lunes, 18 de noviembre de 2019

La Estrategia del Caos

No cabe duda de que en nuestro escenario político actúa un izquierda radical que pretende imponerse a cómo dé lugar, siguiendo la consigna que trazó Lenin de combinar todas las formas de lucha con miras a la conquista del poder.  

La marcha que distintas organizaciones sociales tienen preparada para el próximo jueves se inscribe dentro de estas consignas.

Así se diga que aspiran a que sea pacífica, es evidente que el clima tanto interior como exterior que la rodea está cargado de oscuros nubarrones que presagian tormentas similares a las ocurridas en las últimas semanas en Ecuador y Chile, instigadas por el Foro de Sao Paulo. 

Sus promotores confían en que la votación que obtuvo Gustavo Petro el año pasado en las elecciones presidenciales, los resultados electorales del pasado 27 de octubre y el bajón de la imagen favorable del presidente Duque en las más recientes encuestas, les garantizan, cuando no el respaldo activo de vastos segmentos de la opinión, por lo menos sí una actitud como la que proclamó Eduardo Santos respecto de la II Guerra Mundial, de "neutralidad, mas no de indiferencia". Hasta la Conferencia Episcopal se ha pronunciado en pro de esa marcha, confiando imprudentemente en que se tratará de una protesta pacífica que transcurrirá dentro de los cauces de la legalidad (https://www.semana.com/nacion/articulo/paro-nacional-21-de-noviembre-la-iglesia-catolica-se-pronuncia/640284). 

¡O sancta simplicitas!

Esa izquierda altanera cree llegada su hora. Sueña con que en las elecciones de 2022 conquistará la presidencia y prepara el camino desquiciando el actual gobierno a través de la generación de crisis similares a las que han puesto en jaque a los presidentes de Ecuador y Chile.

Confía en que lo estipulado en el NAF acerca de la movilización y la protesta populares enervará la capacidad de respuesta de la fuerza pública ante los desmanes que se produzcan.Y si las autoridades actúan para ponerles freno, ahí estarán todos sus cómplices para denunciarlas y desacreditarlas.

El temor de un "bogotazo" y un "medellinazo" no es infundado, habida consideración del contexto que rodea la marcha. Tras ella anida una oscura tendencia en la que se acumulan muchos años de delirios políticos acerca de la inevitable y deseada revolución que piensan que cambiará radicalmente la fisonomía de nuestra sociedad dizque para hacerla más justa.

Sugiero a mis lectores que presten atención a lo que enseña Eduardo Mackenzie en "Las Farc o el fracaso de un terrorismo" (http://www.freepdf.info/index.php?post/Mackenzie-Eduardo-Las-Farc-El-fracaso-de-un-terrorismo), que es en el fondo una historia del Partido Comunista Colombiano y su lucha por imponer su proyecto totalitario y liberticida entre nosotros desde hace más de 90 años. Hay que destacar en especial las páginas atinentes al 9 de abril de 1948, en las que se demuestra de modo fehaciente la conjura que dio lugar al asesinato de Gaitán y el levantamiento que se produjo no solo en Bogotá, sino en distintos lugares del país. Esa siniestra conjura vuelve a estar en marcha hoy por hoy.

Recomiendo también que se lea lo que escribió hace poco el ex-fiscal Néstor Humberto Martínez acerca de la rigidez no solo ideológica sino psicológica de los dirigentes de las Farc, que aceptaron la firma del NAF no para incorporarse a un sistema democrático pluralista y ordenado, al estilo del que ha caracterizado a los países más desarrollados de Occidente después de la II Guerra Mundial y hasta la hora actual, sino como un paso estratégico hacia la toma del poder que han anhelado a lo largo de más de medio siglo y por la que se han sometido a ingentes sacrificios.

Tiene toda la razón mi apreciado amigo José Alvear Sanín en su más reciente escrito titulado "El Tren de Lenin", cuando alerta sobre el peligro que entrañan para nuestra democracia unas minorías fanatizadas y desaforadas, capaces de sembrar el caos en la sociedad y aprovecharse de la confusión que el mismo suscita (vid. http://www.lalinternaazul.info/2019/11/18/el-tren-de-lenin/).

Desafortunadamente, el Centro Democrático, que es de hecho el único obstáculo que se interpone frente a esa avasalladora marea izquierdista radical, quedó lisiado en las últimas elecciones. Los cómplices de esa conjura en la prensa y la administración de justicia  han afectado severamente la imagen del hoy senador Uribe y de contera la del partido y el actual gobierno. Por eso he escrito que Colombia, igual que el deplorable personaje de un tangazo de Discépolo y los hermanos Expósito, "se ladea, se ladea por el borde del fangal".

Ya veremos al término de esta semana si estas oscuras premoniciones se cumplen.

Nuevamente hay que pedir fervorosamente que el Señor nos tenga de su mano.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Se ladeaba, se ladeaba por el borde del fangal

"Fangal" es un tango póstumo de Enrique Santos Discépolo, el famoso creador de "Cambalache". Como quedó inconcluso al momento de su muerte, lo completaron en letra y música los hermanos Homero y Virgilio Expósito, y lo difundió, entre otros, Edmundo Rivero. Trata de una "pobre mina que nació en un conventillo con los pisos de ladrillo, el aljibe y el parral", que andaba en malos pasos y un redentor de la estirpe de "Soy un arlequín" (otro tangazo discepoleano) trata de salvarla sin remedio. En el agregado de Homero Expósito, la pobre mina queda retozando en el fangal, mientras el redentor se duele de su ingenuidad: "Fui un gil, porque creí que allí inventé el honor..." (http://www.todotango.com/musica/tema/168/Fangal/).

Esta penosa historia me hace pensar en la suerte de nuestra pobre patria colombiana, que después de la imposición fraudulenta del NAF y los sinuosos resultados del último debate electoral ha quedado también ladeándose por el borde del fangal.

Respeto la opinión de quienes piensan que esos resultados muestran que la opinión va hacia el centro, buscando un equilibrio en medio de la polarización, pero discrepo radicalmente de ellos.

A juzgar por la elección que se hizo en Bogotá, la autoridad distrital ha quedado en manos del Foro de Sao Paulo, del que hace parte la Alianza Verde que capitanea Claudia López. 

Si bien es cierto que no está en manos de las autoridades capitalinas la transformación radical del régimen socio-económico imperante, ellas pueden sentar las bases de los procesos revolucionarios que busca promover ese Foro.

Dichas autoridades tienen poder de nombramiento de miles de servidores públicos que tendrán la posibilidad de influir en elecciones futuras para favorecer las campañas del Foro. Les incumbe, además, el control del orden público en la capital y pueden hacerse las de la vista gorda frente a los desmanes de la movilización y la protesta populares. So capa de la acción social del Estado que contempla la Constitución, disponen de amplios recursos presupuestales para desarrollar programas supuestamente de favorecimiento a los más necesitados, que vienen acompañados de jugosas adjudicaciones de contratos y frondosas cuotas burocráticas. Para financiar sus políticas, tienen a la mano amplias atribuciones en materia de tributación, a través de las cuales pueden oprimir a quienes consideran como sus enemigos de clase (propietarios, empresarios, inversionistas, etc.).

Pero hay algo más y de enorme gravedad. El Foro de Sao Paulo y sus secuaces promueven la revolución sexual, dentro de la que se inscribe la ideología de género, que aspira a erradicar las creencias cristianas y la moralidad que ellas sustentan, con miras a la destrucción del orden familiar que es la base de nuestra civilización.

Esa revolución actúa hoy sobre todo en el campo educativo. Se estima que en las insitituciones educativas públicas  de Bogotá hay un millón de niños, que se verán expuestos a las enseñanzas depravadas que se imparten hoy por hoy en otras latitudes, como el adiestramiento en la masturbación, el sexo anal, la promiscuidad sexual, etc., desde la más tierna infancia. La idea básica estriba en que el placer sexual es el máximo objetivo en la vida y todo lo que lo suscite debe gozar de la misma aceptación, sin otra cortapisa que la libertad de elección.

En otras oportunidades he recomendado la lectura de un libro imprescindible de E. Michael Jones  para comprender el alcance de esta revolución, "Libido dominandi: sexual liberation and political control". Vuelvo a ofrecer aquí el enlace para su descarga: https://renitenciabrasil.com/wp-content/uploads/2018/05/Libido_Dominandi_-_Sexual_Liberation__Political_Control_-_E._Michael_Jones_2000.pdf

No está muy desatinado el concejal cristiano que acaba de denunciar que Bogotá se apresta a seguir los pasos de Sodoma.

En lo que a Medellín concierne, el alcalde electo exhibe todas las trazas de ser un aventurero. Un video lo muestra pronunciando un discurso explosivo mientras se despoja de una capucha, símbolo actual de los transgresores en los desórdenes callejeros. En otro aparece promoviendo la aspiración presidencial de Gustavo Petro, el dirigente tóxico por antonomasia en la hora actual. ¿Hacia adónde va? Ya lo veremos cuando le toque el manejo del orden público en nuestra ciudad.

De Cali y el Valle del Cauca, ni se diga.

Mientras tanto, observamos un gobierno nacional que, pese a las mejores intenciones, carece de poder efectivo para dirigir la nave del Estado. Lo que acaba de suceder con el ministro de Defensa no da pie para el optimismo. Colombia es hoy un narcoestado. Según ciertas estimaciones, de las supuestas 200.000 has. de cultivos de coca, hay 100.000 que controlan los cárteles mexicanos. En términos médicos, estamos invadidos de cáncer, mejor dicho, de varios cánceres muy agresivos.

No parece excesivo afirmar, como lo hace mi amigo José Alvear Sanín, que estamos bajo el gobierno de transición convenido por Santos con las Farc. 

Piensa uno si el presidente Duque ha sido ingenuo al dejar tantos mandos medios en poder del santismo, bajo la idea de que el pérfido expresidente lo deje gobernar, o si hay algo más de fondo en esa extraña política de gobernar dejando de lado a los amigos y favoreciendo a los enemigos. Lo cierto es que tiene adentro de su administración el caballo de Troya, mientras que desde el Congreso y las Cortes en que Santos influye le disparan sin contemplaciones.

¿Hace Duque el deplorable papel del "cusifai" del tango de Discépolo y los Expósito?

sábado, 26 de octubre de 2019

Religión y Política

Las relaciones entre estos dos aspectos de la vida humana son de muy vieja data. Hasta el advenimiento de la Modernidad, fueron estrechísimas.

He señalado en otras oportunidades que la religión parte de la base de que habitamos en medio de dos mundos, el natural y el sobrenatural; que entre ambos hay interacciones; que se da en los seres humanos el tránsito de esta vida mortal a la eterna; y, en un concepto más evolucionado, que el modo como vivimos en este mundo natural condiciona el de nuestra supervivencia en el más allá.

La religiosidad se pone de manifiesto en los más antiguos restos de la vida primitiva que han llegado hasta nosotros y aparece bajo diversas modalidades en todas las culturas y civilizaciones.

Ella cumple distintos cometidos tanto en la vida individual como en la colectiva. En esta ha sido determinante de la configuración, la cohesión y el ordenamiento de las sociedades primitivas y tradicionales, así como de la legitimación de las autoridades que las han gobernado. Ahí de da, entonces, la íntima conexión de lo religioso con lo político.

A lo largo de la historia cada colectividad se ha identificado a partir de lazos religiosos. El fenómeno es nítido en la antigüedad romana. El Fas, que era el derecho antiguo de Roma, tenía significado eminentemente religioso. De ahí que el vínculo político, así como el jurídico, fuera ante todo de índole religiosa. La pertenencia al pueblo romano implicaba la sujeción a una colectividad religiosa, dando lugar así, como lo dice Fustel de Coulanges en su famosa obra "La Ciudad Antigua" a una religiosidad cívica. Pero este es apenas un ejemplo, desde luego eminente, del fenómeno. Otros historiadores han llegado a la conclusión de que los imperios antiguos se estructuraban alrededor de centros religiosos en los que el Templo era el núcleo fundamental, según lo acredita, por ejemplo, la historia de Israel. Para no ir muy lejos, el mundo islámico aún hoy gira en torno de la Umma, es decir, la unidad de los creyentes, que los somete rígidamente y excluye a los infieles (vid. https://www.trotta.es/static/pdf/fragmento_9788498790160.pdf).

Si el vínculo religioso es determinante de la configuración y la cohesión de culturas y civilizaciones tradicionales, el mismo constituye entonces, como lo sostenían antaño los conservadores, fundamento del orden social y de la legitimidad del poder político.

Es conocido, aunque de hecho olvidado hoy en día, el argumento conservador acerca de la importancia de la religión en la vida colectiva:"Sin religión no hay moralidad; sin moralidad no hay orden; y sin orden no hay derechos".

El ordenamiento social implica autoridad, y esta en todas las latitudes ha invocado argumentos religiosos para imponerse y consolidarse. En unas partes se ha sostenido la divinidad o la filiación divina de las altas autoridades, tal como se creía en Egipto, en Persia, en China o en Japón, y trataron de imponerlo sobre la base de ficciones los Césares en Roma. Estas ideas se proyectaron de distintas maneras en la Europa cristiana, al tenor de lo que Duverger denomina la "investidura providencial" de que trata el texto de San Pablo que proclama que todo poder viene de Dios. El célebre historiador británico Cristopher Dawson observa que en el mundo bizantino dieron lugar a que el poder religioso y el político confluyeran en el Basileus, mientras que en el occidental se mantuvo la distinción entre el poder temporal y el espiritual, que postula el Evangelio cuando habla de lo que es del César y lo que es de Dios, pero reconociendo la supremacía moral del segundo, representado en el Papado. De ahí que la legitimación del poder real pasara por la unción sagrada. En el mundo protestante y sobre todo en Inglaterra cobró fuerza la doctrina del Derecho Divino de los Reyes, de que trata la obra del mismo nombre de otro historiador británico, John Neville Figgis, que con distintos argumentos destacaba el poder monárquico por encima del eclesiástico y dio lugar, cuando se impuso la Reforma, a que los príncipes  acumularan a su poder político el religioso. Es el caso de Enrique VIII, que se proclamó jefe de la Iglesia de Inglaterra, autoridad que todavía hoy ejerce nominalmente S.M. Isabel II (vid. http://www.saavedrafajardo.org/Archivos/equipofilosofia/documento7.pdf).

En "La Cultura del Renacimiento en Italia" muestra Burckhardt cómo los señores se exhibían ante el pueblo tratando de identificarse con Nuestro Señor Jesucristo y hasta con el Niño Jesús (vid. https://www.academia.edu/29314038/Burckhardt_Jacob_La_cultura_del_Renacimiento_en_Italia_pdf). Y es sabido que a Isabel I de Inglaterra se la presentaba como la "Reina Virgen" (que era lo primero, mas no lo segundo) para usurpar el puesto que la Santísima Virgen María ocupaba en la veneración del pueblo.

El pensamiento político moderno, a través de una interesante evolución que no es del caso reseñar aquí,  ha tratado de independizar lo político de lo religioso. Hay distintos aspectos de esta tendencia, tales como la tesis de Maquiavelo según la cual el Príncipe debe ejercer su poder mirando ante todo los hechos y dejando de lado la moralidad; la de Grocio, que considera que la normatividad jurídica tiene fundamento exclusivamente racional y no requiere la idea de Dios; la de Pufendorf, que desliga el derecho de la metafísica realista; la de Thomasius, que diferencia el derecho y la moral señalando que el primero regula los aspectos externos del obrar humano, mientras que la segunda versa sobre los interiores; etc. 

El desenlace de estas y otras ideas da lugar a que se piense que la religión es asunto exclusivamente individual  que incluso corresponde a cierta etapa infantil o al menos adolescente de la evolución del espíritu humano, mas no a la su madurez, tal como lo enseña Kant en su opúsculo "Qué es la Ilustración": "La Ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad" (vid. https://filosofiajaimeferran.files.wordpress.com/2012/04/kant_ilu1.pdf). 

Por consiguiente, se cree que la religión no tiene que ver con la configuración de la sociedad, que racionalmente deriva de un contrato y no de la Providencia ni de la historia, ni con la legitimación de la autoridad, que según Max Weber en los tiempos modernos de desencantamiento del mundo ha de ser eminentemente racional, a diferencia de los tiempos antiguos en que era de índole carismática o tradicional.

Esto ha conducido a que en el pensamiento político-jurídico dominante hoy se diga que las ideas religiosas no tienen cabida en el debate que se da en el seno de la razón pública. Pero se desconoce que esta supuesta razón pública se halla permeada por no pocos ingredientes que son en sí mismos irracionales o cuya racionalidad está en tela de juicio. Muchos de esos ingredientes son meramente ideológicos, como los que postula hoy la ideología de género, de muy cuestionables bases científicas y filosóficas.

Se ignora que ideas morales de tanta significación como la de dignidad de la persona humana o la valoración positiva de la libertad y la igualdad, remiten indiscutiblemente a la tradición cristiana, como en su momento lo demostró Lord Acton (vid. http://www.hacer.org/pdf/Acton2.pdf).

Se ignora también que el espíritu religioso ha perdurado en lo que Karl Schmitt y otros han identificado como religiones políticas. Del nacionalismo, por ejemplo, se ha dicho que es el Dios de la Modenidad, título de una interesante obra de Josep Llobera. Ya la tesis había sido expuesta minuciosamente por Rudolf Rocker en "Nacionalismo y Cultura", en donde postula que todo pensamiento pollítico es en el fondo religioso (vid. https://es.theanarchistlibrary.org/library/rudolf-rocker-nacionalismo-y-cultura.lt.pdf). Por su parte, Ernst Cassirer denunció en un libro que ya es clásico, "El Mito del Estado", la irracionalidad del totalitarismo del siglo XX (vid. .https://agoracontemporanea.files.wordpress.com/2016/09/cassirer-e-el-mito-del-estado.pdf Y André Reszler, en otro interesante libro, se ha ocupado de los mitos políticos modernos (vid. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-comparado/article/view/2191/2448)

Se cumple así lo que sostuvo Will Durant acerca de que las religiones pueden cambiar de forma y de contenido, pero su vigencia se mantiene en las sociedades. De hecho, la saña anticristiana del liberalismo actual, de signo libertario, y los distintos socialismos, excluyendo los de trasfondo cristiano, ostenta todas las características de empeño religioso en el peor sentido de la expresión, con su intolerancia y su fanatismo.

Otro aspecto de la cuestión que merece capítulo aparte toca con las relaciones del Estado con las organizaciones religiosas, especialmente la Iglesia Católica. Ahí entra en juego el debate entre el clericalismo y el anticlericalismo, que tanta incidencia tuvo en nuestra vida política en el siglo XIX y la primera mitad del XX.





martes, 22 de octubre de 2019

Nuestra democracia en peligro

Cualquiera sea la opinión que pueda tenerse acerca de Carlos Alonso Lucio, no cabe desconocer que la lucidez de sus conceptos y sus palabras hace honor a su apellido, tal como es dable apreciarlo en su reciente intervención en La Barbería de Calderón  de que da cuenta el siguiente enlace: 

El tema de fondo de su conversación con el barbero toca con los gravísimos peligros que acechan a nuestra democracia, patentes no solo en el ámbito interno, sino en el contexto exterior.

Los más graves de ellos se ponen de manifiesto en los proditorios cometidos que animan al Foro de Sao Paulo, bajo la inspiración del gobierno comunista de Cuba, la acción ejecutiva de la dictadura venezolana y la complicidad de quienes hoy controlan a México y Nicaragua.

Nosotros estamos en la mira de esa coalición de facinerosos que aspiran, cual demonios, a arrastrarnos a sus infiernos liberticidas y totalitarios.

Para desgracia nuestra, median circunstancias internas favorables a la penetración de esa fatídica liga.

Lucio considera que la más delicada se configura a partir del frente subversivo que lidera alias Iván Márquez, que no puede verse como una disidencia marginal de las Farc, sino como una reviviscencia de esta vieja organización guerrillera, fortalecida hoy por las más de 200.000 has. de cultivos de coca y el apoyo del Foro de Sao Paulo. Dice Lucio que Márquez es en estos momentos muchísimo más poderoso y, por ende, peligroso, que cuando se iniciaron los diálogos en La Habana.

Media la inquietud acerca de si la división de las Farc entre un partido integrado a la legalidad y unos frentes que la desafían es más aparente que real. La duda se acrecienta cuando se considera que probablemente las Farc no entregaron todo su arsenal y conservaron tanto acá como en Venezuela la mayor parte del mismo, y que muchos de los antiguos combatientes se han reintegrado a las tales disidencias.

Al lado de las mismas hay que considerar además la presencia de un ELN fortalecido y una constelación de bandas criminales, unas de ellas con designios supuestamente políticos y otras más nítidamente vinculadas a actividades criminales relativas al narcotráfico, la minería ilegal, etc., en buena medida bajo la influencia de cárteles mexicanos que, al parecer, gozan del favor o por lo menos de la tolerancia del gobierno de AMLO.

Vastos segmentos de la geografía nacional padecen hoy bajo el imperio de la ilegalidad, incluyendo zonas urbanas dentro de las grandes capitales. Y según el Procurador General de la Nación, por lo menos 300 municipios se encuentran en riesgo electoral por la presencia de todos esos agentes criminales. 

Al lado de este vasto frente de ilegalidad obra una oposición política de la que en parte cabe sospechar que mantiene con el mismo estrechas conexiones. No se trata solo del partido Farc, sino de otras formaciones políticas. Hay una especialmente caracterizada por el radicalismo agresivo de sus dirigentes, la mal llamada Colombia Humana, que desde que perdieron las elecciones presidenciales han venido amenazando con hacer invivible la república, tal como se está viendo en la seguidilla de paros y manifestaciones violentas que han azotado especialmente a Bogotá. Pero otras, como el Partido Verde y el Polo Democrático, hacen parte del Foro de Sao Paulo y, por consiguiente, así no promuevan consignas violentas, de algún modo favorecen sus propósitos.

¿Qué decir de algunos idiotas útiles que medran en partidos como el Liberal, Cambio Radical, la U y hasta el Conservador? Avanzo con estremecimiento en la lectura del libro de Néstor Humberto Martínez , "Las Dos Caras de la Paz", en el que demuestra de modo incontrovertible la abyección de sus representantes en el Congreso frente a los dictados de las Farc, al votar favorablemente muy discutibles medidas que van más allá de lo estipulado en el NAF, en detrimento de los cometidos de verdad, justicia, reparación y no repetición de crímenes execrables.

El antiduquismo exacerbado lleva a no pocos dirigentes políticos, periodistas, académicos y seudointelectuales a beneficiar, así sea por omisión, los propósitos del Foro de Sao Paulo y sus epígonos.

Todo esto viene a cuento porque en las elecciones del próximo domingo no se trata solo de asuntos regionales y locales, sino de la suerte misma de la democracia colombiana, a la que pese a todos sus protuberantes defectos hay que proteger contra ese siniestro Foro. Y el dique para contenerlo no es otro que el Centro Democrático, que mantiene una posición enhiesta no solo contra ese Foro, sino contra los vicios que distorsionan y desacreditan la institucionalidad. 

Por eso recomiendo votar por Andrés Guerra para la gobernación de Antioquia, Verónica Arango No. 66 para la Asamblea Departamental, Alfredo Ramos Maya para la alcaldía de Medellín y Julio Enrique González Villa No. 10 para el Concejo.








sábado, 5 de octubre de 2019

¿Justicia o Venganza?




"El campo al que el almirante dirigía su actividad era el campo de la política, tierra donde se fermentan todas las pasiones y donde se crían las plantas más venenosas. La envidia, la venganza, la ingratitud, la codicia, la calumnia, cuanto guarda de peor el corazón, prospera en ese campo, donde no se presenta al espíritu sino la contemplación de la miserable naturaleza humana, que sólo sobrenaturalmente puede amarse”.

Creo haber citado en otras ocasiones este texto del discurso que pronunció Don Marco Fidel Suárez a propósito de la conmemoración del IV Centenario del Descubrimiento para referirse a las vicisitudes que rodearon el triste final de Cristóbal Colón.

Lo traigo de nuevo a colación para referirme a la ordalía a que está sometido el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez por obra de la persecución que han desatado contra él sus más encarnizados enemigos.

Aunque no suelo pronunciarme sobre asuntos judiciales que dependen de lo que conste en expedientes que no son de público conocimiento, el contexto que rodea el llamado a indagatoria de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia a Uribe no deja de suscitar graves inquietudes.

Recomiendo la lectura de este resumen que ha presentado sobre el caso el periodista Gustavo Rugeles bajo el título de "Las puntas de lanza del proceso contra Álvaro Uribe" (Vid. https://lalinternaazul2.wordpress.com/2019/09/30/las-puntas-de-lanza-del-proceso-contra-alvaro-uribe/)

Julio César decía que su mujer no solo debía ser honesta, sino parecerlo. Lo mismo hay que predicar, con más veras, de las autoridades judiciales. Y lo triste en este caso estriba en que nuestra administración de justicia, comenzando por la que ejercen las más altas cortes, ha perdido toda respetabilidad. (Vid. v.gr: https://www.eltiempo.com/justicia/investigacion/los-magistrados-que-estuvieron-o-estan-en-la-corte-suprema-363742?fbclid=IwAR0OfjqHWpuAvUQhget-qNRYsuUG_bOnt5Y6sDWJEeCnulX6W4h01u2Kcik).

Don Miguel Antonio Caro dijo alguna vez que la justicia en Colombia era un perro rabioso que solo perseguía a los de ruana. Ahora es un lugar común afirmar que su presa preferida son los uribistas, comenzando desde luego por su máximo líder.

Median contrastes demasiado significativos entre la lenidad que ha rodeado el tratamiento de los múltiples hechos escandalosos que caracterizaron la gestión gubernamental de Juan Manuel Santos y la severidad de los que se atribuyen a la de Álvaro Uribe Vélez y sus colaboradores. Si se midieran una y otra con el mismo rasero, no pocos de los funcionarios y allegados de Santos seguramente estarían hoy seriamente encartados, cuando no él mismo.

Pero hay la duda acerca de si las altas cortes miran lo de Santos con favoritismo rayano en la complicidad, mientras que lo de Uribe no se considera con espíritu de justicia, sino con sevicia.

Es difícil no pensar que el proceso que la Corte Suprema abrió contra él está ligado al que la misma decidió en favor del oscurísimo senador Cepeda, al que se consideró legitimado para hacer gestiones cerca de testigos que podrían incriminar a Uribe, dizque por hacer parte de la Comisión de Paz del Senado. ¿Tiene que ver Cepeda con la activación de dicho proceso? ¿Hubo alguna consideración de oportunidad política para fijar la fecha de indagatoria poco antes de las próximas elecciones? ¿Qué es eso tan raro de las interceptaciones telefónicas que por error se le hicieron a Uribe?

Como en la célebre reflexión de Hamlet o el título de una famosa novela de José Luis Martín Vigil, alrededor de todo esto se percibe "Cierto olor a podrido".

No hay que olvidar la impresionante denuncia que hizo el coronel Mejía Gutiérrez en "Me niego a arrodillarme" acerca de la superestructura clandestina que mueve los hilos de la izquierda colombiana y los tiene activos en múltiples escenarios, entre ellos los de la administración de justicia.(Vid. http://www.alvarouribevelez.com.co/es/content/me-niego-arrodillarme).

¿Qué tan permeada se halla esta por los agentes del Socialismo del Siglo XXI que aspiran a imponernos un régimen totalitario y liberticida como el que azota a Cuba?

El odio que los marxistas y sus compañeros de ruta le profesan a Uribe es muy explicable, dado que gracias a su entereza todavía no hemos caído bajo las garras de ese ominoso sistema. Pero sus promotores saben bien que liquidándolo, así sea moralmente, tendrán expedito el camino para la ansiada toma del poder en 2022.

No es, pues, aventurado el temor que a muchos nos asalta acerca de que tras la acción de la Corte contra Uribe no solo se mueve un perverso ánimo de vindicta, sino un claro designio político.¡Parece que estamos frente a uno de los episodios más flagrantes de politización de la justicia en toda nuestra historia!





sábado, 28 de septiembre de 2019

De la expectativa al desconcierto

Así titula un importante libro del connotado jurista Ricardo Zuluaga Gil que publicó hace algún tiempo la Academia Antioqueña de Historia.

Es obra de imprescindible consulta para quienes deseen enterarse de detalles quizás inéditos sobre el proceso constituyente de 1991, sus orígenes, su desarrollo y sus resultados.

El autor recaudó valiosas informaciones y opiniones de varios de los integrantes de la asamblea que expidió la Constitución Política que hoy nos rige. De ahí el subtítulo del libro: "El proceso constituyente de 1991 visto por sus protagonistas".

El 4 de julio de ese año el trío de presidentes de la asamblea, integrado por Álvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolff y Horacio Serpa Uribe, promulgó a voz en cuello lo que en un escrito que se publicó por esas calendas titulé como "El Estatuto del Revolcón". 

El mío fue un escrito inspirado por el escepticismo que me produjo ese proceso constituyente. No he cesado de referirme a nuestra Constitución Política como el "Código Funesto", y la lectura del libro del profesor Zuluaga reafirma mi incredulidad acerca de sus bondades. Dije en aquella oportunidad que ese estatuto contenía elementos capaces de sumir a Colombia en el cenagal de la ingobernabilidad, y creo que lo que estamos padeciendo avala mis planteamientos iniciales.

Los panegiristas de la Constitución aclaman el pluralismo de la asamblea que la expidió y las múltiples innovaciones que introdujo dizque para poner al día a Colombia en lo concerniente a derechos fundamentales, participación democrática, control del poder, descentralización efectiva, responsabilidad social del Estado, garantía de la paz, lucha contra la corrupción, inclusión colectiva, etc. 

En mi comentario me atreví a observar que todos los sueños de este desventurado país habían encontrado cabida en la nueva Constitución. No faltó quien considerara que ahí se trazaba la ruta de las utopías más ansiadas por los colombianos. Fueron muchas, en efecto, las expectativas que suscitó. Pero después ha cundido el desconcierto, como bien lo dice el título del libro en mención.

Los que se mantienen fieles al estatuto fundamental que nos rige aducen que se lo ha traicionado, que la sociedad colombiana no ha sabido asimilarlo, que la clase política lo ha desvirtuado con las decenas de reformas que le ha introducido, que su concepción original era óptima pero en la práctica se la ha distorsionado, etc.

Sin desconocer las buenas intenciones que animaron a los constituyentes, aunque no a todos ellos, el libro muestra la improvisación y el desorden con que se desarrolló ese proceso. ¡Bien diciente es el hecho de que lo que ellos firmaron ese día fueron unos papeles en blanco, pues el texto se había refundido en los computadores y era necesario reconstruírlo! ¡Y a lo que después se publicó hubo que añadirle una fe de erratas!

El balance de la Constitución es más bien precario y hasta negativo. No trajo consigo la ansiada paz ni la moralización de las costumbres políticas. No contamos con una democracia más auténtica, sino con un histriónico remedo. Estos 28 años de su vigencia han sido violentos como pocos en nuestra trajinada historia. En ellos hemos visto y padecido los estragos de una corrupción incontrolable. Y si la asamblea se convocó para reaccionar contra las amenazas del narcotráfico, hoy somos a no dudarlo un vergonzoso Narcoestado. Se pretendió debilitar el poder presidencial y controlar los abusos de los congresistas, pero con resultados harto discutibles. En cambio, se ha producido una alarmante hipertrofia del poder judicial, que muchos nos atrevemos a considerar que de hecho ejerce una pérfida dictadura. Y, tal como lo advertimos algunos en su debida oportunidad, las cargas asumidas por el Estado para dar cumplido efecto a las innovaciones que introdujo la Constitución nos llevan de crisis tras crisis en las finanzas públicas. Nunca alcanzan los recursos y el nivel impositivo ya es asfixiante.

Hay en la opinión un agrio ambiente de descontento frente a nuestra institucionalidad. Muchas voces se alzan a gritos para pedir reformas sustanciales, pues sienten que vamos por mal camino. Yo creo que, en realidad, la juridicidad ha desaparecido entre nosotros y estamos bajo un régimen de facto aparentemente sometido a reglas que las altas corporaciones judiciales interpretan y aplican a su amaño.

Hoy sí que es se hace bien cierto el dictum de los norteamericanos, según el cual la Constitución es lo que la Suprema Corte disponga. Y la nuestra, con su arbitraria tesis de que hay un espíritu de la Constitución que solo ella, como ciertos médiums, puede invocar y no es posible alterarlo sino por la vía de una constituyente convocada con ese fin o por la de la interpretación que la propia Corte Constitucional quiera darle, ha cerrado en la práctica los canales para hacer los ajustes que el país requiere.

¿Qué hacer, entonces? La respuesta es dolorosa. Dada la ausencia de la juridicidad, lo que rige entre nosotros es la vía de hecho. El que tenga oídos, que entienda.





domingo, 22 de septiembre de 2019

Solo cerrazón

Hay demasiada oscuridad en lo que atañe al futuro de Colombia. Los signos en los distintos campos son ominosos, trátese de de la prosperidad de la economía, del orden social, de la eficacia de las instituciones, de la moralidad o de lo que se quiera.

Cuando se celebró la firma del acuerdo con las Farc (NAF) se anunció que el país entraría a la etapa promisoria del post-conflicto, que prometería una paz estable y duradera, bien cimentada en los compromisos contraídos tanto por las autoridades como por los insurrectos que prometieron desarticular sus frentes, entregar sus armas, recluir sus efectivos en zonas especiales, colaborar con la erradicación de los cultivos de marihuana, coca y amapola, etc.

Hoy, cerca de tres años después y en vísperas de los comicios departamentales y locales, la revista Semana anuncia en su portada que el proceso electoral en curso está bajo fuego (https://www.semana.com/nacion/articulo/violencia-politica-en-las-elecciones-regionales-de-2019-en-colombia/632808).

No estamos, entonces, en paz, y la razón es muy sencilla: la herencia de las negociaciones de Santos con las Farc es el crecimiento de hecho incontrolable de los cultivos de coca, que ha dado lugar a que Colombia sea mayor productor de cocaína en el mundo. De hecho, Santos nos dejó convertidos en un Narcoestado.

La droga que producimos no solo se proyecta hacia el exterior, siguiendo la perversa estrategia comunista de promover la corrupción sobre todo de la sociedad norteamericana, sino en el interior, bajo la destructiva modalidad del microtráfico, que hace acto de presencia en casi todos los núcleos urbanos, trátese de los barrios citadinos o de los cascos municipales de todo tamaño. Hay una omnipresencia de la droga, que afecta a personas de toda edad, sexo o condición social, y es generadora de violencia, corrupción y, en suma, desquiciamiento del orden social.

Hace varias décadas leí un libro que me produjo profundo impacto: "The Underground Empire", de James Mills, que puede consultarse en https://archive.org/details/undergroundempir00mill.

El autor investigó las acciones de la DEA y la justicia norteamericana en torno de la marihuana, la cocaína y la heroína, para llegar a conclusiones bastante escépticas sobre su eficacia. Cuando escribió su libro, consideraba que el narcotráfico movía tres veces el dinero en circulación en los Estados Unidos. La situación actual seguramente es muchísimo peor.

Pues bien, Colombia está sometida a ese imperio, ya no tan subrepticio, pues impone su ley de la selva en vastas zonas del territorio.

Desafortunadamente y a pesar de lo dispuesto por el Acto Legislativo No. 2 de 2009, que quedó incorporado al texto del artículo 49 de la Constitución Política (vid. http://www.cicad.oas.org/fortalecimiento_institucional/legislations/PDF/CO/acto_legislativo_no2_2009_de_la_constitucion.pdf), debido a las estipulaciones del NAF y las extravagantes doctrinas recientemente revividas por la Corte Constitucional acerca del nexo del consumo de drogas con el libre desarrollo de la personalidad, nuestras autoridades están prácticamente maniatadas para actuar en contra de tan terrible flagelo.

Ya anda por ahí la torpe iniciativa de un tal senador Bolívar acerca del uso recreativo de la marihuana, apoyada sin reticencias por Santos y la cohorte de Soros, tendiente a revocar la drástica prohibición que sobre el porte y consumo de sustancias estupefacientes y psicotrópicas contempla el referido artículo 49 de la Constitución Política.

Cuando nuestros dirigentes deberían estar cerrando filas para librarnos de ese imperio maligno, unos, que se inspiran en los dogmas del liberalismo libertario, y otros, que piensan en el lucro que se derivaría del levantamiento de las restricciones que pesan sobre las sustancias estupefacientes y psicotrópicas, obran abierta o veladamente para consolidarlo entre nosotros.

Según el procurador Carrillo, el crimen organizado internacional está haciendo de las suyas en nuestro país (https://www.larepublica.co/empresas/no-tenemos-corrupcion-sino-crimen-organizado-fernando-carrillo-florez-2904495). Ese imperio del mal mueve sus siniestros tentáculos desde el exterior, bien sea a partir de los cárteles de la droga mexicanos o de los gobiernos enemigos de Cuba y Venezuela, entre otros, como la organización de Soros cuyo agente principal aquí es Juan Manuel Santos. Pero no hay voluntad política ni, en general, colectiva, para contrarrestarlo.

No solo la droga conspira contra la suerte de Colombia. Por ahí anda también agazapada, pero mostrando sus orejas de lobo, la Revolución Sexual que agitan Petro, Claudia López, las Farc y, en general, sus conmilitones. Es asunto que he tratado en otros escritos y sobre el que será necesario volver, porque una elección de la López para la Alcaldía de Bogotá traería consigo la imposición de esos nuevos dogmas sobre el millón de niños que hay en las escuelas públicas de la capital. Piénsese en lo que se está haciendo en otras latitudes, como enseñarles desde la más tierna infancia a masturbarse, practicar el sexo anal o renunciar a todos los signos de identidad masculinos o femeninos.