Los electores que se aprestan a votar por el candidato comunista en las próximas elecciones, seducidos por sus promesas e instigados por sus resentimientos, deben pensarlo dos veces, pues ya hay prueba plena de que la suya es una ideología no sólo ya desueta, sino condenada al fracaso.
Basta con que observen lo que ha acontecido en Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela para darse cuenta de los destrozos y abusos de todo orden que producen esos regímenes so pretexto de la revolución que anuncian como panacea para resolver los problemas sociales.
El candidato comunista habla de tres revoluciones: ética, política y social.
Hay que preguntar ante todo en qué podría consistir una revolución ética promovida por un materialista ateo y enemigo de la religión, que aspira a eliminarla de la vida comunitaria. Sus mentores proclaman que es ético todo lo que sea útil para el triunfo de la causa revolucionaria. No hay la idea de una normatividad superior, sino la de un extremo pragmatismo, el de la combinación de todas las formas de lucha. Todas las libertades que ha logrado la civilización liberal, empezando por las religiosas y las de pensamiento, quedan en salmuera frente a las consignas que promueven la transformación radical del individuo humano en una ficha del sistema totalitario. Las garantías del derecho penal liberal desaparecen debido a las exigencias de la revolución. Toda actitud sospechosa suscita reacciones letales para quienes no se adapten a la disciplina que pretenden imponer los gobernantes. Este escrito. por ejemplo, daría lugar a que me persiguieran e incluso me llevaran a prisión, cuando no a la desaparición forzada.
Su irreligión se centra ante todo en el anticristianismo Para debilitar la religión dominante los comunistas latinoamericanos realzan los llamados cultos ancestrales, como la santería cubana, el vudú haitiano y las creencias indígenas, no pocas veces contaminadas de hechicería. Un pastor protestante alertó hace poco sobre los rituales de brujería que se han celebrado en el Cauca en torno de la candidata a la vicepresidencia que acompaña al comunista Cepeda. ¿Está consagrado el que nos desgobierna a Changó como lo denuncia el Centro Cultural Cruzada?
La revolución política se propone, según se dice, empoderar al pueblo y eliminar la influencia de los dirigentes a quienes se denuncia como opresores y explotadores. El concepto de democracia que la inspira es la que llamo tumultuaria, como la que profesaron los jacobinos que sembraron el terror en la Revolución Francesa. Pero, según el dogma leninista, la masa debe guiarse por el partido único que es el llamado a interpretar el momento histórico y sus virtualidades. El movimiento constituyente, tal como se lo anuncia, no estaría animado por la reflexión serena acerca de las necesidades del país, sino por las consignas alocadas de sus promotores.
En cuanto a la revolución social, su propósito radica en la eliminación de las clases sociales para así instaurar una clase única en la que reine una igualdad total. Como según el dogma que la inspira el origen de las clases sociales radica en la propiedad privada, la tarea prioritaria consiste en destruirla. De ese modo, se lograría el propósito que no oculta el candidato comunista de distribuir la riqueza y llevarnos a todos a situaciones de pobreza en las que carezcamos de lo que él considera superfluo para la vida. Su discurso es explicito y nadie puede llamarse a engaño acerca de sus alcances. Todo el que mejore sus condiciones existenciales porque es más trabajador, más creativo, más previsor o más responsable con los suyos se considera un antisocial al que hay que despojar para obligarlo a que comparta con los demás y le entregue al Estado el fruto de sus esfuerzos. Todo trabajo asalariado se estima como explotación del hombre por el hombre.
Pero esta revolución social esconde una tremenda mentira, pues la sedicente búsqueda de la igualdad suscita nuevas desigualdades más odiosas que las que se trata de eliminar. Son las que se dan con la aparición de la "Nueva Clase" de que hablaba Milovan Djilas en un texto célebre, o sea la odiosa "Nomenklatura" que se impuso en el sistema soviético con sus reprobables abusos y su fétida corrupción. Los ejemplos de Cuba y Venezuela son elocuentes al respecto.
Lo que se va a decidir el 31 de este mes versa sobre la continuidad de una democracia liberal defectuosa como los son todas o la instauración de un régimen comunista totalitario, liberticida y promotor de la miseria colectiva.