El candidato Fajardo y sus acompañantes se equivocan de medio a medio cuando afirman que el debate político hoy por hoy se da entre dos extremismos en los que se contraponen uribistas y petristas, polarización que ellos creen que debe superarse a través de sus propias sugerencias.
Hay que insistir en que la disyuntiva actual enfrenta a la democracia liberal con el proyecto comunista que encarna el senador Cepeda.
¿Cuál es la propuesta de Fajardo y los suyos para conciliar la democracia liberal con el comunismo o lo que algunos politólogos denominan como democracia iliberal?
Aunque el que nos desgobierna sin duda alguna es un comunista recalcitrante, no ha podido sacar avante su proyecto totalitario y liberticida porque mal que bien nuestra institucionalidad se lo ha impedido. Pero si el senador Cepeda saliere triunfador en los comicios venideros, los principios fundamentales de nuestro régimen constitucional quedarían en veremos, pues todo indica que su estructura ideológica es estalinista, forjada a partir de sus años de formación detrás de la Cortina de Hierro.
El dique de contención del proyecto comunista no lo constituye una supuesta extrema derecha autoritaria que sólo existe en la mente calenturienta y obnubilada de los comunistas y sus compañeros de ruta.
Ninguno de los candidatos que se oponen a la candidatura comunista corresponde a la caricatura de nazis o de fascistas con que los desdibujan sus contradictores. En ellos no hay amenaza alguna contra nuestras instituciones democráticas, ni contra el Estado Social de Derecho, ni contra las libertades públicas, ni contra los derechos sociales, ni contra la separación de poderes. Todos ellos, eso sí, se comprometen con el rescate de la autoridad legítima del Estado, que ha desaparecido en vastos espacios de nuestro territorio para desgracia de las comunidades que sufren la opresión de los violentos. Lo que ellos proponen no es la arbitrariedad de las autoridades, sino la liberación de las comunidades que sufren la ausencia de seguridad para la garantía de sus derechos fundamentales.
Para reencauzar como se debe el rumbo de nuestra sociedad es necesario considerar los justos motivos de insatisfacción que dan pábulo a las prédicas de los extremistas de izquierda y probablemente alimentan a ese supuesto 30 por % que las encuestas registran en favor del que nos desgobierna y el que aspira a sucederlo en el cargo. No es imposible un gran acuerdo nacional sobre esos justos reclamos, para cuya atención se hace menester conciliar lo deseable con lo posible. En síntesis, no cabe pensar en que la superación de la pobreza se consiga con la destrucción de la riqueza. Los casos de Cuba y Venezuela son elocuentes. Los acomodados han desparecido, salvo en lo que concierne a las elites gobernantes, y sus pueblos exhiben los peores índices de miseria en el mundo actual.
Fajardo y los suyos desorientan a la opinión y dividen peligrosamente a los que aspiran a superar el desastre en que nos tiene sumido el desgobierno actual. Su mente geométrica ignora las sutilezas y los matices del momento. Bueno es recordarles lo que les endilgaba el genio de Pascal, mil veces mejor matemático que todos ellos juntos, pero consciente de las complejidades de lo real.