lunes, 23 de diciembre de 2024

Dios a la vista

 Así titula un escrito de José Ortega y Gasset en el que posa su mirada más allá de la filosofía de la inmanencia que proclamó en "El Tema de Nuestro Tiempo" y vislumbra el mundo trascendente de que se ocupa la metafísica tradicional.

Ese mundo trascendente es el del ser eterno, que Edith Stein contrapone al ser finito, o el ser necesario que funda al ser contingente, asunto del que se trata con admirable lucidez Claude Tresmontant en "Cómo se plantea hoy el tema de la existencia de Dios".

Dado que la ciencia actual asume que el universo físico tuvo comienzo y tendrá fin, el suyo no puede considerarse como ser eterno y necesario. Éste, indudablemente, está más allá y condiciona el origen y el destino de aquél. La razón última no ubica en el mundo tangible, sino en la esfera de la trascendencia.

No obstante, para cierto pensamiento místico ese ser necesario y eterno es un Deus Absconditus, que se oculta y es, por ende, incognoscible.

La metafísica bíblica lo ve de otra manera. Siente su presencia y reconoce su acción sobre el mundo. El profeta Isaías lo anuncia: "He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel" (Isaías 7:14). Ese nombre significa Dios con nosotros (Mt. 1:23).

Pues bien, eso es lo que celebramos con efusión en estas fiestas navideñas: la llegada del Niño Dios, cuya enseñanza, en su madurez, nos da a conocer la verdad que nos hace libres y nos traza el camino de la bienaventuranza eterna. 

Lo anuncia el ángel a los pastores, según el relato de San Lucas: "No tengan miedo, pues yo vengo a  comunicarles una gran noticia, que será motivo de alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lc. 2, 10-12).

Agrega el Evangelista que acto seguido hubo una manifestación de seres celestiales que entonaron este canto de alabanza al Creador: "Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: esta es la hora de su gracia" (Lc. 2, 14).

Nuestras creencias cristianas remiten a cuestiones profundas que desafían el sentido común, la racionalidad ordinaria, que se mueve, como reza un interesante libro de Jean Guitton, entre el absurdo y el misterio. Se apoyan, es cierto, en la fe, pero ésta no es arbitraria, pues se nutre de razones y de hechos plausibles, el principal de ellos, la existencia histórica de Jesús de Nazareth, que culmina con su muerte, su resurrección y su ascensión al Cielo, desde dónde vino. Lo que proclama san Pablo, un testigo de excepción, es decisivo: "Si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe" (https://www.bibliadenavarra.com/2019/02/si-cristo-no-ha-resucitado-vana-es.html). Ese hecho histórico sustenta toda nuestra creencia.

El coro angelical que acompaña a la navidad entona una promesa de paz, que está en el núcleo de los Evangelios y es tema de las últimas manifestaciones del Resucitado a sus discípulos: "Paz a ustedes" (Mt. 28:9; Lc. 24:36).

La paz que se anuncia no consiste en la claudicación ante los violentos que promueve la "paz total" del que nos desgobierna, sino en un estado de armonía que fluye del ánimo de las personas, primero en su fuero íntimo, y luego en su vida de relación, hasta proyectarse en el escenario colectivo. Es la paz que trae consigo la presencia del Reino de Dios, que "está en medio de ustedes" (Lc. 17.21).

Cuando en el Padrenuestro rezamos "venga a nosotros tu reino", pedimos ante todo su presencia en nuestro interior, que trae consigo la serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, el valor para cambiar las que podemos y la sabiduría para reconocer la diferencia, tal como dice la preciosísima Oración de la Serenidad, quizás la segunda más recitada después del Padrenuestro.

Desde luego que es una paz inconcebible para mentes trastornadas y calenturientas en las que bullen los rencores, los resentimientos, las envidias y todos aquellos defectos de carácter que nos llenan de desasosiego. 

Es lástima que ahora que celebramos la presencia de Dios entre nosotros al festejar la natividad de su Hijo, el que nos desgobierna haya prescindido de mencionarlo al darle posesión al nuevo procurador general, al que juramentó ante el pueblo de Colombia y no ante Dios. Si la Constitución en su artículo 192 ordena que el presidente tome posesión diciendo "Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia", parece que todo funcionario deba someterse a la misma fórmula. Pero el actual inquilino de la Casa de Nariño parece que aspira a desalojar a Dios del espíritu público.

Feliz Navidad y venturoso año venidero es mi deseo ferviente para todos mis apreciados lectores.





viernes, 20 de diciembre de 2024

El Imperio de la Moral

"Matarife" se defiende de las acusaciones que se le han formulado por la obscenidad de sus trinos diciendo que ellos hacen parte de una obra literaria de su autoría y que sobre las obras de arte no proceden juicios morales.

Ello trae a mi memoria lo que leí hace tiempo en un libro acerca del arte contemporáneo, en el que se menciona un extremo de degradación al que se llegó cuando en una exposición en el MAM de Nueva York alguien exhibió un frasco que contenía un excremento humano como muestra de su creatividad.

Por supuesto que sobre lo que pretenda ser obra de arte caben ante todo juicios estéticos, a partir de los cuáles la producción del sujeto de marras sale muy mal librada, como acaba de salir en un concurso de vallenatos una producción de "Vulgarcito", ése que funge de ministro de Educación del fementido gobierno del cambio.

Pero la cuestión de fondo es la de si hay aspectos de la vida humana que son intocables para la moral, que lo mismo que el derecho, su pariente en el universo de las normatividades, se caracteriza por lo que con cierta prosopopeya se denomina la plenitud hermética, lo que significa que nada de lo humano le es extraño y todo lo nuestro da lugar a que se lo aplauda, se lo tolere, se lo desaconseje o se lo reprima.

Para una mejor comprensión del asunto, creo que conviene observar que los juicios morales se mueven por lo menos dentro de tres escenarios que pueden diferir entre ellos.

El primero toca con la moral social, la que se genera y trata de imponerse en la vida de relación. Es un dato sociológico fundamental: toda interacción humana produce reglas de conducta que en los ámbitos colectivos se clasifican como reglas de trato social o de buena educación, reglas morales y reglas jurídicas, que pueden imponerse mediante la coerción. Pues bien, hasta en las organizaciones criminales rigen normatividades tendientes a asegurar la fidelidad de sus integrantes. De hecho, cada cultura provee al grupo de reglas morales mediante las cuáles se trata de mantener la cohesión y ciertos modos de convivencia que la facilitan. Es claro que esos ordenamientos morales adolecen de relatividad, aunque, si bien se miran las cosas, parece posible advertir en todos ellos alguna uniformidad, tal como lo señalan no pocos pensadores eminentes. Esa uniformidad se basa en que, pese a sus diversas manifestaciones, hay una naturaleza humana de la que todos participamos y se exhibe en forma semejante en todo tiempo y lugar.

La moral social tropieza con resistencias individuales, pues a menudo nuestros congéneres deciden seguir sus propias valoraciones, que pueden no coincidir con las colectivas. No es exagerado afirmar que cada individuo se define por aquello en que cree y valora. Sartre decía que el hombre es lo que hace, pero el obrar humano depende de creencias y valoraciones que se albergan en el interior de cada cual. 

Todo individuo es moral a su manera. Las hay bastante disparatadas, por cierto, como la del taxista que me contó que tenía dos mujeres y al preguntarle cómo hacía para manejarlas, respondió: "Con mucha ética, señor: yo no le muestro mi novia a mi esposa".

El tercer escenario es mucho más profundo y decisivo que los de las moralidades colectivas e individuales. Hay quienes consideran, como Kant, que es el de la moral racional con pretensiones de universalidad. Pero los creyentes pensamos que es el de las relaciones con nuestro Supremo Hacedor. En todo caso, este escenario es el de las normatividades que procuran la realización plena de nuestra humanidad mediante la búsqueda de la excelencia. Son las reglas que trazan el camino que a Dios nos conduce, las que nos hacen mejores seres humanos y nos protegen de extravíos y degradaciones como las que exhiben "Matarife" y sus patrocinadores en el alto gobierno.

La primorosa restauración de la catedral de Notre Dame en París ilustra sobre cómo la búsqueda de la excelencia nos lleva a escenarios celestiales. Hace tiempo leí en los comentarios sobre alguna obra musical que en el Concilio de Trento se discutió si la polifonía que reemplazaba al canto llano era adecuada para alabar al Señor. Se pensaba que distraía a los oyentes, pero se llegó a la conclusión de que no era inadecuada para la liturgia católica. La excelsitud de esta era apreciada hasta por los no creyentes. Recuerdo a propósito de ello que un nutrido y selecto grupo de personalidades de la cultura, entre las que figuraba nadie menos que el muy célebre Yehudi Menuhin, considerado como el violinista del siglo XX, se dirigió al entonces papa Pablo VI abogando por la conservación de la misa tradicional, la que engalanaron Bach con su Misa en Si Menor o Beethoven con su Misa Solemne. 

A propósito, se dice que Beethoven consideraba que esta era la expresión más elevada de su arte musical. "El Secreto de Beethoven", una película que vi hace años, apoya la tesis de que el más grande compositor de todos los tiempos buscaba en sus últimas obras, los célebres cuartetos finales, llegar hasta el umbral de la Divinidad.

Nada que ver, por supuesto, con lo que "Matarife" y "Vulgarcito" pretenden que es el arte.


sábado, 14 de diciembre de 2024

Palabras bastas

"Prendido como un arbolito de navidad", según dicho de la representante Carolina Arbeláez, el que en mala hora nos desgobierna pronunció en Barranquilla un discurso alebrestado que puso de manifiesto sus torpes conceptos sobre temas tan delicados como la libertad y el amor, con el propósito de defender el nombramiento de un fementido escritorzuelo que aspira al cargo de embajador ante el reino de Tailandia.

A mis estudiantes solía ponerles de presente las severas dificultades que suscita la cuestión de la libertad, respecto de la cual se discute acerca de en qué consiste en últimas, cuál es el concepto que mejor la refleja, cuáles son las condiciones sociales que la hacen posible y, "last but not least", cuál es en definitiva su valor.

A la luz de la tradición judeo-cristiana la libertad no es un fin en sí misma, sino un medio, si bien un instrumento ciertamente excelso para la realización cabal de la persona humana. Pascal consideraba que el hombre no es ángel ni bestia. La libertad rectamente entendida puede elevarlo a la dignidad de aquél, pero mal ejercida tiene la virtualidad de arrojarlo al cenagal de la bestialidad. A mis discípulos les decía que la libertad puede hacer de nosotros un san Francisco de Asís o una santa Teresa de Calcuta, pero también puede convertirnos en un Tirofijo o una atroz Rosario Tijeras.

El cristianismo oriental pone énfasis no sólo en la santidad, sino en lo que a ésta caracteriza, que es la divinización del ser humano, un propósito que lo lleva ante la presencia de Dios. Es tema que ha tratado con singular maestría Claude Tresmontant en "L'Enseignement de Ieschoua de Nazareth", libro del que he extraído invaluables enseñanzas. Según Tresmontant, el Evangelio contiene una verdadera ciencia cuya aplicación nos eleva a la condición de hechuras de Dios a su imagen y semejanza.

Los que consideran que la libertad no es un medio, sino que ella en sí misma es del todo valiosa, son incapaces de discernir sus aspectos positivos y los negativos. Es la postura de los emancipatorios o libertarios, que le asigna el mismo valor a quien se sirve de ella para avanzar hacia la santidad y al que se aplica al libertinaje, como el demoníaco Don Giovanni de Mozart o el perverso protagonista de "La carrera del libertino", de Stravinsky. 

Nuestro desafortunado Profeta Apocalíptico y Líder Galáctico posa de pensador, pero en realidad sufre una deplorable confusión de conceptos, como puede observarse en lo que proclama sobre el amor, concepto central de la enseñanza cristiana acerca de la vida espiritual, que también puede devaluarse hasta el punto de identificarlo con la relación meramente carnal, así sea consentida por las partes que entran en ella. 

Vengo de leer en el muy interesante libro del padre Carlos Martins, "The Exorcist Files", cómo a través del ejercicio de la sexualidad concebida sólo desde su aspecto sensual y despojada de ese profundo sentido espiritual que, según lo proclaman el Génesis y el Evangelio mismo, hace que el hombre y la mujer lleguen a ser "la misma carne", vale decir, perfecta unidad de varón y hembra, se convierta en un aterrador instrumento de posesión diabólica. Mantengo presente lo que hace tiempos leí atribuido a Sófocles acerca de que el apetito sexual, que tanto pondera el depravado que nos desgobierna, "es un amo cruel y avasallador" o, en palabras de Discépolo, "el viejo enemigo que enciende castigos y enseña a llorar" ("Canción desesperada"  https://www.youtube.com/watch?v=u0ausf7_RoQ)

He señalado en otras partes que estamos en poder de un energúmeno que en su insensato discurso de marras pone de manifiesto que lo dominan por lo menos cuatro de los siete pecados capitales, a saber: la soberbia, la ira, la lujuria y la envidia.

Discrepo de la nota de "El Colombiano" que le reconoce que por lo menos es un gran orador (vid. https://www.elcolombiano.com/colombia/petro-desatado-en-sus-discursos-chequeo-a-sus-mentiras-y-agresiones-PC26060861). Sus peroratas cantinflescas no pueden compararse con las preclaras oraciones que le dieron lustre en el pasado al foro colombiano. Si ellas se acercan al clasicismo, lo de ahora es ni más ni menos que raggaetón de la peor clase.


lunes, 2 de diciembre de 2024

Sólo por la gracia de Dios

El extravagante Benedetti pisa terreno movedizo al jactarse a los cuatro vientos de la enésima recuperación de su insaciable apetito por el alcohol y la droga.

Se presenta ahora como un alcohólico y drogadicto recuperado de dos adicciones que combinadas son calamitosas a más no poder.

Hoy es frecuente que el alcohólico acuda a la cocaína para pasmar la borrachera y seguir bebiendo como macho asoleado, sin percatarse de que la conjunción del licor y la droga conduce más rápidamente a la destrucción física, anímica y social del adicto.

Es posible que haya variados métodos para tratar las adicciones, pero todos ellos exigen un cambio de vida, partiendo de la transformación interior de la persona.

Es bien sabido que la sola voluntad de modificar las actitudes y los hábitos no es suficiente. Esa voluntad tiene que reposar sobre la humilde aceptación de la derrota, que es lo que se llama tocar fondo, y la entrega a un poder superior que se identifica con Dios como cada quien lo conciba. 

Es la acción de ese poder superior lo que logra contrarrestar la en principio irresistible inclinación que producen esas adicciones.

Para que ello surta efectos duraderos son muchos los cambios que hay que aceptar en la vida cotidiana. Dentro de esos cambios están el reconocimiento y la corrección de los defectos de carácter que favorecen las adicciones.

Es todo un programa vital que, por ejemplo en AA, se resume en los 12 pasos, a saber:

1. Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables. 2. Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio. 3. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos. 4. Sin temor hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos. 5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos, y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos. 6. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de nuestros defectos. 7. Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos. 8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos. 9. Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros. 10. Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente. 11. Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla. 12. Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar el mensaje a los alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.

La rehabilitación del alcohólico y el drogadicto se puede coadyuvar con tratamientos médicos y terapias conductuales, pero en rigor sólo puede lograrse de modo duradero mediante la acción sanadora del espíritu.

Ojalá que Benedetti tome atenta nota de ello. No es la primera vez que hace gala de sus intentos de recuperación. Ya hace algún tiempo la había pregonado dando gracias a su madre y, si mal no recuerdo, hasta a la Santísima Virgen. 

Los alcohólicos y drogadictos que no siguen lealmente sus programas de recuperación recaen fácilmente y, a menudo, las recaídas son cada vez peores.

Una de las condiciones para evitarlas consiste en alejarse de malas compañías, como las que seguramente habrá de encontrar en el ambiente deletéreo que reina en la Casa de Nariño.

Dios no lo quiera, allá habrá ambiente propicio para volverle a escuchar las horribles palabrotas con que ha acostumbrado a acompañar sus desafueros verbales.

Hay que reiterarlo: la soberbia, la vanagloria y la jactancia no son convenientes para llevar a cabo un programa eficaz de recuperación de las adicciones. La mejor compañía es la aceptación humilde de los defectos de carácter que las estimulan y la fe en la acción sanadora de la gracia de Dios. Hay que ponerlo todo en sus santas manos.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

El Aborto: ¿Derecho fundamental o crimen contra la humanidad?

Es la pregunta que formula el profesor emérito Dr. Bernard Splitz en un valeroso escrito que publicó recientemente Belgicatho (vid. http://www.belgicatho.be/archive/2024/11/15/l-avortement-entre-droit-fondamental-et-crime-contre-l-human-6523054.html).

La cuestión del aborto es una de las más debatidas en los tiempos que corren. La opinión pública está fuertemente dividida en torno suyo. No cabe duda de lo que este asunto pesó, por ejemplo, en las elecciones norteamericanas que dieron lugar a la confrontación entre las propuestas abortistas de Biden y la candidata perdedora Harris, y las contrarias, algo matizadas, de Trump.

Hace poco se aprobó en la Constitución francesa una iniciativa que consagra el derecho fundamental al aborto. Entre nosotros esta idea no ha hecho carrera en el Congreso, pero de hecho la Corte Constitucional la ha introducido en nuestro ordenamiento jurídico. 

¿Se trata de veras de un derecho fundamental?

La figura de los derechos fundamentales está en el núcleo del constitucionalismo liberal. Es una de las conquistas más significativas del liberalismo, pero a decir verdad no constituye un aporte del todo original suyo, pues aparece en las grandes tradiciones religiosas y particularmente en el cristianismo. No obstante, a los liberales les debemos el haberla destacado dentro del ordenamiento político a punto tal que éste gira a su alrededor. El derecho fundamental pesa sobre todo el aparato del Estado y goza de protección reforzada a través de múltiples mecanismos.

La consagración de los derechos fundamentales en sus comienzos amparaba un listado más o menos preciso y estricto, pero con el tiempo se lo ha engrosado de tal modo que hoy puede considerarse que se trata de una categoría elástica y quizás arbitraria que comprende contenidos bastante disímiles. Pensemos en que nuestra Corte Constitucional la ha ampliado hasta el punto de considerar que gozamos del derecho fundamental de tener mascotas en nuestras unidades residenciales.

El célebre profesor Villey censuraba en sus lecciones de Filosofía del Derecho la hipertrofia de tan significativa institución, deplorando a la par no sólo sus inconsistencias, sino su amoralidad. El pensamiento católico denuncia por su parte los falsos derechos fundamentales, sobre todo en lo atinente a las costumbres sexuales.

En la Declaración de Independencia de los Estados Unidos se invoca a Dios como fuente última de los derechos fundamentales. Éstos, por consiguiente, deben ejercerse en sintonía con la Ley Eterna que se manifiesta en el orden natural y, desde luego, en la Revelación. Lo mismo podría predicarse de nuestro ordenamiento constitucional, que se expidió invocando la protección de Dios. Pero la descristianización de los últimos tiempos, que ha dado paso a un ateísmo beligerante, ha privado a los derechos de su elevado y sólido fundamento, para sustentarlos en último término en los deseos humanos que surgen de las pulsiones que mandan en nuestro interior. El "seréis como dioses" que prometió el tentador según el libro del Génesis 3:5 no nos ha divinizado. No nos hemos convertido en dioses, pero hemos elevado nuestros apetitos a tal categoría, en especial los más desordenados.

Al igual que en las depravadas sociedades de la Antigüedad, la nuestra ha endiosado el deleite venéreo. La Revolución Sexual tiene como leitmotiv el desenfreno, la eliminación de toda restricción del deseo, la superación de los supuestos tabúes que ponían coto a las pulsiones carnales. Una de sus ideas consiste en desvincular la relación sexual no sólo de la procreación, sino de la unión amorosa que hace de los copartícipes una sola carne. Y arremete contra la función maternal de la mujer, que genera vida y conserva las sociedades.

El aborto se mira como un control eficaz del crecimiento poblacional, lo que da lugar al desastroso invierno demográfico que ya hace estragos en muchas latitudes. Lo sufren China, Japón, Corea del Sur, Cuba y los países europeos, entre otros. Colombia ya va por ese camino. No cabe duda: ocasiona el suicidio de la civilización.

De hecho, el aborto es la principal causa de muerte en la actualidad. Se considera que acarrea la muerte de unos setenta millones de seres humanos cada año. Pero los abortistas se empeñan en sostener que a los no nacidos se los contabilice como seres humanos. Este es el motivo por el cual la autoridad de la regulación de lo audiovisual en Francia acaba de sancionar con una gravosa multa a una emisora de televisión que informó que el aborto constituye hoy la mayor causa de mortalidad en el mundo. Sostienen que es tendenciosa la noticia que considera como seres humanos a los productos de la concepción. ¿Qué son, entonces? ¿Carecen de ADN? ¿Son meros amasijos celulares? (vid. http://www.belgicatho.be/archive/2024/11/25/france-100-000-euros-d-amende-apres-qu-une-chaine-de-televis-6524439.html).

En otras oportunidades he señalado que para entender el aborto hay que considerar qué se aborta, cómo se aborta, por qué se aborta y para qué se aborta. Cuando se entra en detalles sale uno espantado.



viernes, 22 de noviembre de 2024

Política constitucional

Casi todos los ordenamientos constitucionales constan hoy por escrito, lo que supone que indican a qué deben atenerse gobernantes y gobernados sobre sus estipulaciones. Pero ello no garantiza la certidumbre de sus contenidos, ya que los textos pueden exhibir vacíos, contradicciones y ambigüedades que sea necesario superar mediante la interpretación. 

Hay algo más: en los textos tenemos qué distinguir lo explícito y lo implícito. Cada uno ofrece algún significado que puede parecer nítido a primera vista, pero el mismo se inserta en una abigarrada red de referencias más amplias sobre las cuáles versa una difícil materia jurídica, la hermenéutica.

Hay que considerar que el derecho no sólo consta de normas que se ajustan a la fórmula dado A debe ser B, pues ellas remiten a conceptos y principios que los ordenamientos no siempre definen con precisión, de modo que se hace necesario examinarlos mediante recursos que suministra la cultura jurídica y, en últimas, la cultura misma.

Tradicionalmente esos recursos los aportaban las creencias religiosas, pero el secularismo impuesto por la modernidad ha dado lugar a que los referentes supremos del derecho ubiquen en las ideologías, que intentan sustituir en los tiempos que corren a las religiones y se comportan en la práctica del mismo modo que éstas. Dicho en otros términos, la fe que antaño se depositaba en las religiones ahora se nutre de las ideologías.

Hay Constituciones fundadas en ideologías más o menos nítidas, como ha sucedido con las de los regímenes comunistas. Pero otras, como la nuestra, adolecen de lo que sin duda podemos llamar un sincretismo ideológico, pues abrevan en distintas fuentes y sus orientaciones pueden dar lugar a muy variadas respuestas.

Se sigue de ello que en la identificación, la interpretación y la aplicación de la normatividad constitucional caben diversas soluciones que dependen de las ideologías de los operadores jurídicos.

Ahí es donde hace presencia la política en el ámbito judicial.

Pero se trata de la alta política, la que se nutre de ideas sobre la justicia y el bien común a que hace referencia la Constitución misma.

Desde este punto de vista, pueden advertirse dos grandes tendencias: la de quienes tratan de ceñirse con rigor a los enunciados constitucionales, a los que suele motejarse de conservadores o integristas, y la de aquéllos que tratan de ir más allá de los textos para adaptarlos bien sea a nuevas realidades, ora a sus propias valoraciones ideológicas. Son éstos los llamados partidarios del activismo judicial, que suelen cubrirse con el ropaje de un muy discutible progresismo.

La Corte Suprema de Justicia norteamericana ilustra sobre estas tendencias, las cuáles reflejan los grandes debates ideológicos que se dan en el escenario del país. Son debates de nunca acabar, pues remiten a concepciones muy diferentes y a menudo irreconciliables.

Lo anotado se inscribe dentro de la vida del derecho y se hace menester reconocerlo como un dato ineluctable de su realidad. De hecho, la justicia constitucional es política, repito que en el más alto sentido de la expresión.

El juez constitucional, como cualquiera otro juez, debe ceñirse a sus convicciones, a su sentido del deber, a los ideales que su conciencia le indique sobre lo justo y la interpretación correcta de la normatividad. Debe ser independiente, imparcial y objetivo en la consideración de los hechos sobre los que le corresponda pronunciarse.

Pero al lado de la alta política medra la baja que sigue los impulsos de quienes ostentan el poder, lo resisten o buscan influir en el mismo. Los que se mueven en este medio tratan de manipular la normatividad para acomodarla a sus propósitos, no para que ella se cumpla razonablemente, sino más bien para distorsionarla e incluso destruirla.

Nuestro país padece hoy un desgobierno que en aras de sus delirios de cambio no busca proteger la institucionalidad, sino demolerla, y es refractario a los controles que obran de acuerdo con la separación de poderes. Pretende que todos ellos se plieguen a sus propósitos y toleren sus desafueros. El júbilo que ha manifestado quien lo ocupa por la reciente elección de un magistrado de la Corte Constitucional que considera fiel a su política, no la alta sino la baja, constituye un indicio grave tanto de su falta de respeto por la institucionalidad como por la persona misma del elegido.

En efecto, no espera de él que cumpla con su deber de magistrado, sino que sea un instrumento útil para sus designios, tales como promover una constituyente por fuera de lo que al respecto dispone la Constitución o eludirla para superar las barreras que la misma ha establecido para frenar la reelección presidencial.

Ojalá que el nuevo magistrado dé muestras de algo que cada vez escasea más en nuestro país: carácter para cumplir con su deber, respeto por el juramento que ha de prestar cuando se posesiones de su cargo.


miércoles, 20 de noviembre de 2024

El liderazgo que necesitamos

En el reciente encuentro de precandidatos presidenciales del Centro Democrático que tuvo lugar en Barranquilla, el expresidente Uribe trajo a colación las tres principales características que según Kissinger debe ostentar el liderazgo, a saber: honestidad, energía y competencia.

Es muy oportuno reflexionar sobre el asunto, habida consideración del liderazgo tóxico que sufrimos bajo el desgobierno en que estamos.

El país afronta problemas muy graves que exigen atención urgente de las autoridades. No es fácil fijar órdenes de prelación para ello, pero quizás haya consenso acerca de la necesidad de ponerle ante todo coto a la corrupción en que estamos sumidos. Lo triste es que quien se manifestó a lo largo de años como adalid en contra de este flagelo esté presidiendo el que hoy se considera como el gobierno más corrupto quizás de toda nuestra historia. Cada día van apareciendo nuevas manifestaciones de esta infame plaga.

Quien esté llamado a tomar las riendas cuando termine este ominoso período presidencial debe, por consiguiente, acreditar una honestidad intachable, que es algo que brilla por su ausencia bajo el régimen reinante.

La honestidad se pone de manifiesto de muchas maneras. Su punto de partida es la honestidad mental, la buena fe, la transparencia en las actitudes, los pronunciamientos, los procederes. Esa transparencia obliga a ser coherentes, a exhibir razones válidas para sustentar lo que se haga, a dar ejemplo que pueda seguirse en la vida comunitaria. 

Un gobernante honesto se cuida de incurrir en la culpa in eligendo y la culpa in vigilando. Debe esmerarse en rodearse bien y en ejercer control sobre sus subordinados. La máquina del gobierno es compleja y no suele funcionar como se debe. Hay que mantenerse al tanto de sus operaciones. Un gobernante bien intencionado, pero cándido, va camino del fracaso. 

La honestidad obliga a cuidar los recursos públicos y no malgastarlos ni utilizarlos para fines extraños al buen servicio. El desgobierno reinante nos ofrece muestras palpables de lo que no debe hacerse dilapidando dinero que podría emplearse en mejores menesteres. ¿Qué decir de lo que se gasta en masajista de la que ya no sabemos si es la primera dama?

Nombramientos y contratos ponen a prueba la honestidad de los gobiernos. Los subsidios que en principio sean necesarios no pueden convertirse en compra simulada de votos que pervierte el sistema democrático.

Hay, en fin, una severa exigencia ética acerca del respeto que se debe no sólo de modo formal, sino sustancial, a la institucionalidad. La desviación de poder destruye la confianza en el gobernante.

La energía es la segunda característica que Kissinger destaca en el liderazgo. Quien gobierne debe tener el vigor necesario para manejar situaciones difíciles. Algo así como el que tuvo el presidente Ospina Pérez cuando dijo en la noche del 9 de abril de 1948 que "para la democracia colombiana es preferible un presidente muerto que un presidente fugitivo". A propósito, recomiendo a mis lectores el libro "Los Ospina en la historia de Colombia" que está ofreciendo La Linterna Azul. Es otra mirada a nuestro pasado, que contrasta con la muy sesgada que el desgobierno reinante pretende imponernos.

El liderazgo exige, en fin, competencia, asunto que comprende múltiples ingredientes: conocimiento; experiencia; buen sentido para captar las necesidades, determinar prelaciones, identificar factores positivos y negativos de las realidades que se trata de abordar, de los medios que se pretenda utilizar y de los resultados que se busque obtener. Ya sabemos bien lo que cuesta estar bajo el mando de alguien que se destaca por ser arrogante, ignorante e incompetente, entre otros muchos defectos más.

Cada ciudadano debe hacer un severo escrutinio de los aspirantes a reemplazar al exconvicto no arrepentido que ocupa hoy la Casa de Nariño. La tarea de recuperación de nuestra institucionalidad será ingente. Requerirá de un liderazgo que convoque y anime a las fuerzas vivas de nuestra sociedad. Como lo pidió en su momento Alberto Lleras Camargo, Colombia necesita unirse en torno de un gran propósito nacional.

sábado, 16 de noviembre de 2024

Rebelión política: ¿derecho o delito?

En su debate con Vicky Dávila, heroína a la que doy la bienvenida al escenario de las candidaturas presidenciales, el que hoy nos desgobierna ha manifestado que la rebelión política por la que se le acusa con sobra de razones no es a su juicio un delito, sino un derecho.

Es tema sobre el que conviene hilar delgado.

Ante todo, hay que recordar que la rebelión es un delito político previsto por el artículo 462 del Código Penal, referido a quienes mediante el uso de las armas pretendan derrocar al gobierno nacional, o suprimir o modificar el régimen constitucional o legal vigente.

Es, por supuesto, un delito de extrema gravedad, pues atenta severamente contra el orden establecido, tratando de imponer la ley de la selva.

Los que lo subvierten de ese modo consideran que se levantan en armas contra regímenes tiránicos. Así se defendió en su debate con Vicky el entonces candidato al que ella tildó de hampón.

¿Podemos en sana lógica considerar tiránicos a los gobiernos posteriores a la dictadura de Rojas Pinilla? ¿Lo fueron los de Lleras Camargo, Valencia, Lleras Restrepo, Pastrana Borrero, López Michelsen, Turbay Ayala, Betancur, Barco y Gaviria, o lo han sido quienes los sucedieron: Samper, Pastrana Arango, Uribe, Santos o Duque?.

Todos ellos fueron elegidos de acuerdo con las reglas de nuestra democracia. No fueron gobernantes de facto, sino legítimos. Del único que hubo discusión sobre la mayoría que lo llevó al poder fue Pastrana Borrero, si bien se trata de un debate todavía no zanjado sobre un gobernante que actuó con riguroso apego a la normatividad constitucional.

Los comunistas de todo pelambre, incluido el que hoy habita en la Casa de Nariño, se alzaron contra el régimen constitucional aleccionados por la Revolución Cubana, con miras a sustituirlo por un sistema totalitario y liberticida como el que impera en la Isla-Prisión. Los gobernantes a quienes se tilda de tiránicos lo que hicieron fue defender a Colombia con los recursos institucionales de esa andanada criminal.

Si la violencia entre conservadores y liberales que desangró al país a mediados del siglo XX puede considerarse como una guerra civil no declarada, lo mismo cabe afirmar sobre la que los comunistas han desatado contra nuestra democracia liberal durante más de 60 años. Hoy gobiernan o, peor todavía, desgobiernan a Colombia, no por la fuerza de las armas, sino por las reglas de juego de la institucionalidad, gracias al engaño al que sometieron al electorado. No fueron capaces de llamarse por su nombre ni de revelar sus intenciones. 

En esa guerra civil no declarada del comunismo contra nuestra democracia liberal no han faltado los excesos de las autoridades, pero en buena medida han obrado los recursos institucionales para remediarlos. Se criticaba la justicia penal militar aplicada a civiles y la Corte Suprema de Justicia, con ponencia mía, la declaró inconstitucional. Se atacaban las posibles extralimitaciones del estado de sitio y desde 1968 se le puso coto, hasta que en 1991 se lo privó de toda contundencia, de suerte que se hizo inoperante a través de su sucedáneo, la conmoción interior.

Más que de excesos de nuestras autoridades legítimas, cabe hablar de la mano tendida que las mismas les ofrecieron reiteradamente a los subversivos, con resultados tan deplorables como los de la política de paz de Betancur o la claudicación de Santos en La Habana. Incluso lo gobernantes de mano fuerte, como Turbay y Uribe, se mostraron abiertos a negociar con los comunistas, pero tropezaron con su obstinación.

Afirmar como lo hace el que nos desgobierna que sus antecesores fueron unos criminales es un evidente despropósito que sólo cabe en una mente desquiciada como la suya.

Criminales han sido a no dudarlo los comunistas que desataron la guerra civil no declarada que tanto dolor nos ha causado.

No hay que olvidar los crímenes atroces del M-19, sobre los que se ha pedido infructuosamente acción en jurisdicciones foráneas, ni, por supuesto, los de las demás organizaciones subversivas.

Nada más, ahora acaba de revelarse en la JEP la monstruosidad de los crímenes contra la niñez que cometieron las Farc.

El supuesto derecho de rebelión contra el orden establecido lo ejercen quienes lo invocan para cometer asesinatos selectivos, masacres, incendios y asaltos de poblaciones, secuestros, extorsiones, desplazamientos forzados, invasión de propiedades, tráfico de armas y de drogas, robos, delitos sexuales horripilantes y todo aquello que sólo habita en mentes de sujetos que parecen poseídos por demonios. Les cabe perfectamente el diagnóstico de psicópatas y sociópatas, vale decir, unos enfermos mentales.

El mal llamado paramilitarismo fue una respuesta del todo censurable de distintas comunidades que ante la fragilidad institucional buscaron defenderse de las depredaciones de los comunistas. Es una llaga abierta y todavía sangrante en el cuerpo de esta sufrida Colombia.

A la luz de lo expuesto, y faltando muchos otros argumentos, les reitero a mis lectores la pregunta: ¿La rebelión política es un derecho o un delito? ¿El que nos desgobierna es un delincuente no arrepentido de sus tropelías o un batallador por la libertad y la justicia, como jactanciosamente se autodefine?


sábado, 9 de noviembre de 2024

Primero se acaban los helechos que los marranos

El jueves pasado recibí en mi WhatsApp un mensaje que decía que alguien desde un teléfono Samsung en el Valle del Cauca estaba tratando de entrar a mi cuenta. Me pidieron que confirmara si era yo mismo y respondí, desde luego, que no. Entonces me llegó otro mensaje en que decían que debía confirmarlo respondiendo con un número que me hicieron llegar vía SMS. Envié el número y caí como un chorlito.

En efecto, al dar respuesta al último mensaje se adueñaron de mi cuenta en WhatsApp y empezaron a comunicarse con mis corresponsales ofreciéndoles dólares a $ 3.900 o algo así e indicándoles una cuenta, creo que en USA, a la que debían efectuar las transferencias correspondientes si estaban interesados.

Varios amigos me llamaron a decirme que esos mensajes les parecían extraños y entonces advertí que en efecto habían usurpado mi cuenta unos estafadores. 

Procedí a formular la correspondiente denuncia penal a través de la página de la Fiscalía General de la Nación, que es muy amigable, y a reportar a una dirección de WhatsApp la novedad para que bloquearan la cuenta. Espero que así haya sucedido.

Quiero dar noticia pública del evento para advertir la gravedad de lo que está sucediendo. Otras personas me han contado ocurrencias similares y la única defensa que tenemos para proteger nuestras cuentas es no responder esos mensajes.

El que me hizo caer fue un mensaje intimidatorio, según el cual si no respondía WhatsApp bloquearía mi cuenta. Por eso reenvíe el número que me llegó, sin percatarme de la trampa que me estaban armando.

Debido a este asalto, decidí cancelar mi línea telefónica y contratar otra que me acaba de llegar con un número telefónico diferente.

No cabe duda de que desde arriba hasta abajo y por todas partes estamos a merced de hampones. La delincuencia de todos los pelambres está enseñoreada en el país y contemplamos atónitos que las respuestas gubernamentales, por lo menos en el ámbito nacional, son condescendientes con ella. La "paz total" no es otra cosa que un proyecto de sumisión ante toda suerte de bandidos.

Lo que estamos padeciendo no es otra cosa que la anarquía.

Bien se dice que todo vacío tiende a llenarse y por ese motivo las comunidades claman hoy por más autoridad, a sabiendas, desde luego, que la que hoy funge como tal en el poder ejecutivo de la Nación está tocada por sus antecedentes criminales y no se siente inclinada a actuar con severidad contra sus congéneres.



lunes, 4 de noviembre de 2024

Evolución vs. Revolución

En los estatutos que para el Partido Liberal redactó haca años Carlos Lleras Restrepo se lo identificó como una coalición de matices de izquierda y de tal guisa ha procedido a lo largo del tiempo transcurrido desde ese entonces. Los que gobernaron a su nombre después del Frente Nacional a esa inclinación se sometieron, unos con más rigor que otros. No es verdad que el actual gobierno sea el primero de izquierda en toda la historia de Colombia. Es el primer gobierno comunista y de ello no cabe duda alguna.

La orientación izquierdista del Partido Liberal lo acerca a la social democracia y es por ello que se lo admitió en la Internacional Socialista. Pero aquélla difiere notablemente del comunismo. Lenin no rebajaba a quienes la crearon de renegados y traidores.  Y su rama más importante, la alemana, rompió con el marxismo desde la década de 1960.

La social democracia no es enemiga de la propiedad privada, ni de la libertad económica, ni de la economía de mercado, pero considera que deben regularse por el Estado en función de la garantía de los derechos de los trabajadores y del mejoramiento de las capas más desfavorecidas de la sociedad. Es enemiga de los monopolios capitalistas y de los abusos en que puedan incurrir los empresarios, pero no es contraria de suyo a la empresa. Promueve, eso sí, la estatización de sectores estratégicos de la economía y una tributación severa tendiente a reducir las desigualdades. 

De hecho, los gobiernos socialdemócratas en Europa se han caracterizado por el pragmatismo que consulta el ensayo y el error. Por ejemplo, cuando los laboristas conquistaron el poder en el Reino Unido al término de la II Guerra Mundial adoptaron medidas muy severas que más tarde hubo que suavizar por los discutibles resultados que acarrearon. Lo mismo sucedió en Francia por esos años y, más tarde, cuando conquistó el poder Mitterrand. La socialdemocracia se impuso, además, en los países escandinavos, así como en Holanda y Bélgica, y más tarde en España, con Felipe González.

El denominador común de estos regímenes ha sido el respeto por las instituciones políticas de cuño liberal, garantes del pluralismo y, por ende, del sistema multipartidista, la libertad de prensa, las elecciones diáfanas y la separación de poderes. En todos ellos se ha dado la alternación pacífica de distintas opciones gubernamentales. Cuando los socialdemócratas pierden el apoyo popular, los reemplazan sin traumatismos tendencias liberales e incluso conservadoras.

Observando la política europea de la segunda mitad del siglo XX, Raymond Aron señaló que el liberalismo es el signo distintivo de la civilización política occidental, común a la derecha no extremista y la izquierda no totalitaria.

El liberalismo colombiano guarda ciertas afinidades con la socialdemocracia europea. En él han obrado diversas tendencias, unas moderadas y otras más bien radicales, pero durante mucho tiempo encontraron puntos de contacto porque consideraban unas y otras que la división era fatal. La corrupción del gobierno de Samper terminó afectándolo sustancialmente, pues con posterioridad al mismo el partido nunca más pudo llevar un candidato suyo a la presidencia. Además, la Constitución de 1991 dio por finiquitado el bipartidismo. 

Aunque en otras épocas el liberalismo les tendía puentes a los comunistas, a punto tal que en el célebre discurso de Laureano Gómez en la plaza de Berrío en 1949 se lo acusó de estar bajo el control de una "diminuta cabeza comunista", durante el Frente Nacional y en los años que lo sucedieron las guerrillas lo combatieron de modo inclemente y feroz.

A no dudarlo, esas guerrillas fueron y han sido abiertamente antiliberales, siguiendo los cánones del castrismo y después del chavismo, que son la guía del petrismo que ahora pretende entronizarse en nuestro país.

En algotra ocasión he observado que lo de un petrismo liberal no deja de ser un oxímoron, esto es, una contradicción esencial. Si se apoyan en una convicción, los liberales que adhieren al petrismo han dejado de serlo, porque, en medio de sus disimulos y sus engaños, este último alberga un designio totalitario y liberticida del todo ajeno a los principios liberales. Si su motivación es oportunista, dadas las gabelas que esperan obtener del régimen, no son otra cosa que tránsfugas despreciables.

En la convención que acaba de celebrarse en Cartagena, el Partido Liberal ha dejado claro que su tendencia es la evolución que aspira a construir sobre lo ya edificado, y no la revolución, que quiere cambiarlo todo de raíz en procura de edificar un reino ilusorio.

Que quien nos desgobierna hoy es un revolucionario irredento, lo acreditan su manifestación adolorida por la caída del muro de Berlín y su homenaje a Mao Zedong ante su tumba, así haya dicho hace poco que la que profesa en la Doctrina Social Católica. No olvidemos que es un peón del Príncipe de la Mentira.


miércoles, 30 de octubre de 2024

Precisiones sobre el progreso moral

En otra oportunidad he llamado la atención acerca de que la ideología de quienes hoy nos gobiernan no es progresista, sino simple y llanamente comunista. Vid. Pianoforte: ¿Progresistas o Comunistas? (javalmejia.blogspot.com).

El comunismo es una mala palabra dentro de nuestro léxico y no contribuye a la conquista del voto popular, que entre nosotros tiende a inclinarse por la moderación, llámese centro a secas, centro derecha o incluso centro izquierda, según lo acreditan reiteradamente las encuestas. Llamarse progresista pulsa, en cambio, ciertas cuerdas emocionales vinculadas con las aspiraciones a mejorar la calidad de la vida tanto personal como colectiva.

Suele relacionarse el cambio con el progreso, sin percatarse de que hay cambios que son más bien regresivos y que, como lo señaló en un libro digno de recordarse Raymond Aron, el progreso puede traer consigo no pocas desilusiones, como las que acarreó el comunismo en la URSS y sus países satélites. (vid. https://ia801602.us.archive.org/35/items/ProgresoYDesilusin.LaDiallcticaDeLaSociedadModernaRaymondAronV3/Progreso%20y%20desilusi%C3%B3n.%20La%20dial%C3%A9ctica%20de%20la%20sociedad%20moderna%20-%20Raymond%20Aron%20%28V3%29.pdf).

He llamado la atención acerca de que una cosa es el progreso científico y el tecnológico que lo acompaña, no exentos hoy de severos cuestionamientos por los profetas apocalípticos que anuncian la desaparición de la humanidad por el crecimiento incontrolado de nuestro dominio sobre la naturaleza, y otra muy diferente es el progreso en las personas, la convivencia entre ellas y la organización colectiva.

Recuerdo que leí hace tiempos un escrito de don Mariano Ospina Rodríguez, profundo ideólogo del conservatismo colombiano en el siglo XIX, en el que llamaba la atención sobre la importancia decisiva del progreso moral.

Es un asunto crucial en los tiempos que corren. El pensamiento dominante hoy en día carece de criterios morales definidos, pues en él reina el relativismo. Sus "maîtres à penser" han impuesto la idea de que no hay respuesta definitiva a la pregunta kantiana acerca de cómo debemos obrar, pues cada individuo adopta libremente sus opciones sobre lo que le resulta útil, placentero o digno de encomio. Las normas morales que rigen en las sociedades se miran como meras convenciones emanadas de la cultura que pueden desconocerse y alterarse ad libitum por cada uno. De hecho, expresa o tácitamente, se adopta la ideología del thelema que predicaba el famoso satanista Aleister Crowley en El Libro de la Ley: "Haz tu voluntad será toda la ley" (vid. Thelema - Wikipedia, la enciclopedia libre).

Cuando el famoso astrónomo francés Laplace le explicó a Napoleón su sistema cosmológico, el Emperador le preguntó sobre el papel que jugaba Dios en el mismo. Con arrogancia, le respondió: "En mi concepción, Dios es una hipótesis innecesaria". Lo mismo consideran hoy los supuestos filósofos morales que campean en el ámbito intelectual: Dios nada tiene que ver con nuestro modo de apreciar las normatividades. Pero, como lo expresó Dostoiewski a través de su personaje Iván Karamazov, "si Dios no existe, todo es posible".

La Ley de Dios que se manifiesta a través de la naturaleza y sobre todo de la Revelación, constituye el verdadero fundamento del orden moral. 

Es algo que hoy se soslaya: la verdad moral reside en todo aquello que hacia Dios nos lleva, vale decir, lo que enaltece nuestro espíritu. La auténtica realización de nuestra humanidad se logra siguiendo el camino, la verdad y la vida que nos indica el Evangelio. En "La Mística Cristiana y el Porvenir del Hombre", Claude Tresmontant profundiza admirablemente este tema. La gran enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo versa acerca de cómo divinizar nuestro ser alcanzando la santidad. "Sólo hay una tristeza en la vida: no ser santos", clamaba León Bloy. Vid. Sólo hay una tristeza en la vida: no ser santos (ecocatolico.org).

Contra esa verdadera realización del ser humano conspiran tres misterios que hoy suelen relegarse a los ámbitos de lo absurdo y la superstición: el pecado, el demonio y el infierno. Pecado es lo que nos aleja de Dios por incitación del demonio y termina sumiéndonos en el infierno. Todo ello es real, así nos empecinemos en negarlo. Las experiencias de los exorcistas lo acreditan (vid. (99+) Fundamentos Del Exorcismo - Gabriele Amorth | Juan Francisco Vázquez Pérez - Academia.eduMemorias de un exorcista por Gabriel Amorth.pdf - Google Drive). Decía el entonces cardenal Ratzinger que hay ciertas manifestaciones extremas del mal que sólo podemos explicar por la acción de fuerzas sobrenaturales externas. Basta con acercarnos a la prensa cotidiana para darnos cuenta de ello.

 

martes, 22 de octubre de 2024

Enemigos Imaginarios

Karl Schmitt, el famoso pensador alemán sobre la política, decía que en esta reina la dialéctica amigo-enemigo. Se afirma, en efecto, que la política se ejerce con los amigos y contra los enemigos, los cuáles se clasifican como enemigos interiores, exteriores y anteriores. Hay una categoría adicional: los enemigos imaginarios.

Los comunistas que ejercen el poder en varios países de nuestra región han pretendido revivir los enemigos contra los que se pronunciaban los soviéticos entre las décadas de 1920 y 1940 del siglo pasado. Para ellos, las bestias negras eran ante todo los fascistas de Mussolini y los nazis de Hitler. Pero unos y otros fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial y desaparecieron de la escena. Hablar hoy de fascistas y de nazis a los que hay que combatir es ni más ni menos un anacronismo.

Por supuesto que esos integrantes del mal llamado totalitarismo de derecha están hoy desacreditados a punto tal que identificar a alguien como partidario de ellos es más que todo un insulto.

En la actualidad existen regímenes autoritarios que destacan el orden y en algunos casos la tradición como valores políticos dignos de preservarse. Pero ninguno de ellos adhiere a los postulados ni los procederes de los fascistas o de los nazis.

Reza el dicho popular que "no hay cuña peor que la del mismo palo". Y ello se ve a las claras cuando se observa la enemiga de los comunistas contra los fascistas y los nazis, pues todos ellos abrevan en las mismas canteras ideológicas. Hegel es el padre común de todos ellos. Y tan inhumano como fueron el fascismo y el nazismo ha sido el comunismo, o quizá mucho peor. Basta con leer "El Libro Negro del Comunismo" para llegar a esa conclusión, pues ahí se acredita que a los regímenes comunistas en el siglo pasado pueden adjudicarse más de 100 millones de víctimas humanas. Vid. (99+) El libro negro del comunismo | Gabriel Rossi - Academia.edu.

El que se fue a Alemania a deplorar la caída del muro de Berlín y a China a rendirle homenaje a Mao Zedong poca autoridad moral tiene para tratar de fascistas o de nazis a sus contradictores, que en realidad son liberales que temen la deriva totalitaria y liberticida de sus ejecutorias gubernamentales.

En efecto, el riesgo que tenemos de deslizarnos hacia los fangales castro-chavistas es real. Hoy nos gobierna en rigor una camarilla de comunistas que no osan decir su verdadero nombre. Pero, como dice el Evangelio, "por sus frutos los conoceréis"(Mt. 7:15-20; Lc. 6:43-44). Ya se habla de un plan macabro para desestabilizar el país con miras a perturbar los procesos electorales que se aspira a realizar en 2026.

Los comunistas en el poder no son enemigos imaginarios, sino muy reales y peligrosos. Cuando lo obtienen, así sea sujetándose aparentemente a las formalidades institucionales, procuran por todos los medios permanecer en él, alegando que su obra no se ha cumplido y merece más tiempo. 

Esa obra no es cosa distinta que la destrucción del orden establecido, so pretexto de su injusticia radical y de la imperiosa necesidad de corregir sus defectos estructurales. Pero lo que ofrecen a cambio no corresponde a las ilusiones que suscitan, sino al infierno que hubieron de soportar las poblaciones del bloque soviético o las de Cuba, Venezuela y Nicaragua hoy en día.

No en vano se dice hoy que Colombia vive los momentos más difíciles de su atareada historia. Bordeamos, en efecto, unos abismos insondables, de los que sólo la obra de la Divina Providencia podría rescatarnos.


sábado, 19 de octubre de 2024

En el lugar equivocado

Leo en un editorial de El Colombiano las siguientes palabras del ministro de Cultura: "Por Santa Marta no entró la civilización, ni la religión fue un bien para el país, ni el idioma castellano fue un bien para el país"(https://www.elcolombiano.com/opinion/editoriales/perdon-por-hace-500-anos-MA25612907).

El debate sobre la presencia de España en América es cosa de nunca acabar. Suscita opiniones de muy varia índole, desde las elogiosas hasta las denigrantes, como las de nuestro mal llamado ministro de Cultura.

Bueno sería al respecto recordar un dicho del filósofo Espinoza que Raymond Aron solía sintetizar más o menos así: "En asuntos históricos, lo recomendable no es aplaudir ni deplorar, sino comprender".

La comprensión aconseja considerar los eventos dentro de sus respectivos contextos, con sus luces y sus sombras. También decía Aron que "la historia es trágica".

El ministro de marras es dueño de sus opiniones y bien se ve que es poco reflexivo, Su contundencia indica que ignora los matices y es extremista en lo que atañe a sus pareceres.

Allá él, pero resulta oportuno preguntarse si esos puntos de vista son apropiados para quien ocupa un despacho encargado de la cultura.

No estoy seguro de que el ministerio que encabeza se justifique de veras. Es asunto sobre el que conviene preguntarse si el mismo u otros más podrían mejor refundirse en unos pocos o si sus funciones serían más propias de departamentos administrativos. 

En todo caso, ese funcionario parece no haberse enterado del énfasis que pone la Constitución Política que juró cumplir en el reconocimiento y la protección de la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana (art. 7), así como en la obligación del Estado y de las personas de proteger sus riquezas culturales y naturales (art. 8) o en la declaración del castellano como idioma oficial de Colombia, sin perjuicio del reconocimiento de lenguas y dialectos de los grupos étnicos (art. 10).

Sobre estas bases, el art. 72 declara que el patrimonio cultural de la Nación está bajo la protección del Estado.

Pues bien, mal de su grado debería ese funcionario reconocer que hacemos parte de la civilización occidental que nos trajo la colonización española y que tanto el idioma castellano como la religión católica están integrados a nuestra identidad nacional, vale decir, nuestra cultura.

En mis navegaciones por Youtube he encontrado unos videos muy interesantes de un viajero que se identifica como Vemoh y ha filmado sus visitas a los pueblos de Antioquia. Por supuesto que los paisajes que los rodean y sus peculiaridades tanto en la arquitectura como en las costumbres, sobre todo gastronómicas, llaman poderosamente la atención. Pero en sus plazas centrales predominan, incluso sobre los edificios públicos, los templos católicos. Y en sus sitios de interés es frecuente que estén erigidas imágenes de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen o los santos patronos de las respectivas localidades. La piedad popular contribuye a no dudarlo a la configuración de nuestra cultura y no es el caso de denigrarla, sino de reconocerla e incluso protegerla, así sea sin desmedro del pluralismo que en todos los órdenes exhibimos como sociedad.

Desafortunadamente, sufrimos un gobierno que pretende ir en contravía de las opiniones dominantes en nuestro país y quiere a toda costa imponernos el totalitarismo de la revolución sexual en marcha. Pensemos por ejemplo, que considera inconstitucional que la ley hable de mujeres gestantes en lugar de personas gestantes, como si fuera de aquéllas pudiera haber otros seres humanos en el mismo estado, o mediante una diabólica resolución busca promover el cambio de sexo de los niños sin contar con la opinión de sus padres.

Lo del ministro trae a mi memoria un tangazo poco conocido que cantaba Gardel: "A contramano". A un amigo dado a ir en contravía le aconseja que deje de seguir a una dama cuyo esposo es calabrés, "y el garrote de los tallarines a sus espaldas lo va a hacer caer". Vid. A CONTRAMANO (hermanotango.com.ar).



miércoles, 16 de octubre de 2024

Revolución por Resolución

En otras oportunidades me he referido al importante libro de E. Michael Jones sobre la revolución sexual, que traza su trayectoria desde los perversos aportes del tristemente célebre marqués de Sade hasta nuestros días, cuando campea muy oronda sobre las ruinas de la civilización cristiana (vid. Download PDF - Libido Dominandi Sexual Liberation Political Control By E Michael Jones [d4p7qj050v4p] (idoc.pub).

Esta revolución es pieza fundamental de lo que se ha llamado el Nuevo Orden de los Bárbaros o un Nuevo Orden Mundial sin Alma (vid. EL NUEVO ORDEN DE LOS BÁRBAROS.docx (google.com)El Nuevo Orden de los Bárbaros o cómo se ha programado el Gran Reset desde al menos 1969 – Ejército Remanente🏹 Noticias (ejercitoremanente.com).

Estos textos contienen las grabaciones que hizo el Dr. Lawrence Dunegan de lo que recordaba de unas conferencias que cuando era estudiante de medicina le escuchó al Dr. Richard Day, funcionario de Planned Parenthood, en 1969. El Dr. Day habló en ese entonces de lo que estaba por venir y cuando más tarde el Dr. Dunegan observó que esos anticipos se estaban cumpliendo meticulosamente, grabó sus recuerdos. La periodista de investigación Randy Engel dio a la publicidad las grabaciones, advirtiendo a los lectores que después de conocerlas su imagen del mundo que los rodeaba cambiaría radicalmente. Eso sentí, en efecto, una vez que las hube leído hace varios años.

Los burócratas no sólo anticristianos sino decididamente ateos que han capturado la vocería de la ONU y otras organizaciones internacionales han puesto en marcha estos programas enderezados hacia unas transformaciones radicales en el ordenamiento de las sociedades. referidas en gran parte a los temas atinentes a la sexualidad humana.

En un estudio clásico, el antropólogo británico J.D. Unwin, después de estudiar minuciosamente 80 sociedades primitivas y 6 sociedades civilizadas a lo largo de 4.000 años, llegó a la conclusión de que el control de la sexualidad a través del matrimonio heterosexual y monogámico influyó decisivamente en su vitalidad. La decadencia, a su juicio, se relaciona con el relajamiento de las costumbres (vid. Sex and Culture - Kindle edition by Unwin, J. D.. Politics & Social Sciences Kindle eBooks @ Amazon.com.Sex and Culture - Wikipedia, la enciclopedia libre(99+) The Fate of Culture in J.D. Unwin's Sex and Culture, or "The Last American Generation" | Daniel Janosik - Academia.eduSexo e Cultura. A correlação entre a moralidade sexual… | by Raphael Garcia | Medium).

El Nuevo Orden de los Bárbaros no representa, como creen sus promotores, un avance en la civilización, en las libertades y en la igualdad, sino un camino de regresión a épocas en que la perversidad dominaba en la vida colectiva. 

Recuerdo un capítulo esclarecedor del libro "The Origins of Pagans and Christians Beliefs" en el que el autor, Edward Carpenter, que había adherido a la tesis muy discutible de la raíz pagana de nuestras creencias cristianas, destacaba que en todo caso el judeocristianismo difería del paganismo fundamentalmente en su concepción de la sexualidad. De hecho, mientras que el mundo romano en que creció el cristianismo se hundía en toda suerte de aberraciones, los adherentes de la nueva religión se caracterizaban por su reciedumbre moral. La familia monogámica y la severidad de sus costumbres les dieron la fuerza para imponerse en un mundo corroído por la depravación. El triunfo del cristianismo en el imperio romano constituyó una verdadera revolución moral, contra la que se alza la sexual de los tiempos que corren.

Las tendencias dominantes hoy en día avanzan hacia la destrucción de la familia tradicional dizque en aras de su redefinición, para incluir la familia homosexual y destruir los vínculos que antaño la caracterizaban. El matrimonio ha perdido su carácter sagrado y es por ello que hoy muchas parejas han decidido optar por la unión libre, que se hace y deshace sin mayores formalidades. Las ideas sobre la sexualidad la disocian de su finalidad natural, que es la procreación. El sexo se reduce al placer que produce su ejercicio, sin que importen sus connotaciones morales más allá de la libre decisión de sus copartícipes. Según leí en un escrito relacionado con Sófocles, alguno de sus personajes lo consideraba "un amo cruel y avasallador".  Como en el famoso soneto de Lope de Vega sobre el amor, "quien lo probó lo sabe". Vid. Esto es amor, de Lope de Vega - Poemas sentidos (archiletras.com).

Una de las grandes víctimas de esta revolución es la natalidad, cuyas tasas se están reduciendo a punto tal que hoy se registran más muertes que nacimientos. Y según leí hace poco, la causa mayor de mortalidad ahora está en el aborto. Se calcula que en China se han producido más de 700 millones de abortos. Y en USA, después del tenebroso fallo Roe vs. Wade, la cifra asciende a unos 70 millones. Ya nuestro país ha entrado en el camino del invierno demográfico, con la complicidad de la Corte Constitucional, enemiga de la vida, y de un gobierno que quisiera expandirla en las estrellas, pero no  vela por ella aquí mismo.

La naturaleza ha dado lugar a que haya dos sexos responsables de la reproducción de la vida humana. Pero una ideología desquiciada, hija de la disociación que en la filosofía moderna se ha formulado entre la naturaleza y la cultura, pretende desconocer la realidad natural de los sexos masculino y femenino, para imponer un nuevo concepto, el género, supuestamente de orden cultural. Lo que cuenta para ella no es la realidad biológica, sino el imaginario cultural. De ese modo, ya no se habla del orden binario de la sexualidad humana, sino de una enorme multitud de inclinaciones sexuales (hay quienes identifican más de 100), todas ellas merecedoras de respeto en función de la libertad y la igualdad. El ordenamiento moral impuesto por el cristianismo se considera inaceptable y hasta se lo involucra dentro de los supuestos del delito de odio que ha hecho carrera en los códigos penales más recientes. Ese delito se invoca para perseguir las creencias cristianas hoy en día. Vid. Janet L. Folger, The Criminalization of Christianity; The criminalization of Christianity - PDF Free Download (epdf.tips). Y acaba de aducirlo el que nos desgobierna para amenazar a los promotores de una marcha contra sus políticas corruptoras.

Estas ideas perversas presiden en la actualidad los cursos de educación sexual tanto en el sector público como en el privado. Y la depravación reinante ha llegado al extremo de promover entre los niños, dizque para respetar su libertad, el cambio de sexo, sea a través de la cirugía o de medicamentos hormonales. Es algo verdaderamente diabólico,

Pues bien, mediante Resolución 2138 de 2023 el ministerio de Salud y Protección Social, usurpando quizás funciones legislativas del Congreso, ha señalado los lineamientos para imponer la revolución sexual entre nosotros. Su lectura es farragosa, pero estremecedora. Pero nuestra jerarquía eclesiástica, que sigue los lineamientos de la Iglesia claudicante que ha reemplazado a la militante de años atrás, no ha dicho ni mu sobre tamaño estropicio.

domingo, 13 de octubre de 2024

Valores y Política

David Easton propuso para el análisis de la política la aplicación de la teoría de sistemas. El núcleo de su proyecto radica en la idea de que las acciones políticas se proponen la adjudicación autoritaria de valores en la vida social (vid. (99+) David Easton - Categorías para el análisis sistémico de la política 1 | Ricardo Pérez Restrepo - Academia.edu).

Toda acción humana se propone la obtención de fines que se consideran valiosos. La acción política en particular busca imponerlos por la vía de la autoridad, en la medida que se los considere necesarios para la sociedad.

Por consiguiente, la racionalidad de la política hay que considerarla a partir de los fines que se propone y de los medios que se consideren adecuados para obtenerlos. De aquéllos se plantea que sean valiosos; de los segundos, que sean eficaces y, sobre todo, eficientes, vale decir, aptos para obtener los mejores resultados con el mínimo esfuerzo.

Estas dos dimensiones, la de los fines y la de los medios, abren amplísimos terrenos de discusión ante todo para el pensamiento político, pero con fuertes repercusiones en el ámbito moral y, desde luego, en el filosófico.

Hoy suele considerarse que a la filosofía, que ha sufrido el embate invasor de la ciencia, le queda por lo menos la tarea de escudriñar el mundo de los valores, que parece ser refractario al empeño científico.

Uno de esos valores es la justicia, a cuyo alrededor giran el mundo del derecho y, a no dudarlo, el de la política. Ésta, bien concebida, se propone en efecto la realización de un orden justo en la sociedad. Lo que se trata de imponer autoritariamente es porque se considera que en últimas traduce los requerimientos de la justicia.

Como lo he señalado en otra oportunidad, toda norma moral parte de alguna noción del bien, toda norma de trato social considera alguna noción de lo decente y toda norma jurídica invoca algún principio de justicia. Como bien lo sostenía el profesor Burdeau, son las ideas de justicia las que promueven los cambios constitucionales. De hecho, toda revolución se inspira en alguna idea de lo justo (vid. Derecho constitucional e instituciones políticas de Georges Burdeau (Libro electrónico) Leer gratis durante 30 días (everand.com).

La justicia es entonces una categoría formal del sistema político. El examen de la racionalidad de éste implica escudriñar entonces cuál es la idea de lo justo que lo inspira. Pero la inquietud filosófica va más allá: ¿cuán racional es esa idea? Es la cuestión de la justicia material, ardua como la que más. Tanto es así que un pensador del mundo jurídico de la talla de Hans Kelsen se declaró vencido al tratar de resolverla (vid. ¿Qué es la Justicia? (unam.mx)

La axiología es la rama de la filosofía que trata sobre el valor. Las discusiones que éste suscita son intensas: ¿cuál es su naturaleza? ¿es susceptible de consideración racional o es meramente emocional, subjetivo y arbitrario? ¿cuál es su categoría ontológica?

La gran tradición clásica lo ubica en el ser mismo, en el que encontramos lo verdadero, lo bueno y lo bello. Pero esta idea metafísica, que se halla expuesta magistralmente en Platón, es objeto de múltiples negaciones en el pensamiento moderno, que suele considerar que al respecto sólo cabe describir lo que pensamos y sentimos, pero sin que nuestra inteligencia esté capacitada para pronunciarnos sobre sus verdades.

Aun considerando que hay un reino de valores objetivos que es posible identificar a partir de la trascendencia del espíritu humano, es necesario admitir que en la práctica median enormes dificultades, como las siguientes:

-Hay distintos valores, por lo que es indispensable considerar su jerarquía y su compatibilidad. En efecto, la promoción de unos puede conllevar la limitación y hasta el sacrificio de otros.

-Cómo se concreta cada valor, sea en actitudes, conductas, realizaciones u objetos. Pongo dos ejemplos: para nosotros los católicos, el valor supremo de lo sagrado reside en las formas eucarísticas; para los musulmanes, en cambio, ese valor está en la famosa Piedra Negra (vid. Piedra Negra - Wikipedia, la enciclopedia libre).

-Casi nunca es posible la realización absoluta de un valor dado, pues ello implica actuar sobre hechos que ofrecen resistencia para su transformación.

-Muy a menudo la búsqueda de la realización de un valor acarrea reacciones contraproducentes, lo que en la doctrina se conoce como heterotelia.

-En ausencia de una reflexión profunda sobre el significado de unos valores para la vida humana, tanto en la esfera individual como en la de relación y, sobre todo, en lo que atañe a la expansión del espíritu, el tema de los valores suele encuadrarse dentro de lo que consideraba Platón como meras opiniones. Pues bien, ¿qué tan meritorias son éstas? Hay quienes consideran que todas son respetables, como corresponde a las manifestaciones de la individualidad, pero lo "políticamente correcto" exalta unas y censura o reprime otras.

El pensamiento democrático tiende a privilegiar las opiniones de la mayoría, pero la resistencia de las minorías ha conducido a debilitar la fuerza de ella. De hecho, lo "políticamente correcto" no traduce las valoraciones mayoritarias, sino las de unas elites que han capturado los medios de comunicación social y las estructuras burocráticas, a través de los que imponen sus puntos de vista sobre el común de los mortales. 

Dada la dificultad práctica para sostener valores absolutos que ganen la adhesión de todos, hay que garantizar que el debate político sea abierto, que todas las opiniones sean escuchadas y que a las decisiones se llegue después de examinar cuidadosamente las cuestiones de hecho involucradas y los puntos de vista de los interesados. La legitimidad, tanto de origen como de funcionamiento, es crucial para que la decisión política sea viable.

Como bien lo señaló Guglielmo Ferrero en un escrito célebre, la acción política transcurre por buenos cauces cuando goza del apoyo de sus destinatarios y no desafía sus convicciones. Al fin y al cabo, reposa obre actos de fe en la titularidad de los gobernantes para el ejercicio del poder sobre las sociedades (vid.FERRERO Guglielmo - El Poder. Los Genios Invisibles de La Ciudad - Free Download PDF (kupdf.net).

Esto es bueno recordarlo ahora que se trata de imponernos un orden comunista, en contravía de las creencias demoliberales dominantes entre nosotros.

martes, 8 de octubre de 2024

El Ascenso del Hombre

Bajo este título dio a la luz Jacob Bronowski la recopilación de los programas que emitió bajo su dirección la BBC para ilustrar sobre cómo ha avanzado nuestra especie en el conocimiento de la naturaleza y las técnicas para poner a nuestro servicio sus fuerzas. Vid. El_ascenso_del_hombre_-_Jacob_Bronowski.pdf (librosmaravillosos.com)

Es, de veras, un libro maravilloso que ilustra acerca de nuestros progresos en ciencia y tecnología desde la edad prehistórica hasta bien entrado el siglo XX. Son progresos que obran a pasos agigantados, tal como lo acreditan los premios Nobel que se están adjudicando en estos días en diferentes campos.

Estos rutilantes avances han contribuido decisivamente a mejorar nuestra calidad de vida. Pero hay quienes consideran que ponen en peligro su continuidad y alzan sus voces para gritar que la vida puede desaparecer de este planeta debido a las comodidades de que estamos disfrutando. Aspiran a que retrocedamos, no años sino siglos, para volver a etapas de mayor precariedad en nuestras condiciones vitales.

La queja más fuerte se da por las consecuencias para el medio ambiente que se resumen en el tema del cambio climático. Es asunto que desde luego reviste gravedad, pero puede tratárselo juiciosamente si media una buena voluntad política. No es el caso de abordarlo con actitudes fundamentalistas, como las que tratan de imponerse entre nosotros, sino examinando con cuidado cada situación para abordarla por medio de soluciones razonables. Del mismo modo como se descontaminaron el Támesis y el Rin, o se limpió la atmósfera londinense, cabe pensar que es posible actuar eficazmente para contener las amenazas del clima.

La obra de Bronowski es admirable, pero afronta sólo una parte del progreso que hemos logrado desde la época de las cavernas hasta el presente. Pienso en lo que toca con nuestros discutibles avances en organización social, convivencia colectiva y desarrollo de la personalidad humana.

Como profesor de Teoría Constitucional, solía enseñarles a mis discípulos que la Civilización es, desde luego, una etapa muy superior a la de la barbarie primitiva y que su forma política es el Estado, aunque sin llegar a la exageración de Hegel, que decía algo así como que es la mano de Dios sobre la humanidad. Mi punto de vista era bastante más matizado y en buena medida seguía las líneas que trazó Ernst Cassirer en "El Mito del Estado". Vid. Cassirer, Ernst. - El mito del Estado [1968].pdf (archive.org).

Observando lo que sucede hoy en el mundo, tal vez no podríamos mantener esa opinión optimista sobre los avances que entraña la organización estatal contemporánea en favor de la calidad de vida de la humanidad. No cabe duda alguna acerca de que lo que realmente pone en gravísimo riesgo su supervivencia es la locura de los políticos que la gobiernan y, sobre todo, los medios letales que la ciencia y la tecnología ponen a su disposición. La gran amenaza no procede del extractivismo, ni de los hidrocarburos o el carbón, ni de la industrialización, sino del poderío atómico. Una guerra nuclear como la que se avizora a partir de los graves conflictos que estamos presenciando prefigura el Armagedón de que habla hoy nuestro gárrulo mandatario.

¿Hemos avanzado en lo que a la convivencia colectiva atañe? En los tiempos que corren trata de imponerse el multiculturalismo y se pone especial énfasis en la integración de las sociedades, tratando de eliminar exclusiones y discriminaciones que se consideran odiosas. Pero estos son designios que obran en las sociedades occidentales, mas no en las islámicas, las asiáticas o las africanas. E incluso en nuestro mundo supuestamente civilizado los conflictos de toda índole siguen agudizándose y la violencia se mantiene fuera de control. Baste con observar lo que sucede hoy en el Reino Unido, Francia o Suecia.

En el pensamiento sobre la moral se plantea el tema del tránsito del individuo tal como ha salido de manos de la naturaleza (evoco aquí un planteamiento de Bergson) hacia el estadio de la persona, esto es, el sujeto moral de que hablan los seguidores de Kant o el hombre nuevo según San Pablo, ¿Somos más espirituales y por ende mejores hoy que antaño? ¿Peor aún, experimentamos hoy un "descensus ad inferos"?

Ahí les dejo, apreciados lectores, un tema de reflexión.



lunes, 30 de septiembre de 2024

Écrasez l'Infâme!

Esta consigna volteriana contra el cristianismo ha cobrado vuelo a pasos agigantados en los tiempos que corren (Vid. ¡Aplastad al infame!: la consigna de Voltaire para movilizar a sus lectores contra el cristianismo | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

La civilización occidental es hija, a no dudarlo, de la fe cristiana. Pero quienes hoy tienen la mayor influencia sobre ella pretenden erradicarla no sólo del ámbito espiritual, sino de la vida cotidiana misma, y lo hacen sin pararse en pelillos. Como lo han señalado algunos, el propósito no es asegurar la libertad de religión, que es algo muy plausible, sino la libertad de la religión, que consiste no sólo en reducirla a la esfera íntima de las creencias personales, sino desterrarla de ahí mismo.

Es algo que están logrando y que les anunció Nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos al plantear esta pregunta: "Pero, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?" (Lc. 18:8)

Hace poco, en una de sus muy lúcidas homilías, el padre Santiago Martín llamaba la atención sobre cómo un puñado de discípulos, la mayor parte de ellos gente sencilla del pueblo de Israel, fueron conquistando a través de la prédica y el ejemplo lo que hoy conocemos como el mundo clásico, hasta lograr sus sucesores el reconocimento de sus creencias como religión oficial del Imperio Romano. A partir de ahí, fuese desde Roma o desde Bizancio, Alejandría o la propia Jerusalén, difundieron el cristianismo a través de todo el Mediterráneo, las islas británicas y los pueblos germánicos, escandinavos y eslavos. Europa entonces se identificó con la Cristiandad y su expansión por el resto del Orbe estuvo acompañada de su espíritu religioso. 

En "La Formación de la Tradición Jurídica de Occidente", el profesor Harold Berman destaca la muy fuerte influencia del Derecho Canónico y lo que denomina la revolución papal de San Gregorio VII, el pontífice que independizó la Iglesia de los poderes temporales que pretendían avasallarla (vid. Amazon.com : 9789681645618). Nuestra cultura jurídica no puede entenderse si prescindimos de la influencia cristiana en su génesis y su desarrollo. Ya el célebre Lord Acton llegó a poner de presente la importancia del ideario cristiano en el humanismo jurídico que ha difundido nuestra civilización. Para no ir muy lejos, en buena medida esas ideas egregias están en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre que proclamó la ONU en 1948 (vid. Catholic.net - Historia y Fundamentos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). 

Este histórico documento comienza declarando que "la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana", en palabras que remiten a los profundos planteamientos del gran pensador católico que fue Jacques Maritain. Su participación en tan significativo texto fue decisiva (vid.Jacques Maritain y la Declaración de Derechos Humanos de la ONU de 1948 (saib.es).

La dignidad intrínseca de la persona humana es, a no dudarlo, una idea religiosa. Puede encontrársela formulada en textos fundamentales de las religiones superiores e incluso en tradiciones de pueblos primitivos, pero en el cristianismo encuentra un muy destacado realce. Basta con evocar este texto del Evangelio que relata el diálogo de Nuestro Señor Jesucristo con Nicodemo: "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna." (Jn.3:16). Hay toda una metafísica del amor que nutre el pensamiento cristiano, aunque mal entendida por algunos que la invocan imbuidos de cierto sincretismo. tal como se escuchó en estos días en algún discurso cantinflesco ante la ONU.

Las enseñanzas evangélicas, de las que se pretende hoy privar a toda la humanidad, partiendo de la infancia y la adolescencia, promueven la realización plena de la persona humana en lo individual, lo interpersonal, lo colectivo y, sobre todo, más allá de lo temporal, en lo que concierne a la vida eterna.

El ámbito temporal- recuerdo acá "La Existencia Temporal", de Jean Guitton, (vid. La existencia temporal (Spanish Edition): Guitton, Jean, Martín Barinaga-Rementería, Javier: 9788474901467: Amazon.com: Books)- transcurre entre el momento de la concepción y el de la muerte biológica. Para el cristianismo, ambos momentos son misteriosos y sin duda alguna sagrados. En ellos se pone de manifiesto la voluntad de Dios, nuestro Creador. 

Lo sagrado entraña respeto, veneración, es algo que compromete al ser humano en lo más profundo de su ser, representa el valor supremo (vid.Otto, R. - Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios [ocr] [2001].pdf (archive.org).  Pero el pensamiento contemporáneo ha relativizado todo valor, reduciéndolo a la función utilitaria llamada a satisfacer meramente los apetitos y sobre todo los más terrenales y apremiantes. Frente a los misterios de la concepción y la muerte biológica, que hoy se considera que provienen de la nada y a la misma conducen, se alzan el aborto y la eutanasia. Y si éstos se imponen, ¿cómo negarle espacios al genocidio? Según lo dijo Stalin, "la muerte de una persona es una tragedia; la de un millón, una estadística" (https://www.blogdepsicologia.com/por-que-la-muerte-de-un-millon-es-una-estadistica/#:~:text=Se%20dice%20que%20Joseph%20Stalin%20dijo%20que%20la).

Los derechos humanos, según la tradición judeo-cristiana, arraigan en la naturaleza creada por Dios, que "hombre y mujer los creó a su imagen y semejanza" (Gen. 1:26-28). La ideología dominante hoy aspira a destruir la identidad de los sexos, a negar sus diferencias, a volver, como en ciertas concepciones del pasado, al mito del andrógino original de que trata un texto del Banquete de Platón (vid. El mito del ser andrógino.pdf). Y tras la destrucción de la identidad de los sexos, viene la de la familia, que nuestra Constitución Política declara en su art. 5 que es institución básica de la sociedad, pero sus intérpretes y operadores han desvalorizado sin compasión alguna.

Cité en otro escrito "La Abolición del Hombre", de C.S. Lewis, texto fundamental para entender cómo la negación tanto de la Ley Divina como la Natural fundada en ella, conduce de modo inexorable a la de la dignidad que los textos consideran que es inherente a la persona humana. Como acaba de insinuarlo Milei en su discurso ante la ONU, lo que los burócratas que la controlan va en contravía de los propósitos que motivaron su creación. Así lo denunció Mgr. Schooyans en su libro "La Cara Oculta de la ONU". Vid. La cara oculta de la ONU - Michel Schooyans.pdf (archive.org).

La consecuencia práctica de la consigna volteriana de abatir el cristianismo no es otra que la de abatir a la humanidad.

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Excesos institucionales

En su excelente libro "La Verdadera Historia de Colombia", Hernando Gómez Buendía llama la atención sobre dos peculiaridades institucionales muy propias de nuestro país: el presidencialismo y el centralismo excesivos que resultaron de la Constitución de 1886.

Cuando ésta se aprobó, se cuenta que uno de los delegatarios le comentó al señor Caro que habían adoptado una monarquía. Caro, con la sorna que lo caracterizaba, respondió: "Sí, pero desafortunadamente electiva".

La figura presidencial había quedado reducida a su mínima expresión en el estatuto de 1863, en el que los radicales trataron de frenar los ímpetus dictatoriales de Mosquera, que se hacía llamar el Gran General. El presidente en ese entonces era elegido por el voto de los estados soberanos para un período de dos años y lo limitaba severamente el senado, llevando al extremo la fórmula que en los Estados Unidos se conocía como el gobierno congresional, que dio título después a un célebre texto de Woodrow Wilson (vid. El gobierno congresional y la administración pública | Wilson | Revista de Administración Pública (unam.mx).

Nuestro régimen presidencial ha experimentado numerosas y graves vicisitudes a lo largo de los últimos 138 años. En 1991 se intentó reducir su influencia, pero quedaron vestigios de poderes discrecionales, en la práctica incontrolados, que hacen que gravite severamente sobre el espectro político y que en manos de alguien poco confiable y nada respetable podrían acarrear ruinosos daños institucionales.

El señor Caro predicaba la irresponsabilidad presidencial, pero a cambio de la responsabilidad de los ministros, lo que implicaba lo que el profesor Lowenstein en su "Teoría de la Constitución" denominaba un control intraorgánico (vid. (99+) TEORIA DE LA CONSTITUCION - KARL LOEWENSTEIN (1) | rosalyn tullume - Academia.edu). Esa responsabilidad ministerial de hecho ha sido letra muerta, pese a la moción de censura que se instauró en 1991 y no ha dado resultados efectivos.

El juicio, bien sea por responsabilidad política o responsabilidad penal, pasa por el filtro de un cuerpo cerrado y proclive a toda suerte de manipulaciones. A sus integrantes sólo puede controlarlos la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, en caso de que incurran en delitos vinculados con el trámite de sus diligencias. Pero es algo bastante remoto.

Si algo fuere menester que se reformara en nuestra Constitución Política es lo atinente a la institución presidencial. Hay muchas iniciativas que podrían adelantarse al respecto, pero falta lo más importante: la decisión política.

El excesivo centralismo es otra lacra de nuestro régimen constitucional. Núñez pensaba que lo importante era combinar la centralización política con la descentralización administrativa. Pero recuerdo que el sabio Ramón de Zubiría me comentaba que en la práctica la consigna de Núñez había derivado en una descentralización política en cabeza de los jefes regionales de los partidos y una rigurosa centralización administrativa fundada en los abultados recursos de que dispone casi que a su antojo el gobierno nacional.

La Constitución de 1991 no logró ponerle coto efectivo a esta tendencia y es por eso que hoy se advierte en varias regiones del país un vigoroso movimiento en favor de una descentralización fiscal que garantice el principio de autonomía que la Constitución ha consagrado para las entidades territoriales. ¿Por qué temerle a que esas legítimas aspiraciones deriven hacia la adopción de un régimen federal o, al menos, a la fórmula de la federalización que en su hora propuso el entonces presidente López Michelsen?

Por desventura, las ideas sobre modificación constitucional que parece albergar el actual inquilino de la Casa de Nariño no se encaminan a mejorar nuestro régimen político, sino más bien a deteriorarlo más de lo que está.

viernes, 13 de septiembre de 2024

La Constitución es norma suprema

Nuestra Constitución introdujo la figura de la ley estatutaria que, según el artículo 152, rige entre otras materias para las concernientes a los derechos y deberes fundamentales de las personas y los procedimientos y recursos para su protección.

Estas leyes requieren para su aprobación mayoría absoluta de los miembros del Congreso, deberán tramitarse dentro de una legislatura y para que entren en vigencia deberán someterse a revisión previa de la Corte Constitucional, tal como lo dispone el artículo 153 id.

Por su importancia, su trámite es más complejo que el de las leyes ordinarias y exige severos acuerdos políticos.

Como el Gobierno actual tiene dificultades para obtener el apoyo de esas mayorías, ha optado por la vía fácil de tramitar por la vía ordinaria proyectos que en rigor tendrían que someterse al régimen de la ley estatutaria, tales como las reformas a la salud y la jubilación. Pero ambas materias atañen a derechos fundamentales y sólo pueden regularse por medio de leyes estatutarias.

Basta con dar lectura a los arts. 48 y 49 de la Constitución para concluir que los derechos ahí contemplados son fundamentales. 

El régimen jubilatorio se inscribe dentro del concepto de la seguridad social. Es de particular interés para el tema el inciso sexto del art. 49 en cita, que a la letra dice.

"El Estado garantizará los derechos, la sostenibilidad financiera del sistema pensional, respetará los derechos adquiridos con arreglo a la ley y asumirá la deuda pensional que de acuerdo a la ley esté a su cargo. Las leyes en materia pensional que se expidan con posterioridad a la vigencia de este Acto Legislativo, deberán asegurar la sostenibilidad financiera de los establecido en ellas".

La Corte Constitucional, que según se dice tiene ya a su cargo más de 100 demandas contra la reforma pensional que se aprobó hace varios meses, tendrá que decir si haberla tramitado como ley ordinaria satisface las exigencias de la Constitución y, en caso de aceptar que el trámite fue correcto, deberá ocuparse por lo menos de dos asuntos cruciales, a saber. a) si lo aprobado asegura su sostenibilidad financiera, pues bien se sabe que en un futuro no lejano está llamado a colapsar; b) lo atinente a los derechos adquiridos por quienes habían optado por contratar con entidades privadas su régimen pensional, pues abruptamente se los obliga a trasladarse así sea parcialmente al régimen de Colpensiones.

Dudo mucho que la reforma pensional pase por el filtro de la Corte Constitucional, lo que dará lugar con toda certeza a una nueva rabieta del que hoy funge como jefe del Estado.

Se habla ahora de un nuevo proyecto de reforma a la salud que, como el que fracasó hace algún tiempo, se aspira a tramitar por la vía de la ley ordinaria, olvidando que ya en 2015 el Congreso había aprobado como ley estatutaria la número 1751 (vid. Diapositiva 1 (aliansalud.com.co). Según el citado artículo 153 de la Constitución Política, esa ley estatutaria de la salud sólo puede modificarse por otra del mismo género y no por una ley ordinaria, como ahora se insiste en hacerlo.

Es verdad que estamos bajo un gobierno que es poco sensible respecto de la normatividad superior de la Constitución, salvo en lo que cree favorecerlo, pero todavía contamos al parecer con una Corte a la que según el artículo 241 id. se le ha confiado la guarda de la supremacía y la integridad del ordenamiento fundamental que nos rige.

En términos que tomo del Evangelio, bien podemos decirles a los magistrados que la integran que son la sal de la tierra (Mt. 5:13-16). Su responsabilidad es apremiante como la que más.



viernes, 6 de septiembre de 2024

Adiós a Facebook

La Linterna Azul publicó en esta semana la grabación de un importante evento de la Tertulia Il Pomeriggio en el que intervino José Alvear Sanín para disertar sobre el aborto y el suicidio de la civilización que esa práctica atroz conlleva.

Me pareció que se trataba de un documento digno de darse a conocer profusamente y por tal motivo lo remití a mi cuenta de Facebook para compartirlo con mis seguidores. Para mi sorpresa, Facebook me informó que lo había suprimido, por considerar que violaba las políticas de la comunidad. Protesté por la censura que se estaba imponiendo y anuncié que cancelaría mi cuenta en dicha red social, lo cual hice cuanto antes. 

Ayer terminé de leer en Kindle el muy recomendable libro de H. W. Crocker III titulado "Triumph, The Power and the Glory of the Catholic Church, A 2.000 Year History". En su epílogo hace referencia a una de las peores amenazas que sufre nuestra fe en los tiempos que corren, el relativismo moral, que es a mi juicio un fruto podrido de la mentalidad liberal. 

El liberalismo constituye, según lo consideraba Raymond Aron, la quintaesencia de nuestra civilización política, pero como ocurre con toda ideología ofrece derivaciones discutibles. En su caso, se trata del libertarismo, que postula un individualismo extremo que en el fondo es una monstruosidad. Esa deriva libertaria conduce a sostener que no hay verdades morales y cada individuo tiene derecho soberano de asumir sus propios valores, de suerte que la censura social que se aplique a sus comportamientos resulta del todo inadmisible. Prohibido prohibir parece ser la consigna y toda censura de orden moral debe reprimirse por ser violatoria del mandato supremo de la tolerancia.

Pues bien, Crocker llama la atención acerca de la actitud de esos apóstoles de la tolerancia que se muestran rabiosamente intolerantes respecto de quienes disienten de sus postulados. Y es lo que ocurre con los ideólogos de lo que a su juicio es lo políticamente correcto, que procuran a toda costa silenciar a quienes no compartimos sus valoraciones.

La cuestión del aborto suscita una de las más graves fracturas que sufre la sociedad contemporánea. A juicio de nosotros, los que militamos en la corriente Pro-vida, su aprobación es ni más ni menos una faceta de extrema gravedad de la banalidad del mal, expresión que acuñó en un texto célebre Hannah Arendt. 

Por supuesto que nuestra valoración de la vida se apoya en las creencias religiosas de cuño cristiano que profesamos, pero incluso pensadores ateos, como el citado Raymond Aron, comparten con nosotros el rechazo del aborto. Traigo a colación, en efecto, lo que expresó Aron, según recuerdo, en el último reportaje que dio para "L' Express" hace años: "La civilización occidental marcha hacia su destrucción: ya quiere aceptar el aborto".

No otra cosa expuso Alvear en la disertación que a Facebook le pareció censurable.

En el más reciente mensaje de Nuestra Señora de la Paz en Medjugorje se refirió a la batalla que hoy se libra entre el bien y el mal: "...El bien y el mal luchan y desean predominar en el mundo en los corazones de la gente..." (vid. Último mensaje de Medjugorje - Medjugorje WebSite). El relativismo moral está del lado del mal y promueve una anarquía disolvente que conlleva la destrucción de la humanidad. Se trata en síntesis del nihilismo. Ahora bien, si todo vale, nada termina siendo valioso.

En mi "Introducción a la Teoría Constitucional" hice referencia a un concepto de Mounier, según el cual toda civilización surge de un impulso hacia lo alto, vale decir, de una disciplina que encauza la energía social hacia valores supremos. Tengo en mi lista de lecturas, si Dios me da vida, un importantísimo libro que encontré hace poco en mis navegaciones por la red: "Sex and Culture", de J. D. Unwin (vid. dn790002.ca.archive.org/0/items/b20442580/b20442580.pdf). El autor, un distinguido antropólogo inglés, estudió 5.000 años de historia de 80 tribus primitivas y 6 civilizaciones antiguas, para llegar a la conclusión de que la energía social que las constituyó y preservó estaba relacionada con la moralidad sexual y, en últimas, con la organización familiar. Es en el fondo la misma tesis de Carle C. Zimmerman en "Family and Civilization", que he mencionado en otras oportunidades (vid. Family and Civilization: Carle C. Zimmerman, James Kurth, Allan C. Carlson, James Kurth, Bryce Christensen: 9781933859378: Amazon.com: Books).

La aprobación social del aborto entraña el menosprecio de la maternidad y, por ende, de la institución familiar. La crisis de ésta significa en rigor la de la civilización.

No en vano el mensaje del 25 de junio último de Nuestra Señora de la Paz advirtió: "...Hijos míos, la paz está en peligro y la familia bajo ataque. .." (vid.. Mensaje del 25 de junio de 2024 - Medjugorje - Virgen de Medjugorje (centromedjugorje.org).

Volvamos al principio: lo políticamente correcto que pretende imponerse a troche y moche para silenciar las voces disidentes conduce inexorablemente a lo que C.S. Lewis denunció magistralmente en "La Abolición del Hombre" (vid. 🎇 La abolición del hombre | C. S. Lewis | GRATIS | pdf, epub, mobi. (libronube.com). Se trata aquí de una de las mejores defensas que se han ensayado de la objetividad de la ley natural y de la moralidad, vale decir, de un lúcido cuestionamiento del relativismo moral hoy imperante en los medios que se dicen cultos.