lunes, 16 de febrero de 2026

Diagnóstico equivocado

El candidato Fajardo y sus acompañantes se equivocan de medio a medio cuando afirman que el debate político hoy por hoy se da entre dos extremismos en los que se contraponen uribistas y petristas, polarización que ellos creen que debe superarse a través de sus propias sugerencias.

Hay que insistir en que la disyuntiva actual enfrenta a la democracia liberal con el proyecto comunista que encarna el senador Cepeda.

¿Cuál es la propuesta de Fajardo y los suyos para conciliar la democracia liberal con el comunismo o lo que algunos politólogos denominan como democracia iliberal?

Aunque el que nos desgobierna sin duda alguna es un comunista recalcitrante, no ha podido sacar avante su proyecto totalitario y liberticida porque mal que bien nuestra institucionalidad se lo ha impedido. Pero si el senador Cepeda saliere triunfador en los comicios venideros, los principios fundamentales de nuestro régimen constitucional quedarían en veremos, pues todo indica que su estructura ideológica es estalinista, forjada a partir de sus años de formación detrás de la Cortina de Hierro.

El dique de contención del proyecto comunista no lo constituye una supuesta extrema derecha autoritaria que sólo existe en la mente calenturienta y obnubilada de los comunistas y sus compañeros de ruta.

Ninguno de los candidatos que se oponen a la candidatura comunista corresponde a la caricatura de nazis o de fascistas con que los desdibujan sus contradictores. En ellos no hay amenaza alguna contra nuestras instituciones democráticas, ni contra el Estado Social de Derecho, ni contra las libertades públicas, ni contra los derechos sociales, ni contra la separación de poderes. Todos ellos, eso sí, se comprometen con el rescate de la autoridad legítima del Estado, que ha desaparecido en vastos espacios de nuestro territorio para desgracia de las comunidades que sufren la opresión de los violentos. Lo que ellos proponen no es la arbitrariedad de las autoridades, sino la liberación de las comunidades que sufren la ausencia de seguridad para la garantía de sus derechos fundamentales.

Para reencauzar como se debe el rumbo de nuestra sociedad es necesario considerar los justos motivos de insatisfacción que dan pábulo a las prédicas de los extremistas de izquierda y probablemente alimentan a ese supuesto 30 por % que las encuestas registran en favor del que nos desgobierna y el que aspira a sucederlo en el cargo. No es imposible un gran acuerdo nacional sobre esos justos reclamos, para cuya atención se hace menester conciliar lo deseable con lo posible. En síntesis, no cabe pensar en que la superación de la pobreza se consiga con la destrucción de la riqueza. Los casos de Cuba y Venezuela son elocuentes. Los acomodados han desparecido, salvo en lo que concierne a las elites gobernantes, y sus pueblos exhiben los peores índices de miseria en el mundo actual.

Fajardo y los suyos desorientan a la opinión y dividen peligrosamente a los que aspiran a superar el desastre en que nos tiene sumido el desgobierno actual. Su mente geométrica ignora las sutilezas y los matices del momento. Bueno es recordarles lo que les endilgaba el genio de Pascal, mil veces mejor matemático que todos ellos juntos, pero consciente de las complejidades de lo real.


jueves, 5 de febrero de 2026

A otro perro con ese hueso

Tanto el desquiciado que nos malgobierna como el senador que aspira a ocupar su puesto en la Casa de Nariño en el próximo período presidencial son comunistas recalcitrantes, aunque no confesos de modo explícito. Sus hechos notorios así lo acreditan. Si bien proclaman su adhesión a libertades y derechos que garantiza la civilización liberal, lo que se proponen es llevar al país por las sendas trajinadas y fallidas que han impuesto el castrismo en Cuba y el chavismo en Venezuela.

Tiene uno que estar muy enceguecido por la ideología para presentar esos modelos fracasados como viables para hacer la felicidad de nuestros compatriotas. No sabe uno si reír o llorar cuando le escucha al hoy émulo de Delcy Rodríguez que es mejor vivir en Cuba que en Miami. ¡Qué anteojeras obnubilan su visión!

Los que dicen estar dispuestos a votar por la continuidad del régimen que nos desgobierna tienen que abrir los ojos y considerar que las promesas halagüeñas con que se pretende seducirlos ocultan realidades tan ominosas como las siguientes:

-La destrucción del aparato productivo, con sus secuelas de desempleo, escasez, inflación, eliminación de las clases alta y media, pauperización generalizada, emigración desatada y concentración de los beneficios de la civilización en los pocos paniaguados del régimen.

-La destrucción del Estado de Derecho so capa de la legalidad socialista que elimina el sistema de libertades y garantías, sobre todo en el ordenamiento penal, lo que conlleva que el ejercicio de las libertades de conciencia y expresión se restrinjan severamente en la medida que pongan de manifiesto discrepancias con lo que convenga a los gobernantes. El ejemplo estremecedor de El Helicoide debe encender las alarmas. Si no nos plegamos a las verdades oficiales, allá tendremos cabida.

-La libertad religiosa desaparecerá o quedará reducida a su mínima expresión. Y el sistema educativo, así se proclame su gratuidad, estará guiado por el adoctrinamiento exento de todo sentido crítico. La familia perderá su condición de privilegio legal, pues se la considerará como una institución desueta e inconveniente. Los hijos pertenecerán al Estado, que intentará formar en ellos al nuevo hombre despojado de todo egoísmo y solidario con las causas supuestamente sociales que impongan lo gobernantes.

-Los derechos políticos se reservarán a quienes se muestren dóciles respecto de las consignas gubernamentales. Para ellos serán todos los reconocimientos; los demás serán sujetos de segunda clase o algo peor. Sus voces serán acalladas e incluso castigadas. La democracia sólo reinará entre los partidarios del régimen. Los demás serán considerados como indignos de participar en las decisiones colectivas e incluso se los tratará como delincuentes.

-Desaparecerá el empleo privado, pues se considerará que implica explotación del hombre por el hombre. También se pondrá fin a la iniciativa privada, que se considerará como antisocial. Por consiguiente, no habrá propiedad privada de medios de producción, los cuales pasarán a poder del Estado. El papel de los empresarios lo tomarán los administradores públicos, es decir, los políticos.

-A los campesinos que aspiran a la propiedad de la tierra se los agrupará en organizaciones colectivas. No serán dueños de sus productos y dependerán de quienes las dirijan. Los derechos sindicales se reducirán al mínimo, pues las demandas de los trabajadores ya no se encauzarán hacia empleadores privados, sino contra el Estado que dice representar a todo el pueblo.

-Ciudadano de a pie: vote por los comunistas y no se queje después cuando lo despojen de los derechos de que goza bajo una Constitución de talante liberal. Lo que está en juego no es la competencia entre uribistas y petristas, sino algo de calado mucho más hondo: la confrontación entre la democracia liberal y la totalitaria.