sábado, 27 de octubre de 2018

Una historia poco edificante

Vuelvo sobre un tema que traté con cierto recato en otra ocasión en este blog y que en realidad no me gusta festinar. Lo hago porque podría tener alguna incidencia en la suerte de Andrés Felipe Arias, a quien se le ha negado la libertad en Estados Unidos porque, según explicó su esposa en "La Hora de la Verdad" en estos días, al juez  que lleva su causa lo motiva una solicitud de extradición que hizo el gobierno colombiano con fundamento en el Tratado entre los dos países cuya ley aprobatoria se declaró inexequible por nuestra Corte Suprema de Justicia el 11 de diciembre de 1986.

Ese día la Corte abandonó la sabia doctrina que a lo largo de años sostuvo en materia de leyes aprobatorias de tratados internacionales, en virtud de la cual se consideraba incompetente para pronunciarse acerca de la constitucionalidad de las mismas por considerar que ellas hacían parte de un acto complejo que en ultimas escapaba al control del derecho interno.

Para entender esta doctrina hay que recordar que el tratado se da a través de varias etapas: la negociación y la firma, que puede realizarse por medio de plenipotenciarios, bien sean embajadores, cancilleres u otros delegados; luego se produce el trámite interno, que depende de la legislación de cada Estado y que para la época consistía en obtener la aprobación de su texto por el Congreso, mediante ley y la sanción de la misma por el Presidente; la etapa final, que es la que lo perfecciona y le da vida jurídica, es el canje de ratificaciones o la comunicación de la adhesión, si es el caso de un tratado colectivo, en la que cada Estado parte declara que ha llenado todos los requisitos de su derecho interno y manifiesta su voluntad de cumplirlo; en nuestro país hay una formalidad adicional, consistente en el decreto que dicta el Presidente para incorporarlo al derecho interno.

La Corte sostenía, con sobra de razones, que un fallo de inexequibilidad de la ley aprobatoria no podía afectar el canje de ratificaciones o la adhesión, que eran y son eventos del resorte de la jurisdicción de los tribunales internacionales, los cuales, dicho sea al margen, han considerado que los Estados no pueden invocar vicios internos para negarse a cumplir lo que han ratificado solemnemente. Recuerdo que este fue el tema que trató nuestro profesor de Derecho Internacional Público, Jaime Sanín Greiffenstein, en sus primeras clases.

Pero en ese día funesto, ella decidió que sí podía ocuparse de la exequibilidad de la ley aprobatoria, invocando para el efecto una muy discutible analogía con los actos separables en la contratación administrativa, que según la legislación de ese momento podían anularse por vía jurisdiccional sin afectar por ello su resultado final.

Acto seguido, glosó la ley aprobatoria dizque por haberla sancionado el ministro delegatario encargado de funciones presidenciales por hallarse el presidente en visita oficial en el extranjero. Si bien el ministro había sido facultado ampliamente para suplir la ausencia del Jefe del Estado, la Corte entró a distinguir abusivamente entre las funciones delegables y las indelegables, habiendo encontrado que en estas últimas se hallaba la de sancionar leyes aprobatorias de tratados.

El Presidente era Julio César Turbay Ayala y su Canciller, Germán Zea Hernández, quien me espetó una severa reprimenda cuando yo era magistrado de la Corte, diciéndome que él había sido el promotor del Acto Legislativo que introdujo la figura del ministro delegatario y en ningún momento el Congreso consideró el arbitrario distingo que después introdujo la Corte para declarar inexequible la Ley aprobatoria del Tratado de Extradición con los Estados Unidos. 

Hube de responderle que yo no era magistrado de la Corte que declaró esa inexequibilidad, y que, en cambio, había promovido infructuosamente la exequibilidad de la sanción con que el presidente Barco buscó revivir esa Ley. 

Como la Corte fundó el vicio de la Ley en que quien la sancionó fue el ministro delegatario, el presidente Barco, cuyo Secretario Jurídico era Jorge Humberto Botero, decidió llenar la formalidad impartiéndole al proyecto la sanción que la Corte había echado de menos. No tardaron en aparecer las demandas de inexequibilidad contra la Ley que llevaba nueva numeración, y a mí me correspondió, como novel magistrado de la Sala Constitucional de la Corte, para la que fui elegido precisamente el 11 de diciembre de 1986, la que presentó un abogado que era públicamente conocido como agente de Pablo Escobar Gaviria. 

No obstante las múltiples y gravísimas amenazas que sufrí, presenté una ponencia favorable a la decisión del presidente Barco, aduciendo que, si bien la Ley había sido declarada inexequible y como tal quedaba por fuera del universo jurídico, como la falla que se le endilgó tocaba apenas con la formalidad última de la sanción presidencial, sobrevivía como proyecto que podía recibir la sanción presidencial. Modestia aparte, esta doctrina quedó plasmada en la Constitución actual, que dispone que cuando la acusación contra la ley sea por vicios de forma, el proyecto puede devolverse al Congreso o al Presidente para que los subsanen. 

Pero la Corte, en esa oportunidad, se dividió por mitades. Una mitad se inclinó por la ponencia del magistrado Fabio Morón Díaz, que había sido aprobada por la Sala Constitucional contra mi voto negativo, y la otra mitad decidió apoyar la ponencia sustitutiva que yo presenté en ejercicio del derecho que me asistía de someter a la consideración de la Sala Plena el proyecto que había rechazado la Sala Constitucional. Después de varios intentos infructuosos para superar el empate, se resolvió someter el asunto a la decisión de un Conjuez, cargo que terminó aceptando el hoy difunto Alfonso Súarez de Castro. Suárez acogió la ponencia de la Sala Constitucional y desechó, por consiguiente, la mía. Pero después de exponer su dictamen, vino a saludarme, felicitándome por el trabajo que yo había hecho y diciéndome que ojalá hubiera en Colombia otras personas tan valerosas como yo. Dicho sea de paso, si él hubiese tenido el mismo valor mío, los dos habríamos sucumbido ante la furia asesina de Pablo Escobar Gaviria y su implacable red sicarial.

Pues bien, como resultado de esas inexequibilidades que en mala hora dispuso la Corte Suprema de Justicia se produjo una situación que yo he motejado como de esquizofrenia jurídica, pues el Tratado sigue vigente en el orden internacional, pero Colombia no lo cumple por considerar que desapareció en el ámbito interno. 

El gobierno de Barco intentó subsanar la situación proponiéndole al gobierno norteamericano que se reviviera un Tratado anterior de los años cuarenta del siglo pasado, pero el segundo insistió en que el Tratado que vinculaba a las dos partes era el que se había negociado y suscrito con el gobierno de Turbay y no otro. 

Para salir de ese limbo jurídico, los gobiernos de Pastrana y Uribe ignoraron el Tratado acudiendo a la fórmula de extradición del Código de Procedimiento Penal. Pero cuando el gobierno norteamericano lo invocó ante el gobierno de Santos para pedir la extradición de Walid Makled, un mafioso que también era reclamado por el gobierno de Venezuela, Santos se negó a enviarlo a Estados Unidos alegando que no podía cumplir el Tratado con este país porque no estaba vigente en el orden interno.

No obstante ello, en un acto de repugnante y aviesa mala fe, decidió más tarde exigir de los Estados Unidos la extradición a Colombia de Andrés Felipe Arias, invocando precisamente el Tratado que se negó a cumplir en el caso de Makled.

Un principio que viene desde el Derecho Romano acerca de la reciprocidad de las causas en los negocios sinalagmáticos enseña que si una de las partes se niega a cumplir lo que le corresponde, la otra puede invocar la excepción de contrato no cumplido y negarse, por consiguiente, a efectuar las prestaciones a su cargo. Así  las cosas, el gobierno norteamericano puede negarse a extraditar a Andrés Felipe Arias en virtud del Tratado de marras mientras el gobierno colombiano se niegue a cumplir lo que le compete.

La solución del caso está en manos del canciller Holmes Trujillo, quien debería retirar la solicitud de extradición de Andrés Felipe Arias, que obra en poder del juez norteamericano, reconociendo que es improcedente porque el gobierno colombiano mal puede pedirle a su contraparte que cumpla un Tratado que él mismo afirma que no lo vincula porque la Ley que lo había aprobado fue declarada inexequible por sentencia de la Corte Suprema de Justicia.



martes, 11 de septiembre de 2018

Serenidad, Valor y Sabiduría

Después del Padrenuestro, probablemente la oración más apreciada es la de la Serenidad, que dice así:

"Dios, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar las que puedo; y sabiduría para reconocer la diferencia".

Está oración es especialmente recomendable para los gobernantes, que al actuar sobre la realidad social se encuentran, en efecto, con unas situaciones que no pueden modificar y otras cuya transformación exige de ellos enorme acopio de valor.

Es el caso del presidente Duque, que al iniciar su mandato tiene que habérselas con un país literalmente hecho trizas debido a los estragos de la gestión de su antecesor.

Como Salomón, debería pedirle a Dios un corazón para juzgar al pueblo y para discernir entre el bien y el mal (Reyes, 3,9).

Difícilmente registra nuestra atareada y trágica historia el caso de un gobernante que deba enfrentar retos tan difíciles. Pero es joven, inteligente y corajudo. Falta ver si también sabe escuchar y rodearse de consejeros que iluminen su juicio sobre lo que le corresponde hacer para salvar a Colombia de gravísimos riesgos que la circundan.

Es posible que el riesgo de caer bajo las garras de las Farc, que se hizo patente con el texto del NAF, esté conjurado por ahora, dado que el pueblo rechaza a esos empecinados criminales. Pero, en cambio, siguen vivas las asechanzas de falsos profetas que se mantienen en estado de alerta para aprovecharse de sus dificultades, sus yerros y sus fracasos. 

Por ahí andan Claudia López enarbolando la bandera de la lucha contra la corrupción, Gustavo Petro diciendo que él es el personero de los humildes, Sergio Fajardo presentándose como el que es capaz de unir a los colombianos, y otros más a los que parece interesarles que Colombia se hunda, para después anunciarse como sus salvadores.

Alfonso López Pumarejo, que era un buen conocedor de nuestra mentalidad, decía que ganar la presidencia en Colombia semejaba un juego de vara de premio: la gente aplaude y vitorea al que la corona, pero luego se sienta a ver cómo hace para tenerse allá arriba.

Se ha cumplido un mes del ascenso de Duque a la magistratura suprema, y ya son muchos los que, en lugar de ofrecerle su concurso para que salga avante en sus propósitos, están a la expectativa de sus frustraciones,ignorando que la suerte de la patria está inexorablemente ligada al buen suceso de este gobierno.

En la admirable charla que nos brindó el lunes pasado Rafael Nieto Loaiza en la Tertulia Conservadora de Antioquia, fue enfático en afirmar que necesitamos que el presidente Duque haga  una excelente gestión, pues, de lo contrario, podríamos caer en el cenagal de una izquierda populista que terminaría sumiéndonos en situaciones tan indeseables como las que han soportado otros países de la región sobre los que el Foro de San Pablo ha ejercido su funesta influencia.

Hay que darle un voto de confianza a Duque, pero es necesario que él escuche el justo clamor de sectores que se sienten desatendidos por sus primeras decisiones de gobierno. Hay rumbos que sería conveniente enderezar desde ya en aras de la gobernabilidad que tan esquiva se le presenta.

La historia muestra ejemplos de gobernantes que comenzaron en medio de las circunstancia más adversas, tales como Luis XIV en Francia y Pedro el Grande en Rusia, que tuvieron que enfrentar la rebelión de los señores y terminaron doblegándolos. Pero les tocó vivir en otras épocas. La actual, en cambio, les ofrece a los primeros mandatarios, como dijo Gabriel Turbay en memorable ocasión, apenas una "alambrada de garantías hostiles".

Sin congreso ni altas cortes a favor, poco dispuestos a la colaboración armónica que ordena la Constitución; ni prensa amigable; ni altos niveles de apoyo en la opinión pública; ni recursos financieros  para atender necesidades apremiantes; ni fuerza pública confiable, etc., bien parece que Duque, como el personaje de ese tangazo de Lito Bayardo que titula "Cuatro Lágrimas", podría recitar:

"Cuando tuve que enfrentarme mano a mano con la vida
Cuando me encontré en la senda de mi incierto porvenir,
Comprendí que estaba solo para iniciar la partida
Sin más chance que mis ansias de triunfar o sucumbir.
Y después, cuando mis padres me besaron en la frente
Y lloraron por el hijo a quien nunca vieron más,
Me alejé por esos mundos a luchar serenamente
Y aguantando mil reveses, al final pude llegar..."
(Vid. https://www.youtube.com/watch?v=Jpk-_G02kgE)

Eso le toca hoy a Duque: luchar serenamente, aguantar mil reveses, cultivar sus ansias de triunfar. 

Bajo la guía de Dios y protegido por su gracia, ello será posible.



sábado, 1 de septiembre de 2018

Hipócrita, sencillamente hipócrita

En una lúcida intervención ante la Tertulia Conservadora de Antioquia el pasado lunes, la senadora Paloma Valencia mencionó al eminente filósofo Karl Popper para recordar que es necesario distinguir entre la moralización de la política y la politización de la moral.

El tema de las relaciones entre moral y política está en el centro de la tradición aristotélico-tomista. Para el Estagirita, la política solo podía entenderse racionalmente a partir de un concepto moral, el de bien común, que el pensamiento cristiano y específicamente católico se ha esmerado a lo largo de los siglos en preservar y profundizar.

Pero al mismo tiempo, también a lo largo de los siglos, se ha desarrollado una fuerte tradición que trata de disociar estas dos esferas, afirmando bien sea que la política es cosa ajena a la moral, ya que los cánones que la rigen no son los mismos que pesan sobre el hombre corriente. Es una tradición naturalista, materialista, escéptica o como se la quiera clasificar, en cuya línea suele ubicarse a Maquiavelo, junto con muchos otros más, y que a no dudarlo parte de los sofistas.

En algún texto de Raymond Aron leí hace tiempos que el origen de esa gran filosofía que fundaron Sócrates. Platón y Aristóteles se sitúa precisamente en esa gran cuestión: ¿qué es lo que hace racional a la política?

Acá la pregunta por la racionalidad va más allá de la mera explicación del hecho mismo de la política, pues quiere explorar algo más profundo: su justificación. A lo primero se limitan quienes se detienen simplemente en el hecho del poder. Con lo segundo toca la célebre pregunta que hizo el Maestro Echandía a raíz de los sucesos del 9 de abril:"Y el poder, ¿para qué?".

Pues bien, si el leitmotiv de la lucha por el poder y su ejercicio reside en la promoción del bien común, todo aquello que lo desvíe de su objetivo moral no será otra cosa que distorsión, desviación, desorden o lo que los grandes pensadores que dieron origen a la filosofía política consideraron como formas corruptas o degeneradas de la organización colectiva.

No cabe duda de que la corrupción está presente en todas las esferas de la sociedad colombiana. Tal vez no exageren los que la comparan con un cáncer o algotra forma de enfermedad catastrófica. Al fin y al cabo, lo que acabamos de vivir bajo el funesto gobierno de Juan Manuel Santos evidencia la enorme gravedad de ese flagelo. Y es explicable que en el espíritu público obre la idea de ponerle coto e inclusive de erradicarla, o como dijo Julio César Turbay en frase que muchos consideraron desafortunada, "reducirla a sus justas proporciones".

Se cuenta que alguna vez el general De Gaulle oyó que un funcionario que se devanaba los sesos frente un abultado legajo de papeles exclamó con ofuscación:"Ay, quién pudiera acabar con tanta estupidez". De Gaulle le respondió:"¡Oh, señor mío, qué vasto programa!".

Más vasto es el que le están proponiendo y hasta exigiendo ahora al presidente Duque, y quizás tan complejo como el del niño aquel que San Agustín vio que trataba de meter toda el agua del mar en un hoyito que cavaba en la arena.

Acá hay que evocar a Horacio:"¿De qué sirven las vanas leyes cuando las costumbres fallan?". 

Es lo que sucede en Colombia: una crisis de conciencia, de costumbres, de hábitos colectivos, que va desde la corruptela cotidiana y de apariencia inocua, hasta la gran defraudación y la mentira entronizadas en las más altas instancias del poder. Hay corrupción enquistada en la política, la administración, los negocios privados, las formas de vida de la gente.

Me llama la atención que no pocos de los que ahora se presentan como ardientes cruzados de la batalla contra la corrupción sean políticos y periodistas que no gozan propiamente de buena fama, pero aprovechan la indignación colectiva para politizar la moral, haciendo de esta un instrumento para seducir a la ciudadanía en pro de unas a veces non sanctas aspiraciones políticas.

Ellos traen a mi memoria una escena que presencié de niño en uno de esos matinales del teatro Buenos Aires a los que por ese entonces me llevaban. Ahí presentaron el corto de una película mexicana en que Antonio Badú cantaba con ferocidad que todavía me hace temblar:"¡Hipócrita, sencillamente hipócrita...!" (Vid. https://www.youtube.com/watch?v=UhJUvbL9J9o).

Algunos de esos adalidades lo son igualmente de la disolución de las buenas costumbres privadas que traen consigo, so pretexto de la emancipación de la mujer, la libertad y la igualdad de las orientaciones sexuales, la tolerancia, la sociedad "inclusiva", etc., los proyectos abortistas, los que desnaturalizan la familia mediante la asimilación a esta de las uniones homosexuales y la adopción de niños por parejas de tal índole, los que promueven la agenda del colectivo LGTB en las instituciones educativas y pretenden en últimas una transformación radical de la sociedad dizque para edificar un nuevo ser humano liberado no solo de las ataduras de la naturaleza, sino de la Lex Eterna.

Por ejemplo, ¿cómo hace Gustavo Petro para liderar una lista dizque de "decentes", cuando como alcalde petrocinó sin escrúpulos la causa corruptora del Colectivo LGTB? (Vid. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12162143; https://www.youtube.com/watch?v=cFUW_gdLxhs)

Como sobre todo esto hay muchísima tela para cortar, me limito a recomendarles a quienes suelen opinar sobre estos asuntos con el aplomo que da la ignorancia, que se tomen el trabajo de mirar siquiera sea a vuelo de pájaro escritos como "El Rito de la Sodomía", de Randy Engel, que no solo se ocupa de la profunda crisis moral que aflige a la Iglesia, sino de los objetivos finales del Colectivo Homosexual en torno de lo que bien cabe denominar la homosexualización de la sociedad, es decir, la imposición de ese estilo de vida en todos los entornos vitales (http://www.castleofgrace.com/Rosemary/017RiteofSodomy.html; https://ia801602.us.archive.org/0/items/rite-of-sodomy-vol-i/rite-of-sodomy-vol-i.pdf); o "The Politics of Deviance", de Anne Hendershott, que muestra cómo el relativismo moral ha desvanecido los límites entre lo normal y lo anormal en los comportamientos humanos(Vid. https://www.amazon.com/Politics-Deviance-Anne-Hendershott/dp/1594030499); o el de E. Michael Jones, "Libido Dominandi: Sexual Liberation & Social Control", que evidencia que la Revolución Sexual del último medio siglo es un instrumento urdido para controlar al ser humano a través del estímulo de sus pasiones, especialmente las lujuriosas  (https://ia801905.us.archive.org/7/items/LibidoDominandiSexualLiberationPoliticalControlE.MichaelJones2000/Libido%20Dominandi%20-%20Sexual%20Liberation%20%26%20Political%20Control%20-%20E.%20Michael%20Jones%20%282000%29.pdf)).

Esto es algo que trata a fondo Gabriele E. Kuby en "The Global Sexual Revolution", que muestra cómo se está produciendo la destrucción de la libertad en nombre de ella misma y se está descomponiendo la sociedad occidental a partir del desenfreno (Vid. extracto en https://www.editorialdidaskalos.org/media/didaskalos/files/sample-70740.pdf; http://www.parroquiasantamonica.com/vidacristiana/wa_files/IdeologiaGeneroRelativismoEnAccionGabrieleKuby2014.pdf; https://www.actuall.com/entrevista/familia/gabriele-kuby-el-movimiento-lgtbiq-es-un-signo-de-una-sociedad-en-descomposicion/; https://www.amazon.com/Books-Gabriele-Kuby/s?ie=UTF8&page=1&rh=n%3A283155%2Cp_27%3AGabriele%20Kuby).

Todo esto se encuentra resumido en The New Order of Barbarians, transcripción de unas conferencias de hace cerca de medio siglo en las que se anunciaba a médicos en formación el proyecto de cambiar el orden social de los países con miras a ejercer un estricto control sobre la población humana  (https://100777.com/nwo/barbarians; https://www.amazon.es/New-Order-Barbarians-World-System/dp/1484809971; https://docs.google.com/document/d/1vAhIxrt-QCa37Jv-KxGuCCjV9tQIIaL_u1mNWERZtl4/edit)

La redefinición de la familia que tan irresponsable y arbitrariamente impuso nuestra Corte Constitucional se inscribe dentro de una línea trazada de antemano: la destrucción de los cimientos de nuestra civilización, tema sobre el cual no sobra acercarse a una obra de ineludible referencia: "Family and Civilization", de Carle C. Zimmerman (https://www.amazon.com/Family-Civilization-Carle-C-Zimmerman/dp/1933859377)

Vuelvo sobre la pregunta de Horacio: ¿de qué sirven los proyectos normativos que hay sobre el tapete, si la consigna colectiva hoy imperante es el estímulo de la disolución de las costumbres y el desenfreno sexual en nombre de la libertad y la igualdad? 


martes, 28 de agosto de 2018

Sin Palabras

En estos días han ocurrido en Colombia hechos que nos dejan estupefactos.

Varios de ellos tienen que ver con la cúpula del Poder Judicial: la persecución desatada en la Sala penal de la Corte Suprema de Justicia contra el hoy senador Uribe Vélez, el inicuo fallo de la Corte Constitucional sobre la JEP, la absurda sentencia del Consejo de Estado en torno de la acción terrorista de las Farc contra el Club El Nogal. Otro caso es el de los indicios de un fraude descomunal que elevó los guarismos en la consulta anti-corrupción. Uno más, el descenso en la popularidad del presidente Duque, sin haber cumplido el primer mes de su período. ¿Para qué seguir?

La crisis de nuestro sistema judicial viene de vieja data. Hace algunos años dí una conferencia en la SAI en la que señalé tres graves defectos: la ideologización, la politización y la posible corrupción incluso en las más altas esferas del mismo.

Hoy se piensa que una de las más serias y urgentes prioridades en la agenda pública tiene que ser la reforma de la justicia, aunque no haya mucha claridad sobre el contenido y el modus operandi para llevarla a cabo.

Permítaseme adelantar una conclusión pesimista en grado sumo: estamos bajo la coyunda de una verdadera dictadura judicial y no hay instrumentos institucionales aptos para desmontarla.

Mediante al Acto Legislativo No. 2 de 2015 se pretendió reformar a fondo el equilibrio de poderes instaurado en 1991. Unas de esas reformas tocaban con el Consejo Superior de la Judicatura, la administración de la Rama Judicial, el régimen disciplinario de sus integrantes y el juzgamiento de magistrados de las Altas Cortes. Se previó para el efecto la eliminación del Consejo Superior de la Judicatura, la asignación de sus funciones disciplinarias a una Comisión Nacional de Disciplina Judicial, la creación de un Consejo de Gobierno Judicial y de una Gerencia de la Rama Judicial para la administración de esta, y la de una Comisión de Aforados para investigar y acusar a magistrados de las Altas Cortes y el Fiscal General de la Nación.(Vid. http://wp.presidencia.gov.co/sitios/normativa/actoslegislativos/ACTO%20LEGISLATIVO%2002%20DEL%2001%20JULIO%20DE%202015.pdf; http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2016/C-373-16.htm; https://www.ambitojuridico.com/noticias/general/administracion-publica/informe-claves-para-entender-que-queda-de-la-reforma-de; https://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/9877-la-accidentada-existencia-del-consejo-superior-de-la-judicatura.html)

Pues bien, la Corte Constitucional hizo trizas estas saludables iniciativas bajo argumentos especiosos, dejando apenas in nuce lo relativo a la Comisión Nacional de Disciplina Judicial, llamada a sustituir la cuestionada Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura y que todavía no se ha podido poner en marcha. Apenas el 6 de agosto último vino a expedirse el Decreto reglamentario 1485 para ternar y elegir a sus integrantes.(Vid. https://periodicopalabrasmayores.com/decreto-reglamentario-para-ternar-y-elegir-a-magistrados-la-comision-nacional-de-disciplina-judicial/).

La llave de las reformas está en poder de la Corte Constitucional, que hace lo que literalmente le da la gana, pues no hay quien la pueda controlar eficazmente. Quienes hoy la integran fueron elegidos al gusto de Santos, para períodos que exceden el de Duque. Esto significa que cualquier intento del actual gobierno para modificar esa brumosa entelequia que se cree que es la Constitución Política de Colombia, deberá contar con el favor de dicha Corte, que como la donna de Rigoletto, "è mobile qual piuma al vento, muta d'accento e di pensiero".(Vid. https://www.letras.com/verdi/41733/)

Teóricamente, el juzgamiento de magistrados de las Altas Cortes es de competencia del Congreso, a partir de  la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes. Pero los congresistas le tienen pavor a la Corte Suprema de Justicia, dado que esta dispone de los medios para contrarrestarlos, en virtud del fuero con que la Constitución dizque pretendió protegerlos y le da pie a aquella para perseguirlos.

No me cabe duda: la Constitución vigente es, como lo he dicho desde el principio, un "Código Funesto", un criadero de monstruos institucionales que dificulta enormemente la gobernabilidad de Colombia.

Por esta y otras consideraciones, sostengo que el presidente Duque se ganó la rifa del tigre. Obtuvo la Presidencia, pero no el poder. Sus posibilidades de "gobernanza", como ahora se dice, son parecidas a las de quien participa en una "carrera de encostalados". Podemos ofrecerle un voto de confianza, un amable compás de espera, mas sin mucha fe en su capacidad para cumplir las sanas promesas que nos animaron a votar por él.

Reitero que no nos es dable esperar maravillas de Duque. Pero lo cierto es que de Petro si podíamos esperar pesadillas. Y su sombra ominosa sigue pesando en nuestro panorama político, como la de esos personajes malignos que pueblan el mundo de las leyendas.

Ojalá pudiésemos decir con eficacia: "Vade retro, Petro".



domingo, 19 de agosto de 2018

Una manzana envenenada

Se atribuye a Salvo Ruiz, el famoso trovador paisa que fue capaz de medir su ingenio frente al célebre "Ñito" (Antonio José Restrepo), aquello de que "Negro conservador es música que no suena; es un parche en una nalga, cuando el dolor es de muela".

Tal parece que lo mismo sucede con la consulta anti-corrupción convocada para el próximo domingo, pues aunque nadie ignora lo corrompido que está el país en todos los órdenes ni la necesidad de actuar severamente para corregir ese deplorable estado de cosas, el proyecto de marras no apunta al fondo del problema, es redundante en algunos de sus aspectos, va contra la Constitución en otros y, en últimas, da la impresión de ser apenas algo así como un saludo a la bandera.

Es lo que en el fondo han dicho ponderados y sabios jurisconsultos como Jaime Castro y José Gregorio Hernández, entre otros.

Pero hay algo más. Como dice el vulgo, es un proyecto que tiene su guardado. Surgió de una iniciativa de oportunismo político, coreada por unos congresistas que en vísperas electorales no tuvieron el valor de mejorarla ni de ponerle coto. La dejaron pasar así como venía para no quedar mal con el electorado. Y su trasfondo no es otro que dar realce a las imágenes de quienes ahora la promueven con más ahínco: Claudia López, Antanas Mockus, Gustavo Petro, los más conspicuos, todos ellos pertenecientes a partidos vinculados al Foro de Sao Paulo que fundaron Fidel Castro y Lula para promover el comunismo en América Latina, o afines al mismo (Vid. http://www.periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/13886-miembros-colombianos-de-foro-de-sao-paulo).

No deja de ser paradójico que no obstante la secuela de corrupción que dicho conciliábulo ha dejado en Brasil, Argentina o Ecuador, en los que hasta hace poco ejerció el poder, y en Venezuela, donde sigue aferrado dictatorialmente al mismo, sus adláteres colombianos vengan a posar ahora de paladines de la transparencia en el manejo de la cosa pública.

Pero, ¿son creíbles? ¿ Gozan de autoridad moral para convocar a la ciudadanía para que se pronuncie en contra de la corrupción?

En El Expediente aparece la explicación que da el abogado y apreciado amigo Daniel Sanín acerca de la sanción que se impuso a Claudia López por detrimento patrimonial de $ 103.000.000 cuando erea funcionaria de la anterior alcaldía de Peñalosa.(Vid. https://elexpediente.co/14-puntos-explican-proceso-detrimento-patrimonial-103-millones-claudia-lopez/). La condenaron por ello en varias instancias, pero terminó siendo exonerada, no por motivos de fondo, sino porque la Corte Constitucional consideró que se habían presentado fallas en la notificación de las primeras diligencias que se adelantaron en contra suya. Es claro, entonces, que por lo menos debe la explicación de lo que sucedió con esa millonada.

La tesis de Sanín es que Claudia López se libró por el salvavidas que le arrojaron para eludir su responsabilidad ante la Corte Constitucional, después de haber sido condenada en dos instancias y haber perdido dos tutelas, gracias a dos excontralores cercanos al Polo sancionados por corrupción y a tres magistrados amigos que le valieron un espurio argumento: sostuvo que nunca fue notificada.

Antanas Mockus ganó una penosa nombradía, siendo rector de la Universidad Nacional, por haberse bajado los calzones y mostrar desnudo el trasero como gesto de desafío a los estudiantes con quienes estaba enfrentado en un auditorio. Repitió el mismo gesto obsceno el 20 de julio pasado, en la instalación del nuevo congreso, dejando, según una aseadora del recinto, señales de haberse orinado sobre la alfombra.

No obstante ello, la oposición al actual gobierno lo califica como un "Faro Moral". 

Yo no sé si, como lo recordaba Klim hace años en sus amenos escritos, ciertas actuaciones de Mockus son "de veras iluminantes".

Al cierre de la primera vuelta en las elecciones presidenciales de 2010 y actuando de modo similar a un cómico de la legua, protagonizó un burdo espectáculo que hundió sus aspiraciones para la segunda vuelta. Puso a sus seguidores a exclamar en coro "A mí no me pagaron para que viniera acá". Pero, a la postre, terminó siendo pagado por el gobierno de su contendor con unos jugosos contratos, dizque para la promoción de la paz con las Farc. Unos de esos contratos lo inhabilitaban para aspirar a ser elegido senador en el actual período, pero las raposas jurídicas salieron a lanzarle también un oportuno salvavidas: los contratos se celebraron con una corporación creada por Mockus y para su servicio, pero no los firmó él, sino un delegado suyo.(Vid. https://www.semana.com/nacion/articulo/mockus-quedaria-inhabilitado-para-ser-senador/572541). Está en manos del Consejo de Estado la decisión final sobre  el asunto, en un proceso en el que, como decía hace años una cuña publicitaria, quizás llegue tarde el Zarcol.

El "Faro Moral" confesó hace algún tiempo con censurable desenfado que unas décadas atrás falsificaba documentos para las Farc. Era, pues, por lo menos auxiliador de esa temible organización criminal.

Y ahora, sin reato alguno, nos invita dizque a votar contra la corrupción.

El caso de Gustavo Petro es elocuente como el que más. Dice que salió pobre y embargado de la Alcaldía de Bogotá. Lo cierto es que anda más enredado que un bulto de anzuelos por los cargos que se le imputan a raíz de su pésima gestión administrativa, sobre la que algún día el Consejo de Estado dirá la última palabra.(Vid. https://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/10685-petro y https://www.las2orillas.co/quien-defiende-petro/). Sea de todo ello lo que fuere, la Contraloría de Bogotá ha dejado constancia de la apertura de 591 procesos fiscales contra Petro (https://www.publimetro.co/co/bogota/2016/04/07/contraloria-advierte-que-hay-591-procesos-fiscales-contra-administracion-petro.html).

En una palabra, Petro está sub-júdice por graves casos de corrupción, y no tiene empacho alguno para liderar una consulta popular en contra de ese cáncer que nos aflige.

Pero hay cosas peores.

En estos días, Petro le exigió al recién nombrado viceministro del Interior, Juan Manuel Daza, que corrigiera lo que había escrito en Twitter diciéndole asesino y delincuente. Daza, vaya a saberse si presionado desde lo alto, se retractó y le pidió disculpas.

Con todo, ¿era el caso de hacerlo?

No sabemos exactamente qué hizo Petro cuando militó en el M-19. Lo que sí se sabe es que era ahí protagonista de alto coturno y purgó una condena por porte ilegal de armas que le impuso la justicia penal militar. El concejal Orlando Parada demandó la elección de Petro como alcalde de Bogotá precisamente por ese hecho. (Vid. https://www.elespectador.com/noticias/bogota/el-expediente-gustavo-petro-articulo-444996). Mas, ¡oh, sorpresa!, la demanda no prosperó ante el Consejo de Estado porque el expediente donde constaba la condena desapareció como por ensalmo.(Vid. http://elnodo.co/PETROEXPEDIENTE). 

Según Eduardo MacKenzie, Petro no ha sido amnistiado ni indultado por los delitos que pudo haber cometido a raíz de su militancia en el M-19.(Vid. http://www.lalinternaazul.info/2018/06/07/gustavo-petro-no-ha-sido-amnistiado/). Así se colige de la respuesta que dio el ministerio de Justicia el 27 de marzo último a un derecho de petición sobre el caso. Según dicha entidad, Petro aparece en los registros apenas como un desmovilizado del M-19.

Petro dice no haber matado a nadie, aunque otra cosa insinúa Ricardo Puentes Melo.(Vid. http://www.periodicodebate.com/index.php/nacion/politica/item/10479-guatavo-petro-terrorista-travesti-y-alcalde). Concedámosle el beneficio de la duda, pero si integraba el M-19 y no en cualquier puesto, sino en sus cuadros dirigentes, era de alguna manera copartícipe en los términos penales de los múltiples y graves delitos que cometía esa organización criminal, tal como se lo recodó en un debate memorable el entonces candidato y hoy presidente Duque.

Entonces, así Daza diga hoy que no le consta que Petro haya sido asesino y delincuente, no hay otro remedio que recordarle que "Aunque la mona se vista de seda, mona se queda".

La ciudadanía tiene tres opciones respecto de la consulta que promueven estos dudosos personajes: abstenerse, votar sí o no, total o parcialmente. Si consigue los más de doce millones de votos que se necesitan para considerarla aprobada o negada, aquellos sacarán pecho alegando que lograron una imponente movilización ciudadana.

¿Será el caso, como se dice coloquialmente, de "darles tiro"?

Hay el derecho de darles la espalda, de ignorarlos, de hacerles ver que la ciudadanía no cae en sus torpes seducciones.

Con todo respeto, hay que pedirle al Presidente de la República que debe observar estricta neutralidad en este asunto, pues los ciudadanos tenemos derecho, repito, a abstenernos, a votar sí o a votar no, sin que medien presiones oficiales en algún sentido.

Personalmente, yo me abstendré.

domingo, 12 de agosto de 2018

Sin engañosa cortesía

Echo mano del título de unas memorias algo intempestivas que publicó hace varios años Carlos Lleras de la Fuente, para referirme a la tempestad en un vaso de agua que ha desatado el valeroso y franco discurso que pronunció Ernesto Macías para dar posesión presidencial a Iván Duque.(Vid. https://www.youtube.com/watch?v=OYXfTN5gfmw).

Macías dijo lo que millones de colombianos pensamos acerca del funesto legado de Juan Manuel Santos, que es preciso recibir con beneficio de inventario para que después no se diga que las dificultades en el manejo de la herencia que se le presenten a Iván Duque son obra suya y no de su predecesor. 

Todo lo que dijo está respaldado en cifras oficiales y, a decir verdad, se quedó corto en el listado de estropicios que presentó. 

Cierto es que no le reconoció méritos a Santos, como también lo es que para encontrarlos habría que valerse de una lupa gigantesca. De las muertes que este se ufana de haber evitado a raíz del NAF, y que habría que considerar dentro de los imponderables, cabe señalar que quizás se compensen con las que se vienen produciendo día a día por la acción de las bandas de facinerosos de toda índole que siguen asolando a Colombia, entre otras cosas, por la permisividad con que actuó respecto del narcotráfico. Nada más, dice la prensa hoy que en el Catatumbo, hoy convertido en un mar de coca, no ha habido erradicación alguna de cultivos de esa planta en los últimos años.

Para criticar a Macías han aparecido ahora estadistas, diplomáticos y moralistas que exhiben muy dudosas credenciales, pues censuran las verdades de su discurso, al tiempo que se guardan de reconocer que se la pasaron alabando las mentiras y las trampas de Santos.

No hay que olvidar que hace algún tiempo Ernesto Macías denunció ante la Corte Suprema de Justicia los posibles delitos en que se ha incurrido por obra del "Cartel de la Mermelada", denuncia que la corporación acumuló con otra que presentó Ricardo Cifuentes, de la Corporación Foro Ciudadano (Vid. https://www.elpais.com.co/politica/habla-el-hombre-que-denuncio-el-cartel-de-la-mermelada-en-el-congreso.html), y que ha dado lugar, según el diario "El Tiempo", a apertura de indagación preliminar contra un abultado número de congresistas (Vid. http://www.eltiempo.com/justicia/cortes/corte-abre-indagacion-preliminar-contra-congresistas-por-mermelada-182230).

Hace tiempos una cuña publicitaria decía "Pese y compare". Macías puso sus cartas sobre la mesa o, mejor dicho, sobre la balanza. Que los interesados en defender la obra de Santos hagan lo propio, para que la comunidad juzgue acerca de las razones de uno y otro lado.

Quienes censuran a Macías dizque por impertinente olvidan que la política no suele ser escenario propicio para los juegos florales, pues la controversia hace parte de su propia naturaleza. Por supuesto que hay reglas para llevarla a cabo, pero las mismas no imponen la engañosa cortesía con que ahora se pretende eludir el debate franco y a fondo sobre la administración Santos.

Algunos críticos tocados de histeria y paranoia andan diciendo que se mueren de miedo por el odio y el ánimo vindicativo que según ellos destila el discurso de Macías. Son muchos de ellos los mismos que han envenenado el ambiente con su enfermiza hostilidad contra el expresidente y hoy senador Uribe Vélez y el Centro Democrático.

Pueden estar ellos tranquilos, pues el presidente Duque es hombre de profunda raigambre liberal, a diferencia del arbitrario Santos. Además, no cuenta como este con fiscales de bolsillo dispuestos a hacer montajes como el del "hácker" que arruinó el esperado triunfo de Oscar Iván Zuluaga en las elecciones de 2014, ni es persona propicia a conchabarse con magistrados, periodistas y otras yerbas para perseguir a sus contradictores, tal como lo ha sugerido de Santos el comunicador Gustavo Rugeles.(Vid. https://elexpediente.co/el-expediente-revela-informe-de-contrainteligencia-sobre-supuesto-complot-criminal-contra-alvaro-uribe/)

El presidente Duque ha invitado a ponerse de acuerdo sobre los graves problemas nos abruman en la hora presente. Piénsese lo que se quiera sobre las ejecutorias del gobierno anterior, hay situaciones sobre la que se hace menester que se actúe con decisión para que no se tornen inmanejables más adelante.

Que el narcotráfico es abrumador, ¿quién podría ponerlo en duda? Que hay que afrontarlo resueltamente, ¿cómo negarlo? Que lo que al respecto se acordó con las Farc en el pernicioso y abyecto NAF no soluciona el problema y ni siquiera le ofrece alivio, ¿es verdadero o falso?

Lo mismo habrá que plantear cuando se encare el drama de la ruinosa situación fiscal que nos deja Santos y hace imposible el cumplimiento de las pródigas concesiones que se hicieron a las Farc. Y a medida que se vaya viendo que la JEP y la Comisión de la Verdad no son instrumentos de justicia ni de esclarecimiento cabal de los hechos, sino de retaliación y mentira en beneficio de esa antigua organización subversiva, habrá que buscar el modo de ajustarlos tratando de evitar más rupturas de un ordenamiento institucional que Santos dejó hecho trizas.

La exigua votación que lograron las Farc en las pasadas elecciones evidencia que los privilegios que se les otorgaron para hacer de ellas un partido hegemónico carecen de toda justificación y dificultan severamente el logro de una paz estable y bien cimentada.

El Centro Democrático no anda con sed de sangre, como lo anuncian unos despistados, sino de justicia para con las víctimas y, en suma, con el pueblo colombiano. Es un partido legalista que surgió en muy buena medida de la entraña liberal. Anhela la paz, pero no al precio de la ominosa sujeción de nuestras gentes a la coyunda de una secta totalitaria y liberticida cuya consolidación nos pondría ad portas de algo similar a lo que está padeciendo el sufrido pueblo venezolano.

Nuestra ciudadanía no quiere que se masacre a los seguidores y compañeros de ruta de las Farc, pero tampoco acepta que se les allane el camino para hacer ingobernable el país con unas gabelas desmedidas.

El presidente Duque les ha tendido la mano. Si rechazan la posibilidad de explorar ajustes al NAF, habrá que convocar de nuevo al pueblo para que reafirme que no las apoya ni las quiere.

martes, 7 de agosto de 2018

Bienvenido, Presidente Duque

Karl Popper ha dicho que quizás la mayor ventaja de la democracia reside en la posibilidad de poner término por la vía institucional a los malos gobiernos.

Paradójicamente, el de Santos, que se promovíó a través de la Fundación Buen Gobierno, ha sido, por cualquier lado que se lo mire, un mal gobierno que hoy llega a su fin. Mucha gente debe de estar pensando que "con tal que se vaya, aunque le vaya bien". Hasta ha habido quien lo festeje con ruido de pólvora y gritos entusiastas. No falta quien exclame, citando el Himno Nacional, que "Cesó la horrible noche". Y, como dice por ahí un tangazo, "... Si tras la noche más oscura siempre asoma el sol".

La llegada de Duque a la presidencia representa el orto de un nuevo día para Colombia. Como no pocos lo anuncian, con él renace la esperanza de ser gobernados con rectitud, con eficacia, con decoro. El suyo es, como dijera López Michelsen en su momento, un "mandato claro".

Es un mandato para gobernar con todos y para todos, en procura de la transformación razonable de la sociedad colombiana.

Las líneas básicas de ese proyecto constan en lo que hace poco escribió de su puño y letra para "El Tiempo" proponiendo un pacto para superar las diferencias que hoy nos enfrentan hasta el extremo de la polarización: http://www.eltiempo.com/politica/gobierno/duque-propone-pacto-para-superar-las-diferencias-en-texto-escrito-para-el-tiempo-252052.

Escribe ahí:

"Creo firmemente en que tenemos que pensar en el futuro; construir sobre las cosas que nos unen y no quedarnos en el torbellino de lo que nos divide. Ese es el reto más grande: lograr que nuestro país se levante con ímpetu y asegure de manera categórica un crecimiento económico que traiga consigo equidad y justicia social, la derrota de la pobreza y la expansión de la clase media y el acceso a los bienes públicos necesarios para elevar nuestra calidad de vida.

"El punto de partida de este nuevo camino está en enfrentar los problemas con soluciones integrales, sin dejarnos llevar por sesgos políticos e ideológicos. Por eso ha llegado el momento de consolidar un plan de desarrollo que sea un pacto por Colombia, por el futuro, por la legalidad, el emprendimiento, la equidad, la sostenibilidad ambiental y la ciencia, la tecnología y la información."

Habida consideración de lo que deja Santos, lo que anuncia Duque parece ser una empresa hercúlea, pero es indispensable intentarla.

Buen conocedor de nuestra historia, como lo fue su ilustre progenitor, señala como rasgo definitorio de nuestro carácter la resiliencia, esa capacidad de afrontar y superar dificultades aparentemente insalvables, que no es otra cosa que vitalidad.

En efecto, como bien lo destaca en un importante párrafo de su escrito, la empresa que hoy se inicia entraña ante todo una apuesta por la defensa de la vida y lo positivo que ella representa, dentro del marco de la legalidad: 

"La cultura de la legalidad se manifiesta en la defensa de la vida, la integridad, la familia, los valores éticos, las sanciones ejemplarizantes al criminal. La legalidad está en una sociedad que se protege sin impunidad, con una justicia creíble, cercana, efectiva y eficiente como vehículo para consolidar la confianza institucional."

Tengo memoria del discurso de posesión de Alberto Lleras el 7 de agosto de 1958, cuando dijo que cumplir fielmente la Constitución y las Leyes de la República era en ese momento, en que se daba término a casi una década de vacío institucional, el programa más indicado para satisfacer las demandas colectivas. Mutatis mutandis, lo mismo podría afirmarse hoy frente al desbarajuste de la institucionalidad que nos legan los abusos de Santos.

La Ley no está hecha para violarla, como parece haberlo creído el funesto personaje que hoy abandona la Casa de Nariño, sino para cumplirla interpretándola razonablemente y no de forma amañada.

Duque es ante todo un jurista formado en la recia disciplina del estudio del Derecho y sabe lo que significa para el buen ordenamiento comunitario el respeto por las normatividades. 

Hace años leí en un artículo del finado Alberto Aguirre una cita que hacía, quizás mal de su grado, de  un texto de Lévy-Strauss: "La civilización es un reglamento". O sea, que sin un ordenamiento moral y legal dotado de eficacia, no hay civilización posible.

El gran reto que enfrenta a partir de hoy el nuevo presidente de los colombianos consiste en vigorizar la civilización entre nosotros, robusteciendo lo que Marco Palacios ha observado que es una muy delgada capa que no alcanza a controlar nuestras tendencias deletéreas.

Si cumple, como reza la fórmula ritual, "Que Dios y la Patria se lo premien".