domingo, 3 de mayo de 2026

La Política del Espíritu

Hace años leí un ensayo de Paul Valéry que lleva este título. Contiene una serie de reflexiones sobre la civilización que mantienen hoy quizás más que en el momento en que se las dio a conocer su perentoria actualidad. Comienzan con esta afirmación: "Nosotras, las civilizaciones, ahora sabemos que somos mortales" (vid. 340 Valery.pdf - Google Drive). Sus reflexiones han dado lugar a muchos comentarios y debates, que no tocan con el texto de este artículo, salvo en lo que se refiere a esta afirmación según la cual "toda política parte de cierta idea del hombre".

Es lo que está hoy en el centro del debate en la campaña presidencial en curso: la concepción materialista y por consiguiente atea que, así lo oculte, inspira al candidato Cepeda, cultor de la ideología marxista-leninista en la que se formó en la Bulgaria de detrás de la Cortina de Hierro, y a la que se opone frontalmente el espiritualismo que permea la campaña de Aberlardo De La Espriella y José Manuel Restrepo, que predican que hay que volver a situar a Dios y los valores cristianos en el lugar que les corresponde en nuestra sociedad.

Por allá en 2004, a raíz de una brillante iniciativa del benemérito padre Hernando Uribe Carvajal, que aspiraba a que varios conferencistas disertaran sobre la espiritualidad en las distintas esferas de la acción humana, preparé un temario sobre Política y Espiritualidad. El proyecto no pudo llevarse a cabo, según me informó su promotor, porque desafortunadamente no obtuvo los recursos necesarios.

El programa que propuse contemplaba los siguientes temas:

1-El Ser Espiritual.

2-Teoría de los valores.

3-La persona.

4-La comunidad.

5-Bien común, justicia y libertad.

6-Autoridad y poder.

7-Ética y política.

8-La política coo vocación.

El punto de partida es la consideración del ser humano más allá de su estado natural y como llamado a la trascendencia espiritual que lo acerca a Dios posibilitando no sólo que viva en paz en la tierra, sino su bienaventuranza eterna.

Hay todo un programa de pedagogía social encaminado a lograr la armonía de cada ser humano en su interior, así como en sus relaciones interpersonales, en las comunidades de las que hace parte, en las de dichas comunidades con las demás y, en suma, en las que inexorablemente median con la naturaleza que lo rodea. Ese programa contiene todos los aspectos de la ética que nos señala las reglas acerca de cómo debemos obrar. Y no podemos dejar de lado que toda esa armonía se rige por la Ley Eterna, la que se manifiesta en la Revelación Divina.

Es lo que concierne a la Civilización del Amor que se inspira en el Evangelio.

El candidato comunista habla de una revolución ética que contrarreste la corrupción que enturbia la gestión del desgobierno actual. Pero el materialismo y el ateísmo que profesa dentro de los dogmas del marxismo-leninismo la hacen inviable, pues su punto de partida es la lucha de clases, la promoción de la violencia para destruir la institucionalidad que considera que favorece los intereses de las clases dominantes, la forzosa transformación de la humanidad para crear el "nuevo hombre" purgado de sus deformaciones clasistas. Su doctrina, si así cabe llamársela, obedece a las consignas del terror de Robespierre: hay que obligar a los hombres a ser virtuosos, so pena de someterlos a la guillotina. Reitero que "El Libro Negro del Comunismo" da buena cuenta de los millones de víctimas humanas que ha producido esa ideología asesina, por no hablar de las que documenta el libro "Grandes Crímenes de las Farc y el ELN" en nuestro país. Son los frutos del odio.

Así se enoje e insulte el que nos desgobierna contra los sacerdotes y pastores que alertan a la ciudadanía acerca de lo que entraña el voto por el candidato comunista, tanto la Iglesia Católica como las demás iglesias cristianas están en el deber de orientar a sus fieles sobre la crucial importancia de las elecciones venideras, en las que se decidirá sobre el combate espiritual que se libra hoy en nuestro país.



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