martes, 3 de marzo de 2026

¿De mal en peor?

Insisto en que la polarización que se vive ho en día en nuestro escenario político no se da, como lo creen algunos, entre uribistas y petristas, sino entre los partidarios de la democracia liberal y los comunistas, así sean éstos disfrazados.

Que el que nos desgobierna es comunista de raca mandaca no hay quien pueda negarlo después de lo que dijo sobre la caída del Muro de Berlín, lo que se le ocurrió ante la tumba de Mao o su reclamo porque Stalin en Yalta no se propuso extender el sistema soviético por toda la extensión del orbe. Ha sido explícito en confesar que con él llegó el M-19 al poder y en distintas manifestaciones ha hecho que se enarbolen las banderas de tan ominosa organización terrorista. No cabe duda de que con este desgobierno andamos muy mal. Pero lo peor estaría por venir si lo sucediera en el cargo que indignamente ocupa el oscuro senador Cepeda, cuyos nexos con las Farc, por más que lo niegue y se indigne cuando se los enrostran, configuran hechos notorios que, como se dice en cierta jerga judicial, son "coruscantes", brillan al ojo.

Es de público conocimiento que dicho senador ha fungido sin recato alguno como compañero de ruta de las Farc y posiblemente algo más. Sus antecedentes familiares y vitales, su formación profesional, sus actuaciones políticas muestran a las claras su cercanía con la subversión. Si el actual okupa de la Casa de Nariño no pudo poner en marcha su designio totalitario y liberticida porque la institucionalidad no se lo ha permitido, el revolucionario que aspira a reemplazarlo no se pararía en pelillos para llevarlo a efecto.

Vaya uno a saber si lo que dejan ver las encuestas tiene asidero en la realidad, pero ello indica que la demagogia del actual desgobierno quizás ha calado en distintos sectores de la comunidad. Y bien se sabe que la demagogia es una enfermedad letal de la democracia. Es un veneno que la destruye, tal como se lo ha observado desde la antigüedad.

Es indudable que nuestro pueblo adolece de graves falencias. Pero éstas no se resuelven con palabrería vana ni con medidas alocadas, sino mediante la acción de un buen gobierno que pondere con sensatez lo posible en medio de circunstancias complejas. Una virtud indispensable para ese buen gobierno es la sindéresis, la cual brilla por su ausencia tanto en el que nos desgobierna como en su favorito. El resentimiento y el odio de que dan muestra fehaciente no los habilitan para servir como se debe la causa del bien común, que es el norte que debe guiar a quienes aspiren a satisfacer adecuadamente las necesidades populares.

Cada ciudadano es responsable de la suerte de la patria. Su voto en los comicios venideros debe ser reflexivo, teniendo en cuenta que en ellos se juega el destino de generaciones de colombianos. Si por desventura le parece bien que sigamos las huellas de Cuba, Venezuela y Nicaragua, que después "no llore como mujer lo que no supo defender como hombre".

Hay muchas propuestas interesantes sobre el tapete. Me atrevo a recomendar, como lo he hecho en algotra oportunidad, el voto por el Centro Democrático y, en la Gran Consulta, por Paloma Valencia. Como la lista para la Cámara de Representantes es abierta, no vacilo en recomendar el nombre de Óscar Darío Pérez, que figura como 102 en dicha lista. Sobran palabras para exaltar los méritos sobresalientes de su labor como congresista.

En las circunstancias más difíciles, como las hoy reinantes, es indispensable invocar el favor de la Divina Providencia, para que ilumine a la ciudadanía en el momento de ejercer su derecho al voto.

Que Dios nos lleve de su mano.


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