sábado, 5 de septiembre de 2026

Pleitos viejos

Mi bisabuelo Indalecio Arbeláez Tobón consideraba a los liberales de su época como tizones del infierno. No le faltaban motivos, pues su hermano, el presbítero Eustaquio Arbeláez Tobón, de quien espero se conserve su retrato en la iglesia de Jesús Nazareno en Rionegro, fue víctima de la inicua persecución que desataron los radicales contra la Iglesia Católica en la segunda mitad del siglo XIX. De ello da cuenta, por ejemplo, la agresiva oratoria de José María Rojas Garrido, quien predicaba la necesidad de erradicar la religión entre nosotros.

Esa rabiosa política anticlerical contribuyó al fracaso de la Constitución de Rionegro y el consiguiente triunfo de la reacción conservadora en 1886, en la que jugó un papel decisivo Carlos Holguín, tal como lo cuenta Gonzalo España en uno de sus deliciosos libros.

La cuestión religiosa fue tema crucial del debate político en Colombia hasta bien entrado el siglo XX. Allá por los años 30 Alfonso López Pumarejo llegó a sostener que, si bien las fronteras ideológicas entre los partidos liberal y conservador se estaban desdibujando, persistía el debate sobre el papel de la Iglesia en la vida pública. La reforma concordataria a principios de los años 40 suscitó nuevos debates que fueron atizados por la feroz oratoria de Laureano Gómez, quien a la postre obtuvo que en los acuerdos del Frente Civil, que luego tomó el nombre de Nacional, quedara consagrado el principio de que la religión católica, apostólica y romana era la de la nación y, como factor básico del orden social, gozaría de la especial protección del Estado. 

El principio rigió hasta 1991, cuando en el debate de la Asamblea Nacional Constituyente se discutió sobre el fundamento de la soberanía y se proclamó la garantía de la libertad e igualdad de cultos, con el consiguiente derecho de toda persona a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva.

De hecho, el acuerdo político que se plasmó en el plebiscito de 1957 para instaurar el Frente Nacional contribuyó decisivamente a superar la llamada cuestión religiosa como centro de los debates entre liberales y conservadores, en lo que también tuvo que ver la evolución de la Iglesia Católica, que fue dejando atrás las posturas ultramontanas para adoptar actitudes más serenas en torno de la cosa pública. En la Iglesia se pusieron de manifiesto no sólo tendencias liberales, sino francamente socializantes, tal como se vio en el encuentro de Medellín en 1968. Su cercanía con el Partido Conservador prácticamente se difuminó en esos años. Los baculazos de monseñor Builes y los bandazos de monseñor Perdomo ya eran cosa del pasado. En otra época, las campañas presidenciales de los comunistas Petro y Cepeda habrían dado lugar a que los púlpitos abundaran en advertencias y condenas para orientar a los fieles acerca de cómo deberían votar. No sucedió así e incluso tengo conocimiento de clérigos que votaron por Petro en 2022.

En la Asamblea Nacional Constituyente se debatió sobre la invocación de Dios como fuente suprema de toda autoridad. Se quería retomar la fórmula de 1863, copiada de la Constitución norteamericana, que centraba el principio de legitimidad exclusivamente en la voluntad popular. Recuerdo que el finado Vélezefe publicó una graciosa caricatura en la que aparecía san Pedro informándole al Padre Eterno que aquí había unos interesados en excluirlo de la Constitución, a lo que Él respondió que también los estaba borrando de la lista de sus elegidos. El debate se zanjó con una fórmula transaccional: la Constitución se expidió dizque por el pueblo de Colombia, en ejercicio de su poder soberano, pero invocando la protección de Dios.

Es claro que nuestro ordenamiento no consagra un laicismo radical que ignora y combate la realidad cultural de la identidad cristiana de nuestro pueblo, pero ya no le brinda protección especial a la Iglesia Católica respecto de otros credos.

De esta disposición del artículo 19 de la Constitución se han extraído por la Corte Constitucional y ciertos funcionarios judiciales, así como políticos y periodistas animados por prejuicios anticatólicos, conclusiones a mi juicio carentes de rigor jurídico con las que se pretende impedir la gestión de la política del espíritu que aspira a llevar a cabo el actual gobierno.

Su propósito no es imponer la fe por la fuerza. Los verdaderos creyentes sabemos bien que la fe nace de una gracia que nos es concedida por el Supremo Hacedor. No es fácil llegar a ella y conservarla, pues exige un denodado esfuerzo espiritual, muchas veces nacido de experiencias perturbadoras. Conviene traer a colación lo dicho por un converso eminente, Marshall McLuhan: " A la Iglesia se entra de rodillas". Para seguir sus pasos debemos despojarnos de muchísimos prejuicios y adoptar una actitud humilde ante los  supremos misterios. A Dios llegamos abriendo nuestras mentes, nutriendo nuestros corazones y animando nuestras voluntades. No todos lo logran y es inútil forzarlos a ello. Pero no podemos ignorar el valor de la oración, de la que yo he sido beneficiado en grado sumo, ni el del buen ejemplo, que estimula a los vacilantes.

Los librepensadores a ultranza ignoran que el catolicismo se nutre de cerca ya de 2.000 años de reflexiones y certidumbres acerca de los hechos básicos que lo sustentan. No se trata de mitos ni de las ideas delirantes de que hablaba Freud, sino de realidades que están al alcance de todas las personas de buena voluntad. Sus ideas han permeado toda una civilización de la que nos ufanamos. ¿Cuánto le debemos al principio de la dignidad de la persona humana, que es el supuesto de los derechos fundamentales, o al de que la autoridad del Estado sólo se justifica por la búsqueda del bien común? ¿Cuál es el papel del Decálogo en la moral tanto individual como colectiva que profesamos? ¿Cómo influye la idea cristiana de la familia en el orden civilizado? Vuelvo a ello evocando un texto clásico que he citado en otras ocasiones: "Family and Civilization", de Carle E. Zimmerman. Sus conclusiones son del todo pertinentes acerca de la crisis que hoy afecta a la familia y se proyecta hacia la civilización entera. Para la muestra, el desorden familiar del que ha venido dando tan pésimo ejemplo el Astado. Todo ello sin mencionar el papel que la idea judeo-cristiana del orden cósmico ha jugado como fundamento de la ciencia occidental, que a no dudarlo reposa sobre fundamentos metafísicos.

Chesterton decía que el que deja de creer en Dios es capaz de creer en cualquier cosa. Los que dicen creer tan sólo en la razón la erigen como deidad suprema, sin percatarse de que uno de los grandes logros de la filosofía medieval fue identificarla precisamente con un atributo de Dios que se proyecta en la naturaleza y nuestras mentes. Separarla de Dios es la fuente de múltiples extravíos de los pensamientos moderno y postmoderno.

Los enemigos de la Iglesia Católica y los demás credos cristianos claudican ante la reviviscencia de credos ancestrales que niegan los valores de nuestra civilización o respecto del relativismo ético que mina todo su vigor espiritual, pues, como dijo con gran acierto Dostoievski, "Si Dios no existe, todo es posible". Lo han dicho otros: si todo valor es relativo, nada vale en absoluto. Esos enemigos creen ampararse en valores de cuyo fundamento no pueden ofrecer razón suficiente y son del todo deleznables.

No es la hora de atizar controversias religiosas ya superadas que derivaron en severos daños institucionales, bien fuera en guerras civiles o en regímenes autoritarios. El verdadero liberal, así se muestre escéptico o indiferente en materia religiosa, reconoce la libertad de los creyentes para profesar sus respectivos credos y difundirlos. Y si explora los fundamentos de su liberalismo, se encontrará con las ideas cristianas, tal como lo reconoció Lord Acton.

lunes, 31 de agosto de 2026

¡Arden los demonios!

Una seguidilla de pronunciamientos judiciales en torno de acciones de tutela promovidas por enemigos declarados de la religión y acatadas por jueces que los secundan, invocando una versión sesgada de la laicidad del Estado que proclamó en 1991 el ordenamiento constitucional hoy en vigencia, pretende erradicar toda manifestación de religiosidad no sólo en el ámbito estatal, sino en las actuaciones incluso privadas de los servidores públicos.

Es cierto que nuestra Constitución Política consagra la separación de la Iglesia y el Estado, pero como lo he señalado en otros escritos, su contenido no es contrario a la religión, puesto que su preámbulo invoca la protección de Dios y el artículo 192 lo menciona en el juramento que debe prestar el presidente al tomar posesión de su cargo. 

Si la Asamblea Nacional Constituyente invocó la protección de Dios al expedir la Constitución, no se ve la razón jurídica para censurar a los servidores públicos que le pidan auxilio para acertar en sus decisiones.

Tal como lo he dicho en ocasiones pasadas, la laicidad es un principio que puede interpretarse de distintas maneras. 

Una es la versión norteamericana que quedó consagrada en la Constitución partiendo de la base de la diversidad de credos religiosos que reinaba en las 13 colonias. La fórmula que se adoptó no privilegiaba a ninguna iglesia, pero tampoco declaraba la hostilidad contra el credo religioso en sí mismo considerado. De hecho, el presidente jura sobre la Biblia al tomar posesión y en los Estados Unidos ha prevalecido la libertad religiosa, sin perjuicio de reconocer la identidad cristiana de la nación, que únicamente Obama se atrevió a negar, dado que probablemente haya seguido siendo musulmán, tal como lo matricularon en una escuela católica en Indonesia y a pesar de haberse hecho bautista tardíamente para aspirar a la presidencia.

Otra versión de la laicidad procede de la Revolución Francesa y es claramente de inspiración masónica en su enemiga radical contra el catolicismo. Esta tendencia alentó la feroz persecución contra la Iglesia Católica que dio lugar a episodios tan aterradores como el de la Vendée. Napoleón puso punto final a ello con el Concordato de 1801. Pero la persecución renació en la Tercera República que estaba a merced de la masonería, la que inspiró las normas de separación de 1905. Hay un ilustrativo libro de Jean Sévillia acerca del tema: "Quand les catholiques étaient hors la loi" (vid. Quand les catholiques étaient hors la loi : Jean Sévillia- Ebook histoire - Ebook arts, culture & société | Cultura). Esta versión radical se padeció en nuestro país en la segunda mitad del siglo XIX y dio lugar a la reacción que operó en 1886 y se mantuvo en la Constitución, con variantes hasta 1991. El laicismo extremo inspiró a los regímenes comunistas y se manifestó en la década de 1920 en México, dando lugar a la Guerra Cristera, y en España en la década de 1930, ocasionando en buena medida la guerra civil.

Esta tendencia se nutre de la idea de la Ilustración según la cual la religiosidad corresponde a estadios primitivos de la evolución de la humanidad, destinados a superarse por medio de la razón y del pensamiento del positivismo, que de hecho proclama el materialismo y excluye la dimensión espiritual del ser humano. A los devotos de este reduccionismo les recomiendo que lean "The End of Materialism", de Charles E. Tart, Ph. D. Se lo sugiero a alguien que, citado por El Colombiano de hoy, anda con el cuento de que en la universidad no tienen cabida los dogmas religiosos, cuando precisamente la universidad europea surgió de la iniciativa de la Iglesia Católica.

Will Durant, en "Filosofía, Cultura y Vida", observa que las creencias fundamentales de cada civilización evolucionan y son sustituidas por otras. Es lo que se advierte en los tiempos modernos, en los que la religión tiende a reemplazarse por la ideología, cuyo estatuto racional deja muchísimo qué desear.

El estudio de las sociedades humanas sugiere que la religiosidad está inscrita en la naturaleza misma del hombre, si bien se proyecta de múltiples modos en su imaginario, su pensamiento, su sensibilidad, sus acciones y sus creaciones. Todas las civilizaciones remiten a principios supremos de índole religiosa. La idea de la excelencia moral es inseparable de la de trascendencia espiritual y toca en el fondo con la mística. 

Claude Tresmontant ha demostrado que la incompatibilidad entre ciencia y religión surge de prejuicios que ignoran datos fundamentales de la realidad. Profundo pensador católico y profesor eminente de Filosofía de la Ciencia en La Sorbona, galardonado por su actividad intelectual con el Gran Premio de la Academia de Moral y Ciencia Política por todas sus obras en 1987, señala que el Evangelio ofrece de hecho los fundamentos de una verdadera ciencia, la de la realización plena del ser humano. Junto con él, muchos otros cultores de la ciencia han proclamado su adhesión a la fe religiosa, como es el caso de Francis S. Collins con su libro "Belief: Readings on the Reason for Faith".

No cabe duda de que la religiosidad es dato esencial de la identidad cultural de cada pueblo, identidad que goza expresamente de protección constitucional al tenor de los artículos 3, 4, 70 y 72, lo cual no obsta para el reconocimiento de la libertad y la igualdad religiosas que consagran los artículos 18 y 19 de la Constitución. En rigor, lo que promueven los impíos que se duelen de las manifestaciones de religiosidad del actual gobierno no es la libertad religiosa, sino más bien su restricción, al tratar de impedir que los gobernantes testimonien la fe que los inspira. ¿Qué molestia hay si en la posesión presidencial intervienen con sus oraciones un rabino judío, un pastor evangélico y un sacerdote católico? ¿Afecta ello de cualquier modo el derecho de terceros de profesar credos diferentes o no profesar ninguno?

Llama la atención que los que ahora protestan contra Abelardo porque aspira a ubicar a Dios en el lugar que le corresponde dentro de nuestra institucionalidad hayan guardado silencio respecto de las diversas manifestaciones de adhesión del Astado para con los cultos ancestrales y la hechicería colindante con el satanismo. Tal como lo denuncié hace algunas semanas, ese funesto personaje realizó en la Casa de Nariño por lo menos un ritual de brujería para perjudicar a Abelardo, lo cual fracasó porque algunos de los integrantes de la Guardia Presidencial que estaban presentes se pusieron a rezar para protegerse de los demonios que se estaban invocando. Esos demonios están enfurecidos con el nuevo gobierno y excitan a demandantes y jueces que les son propicios para impedirle llevar a cabo la indispensable política del espíritu que se requiere para enderezar el rumbo de nuestra adolorida patria colombiana. 

No cabe duda de que lo que estamos presenciando hace parte de un combate espiritual que enfrenta a fuerzas sobrenaturales.

jueves, 13 de agosto de 2026

En saliendo el alacrán de casa...

 Hay un comprensible revuelo por la autorización que ayer otorgó el Senado al oprobioso expresidente que acaba de quedar en la calle para ausentarse del país a lo largo del año venidero, con la condición de que informe previamente las fechas y los lugares de sus desplazamientos.

Como muchos quisieran verlo no sólo entre rejas, sino sometido a los más crueles suplicios, alzan a tutiplén sus voces contra lo que consideran una aberrante traición del CD al votar a pie juntillas con el PH y otros partidos en favor de dicha iniciativa.

Se invoca para ello la justicia, que en su faceta humana apenas está dando los primeros pasos para investigar los múltiples desafueros que se le endilgan; pero no sobra recordar que, a diferencia de la Divina, la justicia de los hombres suele estar permeada por tendencias non sanctas en las que prevalecen el odio y la venganza.

Un amigo que es muy piadoso me contó que en medio de la confesión le dijo al sacerdote que le deseaba la muerte al sujeto de marras. El levita le recomendó que pidiera para él una buena muerte.

Este es un aspecto muy importante de la cuestión. El expresidente Uribe, que ha sido víctima propiciatoria de la venganza de los comunistas, ha pedido que no se manifieste odio contra su colega que vaga hoy hacia la desgracia. El consejo es sano y oportuno a más no poder. En medio de una tragedia como la que acaba de propinarnos la naturaleza la concordia ciudadana se hace indispensable para superar los daños de toda índole que nos dejan sus secuelas.

Vuelvo sobre la recomendación que hice en días pasados acerca del importante libro póstumo de Abelardo Forero Benavides, "Colombia, un drama", para insistir en los deletéreos efectos del odio en la vida comunitaria. A mediados del siglo pasado el país estaba dividido por el odio entre liberales y conservadores, con sus devastadores efectos que derivaron en la Violencia, así con mayúsculas. Hoy se divide entre abelardistas y petristas, unos dicen que casi por mitades y otros quizás mejor informados afirman que la proporción va más o menos en un 60% para los primeros y un 40% para los segundos. Sea de ello lo que fuere, esos porcentajes no son sanos y nada bueno auguran para los tiempos venideros.

Digo esto para señalar que el paso que dio el Senado se encamina a mitigar la confrontación. Si se hubiera negado el permiso de salida, los petristas se habrían enardecido más todavía alegando inicua persecución contra su líder. No sobra recordar un dicho apócrifo que se agrega a la escena del prendimiento en Getsemaní: "Mira cómo estamos, Pedro, y tú cortando orejas". Lo del Senado constituye un gesto de apaciguamiento y no una claudicación. Tarde o temprano la justicia hará su obra, así sea por designio providencial.

Media, por otra parte, una razón pragmática para autorizar la salida hacia el exterior de tan siniestro personaje. Acá estaría cerca de sus secuaces conspirando a todas horas. Fuera del país ello no le resultaría tan fácil. Además, allá estaría a merced del Mossad y otros funestos enemigos que le ha granjeado su intemperancia verbal. Como reza el dicho popular, es preferible que ese alacrán quede por fuera de casa.

Conviene insistir en el desarme de los espíritus. La política es escenario por antonomasia de contradicciones y de lo que trata la civilización es de encauzarlas en procura de lo mejor para la comunidad, aceptando la parte de razón que pueda asistir a cada tendencia.


sábado, 8 de agosto de 2026

In God We Trust

Desde hace algún tiempo he venido pidiéndoles a Dios y a la Santísima Virgen que nos protejan del comunismo y de las perversas intenciones de Petro y de Cepeda. Acompaño mi ruego para que iluminen, bendigan y protejan a Abelardo y José Manuel en su propósito de enderezar el rumbo de nuestra patria.

Esas mismas intenciones se pusieron de manifiesto ayer en la ceremonia de posesión presidencial, en la que hubo una oración interconfesional para pedir por el buen suceso de la nueva administración.

A ciertos laicistas recalcitrantes les ha disgustado este aspecto de la jornada de ayer, pues su talante no sólo irreligioso sino antirreligioso les hace creer que el Estado laico no sólo debe ser indiferente, sino enemigo de la religión.

Eso no es cierto. Por eso he acudido para titular este escrito a la divisa que preside el dólar estadounidense: "In God We Trust". En castellano traduce "En Dios Creemos".

Uno de los grandes aportes del constitucionalismo de los Estados Unidos es la idea del Estado libre y la Iglesia libre, fundada en que en las 13 colonias no había una confesión religiosa dominante, sino una variedad que impedía el predominio de unas sobre otras. Aunque entre los Padres Fundadores había masones que profesaban el Deísmo que después evolucionó hacia un ateísmo puro y simple, el hecho social de la profunda religiosidad de los habitantes del territorio no hizo aconsejable que hicieran carrera manifestaciones contrarias a la religión, lo que favoreció la convivencia pacífica de diferentes credos religiosos e incluso el crecimiento de la religión católica en su país. Allá ha prevalecido el principio de la libertad de religión, que no se opone a la manifestación pública de los eventos religiosos. 

La Revolución Francesa impuso otra versión del laicismo que condujo a perseguir a los católicos del modo más inclemente e incluso aterrador, de lo que da cuenta el espantoso episodio de la Vendée. Ese laicismo, inspirado no en la libertad de religión sino en libertad de la religión, a la que la ley de los tres estadios consideraba como fenómeno propio de la infancia y la adolescencia de la Humanidad e incompatible con la Edad de la Razón, inspiró las atroces persecuciones que tiempo después se desataron contra la Iglesia Católica en América Latina y con especial crudeza en México en los años 20 del siglo pasado y en España en los 30. Nuestro país no fue inmune a esa plaga que impregnó la política de los radicales en la segunda mitad del siglo XIX y suscitó la reacción clerical que quedó consagrada en la Constitución de 1886.

La Asamblea Constituyente de 1991 abandonó el reconocimiento de Dios como fuente suprema de toda autoridad e invocó la supuesta voluntad popular como fundamento de sus disposiciones, pero reconoció que las dictaba bajo la protección de Dios. Este planteamiento suscita importantes consecuencias jurídicas y políticas. La separación del Estado y de la Iglesia que se consagró como base de la libertad religiosa no implica la enemistad ni la indiferencia entre ambas potestades. La Constitución misma declara en su artículo 70 que la cultura en sus diversas manifestaciones es fundamento de la nacionalidad. Y agrega en el artículo 72 que el patrimonio cultural de la Nación está bajo la protección del Estado. ¡Qué duda cabe de que la tradición católica conlleva manifestaciones entrañables de nuestra identidad cultural!

El laicismo extremo que pretende erradicar de la escena colectiva toda connotación de índole religiosa ignora que tanto la idea de bien común para sustentar la legitimidad del poder del Estado, como la de dignidad de la persona humana como base de los derechos fundamentales, se nutren de lo más excelso de la tradición del pensamiento católico. Si a las ideologías se les presta algún mérito, como negarlo a lo que sustenta toda una civilización.

Volver a ubicar a Dios en el sitial que le corresponde, como lo propone Abelardo, no significa consagrar un régimen teocrático ni discriminar a los no creyentes, sino admitir que más allá del derecho positivo rige una Ley superior que se resume en el Decálogo. Ignorar los Diez Mandamientos es una de las causas de la tremenda crisis en que estamos sumidos.

En mis cursos de Teoría Constitucional y Filosofía del Derecho les hacía ver a mis discípulos que la mirada hacia Dios de parte de los gobernantes implica el reconocimiento de que sobre el poder que ostentan rigen unos valores superiores que en últimas lo legitiman y que, de todos modos, ello es preferible a que rindan culto a esa deidad vaga, vana y ondulante que, adoptando los célebres términos de Montaigne, caracteriza al Demos.

Uno de los dramas de la modernidad es la negación de la dimensión espiritual y por ende religiosa del ser humano. Al rescate de la primera se aplica un libro de Jerry Kroth cuya lectura estoy terminando y que recomiendo vivamente: "Psyche' exile: an empirical odyssey in search of the soul". Tengo en mente otro, del Dr. Manuel Sans Segarra: "La Supraconciencia existe: vida después de la vida". Ambos desafían a través de evidencias incontrastables el dogma que prevalece hoy en ambientes académicos acerca de que la conciencia es un epifenómeno ilusorio de la actividad físico-química del cerebro.

Se critica a Abelardo porque invoca a Dios y se sesgan los episodios de hechicería que ha protagonizado Petro, no sólo con la supuesta posesión espiritual que protagonizó con Francia Márquez antes del 7 de agosto de 2022, sino en la propia Casa de Nariño, de lo que hay un testimonio irrefutable. En ciertos medios se especula además sobre su pertenencia a cierta confesión de origen africano. Es muy probable que dicha sede esté infestada por presencias infernales, por lo que resulta prudente que Abelardo se niegue a ocuparla.

No podemos desconocer que nuestro país ha sido escenario de un fragoroso combate espiritual que nos enfrenta a potencias demoniacas. La droga, la violencia, la corrupción y otras funestas adversidades nos obligan a mirar de nuevo hacia Dios y rogarle que nos tenga de su mano.

martes, 4 de agosto de 2026

Fronterizos del delito

Insisto en que quien nos desgobierna y el que contra toda evidencia insiste en haber sido despojado del triunfo en el más reciente debate presidencial bordean descaradamente el Código Penal.

Al fin y al cabo, son dos comunistas de línea dura que ocultan su verdadera identidad política bajo el engañoso rótulo de "progresistas", pero son devotos de la doctrina de Carlos Marx según la cual "la violencia es la partera de la historia" y la legalidad liberal es una superestructura que esconde la explotación del pueblo por las clases privilegiadas.

En otra ocasión he observado que la exigencia que el segundo de aquéllos le hace al presidente electo de renunciar a su ciudadanía norteamericana como condición necesaria para reconocer no sólo la legalidad  sino la legitimidad de su elección bien podría encasillarse dentro de las normatividades del constreñimiento ilegal e incluso de la extorsión que tipifican los artículos 182 y 244 del Código Penal.

El primero de ellos sanciona al que, fuera de los casos expresamente previstos como delito, constriña a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa. El constreñimiento puede consistir, según la doctrina, en violencia, amenazas o coacción. Y en el caso de que se trata las amenazas consisten en desconocer su investidura y excitar a la población a la desobediencia dizque civil y pacífica, que no es otra cosa que la antesala de la reacción violenta. En lugar de acudir a las acciones previstas por el ordenamiento jurídico para dilucidar la legalidad de la elección, amenaza con vías de hecho potencialmente subversivas.

Ello podría examinarse también a la luz de lo dispuesto por el Código Penal para la extorsión, en que incurre el que constriña a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, con el propósito de obtener provecho ilícito o cualquier utilidad ilícita o beneficio ilícito, para sí o para un tercero.

En este caso se da la amenaza de la desobediencia comunitaria si el presidente electo no se pliega a la exigencia que se le formula so pena de desconocer su investidura, a lo cual no tiene derecho el que la formula, de modo que si el amenazado se pliega a lo que se le exige aquél obtiene provecho, utilidad o beneficio ilícito.

En lo que concierne al inquilino de la Casa de Nariño, lo que ayer publicó en la madrugada acerca de la conformación de milicias populares encargadas de velar por la continuidad, así fuere por la vía armada, de los supuestos avances sociales de su gestión gubernamental, lo acerca a lo que prohíbe el artículo 345 del Código Penal sobre la promoción de grupos de delincuencia organizada y grupos armados al margen de la ley. La pena en tal caso consiste en prisión de 13 a 22 años y multa de 1.300 a 15.000 salarios mínimos mensuales vigentes.

Acerca de la jurisdicción encargada de juzgarlo hay que distinguir entre los delitos cometidos antes de las 3 de la tarde del 7 de agosto de 2022, los cometidos entre esa fecha y las 3 de la tarde del 7 de agosto del presente año y los que cometiere después. Los de la primera y la tercera etapas corresponden a la justicia ordinaria, por lo cual considero que las acusaciones sobre la financiación ilegal de su campaña presidencial deberán pasar a la misma y salir del resorte de la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes.

Respecto de la competencia de esta última para ocuparse de delitos cometidos durante su período presidencial encuentro que podría haber contradicción entre los artículos 174 y 199 de la Constitución Política.

El primero de ellos dispone que le corresponde al Senado el juzgamiento de hechos u omisiones de altos funcionarios, incluido el Presidente de la República, ocurridos dentro del ejercicio de sus cargos, aunque hubieren cesado en ello. Según esto, conservará el fuero por los delitos que se le atribuyan por hechos u omisiones que se le imputen entre las 3 de la tarde del 7 de agosto de 2022 y la misma hora del 7 de agosto venidero. Pero el artículo 199 parece decir otra cosa, dado que restringe el alcance del fuero  "durante el periodo para el que sea elegido", dando a entender que después de ese periodo su juzgamiento corresponderá a la justicia ordinaria. El asunto cobra interés por cuanto se afirma en algunos medios que la actual composición de la Comisión de Investigación de la Cámara de Representantes parece favorecer su impunidad por los abusos en que podría haber incurrido en ejercicio de su cargo. Sea de ello lo que fuere, ese inquilino tendrá que habérselas con la justicia en los tiempos venideros.

martes, 28 de julio de 2026

Incógnitas

El triunfo de Abelardo y José Manuel ha resucitado la esperanza de millones de colombianos en el porvenir del país.

Es, desde luego, positivo habernos librado por lo pronto del comunismo de Cepeda. Pero no todo es color de rosa con el gobierno venidero, pues al tiempo que encontrará unos escenarios plagados de problemas de difícil solución que deja el desgobierno hoy reinante, la dupla antisocial de Petro y Cepeda ya lo está amenazando con una feroz oposición que pretende desestabilizar a Colombia.

No podemos olvidar que cuando Duque le ganó a Petro en 2018 éste se negó a reconocer su triunfo alegando sin pruebas, como es su mala costumbre, que el triunfo lo debía a compra de votos en la costa por parte, si mal no recuerdo, de un tal Ñeñe. Y acto seguido promovió un supuesto estallido social que, de acuerdo con una cuidadosa investigación de Impacto 24-7, fue orquestado por una conspiración internacional alentada por el gobierno de Maduro en Venezuela en connivencia con los grupos insurgentes colombianos. Al lado de unas supuestas manifestaciones pacíficas se produjo la actuación criminal de la llamada Primera Línea, que dio lugar a la comisión de gravísimos delitos por los que se han producido múltiples condenas de parte de la justicia colombiana.

Recuerdo que Petro manifestó que si el Congreso derogaba la ley de alivio tributario que había aprobado el comienzo del gobierno de Duque cesarían las manifestaciones. Más tarde, ya como presidente, dijo en el llamado Puerto Resistencia o Puerto Rellena en Cali que él era miembro de esa Primera Línea. Por consiguiente, se lo debería procesar como instigador de los delitos que ese grupo criminal cometió. Me inclino a pensar que por lo menos se lo ha debido procesar por el delito de asonada, pues en forma tumultuaria se intentó presionar al Congreso para que derogara una ley.

La impunidad de que han gozado tanto Petro como Cepeda los alienta ahora a desconocer la legitimidad del triunfo de Abelardo y José Manuel promoviendo una fementida "desobediencia civil" con la que pretenden volver a las andadas de los años en que pretendieron derrocar al presidente Duque.

No me cabe duda de que se trata de una dupla de avezados fronterizos del delito, que lo bordean y coquetean con él, pero tratando de ocultar huellas que podrían incriminarlos. Son dos sujetos de tenebrosa peligrosidad animados por la más extremista ideología del marxismo leninismo, la cual disfrazan con el ropaje de un engañoso "progresismo".

Hay que escuchar las declaraciones del exministro de Defensa del gobierno de Duque, Diego Molano, para recordar lo que significó el estallido social que Petro promovió tratando de estorbar su gobernabilidad en medio de la pandemia. Recuerdo que lo desafiaba para que decretara el estado de conmoción interior, pero Duque fue prudente y dejó que la fiebre pasara.

Los que he llamado "dos tipos de cuidado" ensayarán la misma receta que trataron de aplicarle a Duque, pero Abelardo es de otra pasta y ya verán "cómo muerde el tigre". Pero las duras medidas que éste deberá adoptar con miras a contener a los sediciosos y ponerlos en su lugar perturbarán probablemente su gobernabilidad, distrayéndolo de la urgentísima tarea de reconstruir lo dañado por la gestión irresponsable de Petro.

Vienen tiempos difíciles que demandarán para el nuevo gobierno un apoyo decidido y vigoroso de quienes votamos por él.

Ello aconseja mucho tino para la conducción del conjunto de partidos que se han declarado de gobierno. Hay que limar las asperezas que acontecimientos recientes han mostrado desencuentros en la coalición que lo sigue, pues la unidad es indispensable para enfrentar a la dupla subversiva que aspira a verlo fracasar.

Reitero la coda con que he cerrado varios de mis escritos: ¡Que Dios nos tenga de su mano! 

domingo, 12 de julio de 2026

Sed libera nos a malo

Hay abundante información sobre las influencias ocultistas en Cuba, Nicaragua, Venezuela y Haití. En lo que respecta a Colombia, circulan muchas versiones acerca de los nexos del desgobierno actual con la hechicería e incluso con religiones de origen africano o, como suele decirse por acá, ancestral.

Se dice en fuentes fidedignas que en medio de la campaña electoral hubo en la Casa de Nariño un ritual hechicero presidido por el okupa y orientado a perjudicar la campaña de Abelardo. El hecho escandalizó a algunos de quienes lo presenciaron, los cuales se pusieron a rezar para contrarrestar esa aterradora ceremonia. Como los brujos que la estaban realizando se dieron cuenta de que había una energía que contrarrestaba sus ritos, se optó por exigir el retiro de quienes no participaban en ellos.

Isabel Cuervo ha denunciado en Instagram que el que nos desgobierna practica la religión Palo Mayombe y por ello suele lucir vestiduras blancas y colgarse al cuello la cruz Tao, que nada tiene que ver con la que veneramos los cristianos. Según otras versiones, sus visitas a Haití tienen que ver con esas creencias y no falta quien sostenga que su atuendo lo identifica como oficiante de dicho credo.

Es difícil identificar en qué cree. Todo parece indicar que profesa cierto sincretismo, pues no vacila en visitar al Santo Padre, haciéndose acompañar en su comitiva con quien la prensa identifica como su barragana.

Abelardo y José Manuel tienen toda la razón al considerar que entre nosotros se libra una batalla espiritual que debe contar con el auxilio de Dios y la Santísima Virgen, motivo por el cual han realizado una edificante peregrinación por los santuarios marianos de nuestro país.

Abundan las voces que le piden a Abelardo que no ocupe la Casa de Nariño sin que previamente se realicen exorcismos que lleven a cabo una profunda limpieza espiritual de ese lugar que podría ser objeto de infestaciones diabólicas.

Hay que seguir orando fervientemente para protegernos del comunismo y de las malas intenciones del que nos desgobierna y el que pretende heredar su puesto.

Que Dios nos tenga de su mano.