jueves, 7 de mayo de 2026

La Violencia en Colombia

Tanto el que nos desgobierna como quien aspira ser su heredero en el cargo que de modo espurio e indigno ocupa insisten en que nuestro país ha sido dominado por una oligarquía asesina cuyos desmanes han causado centenares de miles de víctimas, bien sea por la violencia oficial o por la de esbirros suyos.

Como decía el exprocurador Ordóñez, ellos lloran por un solo ojo. Si bien es cierto que a las autoridades y a grupos por lo menos tolerados por ellas pueden atribuírseles muchísimos crímenes, de los que dan cuenta varias investigaciones que se han realizado en procura de mostrar la verdad de la tragedia que a lo largo de muchos años ha enlutado nuestro acontecer, los mencionados personajes son más que reticentes para referirse a la responsabilidad de los comunistas y sus compañeros de ruta por los sufrimientos que nuestro pueblo ha padecido por lo menos durante las ocho últimas décadas.

Es claro que la llamada Violencia que se desató desde la segunda mitad de la década de los años cuarenta del siglo pasado y se hizo más cruel en los comienzos de la década del cincuenta tuvo su origen en los conflictos entre los dos partidos históricos. Como me dijo un destacado dirigente liberal que conoció de cerca los acontecimientos de esos años aciagos, con la llegada de Mariano Ospina Pérez a la presidencia los conservadores pensaron que lo habían ganado todo y los liberales creyeron que no habían perdido nada. Pese a que Ospina, que era ecuánime y sereno, intentó llevar a cabo un gobierno de unidad nacional en el que colaboraran conservadores y liberales, la pugnacidad entre unos y otros lo desbordó, por lo que cuando su período tocaba a su fin convocó a los entonces candidatos de los partidos históricos para proponerles que, en vista del agudo conflicto que había y la  enorme dificultad para celebrar elecciones pacíficas, asumiera el poder una junta integrada por un conservador, un liberal y un militar que pacificara el país y pudiera garantizar luego un proceso electoral que a todos satisficiera. El candidato liberal, Darío Echandía, delegó su representación en Alfonso López Pumarejo, quien rechazó de plano esa iniciativa que le habría ahorrado al país sufrimientos sin cuento, alegando que su partido no aceptaba sacrificar sus mayorías. Me decía el dirigente en mención que López, con la habilidad de los dirigentes del partido para hacerse aplaudir sus errores, fue vitoreado por la junta de parlamentarios, ante la cual sólo se alzó una voz que pedía que se aceptara la tabla de salvación que ofrecía el presidente Ospina. 

Leí en mi adolescencia un libro bastante ignorado de Eduardo Caballero Calderón, "Cuestiones Colombianas", en el que relataba su experiencia como Registrador Nacional del Estado Civil por ese entonces, cargo al que hubo de renunciar, según dijo, porque no quería patrocinar la sangrienta farsa en que se convertirían las elecciones de 1949.

Esa violencia interpartidista se moderó con la llegada al poder del general Rojas Pinilla, que prometió "Paz, Justicia y Libertad", así como el cese de todas las depredaciones que se venían sufriendo. El "Golpe de Opinión" que según Echandía lo llevó a la presidencia tuvo efectos muy positivos para la pacificación del país. Recuerdo el despliegue fotográfico con que la revista Life registró el evento de la entrega de armas de una fila enorme de guerrilleros de los llanos al general Duarte Blum.

Pero al lado de las guerrillas liberales que aceptaron el programa de Rojas y las que después se acogieron al plan de rehabilitación que puso en marcha el gobierno de Lleras Camargo bajo la gerencia de José Gómez Pinzón, había unas guerrillas comunistas que perseveraban en la lucha armada. Cuenta el general Valencia Tovar en sus memorias que le tocó actuar en Tolima para poner en práctica ese programa. Los guerrilleros liberales manifestaron su disposición para desarmarse, pero le advirtieron que los comunistas no estaban dispuestos a entregarse. Dentro de sus dirigentes estaba el después conocido como Tirofijo, tristemente célebre por las atrocidades que cometió. 

Esas guerrillas comunistas fueron el germen de las Farc. La Revolución Cubana les dio ánimo. Cuba fue después la promotora del ELN y auxiliadora del M-19. A raíz del conflicto entre la URSS y China, ésta patrocinó más tarde al EPL.

El comunismo no fue ajeno al conflicto entre liberales y conservadores. Todo lo contrario. Hay múltiples indicios que vinculan al comunismo internacional con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948. Es creíble que lo sucedido en ese día aciago fue un "putsch" orquestado por los comunistas para sabotear la Conferencia Interamericana que se estaba celebrando y derrocar al presidente Ospina Pérez. Es lo cierto que esos hechos asustaron al conservatismo, llevándolo a impedir que el liberalismo volviera al poder en 1950, tal como se lo confesó Jorge Leyva a Alberto Jaramillo Sánchez cuando viajó a Miami a proponerle la unión de los partidos para superar la dictadura de Rojas. Así me lo contó la viuda de Jaramillo.

El Frente Nacional aclimató la convivencia pacífica entre liberales y conservadores, pero los comunistas no entendieron o no quisieron aceptar ese programa bienhechor para la suerte de la patria. Su sectarismo y la idea de que con Cuba la revolución estaba a la vuelta de la esquina los llevó a considerar que dentro de las diferentes formas de lucha se justificaba la rebelión armada contra la institucionalidad colombiana. Como lo dijo alguien de no muy grata recordación, encontraban moralmente admisible matar para que otros supuestamente vivieran mejor. 

El Centro de Memoria Histórica, bajo la dirección de Darío Acevedo, realizó una acuciosa investigación sobre los crímenes de las Farc y el ELN que el desgobierno actual censuró pero está disponible en las redes sociales. Los crímenes del M-19 aparecen registrados en las Memorias del Conflicto y la denuncia que ante la justicia internacional presentó el abogado Segio Alzate (vid. El informe final sí habla de los crímenes cometidos por el M-19 | ColombiaCheck y Presentan denuncia penal internacional contra Gustavo Petro por crímenes de lesa humanidad - El País). Para no entrar en detalles, la bienaventuranza para el pueblo que ofrecía la lucha armada de los comunistas desembocó en un aterrador infierno del que no quieren ofrecer explicación alguna el comunista que nos desgobierna ni el que aspira a sucederlo.

Hay un libro póstumo de Abelardo Forero Benavides que tengo en mi lista de lecturas. Su título es revelador: "Colombia, un drama". "La Violencia en Colombia", que se publicó hace varias décadas, representa el prólogo de lo que ha seguido con posterioridad al atroz conflicto entre los partidos históricos. La violencia comunista dio pábulo a más violencia oficial y a la de autodefensas, que combinada con la de los cárteles de la droga y ahora con los explotadores de la minería ilegal, ha contribuido a ensangrentar más el suelo colombiano. Los comunistas no son inocentes  respecto de nuestras tragedias. Mejor les valdría llorar por el otro ojo.

Colombia necesita la pacificación de los espíritus. Pero el gran acuerdo nacional de que ahora se habla supone el reconocimiento de todas las culpas y la admisión de todas las responsabilidades. Ese es un paso espiritual indispensable para que reine la paz.

domingo, 3 de mayo de 2026

La Política del Espíritu

Hace años leí un ensayo de Paul Valéry que lleva este título. Contiene una serie de reflexiones sobre la civilización que mantienen hoy quizás más que en el momento en que se las dio a conocer su perentoria actualidad. Comienzan con esta afirmación: "Nosotras, las civilizaciones, ahora sabemos que somos mortales" (vid. 340 Valery.pdf - Google Drive). Sus reflexiones han dado lugar a muchos comentarios y debates, que no tocan con el texto de este artículo, salvo en lo que se refiere a esta afirmación según la cual "toda política parte de cierta idea del hombre".

Es lo que está hoy en el centro del debate en la campaña presidencial en curso: la concepción materialista y por consiguiente atea que, así lo oculte, inspira al candidato Cepeda, cultor de la ideología marxista-leninista en la que se formó en la Bulgaria de detrás de la Cortina de Hierro, y a la que se opone frontalmente el espiritualismo que permea la campaña de Aberlardo De La Espriella y José Manuel Restrepo, que predican que hay que volver a situar a Dios y los valores cristianos en el lugar que les corresponde en nuestra sociedad.

Por allá en 2004, a raíz de una brillante iniciativa del benemérito padre Hernando Uribe Carvajal, que aspiraba a que varios conferencistas disertaran sobre la espiritualidad en las distintas esferas de la acción humana, preparé un temario sobre Política y Espiritualidad. El proyecto no pudo llevarse a cabo, según me informó su promotor, porque desafortunadamente no obtuvo los recursos necesarios.

El programa que propuse contemplaba los siguientes temas:

1-El Ser Espiritual.

2-Teoría de los valores.

3-La persona.

4-La comunidad.

5-Bien común, justicia y libertad.

6-Autoridad y poder.

7-Ética y política.

8-La política coo vocación.

El punto de partida es la consideración del ser humano más allá de su estado natural y como llamado a la trascendencia espiritual que lo acerca a Dios posibilitando no sólo que viva en paz en la tierra, sino su bienaventuranza eterna.

Hay todo un programa de pedagogía social encaminado a lograr la armonía de cada ser humano en su interior, así como en sus relaciones interpersonales, en las comunidades de las que hace parte, en las de dichas comunidades con las demás y, en suma, en las que inexorablemente median con la naturaleza que lo rodea. Ese programa contiene todos los aspectos de la ética que nos señala las reglas acerca de cómo debemos obrar. Y no podemos dejar de lado que toda esa armonía se rige por la Ley Eterna, la que se manifiesta en la Revelación Divina.

Es lo que concierne a la Civilización del Amor que se inspira en el Evangelio.

El candidato comunista habla de una revolución ética que contrarreste la corrupción que enturbia la gestión del desgobierno actual. Pero el materialismo y el ateísmo que profesa dentro de los dogmas del marxismo-leninismo la hacen inviable, pues su punto de partida es la lucha de clases, la promoción de la violencia para destruir la institucionalidad que considera que favorece los intereses de las clases dominantes, la forzosa transformación de la humanidad para crear el "nuevo hombre" purgado de sus deformaciones clasistas. Su doctrina, si así cabe llamársela, obedece a las consignas del terror de Robespierre: hay que obligar a los hombres a ser virtuosos, so pena de someterlos a la guillotina. Reitero que "El Libro Negro del Comunismo" da buena cuenta de los millones de víctimas humanas que ha producido esa ideología asesina, por no hablar de las que documenta el libro "Grandes Crímenes de las Farc y el ELN" en nuestro país. Son los frutos del odio.

Así se enoje e insulte el que nos desgobierna contra los sacerdotes y pastores que alertan a la ciudadanía acerca de lo que entraña el voto por el candidato comunista, tanto la Iglesia Católica como las demás iglesias cristianas están en el deber de orientar a sus fieles sobre la crucial importancia de las elecciones venideras, en las que se decidirá sobre el combate espiritual que se libra hoy en nuestro país.



martes, 28 de abril de 2026

¿Cuál extrema derecha?

El siniestro senador Cepeda, junto con ciertos despistados que dicen ubicar en el centro del espectro político, anda con el cuento de que sus principales contendores son dizque de extrema derecha, mientras que él encarna un proyecto progresista que busca realizar la justicia social y mejorar las condiciones de vida del pueblo colombiano.

Lo que oculta a la ciudadanía es la índole profunda de su ideario. No se somete a debates, salvo que se arreglen a sus exigencias, porque sabe que en ellos tendrá que admitir que es comunista de raca mandaca, que sus modelos de país se inspiran en el castro-chavismo, que por lo menos ha sido compañero de ruta de las Farc y el ELN, promueve la lucha de clases y es enemigo acérrimo de todo lo que se identifique con la libertad económica. Su activismo en pro de los derechos humanos se centra en los de los subversivos que rechazan el ordenamiento liberal, mas no en la defensa de las víctimas de sus desafueros. La revolución que promueve busca implantar un régimen totalitario y liberticida.

Insisto en que el debate político en estos tiempos que corren entre nosotros se da, en rigor, entre partidarios de la democracia liberal y partidarios de la democracia totalitaria. Los primeros no son asimilables al fascismo, como descaradamente los acusan los segundos dentro de su tónica de engañar al electorado para que caiga en la trampa de sus falacias.

El fascismo y el nazismo que hoy pretenden revivir para crear enemigos ilusorios pertenecen al pasado. Murieron con la Segunda Guerra Mundial y corresponden a un momento histórico ya perimido. Y, al contrario de lo que proclaman los comunistas, tienen con éstos no pocas afinidades ideológicas. Sus fuentes conceptuales son prácticamente iguales. En una publicación reciente, Axel Kaiser se ha ocupado de demostrar el parentesco cercano que media entre todas estas tendencias (vid. Axel Kaiser: "El marxismo, el leninismo y el nazi-fascismo son en esencia lo mismo" - Infobae).

En varias ocasiones he traído a colación lo que escribió alguna vez Raymond Aron acerca de que el liberalismo es el denominador común de la civilización política que comparten la derecha no extremista y la izquierda no totalitaria. En la democracia liberal caben diversas tendencias que comparten el respeto por la dignidad de la persona humana y los derechos fundamentales que la protegen, así como el valor del diálogo para la solución de las diferencias que necesariamente se dan en la vida de relación. Pero este diálogo supone, como lo señalan distinguidos estudiosos del mundo político, lo que Álvaro Gómez Hurtado destacaba como el consenso sobre lo fundamental. 

Dicho consenso es imposible entre los partidarios de la democracia liberal y los de la totalitaria, que en la actualidad están representados por los comunistas. Por eso he sostenido en otras ocasiones que el apoyo de liberales y conservadores a candidatos comunistas es algo contradictorio en sí mismo, un oxímoron. Los que así piensan cavan la fosa en que habrán de sepultarlos.

La salvaguarda del consenso sobre lo fundamental reside en que se instituya el monopolio del Estado sobre la violencia legítima, tal como lo postularon Max Weber o Hans Kelsen, por citar tan sólo a dos eminentes pensadores acerca de lo político. Los comunistas adoran su propia violencia y rechazan radicalmente la titularidad para ejercerla que invoca el Estado liberal, porque la consideran motivada en los intereses de las clases dominantes. Promueven una ideología asesina de la que dan cuenta cabal "El Libro Negro del Comunismo" y "Crímenes de Guerra Farc y ELN", este último de Darío Acebedo, que sufrió entre nosotros la censura oficial y circula a través de las redes sociales. Consideran que la acción estatal llamada a reprimir los desafueros que se cometen en nombre de la Revolución es del todo inaceptable. Por eso odian al expresidente Uribe Vélez y su seguridad democrática, que arrinconó a los subversivos para defender a las comunidades azotadas por sus depredaciones.

Lo que ha dado a conocer ante el público al siniestro senador es la saña con que se ha dedicado a perseguir al expresidente, mediante actuaciones sospechosas en torno de testigos e incluso de actores judiciales. Si bajo el desgobierno actual ya se ha insinuado una policía política que evoca los procedimientos de las democracias populares de los satélites de la URSS, a través de la DNI, la oscura influencia del candidato comunista sobre algunos integrantes de la rama jurisdiccional hace pensar en los famosos procesos de Moscú en 1936 o los de los países satélites después de la Segunda Guerra Mundial, por no mencionar los de la Cuba castrista o los más recientes de la dictadura venezolana.

Tanto el que hoy nos desgobierna como quien aspira a sucederlo como su heredero promueven una constituyente llamada a suprimir la Constitución Política de 1991, que a pesar de sus defectos de origen y contenido mal que bien nos ha regulado a lo largo de cerca de 35 años con ideas más cercanas a la socialdemocracia que al conservadurismo. Los candidatos de las mal llamada derecha o centroderecha no aspiran a implantar un neoliberalismo radical ni eliminar los beneficios de que hoy gozan las clases menos favorecidas, como mentirosamente los acusa ese senador. Buscan la justicia social por medios más racionales e idóneos que los que propone el candidato comunista, al que conviene repetirle lo que Giscard D'Estaing en su momento le reclamó a su contendor Mitterrand: "Ustedes no tienen el monopolio de la justicia". 

Tanto los socialistas como los comunistas se ufanan de poseer cierta jerarquía moral sobre sus contendores, pero es asunto del todo abierto a discusión. El candidato comunista en su discurso habla sobre la necesidad de una revolución ética, pero está por demostrarse si los regímenes en que se inspira resplandecen por la eminencia de sus virtudes. A ojo de buen cubero, puede uno afirmar que en ellos se ha manifestado lo peor de la condición humana. Lo de la alianza por la vida que proclama su campaña no deja de ser algo digno de los más hirientes sarcasmos.

En síntesis, si hay algún extremo en el debate político actual del que deba cuidarse la ciudadanía es el que encarna el candidato comunista. Ojo con eso.

lunes, 20 de abril de 2026

S.O.S.

Dentro de los múltiples exabruptos que a diario comete el irresponsable que nos desgobierna, hay dos recientes sobre los que se hace menester ocuparse cuidadosamente.

El primero tuvo lugar en Ipiales, a raíz del consejo de ministros que ahí se celebró. Sin ton ni son la emprendió contra el sacerdote que en Bogotá alertó a sus feligreses sobre el peligro que entraña la candidatura presidencial del comunista Cepeda. "Si no le gusta, cállese", le ordenó como si pronunciara un ukase, añadiendo que le daba instrucciones a la policía para emprender acciones al respecto.

Es verdad que a muchos les desagrada cualquier intervención de la Iglesia o de alguno de sus ministros en las querellas políticas. Es por ello que su jerarquía en los últimos tiempos ha observado una prudencia que no deja de ser discutible en casos, como el actual, en que su voz debería manifestarse en ejercicio del deber que tiene de orientar a los creyentes en asuntos de extrema gravedad, como lo es la perspectiva de que Colombia definitivamente caiga en garras del comunismo ateo y anticatólico. Nada bueno para nuestros correligionarios cabría esperar de quien para acreditar su formación profesional enseña el título de filósofo expedido por una universidad comunista que lo formó, por así decirlo, en las doctrinas de Marx, Engels y Lenin. 

La salida de tono en Ipiales suscita la idea de que si la Iglesia cumple con el deber de obedecer a Dios antes que a los hombres, tal como lo predicó san Pedro ante el Sanedrín, tendrá que exponerse a la persecución policiva y vaya uno a saber a cuántas cosas más. Es hora de que desde los púlpitos se alerte a los católicos sobre los peligros que se ciernen sobre nuestra sacrosanta religión si el comunismo se mantiene en el poder en los tiempos inmediatamente venideros.

El segundo exabrupto es quizás más inquietante que el anterior. En declaraciones para "El País" en España, a propósito del aquelarre ultraizquierdista que acaba de celebrarse en Barcelona, declaró que desconocería el resultado de las próximas elecciones presidenciales si en ellas se diere el fraude que viene denunciando por el trabajo que se le ha encomendado a la firma Thomas Greg & Sons, de la cual se ha manifestado como su enemigo, en torno de la logística electoral. Hace poco denunció, sin pruebas, que hubo conversaciones con el candidato De La Espriella para alterar en su favor los resultados de los comicios, ignorando que los mismos se establecen definitivamente a través de escrutinios que se realizan en presencia de jueces. La justicia le exigió que presentara pruebas de sus acusaciones y descaradamente declaró que no le obedecería. El desacato es algo que parece responder a su idiosincrasia levantisca.

¿Qué pretende hacer si por sí y ante sí en caso de que le parezcan inaceptables los resultados de las elecciones por no favorecer al que abiertamente promueve como su heredero, llamado a continuar la revolución que se jacta de haber iniciado?

La legislación electoral prevé recursos para los casos en que se presenten irregularidades en los comicios, pero no le concede al gobierno facultad alguna para desconocer sus resultados si se oponen a sus designios. Si intentare hacerlo, generaría una profunda crisis institucional de consecuencias imprevisibles. Pero como es un gobernante sin Dios ni Ley, quizás se le daría una higa por ello.

El congreso, la justicia, los entes de control, los candidatos, los partidos y movimientos políticos, la prensa y la ciudadanía en general deben estar alertas ante la tremenda amenaza que ese tiranuelo con aire despótico acaba de lanzar contra nuestra institucionalidad democrática. Si no gana su favorito habremos de atenernos a las consecuencias.

¡Que Dios nos tenga de su mano!

lunes, 13 de abril de 2026

El crimen acecha

El funesto M-19 se caracterizó por extorsionar, secuestrar, torturar, asesinar, asaltar, masacrar, falsificar y, en general, pasearse por casi todo el articulado del Código Penal. El actual okupa de la Casa de Nariño hizo parte de esa agrupación que justamente ha sido señalada como terrorista por sus estremecedoras acciones antisociales. Por su complicidad, ha sido denunciado hasta ahora de modo infructuoso ante la justicia internacional (vid. https://www.eltiempo.com/unidad-investigativa/gustavo-petro-francois-cavard-el-hombre-que-lo-denuncio-en-espana-676477) y al parecer se benefició de amnistía e indulto concedidos por nuestro Congreso, aunque hubo de estar condenado y preso por varios delitos. Estaba entre rejas cuando el M-19 asaltó el Palacio de Justicia y se rumora que promovió un motín para escapar de la cárcel con el propósito de sumarse a los asaltantes. Esa sentencia condenatoria lo inhabilitaba para ser elegido congresista y presidente, según los artículos 179-1 y 197 de la Constitución Política, pero cuando el Consejo de Estado intentó pronunciarse sobre el asunto no apareció copia auténtica de la misma, dado que por arte de bibibirloque el original había desaparecido del expediente. El que lo sustrajo incurrió, desde luego, en una modalidad de falsedad documental que nadie se tomó el trabajo de investigar.

Circulan muchos comentarios sobre las fechorías en que dicho personaje participó directamente como integrante de esa organización terrorista. Hay testigos presenciales que lo acreditan como cobrador de extorsiones. Se dice que actuaba además como carcelero de secuestrados a los que sometía a tratos degradantes en las cavidades de las tristemente célebres "cárceles del pueblo" y un pastor cartagenero se ha atrevido a vincularlo con el horripilante homicidio del líder sindical José Raquel Mercado (vid. "Usted torturó y asesinó...", el pastor Arrázola se va contra Petro).

En todo caso, su pasado no es edificante. Se duda, incluso, de que haya sido favorecido por el indulto (vid. Detector: Petro no fue indultado por su paso por el M-19, según MinJusticia - La Silla Vacía).

A pesar de todo lo que grazna en su defensa, bajo su desgobierno el país ha contemplado atónito su condescendencia con la criminalidad, la cual se ha desbordado en estos últimos tres años hasta el punto de que, según denuncias de Fernando Londoño y José Alvear Sanín en "La Hora de la Verdad", cunde el temor de que las bandas de delincuentes que controlan vastos sectores del territorio patrio estén en capacidad de forzar a las comunidades que los ocupan para que depositen sus votos por el candidato comunista. Se estima que de ese modo podría obtener unos dos millones de votos que serían decisivos para llevarlo a la presidencia.

Lo que el que nos desgobierna considera que sería la continuidad de la revolución que él se jacta de haber iniciado acarrearía consecuencias institucionales de tremenda gravedad. De entrada, daría lugar a la sustitución de una democracia liberal así sea imperfecta por un totalitarismo liberticida como el que impusieron los Castro en Cuba, Chávez en Venezuela u Ortega-Murillo en Nicaragua. Si resultare cierto que "Colombia es tierra estéril para las dictaduras", como lo dijo don Marco Fidel Suárez hace cosa de un siglo, el intento de implantar entre nosotros el comunismo estalinista en que el senador Cepeda se adoctrinó en Bulgaria traería reacciones tan graves como la guerra civil y el separatismo de regiones enteras, como Antioquia.

Nadie duda de que la situación en que estamos es compleja a más no poder. Son muy delicados y difíciles de abordar los problemas que el desgobierno actual ha traído consigo. Abelardo y Paloma, que parecen ser los más indicados para enfrentar al candidato comunista, si llegaren a triunfar quedarían en la misma posición de Churchill ante la Inglaterra desorientada en 1940: sólo podrían ofrecer "sangre, sudor y lágrimas" que convocaran la unidad de las fuerzas vivas para enderezar el rumbo hacia el bien común correctamente entendido. Sólo a partir de un gran acuerdo nacional podríamos aspirar a hacer de Colombia el país milagro de que habla Abelardo. Ese acuerdo tendría que considerar unas políticas sociales viables dentro de las limitadas posibilidades crematísticas en que nos dejará el derroche de este desgobierno.

Quizás nunca antes en la atareada historia de este país nos habíamos encontrado en una situación tan delicada como la presente. Todos somos responsables de la suerte colectiva y debemos votar en conciencia para que nos llegue un buen gobierno y cese de veras, como reza nuestro himno, esta "horrible noche".

lunes, 6 de abril de 2026

Nuestra Última Partida

El título de este tangazo me sirve para referirme a lo que nos espera en las elecciones presidenciales próximas a celebrarse en nuestro país. Nuestra suerte futura se juega en ellas. Si el hirsuto senador Cepeda llegare a ganarlas no resulta aventurado pensar que serían nuestros últimos comicios libres por muchos años.

La razón es muy sencilla: es un candidato radicalmente comunista. No es de izquierda moderada, como los social-demócratas. Y su rótulo de progresista está en veremos, pues profesa una ideología anacrónica y obsoleta cuyos nefastos resultados hoy resultan indiscutibles, tal como lo vemos en Cuba y Venezuela.

No puede negar que ha sido compañero de ruta de las Farc. Y del mismo modo que el que hoy nos desgobierna lo hace con sus compinches del fatídico M-19, no sería extraño que de llegar a la presidencia cogobernara con los carniceros de las Farc, bien fuere con los que dijeron haberse desmovilizado a raíz del acuerdo con Santos o los que lo harían como resultado de la ominosa Paz Total que ha prometido consolidar y que no es otra cosa que la rendición del Estado ante Mordisco, Calarcá o los asesinos del ELN y también los delincuentes del Cartel del Golfo y los del "tarimazo" del valle de Aburrá.

Todo ello dizque en aras de la paz.

La historia enseña que los comunistas cuando llegan al poder lo incrementan a través de la más severa de las represiones. Los derechos humanos que dicen defender son los suyos, no los de sus víctimas. Instauran un Estado policíaco y ponen la justicia al servicio de la persecución contra sus oponentes. No sólo llenan las cárceles de presos políticos, como en el tristemente célebre Helicoide venezolano, sino que llevan la tortura hasta extremos increíbles de crueldad, como se ha visto en Cuba y en Venezuela. Por supuesto que no los arredra la posibilidad de ultimar a sus opositores, tal como sucedió con Miguel Uribe Turbay, que ya se sabe que fue asesinado por secuaces de Iván Márquez, cuyos nexos en un pasado reciente con el candidato comunista son de público conocimiento.

Dicho candidato se propone la convocatoria de una constituyente, no para mejorar la Constitución de 1991, sino para liquidarla y poner nuestro ordenamiento a tono con su ideología comunista, tal como lo hizo Chávez en Venezuela. Y ofrece una redistribución de la riqueza para nivelar por lo bajo las condiciones vitales de los colombianos, destruyendo el sistema de clases y persiguiendo de modo inclemente a los emprendedores que al generar riqueza crean empleo que mejora el nivel de vida de los trabajadores. 

La destrucción de la economía incrementaría la miseria y el éxodo masivo de nuestros compatriotas hacia el exterior, que bajo las actuales circunstancias ya se calcula en millón y medio de personas.

Insisto en que el debate actual no es entre dos opciones democráticas, sino entre la democracia liberal y  el totalitarismo liberticida de los comunistas. Los que piensen depositar su voto por el senador Cepeda deben de considerar a qué se exponen si llegare al gobierno. Mírense en el espejo de cubanos, nicaragüenses y venezolanos para que no se llamen después a engaño.




miércoles, 1 de abril de 2026

Tiempo de reflexión

Estamos en Semana Santa. Son días en que conviene reflexionar sobre temas trascendentales. Por supuesto, toca meditar acerca de los eventos de la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo, pero, ante todo, sobre el estado de nuestra alma en relación con la eternidad que le espera cuando soplen los que el poeta llamaba los vientos ineluctables. Es hora de arrepentirnos de nuestros errores y tomar la decisión de corregirlos.

Pero es también tiempo de oración, sobre todo en las circunstancias presentes en las que Colombia corre el tremendo riesgo de caer bajo las fauces del comunismo. Ya estamos bajo un gobierno de esa corriente que le está hincando sus garras y pretende que lo suceda uno peor. En pocas palabras, diré que estamos por pasar de la coyunda del M-19 a la de las Farc, de las que es compañero de ruta el oscuro senador Cepeda.

Aunque éste dice no pertenecer al partido Comunista, su ideología es del mismo cuño. Recibió su formación profesional en Bulgaria cuando este país hacía parte del bloque soviético. Y su ADN tanto por parte de padre como de madre, según su propia confesión, es comunista hasta el tuétano.

Aunque se presenta como defensor de los derechos humanos, no los asume por convicciones liberales, sino para valerse de la protección que les brinda el régimen constitucional en beneficio de quienes aspiran a derrocarlo en pro de la instauración de un régimen totalitario y liberticida, como el cubano que tanto admira.

Si la mayoría de la población colombiana sigue siendo católica o al menos cristiana en sus distintas manifestaciones, debe de tomar conciencia de que bajo un gobierno comunista desaparecería la libertad religiosa y serían objeto de persecución sus convicciones más caras. El ateísmo pasaría a ser el dogma a imponerse por las autoridades.

Un paso hacia la erradicación de las creencias cristianas se daría a través de la promoción de las llamadas religiosidades ancestrales, muchas veces teñidas de hechicería y hasta de satanismo. Circula por las redes una preocupante denuncia de un pastor cristiano que habla de ceremonias de brujería que se han realizado en el Cauca para afectar a los rivales del senador comunista y atraer fuerzas preternaturales en favor de este último. Ello no es de extrañar, pues tal como lo he escrito en otras oportunidades, el ocultismo ha jugado un rol muy significativo en la Cuba de los Castro, la Nicaragua de los Ortega y la Venezuela de Chávez y de Maduro. Conviene recordar que el que nos desgobierna y su compañera de fórmula celebraron antes del siete de agosto de 2022 una ceremonia dizque de posesión espiritual de los cargos para los que en mala hora fueron elegidos, en la que se realizaron rituales de hechicería.

A muchos escépticos podrá parecerles extraño que a estas alturas de la evolución de las sociedades se invoque la protección de Dios para defenderlas de las influencias demoníacas. Pero los creyentes estamos seguros de que los demonios existen y obran incansablemente en pro de la perdición de las almas. Basta con dar una hojeada a la prensa cotidiana para darse cuenta del cúmulo de hechos que por doquiera acreditan la perversidad de las fuerzas oscuras que actúan para que el mal se expanda en la vida humana.

Este tiempo de reflexión debe acompañarse de la oración. Hay antecedentes muy significativos de países que se han librado de la amenaza comunista gracias a la oración comunitaria: Austria, Finlandia, Portugal, Polonia. Hagamos nosotros lo propio.