos culturales y naturales que condicionan y limitan sus aspiraciones libertarias. Y ese es en rigor el trasfondo de dicha ideología.

El marxismo cultural dice enriquecer su acervo ideológico con aportes que proceden de distintas vertientes, tales como el pansexualismo freudiano, la revolución sexual de Wilhelm Reich, las tesis de Simone de Beauvoir sobre el segundo sexo o las supuestas investigaciones sobre la conducta social de hombre y mujeres que presentó Kinsey en sus famosos informes, cuyos fraudes denunció  Judith Riesman en el libro que puede descargarse a partir del siguiente enlace: http://www.drjudithreisman.com/archives/Kinsey_Sex_and_Fraud.pdf

El punto de partida esta "mélange" es el dogma de la filosofía historicista alemana, preñada de neokantismo y neohegelianismo, según el cual "el hombre no es naturaleza, sino historia". Este enunciado le sirve de base a Sartre para afirmar que "en el hombre, la existencia precede a la esencia" y, por consiguiente, él se hace a sí mismo con independencia de todo condicionamiento. Su realidad es plástica, flexible, maleable hasta el extremo.

El papa Benedicto XVI, que sí goza de una muy sólida formación teológica y filosófica, ha señalado desde que escribía como Joseph Ratzinger que esta concepción de la libertad conlleva la negación del ser mismo del hombre:"... Todo esto, en el fondo, disimula una insurrección del hombre contra los límites que lleva consigo su ser biológico. Se opone, en último extremo, a ser criatura. El hombre tiene que ser su propio creador, versión moderna de aquel ‘seréis como dioses’; tiene que ser como Dios”(Vid. http://dspace.ceu.es/bitstream/10637/8168/1/Ideologia_VicenteMorro_2015.pdf)

La distinción entre "sexo", como categoría biológica, y "género", como categoría cultural adolece, tal como suele formulársela, sobre todo en boca de un diletante frívolo como De La Calle, de no pocas inconsistencias. Pero estas no amilanan a los ideólogos, que no van tras la verdad, sino de otros cometidos a menudo emocionales, pasionales o meramente utilitarios. De lo que se trata aquí es de destruír el orden tradicional de la civilización y erradicar la moralidad judeo-cristiana que privilegia la familia y la sexualidad responsable.

La ideología de género va muchísimo más allá de la protección razonable de la mujer frente a las inequidades que le impone la tradición o la comprensión amigable de las variadas peculiaridades de la conducta sexual. Su cometido final es muy otro, como puede advertirse no solo a partir de muchos de los enunciados con que se la formula, sino de las aplicaciones que la ponen en práctica.

No obstante la tesis de que el hombre es ante todo cultura y por consiguiente libertad frente a los condicionamientos de la naturaleza, también rechaza la cultura en cuanto tradición. Lo que le interesa es la cultura como agente de creación ex novo, es decir, como despliegue de todas las potencialidades de la imaginación, que no son susceptibles de confrontarse con lo que ha sido ni con lo que es, sino con lo que se desea. El deseo se convierte así en la clave de la comprensión del ser humano.

Ahora bien, en razón del pansexualismo,  esta ideología  pone su acento en el deseo sexual como principal motor de la conducta humana y máxima fuente de goce. El deseo y el goce que del mismo se deriva no deben sujetarse a cánones ni modelos preestablecidos  con base en la consideración de la naturaleza ni de la sociedad. Son autónomos y versátiles, de suerte todo lo que los restrinja atenta contra la libertad humana. Las únicas limitaciones que se consideran tolerables son las llamadas a evitar que se cause daño a otros, pero ese concepto de daño se mira cada vez con mayor flexibilidad.

A partir de ahí, pululan los ataques contra la familia tradicional, ya porque se la considere "alienante", bien porque se la debe redefinir en función de la maleabilidad del ser humano, sin que interesen las consecuencias que esa redefinición o relectura acarrean para la civilización.

A quienes promueven ese nuevo orden o, más precisamente hablando, desorden, no sobra recomendarles la lectura del texto ya clásico de Carl J. Zimmerman, "Family and Civilization", que muestra que la fortaleza de nuestra civilización emana de las concepciones de la familia heterosexual y la sexualidad responsable que impuso el cristianismo.(Vid. ISI Books, Wilmigton, Delaware, USA, 2008).

En nombre de la emancipación se ha difundido una idea de los derechos sexuales que termina destruyendo la libertad en nombre de ella misma, según lo demuestra Gabriele Kuby en "The Global Sexual Revolution" (Angelico Press, Kettering, OH, USA, 2015).

Todo comienza ubicando la sexualidad dentro de la categoría de la intimidad, para luego afirmar que esta es un espacio de entera libertad al que la normatividad jurídica solo puede referirse con miras a su protección, mas no a su regulación. Se sigue que lo que dos o más adultos hagan en su intimidad a nadie le importa, desde que no haya daño entre ellos.

De ahí se sigue un sinnúmero de corolarios que ameritan tratarse en capítulo aparte. Menciono algunos: la libertad sexual justifica la despenalización del incesto, como se propuso en nuestra Corte Constitucional en salvamento de voto de ingrata memoria; la Corte Suprema de los Estados Unidos aprobó el aborto en 1973 con base en la protección del derecho a la intimidad de la mujer; no solo a los adolescentes, sino también a los niños, hay que garantizarles sus derechos sexuales, lo cual está conduciendo a que se proponga la legalización de la pedofilia.

La ideología de género promueve una verdadera revolución cultural. Los que la sostienen afirman que hay que adelantarla desde la escuela, aún en las primeras etapas. De ahí los programas de educación sexual tendientes a imponerles a los niños desde la más tierna infancia la idea de que la homosexualidad es tan legítima como la heterosexualidad, así como a enseñarles que son dueños de su sexualidad y la pueden compartir con los adultos. A los maestros se les exige que sus lecciones sean explícitas.

Pero como todo esto choca con los criterios de los padres y especialmente con las ideas religiosas, a los padres y pastores que se opongan a estas modalidades aberrantes de educación sexual y se atrevan a calificar como desordenada la conducta homosexual, se los castiga con distintas penalidades, aplicables además a los maestros que se niegan a este tipo de enseñanza.

No entraré en detalles que alargarían el texto de este artículo. Remito al impactante libro que sobre el tema escribió hace algunos años Janeth Folger y que ahora está más vigente  que cuando lo publicaron: "The Criminalization of Christianity"(Vid. https://www.amazon.com/Criminalization-Christianity-Before-Becomes-Illegal/dp/1590524683)

Todas estas implicaciones están in nuce en la farragosa y acaramelada palabrería del NAF. Le pregunto al cardenal Salazar si el Papa vendrá a Colombia a blindar lo ahí acordado para destruir la moralidad y la religiosidad del pueblo colombiano.



viernes, 25 de agosto de 2017

¿Quo Vadis, Francisco?

Si el Papa viene a Colombia, según dicen por ahí, a darle un espaldarazo al acuerdo que celebró Santos con las Farc, es porque no lo ha leído; si lo leyó, no lo entendió; y si lo entendió, participa del propósito de entregarnos a manos de una brutal banda que no solo es marxista-leninista, con todo lo que ello entraña, sino narco-terrorista.

Cosa distinta sería que viniera trayendo consigo el mensaje de Fátima, que pide conversión, arrepentimiento, expiación y oración.

Hace poco escribí que de hecho viene a Sodoma y Gomorra, dado que la nuestra es una sociedad cuyos valores cristianos van en vía de práctica desaparición y ha conocido en la últimas décadas unas  calamidades morales de tal índole que han resquebrajado del todo lo que Marco Palacios llamó en un escrito que conviene evocar de nuevo aquí: "La delgada corteza de nuestra civilización".

La nuestra, como sucede en otras latitudes, es ante todo una profunda crisis moral, y el supuesto "Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera" no es otra cosa que una deplorable manifestación de dicha crisis.

La paz constituye, desde luego, un valor de la más elevada jerarquía. No en vano está en el centro mismo del Evangelio:"Mi paz les dejo, mi paz les doy"(Jn. 14:27), dice el Señor. Pero, acto seguido, especifica: "La paz que yo les doy no es como la que da el mundo".

Preguntémonos, entonces, si la paz de que habla el documento Santos-Farc viene de lo alto o, por el contrario, es la engañosa que ofrece el mundo.

La paz que ofrece el Reino de Dios procede de la armonía de cada persona consigo misma, con el prójimo, con el medio social y el medio físico que la rodea, y con el propio Dios. Esa armonía es el tema central de la ética, que identifica las reglas adecuadas para la realización espiritual del ser humano, es decir, las que lo llevan a trascender de su estado meramente natural hacia instancias superiores que lo acercan a Dios. Claude Tresmontant lo ha dicho con todo el rigor que corresponde: el mensaje de Jesús de Nazareth invita a la divinización del hombre, a ser perfectos como el Padre Celestial lo es (Mt. 5:48).

La paz, así concebida, es obra del espíritu, que actúa según la verdad y la justicia.

Cosa muy distinta es la paz que da el mundo, en la que se pone de manifiesto el "Padre de la Mentira"(Jn. 8:42-44). Es una paz aparente, mal fundada, hija de la seducción, del engaño, de la componenda, de la traición, del entuerto.

¡Qué duda cabe de que lo acordado por Santos y las Farc adolece de todos estos vicios!

Es un documento torticero, contrario no solo a derecho, sino a la verdad y la justicia. La mentira campea a todo lo largo y ancho de sus 310 páginas. Basta con leerlo y examinar el modus operandi de su elaboración y su imposición. (Vid. http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-conversaciones/Documentos%20compartidos/24-11-2016NuevoAcuerdoFinal.pdf)

En unas desafortunadas declaraciones previas al plebiscito del 2 de octubre, en el que el pueblo colombiano rechazó ese artero documento, el Papa se atrevió a decir que "Santos se la juega toda por la paz" (Vid. https://secretummeummihi.blogspot.com.co/2017/08/alguien-que-le-cuente-los-de-corriere.html?utm_content=buffer3ee40&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer). Ojalá la prudencia lo invite a reflexionar ahora sobre este tópico y le aconseje que no se la juegue toda por ese Nuevo Acuerdo Final (NAF), que es resultado de la cobarde o cómplice claudicación de Santos en aras de la obtención de su ansiado Premio Nobel de Paz, y de una audaz maniobra de las Farc, el "Gambito de Dama" a que me referí en mi último escrito para este blog.

"De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno", es un dicho de sobra repetido que el Papa parece desafiar a cada rato.

Sus recientes declaraciones sobre la invasión islámica a Europa han desconcertado a tirios y troyanos en el viejo continente, tal como puede leerse, por ejemplo, en este artículo publicado por Boulevard Voltaire, un medio que suele simpatizar con las posturas católicas: http://www.bvoltaire.fr/pape-francois-serait-judas-vatican/?mc_cid=e4574fe248&mc_eid=ebb220c34a

Ahí se le acusa de poner en peligro la seguridad de todos los europeos, que sufren hoy la amenaza del terrorismo musulmán.

¿Ignora, en lo que a nosotros atañe, que el NAF nos pone ad portas de la instauración de un régimen totalitario y liberticida de inspiración marxista-leninista, controlado por una mafia narcotraficante, que según pregonan sus propiciadores traerá consigo la imposición de la ideología de género y, en consecuencia, la persecución soterrada a quienes creemos en el Evangelio?

Es verdad que el Evangelio nos invita a perdonar y olvidar las ofensas, así como a ser misericordiosos y pacientes. Pero la Sagrada Escritura nos habla de mantenernos alertas frente a las asechanzas del Demonio (V.gr. Efesios 6:13-18). Y San Pedro nos advierte: "Sean sobrios y estén vigilantes, porque su enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quien devorar" (Pedro 1:58)

Las Farc son maestras en el arte del engaño. Bueno sería que el actual ocupante de la Sede de San Pedro viniera a prevenirnos contra sus aviesos propósitos.